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03/02/2008

REPARACIÓN

Este lunes El País publicaba un reportaje que contaba que, mediante una argucia legal, en Bélgica la Seguridad Social corría con los gastos de las operaciones de himenoplastia. La himenoplastia es la reparación del himen; el objetivo de la intervención es evitar que las mujeres que hayan tenido relaciones sexuales y viven en ambientes obsesionados con la virginidad sufran la marginación, el repudio o la agresión.

El culto a la virginidad es repugnante: atenta contra los derechos humanos, porque convierte a la mujer en una posesión que pasa de manos del padre al marido; niega su libertad y la transforma únicamente en un objeto sexual, y acarrea el maltrato y la exclusión. Incluso en su delirio, es una norma que se aplica de forma desigual (nadie examina la virginidad de los hombres), y, además, en muchas ocasiones el himen se rompe sin que se produzca una relación sexual. Esta superstición ha estado presente en muchas sociedades patriarcales: la Celestina era reparadora de virgos, y el tema de la honra aparece en la literatura del Siglo de Oro; entre otros disparates, la Iglesia Católica todavía defiende que una virgen se quedara embarazada, y el extremismo cristiano que ha causado siglos de guerras e infelicidad sigue predicando la virginidad; en las bodas gitanas se celebra un ritual tan espeluznante como el yeli, y la virginidad es una auténtica obsesión en el mundo musulmán, como ha explicado Ayaan Hirsi Ali en su libro Yo acuso, que en inglés se tituló The Caged Virgin (La virgen enjaulada). El culto a la virginidad es uno de los elementos básicos de la sujeción de las mujeres musulmanas: una superstición que es precepto religioso y legal y sirve para arruinar vidas y justificar crímenes.

El martes El País, que apenas concedía espacio a la noticia del cierre de una revista feminista iraní, defendía la iniciativa belga y su “pragmatismo” frente a las “polémicas estériles” en torno al velo (como desvinculaba el culto a la virginidad y el islam, esta admonición parecía un poco incongruente). La himenoplastia es una argucia pagada por los contribuyentes de un país democrático que permite que una mujer parezca virgen y no sufra el rechazo de una comunidad en la que impera un sistema legal paralelo. El estado de derecho hace una trampa para fingir que respeta unas normas que no tienen ninguna legitimidad y contradicen los principios democráticos. Pero la estratagema supone un reconocimiento implícito: es una medida paternalista y relativista, y jamás se recomendaría para hacer frente a una tradición reaccionaria de origen occidental: es como si se aconsejase a los negros pintarse de blanco para evitar el racismo antinegro, o como si se aconsejara a los homosexuales la boda heterosexual para no estimular la homofobia. La democracia debe garantizar los derechos de las mujeres y de todos los ciudadanos. Pero para ello es fundamental acabar con las supersticiones y los sistemas legales paralelos que cercenan su libertad.

03/02/2008 13:52 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Hay 7 comentarios.

11/02/2008

INDIVIDUOS

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1.

R. Me encanta esta prodigiosa mezcla de razas que tenemos en Londres. Pero no voy a fingir que me gustan otras culturas porque hay cosas de otras culturas que no me gustan. No me gusta por ejemplo que a niñas de nueve años se les obligue a casarse con viejos en Iraq. ¿Cómo le sienta a usted eso? Yo tengo una niña de nueve años y la mera idea de forzarla a casarse no ya con otro niño de nueve años sino con un hombre es tan asquerosamente cruel... Y no puedo aprobar la poligamia ni los crímenes de honor ni la ablación de clítoris. El multiculturalismo es un fraude. Ninguno de nosotros cree en él. Algunos dicen que sí, pero es mentira. Y si uno dice que unas sociedades son más atrasadas que otras todos se asustan, pero es así. Las evidencias de mi mente y las de mis sentidos me dicen que es así.

P. Y las occidentales son en su opinión las más avanzadas...

R. No desde luego Estados Unidos. No hay control de armas y tienen pena de muerte. Y todo el mundo en América es creyente y va el domingo a la iglesia.

P. ¿Ir a la iglesia es un atraso?

R. Desde luego.

(Entrevista de Eduardo Suárez a Martin Amis)

 

2.
Bueno, la lucha contra la teocracia no es solo entre nosotros y los islamistas. Es una lucha entre esa gente que piensa que a partir de la evidencia y la razón, y aquellos que dicen que la fe es una cosa buena en sí misma. ¿Es que la fe, por sí misma, es una cosa buena? Esta es otra cosa, por cierto, de la que nuestros periódicos se hacen eco. “¡Ah! Lo impulsaba su fe. Eso está bien.” Hay candidatos que pertenecen a grupos religiosos, como el culto mormón, que dicen: “¿Me atacas por mi fe?”. Sí. Eres un miembro de una organización delirante. Pero aparentemente se supone que no se debe hacer eso. Otro tópico que resuena en nuestras cámaras de eco es la iniciativa “basada en la fe” del presidente. ¿Qué significa “basada en la fe”? ¿Qué cosas dejas a la fe si de verdad crees que son importantes? ¿Dices: “Yo creo, pero no me preocupa la evidencia”? ¿En qué otra parte de tu vida harías una cosa así? Ésa es la diferencia real entre los que toman las cosas por la fe, sin examinarlas, sin evidencia, sin razón, sin contexto, y los que no lo hacen. Y ésa es una gran diferencia.

(Christopher Hitchens )

3.

Cuando hablamos del individualismo de la sociedad moderna utilizamos siempre la palabra como un compendio de todo lo negativo, como sinónimo de la destrucción del tejido afectivo y de la solidaridad social. Se han escrito extensos trabajos sobre el tema, anatemizando el individualismo como base esencial del capitalismo más caníbal. A veces, en la furia de algunos de estos ataques me parece oír cierto eco de mis años adolescentes, en la época confusa y siniestra del franquismo, cuando el hecho de que te gustara la ópera, o ponerte perfume, o cualquier nadería semejante, podía hacer caer rápidamente sobre ti el sambenito de ser una pequeñoburguesa, una individualista sin suficiente conciencia ante las urgentes, heroicas, trascendentales demandas de la sagrada masa proletaria.

El caso es que la sociedad occidental ha ido siendo más y más individualista con el paso de los siglos; y, si estudiamos el pasado, se ve claramente que todas las conquistas de justicia social han sido impulsadas por el individualismo. Es la conciencia individual, al reaparecer en el siglo XII tras los años oscuros, la que impulsa la creación de organizaciones protodemocráticas, y las leyes contra el abuso de los nobles, y la orgullosa ambición de ser feliz frente al oscuro despotismo de los dioses. El individualismo es el motor de la Revolución Francesa, y del sufragio universal, y del concepto mismo de derechos humanos. Y del respeto a las minorías y a la diferencia. Por el contrario, las mayores tropelías sociales de la Historia han sido cometidas por regímenes que negaban la individualidad. Por tiranos que contemplaban a sus súbditos como meros esclavos, o por regímenes totalitarios que consideraban al individuo como algo sospechoso.

Y así, paradójicamente, resulta que aquellos sistemas de pensamiento que enaltecen al pueblo y que dicen defender por encima de todo a la colectividad, acaban siendo verdaderos mataderos colectivos y creando sociedades mucho más injustas que aquellas en las que impera el individualismo. Como sucedió con la pesadilla del nazismo, con las decenas de millones de víctimas de los soviéticos, con los jemeres rojos asesinando a la tercera parte de la población de su país. A mí lo que me da verdadero miedo no es el individualismo, sino esas grandes Ideas intocables que dicen hablar por el bien de todos y con las que se enardecen las masas ciegamente. Como decía Bioy Casares, “las ideas nacen inocentes y se vuelven feroces”. Creo que la conciencia individual es una buena herramienta para evitar los abusos; y que es desde el individualismo desde donde se puede uno preocupar por los demás.

(Rosa Montero)

4.

La minoría más pequeña del mundo es el individuo. Aquellos que niegan los derechos individuales no pueden pretender además ser defensores de las minorías.

(Ayn Rand)

En la imagen, Martin Amis y Christopher Hitchens.

11/02/2008 10:39 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Hay 4 comentarios.

22/02/2008

LOS HERMANOS, EL GULAG Y EL AMOR

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Martin Amis (Swansea, 1949) es un escritor ambicioso, irregular y brillante. Ha publicado novelas admirables, como “Dinero” (Anagrama, 1988) o “La información” (Anagrama, 1996); un magnífico volumen autobiográfico, “Experiencia” (Anagrama, 2001), y un ensayo estremecedor sobre Stalin: “Koba el temible: la risa y los veinte millones” (Anagrama, 2004). Ese libro tiene mucho que ver con “La Casa de los Encuentros” (Anagrama, 2008), que es una novela sobre el amor, la violencia y la culpa, sobre el horror del totalitarismo y la supervivencia.

El narrador de “La Casa de los Encuentros” es un ruso octogenario que regresa al norte de su país para morir en 2004, después de pasar dos décadas en Estados Unidos. Escribe a su hijastra una carta de despedida, un ajuste de cuentas con la Unión Soviética y consigo mismo: habla de los combates y las violaciones que cometió durante la Segunda Guerra Mundial; de su regreso a la vida civil y su hermanastro Lev, más joven, más frágil y aficionado a la poesía; y de Zoya, una voluptuosa chica judía de la que se enamoran el narrador y su hermano.

“Uno no puede verse a sí mismo en la historia, pero ahí es donde estás”, escribe el narrador, que es deportado por razones políticas: lo mandan al campo de Norlag, en el Ártico, un lugar durísimo, donde viven hacinados miles de hombres y mujeres, y donde imperan el terror, el aburrimiento, el frío y el hambre. En 1948 llega su hermano y le sorprende con dos noticias. Por un lado, es pacifista: aunque la violencia es un elemento esencial de la vida del campo -los delincuentes, los presos políticos y los delatores se pelean entre sí, y el narrador mata a tres personas- Lev se niega a luchar: duerme en el suelo porque no quiere pelear por una cama y no participa en la rebelión de 1953. Por otro, se ha casado con Zoya. El matrimonio perpetúa el triángulo amoroso “escaleno”, y la ambigua relación entre los dos hermanos: al principio Zoya funciona más como un símbolo que como un personaje, pero la mezcla de amor y resentimiento del narrador y Lev es uno de los grandes aciertos de la novela.

En el campo se permiten las visitas conyugales en un edificio llamado “la Casa de los Encuentros”. Son citas tristes: a menudo las mujeres viajan para pedir el divorcio, se encuentran con hombres destruidos, incapacitados para el sexo o el afecto, o deben afrontar una despedida terrible. Tras la visita de Zoya en 1956 Lev se hunde para siempre; el narrador se alegra: sigue obsesionado con ella y atribuye la tristeza de su hermano a un desastre sexual-, pero el secreto sobre ese encuentro y sus consecuencias se prolongan durante décadas.

Lev y el narrador y Zoya sobreviven. Intentan salir adelante en un país que cambia lentamente y no reconoce los crímenes que ha cometido contra sus ciudadanos, pero son criaturas taradas e infelices: Zoya es una víctima del gulag; el narrador es víctima y verdugo.

“La Casa de los Encuentros” habla de la supervivencia y la pérdida, y está llena de amputaciones físicas y emocionales: un guardián deja sordo de un oído a Lev; después se emborracha, se duerme en la nieve y tienen que cortarle las manos; el hijo de Lev muere en la guerra de Afganistán. “Lo que no te mata no te hace más fuerte. Te hace más débil, y al final te mata”, escribe el narrador, que se enriquece al salir del campo y vive más años que Lev y Zoya, pero sigue atormentado por su violencia y por la culpa.

“La Casa de los Encuentros” utiliza artificios literarios –como las cartas, o la anglofilia del protagonista- para resultar verosímil, y mezcla con habilidad el relato documentado de las experiencias del campo y la vida después del gulag con frases sorprendentes y reflexiones lapidarias sobre la Rusia actual. Amis ha escrito un libro triste y poderoso, que recuerda a algunos textos de Nabokov y a veces parece la condensación de una novela del XIX, y que es su mejor obra de ficción en mucho tiempo.

Martin Amis. La Casa de los Encuentros. Traducción de Jesús Zulaika. Anagrama, 2008. 255 páginas.

Esta reseña fue publicada en Artes & Letras.  Martin  Amis en una imagen de la revista Time.

22/02/2008 09:46 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Reseñas No hay comentarios. Comentar.

26/02/2008

LUGARES

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1.

El paranoico, la CIA y The Paris Review .

2.

Charlotte Mendelson enseña los escenarios de su novela When we were bad.

3.

Unas declaraciones del filósofo Gianni Vattimo ayer en El País. El relativismo puede hacer que uno crea que la libertad o la democracia son valores de los que otros, que viven en otros sitios u otros tiempos, pueden prescindir. Al final, eso sirve para defender el totalitarismo y los crímenes más repugnantes, aunque no siempre se enuncia con tanta claridad: “No soy un defensor entusiasta de la democracia formal. No se pueden aplicar nuestros criterios a un país como Venezuela. Su régimen me recuerda a los inicios del fascismo en Italia. Mucha gente estaba entonces con el Duce y fueron las organizaciones fascistas las que permitieron, por ejemplo, que la mujer participara en política. Cuando se acercó a los nazis fue el desastre, pero a veces un régimen autoritario permite a los desarraigados acceder a la política y luchar contra sus carencias". 

4.

Un estudiante lucha por no ser deportado a Irán tras la ejecución de su novio por sodomía.  


La imagen de Humes apareció en The New York Times.

 

26/02/2008 16:26 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

29/02/2008

FRÁGILES, CULPABLES Y HERMOSOS

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David Trueba (Madrid, 1969) es escritor y cineasta. Ha dirigido las películas “La buena vida” (1996), “Obra maestra” (2000), “Soldados de Salamina” (2002), “Bienvenido a casa” (2006), y “La silla de Fernando”, que codirigió junto a Luis Alegre en 2006. Ha publicado las novelas “Abierto toda la noche” (Anagrama, 1995) y “Cuatro amigos” (Anagrama, 1999). Son obras que mezclan el humor y la melancolía, que hablan de la familia y la soledad, de los conflictos del amor y el deseo, de la frustración profesional y emocional y la pasión por aprender.

Esos temas aparecen en la más ambiciosa y redonda de sus novelas, “Saber perder” (Anagrama, 2008), que transcurre a lo largo de un curso académico o una temporada futbolística, y cuenta la historia de cuatro personajes. Sylvia es una adolescente tímida que siente la pulsión del deseo y entra por accidente en la vida adulta. Su padre, Lorenzo, acaba de separarse: cree que la vida y un antiguo socio le deben algo, y se enamora de Daniela, una ecuatoriana muy religiosa que cuida a un niño en el piso de arriba. La abuela de Sylvia enferma, y su marido, Leandro, combina las atenciones a su mujer y la pena por no haber sabido hacerla más feliz con las visitas a una prostituta. Sylvia conoce a Ariel, un futbolista argentino que ha venido a España a triunfar y se encuentra perdido entre el lujo, el furor de los medios y la corrupción de los despachos. Son personajes que intentan resistir los ataques del azar, de los demás o de sus propios errores, y deben aprender a convivir con sus derrotas.

“Saber perder” alterna las peripecias de estos protagonistas, que tienen un mundo rico y consistente, en el que habitan numerosos personajes secundarios. Habla del instituto de Sylvia y de su hermosa relación clandestina con Ariel; de la casa de Leandro, sus clases de piano y su resentimiento hacia un amigo de infancia que ha triunfado, y de la culpa y los gastos que le producen sus visitas al prostíbulo; de la relación de Lorenzo y su socio, que en lugar de convertir a Lorenzo en un triunfador lo llevó a cometer un crimen, de su desamparo y su nuevo trabajo en una empresa al borde de la legalidad; de los compañeros de Ariel, de su mentor y las fiestas de los jugadores, y de la desorientación que siente en el campo y en Madrid tras la partida de su hermano.

“Saber perder” es una novela muy bien estructurada, que juega con las cuatro líneas narrativas con maestría: las entrecruza, las usa para aumentar el suspense o incrementar el ritmo y establece paralelismos entre ellas. A veces, presenta una escena desde el punto de vista de dos personajes, y eso sirve para registrar los cambios en sus sentimientos, o la distancia que imponen entre ellos la traición, el secreto o el paso del tiempo.

Trueba utiliza con brillantez detalles de la vida cotidiana y elementos que están en la realidad y no siempre encuentran hueco en las novelas: aparecen inmigrantes millonarios y sin papeles; reflexiones futbolísticas y circunvalaciones; operaciones inmobiliarias, mudanzas y accidentes domésticos; adolescentes que envían mensajes de móvil, ancianos enfermos que necesitan que alguien les cuide y sienten deseo. La novela posee momentos bellos y muy divertidos, muchas veces tiene un tono de tristeza e incluye episodios de sordidez y violencia. Los personajes están a merced de su necesidad de sexo, amor o compañía y dan una sensación de indefensión: buscan la felicidad en un lugar en el que saben que no van a encontrarla, e ignoran desde dónde les va a llegar el próximo golpe. Y eso hace que nos resulten próximos. “Saber perder” es una novela estupenda, que combina una poderosa arquitectura narrativa y la confianza en el poder de la ficción para retratar la vida con una mirada perspicaz y compasiva sobre unos seres frágiles, culpables y hermosos.

David Trueba. Saber perder. Anagrama, 2008. 520 páginas.

Esta reseña apareció en Artes & Letras. La fotografía es de El País.

29/02/2008 01:59 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Reseñas Hay 8 comentarios.


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