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Daniel Gascón

LISTAS

LISTAS

1.

Escribe Michiko Kakutani:

"Se ha hablado mucho de la elocuencia de Obama, de su habilidad para usar palabras en sus discursos para persuadir, animar e inspirar. Pero su apreciación de la magia del lenguaje y su ardiente amor por la lectura no sólo le han dotado de una rara habilidad para comunicar sus ideas a millones de estadounidenses mientras contextualiza ideas complejas sobre la raza y la religión, también han formado su manera de verse a sí mismo y su percepción del mundo.

El primer libro de Obama, Sueños de mi padre (seguramente la autobiográfica más evocativa, lírica y cándida escrita por un futuro presidente) sugiere que a lo largo de su vida ha leído libros como una forma de adquirir puntos de vista e información de otros, como una manera de salir de la burbuja de uno mismo, y, más recientemente, de la burbuja del poder y la fama. Recuerda que leía a Ralph Ellison, Langston Hughes, Richard Wright y W. E. B. Du Bois en su adolescencia, en un esfuerzo para comprender su identidad racial, y que, más tarde, durante una fase ascética en la Universidad, se sumergió en las obras de pensadores como Nietzsche y San Agustín en una búsqueda espiritual e intelectual.

Cuando era un niño que crecía en Indonesia, Obama aprendió sobre el movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos a través de los libros que le daba su madre. Después, cuando trabajaba en una comunidad de Chicago, encontró inspiración en Parting the Waters, el primer volumen de la biografía que Taylor Branch escribió sobre Martin Luther King.

Últimamente, los libros le han dado a Obama alguna ideas concretas sobre el gobierno: se ha contado mucho que “Team of Rivals,”, el libro de Doris Kearns Goodwin’s book sobre la decision de incluir a la oposición en su gabinete, le ayudó a nombrar a su principal rival demócrata, Hillary Clinton, secretaria de estado. En otros casos, los libros sobre los primeros cien días de Roosevelt en la Casa Blanca y “Ghost Wars”, el libro de Steve Coll sobre Afganistán y la CIA, le han dado información útil sobre la multitud de desafíos a los que Obama se enfrentará en su cargo”.

2.

Sarah Weinman cuenta cómo leyó 462 libros en 2008.

3.

The Daily Telegraph recomienda 100 novelas. The Guardian, 1.000.

En el Telegraph hay resúmenes. El Quijote: "Cuento picaresco de un caballero cincuentón sobre un caballo flaco con una inclinación por los molinos de viento". El corazón de las tinieblas: "'Conquistar la tierra', dijo Conrad, 'no es bonito'". El gran Gatsby: "El amor de un millonario misterioso por una mujer con 'una voz llena de dinero' lo mete en problemas".

4.

John Kariuki escribe sobre algunos profesores de litearatura del Este de África:

“Son una vista común en las salas de profesores de las Universidades púbicas y en los institutos.

Si no manifiestan una opinión emocional en una voz decididamente alta para una conversación normal, destacan por su peculiar manera de vestir.

Hay probabilidades de que vayan vestidos con brillantes túnicas del Oeste africano, o en una combinación inverosímil de camisa azul y pantalones amarillos.

El flujo de sus palabras estará ocasionalmente puntuado con citas de Chinua Achebe, Shakespeare y Wole Soyinka, entre una horda de otros escritores que citan más o menos como los curas citan la Biblia al predicar.

Pueden llevar rastas o una barba descuidada o estar totalmente afeitados por alguna protesta. Si es una mujer, puede llevar sus libros en un kiondo, y para colmo, unos andares universitarios.

Dicen representar lo poco que queda de auténticamente africano, y deben mostrarlo en su forma de vestir y sus maneras. Pocas mujeres que den clase en la universidad caen tan bajo como para vestir a la moda. El maquillaje es zona prohibida y su amor por el libre ‘vitenge’ es legendario.

Bienvenido al mundo de la literatura, ampliamente retratado como un club de elitistas mentes literarias que ha producido algo más que su comprensible ración de excéntricos. Es un dominio respetado por muchos y reservado para los mejores del mundo académico.

Esto es lo que primero que recuerda Dan de su primera clase de literatura en la Universidad de Nairobi, hace más de treinta años.

‘Ahora sois más de 30 estudiantes pero en los próximos dos o tres semestres, muchos se habrán ido y solo quedarán unos pocos. Porque muchos son llamados pero pocos (lee: los mejores) son los elegidos’, dijo el profesor. Tenía razón: un par de semestres más tarde, solo quedaban 10 alumnos en la clase.

Como los videntes, estos profesores poseen la habilidad de ver mucho más que lo que contienen las meras palabras. También tienen un gusto por apuntes sobados que enseñan durante años.

Son los únicos con la habilidad de convertir una simple declaración en un acalorado debate político que puede durar toda la lección, sin que se alcance ninguna conclusión. En las clases de literatura, tienen excusa para entrar en clase con una grabadora o pedir a los estudiantes que investiguen y presenten las canciones de circuncisión de su comunidad a plena luz del día. (…)

Percibí por primera vez la peculiaridad de los profesores de literatura en el instituto al que asistí. Un pedagogo mayor coleccionaba esquilos, cuernos, tallas y parafernalia oculta. Creíamos que estaba en una búsqueda académica. Pero la gente se sorprendió cuando empezó a llevar un colgante en el cuello, como una estrella del rap soñolienta.

Como los suyos, pronto dejó su nombre cristiano y llevó a su familia de la iglesia dominante a una secta oscura con inclinaciones fundamentalistas. No hacía falta ser astrofísico para concluir que se había vuelto nativo y, con reservas, loco.

Este profesor nos sacaba de clase para cantar cualquier tipo de canción que le parecía adecuada. Consecuentemente, muchos profesores, y especialmente profesoras, se marcharon del centro por las canciones de circuncision que chicos de muchos grupos étnicos de Kenia cantábamos felizmente: “Cantad alto para que los dioses os oigan”, instaba, repitiendo la ocasional palabra obscena que los chicos gritábamos en nuestra lengua materna para alegría general.

Un amigo enseñaba literatura en la escuela en la que empezamos nuestras carreras. Mi amigo era imaginativo e iba más allá del programa poniendo el genocidio de Ruanda en su contexto literario ante sus estudiantes admirados. Muchas veces trataba importantes acontecimientos mundiales y locales temáticamente a través de los libros, atrayendo algo más que una mirada pasajera de los administradores de la escuela.

A veces llevaba trajes maoístas y religiosos y leía títulos esotéricos sobre el vudú, las islas del mar del sur y la iglesia cóptica de Egipto. Como ocurre cuando algo se repite con frecuencia, dejé de percibir su excentricidad pero no sus argumentos.

Glorificaba un pasado paraíso africano en sus discursos, mantenía que los poderes coloniales habían destrozado un hermoso sistema de feudalismo y naciente realeza cuando nos hicieron tragar el republicanismo y la democracia extranjera. Pocos entre los profesores lo entendían, por no hablar de los estudiantes.

Estudiaba con entusiasmo las costumbres y tradiciones de la comunidad local, y yo tenía la fe de que un día haría una crónica, dotada de abstracción literaria, sobre la gente costera que nos rodeaba. Hasta que fui con él a un velatorio. Esa noche descubrí que había estado traduciendo canciones locales obscenas al inglés. En el velatorio, un borracho le dio sinónimos de una parte de la anatomía femenina que es, probablemente, el sostén principal de los expletivos de bar, en todos los dialectos de la lengua vernácula.

En los últimos años del gobierno Kanu, mi amigo nos consiguió una noche a la sombra llamando a unos policías “Policía de Marcos”. Nos arrestaron por sedición. Sin embargo, un amable inspector, que parecía tener un gran conocimiento del inglés, consideró la palabra sedición y nos dejó libres sin cargos a la mañana siguiente.

Cuando tradujo todas sus canciones obscenas, mi amigo se acercó a varias editoriales importantes para publicarlas en forma de libro. Pero todas lo rechazaron como a un leproso. Enloquecido, mi amigo decidió hacer una hoguera con todos los manuscritos en los que tanto había trabajo. Maldecía los nombres de los dioses griegos –‘¡Perséfone, Zeus, Hera!’- mientras el fuego consumía el trabajo de su vida.”

5.

Una reseña de una biografía de Shakespeare. Un texto sobre Edgar Allan Poe, y unas imágenes de sus obras y manuscritos.

Y el Facebook de Jane Austen.

En la imagen, Ralph Ellison.

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