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Daniel Gascón

MARTIN AMIS ESCRIBE SOBRE JOHN UPDIKE

MARTIN AMIS ESCRIBE SOBRE JOHN UPDIKE

 

Escribe Martin Amis:

“Dijo que tenía cuatro estudios en su casa, así que podemos imaginarlo escribiendo un poema en uno de sus estudios antes del desayuno, después escribiendo cien páginas de una novela en el siguiente estudio, después escribiendo después de comer un ensayo brillante para The New Yorker, y después garabateando un par de poemas en el siguiente estudio. John Updike debía poseer una energía más pura que ningún otro escritor desde DH Lawrence.

He visto que muchas veces se sugería qeu esos prodigios sufrían una condición envidiable, llamada ’presión en el córtex’. Es como si tuvieran una fuente subterránea dentro de ellos que está siempre a punto de entrar en erupción. Ha producido una obra enorme. Es sin duda uno de los grandes novelistas americanos del siglo XX.

Sólo él podía sacar su cabeza entre las de los grandes judíos: Bellow, Roth, Mailer, Singer. Era completamente típico de él que, como un elemento lateral, él mismo se convirtiera en un gran novelista judío, en la persona de Henry Bech, el héroe de varios libros suyos. Me parece un rasgo esencial de Updike que nunca estuviera satisfecho con ninguna limitación, que siempre exigiera mucho más de lo que le correspondía.

Se supone que no tiene que haber extremos a la hora de ser único –o lo eres o no- pero era excepcionalmente sui generis. Estaba demasiado influido por Joyce, y en una novela como Parejas se nota que se puso la tarea de llevar a Joyce a América. No creo que pudiera verlo –los grandes estilistas son aquellos que no deberían influirte-, pero era un intento noble, y con un tesoro tan profundo como el que tenía Updike podía permitirse tener unos cuantos tiros fallidos, aunque fuera por poco.

El propio Joyce dijo que había algunas cosas demasiado vergonzosas como para escribirlas negro sobre blanco. Updike era un sinvergüenza innato, y nosotros somos los beneficiarios de esa cualidad. Llevó la novela a otro plano de intimidad: nos llevó más allá del dormitorio y hasta el cuarto de baño. Es como si nada humano le hiciera cerrar los ojos. Creo que era probablemente el modelo de su generación. Como dijo él mismo, ‘Mi mujer y yo tuvimos niños cuando éramos unos niños’. Los años salvajes les llegaron al principio de la mediana edad.

Para mí, sus mejores novelas son los dos últimos libros de Rabbit, Conejo es rico y El regreso de Conejo. Con la cuarta de la novela de la tetralogía, hizo una homerun con todas las bases. Su estilo era de una viveza y musicalidad compulsivas e imparables. Varias veces al día vuelves a él –como ahora hacia su fantasma- y te preguntas: ‘¿Cómo lo habría hecho Updike?’. Hoy es un día muy frío para la literatura”.

En la imagen, Updike, su mujer Mary y sus cuatro hijos.

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