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Daniel Gascón

CÁRCEL Y PALABRAS

Escribe Jonathan Mirsky:

“El 8 de octubre, Liu Xiaobo se convirtió en el primer chino que ha recibido el Premio Nobel de la Paz y uno de los tres ganadores que lo han obtenido en la cárcel. El comité de Oslo ya había recibido una advertencia de Pekín, que aconsejaba no dar el premio a Liu porque era un ‘criminal’, condenado a once años por ‘subversión del poder del Estado‘. Después de que Oslo diera la noticia, Pekín calificó el premio de ‘obscenidad’. Según los estándares de Pekín sin duda es. Diez mil chinos firmaron en poco tiempo la Carta 08, un documento que Liu ayudó a escribir y que fue publicado en inglés por primera vez en la edición del 15 de enero de 2009 de The New York Review of Books. La carta exigía:

Debemos hacer universales la libertad de expresión, la libertad de la prensa y la libertad de cátedra, garantizando así que los ciudadanos puedan ser informados y puedan ejercer su derecho al control político. Estas libertades deben ser confirmadas por una Ley de Prensa que suprima las restricciones políticas a la prensa. La disposición contenida en el actual Código Penal sobre ‘el delito de incitación a subvertir el poder del Estado’ debe ser abolida. Debemos poner fin a la práctica de ver las palabras como delitos.

La petición también decía: ‘Tenemos que abolir el privilegio especial de un partido para monopolizar el poder y debemos garantizar los principios de competencia libre y leal entre partidos políticos.’

Las palabras pueden ser fatales en China. Zhang Zhixin, una joven china, fue ejecutada en 1975 por ‘oponerse al Gran Timonel Mao, por oponerse al pensamiento de Mao Zedong, oponerse a la línea proletaria revolucionaria y por acumular un delito tras otro’. Para garantizar que la señora Zhang no gritase en la ejecución, le cortaron las cuerdas vocales.

En mayo de 1989, en la Plaza de Tiananmen, vi al señor Liu, un profesor universitario de 33 años, que exhortaba a los estudiantes a pedir la democracia por encima de todo, además de realizar llamamientos a la libertad de expresión y el fin de la corrupción. La noche del 4 de junio, el señor Liu ayudó a negociar un acuerdo con el ejército que permitió que los últimos manifestantes en la plaza escaparan a una matanza que ya se había cobrado cientos de vidas. Fue encarcelado de inmediato durante veinte meses como ‘mano negra’. Después de su liberación, el señor Liu dijo: ‘Espero ser un intelectual y escritor chino sincero. Esto puede volver a meterme en la cárcel, que es lo que le ocurre a la gente como yo en China’.

Son sus palabras las que han vuelto a poner al señor Liu entre rejas. La televisión estatal china se puso en negro antes de que Oslo anunciara que había ganado el premio. Pero las multitudes entusiastas se reunieron frente a la casa de Liu en Pekín. Aunque no sirviera para nada más, el premio garantiza que, a diferencia de Zhang Zhixin, Liu no va a desaparecer en la cárcel. A pesar de todos los esfuerzos para asustar a Oslo y silenciar a Liu Xiaobo, Pekín ha fracasado y millones de chinos lo celebran. Pero en de las veinticuatro horas siguientes a la adjudicación a Liu, veinticuatro activistas de derechos humanos fueron detenidos. Muchos otros se encuentran bajo arresto domiciliario, incluyendo a la esposa de Liu. Esta ha contado que después de ver a su marido y decirle que había ganado el premio, Liu se echó a llorar y dijo: ‘Esto es para los mártires de Tiananmen’.”

En la imagen, Liu Xiaobo.

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