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Daniel Gascón

EL ESCALOFRÍO

Escribe Evan Osnos:

“Paso a paso –y de forma tan silenciosa que la revelación de todos los datos pueden resultar sorprendente-, China se ha embarcado en la campaña represiva de la libertad de expresión más intensa de los últimos años. Eclipsada por las noticias que se producen en otras partes del mundo, China detiene a escritores, abogados y activistas desde mediados de febrero, cuando empezaron a circular llamamientos para organizar protestas inspiradas en las de Oriente Medio y el Norte de África. Ahora el perfil está claro: según un recuento del grupo Chinese Human Right Defenders, el gobierno ha ‘sometido a detención criminal a 26 personas, 30 personas han desaparecido y más de 200 están bajo arresto domiciliario‘.

Algunos de los desaparecidos han aparecido más tarde; en un caso que ilustra lo extraño que se está volviendo todo, un novelista y bloguero llamó a su ayudante para decirle que lo seguían tres hombres y luego desapareció durante varios días antes de reaparecer en un hospital, diciendo que se estaba ‘recuperando’, sin especificar de qué. Planeaba salir del país al día siguiente. (Otros no figuran en las cifras anteriores: el abogado Gao Zhisheng desapareció hace casi un año; cuando los observadores de derechos humanos de la ONU pidieron información sobre él esta semana, el Ministerio de Relaciones Exteriores les instó a ‘respetar la soberanía judicial de China‘- una desafortunada elección de palabras, teniendo en cuenta que, por lo que ha podido saberse, Gao todavía no comparecido ante un tribunal de justicia.)

En algunos casos, las restricciones son difíciles de definir; Philip Gourevitch escribió el miércoles sobre el escritor Liao Yiwu, a quien esta semana prohibieron salir de China, aunque, como de costumbre, no se le ha acusado formalmente de ningún delito. Hay algo alarmante en esta erupción de detenciones, y puede tener un impacto en China, más allá de lo que los líderes actuales puedan prever: las autoridades parecen estar dispuestas a imponer condenas tremendamente estrictas, que en la práctica garantizan que nombres hasta ahora desconocidos puedan convertirse en causas célebres en todo el mundo.
La semana pasada, un tribunal condenó a diez años de prisión al activista por la democracia Liu Xianbin por ‘incitar a la subversión del poder del Estado’: la misma acusación que el ganador del Nobel de la Paz Liu Xiaobo. Es también la misma acusación a la que se enfrentan otras tres personas: Chen Wei, un activista de cuarenta y dos años de Sichuan; el disidente Ding Mao, de cuarenta y cinco años, y Ran Yunfei, tal vez el más conocido de los tres, un escritor que tiene cuarenta y cuatro mil seguidores en Twitter.

Una oleada de detenciones de este tipo es una de las razones por las que China es un lugar difícil de describir políticamente. La ‘estabilidad’ se ha santificado hasta tal punto que cualquier disensión se considera ilegal, lo que puede llegar a ser la perdición misma de la estabilidad real: el país se ha apartado de la legalidad mediante la promoción de la mediación en lugar del uso de los tribunales y ha amenazado a los periodistas extranjeros con una ferocidad que no se veía en años.

Y, sin embargo, fundamentalmente, parece políticamente estable de una manera que muchos países árabes no lo eran. Como he explicado en otras ocasiones, China es una criatura rara: una dictadura con una elevada operatividad. Su economía y servicios de seguridad funcionan con eficiencia, ya sea apaciguando, contentando o aterrando a la gente para alejarla de los disturbios organizados. Por el momento, el daño real puede afectar a la posición internacional de China. El profesor de Harvard Joseph Nye, que goza de la condición académica de estrella de rock porque acuñó el concepto de ‘poder blando’, uno de los pilares de la diplomacia china en esta época, ha concluido que la actual ola de arrestos de China ‘torpedea su campaña de poder blando.’

Tiene razón. ¿Te acuerdas de la ceremonia del Nobel, con esa silla inquietantemente vacía que correspondía Liu Xiaobo? China se está preparando que eso ocurra otra vez, otra vez, otra vez y otra vez”.

En la imagen, Liao Yiwu.

 

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