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VIDA

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1.

El Ayuntamiento de Zaragoza ha cedido al integrismo católico el Auditorio para organizar un congreso sobre el aborto. Supongo que por el escenario se llama Sinfonía por la vida. El Heraldo de Aragón publica un artículo sobre éste -que ha estado en internet un rato, pero luego han actualizado-, donde la presidenta de Provida en España dice frases tan delirantes como que “a las mujeres en España se nos está obligando a abortar”. Además, el aborto es “el mayor problema que tiene España en estos momentos”. Y en otro lugar, ha escrito que el 5 de julio es “el más triste de España”, porque en esa fecha se despenalizó el aborto en 1984, y que una ley de plazos equivale a "la democratización de la pena de muerte en España". En las páginas de la Federación y las notas de prensa de las delegaciones repartidas por España, se habla de la píldora anticonceptiva –no la píldora post-coito- como un “abortivo a priori”; se defiende que una niña de 9 años violada por su padrastro debe continuar con el embarazo, aunque ponga en peligro su vida; se critica que unas Directrices de Educación Sexual para el Empoderamiento de los Jóvenes elaborada por la UNESCO sea un “plan perverso”: cuando la guía habla de educar contra la homofobia, un prejuicio que cada año se cobra muchas vidas, denuncian la medida como “apología de la homosexualidad”.

Estas asociaciones se empeñan en negar la realidad y hablan de cosas como un amenazado “derecho a ser madre”, promocionan estrategias que contribuyen al aumento del SIDA, condenan a muchas mujeres a una salud precaria y una vida dedicada exclusivamente a la crianza, impiden su incorporación al mundo laboral y el control de las mujeres sobre su propio cuerpo y su sexualidad (la presidenta habla en la página web de la federación de “sexualidad ordenada”, que debe de ser la buena, aunque no sé si se refiere a una postura). Las ideas que promocionan, actualizadas con palabrería pseudometafísica, pseudocientífica y pseudofeminista (que por cierto resulta repugnantemente paternalista, y absolutamente machista), son directamente responsables de la desigualdad de la mujer en muchos lugares, y han significado y significan todavía un formidable obstáculo para la medida que más contribuye al desarrollo de una sociedad: el empoderamiento de las mujeres. No parecen distinguir entre el sexo que uno practica libremente y el forzado; gastan más energía en condenar la libertad sexual –que según ellos es una imposición a las mujeres y el origen de los abortos, pese a que se han producido toda la historia, y a lo largo de toda la historia el ser humano ha tenido muy poca libertad e información en asuntos sexuales, precisamente- que las violaciones empleadas como arma de guerra. Pero lo más indignante es que estas asociaciones afirmen saber lo que quieren en el fondo todas las mujeres, que al parecer están “silenciadas” en España. Por eso, deciden hablar por todas ellas. Pero llevan usurpando su palabra demasiado tiempo, y diciéndonos a todos como  debe ser la vida.

2.

 Cuenta The Economist:

“Los opositores del aborto tienden instintivamente a intentar desalentarlo poniendo tantas restricciones legales como sea posible. Pero las estadísticas desafían ese enfoque. Un nuevo informe del Instituto Guttmacher, un think-tank favorable a la libertad de elección, sugiere que el número de abortos está disminuyendo, especialmente en países donde existe un régimen legal al respecto. Pero el número de abortos ilegales (y por lo general inseguros) se mantiene.[...]

El informe calcula que desde 1994 el número de abortos se redujo desde más de 45 millones en 1995 a menos de 42 millones en 2003. La caída es aún mayor dado el crecimiento del 10% de la población del mundo durante ese período. La mayor parte de la disminución se ha producido en los países donde los abortos son legales. En Europa oriental, por ejemplo, la terminación era un método anticonceptivo en la era comunistas. Ahora hay otros métodos disponibles.

Las prohibiciones del aborto se van suavizando poco a poco, aunque en los países pobres sigue siendo mucho más difícil que en los ricos. Desde 1997, 22 estados han cambiado sus leyes sobre el aborto; y en 19 de esos casos, el cambio fue la liberalización. La política de ayudas también está cambiando. Una de las primeras acciones presidenciales de Barack Obama fue revertir una medida polémica, conocida como ley mordaza de la Ciudad de México, que prohibía a las organizaciones benéficas de planificación familiar que  reciben dinero estadounidense efectuar o facilitar abortos.

La fotografía del aborto ilegal es borrosa, pero menos alentadora. Incluso es difícil calcular su número: las mejores fuentes son las encuestas anónimas y los datos médicos de los casos en que los abortos ilegales han conducido a complicaciones. El informe calcula que el número anual de abortos ilegales se mantuvo en torno a los 20 millones durante el período, casi todos en países en desarrollo. El 86% de las mujeres en edad reproductiva en países pobres, aparte de China y la India (que tienen leyes más permisivas sobre el aborto), viven en países que lo restringen poderosamente.

Los abortos clandestinos en los países pueden implicar la aplicación de cócteles medicinales caseros, curanderos tradicionales y otros recursos no científicos, así como cirugía de personas sin formación médica. Se estima que 70.000 mujeres mueren cada año por tales métodos. Incontables millones sufren complicaciones como la esterilidad a causa de abortos mal practicados.

¿Cuáles son las implicaciones para los que diseñan las políticas? Sharon Camp, del Instituto Guttmacher, dice que la liberalización no aumenta la tasa de abortos. En Europa occidental, que tiene algunas de las leyes más liberales en el mundo en este aspecto, las tasas de aborto son más bajas. Lugares donde el aborto está prohibido, como Uganda, son los que normalmente presentan la mayor incidencia de abortos.

La raíz de la mayoría de los abortos es el embarazo no deseado. Un signo alentador es que éstos están cayendo en todo el mundo, desde 69 por cada 1.000 mujeres (entre 15 y 44 años) en 1995 a 55 en 2008. Pero las cifras de los países pobres (57 por cada 1.000) son mucho más altas que en los países ricos (42 por cada 1.000). La proporción de mujeres casadas que utilizan métodos anticonceptivos en todo el mundo aumentó desde el 54% en 1990 al 63% en 2003, según el informe.

Un inesperado aliado en este frente es el VIH / SIDA. Los hombres de los países pobres, especialmente en el África subsahariana, son normalmente muy reacios al uso de anticonceptivos. Pero Laura Laski del Fondo de Población de las Naciones Unidas asegura que el miedo a esta enfermedad mortal está aumentando el uso del preservativo incluso en África.

Nada de esto va a eliminar el aborto ilegal en el futuro inmediato. La receta final para la reunión del Fondo de Población en Addis Abeba [aquí una crónica] es la importancia de reforzar la capacidad de los sistemas de salud de atención para hacer frente a las secuelas de abortos inseguros. Ni siquiera los más firmes defensores de la prohibición del aborto creen que la atención médica se deba negar en tales casos. El Departamento británico de Desarrollo Internacional anunció una nueva política sobre el aborto el 14 de octubre que pretende incrementar la comprensión de los peligros del aborto realizado sin garantías médicas. A nadie le gusta el aborto. Pero quizá la manera de reducir su frecuencia esté cada vez más clara”.

He tomado la imagen aquí.

07/11/2009 19:02 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos No hay comentarios. Comentar.

CRÍMENES IMAGINARIOS

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Hubo un tiempo en el que todas las novelas históricas hablaban de la guerra de Iraq. Podían tratar de las conquistas de Alejandro Magno, de la resistencia de los celtíberos frente a los romanos, del descubrimiento de América o las guerra napoleónicas: siempre había una lección que podía aplicarse a la ocupación estadounidense, al unilateralismo, a las luchas sectarias, la resistencia a las luchas intestinas; la situación era prácticamente idéntica; se trataba de un paralelismo que muchas veces había sorprendido al novelista, según decía él mismo.

Sin embargo, aunque la novela histórica tiene numerosas virtudes, no creo que su capacidad para explicar la guerra de Iraq fuera la principal. Tampoco me parece que las novelas de Dan Brown (que se inspiró en una conocida teoría de la conspiración), o de Eric Frattini, expliquen mejor la historia de la Iglesia Católica que un ensayo riguroso. A veces los autores hacen trampa: dicen que lo suyo es ficción y se han documentado mucho; que algunas partes de la novela sucedieron exactamente así, que otras podría haber sucedido y han provocado inquietud, etcétera. Son autores que quieren estar en misa y repicando.

En los últimos años he leído unas decenas de artículos que avisaban de la llegada de la novela negra. No sé si los últimos han acertado porque sus autores han sido más clarividentes, porque la novela negra ya estaba aquí, o por una cuestión de pura estadística, pero parece que esta vez es verdad. Y, por cierto, da la sensación que algunas de esas novelas, que a menudo incluyen la idea de una conspiración secreta, de fuerzas semiocultas y poderosísimas que controlan nuestro destino, también hablan de la guerra de Iraq.

Eso está bien. Lo que me parece perturbador es que algunos periodistas se hayan lanzado a defender la novela negra como el último reducto del periodismo. Entre las explicaciones más delirantes se encuentra la que proporcionaba Javier Valenzuela:

Pues sí, el mundo se ha vuelto loco en este arranque del tercer milenio, es una jungla donde impera la ley del más fuerte, y quien mejor lo está contando es la novela negra (thriller en inglés).

Yo no sé si el mundo está más loco en el arranque del tercer milenio que, por decir algunas fechas recientes, 1915, 1917, 1937, 1940, 1959, 1975 o 1979. Ni tampoco tengo tan claro que la novela negra y el thriller sean exactamente lo mismo, aunque agradezco la traducción. Pero estoy bastante seguro de que esas novelas no son lo que mejor explica el estado mental del mundo. Para Valenzuela, las novelas cuentan lo que de verdad sucede porque no sufren las presiones de los “grandes medios”, la censura, etcétera, ni otras graves limitaciones de la prensa:

Constreñida por la obligación de publicar informaciones contrastadas y por lo políticamente correcto, la prensa de calidad no puede contar de la misa la mitad; la sensacionalista, por su parte, sólo se ceba en los débiles y los rojos.

La división es tan tendenciosa y pueril que resulta cómica, pero la frase “constreñida por la obligación de publicar informaciones contrastadas” resulta algo inquietante, ya que lamenta la esencia del oficio: es como un médico que se quejara de la lata que supone atender al paciente, o un chef molesto porque le exigen que no intoxique a sus clientes. En este caso, quien formula la queja ha sido director adjunto de El País y director general información internacional del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, y analiza la actualidad política española en diversos medios.

No sólo eso; también dice:

Resulta que Suecia no es lo más parecido a un paraíso de libertad y justicia. Allí también hay empresarios corruptos, funcionarios venales y machistas asesinos. Debemos este descubrimiento a las novelas de Henning Mankell y Stieg Larsson.

Habría sido igual de riguroso, pero algo más ingenioso, que Valenzuela hubiera empezado: “Shakespeare advirtió de que algo olía a podrido en Dinamarca. Ahora, gracias a Mankell y Larrson, sabemos que la peste venía de Suecia”. Yo entiendo que uno le guarde rencor al modelo escandinavo. Después de todo, llevamos décadas oyendo hablar de lo bueno que es. Además, el modelo ha evolucionado hacia una mayor apuesta por los recursos privados, conservando prestaciones sociales. Pero esto me recuerda a cuando, durante el caso de Josef Fritzl, la gente teorizaba sobre lo específicamente austriaco del caso, sobre las culturas centroeuropeas, tan reprimidas y tan reservadas y se preguntaba qué esconderían todos esos sótanos. En ese caso, era una estupidez (y no tardaron en aparecer violadores y secuestradores de sus propias hijas en otras latitudes), aunque que el crimen era real: calcula entonces el análisis político y antropológico que puede derivarse de un crimen imaginario. Es como decir que gracias a los chistes de Lepe conocemos bien la provincia de Huelva. Por supuesto, eso no significa que Suecia sea un país perfecto: por ejemplo, hace unos pocos años mataron a un presidente del Gobierno. No hacía falta leer a Mankell y Larrson para saberlo.

Más adelante habla de Matt Beynon Rees, que ha creado un detective palestino:

En Una tumba en Gaza, una de las novelas de Rees, alguien le pregunta a Omar Yusef qué le impulsa a continuar una peligrosa investigación y éste responde: "Soy palestino. Estoy acostumbrado a comer mierda". En otro momento, Salwa, un personaje femenino, suelta: "A veces pienso que los únicos palestinos que no lloran son los muertos". Ninguna crónica, y por supuesto ningún informe de un think-tank, lo puede decir más corto y mejor. [Las cursivas son mías.]

¿Esa frase –puro fatalismo de cuarta, que podrían emplear personas de muchas nacionalidades diferentes, e incluso algún seguidor de un equipo de fútbol tras un mal domingo por la tarde- vale más que todos los reportajes y análisis y libros y documentales sobre el conflicto entre los palestinos y los israelíes? Al parecer, no todo el mundo está de acuerdo con Valenzuela, que tampoco ofrece muchas soluciones para que los palestinos cambien de dieta: el propio Rees sigue escribiendo reportajes y El País todavía no ha eliminado la corresponsalía. (Think-tank, para Valenzuela, es una sinécdoque de neocon; como si el análisis y el pensamiento no pudieran existir, y no existieran, en la izquierda. Aunque al leer a Valenzuela podríamos tener esa impresión, no es así.) Pero no se quedaba allí:

No, terminó el monopolio estadounidense (aunque ahí siguen clásicos vivientes como James Ellroy y Walter Mosley) y ahora también nos enteramos de lo que ocurre en Suecia (Mankell, Larsson), en Sicilia (Andrea Camilleri), en Venecia (Donna Leon), en Grecia (Petros Márkaris), en Argelia (Yasmina Jadra), en Suráfica (Gillian Slovo, Deon Meyer), en Israel (Batya Gur), en Francia (J.-P. Manchette, Didier Daeninckx, Fred Vargas), en España (Andreu Martín, Juan Madrid, Lorenzo Silva), en Reino Unido (Ian Rankin, P.D. James)...

“El monopolio estadounidense”, dice Javier Valenzuela, que habla de novela negra (un término francés), elogia la tarea de las últimas décadas de John Le Carré (británico), parece ignorar que Fred Vargas o Camilleri o P. D. James llevan escribiendo y teniendo éxito unos cuantos años, y que Sue Grafton, una de las autoras llamadas a romper ese supuesto monopolio, es estadounidense. Es posible que cuele alguna de sus observaciones sobre otro país. Pero decir que por fin sabemos –con el hermoso “nos enteramos”, que aquí es especialmente ridículo, por el sujeto comunal que incluye a los lectores enterados y porque apela a los lectores de su periódico, que al parecer no tienen ni idea de nada y deberían pedirle a El País que les devuelva el dinero- lo que pasa en España gracias a las novelas de Juan Madrid, Andreu Martín y Lorenzo Silva, es una de las frases más involuntariamente cómicas que he leído en mucho tiempo.

Aunque, como he dicho, muchos de esos autores publican desde mucho antes de la era Bush, Valenzuela juega al despiste cuando elogia su pluralismo:

La visión del mundo que se desprende del thriller político contemporáneo es más compleja y menos maniquea que la de Fox News. Los malos no son sólo caudillos izquierdistas latinoamericanos, oligarcas rusos del gas y jeques árabes que financian redes yihadistas. Entre sus villanos también hay políticos y funcionarios de Washington dispuestos a cualquier cosa con tal de que el viejo imperio siga mandando sin que nadie le chiste. Y mucha gente de la CIA que intercepta movimientos, conversaciones telefónicas y accesos a Internet allí donde les place. Y cardenales maquiavélicos del Vaticano, banqueros suizos corroídos por la hipocresía, especuladores financieros e inmobiliarios de múltiples pelajes...

Me llaman la atención algunas cosas: en primer lugar, hace un montón de tiempo que salen malos de la CIA en toda clase de ficciones –Estados Unidos debería haber cerrado esa institución hace tiempo, que parece funcionar mucho mejor en el cine que en la realidad-, y, si alguien está interesado en la CIA, ¿no sería mejor leer por ejemplo Legado de cenizas, donde Tim Weiner traza la historia de la organización, de sus jefes y sus operaciones? Si uno busca información, ¿no sería mejor buscar en los libros de no ficción? A lo mejor, los lectores de novelas no buscan exactamente información.

En segundo lugar me llama la atención la lista de malos de Valenzuela: funcionarios estadounidenses y cardenales maquiavélicos, banqueros corrompidos y especuladores financieros e inmobiliarios. Cualquiera diría que se la ha dictado Pepe Blanco. A ver si lo que no le molesta es el maniqueísmo, sino el maniqueísmo de un lado que no es el suyo. (Por cierto, hay otro personaje negativo en el dramatis personae de Valenzuela: un “asesino al servicio del Mossad”.)

El mundo va mal. La novela negra cuenta que el mundo va mal. Por tanto, la novela negra cuenta el mundo. Valenzuela imagina una solución pero necesita un deus ex máchina:

Tal como están las cosas, y si Obama no logra detener la caída del mundo por la pendiente —y tiene poderosos enemigos dentro y fuera intentan maniatarlo [sic]—, al thriller no le van a faltar temas para las próximas temporadas.

Si esto sucediera –si el primer presidente negro de Estados Unidos, el negro que tenía el alma blanca, consiguiera volver la vida de color de rosa-, desaparecería también la novela negra.

Uno de los ejemplos de novela negra política que pone Valenzuela es El jardinero fiel, que especula con los abusos de las compañías farmacéuticas en África. A mí me parece que si Le Carré hubiera querido hacerle un bien al mundo, en vez de elaborar una mera teoría conspirativa que utiliza la coartada humanitaria, podría haber investigado si las compañías explotan a la gente, cómo lo hacen, y decirlo. Sin duda, sería una información maravillosa, útil y necesaria; y no creo, como dicen algunos, que los propios medios taparan esa noticia (y aun así, Le Carré, aunque él y Valenzuela quieran hacernos creer lo contrario, vive en una parte del mundo en la que cada uno puede publicar lo que quiera: podría abrir un blog).

La literatura entretiene, pero también ayuda a entender mejor y dar matices a la vida, y a comprender las razones de los demás. Creo que puede ayudar a explicar conflictos internos, que puede aportar relatos simbólicos y observaciones sobre la naturaleza humana que son universales. También sirve para reírnos de nuestras imperfecciones, para condenar la estupidez y los atropellos contra las personas, y ha servido para explicar la violencia y los mecanismos del totalitarismo y la intolerancia o para elaborar metáforas del horror, pero la relación no es tan literal como propone Valenzuela; las denuncias más eficaces son las que denuncian algo que de verdad existe, que el escritor conoce por experiencia y transforma en un artefacto literario (el racismo en Invisible Man, por ejemplo, o el totalitarismo en 1984) y desde luego esa tarea no puede anular ni sustituir el trabajo imprescindible de la investigación rigurosa y los datos, ni desdibujar las fronteras entre lo que uno sabe y lo que uno ha imaginado ante el ordenador.

Los escritores ex periodistas pueden firmar novelas estupendas; pero, como periodistas, simplemente dejaron de hacer su trabajo. Es algo que, aunque Valenzuela parezca haber olvidado, la inmensa mayoría de periodistas y lectores sabe perfectamente. Lo que cuenta la literatura debe ser interesante; el periodismo tiene la obligación de ser verdadero, y no debe operar con una lógica simbólica o mágica: eso lleva al mal artículo, a la estupidez y en ocasiones a la barbarie.

La novela negra, cuando es buena, tiene muchas virtudes: tramas bien construidas, suspense, emoción. Muchas veces, como muchos otros géneros, repite fórmulas y tópicos (generalmente se necesita, como mínimo, un muerto); a veces, es apasionante. Pero no tiene sentido presentarla como algo que no es; posee su propio interés y dignidad. Normalmente, uno no ve cine porno para investigar el problema de la incomunicación en el mundo contemporáneo.

La distinción entre la ficción y la realidad, entre la historia y la poesía y los peligros de confundir la novela y la vida tiene varios siglos de antigüedad y es uno de los temas esenciales de la literatura en castellano. Es una pena que esta diferencia esencial pase inadvertida ante quienes deberían tenerla más presente: su negligencia sólo sirve para perjudicar a dos disciplinas esenciales, y para arrojar un vertido tóxico sobre la realidad y la ficción.

Aqui, la imagen.

 

16/08/2009 02:54 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 4 comentarios.

JOHN LE CARRÉ

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El País publicó este sábado una entrevista con John Le Carré. Por lo que cuenta el periodista Le Carré es un hombre agradable: pasó cinco horas con él, charlaron, fue simpático. Aunque desde luego yo no puedo compartir todos los calificativos. El periodista sale de casa de Le Carré “con la certidumbre de haber conocido a uno de los hombres del siglo, de éste y del pasado, con la extraña sensación de que a veces, sólo a veces, la palabra, la literatura, tienen la fuerza y la estatura moral que queremos concederles”.

El periodista compara a Le Carré con George Orwell y Albert Camus, que es compararlo con dos paradigmas del intelectual honesto y comprometido, de personas que se opusieron al totalitarismo y a la distorsión de la verdad en un siglo en el que demasiados intelectuales fueron cómplices de la barbarie, y que en defensa de sus ideas adoptaron posiciones a menudo impopulares. Orwell combatió el imperialismo, el fascismo y el comunismo. Combatió en Aragón durante la Guerra Civil española y estuvo a punto de ser asesinado por los estalinistas poco después. Se opuso a la política de apaciguamiento de Hitler –en la que participaron las democracias europeas; más tarde, la izquierda británica decía que la guerra no iba con ellos, porque Hitler había pactado con Stalin-, y criticó a la Unión Soviética cuando esa postura no era nada popular, porque era un país aliado.

Albert Camus es otro paradigma similar, de un hombre que luchó contra el nazismo y el comunismo, y que incluso cuando se equivocaba –como en el caso de la independencia de Argelia- intentaba hacerlo por las razones correctas, y defendía el derecho a hablar de los demás. Se pasó buena parte de su vida intentando explicar lo que quería decir, a menudo corrigiendo interpretaciones malintencionadas. Leer sus polémicas es hermoso porque se ve a un hombre inteligente que siempre respeta a la persona con la que discute, alguien que intenta comprender y también que lo entiendan. Estas palabras, por ejemplo, me parecen emocionantes y verdaderas: Camus propone como tarea de los intelectuales reconocer

que su vocación más profunda es defender hasta las últimas consecuencias el derecho de sus adversarios a tener otra opinión. Proclamarán, de acuerdo con su condición, que es mejor equivocarse sin matar a nadie y dejando hablar a los demás que tener razón en medio del silencio y los cadáveres.

 Comparar a Le Carré alguien con Orwell y Camus es como comparar a un ciclista con Eddie Merckx o a un futbolista con Maradona. Aunque, como dijo el propio Orwell, “todos los santos son culpables mientras no se demuestre lo contrario”. Y Le Carré no tiene la calidad literaria de Orwell ni Camus. Y, desde luego, no reúne condiciones para ser un referente moral como ellos.

El caso Rushdie

Dice Le Carré en la entrevista: “La consecuencia del caso Rushdie fue que podíamos acabar con toda la tolerancia hacia el islam”. El deslizamiento de John Le Carré es impresionante: al parecer, el caso Rushdie causó una tormenta cultural en la que Occidente podía agredir alegremente a los musulmanes. Sin embargo, Le Carré no da algunos detalles: por ejemplo, no dice en lo que consistió el caso Rushdie: un escritor publicó un libro y un dirigente de otro país lo condenó a muerte por ello. Y también de paso recomendaba matar a quienes hubieran tenido alguna relación con la fabricación del libro. Afortunadamente, el Reino Unido, que no estaba a favor de que se asesinara a la gente por publicar una novela, protegió a Rushdie, que tuvo que ocultarse; los fanáticos atacaron a traductores y editores del libro, y asesinaron a uno de ellos; también hubo muertos en protestas callejeras.

Muchos escritores salieron en defensa de Rushdie: Sontag, Hitchens, McEwan… Otros dudaron. Y otros dijeron que Rushdie se lo había buscado. No sé si es con la condena a muerte con lo que había que mostrarse tolerante, pero según Le Carré, oponerse a ella era declarar la guerra al islam, y te convertía en un héroe cultural. Sin embargo, al revisar las declaraciones de esos días, lo que parece que garantizaba ese estatus era exactamente lo contrario: culpar a la víctima, rebobinar la Ilustración y someter la libertad de expresión a las ideas religiosas más violentas, e infantilizar a todos los musulmanes: quienes criticaron a Rushdie no tuvieron en cuenta a los musulmanes que se opusieron a esta sentencia y a los millones de personas de esa confesión que sufren, de manera infinitamente más directa que la inmensa mayoría de occidentales, la tiranía del extremismo religioso. Esa postura vergonzosa fue la que adoptaron John Berger y John Le Carré, y a los dos les ha ido muy bien y se consideran referentes morales, o héroes culturales. Y, mientras tanto, publicar libros que puedan provocar la ira de los fundamentalistas se ha vuelto mucho más difícil.

"Tiempos más tranquilos"

Le Carré declaró: “"Una y otra vez, ha estado en manos de Rushdie la posibilidad de salvar la cara de sus editores y, con dignidad, retirar su libro hasta que lleguen tiempos más tranquilos. Me parece que no tiene nada que demostrar, salvo su falta de sensibilidad".

Dos detalles adicionales hacen su caso un poco más feo: Rushdie había publicado poco antes una reseña muy dura de La casa Rusia, una novela de Le Carré; años más tarde, cuando apareció El sastre de Panamá, algunos periódicos estadounidenses acusaron a Le Carré de antisemitismo. Le Carré lamentó la persecución que sufría, aunque siguió insistiendo en que Rushdie se lo había buscado. En esa ocasión, Le Carré reprochó a los defensores de Rushdie su “colonialismo”, porque según él el islam no estaba preparado para tolerar las críticas (lo que constituye un argumento colonialista de manual). Explicó que no debía salir la edición de bolsillo porque le preocupaba más la chica de Penguin a la que un paquete bomba podía volarle las manos que el dinero en derechos de autor que podía ganar Rushdie (un ejemplo de demagogia especialmente perverso; por cierto, los trabajadores dijeron que querían que el libro saliera), y que “no hay ninguna ley en la vida o la naturaleza que permita insultar impunemente una gran religión”.

Recientemente ha matizado un poco su posición: ha dicho que es posible que estuviera equivocado en el asunto de Los versos satánicos, pero “Me parecía poco razonable esperar que el Islam alcanzara de pronto el mismo estado de desarrollo que nuestras propias religiones”. Tampoco me parece muy satisfactorio: si le hubiéramos dejado y hubiésemos esperado su evolución, es posible que la Iglesia Católica siguiera empleando las estrategias pedagógicas de la Inquisición para reformar a los homosexuales, los ateos o los que tienen ideas equivocadas. Respecto a su moratoria de publicación hasta que lleguen “tiempos más tranquilos”, parece que tendríamos que seguir esperando un poco más. Y de nuevo parece que Le Carré considera que el auténtico islam es la interpretación más fundamentalista de la religión. ¿Los musulmanes que se opusieron a la fetua son menos musulmanes?

La religión

Aunque las ideas de Le Carré sobre la religión son en general bastante confusas:

Era muy fácil en esos tiempos ser un héroe cultural si te sumabas a la cruzada contra el islam, y usted lo sabe mejor que yo viviendo en un país católico, hasta qué punto Aznar tenía motivos religiosos. Y eso da mucho miedo: que Bush y Blair fuesen en el fondo tan cristianos, y no me refiero a la religión. Si vas a Dios para justificar tus acciones, eso no es fe...

Aznar era religioso. Si había razones religiosas para la invasión de Irak, yo no lo sé. Se hizo con pretextos falsos: las armas de destrucción masiva. También se dieron otras razones, pero me parece que la religión no estaba entre ellas. Y Bush, que era cristiano y empleó la palabra “cruzada” poco después del 11-S, también tenía buenas relaciones con algunos países musulmanes. Si Le Carré cree que la idea de que la democracia puede exportarse por las armas es religiosa, debería explicar cuándo emplea la religión como metáfora y cuándo literalmente (entiendo que cuando afirma que España es un país católico, sea lo que sea que significa eso, lo dice literalmente).

Luego dice que Bush y sus amigos no eran cristianos de verdad porque tenían que demostrar su fe: a lo mejor es una corrección, y quiere evitar insultar una gran religión, pero no estoy seguro. Lo que sí sé es que los que mataron a 191 personas en España tenían motivos religiosos. Que sus creencias fueran sinceras o no, que interpretasen mal el Corán, no me importa tanto, porque pienso que la vida humana está por encima de cualquier creencia religiosa.

Una línea falsa

Pero quizá lo más delirante, y malintencionado, sea la línea falsa que construye Le Carré, y que va desde la defensa de la libertad de expresión en el caso Rushdie a la guerra de Irak -que se produjo catorce años después-, la persecución a los musulmanes y el apoyo a Guantánamo o el recorte de los derechos civiles. La URSS durante la Guerra Fría y el terrorismo islámico en nuestros días son peligros prácticamente imaginarios, productos de una paranoia que nos inculcan los malvados dirigentes occidentales, las corporaciones, etc.: lo que realmente es peligroso son Los versos satánicos y quienes los defienden, porque ya sabemos a lo que conduce eso:

La experiencia de Rushdie y la declaración de una guerra cultural contra el islam ayudaron a esta polarización. Tras el 11-S no era seguro tener un tipo de piel en áreas urbanas y toda la retórica fácil sobre el islam ayudó a demonizar a esta gente.

De nuevo, Le Carré invierte el papel del agresor y la víctima en el caso Rushdie. Establece un vínculo que no existe. La fetua contra Rushdie se emitió en 1989. Jatamí la congeló en 1998. Los atentados del 11-S se produjeron en 2001.

Se pueden defender la libertad de expresión y los derechos humanos, y no estar a favor de la intervención armada; y al revés: pregúntale a Bush. Se puede, incluso, pensar que el islam tiene que encontrar su propia Ilustración, pero que las ideas religiosas no pueden decidir lo que se debe publicar en países democráticos. También se puede pensar que el terrorismo es un enemigo, y que hay que derrotar a los terroristas y a quienes los financian, por una parte, e impulsar de muchas maneras reformas liberales en los países donde la población vive oprimida bajo ideas totalitarias, por otra. Lo que es raro es lo que hace Le Carré: defender las libertades en unos casos y atacarlas en otros, según quién las amenace.

"Esas cosas ocurren"

En la versión de Le Carré, las actividades terroristas, que han asesinado a mucha más gente en los países del mundo islámico que en Occidente, no tienen mucha importancia:

Es verdad que padecimos el terrible 7-J y ustedes el todavía peor 11-M y que esas cosas ocurren.

 Arrincona los atentados del 11-S en un complemento circunstancial de tiempo (“tras el 11-S”, aunque reconoce: “hay unos cuantos miles de personas que forman Al Qaeda y hay una parte de la sociedad islámica que les apoya”). Tampoco habla de la hostilidad en ciertos países musulmanes hacia Occidente, del antisemitismo, de la expansión de las versiones más intolerantes del islam, que son cosas al menos tan evidentes como los problemas que tuvieron que afrontar los musulmanes en Occidente tras los atentados. Por cierto, en España no hubo altercados contra los musulmanes después del 11-M.

La tentación de la calumnia

La versión de Le Carré es una teoría de la conspiración. Hay gente que defendió a Rushdie y apoyó la invasión de Irak. Pero mucha más gente no lo hizo (muchos de los que condenaron la fetua eran progresistas, y la mayoría de los progresistas se opuso a la intervención ilegal) y también se manifestó en contra de la criminalización de los musulmanes: un ejemplo es Rushdie, que curiosamente no estaba a favor de que lo asesinaran y criticó la guerra de Irak y la política de Bush en general. Y que, además, siempre ha defendido que la circulación de las ideas, el amor a la libertad, la justicia social o importancia de la belleza, de la música o del arte, de la alegría y la libertad sexual, son elementos esenciales en la lucha contra el fundamentalismo.

Eso no significa estar de acuerdo con las vergonzosas prácticas de la desastrosa administración estadounidense anterior. Al contrario, uno de los peores aspectos de la guerra contra el terrorismo de Bush es que traicionó los principios de la legalidad, la libertad y el respeto a los derechos humanos que debía defender. A los gobiernos democráticos debemos exigirles que cumplan su palabra; al fundamentalismo religioso hay que impedirle que lo haga.

Oponerse a las ideologías que promueven la muerte y a las matanzas indiscriminadas de personas inocentes, enfrentarse a los castigos corporales, al asesinato por ideas políticas, al control del comportamiento sexual o a la exclusión de las mujeres en cualquier lugar es lo mínimo que yo le pediría a un supuesto referente moral. Para tomar en serio los juicios que un escritor emite sobre el mundo le pediría rigor intelectual, una aspiración a la objetividad por encima de las antipatías personales y la tentación de la calumnia, y la capacidad de distinguir entre víctimas y verdugos. En esta entrevista, no me parece que John Le Carré satisfaga ninguna de estas condiciones.

He tomado aquí la imagen de John Le Carré.

 

07/04/2009 18:31 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 4 comentarios.

MAGIA EN EL HOSPITAL

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El Periódico de Aragón cuenta hoy que un centenar de voluntarios lleva el reiki a los hospitales aragoneses.

El periódico saluda la noticia con alegría: “El reiki o la energía que alivia”, titula. Asegura que el reiki “es una técnica complementaria a la medicina tradicional [o sea la medicina: la ciencia], que ayuda al paciente en la aceptación de la enfermedad, alivia los dolores y mitiga problemas como el insomnio”; al parecer, ayuda a aliviar la angustia de los enfermos. Y más adelante, “la práctica del Reiki se fundamenta en un emisor o canal que, a través de sus manos transmite energía vital a un receptor, con el fin de paliar molestias y enfermedades”. Dice que los voluntarios enseñan su técnica en los hospitales de la comunidad; que “ya se han formado 250 profesionales” en Zaragoza. La cursiva es mía.

El periódico no dice que el reiki es una terapia mística que no tiene ninguna validez científica. Fue inventado en 1922 por Mikau Usui, después de pasar tres semanas en ayuno y después de ponerse bajo una cascada, lo que permitió que se le abriera un chacra y se le ocurriera la idea. Parte de la base de que una invisible ‘fuerza de la energía vital’ fluye a través de nosotros y es lo que nos da la vida. Si andamos bajos de esa energía tenemos más posibilidades de enfermar o tener estrés; y viceversa. Los que practican el reiki creen que el emisor pasa energía al paciente a través de la imposición de manos. Según The International Center for Reiki Training:

Un tratamiento se siente como un resplandor que fluye a través y alrededor de ti. El reiki trata a toda la persona, incluyendo cuerpo, emociones, mente y espíritu, y creando muchos efectos beneficiosos que incluyen relajación y sensación de paz, seguridad y bienestar. Muchos han señalado resultados milagrosos.

En 2008, el informe Effects of reiki in clinical practice: a systematic review of randomised clinical trials, que publicó el International Journal of Clinical Practice, examinó nueve estudios sobre el reiki y concluyó que no demostraban que fuera efectivo para curar ninguna enfermedad. No podían practicarse experimentos de doble ciego; los estudios que defendían el reiki no practicaban pruebas al azar, y el potencial para la parcialidad, intencional o no, era grande y hacía los resultados imposibles de interpretar. En general, la calidad de las pruebas para esos estudios se consideraba defectuosa: no se controlaba el efecto placebo y la mayoría de los estudios sufrían “efectos metodológicos como una muestra de prueba pequeña, un diseño inadecuado del experimento e informes defectuosos”. Como procesos con esos defectos suelen exagerar los efectos del tratamiento, no hay ninguna prueba para indicar que el reiki es efectivo como terapia única o auxiliar para cualquier problema médico, o que tiene algún beneficio más allá del posible efecto placebo.

Tampoco se ha demostrado que el reiki tenga efectos secundarios adversos, más allá del avance de la idiotez y la superchería, del abuso repugnante de la vulnerabilidad de los enfermos, y del dinero que pierden los que tienen que pagar para convertirse en maestros reikis, aunque he leído que ahora es más barato. Por otra parte, el reiki puede ser peligroso en algunos casos: por ejemplo, si un paciente renuncia a un tratamiento demostrado clínicamente a favor de una terapia mística. Y sin duda es una mala noticia que los profesionales de los hospitales pierdan el tiempo estudiando tonterías, en vez de aprender más sobre las mejores formas de curar y prevenir enfermedades, y es una noticia espantosamente mala que la magia, el delirio y la estafa tomen posiciones en un lugar donde la razón y la investigación rigurosa son un asunto de vida o muerte.

He tomado la imagen aquí.

 

29/03/2009 13:57 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos No hay comentarios. Comentar.

CHOMSKY

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1.

Escribía el lunes Bárbara Celis en El País:

“Noam Chomsky (Filadelfia, 1928) es uno de los intelectuales estadounidenses más conocidos y mejor valorados fuera de su país. Pero en Estados Unidos sólo quienes están vinculados a los círculos políticos de izquierdas no descafeinadas saben su nombre”.

Busco Noam Chomsky en The New York Times. Salen 3810 referencias.

Busco a Noam Chomsky en Amazon.com. También tiene una página dedicada a él en AutorStore de Amazon, donde aparecen 89 títulos.

Vincenç Navarro, que ha publicado Entrevista con Noam Chomsky, mandó una carta a El País: “En realidad, Noam Chomsky es uno de los intelectuales más conocidos en Estados Unidos, habiendo sido definido por el diario The New York Times como ‘el intelectual más importante de Estados Unidos’. Es uno de los intelectuales citados con mayor frecuencia en The Arts and Humanities Citation Index y varios de sus libros, según el Publishers Weekly, han alcanzado la categoría de best sellers”. La revista Foreign Policy también lo incluía en 2008 entre los 100 intelectuales más influyentes del mundo.

El propio Chomsky, sin embargo, contribuye a crear esa falsa impresión: “Pero la libertad tiene muchas dimensiones y otras formas de control, por ejemplo a través del impacto de la concentración de capital. Por eso usted verá mis artículos en Johanesburgo, pero no en The New York Times”. En Sobre el anarquismo dice: “Me siento perfectamente a gusto escribiendo columnas distribuidas por The New York Times”. Y no deja de ser curioso que un hombre que tiene tanto éxito y relevancia declare en Dos horas de lucidez acerca de las editoriales en las que publica, “Si lo que uno busca es fama y prestigio, no es la mejor opción. Pero, en cambio, si uno quiere fomentar la participación y la acción popular…”.

Félix Romeo ha escrito que Chomsky “siempre habla de los grandes beneficiarios del atentado [del 11 de septiembre], pero nunca se coloca entre ellos, y debería hacerlo (…) Chomsky existía antes del atentado, pero se multiplica. En España se han publicado desde entonces 60 de sus libros y 15 sobre él. El fenómeno, surgido en Estados Unidos, se repite en Francia, Italia, Alemania y Portugal (más de 50 de sus libros traducidos: ningún otro pensador tiene semejante espacio en las librerías)”.

También ha tenido publicistas inesperados, aunque no se le puede culpar de ello. Justo después de que Hugo Chávez lo elogiara en un discurso en las Naciones Unidas en 2006, la editorial Metropolitan Books, ante las peticiones de Barnes and Noble y otras cadenas de librerías, imprimió 25.000 ejemplares de Hegemonía y supervivencia, un libro de 2003 que también se colocó en el número 1 de las listas de Amazon. En otra ocasión, un mensaje de Osama Bin Laden recomendaba leerlo.

Chomsky también es una estrella en Internet. Su página web tiene muchos artículos, y hay muchas páginas con sus frases y sus polémicas. En Google aparecen 2.570.000 entradas. Sin embargo, el disidente aseguraba que: “El acceso a Internet ya está restringido porque hay que pagar por él, pero ahora las empresas quieren que sea más fácil llegar a unas webs que a otras, en detrimento de quienes no pueden pagar por estar entre las de acceso rápido”. El acceso a Internet está restringido porque hay que pagarlo, dice, así que supongo que el acceso a las lechugas también está restringido, pero no sé qué no lo está. Está más restringido en los países donde no se permite el acceso a Internet, o donde no hay líneas, o donde sólo unos pocos pueden pagarlas, o donde hay un alto índice de analfabetismo. Y además si uno busca a Chomsky los buscadores lo llevarán a Chomsky, aunque las malvadas corporaciones hayan hecho una página muy vistosa y rápida en homenaje a Huntington.

Chomsky es también un lingüista importante, y no podría alcanzar ese nivel de influencia diciendo sólo tonterías. Criticó la guerra de Vietnam  y la invasión de Timor Oriental por parte de Indonesia, ha denunciado crímenes contra la humanidad, y a diferencia de otros gurús de la izquierda no ha sido un apologista de la Unión Soviética. También ha combatido el relativismo en la lingüística y ha postulado unos principios universales sintácticos que compartimos todos los seres humanos, pero no aplica los mismos estándares en la política o en los derechos humanos. No tiene una teoría política propiamente dicha, ni un plan para la sociedad. Los crímenes sólo le interesan cuando el culpable es Occidente, y eso le ha llevado a defender lo indefendible, o a minimizar el sufrimiento de las víctimas.

Se define como un anarquista, y critica las restricciones a la libertad de las democracias, pero no está contra todos los gobiernos y tiene dificultades para ver la falta de libertad en regímenes no democráticos. Le parece que defender los derechos de los homosexuales es olvidar "los problemas realmente serios", y ha declarado: “Me parece que Estados Unidos necesita una desnazificación”, o que “La propaganda es a la política lo que la porra a un estado totalitario”, cuando la propaganda es todavía más brutal –e ineludible- en los estados totalitarios. Sobre el interés de los europeos por las últimas elecciones americanas,  ha dicho: “[Europa] siguió todo lo que es superficial, sin entrar en los programas”, así que supongo que tenemos que darle las gracias al cielo porque lo tenemos a él, para que nos explique lo que es importante. Tiende a manipular estadísticas, a despreciar la capacidad crítica de los ciudadanos, y a sacar conclusiones y establecer equivalencias morales y explicaciones que bordean la teoría de la conspiración a partir de datos hipotéticos.

2.

Chomsky defendió al negacionista Robert Faurisson, que afirmaba que los nazis no tenía campos de exterminio, que los jueces de Nuremberg habían forzado los testimonios de los supervivientes, o que el Diario de Anne Frank era falso.

Las supuestas cámaras de gas de Hitler y el supuesto genocidio judío forma una gigantesca mentira histórica, que abrió el camino a una gigantesca estafa política y financiera, cuyos principales beneficiarios son el estado de Israel y el sionismo internacional, y cuyas principales víctimas son el pueblo alemán –pero no sus líderes- y el pueblo palestino.

Como cuenta en What’s Left Nick Cohen, la izquierda de los años 70 estaba en general en contra del antisemitismo, y hubo un escándalo: los manifestantes lo atacaron, se emprendieron acciones legales y los administradores de la Universidad le suspendieron. “La libertad de expresión incluye la libertad de mentir y difamar”, escribe Cohen, “y si Noam Chomsky hubiera firmado una petición que defendiera la libertad de Faurisson no habría queja. Lo que ocurrió, sin embargo, fue que el admirado izquierdista, el estudioso que escribía contra el fascismo, fue mucho más allá de una declaración de principios elementales y dio solaz a grupos neonazis de todo el mundo.

La petición que firmó Chomsky era una obra de verdadera propaganda que pintaba a Faurisson como un buscador de la verdad que estaba siendo injustamente atacado por su investigación. Era un ‘respetado profesor de literatura francesa del siglo XX y crítica de documentos, que ha conducido una extensa investigación sobre la cuestión del “Holocausto”’.

Las inquietantes comillas alrededor de la palabra ‘Holocausto’ y la afirmación de que Faurisson era un historiador con ‘hallazgos’ reputados enfurecieron a la izquierda francesa. Pensaron que Chomsky era un hombre ocupado que había añadido su nombre a la petición sin darse cuenta de lo que firmaba. Pese a que le habían dado el capítulo y el verso a la creencia de Faurisson de que el mayor crimen de Europa no había ocurrido y de que los judíos le habían declarado la guerra a Hitler, Chomsky insistió en que hasta donde él podía saber, Faurisson era un ‘liberal relativamente apolítico’”.

Cohen continúa: “Chomsky opinaba que no creer en el Holocausto no era en sí mismo una prueba de antisemitismo: ‘si a una persona ignorante de la historia moderna le hablaran del Holocausto y se negara a creer que los humanos son capaces de actos tan monstruosos, no concluiríamos que es un antisemita. Eso basta para zanjar este asunto’.”

¿Cómo va a zanjar el asunto, si no estaba hablando de una persona ignorante de la historia e incapaz de comprender el mal, sino de un historiador del que decía que había investigado los hechos? Eso sin tener en cuenta que la experiencia demuestra que los que niegan el Holocausto no suelen sentir mucho aprecio por los judíos.

Chomsky escribió un texto sobre Faurisson y dio permiso para que se reimprimiera. Serge Thion lo utilizó como prólogo del libro Mémoire en defense de Faurisson, sin que lo supiera Chomsky. Luego Chomsky pidió que el ensayo no se utilizara así, porque le parecía que la comunidad intelectual francesa era incapaz de entender la libertad de expresión y se produciría más confusión. Era demasiado tarde; el libro salió con el prólogo.

3.

Entre 1975 y 1979, el régimen de los jemeres rojos acabó con una quinta parte de la población de Camboya. El sacerdote francés François Ponchaud fue uno de los primeros que consiguió elaborar un informe creíble de las atrocidades –lo que resultaba muy difícil, por el control férreo que el régimen de Pol Pot había instaurado en todo el país-: un libro que llamó Camboya, año cero. Ponchard, un izquierdista que en un primer momento había aceptado de buen grado la victoria de Pol Pot, entrevistó a miles de refugiados que habían logrado llegar a la frontera. Sus informes estaban apoyados por los reportajes de Jon Swain de The Times y Sydney Schanberg de The New York Times.

Chomsky y su colaborador Edward Herman acusaron al sacerdote de “jugar con las citas y los números y tener un partidismo y mensaje anticomunista”. Encontraron a The New York Review of Books, que había elogiado el libro de Ponchard, responsable de “extremas distorsiones contra los jemeres”. Los artículos demostraban que la historia era “fabricada” para que las masas aceptaran como hechos la propaganda capitalista. Chomsky y Herman saludaron como valientes disidentes a dos autores que reimprimían los boletines de propaganda de la radio de Pol Pot, y aseguraban que si se producían crímenes en Camboya (que, quizás, decían, “se parece a la Francia de después de la liberación”) se debían a la amenaza del hambre que había “causado la destrucción y asesinatos de Estados Unidos”.

4.

Chomsky se opuso a la intervención de la OTAN en Kosovo. Y también tuvo una actitud ambigua en torno a la guerra de los Balcanes.

Nick Cohen cuenta que Thomas Deichmann, un izquierdista alemán y apologista de la actuación serbia durante la guerra de los Balcanes, escribió en la revista LM que las fotografías que habían convencido a la opinión pública de que en Bosnia se habían cometido crímenes contra la humanidad eran un engaño. No intentó entrevistarse con los supervivientes, como Fikret Alic, que vivía en el exilio después de que en el campo le hubieran roto seis costillas, la mandíbula, la nariz y le hubieran dejado sin dientes: habló con los guardias serbios, que le explicaron que Trnopolje era un centro “de recogida de refugiados, muchos de los cuales buscaban seguridad y podían marcharse si querían”.

Diana Johnstone escribió en Fools’ Crusade que la masacre de Srebenica no había existido: “se supone que los 8.000 musulmanes asesinados llegaron en condiciones de seguridad a territorio musulmán”. “Las autoridades musulmanas nunca dieron información sobre esos hombres, prefiriendo contarlos entre los desaparecidos, es decir, entre los masacrados”, explicaba. Sólo se podía hablar de 199 muertos: “no hay manera de informar del destino de todos los musulmanes desaparecidos en Srebenica. En lo que respecta a los musulmanes que fueron realmente ejecutados tras la caída de Srebenica, esos crímenes llevan todas las marcas de espontáneos actos de venganza, en vez de un proyecto de ‘genocidio’”.

En el juicio en La Haya en 2003, hubo testimonios de testigos de esa masacre que se produjo ante las narices de la ONU. El coronel Dragan Obrenovic, subcomandante del ejército sergbio en Srebenica en el momento del genocidio, declaró: “Soy culpable de lo que hice y de lo que no hice. Miles de personas inocentes fueron asesinadas, sólo quedan las tumbas”.

Cuando la revista sueca Ordfront le ofreció un espacio a Johnstone, la redacción protestó. Tariq Ali, Arundhati Roy, Chomsky y Harold Pinter escribieron una carta defendiendo su derecho a escribir lo que quisiera (un derecho que ningún tribunal le había quitado). Pero además, la carta decía que Fools’ Crusade era “una obra extraordinaria, que disiente de la visión mayoritaria por medio de los hechos y la razón, siguiendo una gran tradición”.

Chomsky dijo en la televisión serbia: “hay un famoso incidente que ha cambiado por completo la opinión occidental, la fotografía de ese hombre delgado tras la valla”.

“Una fotografía fraudulenta”, interrumpió el serbio.

“¡Lo recuerda!”, respondió Chomsky. “El hombre delgado tras la valla. Así que es Auchswitz y no podemos tener Auchswitz otra vez”.

4.

El 12 de septiembre de 2001, Chomsky comparó los ataques de Al Qaeda (que se entenderían, diría más tarde, “teniendo en cuenta el sufrimiento expresado por los pueblos de Oriente Medio”) en Nueva York y Washington con el bombardeo de la fábrica farmacéutica Al-Shifa en Jartum el 20 de agosto de 1998, “que probablemente llevó a la muerte a decenas de miles de personas”. Human Rights Watch declaró que no había podido investigar el número de muertos, y que no lanzaría una cifra sin una misión meticulosa sobre el terreno. Christopher Hitchens, que considera el bombardeo de la fábrica farmacéutica un crimen de guerra “al que se oponían la mayoría de los militares y del servicio de inteligencia” y escribió numerosas columnas denunciándolo mucho antes que Chomsky, afirmaba “mencionar con el mismo tono la degradación a lo república bananera de Estados Unidos y un plan, pensado durante meses, para infligir el máximo horror sobre los inocentes es abandonar todo estándar que hace posible la discriminación moral e intelectual. Por expresarlo en el nivel más sencillo y elemental, los misiles que lanzó Clinton no estaban llenos de pasajeros”.

He tomado la imagen de Chomsky aquí.

08/03/2009 01:11 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 2 comentarios.

CAYO LARA

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Además de establecer una repugnante equivalencia moral entre el Partido Popular y Democracia 3 millones y Askastasuna, Cayo Lara, que es coordinador de Izquierda Unida desde hace dos meses, dice esto en una entrevista que parece de otra época, pero sale hoy en El País:

Pregunta. ¿Por qué defiende Izquierda Unida la dictadura en Cuba?

Respuesta. Bueno, hay un concepto de dictadura... [que generalmente incluye la falta de elecciones y prensa libre y libertad de movimientos de sus ciudadanos, y la existencia de censura y presos políticos y violación sistemática de los derechos humanos]. Es un modelo que los cubanos se han dado después de una revolución de 50 años [se: pronombre reflexivo. También sirve para borrar huellas]. Los cubanos son los que tienen que decidir qué modelo quieren [aunque de momento parece que algunos cubanos son más cubanos que otros].

P. ¿Con elecciones democráticas o cómo?

R. Ellos tienen elecciones, sólo que con partido único [Ese detalle. O sea, que no son democráticas. ¿Y Cayo Lara no tiene ninguna objeción contra el partido único en general, contra el del franquismo, o contra el de China, Vietnam, Laos, Siria, Corea del Norte, Eritrea y Turkeminstán en la actualidad?]. Yo de Cuba me quedo con esto [vamos a ver qué tal suena: yo de la España de Franco me quedo con esto… Yo del Chile de Pinochet me quedo con esto…]: es un país que, empobrecido por el bloqueo [el embargo –no bloqueo- perjudica la economía cubana, aunque también las desastrosas políticas económicas de la revolución. Escribe Rafael Rojas: “En 50 años de socialismo, la que era la tercera economía de América Latina ha descendido al penúltimo lugar en la región y al 140 del mundo. La balanza comercial cubana es una de las más desfavorables del planeta: exporta 3.400 millones de dólares e importa 10.100. En 1958, Cuba producía más del 75% de su consumo de alimentos: hoy, la mayor parte de lo que consumen los cubanos proviene del exterior, sobre todo, de Estados Unidos”. ¿Y todo es por culpa de Estados Unidos?], ha sido capaz de transmitir más solidaridad que muchos países desarrollados de Europa [¿que España, por ejemplo, que se ha comprometido a condonar parte de los 1.500 millones de euros que le debe el régimen de Fidel Castro?]: profesores, médicos enviados a otros países para curar a gente... [a veces obligados a ir a esos lugares, ya que el Estado, como les ha proporcionado la educación, los considera de su propiedad; en cambio, si quieren salir de su país, lo tienen muy difícil. Los médicos cubanos, ya se sabe, van a otros países a curar gente, a diferencia de los de otras naciones, que van a transmitir enfermedades y a inyectar el capitalismo a los bebés. Olvida decir que Cuba también ha mandado soldados a otros países]. A Cuba hay que valorarla comparándola con los países de su entorno, no con Suecia [aunque él acaba de compararla con los países desarrollados de Europa, porque le venía bien. Pero ya sabemos cómo aplican las reglas las personas que piensan como Cayo Lara: ellos nunca cumplen las normas que imponen a los demás]. Y, comparada con su entorno, Cuba ha dado lecciones al mundo [¿?]. Ellos tendrán que hacer su transición: con Fidel, sin Fidel, con Raúl, sin Raúl, pero ellos son los que lo van a decidir.

Aunque la parte final es el momento más revelador:

P. ¿Y no se puede aplaudir esos avances del régimen cubano pero pidiendo a la vez respeto a las libertades individuales?

R. Pero, ¿con quién los comparamos? Nosotros, por ejemplo, tenemos una ley electoral que hace que a IU le cueste siete veces más que al resto de partidos tener un diputado en el Congreso. Es que nos cuesta mucho trabajo ir a dar lecciones de democracia a nadie...

P. Hombre, pero hay diferencias, ¿no?

R. Sí, sin duda. Pero aquí PSOE y PP han decidido extinguir a una fuerza política con esa ley tramposa. ¿De qué democracia hablamos? ¿España va a dar lecciones a Cuba y decirles cómo tienen que hacer su democracia? ¿Damos ejemplo con esta democracia nuestra?

 

Primero, Cayo Lara elude hablar de las libertades individuales. Y dice que la democracia española tiene muchos defectos y no puede dar lecciones. Sin embargo, hace unos días reclamaba que se juzgara en España a militares y políticos israelíes por la invasión de Gaza (reformar la justicia universal sería dar un paso atrás, decía), y en otro lugar de la entrevista minimiza un problema bastante grave de la democracia española –lo llama “problema vasco” y se refiere a que algunos amenacen y maten a gente porque no piensa como ellos-, ya que sirve como “cortina de humo” para ocultar los problemas de verdad. Y también dice eso a pesar de que estemos en el periodo democrático más largo y sólido de la historia de España, y la transición siga siendo un modelo para muchos países.

Creo que habría que hacer cambios en el sistema electoral español, que no sólo perjudica a Izquierda Unida. No me gusta que los votos valgan más en unos lugares que en otros; no me parece bien que el voto de una persona valga más que el de otra. Pero lo que más me llama la atención es que Cayo Lara, que acepta unas elecciones con partido único en Cuba, dice que aquí las cosas no están bien porque su partido tiene menos representación parlamentaria de la que le corresponde por su número de votos. Equipara una característica discutible de la democracia a la falta de democracia.

Supongo que los cubanos que no pueden tener ninguna representación porque sus ideas no son las del partido único y no pueden defenderlas ni políticamente ni por medio de palabras tienen un problema mucho menos importante que Cayo Lara. De nuevo, Lara juega con dos barajas diferentes.

A lo mejor cree que a los cubanos les corresponden menos derechos que a los españoles, o que deben sacrificarse por los ideales de sus tiranos y de los líderes que los sostienen desde las garantías económicas y la libertad que les ofrecen las democracias liberales que detestan. O a lo mejor podemos entender de otra forma el titular de la entrevista: el coordinador general de Izquierda Unida dice que ilegalizar partidos es peligroso, pero no está tan mal cuando se ilegalizan todos los partidos, salvo el que a él le gusta.

En la imagen, Cayo Lara. La he tomado aquí.

 

16/02/2009 22:53 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 7 comentarios.

LA VISITA

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La semana pasada vino a España el secretario de Estado del Vaticano. Habló con el presidente del Gobierno, con la vicepresidenta, con el ministro de Exteriores, con el rey y con el líder de la oposición. En su entrevista con Bertone, María Teresa Fernández de la Vega defendió la reforma de la ley del aborto y de la ley de libertad religiosa, pero garantizó que no se van a cambiar los acuerdos con la Santa Sede.

Como suele ocurrir, Bertone esperó unos minutos y luego criticó todas las reformas que quiere hacer el Gobierno. Creo que en esta ocasión Zapatero y los suyos podían imaginarse lo que iba a pasar. Probablemente, incluso les venía bien: ellos demuestran su respeto, la Iglesia se reafirma obstinadamente en sus posiciones; además, lo hace de una manera mucho más civilizada que los obispos españoles. Y, durante un rato, no se habla de la sensación de ineficiencia que da el Gobierno ante la crisis.

No sé si es cinismo o ingenuidad: a lo mejor el Gobierno esperaba realmente que Bertone se mostrara partidario del derecho a decidir de las mujeres, de la libertad sexual, de la separación Iglesia-Estado o que renunciara a los privilegios que la Iglesia católica conserva anacrónicamente en nuestro país. Es posible, pero los antecedentes no apuntaban a eso. Por ejemplo, Bertone fue uno de los primeros en condenar El código Da Vinci, un libro que consideraba “lleno de mentiras”. Yo creo que es un problema común en muchas novelas, aunque Dan Brown revistiera la suya de teorías conspiratorias y supercherías pseudohistóricas. Bertone alertaba de esta gran amenaza al mundo: "El libro está por todas partes. Hay un riesgo real de que mucha de la gente que lo lee crea que las fábulas que contiene son verdaderas”. Aunque no soy partidario de condenar libros, si siguiéramos el razonamiento de Bertone, no sólo habría que tener cuidado con El código Da Vinci: su descripción de los peligros que crea la novela se ajusta perfectamente a la Biblia.

Zapatero ha hecho muchas concesiones a la Iglesia Católica, aunque a la jerarquía le hayan molestado algunas de las reformas sociales que han sido, sin duda, lo mejor de su periodo en el Gobierno, y tiene una actitud muy ambigua con la institución. En una ocasión dijo que no podía contestar si creía o no en Dios, con lo mucho que ha presumido de ser del Barça. En esa actitud hay algo de miedo y de reverencia. Y al mismo tiempo, de vez en cuando juega electoralmente con asuntos de la relación Iglesia-Estado que debería haber solucionado: los privilegios injustos de la Iglesia católica o la invasión de la religión en los espacios institucionales y la escuela pública de un estado aconfesional.

En España hay muchos católicos y las leyes de la democracia garantizan que pueden vivir su religión con total libertad, como los que profesan otras religiones o los que no tenemos ninguna. Por raro que parezca, nadie va a obligar a un católico a contraer un matrimonio homosexual. Lo que no tiene sentido y resulta profundamente totalitario es que algunos católicos pretendan imponer a los demás una moral que sólo les afecta a ellos, y que eso se tolere. El Gobierno de España no tiene que darle ninguna explicación ni pedir ninguna bendición al Vaticano. Es una concesión que no le haría a ningún otro país del mundo –en este caso, además, es un régimen teocrático, que practica una brutal discriminación sexual y anda muy por detrás de España en todos los parámetros de la democracia-, y supone reconocerle una autoridad moral que no le corresponde ni en la teoría ni en la práctica.

He tomado la imagen de El País. En ella aparecen Bertone, Zapatero, el rey, el príncipe y Moratinos.

12/02/2009 19:17 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 2 comentarios.

GAZA

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Espero que en Gaza se alcance un alto el fuego cuanto antes. Israel tiene el derecho –y la obligación- de defender a sus ciudadanos, pero su reacción es desmedida y brutal. El momento resulta especialmente siniestro: un periodo de interregno en Estados Unidos y a pocos meses de que se celebren elecciones en Israel. No se pueden justificar las muertes de cientos de civiles inocentes –la mitad, mujeres y niños- y el sufrimiento de la población palestina, o el supuesto bombardeo de los refugiados en una escuela. Y tampoco es admisible que los periodistas no puedan entrar en Gaza. A lo mejor con esta operación Israel gana seguridad a corto plazo, si consigue destruir las infraestructuras de Hamás y si se termina con el contrabando de armas, pero es difícil que los ataques ayuden a que se consiga la paz y se avance hacia la solución de los dos estados.

Según cifras de la ONU, Gaza, que alberga a un millón y medio de personas, tiene un 42% de paro, y el 76% de la población depende de la asistencia humanitaria. Es un lugar de miseria y desesperación. Eso, y la devastación y muerte que están provocando los bombardeos del Ejército israelí –que a diferencia de Hamás no considera a los civiles como objetivos bélicos, y les avisa de los bombardeos, pero en ocasiones no parece andarse con muchos miramientos cuando se le ponen por delante- constituyen un caldo de cultivo para el extremismo y un obstáculo para la paz. Por otra parte, Israel, que en muchos sentidos es un país admirable –con un sistema democrático, una producción cultural y una economía inusuales en la zona- también se ve amenazado: por Hamás y Hezbollá, por Siria e Irán (que propuso borrar el país del mapa e intenta conseguir armas nucleares) y por la propia demografía: los árabes israelíes tienen más hijos que los judíos israelíes. También vive con tensiones internas -que se articulan democráticamente y no de forma violenta- y tiene que garantizar la seguridad de sus ciudadanos.

El comportamiento y las ideas de Hamás –que toleró el saqueo de los invernaderos y equipamientos agrícolas tras la retirada de Israel de Gaza, ganó las elecciones en 2006 y continúa luchando con Al Fatah por el poder en Palestina- también hacen difícil llegar a un acuerdo. El artículo 7 de sus estatutos cita estas palabras: “El día del juicio no llegará hasta que los musulmanes luchen contra los judíos (matando a los judíos), cuando el judío se esconda tras las piedras y los árboles. Las piedras y los árboles dirán Oh Musulmanes, Oh, Abdulláh, hay un judío detrás de mí, ven y mátalo. Sólo el Gharkad (el cedro) no lo hará, porque es uno de los árboles de los judíos”. El artículo 22 asegura que la revolución francesa, la revolución rusa, el colonialismo y las dos guerras mundiales fueron provocadas por “los enemigos”, los judíos, que están detrás de una gran amenaza para el mundo como la masonería y también se encargaron de montar la Liga de Naciones y después las Naciones Unidas: “No hay guerra en ningún parte sin que ellos hayan puesto el dedo”, dice. Como fuente de autoridad, en el artículo 32 recurren a los Protocolos de Sión, la célebre superchería elaborada por la policía zarista. El artículo 13 dice: “las iniciativas y las llamadas soluciones pacíficas y conferencias internacionales están en contradicción con los principios del Movimiento de Resistencia Islámico”. En el artículo 12 se dice: “Una mujer puede salir a combatir al enemigo sin el permiso de su marido, y también puede hacerlo el esclavo, sin el permiso de su amo”. Es una frase que por una parte sitúa a la mujer por debajo del hombre –para el resto de las cosas tiene que pedirle permiso a su marido-; por otra, acepta de buen grado la esclavitud.

Tratamiento

El tratamiento del conflicto en los medios de comunicación españoles demoniza a Israel y soslaya la responsabilidad de Hamás, una organización terrorista financiada por Irán que aspira a la destrucción de Israel, ataca a los civiles –ha lanzado más de 5.000 cohetes desde que Israel abandonó la franja- y pone en peligro la vida de los palestinos.

Como ha escrito Antonio Elorza, "la imagen dominante acerca de la invasión de Gaza apenas ofrece espacio para la duda. Después de una semana de bombardeos con cientos de víctimas civiles, el Tsahal, la impresionante máquina de guerra israelí, entra en la franja palestina ‘a sangre y fuego’. Con el apoyo de Bush y desoyendo los llamamientos a la tregua de medio mundo. Entretanto, los habitantes de Gaza tratan de escapar a la catástrofe, sin agua ni abastecimientos. Veredicto inmediato: Israel es culpable y ‘los palestinos’, víctimas. A Hamás no se la menciona o se la incluye en el relato de pasada, sin introducir para nada en la explicación su responsabilidad en el desencadenamiento de la crisis".

Uno de los ejemplos más claros es el que ofrece el lenguaje del corresponsal de El País, Juan Miguel Muñoz, que hoy justifica muchas de las posiciones del movimiento islamista. “Carta blanca ha tenido Israel durante 12 días para devastar Gaza”, escribía el otro día. O: "Hacen frente a la potentísima maquinaria de guerra israelí unos milicianos mediocremente armados [por Irán: y sus cohetes llegan a los suburbios de Tel Aviv] que han optado por cambiar de táctica [guerrilla urbana: que pone en peligro a más civiles].

"Una distorsión obvia"

En un artículo de análisis, se refería a "una distorsión obvia", que según él impera en el país hebreo: la que dice que el origen del conflicto está en la retirada de Israel de Gaza en 2005. Pero un simple vistazo a los medios demuestra que esa visión no es unánime; que hay muchos israelíes que abogan por la retirada de Gaza y una salida diplomática. Y a cambio, Juan Miguel Muñoz proponía otra distorsión: "En 1948 se fundó el Estado de Israel y se desató la primera guerra de Oriente Próximo [la construcción de pasiva refleja enmascara los hechos: cinco países árabes declararon la guerra a Israel al día siguiente de que declarase su independencia]. En 1967, el Ejército ocupó Cisjordania y Gaza, además del Golán sirio y el Sinaí egipcio [Israel atacó después de que los países vecinos hubieran acumulado ejércitos en sus fronteras y de que Egipto hubiera cortado el paso a su barcos: es la Guerra de los Seis Días]. En 1988, la OLP reconoció a Israel nada más desatarse la primera Intifada. Explotó otra en 2000”.

No menciona los acuerdos de Oslo de 1993 entre Arafat y Rabin: se basaban en la retirada de las tropas y la administración israelí de Jericó, en Cisjordania, y de Gaza, a la que seguiría la convocatoria de elecciones para un Consejo Nacional palestino durante un periodo de cinco años, a lo largo de los cuales ambos bandos negociarían un acuerdo final. Como escribe T. G. Fraser en El conflicto árabe-israelí (Alianza Editorial, 2008), las concesiones por parte de Arafat encontraron la oposición de los que no querían llegar a ningún tipo de acuerdo con Israel: Hamás y Yihad islámica: “Su estrategia consistía en recurrir a la violencia para provocar una reacción por parte de Israel y así desacreditar las concesiones realizadas por la OLP”.

Juan Miguel Muñoz tampoco dice que poco antes de que se desatara la Segunda Intimada se celebró la cumbre de Camp David, en la que Barak ofreció a los palestinos más del 90% de Cisjordania, una capitanía palestina en Jerusalén, una soberanía compartida en la Explanada de las Mezquitas y el regreso de los refugiados a un estado palestino. Arafat rechazó la oferta. Y tampoco señala que muchos dirigentes de la Autoridad Palestina se embolsaron buena parte del dinero que organismos internacionales enviaban para ayudar a los refugiados de los campos, mientras seguían aprovechándose de esa imagen de miseria para favorecer su causa en Occidente. En 2004, el fiscal general de la autoridad palestina investigó a altos funcionarios que obtuvieron un gran beneficio económico vendiendo cientos de toneladas de cemento-que habían comprado por debajo del precio del mercado a Egipto supuestamente para reconstruir comunidades palestinas destruidas en bombardeos- a constructores israelíes que iban a hacer el muro de separación y colonias en territorios ocupados. En la corrupción de la Autoridad Palestina se encuentra otra de las claves del ascenso de Hamás.

El 2 de enero el corresponsal daba un poco de información sobre Nizar Rayyan, el líder de Hamás asesinado junto a su familia: “Rayyan, partidario de la línea dura [¿?] y que ya perdiera un hijo en un atentado suicida [envió a su hijo a perpetrar un atentado suicida: no es exactamente lo mismo que perder] contra una colonia judía desmantelada en 2005, era el enlace entre la rama política y militar de Hamás”.

Un párrafo de Javier Espinosa en El mundo demuestra la consideración de Hamás hacia la vida de los civiles palestinos: “Hace dos años, Rayyan abanderó una campaña de movilizaciones populares para concentrar a cientos de civiles palestinos en los tejados de las viviendas de líderes de grupos armados amenazados por los bombardeos del ejército israelí. En aquella ocasión su iniciativa disuadió a la aviación de Tel Aviv. Esta vez no”.

Hace unos meses, el corresponsal de El País empezaba así una crónica: “’Nos darán duro, seguro. Y nadie nos ayudará’. Jalil Nofal, uno de los principales espadas de Hamás en Gaza, lanzaba esta predicción en septiembre”. Al final del artículo, identificaba a los palestinos con Hamás: “A Jalil Nofal no le sorprenderá: los palestinos de Gaza seguirán solos”.

La máquina y los artesanos

El conflicto acapara más páginas y suscita más reacciones que otros más graves. El lenguaje que se emplea para hablar de Israel tiene un tono bélico: “atroz”, “sangre y fuego”, “maquinaria bélica”. No se dice tanto que Israel debe su supervivencia a su superioridad militar, ni se habla del sufrimiento de su población civil. Con frecuencia, se emplean comparaciones con el nazismo y el Holocausto que son un insulto a la inteligencia y sólo sirven para reducir a los palestinos, a los israelíes y a los judíos que sufrieron el exterminio nazi a una condición de metáfora. Se suele incluir también un reproche a Estados Unidos: “el master de nazismo que Israel se ha montado con los dólares de Tío Sam”, escribía el periodista aragonés Fernando Rivarés.

Ese tratamiento contrasta a menudo con una visión mítica y romántica de los palestinos. En ella hay cierto paternalismo racista, la falacia de que el débil siempre tiene razón, y algo del mito del buen salvaje, que incluye un desprecio por la tecnología. A veces, ese lenguaje se utiliza para hablar de Hamás y sus armas: los cohetes “caseros” o “artesanales”, por ejemplo, de un llamamiento que firman Rosa Regàs, Belén Gopegui y José Saramago, entre otros. Desde 2001, Hamás emplea cohetes Qassam, que ha ido perfeccionando a lo largo del tiempo. Han provocado muertes, heridos, y una sensación de inseguridad permanente en muchas poblaciones del sur de Israel. Incluso su falta de precisión se emplea como una ventaja estratégica; el líder Mahmoud al-Zakar explicaba al Sunday Telegraph en agosto de 2007 que preferían los cohetes a los ataques suicidas porque “causan migración de masas, perturban gravemente la vida cotidiana y la administración y causan un impacto más grande. No tenemos pérdidas, y el impacto en el lado israelí es muy grande”. En El País, Emilio Menéndez del Valle, Miguel Ángel Bastenier, Mario Vargas Llosa y Juan Miguel Muñoz han mencionado los “cohetes artesanales”. Pero la formulación más entrañable es la de una carta al director que habla de los “soldados artesanos”. Me pregunto si los invitarán a alguna feria de oficios tradicionales.

He tomado la imagen aquí.

 

11/01/2009 22:03 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 5 comentarios.

EN BUENA COMPAÑÍA

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He publicado este artículo en la revista Laberintos.

Las ciudades me parecen el mejor lugar para vivir. Necesito medio millón de personas a mi alrededor para tener algo de intimidad. Y por eso las ciudades también me parecen el espacio literario por excelencia, y me encantan los escritores vinculados a ciudades. Me gusta vivir en Zaragoza, y escribir y leer cosas que suceden aquí. Para empezar, están las historias de 700.000 personas, y las relaciones que todos esos habitantes tienen entre ellos. Zaragoza siempre ha sido un lugar de encuentro, de cruce de caminos y trenes y puertos fluviales, de intercambio, editoriales, viajeros y mezcla. Y me emociona pensar en las historias que se han vivido en Zaragoza durante más de 2000 años, y las que se siguen viviendo e imaginando en este momento.

Ramón J. Sender escribe en Crónica del alba: “Como se puede suponer, yo era un gran andarín, y en pocos días me recorrí la ciudad entera ‘de arriba abajo’. Lo mismo que en la aldea necesitaba saber lo que en cada barrio sucedía a cada hora del día para poder sentirme a gusto en mi piel”. Yo copio a Pepe Garcés y me gusta mucho pasear por Zaragoza e imaginar historias que pasan a mi alrededor. Disfruto localizando novelas, cuentos, películas y series de televisión que a veces escribo, y que otras veces sólo duran unos segundos en mi cabeza, mientras espero que el semáforo se ponga verde.

Normalmente pienso en historias de amor y familia y comedias románticas, pero también imagino que hay una escena de thriller en una escalera de incendios cerca de la calle Ramón y Cajal, y tramas de corrupción que investigan reporteros de Heraldo de Aragón que salen a fumar a la calle San Clemente. Me gustaría hacer una serie de televisión que sucediera en Zaragoza, y me imagino el skyline con los puentes sobre el Ebro y la Torre del agua en los títulos de crédito del principio. Me gusta pensar en chicos y chicas solos que conducen por el tercer cinturón de noche, después de dejar a sus novios en casa, o que cruzan el puente de Piedra al regresar del cine un domingo por la noche. También imagino a un escritor a tiempo parcial que vive en la avenida Gómez Laguna, y habla con su vecina adolescente en el parque de la urbanización, cuando él va a sacar la basura y ella fuma un cigarrillo a escondidas. Y también pienso en las historias que podrían pasar en librerías que se parecen a Antígona o Los portadores de sueños.

Algunas terrazas junto al Ebro tienen un aire francés estupendo, y la zona del Mercado Central me hace pensar en Lisboa. Los fines de semana voy a comer a la casa de mis padres en Garrapinillos. Como todo el mundo sabe, Garrapinillos es parte de Zaragoza y el escenario perfecto para una película francesa, con una chica algo cabreada que a lo mejor trabaja en uno de los bares de la plaza del barrio, bajo la torre de la iglesia que fue el primer proyecto de Ricardo Magdalena.

Me gusta imaginar a personajes de ficción que charlan por las calles que conozco y en las que me han pasado cosas, y pensar en historias que suceden en el Parque Grande, que es el lugar donde aprendí a ir en bicicleta y donde besé a una chica por primera vez. A veces voy a correr por las tardes. Y en el Parque Grande, como en todas partes, la realidad supera a la ficción: me intrigan las historias de la gente de todas las edades que corre o pasea por allí, y alguna vez me he encontrado con Fernando Sanmartín en bicicleta y Túa Blesa con su perro.

Disfruto paseando por los lugares que aparecen en los libros. Me hace gracia que el Cantar de Roldán empiece en Zaragoza, me da un poco de pena que en Zaragoza no entrasen Don Quijote ni George Orwell y a veces me pregunto si una viuda que cita Ynduráin y quería viajar a Zaragoza porque allí trataban muy bien a las viudas consiguió llegar alguna vez. También me gustan las palabras de Pedro Saputo: “En cuanto a mi gusto, iría a Castilla por necesidad, a Andalucía por curiosidad, en Barcelona viviría tres meses, en Valencia un año, y en Zaragoza toda la vida”. Cuando paso por el Arco del Deán recuerdo una escena que sale en Fortunata y Jacinta, muy cerca de la calle Pabostría, donde transcurre un cuento de mi padre, Antón Castro, en el que aparece un francotirador, y a unos pocos metros de la ruta que sigue Miguel Mena en 1863 pasos, frente a un piso que sale en Saber perder, de David Trueba. En los autobuses urbanos siempre me acuerdo de un relato de Mariano Gistaín. Me gustan los bloques de viviendas de protección oficial que salen en los libros de Eva Puyó, me gusta ver el hotel NH que aparece en un cuento de Cristina Grande, e ir a las piscinas en las que reparte cervezas un personaje de Ismael Grasa. Imagino a los protagonistas de Cuentos de San Cayetano de José Antonio Labordeta cerca del Mercado Central, a los personajes de José María Conget protegiéndose del viento y las miradas tras las esquinas, y cuando pienso en el Paseo de la Independencia me acuerdo de Dientes de leche. Si voy a las Fuentes recuerdo los libros de Félix Romeo, y me gusta pensar que estoy muy cerca de Montemolín, el barrio de los cuentos de Rodolfo Notivol. Además, la literatura también sirve para acortar distancias y ajustar la geografía: Montemolín limita con Newark, la ciudad de Junot Díaz y de Philip Roth, y gracias a los libros de Pisón Zaragoza está mucho más cerca de Baltimore, el lugar donde viven muchos personajes de Anne Tyler.

Siempre se ha escrito mucho de esta ciudad. Está llena de historias verdaderas y relatos de ficción muy distintos, desde el romance de Gaiferos hasta los poemas de Nacho Escuín y Octavio Gómez Milián, pasando por Mor de Fuentes, Jesús Moncada, Miguel Labordeta, Giménez Corbatón, Soledad Puértolas, Cees Noteboom, Daniel Nesquens, Fernando Sanmartín o Peter Handke. Además, ha crecido mucho en estos años, y ha incorporado a gente de muchos países. Espero que pronto tengamos escritores chinos, rumanos, marroquíes, ecuatorianos y neozelandeses de Zaragoza. Las novelas, los poemas, los cuadros, las canciones y las películas aumentan geométricamente el tamaño y la belleza de las ciudades. Con sus maravillas y sus desastres, Zaragoza es mi ciudad, la ciudad de muchos de mis amigos y de muchos de los escritores que más me han marcado. He vivido en bastantes sitios, pero en Zaragoza tengo la sensación de que los personajes de sus relatos caminan a mi lado, y me parece que paseo en la mejor compañía.

La fotografía es de Pippi Tetley.

05/12/2008 00:02 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 2 comentarios.

EN LAS NUBES

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Tengo muchos amigos con miedo a volar. Pero yo no. En realidad es una de las pocas cosas a las que no tengo miedo. Muchos días cojo el coche para comprar la prensa y cuando llego a casa sin rayar el coche o atropellar a nadie, me siento Ulises. Pero en el avión no tengo miedo porque no tengo responsabilidad y pienso que en general los pilotos saben hacer su trabajo. Cuando la azafata explica el protocolo de emergencia, me duermo.

Es decir, que yo voy al aeropuerto con muchas ganas de volar. Pero últimamente, como los zaragozanos atrapados en Ciampino, he tenido problemas. En las tres ocasiones en las que ha sucedido viajaba por algo bueno, y la sensación era mucho peor.

La primera vez fue en el invierno de 2005. Iba a viajar a España para recoger el premio extraordinario de fin de carrera. En ese momento vivía en Evreux, en Francia, donde daba clases de español en un instituto. Salía un lunes a las seis de la mañana. Como había que llegar al aeropuerto un poco antes, me emborraché esa noche en París con Aloma y Barreiros, y luego cogí un taxi. El avión no salió por culpa de niebla, y yo me perdí la ceremonia. Volví a casa de Aloma y Barreiros enfriado y con resaca, y nos pasamos la tarde comprando libros de segunda mano. Como había pedido una semana de vacaciones en el instituto, pasé varios días en París. Cuando volví a Evreux, me escondí para que mis alumnos y mis jefes no se enterasen de lo que había pasado.

La segunda vez fue en el otoño de 2007. Mi novia exponía en el Holanda, e íbamos a pasar el puente en Ámsterdam. Habíamos reservado hotel. Yo ya había hecho una lista de sitios que quería visitar. Pero ella olvidó el pasaporte y tuvimos que volver a casa.

El lunes pasado tenía que ir a Londres, y luego a Norwich, a la Universidad de East Anglia, donde estudié durante mi año Erasmus. Tenía que dar unas charlas sobre “Los extranjeros”, uno de los cuentos de El fumador pasivo, que sucede en la Universidad. Me habían dado unos días de vacaciones, había comprado los billetes y mi padre, que no pierde la esperanza de convertirme en un hombre de provecho, me había anotado las exposiciones que debía ver en Londres. El vuelo salía desde Zaragoza. Llegué exageradamente pronto, como siempre, y pasé a la sala de embarque. Tenía incluso un priority pass. Pero no se veía el avión por ninguna parte.

El vuelo se fue retrasando, y al cabo de un rato una azafata dijo que se suspendía por culpa de las condiciones meteorológicas adversas. Llamé a Norwich. Yo sé que en general Aragón es una condición climatológica adversa, pero los ingleses no se creían que el vuelo se hubiera cancelado por niebla en España. Y la verdad es que a mí también me costaba creerlo: las nubes se levantaron y brilló el sol durante las tres horas que tuve que esperar para comprar el billete. Tres chicas inglesas aprovecharon ese tiempo para emborracharse, compraban botellas de vino en el restaurante del aeropuerto.

A pesar de todo, conseguí salir al día siguiente desde Gerona, una ciudad que asocio con Javier Cercas y los vuelos de Ryanair, y llegué pronto a las clases. El viaje de vuelta salía desde Stansted Airport, y la verdad es que yo ya me temía lo peor: me habían dado otra vez un priority pass, había comprado un montón de revistas, y el vuelo se retrasaba. Pero al cabo de un rato nos dejaron de pasar. Íbamos por el túnel hacia el avión, cuando uno de los pasajeros le preguntó a un chico muy joven con uniforme: “¿Por qué salimos tarde?”. “No lo sé, señor, es mi primer vuelo”, contestó el chico. No sé si el chico sería el piloto –aunque todos los que estábamos en el túnel lo pensamos, y se hizo un silencio bastante incómodo-, pero llegamos bien a Zaragoza.

Y eso también me recordó otra vez en la que estuve a punto de no volar. Y la verdad es que en esa ocasión tenía menos ganas de viajar. Me habían llamado para formar parte de una comisión que tenía que crear un premio de literatura joven a nivel europeo. Tenía que ir a la primera reunión, que se celebraría en Bruselas. El avión salía de Madrid, iba a Milán; allí tenía que tomar otro avión hacia Bruselas. Yo no tenía muy claro lo del viaje ni lo del premio. Habían invitado a editores y directores de ferias del libro y directores de suplementos culturales, y no sabía muy bien qué pintaba allí. Me alegré mucho en Barajas cuando vi que el vuelo a Milán se retrasaba. Me di cuenta de que sería imposible enlazar los dos vuelos. Fui al mostrador para decirles que no iba a poder viajar. Me dijeron que no me preocupara, que iría por Roma: allí cogería otro avión que viajaba hacia Bruselas, un poco más tarde.

Cuando estábamos a punto de salir hacia Roma –todos los viajeros estaban sentados, y estaban a punto de cerrar la puerta-, me fijé en que sólo tenía 20 minutos para coger el avión en Roma. Me imaginé que me quedaba tirado en Roma. Me levanté y corrí hacia la azafata, un poco como el que tiene algo que decir para que no se celebre una boda. Le dije a una azafata: “Tengo que bajarme, no puedo enlazar”. Ella miró los detalles. Se abrió la puerta de la cabina. “¿Qué pasa?”, preguntó el piloto en italiano. “No puede enlazar”, dijo la azafata, y entró en la cabina y le enseñó los billetes. El piloto dijo: “No te preocupes, llegas bien”.

Parecía muy seguro, así que le hice caso y volví a mi sitio. Llegamos a Roma un poco antes del horario previsto, y me dio tiempo a tomar el vuelo hacia Bruselas. Cuando subí, reconocí en la cabina al piloto que había llevado el otro avión hasta Roma. “¿Ves como llegabas?”, me dijo.

He tomado la imagen de Boeing.

17/11/2008 20:21 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos No hay comentarios. Comentar.

LA PAZ MUNDIAL, ETCÉTERA

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La Expo de Zaragoza ha tenido muchas cosas buenas: la recuperación de las riberas, los nuevos edificios, los visitantes de todo el mundo, actuaciones musicales, propuestas, la creación de un nuevo barrio para la ciudad y la sensación de fiesta y de alegría que ha durado todo el verano.  Ha habido muchas intervenciones interesantes, y también bastante demagogia supuestamente ecologista que sólo pretende culpabilizar a Occidente de todos los males que sufre la tierra y no aporta ninguna solución coherente.

Esta semana, por ejemplo, El Pabellón de Iniciativas Ciudadanas ha planteado la siguiente pregunta de Domund en un programa de televisión: "¿Aceptaría sustituir el gasto mensual medio occidental en agua mineral para dar agua potable a 1.200 millones de personas?" (Otra versión dice: "¿Dejarías de consumir agua mineral para mejorar el acceso al agua potable de los desfavorecidos?"). Según la lógica de esa pregunta, los consumidores de agua mineral son responsables de que otras personas no tengan agua potable. La carencia no tiene nada que ver con las guerras, la corrupción o la negligencia de los gobiernos (los romanos o los fenicios depuraban el agua, pero supongo que en esa época era más fácil, porque no existía el agua mineral). La culpa es de quien compra un botellín de agua mineral en España, Italia o Estados Unidos; a veces, en sitios en los que el agua del grifo se encuentra en el límite de potabilidad. Esa pregunta, que desgraciadamente funciona como sinécdoque de una manera de pensar, no sólo es ilógica: es profundamente inmoral.

Las frases de ese tipo sirven para perjudicar la causa que quieren defender. A veces en la Expo ha faltado un buen debate, y han sobrado declaraciones vacías que se movían entre lo apocalíptico, lo místico y lo poético. Al parecer, el agua es importante en todas las formas de superstición del mundo. Pero en nuestras supersticiones locales ya era bastante importante –bautismo, diluvio universal, romerías para la lluvia-, y eso no ha servido para que utilicemos el agua de manera más racional. En una reunión de líderes religiosos en el Faro, aprendimos que el cristianismo recomienda que “hay que vivir la importancia del agua”; que el budismo aconseja que nos demos cuenta de que “los torrentes y nosotros somos lo mismo”; que según el hinduísmo, “todos buscamos la felicidad, todos los seres, la naturaleza…. el problema es que los seres humanos buscamos la felicidad de supermercado” (esos seres humanos: que paciencia hay que tener con ellos); que, de acuerdo con el taoísmo, “conocer la naturaleza del agua es entender la naturaleza de la vida”.

El Faro también decidió esparcir arena de un mandala budista por el Ebro para purificar su agua: espero que las empresas de productos químicos no sigan su ejemplo depurativo. Y en otros momentos de la Expo también se ha hablado con gran simpatía de las culturas primitivas. Esta tendencia es frecuente, se manifiesta en el propio aspecto exterior del Pabellón de Iniciativas Ciudadanas y tiene mucho que ver con el mito del buen salvaje. Aunque excluyéramos de la naturaleza a los compañeros de tribus, las etnias rivales, las mujeres sometidas o los enemigos vencidos, la relación de las culturas “primitivas” con la naturaleza no es más armónica que la occidental. Generalmente, un menor desarrollo tecnológico les impide destruirla tan rápido como quisieran. La fuerza y lo incontrolable de los fenómenos naturales incitan a veces a una divinización temerosa, que a menudo se idealiza románticamente. Estamos acostumbrados a ver el medio ambiente como un espacio idílico y sólo sometido a la agresión de hombres con zapatos, aunque la agricultura de hombres descalzos y los bosques y los animales son grandes fuentes de contaminación: es decir, la naturaleza no es una postal ni un jardín del Edén. Los seres humanos podemos destruirla, pero ella también puede destruirse a sí misma: hay terremotos y huracanes, y al parecer los había antes del capitalismo y la globalización. Creo que hay que averiguar la forma de administrar los recursos naturales con previsión, justicia moral y sensatez científica. Para eso es esencial utilizar la razón, y quitarse a Dios y el pensamiento mítico de la cabeza.

El papel de los escritores en la Expo ha resultado especialmente desolador. La nómina ha sido decepcionante, inferior a la de muchos cursos de las universidades de verano. Aunque ha habido biólogos, físicos y geólogos, entre los escritores no ha venido ningún ensayista importante que haya analizado problemas relacionados con el agua (como Arundhati Roy o Frank Westerman), que haya escrito de verdad sobre los ríos (como Claudio Magris) o que sea un intelectual que trate los asuntos centrales de nuestro tiempo. Me habría gustado ver en Zaragoza a Al Gore, a Ayaan Hirsi Ali, a Seymour Hersh, a Thomas L. Friedman, a Yasmina Reza, a Noam Chomsky, a Alan Finkielkraut, a Fernando Savater, a Amos Oz, a Anne Applebaum, a Doris Lessing, a Christopher Hitchens, a Marjane Satrapi, a Mario Vargas Llosa (hablando, no de visita), a Alessandro Baricco, a Janet Malcolm, a Salman Rushdie, a Amartya Sen, a Steven Pinker, a Richard Dawkins o Bjørn Lomborg...

Han venido varios escritores de mucho éxito y algunos novelistas que me gustan, como Ana María Matute y Alfredo Bryce Echenique, que se encuentra en el momento más bajo de su prestigio literario. Me encantó Un mundo para Julius, donde sale una piscina, y creo que en La vida exagerada de Martín Romaña hay un baúl lleno de libros que se cae al agua. También han venido escritores de novela negra e histórica relativamente importantes. Me parece bien. Pero también han faltado autores de primera línea en cualquier género, intelectuales de referencia o escritores que hablen de los problemas del mundo. Curiosamente, en medio de las admoniciones contra el consumismo y a favor del respecto a la naturaleza –aunque menos en defensa de los derechos humanos, ya que eso podría ofender a gran parte de los países presentes en la muestra-, se ha invitado a autores que no están muy preocupados por el mundo –hay excepciones: Zoé Valdés sería una de ellas-, y, que, desde luego, no preocupan ni aportan casi nada al mundo. El equivalente sería organizar una Expo muy ambiciosa en 1947, en la que no habrían estado presentes George Orwell, T. S. Eliot, Hannah Arendt, William Faulkner, Hemingway, Albert Camus o Jean-Paul Satre, pero a la que habrían acudido dos de los diez o doce mejores seguidores de Agatha Christie, una amiga suya, y a lo mejor Lloyd C. Douglas.

En cualquier caso, muchos de esos autores podrían haber venido sin que existiera una relación con el agua. Podrían haber defendido la libertad, la tolerancia o la innovación tecnológica. Podrían haber explicado sus ideas sobre la novela o la poesía. Podrían albergar ideas muy distintas pero consistentes. Podrían haber tenido algo que decir. Y en ese caso, no habría sido necesario pronunciar palabras vacías, a veces grandilocuentes, a menudo tópicas y con frecuencia delirantes, sobre el medio ambiente o el agua. Sin embargo, la organización y algunos de los autores han intentado justificar la presencia de los escritores, y el dinero público que se les pagaba, como fuera. Sus frases me hacían pensar en las películas de misses donde las participantes de los concursos de belleza desean en voz alta la paz mundial. Antonio Gala vino porque ha escrito una novela que se llama Los papeles del agua. Ian Gibson, quizás para aportar algo nuevo tanto al tema de la Expo como a sus investigaciones sobre el autor de Poeta en Nueva York, declaró: "si Lorca viviera sería socio de Greenpeace, un activista a favor de la protección del medio ambiente". José Luis Sampedro también escribió "La balada del agua", y explicó que el móvil es un invento innecesario: él no tiene, deja que lo lleve su mujer. También vino Donna Leon, que dijo que el agua es un problema, y ella, “una talibán ecológica”. Donna Leon vive en Venecia, lo cual al parecer la vincula mucho con el agua.

En cambio, lo que te desvincula totalmente del agua es el Líbano, a juzgar por la estremecedora intervención de Maruja Torres el martes pasado. “Vivir en Beirut me ha hecho ahorrar agua”, dijo. Torres aconsejó a su público que abandonase el consumismo. Dijo ella había sido muy consumista –el vicio la obligó incluso a ganar un Premio Planeta-, pero se había curado. Torres confesó: “Me duele mucho ver un árbol morir, y tener ese sentimiento es importante”. Yo me alegro de que sepa que es importante. Pero lo que más me impresionó fue:

Cuando hago un pis cargado por la mañana no tiro de la cadena, espero varias horas con la ventana abierta. Yo no me ducho cada día, no soy tan guarra como para necesitar ducharme cada día. Yo me hago abluciones.

Es bastante curioso que la periodista brindase este consejo a los oyentes, para que imitaran su modelo. A mí me sorprende que se sintiera orgullosa de un mensaje tan demagógico: en algunas partes de España se pierde el 30 % del agua por malas canalizaciones; no sé cuánta agua utiliza Maruja Torres cuando se lava, pero diría que los regadíos ineficaces y las tuberías que pierden o se revientan son un problema todavía mayor que la gente que se ducha todos los días. Y ningún defensor del medio ambiente sensato reivindicaría con tanta alegría la abolición de la higiene. En cualquier caso, Maruja Torres tenía más cosas que contar a su público:

Me “abluciono” las partes contratantes y cada tres días me meto una ducha con cuidado.

Espero que la charla se celebrara en uno de esos diez días al mes.

La imagen es de aquí.

11/09/2008 03:50 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 9 comentarios.

MÚSICA Y COPAS

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El Heraldo habla de las actuaciones en directo. Se ha cerrado una sala en Zaragoza, y algunos empresarios y músicos de la ciudad lamentan que no acuda bastante público a los conciertos. Buscan explicaciones y critican las dificultades que pone el ayuntamiento para conceder las licencias, o que no se incorpore el público joven. El reportaje, que descarta en la primera línea los cientos de actuaciones y la “efervescencia” –una palabra horrible: se diluye enseguida- de la Expo, habla de siete salas. No sé si es representativo: en mi calle, por ejemplo, hay por lo menos dos más que no salen en el artículo. Una vez vi una muy llena, pero igual tuve suerte. También he visto cómo cerraban otras, y he visto cómo el ayuntamiento de Zaragoza ha hecho muchos esfuerzos en los últimos cinco años para acabar con la noche.

Sorprendentemente, el reportaje señala que hay demasiada variedad, ya que “las nuevas ofertas se encuentran con que diversifican a la ya escasa masa de aficionados”: a lo mejor, lo que se propone es que los grupos lo dejen, y que las salas cierren. El público tiene parte de culpa, porque al parecer sólo paga entradas para ver a los famosos y le falta entusiasmo por la música. Por otra parte, según el artículo, algunos sitios como La Casa del Loco o la Sala Oasis van bien, pero eso es porque funcionan como discotecas “de copas”.

Una pieza más breve habla de los bares con música en directo en Huesca: los empresarios están contentos, parece que va bastante gente a las actuaciones. Yo me alegro. Pero me desconcierta el titular: “El dinamismo de Huesca la sitúa como capital de Aragón para las actuaciones en vivo”. No sé muy bien qué concepto de capital utiliza, pero imagino que será esencialista o metafísico. No hay ningún dato que explique o sostenga esa afirmación, aunque sí se menciona del apoyo institucional y un técnico del ayuntamiento comenta que la colaboración del ayuntamiento con la iniciativa privada y las asociaciones ha sido buena. Como en el artículo sobre Zaragoza no se habla del número de locales en los que se puede actuar (se citan ocho lugares de Huesca y un programador oscense nombra una sala de Zaragoza que no aparecía en la pieza anterior), ni del público que va, ni de la cantidad de conciertos, ni de la escena musical local. Desde luego no parece que algunos protagonistas de la noticia coincidan con el titular: Al no haber tantos conciertos como en Zaragoza, el público no se diversifica”, dice un músico de Huesca, que no quiere que haya muchos más conciertos en la ciudad para evitar la saturación.

El artículo sobre Huesca no habla de las copas. Pero he estado en El Edén y varias de las salas que menciona el artículo, y sé que venden copas; imagino que también las habrá en los otros bares de Huesca con actuaciones en directo. Espero que sea así, para cuando vaya.

29/07/2008 00:24 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 3 comentarios.

LAS PALABRAS Y LAS COSAS

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El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero es un gobierno obsesionado por la semiótica. Desde que ganó las elecciones hace cuatro meses, Zapatero parece más preocupado por los signos, las palabras y la propaganda que por los hechos.

Al principio el nuevo Gobierno dio muchos titulares: por primera vez, había más mujeres que hombres, una mujer estaría al frente del Ministerio de Defensa y habría un Ministerio de Igualdad. Se mantenían los pilares del Gobierno anterior –Fernández de la Vega, Solbes y un reticente Rubalcaba-, pero el nuevo equipo era menos contundente que el del Gobierno anterior. Los nuevos ministros parecían más próximos a Zapatero y tenían menos experiencia política, gestora y a veces de la materia que administraban. Zapatero eliminó a Cristina Narbona y rebajó de categoría el ministerio de medio ambiente, aunque el área parecía uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo; mantuvo, con un gesto de arrogancia, a Magdalena Álvarez en Fomento; recompensó a Miguel Sebastián por una campaña por la alcaldía de Madrid en la que había hecho el ridículo. Separó la educación media de la universitaria: es un modelo que ha ido mal en el Reino Unido, que aleja a Mercedes Cabrera del mundo que conocía, y convierte la enseñanza en la escuela y el instituto en un problema asistencial y no educativo. Daba la sensación de que era un Gobierno más vinculado a Zapatero, con menos peso político, y con más fotogenia.

La imagen más potente fue sin duda la de Carme Chacón al frente del Ministerio de Defensa: una mujer embarazada y catalana pasando revista a las tropas, antes de realizar visitas demagógicas a las tropas españolas en el extranjero en los últimos meses de gestación. Otra de las apuestas de este Gobierno es el Ministerio de Igualdad: un ministerio de un concepto, como ha dicho Arcadi Espada, principalmente decorativo –tiene un presupuesto de 43 millones de euros- pero que también es una marca. Al frente de la institución se encuentra Bibiana Aído, una mujer joven del partido que ha confesado sus virtudes (“soy una persona muy trabajadora, comprometida, responsable y además soy muy amiga de mis amigos”) aunque admite algunos defectos (“soy más testaruda de lo deseable y quizá también tengo un nivel de autoexigencia demasiado elevado”) y asegura que todos los días se reserva un rato para “pensar”. Aído sabe dar titulares y crear polémica: pidió un teléfono de asistencia para el maltratador, y luego matizó que era para los hombres, criminalizando tranquilamente a la mitad de la población. Cuando criticó la represión de las mujeres en el Islam o la cultura maya Fernández de la Vega salió a corregirla, aunque las críticas a Aído por intervenciones mucho más desafortunadas se habían calificado de machistas y retrógadas.

El ministerio parece dedicarse a la igualdad en cuestiones de género (aunque existan otros tipos de desigualdad), pero se distrae en asuntos gratuitos, que no benefician la causa de la mujer. A veces da la sensación de que Zapatero y sus defensores utilizan a algunas de sus nuevas ministras, y a la violencia de género y sus víctimas, como escudos humanos que los blindan ante la crítica. En la polémica de los miembros y las miembras, donde la ministra reveló primero su ignorancia gramatical y después su cinismo al atribuir su error a una expresión latinoamericana (?), hubo análisis tan disparatados como el de Adolfo García Ortega, que decía que el error era bueno porque la palabra "miembro" era mala: "Los malos tratos, la violencia sexista, la pederastia (casi exclusivamente como una aberración masculina) y la explotación sexual y laboral de la mujer, además de la sutil desigualdad doméstica que pasa por "normal", tienen como sustrato esa identificación psicoanalítica con la condición epicena del miembro".

El Gobierno decretó una cesión temporal de agua del Ebro a Barcelona. Como la palabra trasvase estaba mal vista, se hablaba de transferencia, captación, traslado o aportación puntual de agua hasta conducción de caudales, de interconexión temporal de cuencas hídricas o conexión de sistemas dentro de la misma demarcación hidrográfica. En el 37º Congreso Federal del PSOE se rechazan los trasvases, pero se aceptan “aquellas transferencias del recurso [el agua], a través de las infraestructuras hidráulicas necesarias, para que sean medioambientalmente sostenibles y socialmente aceptadas”.

En la campaña electoral, Zapatero defendió los derechos y la dignidad de los inmigrantes frente al discurso xenófobo del PP. Me ha sorprendido que los socialistas españoles hayan apoyado la directiva europea sobre inmigración, que prevé un tiempo de hasta 18 meses de detención para los inmigrantes ilegales. Para defenderse, Zapatero ha dicho que quienes la critican no saben nada, porque es muy buena: algunos países tenían leyes todavía más duras. Entre los que la critican hay muchas personas de su partido, y muchos de sus votantes. Pero Zapatero dijo otra cosa más: en cualquier caso, no hay que preocuparse, porque en España no se aplicará, ya que nuestra legislación es más progresista. Es decir: tenemos que alegrarnos porque la directiva es estupenda y tenemos que alegrarnos aún más porque aquí no se va a aplicar.

El PSOE ganó las elecciones diciendo que no había crisis. Los analistas aseguran que el primer debate entre Pizarro y Solbes fue decisivo. Yo no creo que el Gobierno tenga la culpa de la mala situación económica. Pero ya ha tenido que reconocer muchas veces que había sido demasiado optimista, y ha empleado muchos eufemismos para no hablar de crisis: “las cosas van menos bien”, la hermosa “desaceleración acelerada”, e incluso, que “es opinable”. Hace un par de días era noticia que Zapatero mencionase la crisis ante la insistencia de los periodistas: “como ustedes quieren que diga”, dijo. Creo que es una actitud poco inteligente: al no reconocer las dificultades y decir que las cosas son opinables, cada vez que llega un dato económico negativo el Gobierno da una sensación de engaño o ineficacia. En lugar de reducir la alarma, la aumenta.

Estos meses el Gobierno ha producido una impresión de inmovilidad. Ha legislado poco y ha dado pocas noticias. Como si estuviera quieto en la mata mientras la lucha interna del Partido Popular acaparaba las portadas. Zapatero ha estado especialmente desaparecido y altivo. Hace 10 días tuvo suerte de que la liberación de Ingrid Betancourt acallase un poco el eco de una intervención decepcionante en el Congreso de los Diputados. El PSOE tiene difícil pactar en esta legislatura, las últimas encuestas no le han ido bien (hace un mes Rajoy ganaba a Zapatero en popularidad; no es un chiste) y se enfrenta a una coyuntura complicada: por una parte, una crisis económica; por otra, supuestamente el PP va a girar hacia el centro. El PSOE ha decidido que no puede permitirlo. El otro día en el Congreso de los Diputados Zapatero no planteó muchas soluciones, pero habló de las políticas económicas de derechas y de izquierdas.

El fin semana pasado se celebró el Congreso del partido en el que Zapatero ha dado una sensación de autoridad. Según el blog de Bibiana Aído, fue “el congreso de las IDEAS, una hermosa palabra que es además un acróstico de cinco conceptos que son premisas para nosotros: I, de igualdad; D, de derechos; E, de ecología; A, de acción; y S, de solidaridad” (las negritas son suyas; IDEAS es el nombre del think tank que dirigirá Jesús Caldera; esto tampoco es un chiste). El PSOE ha hablado de reformas sociales: de concederles el voto a los inmigrantes en las elecciones municipales; de modificar la ley del aborto; de avanzar hacia la laicidad del Estado. Zapatero asumió esas propuestas como compromisos de Gobierno, aunque, como ha escrito Soledad Gallego-Díaz, "se suponía que el único compromiso de un Gobierno era el programa con el que se había presentado a unas elecciones y que los acuerdos de los congresos políticos a veces se incorporaban a esos programas, y a veces, no".

Por otro lado, todas estas propuestas existían anteriormente: el PSOE las había guardado en un cajón. El voto de los inmigrantes estaba aprobado desde 2006; en 2004 el PSOE hablaba de la ley de plazos del aborto en su programa electoral, pero la retiró del de 2008 por falta de "demanda social"; el Gobierno de Zapatero le ha sido muchas concesiones a la iglesia, y hace sólo unas semanas el PSOE votó contra una propuesta de Izquierda Unida que apostaba por eliminar los símbolos religiosos en las tomas de posesión. Yo creo que lo mejor de la legislatura pasada fue la Ley del matrimonio homosexual, y me gustan esas reformas que están a favor de los derechos de los individuos y de la libertad, o de la separación de la iglesia y el estado. Pero creo que deberían ser asuntos esenciales y no maniobras de distracción o fuegos de artificio.

He tomado aquí esta foto.

12/07/2008 18:58 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 5 comentarios.

EL SOLDADO Y SUS REHENES

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La semana pasada, El País tuvo en la portada de su edición digital a tres novelistas durante tres días. También aparecieron en la portada de la edición en papel. Son tres escritores importantes y publican en Alfaguara. Creo que daban unas charlas. Las organizaba la Fundación Santillana.

Jesús Ruiz Mantilla escribía las crónicas de las lecciones de los novelistas a calzón quitado: “Vargas Llosa imparte su magisterio”, “Arturo Pérez-Reverte se enrola en la tropa literaria de infantería”, titulaba. La más espectacular fue la que glosaba la conferencia del creador de Alatriste. Hace años que Pérez-Reverte ha iniciado una lucha sin cuartel contra el establishment, pero ni el establishment ni la realidad se dan por enterados. Pérez-Reverte es famoso, tiene muchísimos lectores y la crítica lo apoya: sus novelas ocupan mucho espacio en los suplementos literarios, y desde el principio de su carrera ha estado en las colecciones que recogían las obras más destacadas de su generación. Sus libros se llevan al cine, es académico y goza de una consideración literaria superior a la de muchos novelistas que se dedican a la novela histórica o de aventuras. Sin embargo, habla desde una indignación permanente y difusa, como si resistiera él solo frente a una estupidez generalizada y asfixiante. También se aprovecha de un fenómeno extraño: cuando uno dice una tontería enfadado y con mucha contundencia, hay quien cree que desvela, por fin, la verdad. Hace unos meses, este hombre, que reprochó a Francisco Umbral que su cobardía física le impidiera solucionar sus diferencias a puñetazos cuando el autor de Mortal y rosa superaba los setenta años, daba ciertas muestras de delirio en una entrevista:

“Estoy harto de corderos que se dejan degollar. Harto de que todos los sinvergüenzas se hagan solidarios, de tanto cantamañanas, de tanta demagogia. No voy a dejarme matar. Sé que no voy a cambiar nada, pero lo que no se puede hacer es el silencio de los corderos. No dependo de Aznar, ni de Zapatero ni de González, y si un día me echan de este país, me voy a Francia, escribo allí, o en Italia o en Argentina. Puedo hacerlo en cualquier sitio, mentarle la madre a quien sea sin esconderme. Ésa es la libertad que me da lo que he hecho hasta ahora. Y me encanta lo de morir matando. Hay que morir matando.”

Nada hace pensar que vayan a echar a Pérez-Reverte de España. Después de todo, no es un inmigrante ilegal. En concreto, esa entrevista promocionaba el lanzamiento de la Biblioteca Arturo Pérez-Reverte, que recoge toda su obra. Y esas declaraciones son repugnantes si tenemos en cuenta que en el mundo hay escritores y periodistas que tienen que abandonar su país de verdad, o que se juegan la vida por lo que escriben. Pero la manera de pensar de Pérez-Reverte parece contagiosa. El otro día a Ruiz Mantilla se le colaban expresiones propias del novelista en su crónica: no sé si se trata del estilo indirecto libre o de una abducción. Escribía:

“No fueron fáciles sus comienzos. Allá por 1986, cuando publicó El húsar, el panorama literario español estaba lobotomizado por críticos y grupillos a los que el escritor dedicó una rica lista de epítetos: ‘Imbéciles y caratintas analfabetos cuya memoria empezaba ayer, que perdonaban la vida a Conrad y Stevenson, parásitos iletrados y esnobs que estuvieron a punto de haber dejado España sin lectores por los años ochenta’.

La lista de epítetos debió ser rica, pero el atributo “lobotomizado” es del articulista. Resulta enternecedor que un hombre que tiene el éxito de Pérez-Reverte se acuerde de algún crítico que lo puso mal hace más de 20 años. El húsar salió en Akal, no fue una autoedición; dos años después, Mondadori publicó La tabla de Flandes. Y yo no tengo tan claro que sea cierto lo que dice Reverte, que para denigrar a los que critican su escritura suele acusarles de no haber leído a los clásicos. Fernando Savater había reivindicado mucho antes al Stevenson más lúdico; mi madre me leía La isla del tesoro por las noches en 1985; el autor de El club de los suicidas y Conrad fueron dos de los prosistas preferidos de Borges, uno de los nombres clave en la formación de muchos narradores de los 80. En esos años nacieron editoriales, periódicos y revistas literarias, publicaban autores muy distintos y preocupados por contar historias, desde Ignacio Martínez de Pisón y Eduardo Mendoza a Cristina Fernández Cubas y Juan Marsé. Seguían en activo muchos narradores de generaciones anteriores y hacía unos años que habían surgido escritores como José María Conget, Javier Tomeo, Enrique Vila-Matas o Javier Marías. Sin embargo, Ruiz Mantilla presenta este panorama general:

“Eran los tiempos en los que se valoraba la pedantería y la paja mental intensa. Todavía impermeables al eclecticismo que empezaron a romper autores como él”.

La pedantería y la paja mental intensa, dice el cronista, sin dar nombres ni justificar nada (ni siquiera la diferencia entre una paja mental intensa y una distendida), antes de escribir una frase que no comprendo bien: Los tiempos eran impermeables al eclecticismo. Autores como Pérez-Reverte empezaron a romper el eclecticismo. ¿Pérez-Reverte acabó con el eclecticismo ante el que los tiempos eran impermeables? Aunque quizás lo más sorprendente sea la lista de lecturas que esa época menospreciaba, según dice el novelista, con el aplauso de un entregado Ruiz Mantilla. Son las mismos que ahora guían a Pérez-Reverte, el outsider:

“’Busco en Stendhal, Homero, Conrad, Dickens, Virgilio, Dumas, Mann, Conan Doyle, Dostoievski, Stevenson, pero también en gente tan maltratada como Agatha Christie y John Le Carré. Y hasta en Ken Follett buscaría si me hiciera falta’, aseguró”.

Me parece bien que Pérez-Reverte se inspire en esos autores, pero no sé si Homero y Stendhal son exactamente los referentes de un iconoclasta. Por otra parte, como medio de legitimación artística es dudoso: siempre está la posibilidad de que a uno le guste mucho Cervantes pero no consiga escribir una novela como El Quijote. A mí, por ejemplo, me parece que Arshavin e Iniesta juegan bien, pero no regateo ni paso como ellos. Cuando pierdo el balón no les digo a los de mi equipo: “Es que no habéis visto jugar a Arshavin”. La primera tirada de nombres está compuesta de clásicos indiscutibles, y muertos. No pueden contestar y Pérez-Reverte los utiliza de rehenes. Agatha Christie también está muerta. A mí no me importaría que me maltratasen tanto como a ella o a John Le Carré, un hombre que ataca la democracia siempre que tiene oportunidad. La última frase parece una chulería, pero esa manera de dejar a Follet en suspenso tiene algo de echarse atrás.

Yo ya había leído ese lenguaje cuartelero, esas mentiras y esa inverosímil impresión de agravio permanente del creador de Alatriste. El periodismo cultural es propaganda muchas veces, pero no me gusta que el cronista se zambulla con tanto entusiasmo en ese discurso. Ayer con un amigo hablábamos de cómo podría sorprendernos de verdad Pérez-Reverte. Imaginábamos que saludaba educadamente y decía: "Soy un hombre afortunado. Tengo millones de lectores, muchos más que otros escritores mejores que yo, gano mucho dinero escribiendo, tengo un barco y vivo en un país democrático en el primer mundo. Muchas gracias a todos".

Una imagen de la película Alatriste.

 

25/06/2008 23:18 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 2 comentarios.

LOS ESCRITORES

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Algunos escritores dicen que no tienen amigos escritores y que viven al margen del mundo literario. Los periodistas culturales copian sus declaraciones con entusiasmo, y en los perfiles destacan esa soledad como si tuviera algún valor. Si no existiera el mundo literario -o el “circo literario” y a veces directamente “cenáculos”, que suena todavía peor por su final escatológico- esos periodistas tendrían que dedicarse a vender cds piratas.

Ese aislamiento casi nunca es cierto, y por otra parte no constituye ninguna virtud: que un autor lo reivindique suele ser un indicador negativo. He pasado con escritores muchos de los momentos más felices de mí vida y me parece bastante normal que un escritor tenga amigos que se dediquen al mismo oficio. Todas las profesiones generan afinidades, y además la literatura es una gran conversación. Uno siempre escribe solo, pero con los demás descubre cosas de libros que ha leído y conoce otros que no ha leído, aprende cómo escriben los otros y en qué cosas se fijan, se ríe y tiene más ideas para escribir otras cosas. Además, los escritores no compiten entre sí: que otro autor sea leído beneficia a todos. Estar solo conduce a la amargura, al egocentrismo y a la locura, y en cambio los amores, las amistades y las enemistades literarias han ayudado a que existan obras maravillosas.

Hay millones de ejemplos. Uno de los más famosos es el de Ezra Pound, que pulió La tierra baldía de T. S. Eliot. Vargas Llosa se peleó con García Márquez, pero antes le dedicó una tesis doctoral. La amistad de Borges y Bioy Casares enriqueció los libros que escribieron juntos y por separado. En el entierro de Saul Bellow Philip Roth empezó a pensar en Elegía, y años antes una chica de la que él había estado enamorado se había terminado casando con el autor de Las aventuras de Augie March. Me encantan las cartas que recoge Italo Calvino en Los libros de los otros. Me gusta estar con escritores, y que los escritores que me gustan tengan amigos escritores: me gusta que Christopher Hitchens le haya dedicado Dios no es bueno a Ian McEwan, o que defendiera a Salman Rushdie cuando los integristas islámicos lo condenaron a muerte, y los católicos y los relativistas culturales exigían respeto para los fanáticos. O que Ignacio Martínez de Pisón utilice en Dientes de leche una historia que le contó Félix Romeo. E incluso me gustan los encuentros frustrados de escritores. Por ejemplo, a Chéjov le impresionó la defensa de Dreyfus que hizo Émile Zola, e inició una campaña contra el antisemitismo que le trajo muchos problemas, pero cuando se conocieron apenas pudieron cruzar unas palabras porque no tenían un idioma común.

Esos escritores que se aíslan se presentan como una especie en extinción. Algunos, como Goytisolo, se siguen considerando marginales (aunque cada dos semanas el diario más vendido les deje que exhiban su supuesto ostracismo en página impar) y exiliados (aunque curiosamente se refugien de una democracia en un país con muchas menos libertades). Otros, como el otro día Carlos Ruiz Zafón, dicen que no hay "nada en ese mundo" que pueda interesarles, y que el talento está en otra parte:

“El 99% de la mejor narrativa que se hace hoy, de la literatura de calidad, de la gente profesional sin pretensiones ni pedantería ni pose, de la que de verdad sabe construir personajes e historias, o sea, de los que de verdad saben escribir, está en la televisión o en el cine, pero sobre todo en la primera. Gente con ambición, oficio y talento ya prácticamente no está trabajando en literatura. Ésta se ha convertido en un gueto de mediocridad, de aburrimiento, de pretensión y de pose. (...) La televisión es hoy el equivalente a las cuadras de Shakespeare”

No sé si no consigo interpretar la última frase, si hay un error de transcripción del periodista -a lo mejor pensando en “corrala”, que habría sido incorrecto en cualquier caso- o si es una de las pocas frases verdaderamente originales que ha acuñado el novelista. Pero el párrafo que he citado es triste por varias razones: es falso, porque en la literatura, en el cine y en la televisión se hacen muchas cosas horribles y algunas maravillosas, todas distintas entre sí; porque esas formas de exclusión no son excluyentes, y, aunque los medios audiovisuales tengan un poder narrativo impresionante, también hay muchos lugares a los que llegan mejor las palabras.

También es un comentario demagógico que busca halagar a algunos lectores de Zafón que no consumen habitualmente literatura: que no se preocupen, no se pierden nada. No sólo prácticamente toda la literatura es mala y aburrida, sino que también es pretenciosa, y se aleja de las buenas gentes. Según el autor de La sombra del viento, ha conquistado el aprecio de los lectores porque “están muy por delante del comentario oficial de la crítica, ese búnker de los años setenta que se ha quedado clavado y al que la gente le ha pasado por encima. Cualquier lector tiene ahora una cultura cinematográfica, televisiva, del cómic o de la fotografía”. Puede que me equivoque, pero me parece que la mayoría de los críticos literarios en activo comparten esa cultura y pueden interpretar esas referencias y ese modo de contar. El cine tiene más de cien años. No hay muchos críticos en activo que superen su edad y la literatura asume elementos de la forma de narrar del cine desde hace décadas.

Pero lo peor es que, leyendo la entrevista (donde el novelista habla bien de un colega estadounidense), uno tiene la sensación de que ni siquiera un éxito tan extraordinario como el de Zafón anula el resentimiento o la amargura. Un hombre que ha vendido 12 millones de ejemplares se alegra de que desaparezcan las librerías pequeñas y “esnobs” (que enlaza en el imaginario con pretensión y pose), y gasta mucha energía en intentar eliminar a sus posibles competidores.

Si Zafón siguiera siendo guionista, quizás diría que el talento está en la novela o los videojuegos. Los escritores que afirman que el 99% de la literatura es basura siempre se incluyen a sí mismos en el 1% restante. Al leer lo que dice Zafón sobre 40 años de dictadura y 30 de democracia en su ciudad, con todas sus vidas y comedias y conflictos y tragedias (“Desde la Guerra Civil, en Barcelona no ha pasado nada particularmente interesante en ningún aspecto, y desde hace unos años, cero absoluto”), uno tiene la sensación de que cuando algunos autores afirman que no les interesa relacionarse con otros escritores, tampoco les interesa mucho todo lo demás: lo único que les importa es lo que hacen ellos.

En la imagen, Philip Roth y Milan Kundera. La he tomado de The Philip Roth Society.

04/06/2008 21:20 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 11 comentarios.

EL CRÍTICO Y EL FESTIVAL DE CANNES

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Creo que Carlos Boyero ha escrito las crónicas del Festival de Cannes en El País. Es el crítico de cine estrella del diario. He seguido sus artículos con atención. Entre otras cosas porque me recuerdan a esos emails colectivos que mandan los amigos cuando se van de viaje a Estados Unidos y te cuentan que se compraron un peine en una gasolinera. Y porque pienso en la gente que va reclutada forzosamente a una guerra lejana y horrible, y escribe cartas a sus padres, que se preocupan por si el niño duerme bien, pero a los que les trae sin cuidado de qué va la contienda:

“También me han alojado este año en un hotel lujoso y con pedigrí, cuya salida está poblada a todas horas por inasequibles filas de mirones esperando con ansia la entrada de famosos y de estrellas, sensación que puede llegar a efectos orgásmicos en este paciente público si sus ídolos les saludan y les firman un autógrafo. Y uno se siente como el patito feo cada vez que hace su aparición por aquí, al constatar la desilusión de esa gente al comprobar que yo no soy una personalidad conocida, que sólo es uno que siempre pasa por ahí.”

De este fragmento me interesan la gramática (“público”, “les saludan”, “les firman”; “uno”, “yo”, “uno”), y la humildad (¿de quién es la desilusión?, “uno que siempre pasa por ahí”). El público ansioso, paciente y desgraciadamente ignorante no lo aprecia porque no lo conoce. Y puede que les pase lo mismo a los lectores que quieran saber algo más de las películas. Pero yo me preocupo por lo que le espera al cronista:

“Entre las 23 películas que compiten en la trascendente sección oficial, el cine francés se ha reservado la comprensible tajada del león. Y están los inevitables chinos, aunque afortunadamente esta vez no han abusado en número”.

Y me preocupo todavía más. En el festival de cine más famoso del mundo esperan que los críticos vean películas:

“A diferencia de los programadores con aficiones sádicas que nos machacan en otros festivales con sus horarios imposibles, Cannes mantiene como algo inviolable el ritual de que la primera película de la jornada en la Sección Oficial se proyecte a las legañosas y temibles ocho y media de la mañana y la última a las ya relajantes siete de la tarde. Gracias a lo segundo, en el higiénico convencimiento de que no sólo de cine deben de vivir los críticos, excepto los que tienen una obsesión patológica por tragárselo todo, sino que también hay que permitirles algo tan humano, necesario y lúdico como ir a cenar, hacer risas, hablar de lo divino y de lo humano, saborear mínimamente el ambiente nocturno de Cannes, ofrecerle un festín a la mirada con la abusiva concentración de gente guapa.

Preocupantemente, esos horarios parecen estar cambiando. El domingo no hubo proyección de tarde y el lunes la retrasaron a las diez de la noche, algo que te descoloca mentalmente, contra lo que se rebela tu estómago, que te hace maldecir a los que te dejan sin cenar, sin ese momento mágico que alivia de la paliza mental que supone ver más de 40 películas en 11 días”.

Es absurdo ver tantas películas cuando ya sabes lo que piensas de antemano. Pero a veces merece la pena el esfuerzo y el crítico llega a una síntesis de altura: “Desplechin hace unas cosas muy raras con su cámara para filmar este reencuentro familiar a lo largo de dos horas y media”. En otras ocasiones no. En esos casos lo que se echa de menos es que el periódico no traiga fotografías del crítico viendo la película, o información sobre su tensión arterial y sus pulsaciones. Los textos superan lo que dice Ricardo Piglia –que afirma que la crítica es la forma moderna de autobiografía- y toman cierto aire de informe médico, a veces con aspecto de diagnóstico: “Sin embargo, soy inmune e incluso alérgico a la presumible fascinación que desprenden las películas de la directora argentina Lucrecia Martel”. Y a veces con forma de síntoma: “Por lo demás, no encuentro nada que se pueda narrar. ¿El desarreglo mental de la protagonista será debido a la menopausia?”.

Pero pese a deslices como éste, el crítico tiene un fraseo característico y entrañable (“Se llama Charlie Kaufman”, “un joven director alemán llamado Wim Wenders”, “Se llama Mike Tyson”, “por ese actor que ya está más allá del bien y del mal llamado Sean Connery”, “ese actor intenso y magnético llamado Sean Penn”), y siempre incluye fragmentos de indudable valor informativo. Sobre Che, escribe:

“En su estreno comercial serán dos partes que no se presentarán a la vez, pero como aquí todo se hace a lo bestia y se supone que lo que más amamos los presentes es pasarnos infinitas horas en la butaca y en medio de la oscuridad, la proyectan de un tirón, eso sí, con un agradecible intermedio en el que al igual que en el colegio o cuando nos llevaban los papás a los añorados programas dobles, nos obsequian con una bolsa con el anagrama de Che que contiene un bocadillo, una chocolatina y una botella de agua”.

Aunque este fragmento epifánico es mejor todavía:

“Pero lo más grandioso que me ha ocurrido en la jornada de ayer es tener cenando en la mesa de al lado a un individuo con la cara tatuada, mirada que parece haberse puesto de acuerdo con la vida o al menos resignado, tratando con amorosa delicadeza a una mujer muy joven, negra y preciosa. Su proteica personalidad, su legendaria carrera y su tortuosa vida es una estremecedora película sobre el esplendor y el fracaso, sobre la redención y el derrumbe, la destrucción y la autodestrucción. Se llama Mike Tyson. (…) Yo veo esas manos legendarias, la electricidad que se puede crear en ese cerebro y en esa anatomía y me echo a temblar de que alguien intente abusar de su paciencia. No ocurre nada. No salimos en la crónica de sucesos. Creo no ser mitómano pero tener al lado durante un par de horas a una leyenda de semejante calibre me provoca cierto hormigueo".

A mí, sinceramente, también.

En la imagen de AFP, Asia Argento y los fotógrafos.

26/05/2008 11:55 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 1 comentario.

REPARACIÓN

Este lunes El País publicaba un reportaje que contaba que, mediante una argucia legal, en Bélgica la Seguridad Social corría con los gastos de las operaciones de himenoplastia. La himenoplastia es la reparación del himen; el objetivo de la intervención es evitar que las mujeres que hayan tenido relaciones sexuales y viven en ambientes obsesionados con la virginidad sufran la marginación, el repudio o la agresión.

El culto a la virginidad es repugnante: atenta contra los derechos humanos, porque convierte a la mujer en una posesión que pasa de manos del padre al marido; niega su libertad y la transforma únicamente en un objeto sexual, y acarrea el maltrato y la exclusión. Incluso en su delirio, es una norma que se aplica de forma desigual (nadie examina la virginidad de los hombres), y, además, en muchas ocasiones el himen se rompe sin que se produzca una relación sexual. Esta superstición ha estado presente en muchas sociedades patriarcales: la Celestina era reparadora de virgos, y el tema de la honra aparece en la literatura del Siglo de Oro; entre otros disparates, la Iglesia Católica todavía defiende que una virgen se quedara embarazada, y el extremismo cristiano que ha causado siglos de guerras e infelicidad sigue predicando la virginidad; en las bodas gitanas se celebra un ritual tan espeluznante como el yeli, y la virginidad es una auténtica obsesión en el mundo musulmán, como ha explicado Ayaan Hirsi Ali en su libro Yo acuso, que en inglés se tituló The Caged Virgin (La virgen enjaulada). El culto a la virginidad es uno de los elementos básicos de la sujeción de las mujeres musulmanas: una superstición que es precepto religioso y legal y sirve para arruinar vidas y justificar crímenes.

El martes El País, que apenas concedía espacio a la noticia del cierre de una revista feminista iraní, defendía la iniciativa belga y su “pragmatismo” frente a las “polémicas estériles” en torno al velo (como desvinculaba el culto a la virginidad y el islam, esta admonición parecía un poco incongruente). La himenoplastia es una argucia pagada por los contribuyentes de un país democrático que permite que una mujer parezca virgen y no sufra el rechazo de una comunidad en la que impera un sistema legal paralelo. El estado de derecho hace una trampa para fingir que respeta unas normas que no tienen ninguna legitimidad y contradicen los principios democráticos. Pero la estratagema supone un reconocimiento implícito: es una medida paternalista y relativista, y jamás se recomendaría para hacer frente a una tradición reaccionaria de origen occidental: es como si se aconsejase a los negros pintarse de blanco para evitar el racismo antinegro, o como si se aconsejara a los homosexuales la boda heterosexual para no estimular la homofobia. La democracia debe garantizar los derechos de las mujeres y de todos los ciudadanos. Pero para ello es fundamental acabar con las supersticiones y los sistemas legales paralelos que cercenan su libertad.

03/02/2008 13:52 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 9 comentarios.

UN CORAZÓN INVENCIBLE

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Un corazón invencible, la última película del infatigable y talentoso Michael Winterbottom, no me ha gustado tanto como Tristram Shandy o 24 Hour Party People . Un corazón invencible, protagonizada por Angelina Jolie y producida por Plan B, la compañía de Brad Pitt, está basada en el libro de Mariane Pearl, la mujer de Daniel Pearl, un periodista estadounidense que fue secuestrado, decapitado y despedazado en Pakistán. Sus asesinos grabaron su muerte en vídeo.

La película de Winterbottom tiene algunos aciertos: es sobre todo una historia de amor, se sigue con interés y sabe recrear con verosimilitud la atmósfera de incertidumbre que se vive tras el secuestro. También tiene algunos despistes narrativos y a veces un trazo un tanto grueso. Aunque lo que más me ha sorprendido tiene que ver con la manera en que Winterbottom presenta el terrorismo. El director decide no mostrar las imágenes del asesinato de Pearl; en principio, me parece una elección discutible pero respetable, porque todos los espectadores sabemos lo que va a suceder.

Esa apuesta, que podría obedecer a una decisión estilística, conduce a una paradoja. Con la excepción de unas fotografías que muestran al periodista esposado, amenazado por sus captores con una pistola, la violencia que vemos nunca es la que ejerce el terrorismo, el responsable directo de la muerte de Pearl: vemos en una televisión imágenes de Guantánamo, torturas policiales en Pakistán, la bofetada de un detective a un empleado de telefónica, un tiroteo entre la policía (que entra en una casa de noche) y unas personas que no llegamos a distinguir en la oscuridad.

Es decir, la película muestra actos brutales y rechazables que cometen personas que combaten el terrorismo. Acentúa eso más todavía: un funcionario estadounidense envidia los procedimientos violentos de la policía pakistaní y observa sádicamente una sesión de tortura.

Un personaje equipara el asesinato de Pearl con Guantánamo y el propio Winterbottom ha reforzado esta equivalencia: “Un corazón invencible y Camino a Guantánamo son dos historias muy similares. Ambas hablan de personas que son víctimas de una creciente violencia por ambas partes”.

 

Como a Daniel Pearl lo mató un grupo nacionalista islámico, que exigía entre otras cosas la liberación de los prisioneros de Guantánamo y el fin de la presencia estadounidense en Pakistán, que intercaló imágenes de encuentros entre Ariel Sharon y George W. Bush en el vídeo de la decapitación y que señaló varias veces que el periodista era judío, uno podría pensar que la religión, o una manera de interpretarla, tuvo cierta importancia en el crimen. No obstante, en Un corazón invencible aparecen varias religiones: sirven para marcar el inicio de los días, para casarse y sobre todo como fuente de consuelo y armonía.

Cuando la CNN pregunta a Mariane sobre el terrorismo, ella dice que la violencia existirá mientras exista la pobreza. La película apoya ese punto de vista, insistiendo en la miseria de las calles de Karachi (donde se rodaron partes de la película, otras se filmaron en la India y Francia) y en el lujo en el que viven, en comparación, los que esperan noticias de Pearl (toman un Côtes du Rhone de más de cincuenta años, por ejemplo).

Aunque puede haber factores que lo provoquen, no creo que exista ninguna causa que justifique el terrorismo. En el caso de los terroristas islámicos, su objetivo es atacar a Occidente y a quienes, fuera de allí, no piensan como ellos, pero no han dudado en adoptar nominalmente todas las causas posibles; algunas de ellas las ofrecían sus víctimas cuando intentaban buscar una explicación: Palestina (después de años de deprecio hacia sus habitantes), Iraq (tras años de enfrentamientos), la pérdida de Al Andalus, las caricaturas de Mahoma, hace unos días Osama Bin Laden se apoyaba en los argumentos de Noah Chomsky. Y aquí Winterbottom cita la pobreza, casi como un eximente.

Tampoco pienso que la pobreza nos haga mejores: al contrario, creo que nos empeora (por lo menos a mí me empeora bastante) y que debemos esforzarnos en paliar las desigualdades. Pero eso no sirve para explicar ni mucho menos justificar el terrorismo: por un lado, hay pobreza en muchas partes del mundo sin que eso produzca terrorismo; por otro, muchos terroristas, como hemos visto con frecuencia, pertenecen a familias ricas, y a veces han nacido o se han educado en Occidente: es el caso de Ahmed Omar Saeed Sheikh (el yihadista que nació en Gran Bretaña y fue condenado a muerte por el crimen en Pakistán), de Khalid Sheikh Mohammed (el prisionero de Guantánamo educado en Carolina del Norte que declaró haber asesinado a Daniel Pearl), del propio Osama Bin Laden o de los médicos de la reciente trama descubierta en el Reino Unido; el terrorismo que sufrimos en España desde hace décadas tampoco tiene que ver con la pobreza.

En la imagen, Angelina Jolie interpreta a Mariane Pearl.

20/09/2007 00:52 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 5 comentarios.

CHAO

Manu Chao saca disco. Siempre me ha sorprendido el ascendiente moral de este músico bastante limitado y monótono, que dice defender la libertad y declaró el año pasado en Cuba que “Bush es el mayor terrorista” y que “Todas las mafias que reprimen el mundo se esconden detrás de la palabra democracia” (el ex Mano Negra tiene pisos en Barcelona y París, donde impera la democracia, quizás para combatir al enemigo desde dentro).

Chao ha defendido a personajes tan lamentables como Diego Armando Maradona, y a tipos tan siniestros como Hugo Chávez (en 2004 pidió el voto a la Revolución bolivariana, quizás porque en Venezuela sí servía el procedimiento). Me sorprende que la prensa y ciertos sectores de la izquierda lo traten como a un referente, y que se le toleren cosas que despertarían críticas feroces en boca de otras personas.

Gran parte de lo que Manu Chao dice en las entrevistas son tópicos sin examinar, y en su supuesto compromiso con los parias y los desubicados algunas reivindicaciones legítimas coexisten con una mezcla de desinformación y puro cinismo. Hace unas semanas Diego Manrique publicó en El País Semanal una entrevista con él. Este extracto, que revela una confusión mental considerable, es una reivindicación de la superstición y el pensamiento mágico: dos ingredientes que jamás han ayudado a mejorar la vida de las personas.

“En el fondo, piensa [Manu Chao], sigue siendo un racionalista, aunque abierto a lo improbable. En sus estancias en América comprobó la fuerza de la santería y, especialmente, la macumba y el candomblé brasileños. ‘Llegará el momento en que sea aceptado científicamente, cuando tengamos instrumentos que cuantifiquen energía positiva y negativa. Yo he recurrido a un brujo cuando alguien me quería hacer mal. Me dijo que debía blindarme, para que el odio rebotara hacia quien me lo enviaba. Y resultó, te lo aseguro.’”

El mismo desprecio por la lógica y una mayor inmoralidad pueden verse en algunas de las letras de su nuevo álbum: en "Raining in Paradize" afirma que en “In Baghdad, it's no democracy //
That’s just because, it’s a US Country”. Al contrario que en Cuba, donde las democracias servían para ocultar mafias, parece que en este caso su ausencia es un error, y que hay que echarle la culpa a la democracia más antigua del mundo (que ha colaborado con dictaduras, pero que también ha salvado la democracia en unos cuantos países, como Francia).

No hace falta estar a favor de la desastrosa intervención estadounidense en Iraq para admitir que cuando no había democracia en Bagdag era bajo la espantosa dictadura de Sadam Hussein, que ahora hay prensa y elecciones libres en el país, y que la constante violencia (que ejercen sobre todo grupos sectarios y organizaciones terroristas, y que enfrenta a unos iraquíes contra otros) no es sólo responsabilidad de Estados Unidos, que sin duda preferiría que hubiera una democracia estable y pacífica. Pero Manu Chao prefiere señalar al culpable, y decir que a fin de cuentas "it's no fatality" en lugar de buscar una explicación: predicar para los conversos le interesa más que pensar en la solución del problema o aliviar el sufrimiento de los iraquíes.

02/09/2007 10:32 Autor: daniel gascon. Enlace permanente. Tema: Artículos Hay 14 comentarios.


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