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Daniel Gascón

NEDA

NEDA

Escriben Arash Sahami y Angus Macqueen:

“Caspian Makan ha sido atropellado por el monstruo ciego y veloz de la historia. Hace apenas cinco meses su novia fue asesinada en las calles de Teherán. Una de las 80 muertes confirmadas de forma fiable durante las manifestaciones tumultuosas que siguieron a la controvertida elección presidencial. La mayoría de los familiares de las víctimas y amigos ha vivido su dolor en privado -pero Neda Agha Soltan, la novia Caspian, murió en directo en la cámara de un móvil, en una secuencia insoportable de 90 segundos que la convirtió en un icono. En internet su rostro se convirtió en el rostro de la protesta en cuestión de horas.

Pero los símbolos destsruyen vidas. En los días y semanas que siguieron, Caspian no sólo ha perdido a la mujer que planeaba casarse, sino también su país, su familia, sus amigos y su carrera. Cualquiera y todos los que tenían algo que ver con la muerte de Neda ahora son tóxicos para el gobierno iraní. Miembros de su familia han sido intimidados, amenazados, e incluso detenidos. El médico que la cámara muestra cuando trata de salvar su vida ahora está exiliado en Gran Bretaña. El profesor de música que estaba con ella cuando murió ha aparecido en la televisión iraní, con la evidente exigencia de negar lo que vio: que Neda fue asesinada por un miembro de la milicia religiosa.

Y Caspian desapareció. En los días posteriores a su muerte, habló en emisoras extranjeras y luego desapareció. Por último, se confirmó que estaba en la famosa prisión de Evin, en Teherán -el símbolo espantoso del régimen opresor del Sha transferido sin problemas a las manos de la policía secreta de la República Islámica. Fue retenido durante más de dos meses, parte de los cuales estuvo confinado en solitario. En septiembre fue puesto en libertad bajo fianza en espera de juicio –quizá para uno de esos juicios espectáculo que se han transmitido en la televisión iraní en los últimos meses, en los que los partidarios de líder de la oposición se han visto obligados a retractarse de sus acciones. A instancias de la familia y amigos, Caspian decidió que tenía que escapar.

Nos reunimos unos días después de salir. Está escondido y por ahora no quiere que la gente sepa dónde. Hay un miedo tangible del alcance de la policía secreta en la comunidad de exiliados iraníes. Su hogar temporal es un piso vacío en un bloque de anónimos en los suburbios de una ciudad de Oriente Medio que no conoce. Por ahora, vive con otras dos víctimas de las manifestaciones de verano. Uno de ellos es un hombre enorme que fue violado con una barra de hierro después de su detención. Caspia no corre peligro de perder la perspectiva.

No parece a alguien que acaba de pasar cinco días traumáticos huyendo de su patria, con un trayecto de ocho horas de a pie a través de montañas remotas. Arreglado y elegante, nos recibe con una sonrisa suave. Ofrece té, aunque no una silla, porque no hay una sola en el piso. Sus intentos de bromas no duran mucho. Los círculos oscuros y profundos grabados bajo los ojos lo traicionan.

El torbellino lo ha consumido todo, excepto las pocas pertenencias que pudo pasar de contrabando fuera del país: entre ellos un pequeño ordenador. Lo enciendo y ahí están sus fotos de Neda: la sonrisa hermosa que diio la vuelta al mundo de repente se convierte en su imagen privada de amor de nuevo. Aquí está el hombre para el que estaba sonriendo. Caspian toca la cara en la pantalla.

Su historia empieza como un romance de verano clásico: estaban en el mismo grupo de turistas a Turquía en abril de este año. Habla de Neda como una mujer brillante, frustrada con la vida. Turquía es un lugar tentador para los jóvenes iraníes, uno de los pocos lugares que los iraníes pueden visitar sin visado. Es un país musulmán, pero no es un estado religioso. No hay ningún velo en las fotos de Neda en las vacaciones.

Su voz baja a un susurro cuando recuerda sus conversaciones primer día de las vacaciones. Ella era religiosa y había estudiado teología y filosofía en la Universidad Islámica en Teherán. Sólo había estado allí tres trimestres, cuando se dio cuenta de que ella no reconocía a su dios en lo que se enseñaba. Se había casado muy joven y se había divorciado, lo que complicaba que consiguiera trabajo. Le encantaba viajar, y estaba tratando de conseguir un trabajo como guía en Turquía.

Caspian le habló de su vida como fotógrafo profesional, le dijo que también estaba divorciado, pero acordaron no hablar sobre sus relaciones previas. Iban a empezar de nuevo. Ella no estaba interesada en una relación casual, y él, a los 38 -12 años más que ella- sabía que iba en serio. Pero estaban nerviosos: un romance de vacaciones, después de todo.

‘Durante 10 o 12 días [después] no nos vimos y no tuvimos contacto porque queríamos ver lo que sentíamos por el otro. Elegimos un día para quedar y acordamos que ese día decidiríamos si de verdad queríamos estar juntos. Yo sabía que quería estar con ella y cuando ella llegó, supe que ella pensaba lo mismo. Yo estaba feliz’.

No estaban formalmente prometidos, pero el plan. Tenían billetes para volver a Turquía juntos (Estambul; la última semana de junio). Los planes privados de una pareja privada. Pero para entonces Neda estaba muerta y Caspian en prisión.

En medio sucedieron las elecciones presidenciales de junio. Ni Caspian ni Neda era muy políticos. Toda su vida adulta las elecciones habían sido entre una variedad cuidadosamente elegida de candidatos. Anteriores previos de reforma se habían agriado ante las realidades de un sistema político dominado por una élite religiosa. Ahora se trataba de un enfrentamiento entre el presidente Ahmadinejad y un ex primer ministro de línea dura, Husein Mousavi. Ni Caspian ni Neda tenían intención de votar.

 Luego -unos quince días antes de las elecciones- algo cambió. Tal vez fuera el debate televisado entre los candidatos, 10 días antes al día de las elecciones. Ahmadineyad, un orador público mucho más carismático pareció agresivo y a la defensiva en la pequeña pantalla. A diferencia del ensayado y soporífico debate de las elecciones en EE.UU., éste fue claramente muy personal. Ahmadineyad atacó a Mousavi por permitir que su esposa fuera vista con él en público. Los cortes se subieron a Youtube. Los iraníes repetían alegremente la réplica de Mousavi: ‘Este hombre mira fijamente a la cámara y miente.’

Por las razones que fuera, Mousavi, que no es ningún liberal, pronto adquirió un gran atractivo. Como una amiga de Caspian, que también ha tenido que huir al exilio, nos dijo: ‘Yo pensaba que no votar era un no al sistema. Esta vez, tenía la sensación de que era diferente. Animaba a todos a votar. Pensaba que debíamos evitar que el gobierno de Ahmadineyad regresara con su represión. No fue un voto a favor de ningún candidato: fue un voto de protesta’.

El ‘movimiento verde’ nació esos días antes de las elecciones, y las calles tomaron un ambiente de carnaval. A Neda se le contagió el entusiasmo. A Caspian no. ‘Yo le decía’ No te puede gustar Mousavi.’ Ella decía: ’Tienes razón, no me gusta, pero me gustan sus seguidores. Exigen sus derechos por sus derechos. No se trata de un hombre’. ‘

Es imposible decir cuál es el resultado de la elección en realidad. Ciertamente, la victoria de Ahmadinejad se anunció con inusual prisa. También es cierto que cientos de miles de iraníes se sintieron engañados. Y cuando salieron a la calle se encontraron con un grupo reunido de diversos servicios de seguridad de Irán: uniformados ‘robocops’ con porras, la policía antidisturbios, la Guardia Revolucionaria, y más peligrosa de todas, la milicia religiosa, los Basiji, a veces vestidos de paisano. El resultado, durante unos días mortales, fue la guerra en la calle. Fue bastante unilateral.

Los manifestantes estaban desarmados, a excepción de las piedras que recogieron en las calles las calles. Y teléfonos con cámara. Al intentar reconstruir lo sucedido en aquellos días para nuestro documental, hemos reunido un impresionante mosaico de imágenes.  Eventos controvertidos no están registrados por una cámara, sino en 10. Se ve desde varios ángulos a policías vestidos de civil que disparaban desde los tejados; a menudo las imágenes van acompañadas un comentario de sorpresa y la indignación. Esto es periodismo ciudadano, subido a continuación a la red para que todos lo puedan ver. Las imágenes son imposibles de rastrear, pero como datos registrados en bruto hacen que la tarea de la represión muda resulte casi imposible. A partir de ahora, acontecimientos como los de la plaza de Tiananmen tendrán muchos más testimonios fílmicos. La muerte de Neda fue una de estas secuencias.

La voz del Caspian es fuerte cuando habla de elecciones o política. Ahora baja a un susurro. ‘Se unió a los manifestantes desde el comienzo. Fue muy valiente y fuerte. Eso me preocupaba, la verdad. No quería que le pasara nada. Le pedí que dejar de ir a las protestas. Pensé que podía ser detenida o que le podía pasar algo. Pero ella sólo pensaba en su meta -la democracia y la libertad para los iraníes’.

Neda asistió prácticamente a todas las manifestaciones: a algunas con su madre, a algunas con Caspian.

Parece encerrarse en sí mismo cuando recuerda cómo explicaba por qué todo el mundo debía ir. Discutían sobre eso. ‘Ella decía: Me apoyas en todo, ¿por qué en esto no? Yo decía: No entiendes a esa gente. ¿Qué pasa si te pillan? Ella dijo: No es importante, Caspian, Es mi deber. Ella dijo Caspian, deja que te diga la verdad. Creo que en estas circunstancias tenemos que ser responsables. Aunque tuviera a un hijo, lo llevaría a las manifestaciones, dijo Neda. Entonces pensé que no podía impedirle que fuera’.

El día de su muerte, Caspian estaba con su cámara en otra parte de la ciudad. ‘Ese día hacía fotos de las protestas y los manifestantes. Era difícil tomar imágenes de los guardias de seguridad que golpeaban a los manifestantes. Usé la cámara del móvil cuando no podía usar mi cámara grande. Entre las seis y las siete de la noche comencé a ver gente disparando y heridos. Pensé mucho en Neda. Estaba preocupado por ella. Quería llamarla pero el sistema de telefonía móvil estaba desconectado y no podía comunicarme con ella. No dormí esa noche. Escenas terribles pasaban por mi cabeza. Yo estaba sentado frente a mi ordenador, mirando las fotos que había hecho. Alrededor de las seis de la mañana sonó mi móvil. Era el número de Neda. Pero no era ella. Era su hermana. Dijo: Caspian, hemos perdido a Neda. Yo no entendía lo que quería decir. No podía creer lo que me estaba diciendo. ‘

Para entonces, el mundo empezaba a ver en las imágenes que la mostraban en el suelo, con la sangre saliendo de su pecho, apoyada por dos hombres. La última imagen que la mayoría de la gente puede soportar muestra su rostro, hermoso y claro, antes de que la sangre corra sobre él, mientras voces desesperadas piden: ‘Mi niña. ¡Neda! ¡Quédate con nosotros!’. En otros lugares de la web hemos encontrado una prueba más: después de los disparos, la multitud se enfrentó al asesino aparente -un miembro de la milicia religiosa- medio desnudo delante de las cámaras de teléfono. Un arresto ciudadano era absurdo pero tomaron su carné de identidad como prueba y lo colgaron en internet.

La religión chií está impregnada de la mitología de martirio; la identidad musulmana de Irán siempre ha sido definido por el sacrificio. Las autoridades lo saben. Cuando las imágenes de Neda llevaron la noticia por todo el mundo, actuaron rápidamente para matar a la historia.

A partir de contactos con su madre y hermana, y el testimonio de Caspian, hemos reunido lo que vino a continuación. Les permitieron enterrarla, pero en una parte del cementerio reservado para los cuerpos de los manifestantes. Se les prohibió celebrar cualquier tipo de vigilia –a ninguno de los restaurantes locales, salas o las mezquitas se les permitió que los aceptaran. Mientras tanto, en la televisión, los funcionarios policiales de rango superior culpaba de la violencia a elementos terroristas, diciendo que las fuerzas gubernamentales no llevaban armas de fuego. Angustiado, furioso por lo que oía y atormentado por las pesadillas, Caspian Makan pensó que no podía permanecer en silencio. Concedió entrevistas por teléfono a BBC Persia, Al Yazeera y las estaciones de habla persa en el extranjero, donde describía brevemente lo que había sucedido.

Sus amigos le pidieron que abandonar el país, pero Caspian. ‘No quería. Yo no era capaz de hacerlo. No podía salir de casa de Neda. No podía estar muy lejos de ese movimiento. No me importaba’. El 26 de junio, seis días después de la muerte de Neda, la policía rodeó la casa apostando francotiradores en los techos cercanos. ‘Estaba en casa cuando sonó el timbre. Se llevaron todo mi archivo de trabajo, mis herramientas de edición, mis documentos, las 10.000 fotos que había recogido para publicar publicar un día. La mayor parte de este trabajo está dedicada a los sitios históricos en Irán y a la fotografía de naturaleza.

‘Me dijeron que me iban a llevar a la cárcel de Evin. Me llevaron a una celda. La tumba de Nelda tenía el número 32. La que tenía al lado llevaba el número 34, el número de mi celda. No quería volver después de que me hubieran apresado. Quería que me mataran a mí también’

Pasó casi dos semanas en régimen de aislamiento. Le vendaban los ojos cada vez que lo trasladaban. Pero podía oír. ‘El ruido de los golpes, los gritos. A veces, se oían los gritos y el llanto de los jóvenes. Creo que la mayoría eran voces de jóvenes. A veces los distinguía desde la puerta de mi celda’.

‘Era como una sala de examen. Sentaron a los jóvenes a las sillas. Querían que escribieran lo que hicieron durante las manifestaciones. No puedo decir el número exacto, pero creo que llevaban a unas 400-500 al día allí. Estaba tan lleno que tenían a gente sentada en las duchas’.

En los interrogatorios lo trasladaron a otra celda. ‘Me sentaron en el suelo frente a la pared. Había dos o tres de ellos. Nunca los vi. Sólo una vez vi el zapato de uno de ellos. Es muy puntiagudo y brillante. Decían que Neda era miembro de un grupo de oposición a la República Islámica del Irán. Insistían en que Neda y yo éramos miembros de un grupo que había planeado los acontecimientos’.

Después sugirieron que Neda estaba en una misión suicida –que había ido a morir a sabiendas, para socavar el Estado. Caspian creía que todo era un formalismo. ‘No lo decían en serio. Estaba bastante claro que ellos mismos no creían las acusaciones que estaban haciendo’. Lo que estaba claro era el daño que pensaban que la muerte de Nedaque había causado a la República Islámica y que él había hecho mucho peor al hablar en público.

Luego se cambió de táctica. ‘Dijeron: El gobierno de Irán está orgulloso de ti.’ Me trajeron helados y galletas. Después me llevaron a mi celda. Volví a sentir un poco de alivio. Pensé, vale, voy a apagar la luz. Era como un faro brillante que me apuntaba directamente a la cara. Entonces e di cuenta de que no había interruptor para apagarlo.’

Continuó así. ‘Me ataron a una silla junto a la pared. Me pegaron. Me dijeron que iban a ejecutarme.’ Esas semanas le propusieron distintas versiones de lo ocurrido, pero las rechazó.

Tras una serie de interrogatorios todo se mantuvo en calma durante una semana. Fue trasladado a una nueva celda durante 40 días, pero no le interrogaron de nuevo. En una sesión final los guardias admitieron que ni él ni Neda formaban parte de ningún grupo político ‘pero dijeron que yo había quebrantado la ley al hablar’. Ante la creciente presión -la familia de Neda exigía su liberación, al igual que AI y otras organizaciones internacionales- finalmente lo dejaron en libertad bajo fianza. Sigue acusado de ‘conspiración para derrocar a la República Islámica de Irán’. Las familias tuvieron que reunir 100.000 dólares y las escrituras del padre de Caspian.

Tras su liberación, pasaba todas las mañanas en la tumba de Neda. Iba temprano para evitar la policía de seguridad que andaba por las cercanías. ‘A Neda le gustaba el amanecer, así que iba temprano para estar a solas con ella entonces. Cuando salía el sol, la gente empezaba a llegar a llegar. Se ha convertido en un lugar de peregrinación’.

Todo el mundo le decía a salir, que iba a ser detenido de nuevo. Pero era difícil. ‘Yo no quería salir. Por un lado, creo que este movimiento no ha muerto y nunca morirá. Pero cuando vi las limitaciones que bajo las que estaba, cuando vi que me tenían bajo vigilancia constante y que tenía que guardar silencio, no pude soportarlo’.

El viaje para salir del país –organizado por contrabandistas profesionales- fue traumático. Estaba enfermo y solo. En un punto tuvo que cruzar solo un paso de montaña. La escalada le llevó 8 horas.

Caspian mira hacia delante. Está aliviado por haber llegado al final. ‘Cuando me marché de Teherán miraba a la buena gente de Irán, que es paciente y amable. Parecían abrumados. Tengo 38 años. Siempre amaré Irán. Fue tan duro: dejaba el lugar de descanso de Neda. Todavía no puedo creerlo. Todavía pienso que voy a verla’.

Tiene una misión. Quiere organizar una exposición en su memoria. Este hombre calmado y digno no se resigna. ‘Ahora que me he ido de Irán, puedo gritar. Para romper el silencio’.”

En la imagen (Mario Tama/Getty Images), un manifestante tiene una imagen Neda Agha Soltan en una protesta en Nueva York.

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