TÓPICOS

La profesora y traductora Luz Gómez ha publicado Diccionario del islam y el islamismo. En una entrevista ha dicho cosas como éstas:
"Escribí mi tesis doctoral mientras trabajaba con islamistas. Es cierto que, en determinados momentos, me autolimitaba. Ahora bien, también te autolimitas en otras sociedades machistas, como la española, sin ir más lejos".
Sé que en España los hombres y las mujeres tienen los mismos derechos. Pero no sé exactamente cuál es la sociedad de la comparación. No sé si se Luz Gómez se refiere al mundo islámico en general (donde, según decía el otro día la activista Zainab Salbi, el 40 % de las mujeres no trabaja y el 55 % no sabe leer) o los países musulmanes moderados o a los países donde se ha impuesto la ideología islamista; ni si se refiere a los países en los que impera la ley islámica la mujer es un ciudadano de segunda clase (como Irán, Pakistán o Arabia Saudí); a los estados en los que el testimonio de la mujer vale la mitad que el de un hombre; a los lugares en los que una mujer violada puede ser condenada por adúltera, en los que el adulterio se castiga con lapidación (como en Somalia, donde se ejecutó así a una chica de 13 años), en los que se azota a una mujer por pasear con un hombre que no es de su familia (como en el valle del Swat), en los que no pueden salir sin ser vigiladas (como en Arabia Saudí), en los que se producen matrimonios concertados de chicas menores de edad, en los que el crimen de honor es moneda corriente (como en Palestina, aunque también se han producido estos crímenes en comunidades inmigrantes en Europa), en los que se arroja ácido a la cara de las niñas que van a la escuela, a los países en los que el analfabetismo entre las mujeres alcanza el 71,5 % como en Pakistán o Yemen (frente a un 46,8 % y un 30,5 % entre los hombres) o el 21,5 %, como en Turquía (frente a un 5,6 % entre los hombres), según datos que publicó la ONU en 2005; o si se refiere a las áreas en las que se obliga a las mujeres (incluso a las corresponsales de los medios extranjeros, como en Irán) a llevar el velo islámico, a los lugares en los que la vida civil está dominada por los textos religiosos, como el Corán, que dice:
Los hombres son responsables de las mujeres, y DIOS los ha dotado de ciertas cualidades, y ha hecho que ganen el pan. Las mujeres justas aceptarán alegremente esto, puesto que es el mandato de DIOS, y honrarán a sus maridos en su ausencia. Si encuentras rebelión de la mujer, primero hablarás con ella, luego la abandonarás en la cama, después puedes pegarle. (4:34)
Tras esta equiparación irresponsable, que resulta algo insensible si pensamos en los millones de mujeres sojuzgadas por la religión y sus intérpretes, Luz Gómez añade unos cuantos muertos al 11-M (“un atentado como el que se produjo el 11 de marzo de 2004, con más de 200 muertos”), y tanto ella como el periodista a lo largo de todo el artículo practican una distorsión común: mezcla la crítica a la religión con el racismo (“yo no diría que exista una especial xenofobia contra los marroquíes emigrantes o contra los musulmanes en general”), el análisis de una ideología con el prejuicio hacia el que es diferente. Es una confusión peligrosa: prepara el terreno para que criticar los preceptos más repugnantes de la ideología islámica se convierta en un ataque racista a la identidad de unas personas, a las que se define antes por su religión –y por la versión de esa religión que algunos, muchas veces los más intransigentes, quieren imponer- que por su condición de seres humanos con derechos individuales.
El periodista, entretanto, aplaude: “esta profesora de la Universidad Autónoma de Madrid desmonta muchos tópicos sobre el islam”.
CIRCUNSTANCIAS
1.
Un artículo de Félix Romeo, grabado por Pippi Tetley.
2.
Un miembro de la ejecutiva del PNV ha expresado así sus críticas a este periódico: ‘En esas circunstancias no se puede dejar el discurso a la viuda. Fue una situación durísima. La mujer lo mezcló todo. Hizo referencias muy duras a las familias de los presos. Supongo que estaría sedada a tope. Eso lo tienen que cuidar. Es mejor que las viudas no hablen’.
En el lenguaje del miembro de la ejecutiva del PNV, “esas circunstancias” significa asesinato de un hombre por medio de una bomba lapa; “la situación durísima” son las palabras de repulsa hacia el crimen, no el crimen; y la dureza recae, en esta interpretación, sobre las familias de los terroristas encarcelados (de la mujer de la víctima se puede decir, en cambio, que estaba sedada, que no sabía lo que decía). En otro lugar, además de criticar el discurso de Patxi López por demasiado épico, un dirigente del PNV llama a posibles atentados “la tozudez de los hechos”.
Francisca Hernández, la viuda de Eduardo Puelles, había dicho: "Lo único que [los terroristas] han conseguido ha sido dejar dos huérfanos y una viuda. No van a conseguir nada más, porque, gracias a Dios, hay mucha gente como mi marido, ¡mucha!, y no van a poder con ellos". Y añadió: "Son asesinos, no son políticos, no son presos políticos, eso es mentira. Que no vengan sus familias pidiendo dinero para ir a verlos porque son presos políticos.
Pero siempre hay almas caritativas, preocupadas porque las palabras de la mujer de la víctima de un asesinato puedan ofender a la familia de los asesinos, tan delicada.
3.
El biólogo Francisco J. Ayala, supuesto defensor de la razón y la ciencia, habla de Estados Unidos:
El cristianismo conservador no representa más de un 15% de la población. Tienen visibilidad, pero no creo que tengan mucho poder. Y, claro, han tenido un presidente que los apoyaba mucho, que nombró a gente con esas ideas para puestos importantes. Pero si usted pregunta en Estados Unidos cuál es el grupo religioso con más influencia, entre la gente de la universidad, el Gobierno y los negocios, nadie señalará a los cristianos conservadores, sino a los judíos, ésos sí tienen mucha influencia.
Todos los judíos: ni siquiera los judíos religiosos, o de posiciones religiosas conservadoras (al menos entre los cristianos, por lo que se ve, el neodarwinista y el periodista distinguen entre conservadores y liberales: pero, por lo que se ve, los judíos son todos iguales), ni siquiera el lobby pro-israelí, muchas veces eufemístico pero tan socorrido tras el libro célebre y sobradamente refutado de Walt y Mearsheimer, ni siquiera distingue entre judíos religiosos y no religiosos (mayoría entre los científicos); quizá, cuando dice religioso quiere decir étnico: cuando dice que los judíos (“ésos”) controlan la universidad y el Gobierno y los negocios de Estados Unidos: sólo le falta citar Los protocolos de Sión.
En 2007, el 78,4 % de los estadounidenses se identificaba como cristiano (diferentes formas de protestantismo representaban el 51,3 %; la confesión individual con más miembros era el catolicismo: 23,9 %). Los judíos representaban el 1,7 % de la población, más que los budistas (0,7 %), los musulmanes (0,6 %) o los hinduistas (0,4 %). Los ateos y agnósticos representaban un 16 % de la población.
ESCRITORES Y NOTICIAS

1.
-Ramin Jahanbegloo: “Una elección antiliberal”
-Anoush Ehteshami: “Una victoria implausible”
-Nazenin Ansari: “Seis factores, cuatro preguntas”
-Onid Memarian: “Un círculo de fraude”
-Grace Nasri: “Un mensaje a Occidente”
-Nasrin Alavi: “¿Lo diré?
Seis intelectuales iraníes hablan de las elecciones.
2.
Cuentos de escritores del Este de Europa para celebrar el aniversario de la caída del muro de Berlín.
3.
Una edición de Haaretz escrita por escritores y poetas.
4.
Una entrevista con el nuevo editor de Granta, John Freeman, y la editora en jefe Rosalind Porter.
5.
6.
Aquí pueden verse algunas de las bibliotecas más hermosas del mundo.
He tomado la imagen de la biblioteca del Trinity College.
HITCHENS: LA RELIGIÓN Y OBAMA

Christopher Hitchens ha escrito:
“Hay una conexión fascinante entre lo que dijo el presidente Barack Obama sobre los velos para las mujeres en su discurso del 4 de junio en El Cairo y el debate sobre los detenidos liberados de Guantánamo que se han encontrado, o encontrado de nuevo, en las filas de los Talibanes y Al-Quaeda. No intentes adivinarla, sigue leyendo, por favor.
Desde que el anterior vicepresidente Dick Cheney sacó el máximo provecho del titular del New York Times del 21 de mayo, utilizando las estadísticas del Departamento de Defensa para sugerir que uno de cada siete graduados de Guantánamo había ‘regresado al terrorismo o la actividad militante’, ha habido una gran discusión sobre si eso es cierto y por qué. ¿Podría ser, por ejemplo, que un inocente que ha pasado por la experiencia de Guantánamo se ‘radicaliza’ y decida unirse a las filas de la yihad por primera vez?
Esta explicación es sin duda inválida para varios de los reincidentes que han sido positivamente identificados: conocemos el pasado y el presente de algunos de esos personajes. En mi propia visita a Guantánamo, me dieron una lista –que sólo contenía 11 nombres, eso sí- de ex militantes talibanes como Abdullah Mehsud, detenido en febrero de 2002 y liberado en marzo de 2004, que más tarde prefirió matarse antes que rendirse a las fuerzas de seguridad pakistaníes. Si es una ofensa para la justicia encerrar a gente que ha podido ser víctima de identificaciones erróneas o vendettas de otras facciones, también es una ofensa para la justicia liberar a asesinos psicópatas que creen que tienen permiso divino para arrojar ácido en las caras de las chicas que quieren ir a la escuela.
Sin embargo, si pensamos que sería posible o probable que un hombre mutase en ese monstruo tras vivir la experiencia de Guantánamo, puedo sugerir una razón. Nada me había preparado para ver cómo las autoridades del campo han permitido que los creyentes más extremos de entre los detenidos fueran los organizadores de la rutina diaria de los prisioneros. Imagina que fueras una persona secular o no fanática, atrapado por error en esa red; aún así, estarías obligado a rezar cinco veces al día (a los guardas no les está permitido interrumpir), a tener un Corán en tu celda, y comer comida preparada según las normas del halal (o sharia). Supongo que podrías pedir abstenerte, pero, en ese caso, no apostaría mucho por tus posibilidades. Los oficiales a cargo estaban tan contentos por esta habilidad para mostrar su extrema amplitud de miras en lo que respecta al Islam que parecían casi heridos cuando les pregunté cómo justificaban el uso del dinero de los contribuyentes para crear una institución dedicada a la práctica ferviente de la versión más extrema de una sola religión. A la enorme lista de razones para cerrar Guantánamo, añade esta: es una madrasa pagada con dinero público.
La misma quasi-masoquista insistencia en tomar la norma como extremo estaba presente en el discurso que pronunció tan suavemente Obama en la capital egipcia. Parte de lo que dijo era bienintencionado y desinformado. Estados Unidos no debería haber derrocado el gobierno electo de Irán en 1953, pero cuando lo hizo, usó mulás y ayatolás sobornados para agitar el sentimiento anticomunista contra un régimen secular. El tratado de Trípoli de 1796 de la administración de John Adams proclamó que Estados Unidos no tenía ningún problema con el Islam como tal (y, aún más importante, que Estados Unidos no era en sí una nación cristiana), pero el tratado no logró que los estados del norte de África invocaran el permiso del Corán para secuestrar y esclavizar a esclavos en alta mar, y por eso Thomas Jefferson se vio más tarde obligado a mandar una flota y los marinos para derribar el comercio. Uno espera que Obama no prefiera a Adams frente a Jefferson en este aspecto.
Cualquier persona con la menor pretensión de conocimiento cultural sabe que no hay un lugar o una cosa que sea ‘el mundo musulmán’ o, más bien, que consiste de muchos lugares y cosas. (El objetivo de los yihadistas es precisamente ponerlo todo bajo un mando preparatorio antes de hacer del Islam la única religión mundial.) Pero Obama no dijo nada sobre el cisma entre los suníes y los chiíes, o sobre el debate del sufismo, o sobre las formas de adoración y práctica ahmadíes e ismaelíes. Todo se concedía a la umma: la noción altamente ideológica de que una persona se define en primer lugar y sobre todo por su adherencia a una religión y que todos los conceptos de ciudadanía y derechos toman una segunda posición con respecto a este dictado teocrático. Nada puede ser más reaccionario.
Toma el único caso en el que nuestro presidente abordó el hecho más conocido del ‘mundo’ islámico: su tendencia a convertir a las mujeres en ciudadanas de segunda categoría. ¡Mencionó esto sólo para decir que ‘los países occidentales’ discriminan a las mujeres musulmanas! ¿Y cómo se impone esta discriminación? Limitando el uso del velo o hiyab (una palabra que Obama pronunció como hayib –imagina el escándalo si lo hubiera hecho Bush). La implicación evidente era un ataque a la ley francesa que prohíbe los símbolos religiosos en escuelas públicas. De hecho, al día siguiente Obama lo expresó de forma aún más explícita en París. Cito un excelente comentario de Karina Bennoune, una profesora de origen argelino-estadounidense, visitante en la Facultad de Leyes de la Universidad de Michigan, que dice:
Acabo de publicar un estudio entre mucha gente de origen musulmán, árabe y norteafricano que apoya la ley de 2004 que prohíbe los símbolos religiosos en escuelas públicas, que consideran un despliegue necesario de la ‘ley de la República’ para contrarrestar la ‘ley de lo hermanos’, una regla informal impuesta antidemocráticamente sobre muchas mujeres y chicas en barrios y en casa por los fundamentalistas.
(Pincha aquí para conocer más trabajos de Bennoune.)
Pero Obama no tenía nada que decir a las mujeres obligadas a vestir según los requisitos de otros, como si el único ‘derecho’ aquí fuera el derecho a obedecer una instrucción que, de hecho, por si importase, no está en el Corán. En Turquía el velo está fuera de la ley en algunos contextos. ¿Eso es también islamofobia? ¿El presidente cree que el velo y el burqa son complementos de moda que se eligen libremente? Esa clase de ingenuidad es preocupante, y significa que entre la audiencia musulmana global, la gente equivocada se estaba riendo de nosotros, y los que deberían ser nuestros amigos y aliados dejaban escapar una lágrima de decepción.”
En la imagen, Hitchens.
1984

1.
Hoy 1984 cumple 60 años. Un hermoso artículo sobre cómo se escribió.
2.
“Durante la mayor parte de su carrera [Orwell fue] un escritor con problemas económicos, que se ganaba la vida reseñando libros a una velocidad pasmosa, fue gradualmente reconocido, sobre todo tras la aparición de Homenaje a Cataluña en 1983, como un gran estilista de la prosa en inglés. Con la publicación de Rebelión en la granja –un libro que rechazaron varias editoriales inglesas importantes, porque no querían ofender al aliado soviético-, Orwell se convirtió en un nombre de referencia.
Después su influencia creció y creció, así que poco después de su muerte ya se había convertido en un fenómeno. ‘En la Gran Bretaña de los años 50’, se lamentó una vez el crítico cultural Raymond Williams, ‘en cada carretera por la que avanzabas parecía esperarte Orwell. Si intentabas desarrollar una nueva forma de análisis cultural, aparecía Orwell; si querías hablas del trabajo o la vida corriente, ahí estaba Orwell; si te involucrabas en cualquier tipo de debate socialista, la enorme estatua de Orwell te advertía para dar la vuelta’. En cierto modo el increíble éxito póstumo de Orwell parece uno de los episodios más originales de la vida cultural en Occidente.
No era, como señaló Lionel Trilling, un genio; no era misterioso; había servido en Burna, lavado platos en un hotel de París, y luchado nos pocos meses en España, pero esto no configura una vida aventurera; la mayor parte del tiempo vivió en Londres y escribió reseñas de libros. Su éxito le parecía tan raros a algunos que hay incluso un libro, George Orwell: the Politics of Literary Reputation, que intentaba llegar al fondo del asunto.
Cuando vuelves a sus ensayos de los años 1940, el misterio se evapora. Probablemente no podrías escribir ahora así, aunque aprendieras el oficio: la voz parecería impostada, tras Orwell. Pero no hay nada impostado aquí, y parece hablar, pese a la especificidad de los asuntos que aborda, directamente al presente. En su voz clara y fuerte oímos una advertencia. Porque nosotros, también, vivimos en un tiempo en el que la verdad desaparece del mundo, y exactamente de la forma que temía Orwell: a través del lenguaje. Nos movemos por el mundo nombrando cosas en él, y explicamos el mundo por medio de frases e historias. La lección de esos ensayos es clara: mira a tu alrededor.
Describe lo que ves como un observador ordinario –porque eres uno de ellos, ya lo sabes- lo verías. Tómate las cosas en serio.
Y di la verdad.”
3.
Christopher Hitchens, en La victoria de Orwell:
“En los últimos meses del siglo XX, me las ingenié para obtener un visado para Corea del Norte. Con frecuencia señalada como ‘el último estado estalinista del mundo’, de la misma manera podría describírsela como el Estado estalinista prototípico del mundo. Fundada bajo la protección de Stalin y Mao, y hecha todavía más hermética y provinciana por el hecho de que una península dividad, por así decirla, ‘la encerraba’, la República Popular Democrática de Corea seguía exhibiendo las siguientes características a fines del año 2000. En cada edificio público, una inmensa fotografía del ‘Gran Líder’ Kim Il Sung, el hombre muerto que todavía detenta el rango de presidente en lo que uno podría, por lo tanto, denominar una necrocracia o mausocracia. (Todos los otros puestos importantes están ocupados por su hijo ‘El Querido Líder’ Kim Jong Il; ‘El Gran Hermano’ también era una perversión de los valores familiares.) Los niños marchaban en formación hacia la escuela, entonando canciones de alabanza al antes mencionado Querido Líder. En todos los hogares se exhibían fotografías del Líder. Un alfiler prendido en la solapa con los rasgos del Líder era un accesorio obligatorio para todos los ciudadanos. Había altavoces y aparatos de radio que tronaban con constante propaganda sobre el Líder y el Partido. Como se trataba de una sociedad interminablemente movilizada para la guerra, su propaganda era histérica y –en referencia a los extranjeros y a las potencias extranjeras- intensamente chauvinista y xenófoba. Una total prohibición de noticias con el exterior o cualquier contacto con otro país. Una absoluta insistencia, en todos los libros y publicaciones, en una visión unánime de un pasado sombrío, un presente combativo y un futuro radiante. Reiterados boletines de noticias absolutamente falsas sobre exitosas pruebas militares y magníficos objetivos de producción. Una omnipresente atmósfera de escasez y hambre, aliviada sólo con los alimentos más elementales y limitados. Una arquitectura grandiosa y opresiva. Un continuo énfasis en los deportes masivos y los ejercicios en masa. Una aparente represión total de todas las cuestiones conectadas con la libido. Periódicos son noticias, tiendas sin mercancías, un aeropuerto casi sin aviones. Un vasto nexo de túneles debajo de la capital, conectando los diferentes búnkers del Partido, de la policía y los militares”.
4.
Corea del Norte condena a 12 años de trabajos forzados a dos periodistas estadounidenses.
Apagones y medidas drásticas en Cuba contra los derrochadores.
5.
Sobre el lenguaje y la política, Orwell escribió en Politics and the English Language: “El estilo inflado es una forma de eufemismo”. Hoy, durante toda la mañana, El País contaba así que el Partido Socialista ha perdido las elecciones europeas: “El PP, inmune a la corrupción”.
He tomado la imagen de Orwell aquí.
NICK COHEN: LA LIBERTAD, LA JUSTICIA Y LA CIENCIA

“Esta semana, Simon Singh, uno de los mejores escritores de ciencia de Gran Bretaña, decidirá si quiere seguir interpretando una versión diabólica de ¿Quiere ser millonario? Ya ha perdido 100.000 libras defendiendo su derecho a hablar con franqueza. Podría irse. Nadie le consideraría peor si lo hiciera. O podría seguir y arriesgarse a perder un millón atrapado en el mundo rapaz del sistema judicial inglés, que siempre parece dispuesto a inclinarse ante las exigencias de los millonarios saudíes del petróleo, de los oligarcas rusos y los amigos de Saddam Hussein, que piden censurar a los críticos y castigarles con daños asombrosos y tarifas legales.
Parece que no hay elección. Cualquier amigo le diría a Singh que rompiera sus lazos y corriese. Pero si se girase hacia el público, escucharía a los científicos gritar, pidiéndole que vaya al Tribunal de Apelación y desafíe una opinión que amenaza la discusión robusta de la que dependen las sociedades abiertas. Va a arrancar campaña de defensa nacional. En un encuentro preliminar, una multitud lo aclamó como campeón de la libertad de expresión.
En realidad, es un guerrero improbable. Singh es un hombre serio y amistoso, cuyos textos sobre la resolución del último teorema de Fermat o el desciframiento de códigos le granjearon aplauso y no provocaron polémica. El año pasado publicó Trick or Treatment? [¿Tratamiento o truco?] junto al profesor Edzard Ernst, sobre la fiabilidad de la medicina “alternativa”, y dedicó un capítulo a la extraña historia de los tratamientos quiroprácticos. Un tal Daniel David Palmer inventó la terapia en Davenport, Iowa, en 1895, cuando quedó convencido de que había curado la sordera de un portero estirándole la espalda.
Inspirado por este milagro, Palmer desarrolló la teoría de que ‘el 95 % de todas las enfermedades están causadas por vértebras desplazadas’ en vez de, por ejemplo, los gérmenes que molestaban tanto a los médicos convencionales de la época. La terapia quiropráctica era la nueva religión, declaró Palmer, y él era sucesor de Cristo, Mahoma y Lutero. En casa, practicaba estiramientos sobre sus hijos.
Su hijo, Bartlett, describía cómo le pegaba con ‘correas hasta que llevábamos marcas, por lo que Padre era a menudo arrestado y pasaba noches en la cárcel’.Bartlett compró el primer coche que Davenport había visto y se vengó de su padre atropellándolo en el día del Desfile de la Escuela Palmer de Quiropráctica.
Palmer murió de sus heridas pocas semanas después, pero sus ideas le han sobrevivieron. En 2008, la Asociación Quiropráctica Británica (BCA, por sus siglas en inglés) anunció que sus miembros podían tratar a niños con cólicos y problemas de sueño y alimentación, de frecuentes infecciones de oído, de asma y de lloros prolongados. En The Guardian, Singh dijo que eso era “falso”. Los tratamientos quiroprácticos pueden aliviar los dolores de espalda, pero el profesor Ernst había examinado 70 procesos y no encontró pruebas de que pudieran aliviar otras enfermedades.
Singh no es un escéptico solitario. Hace unas semanas, la Autoridad para los Estándares en Publicidad confirmó una queja contra un quiropractor que aseguraba que podía tratar a niños con cólico y dificultades de aprendizaje. Sin embargo, la BCA la tomó con Singh y me dijo que hay ‘numerosos documentos que demuestran la eficacia de los tratamientos quiroprácticos’.
Muy bien, podrías pensar. Respetables autoridades médicas podrían evaluar las pruebas y decidir si los tratamientos funcionan o no. En lugar de discutir ante el juez de la opinión informada, sin embargo, la BCA acudió a los tribunales por libelo y consiguió un fallo del juez Eady que convirtió el deseo de Singh de comprobar las afirmaciones de los quiropractores prácticamente imposible. Como Singh usó la palabra ‘falso’, el juez dijo que tenía que probar que los quiropractores sabían que el tratamiento no tenía valor pero ‘deshonestamente lo presentaban a un público confiado y acaso en algunos aspectos vulnerable’.
El cultivado juez no parecía entender que lo peor de los engañados es que creen realmente cada palabra que dicen. Según la lógica de Eady, un escritor que condena como ‘falsa’ una afirmación neonazi que asegura que una conspiración judía controla la política exterior estadounidense podría defenderse con éxito si los abogados dicen que los neonazis creen sinceramente que sus teorías de la conspiración se corresponden con la realidad.
Las consecuencias de soltar la ley del libelo en el terreno del debate científico son horrendas. La ciencia procede por la evaluación de los pares. Los colegas de un investigador deben someter sus ideas a escrutinio sin temer las consecuencias. Si piensan que pueden perder sus casas y ahorros en los tribunales por libelos, sin embargo, se echarán atrás.
Los terapeutas alternativos no son los únicos que responde a sus críticos con abogados. NMT, un gigante de la salud estadounidense, ha demandado a un médico británico por cuestionar uno de sus tratamientos.
Tras la sentencia del caso Singh, el lobby Sentido Sobre la Ciencia teme que la presión comercial para impulsar nuevos tratamientos lleve a las compañías a acallar a los escépticos con mandatos judiciales y ponga la salud pública en peligro.
Observar los recientes casos de libelo ha sido como escuchar rumores sobre los gastos parlamentarios. Durante años, me he preguntado qué le hace falta a un escándalo rechazado para convertirse en indignación pública. Después de que Eady ordenase la censura del libro de un autor de Nueva York sobre el terrorismo, que ni siquiera había sido publicado en el Reino Unido, el Congreso de Estados Unidos empezó a perfilar una ley que garantizará que las sentencias inglesas por libelo no tendrán validez en América. La ONU ha condenado la práctica de los jueces de dar la bienvenida a ricos turistas de libelo de todo el mundo a sus hospitalarios tribunales, y ha urgido a Gran Bretaña a permitir la libertad de expresión en asuntos de interés público.
En la Cámara de los Comunes, parlamentarios han criticado el absurdo de un sistema legal que obliga a un periódico danés a pagar cien mil libras por cuestionar las prácticas financieras del banco islandés Kaupthing, que se hundió seis meses más tarde, con el resto de la economía del país.
Ninguna de sus peticiones desesperadas ha llevado al gobierno o convencido a los jueces de la necesidad de la reforma. Quizá lo haga el caso Singh.
Si continúa con una apelación esta semana, blogueros, universitarios y las filas de los científicos están preparados para unirse a él. Han entendido lo que todavía muchos no han llegado a comprender: la gran amenaza de la libertad de expresión en Gran Bretaña no es el estado, ni los servicios de seguridad o los barones de la prensa, sino un rancio y antiliberal sistema legal que se ha convertido en una amenaza pública”.
HURACANES, CRÍMENES Y CARTAS

1.
“Cualquiera de los que se sientan desanimados y digan: ‘Oh, nadie lee’ puede entrar en 826 cualquier tarde. No hay pantallas, todo es papel, estudiantes trabajando codo con codo concentrados en su trabajo, escribiendo algo, pensando que lo que hacen puede publicarse. Lo ponen en la página y piensan: ‘Bueno, si esta persona que trabaja a mi lado se preocupa tanto por lo que escribo, y si van a publicarlo en la próxima antología o periódico o lo que sea, voy a trabajar mucho más’. Y mientras tanto, leen más de lo que yo leía a su edad.
¡Nada ha cambiado! La palabra escrita –el amor hacia ella y el poder que tiene- no ha cambiado. Es una cuestión de criarla, de fertilizarla, de no abandonarla, y de fe. No te vengas abajo. Tengo una dirección de e-mail deggers@826national.org-si queréis apuntarla. Si alguna vez te sientes bajo, si te desesperas, si alguna vez piensas que la edición se muere o que la imprenta o los libros o los periódicos (el próximo número de McSweeney’s será un periódico. Sale en septiembre). Si tienes dudas, mándame un email, y te animaré y demostraré que estás equivocado".
2.
Perspectivas sobre la edición.
3.
Nuevos números de The Nation y Bookforum.
4.
Un artículo sobre los ayudantes europeos de Hitler:
“Desde 1945 los países invadidos y saqueados por los ejércitos de Hitler se han visto como víctimas –como sin duda fueron, con enormes cantidades de muertos. Eso hace que sea aún más doloroso conceder que muchos compatriotas ayudaron a los criminales alemanes. Según el historiador estadounidense Raul Hilberg, los letones tuvieron la mayor proporción de colaboracionistas de los nazis. Los daneses estaban en el otro extremo de la escala. Cuando la deportación de los judíos estaba a punto de comenzar en Dinamarca en 1943, una gran parte de la población ayudó a los judíos a escapar a Suecia o los ocultó. El 98 % de los 7.500 judíos de Dinamarca sobrevivió. En cambio, sólo el 9 % de los judíos holandeses sobrevivió.
(...) Hay pruebas que desafían la noción ampliamente aceptada de que la población fue obligada a ayudar a los alemanes a cometer sus crímenes. Es cierto que los ayudantes locales arriesgaron su vida al negarse a ayudar a los ocupantes alemanes. Eso se aplicaba a las unidades de policía y a los funcionarios en la Europa occidental ocupada, al igual que en el este. Pero también es cierto que en muchos lugares la gente se prestó voluntaria para servir a los alemanes o participar en crímenes sin que los obligaran.
También está el argumento recurrente de que los gobiernos de países que se aliaron con Hitler no tenían otra opción que entregar a ciudadanos judíos a los alemanes. Eso no es verdad. Los países balcánicos en particular entendieron rápidamente lo importante que era “la solución al problema judío” para Hitler y sus diplomáticos, e intentaron obtener el mejor beneficio posible de su complicidad.
Hay también razones para dudar de que los ayudantes fueran sádicos patológico. Si fuera cierto, serían fáciles de identificar, por ejemplo en el grupo de 50 lituanos que sirvieron en el comando del Obersturmbannführer (teniente coronel) de las SS Joachim Hamann. Los hombres iban a los pueblos hasta cinco veces por semana para matar judíos, y acabaron matando a 60.000 personas. Con unas cajas de vodka bastaba para ponerles de humor. Por la tarde volvían a Kaunas y presumían de sus crímenes”.
5
David Simon, el creador de The Wire, prepara una serie sobre el huracán Katrina.
He tomado la imagen del Katrina aquí.
VISITAS

1.
Los ejércitos, de Evelio Rosales, traducido por Anne McLean, gana el Independent Foreign Book Prize.
2.
El 23 de abril de 2009, un tribunal federal de la provincia de Daguestán, en el sur de Rusia, dictó una sentencia sin precedentes, que obliga a un periodista de un periódico local a pagar una compensación equivalente a 1.000 dólares estadounidenses a un autor cuya obra de ficción fue reseñada en la sección de libros del periódico. La sentencia argumenta que el autor y su familia experimentaron un grave sufrimiento mental y que su reputación profesional fue dañada por la reseña. El escritor afirmó que tras leer la reseña, experimentó dolores de pecho, en la cabeza e hipertensión. Pedía que le pagaran 150.000 dólares. Ambas partes quedaron insatisfechas con la sentencia y expresaron su intención de apelar.
Observadores han comentado que esta sentencia crea un precedente muy peligroso, y que abre el camino a demandas basadas en una opinión subjetiva. Algunos han sugerido que si se puede demandar a un crítico, un lector al que no le gustó el libro puede también demandar al escritor.
3.
Escribe Andrew Lycett, que ha escrito una biografía de Arthur Conan Doyle:
“¿Cómo pudo Conan Doyle, un médico formado en el razonamiento empírico en la Universidad de Edimburgo, y creador de un detective súper-racional, caer en todas esas tonterías? Su apoyo al espiritismo dio crédito a algunos de los fraudes más escandalosos perpetrados sobre gente que intentaba desesperadamente contactar con los seres queridos a los que habían perdido en la Primera Guerra Mundial. En su deseo de probar la existencia de espíritus, promovió lamentablemente a dos chicas, que, por hacer una broma, aseguraron que habían fotografiado a las hadas de Cottingley. (...)
Pese a todo su compromiso con el espiritismo, Conan Doyle, que habría cumplido 150 años el 22 de mayo, fue lo bastante astuto como para no comprometer con él la credibilidad de Holmes. Ante pruebas posibles de lo sobrenatural en La aventura del vampiro de Sussex, el gran detective dice: ‘Este agente tiene los pies en el suelo, y allí debe permanecer. El mundo es lo bastante grande para nosotros. La intervención de los fantasmas es innecesaria’.”
4.
En defensa de la Constitución, dos guardias civiles llevan la Virgen del Pilar a los tribunales.
5.
6.
Mark Fitten visita 100 librerías independientes y abre un blog para contarlo.
En la imagen, Arthur Conan Doyle.
MEDIOS Y ADIVINOS

Este mes se ha celebrado en la Estación Delicias de Zaragoza la Feria Esotérica Alternativa. Una de las organizadoras declaró a la prensa “en este lugar hay 11 pirámides, tiene que haber energía positiva”, que “estamos en un momento de miedos, de crisis… Nosotros [especialistas en tarot, amuletos o terapias alternativas] ponemos nuestro granito de arena para solucionarlo”, y que no cerraban al mediodía porque “es mejor no cortar la energía”.
Las instituciones y las empresas públicas no deberían prestar o alquilar sus instalaciones a los adivinos, tarotistas o curanderos. Los medios que defienden la democracia, la razón, el rigor y el conocimiento a partir de la experiencia no deberían dar espacio a gente que hace propaganda de cosas que no existen ni a la estafa basada en la venta de cosas que no existen.
El supuesto incremento –muchas veces no demostrable- del negocio esotérico por la crisis ha aparecido sin parar en los periódicos y en las televisiones públicas y privadas en los últimos meses. A diferencia de lo que ocurre con las drogas (que están prohibidas, pero al menos tienen efectos reales, incluso beneficiosos) o con las noticias apocalípticas y condenatorias que hablan sobre el consumo de alcohol o de tabaco (que no están prohibidos, pero despiertan encendidas alarmas), esos reportajes tienen un aire de periodismo de color, de noticia pintoresca, y a menudo de cierta fascinación supersticiosa.
Los adivinos, los tarotistas o los vendedores de terapias seudocientíficas no deberían tener ningún apoyo de los medios de comunicación: al contrario, mientras no se demuestre la veracidad de lo que dicen –y ellos tienen la carga de la prueba-, no hay ninguna razón para creer en ellos: sus afirmaciones deberían examinarse escrupulosamente; habría que denunciar fieramente sus mentiras. Y la justicia debería vigilar posibles casos de fraude. Empezando por el fraude fiscal.
Por otra parte, en ocasiones hay que cubrir un fenómeno religioso, porque es un acontecimiento importante que cuenta con muchos participantes, porque es una tradición cultural o porque resulta vistoso, pintoresco y tribal. En general, estas manifestaciones reciben más atención de la que merecen desde cualquiera de los dos primeros puntos de vista. Pero en cualquier caso los medios públicos de un estado aconfesional no deben suscribir la afirmación de que esos rituales tienen un efecto sobrenatural. No se debería decir, como ocurre a veces, que las romerías arreglan la sequía, o que la ayuda de una virgen cura enfermedades o garantiza buenas temporadas deportivas: quizá un medio distinto, que asumiera los postulados religiosos, tendría la opción de ser totalmente coherente y exigir el cese de la virgen en vez del del entrenador. (Aun así, como mínimo, yo preferiría la postura del sacerdote al que le preguntó la madre de un boxeador primerizo: “¿Rezará para que mi hijo gane mañana?”. Y él respondió: “Más le vale que aprenda a boxear”.)
La labor de los medios es contar lo que existe: lo que existe es el fenómeno de la creencia, la tendencia a la credulidad, y quienes se aprovechan fraudulentamente de ellos. Las terapias esotéricas no deberían gozar de complicidad en la prensa, que sólo debería tratarlas para denunciar sus abusos.
JON LEE ANDERSON ESCRIBE SOBRE IRÁN

Jon Lee Anderson ha escrito un reportaje sobre Irán. Aquí, una parte:
“Ahmadineyad es un chií, seguidor del duodécimo imán y un ferviente mahdista, lo que significa, en el moderno contexto iraní, que es el equivalente a un cristiano renacido. En la tradición chií, el duodécimo imán, al-Mahdi, desapareció en el siglo IX, oculto por Dios. Su regreso, junto con el de Jesucristo, anunciará un paraíso terrenal. (El Islam considera a Cristo como un profeta temprano.) Esto explica las evangélicas alusiones al “prometido” cuando se ha dirigido a la Asamblea general de Naciones Unidas. Su celo público le ha granjeado críticas de los iraníes, incluso de sacerdotes, uno de los cuales lo criticó por reclamar un vínculo especial con el imán oculto. En el desayuno al que asistí, Ahmadineyad se refirió a Mahdi como ‘el hombre perfecto’.
Un importante político iraquí que se ha encontrado con Ahmadineyad dijo que, en un encuentro en Teherán de hace dos años, Ahmadineyad prácticamente sólo habló de Mahdi. El político había oído que Ahmadineyad tenía un plan para construir una superautopista y punto de recepción en Teherán, con objeto de saludar la llegada de Mahdi.
El mentor spiritual de Ahmadineyad es el ayatolá Mesbah-Yazdi, líder de la ultraconservadora escuela Haqqani. Ha defendido la violencia política contra los moderados; miembros de la escuela han dicho que ellos prolongarían la fetua que en 1989 pedía la muerte de Salman Rushdie. En 2005, Mesbah-Yazdi ordenó a sus seguidores que votaran a Admadineyad –un movimiento polémico, ya que se supone que los clérigos deben abstenerse de adhesiones explícitas, aunque todo el mundo sabe lo que apoyan. (Cuando le pregunté a Shariatmadari, representatne de Jameini, si apoyaba la reelección de Ahamdineyad, sonrió y me dijo: ‘El Líder Supremo nunca revela por quién vota, ¡ni sus hijos lo saben!’). ‘Hay gente que piensa que el ayatolá Yazdi formó una especie de partido e instruyó a Ahmadineyad para que llegara al poder’, dijo Hojatoleslam Gharavian, un ayudante de Mesbah-Yazdi, cuando nos vimos en la ciudad sabrada de Qom. ‘No es cierto. Se acercaron porque pensaban de manea parecida.’
Gharavian recitó las virtudes de Ahmadineyad –su modestia, su patriotismo, su determinación de luchar contra la corrupción. Otro ayudante, un investigador religioso, contó la historia sobre cómo Ahmadineyad, cuando era alcalde, limpió una alcantarilla embozada con sus propias manos. ‘Como en Los miserables’, dijo. ‘La noticia se extendió por todas partes.’
Muchos iraníes cultos con los que hablé intentaron convencerme de que la posición de Ahmadineyad sobre el Holocausto era simplemente una cuestión de ignorancia. Pero en las altas esferas del régimen hay muchos que comparten o apoyan esas opiniones. El antisiionismo se convirtió en parte del discurso oficial tras la revolución islámica, y la comunidad judía de Irán, que incluía a unas ochenta mil personas en los años setenta, disminuyó hasta los veinte mil, porque muchos emigraron. Los judíos iraníes pueden practicar su fe, y los judíos están representados en el parlamento, pero, bajo Ahmadineyad, la antipatía hacia los ‘sionistas’ ha cambiado a algo mucho más feo.
La exhibición internacional de caricaturas del Holocausto se inauguró en Teherán en 2006. Muchas de las entradas mostraban a los judíos con narices grotescamente largas y curvas, o como nazis judíos. Visité la exposición y hablé con Shamaqdari, el asesor artístico de Ahmadineyad. ‘Lo que descubrimos, después de que más de cuarenta países mandaran sus contribuciones, es lo parecido que piensa la gente en todas partes’ Shamaqdari dijo. Me enseñó unas caricaturas que le gustaban. Mostraba el anuncio de de Hollywood, deletreado ‘Holocausto’.
Este enero, una semana después de la inaugración de Barack Obama, un congreso llamado ‘Holocausto: ¿Una mentira sagrada de Occidente?’ se celebró en Teherán. Ahmadineyad, en un saludo que mandó al congreso, dijo que los sionistas ‘habían atrapado a muchos políticos y grupos’. En otra declaración, añadió: ‘ocurrió un incidente llamado 11-S. No está claro quién lo llevo a claro, quién colaboró y quién limpió el camino. El acontecimiento tuvo lugar y, como en el caso del Holocausto, lo sellaron y se negaron a permitir que grupos de investigación objetivos descubrieran la verdad’.
Le pregunté a Thomas Pickering por qué Ahmadineyad había elegido ese momento para hablar tan provocativamente: ‘Creo que probablemente se sintió animado por el Papa’, contestó Pickering, refiriéndose a la noticia de esa semana de que Benedicto XVI había levantado una orden de excomunión a Williamson, un obispo británico que niega el Holocausto. (El Papa pidó al obispo más tarde que se retractara.)
Mohammad Ali Ramin asesora a Ahmadineyad en el Holocausto y se dice que ha dado forma a las opiniones del presidente sobre este otoño. Una mañana de este otoño, Ramin se reunió conmigo y un intérprete en el campus de la Universidad Mensaje de Luz, en Teherán, donde enseña Filosofía Comparada. Nos sentamos fuera, en una choza que tenía taburetes que parecían tocones. Ramón es un hombre delgado y cincuentón, inusualmente rubio para ser un iraní, con un pelo rubio que empieza a escasear y una barba rubia y recortada. Vivió y trabajó en Alemania varios años, aunque no quiso decir por qué.
Ramin explicó que la historia dominante del Holocausto era injusta. Occidente, dijo, había trasferido su ‘problema judío’ a Oriente Medio. ‘Pero parece que Estados Unidos y otros gobiernos occidentales decidieron finalmente librarse de los judíos’, dijo Ramin. ‘Al traer a Hitler, y al llevar a los judíos al mundo islámico, han creado una situación en la que los judíos serán destruidos. Han creado una situación en la que, puesto que matan palestinos, los judíos son más odiados que nunca’. Se puso las gafas y por primera vez me miró a los ojos. ‘Y por tanto puede ver que Israel ha sido creado para destruir no sólo a los musulmanes sino también a los propios judíos’.
Hacía frío, pero Ramin era reacio a llevarnos a su oficina. Finalmente, con aire infeliz, nos llevó, mirando a su alrededor mientras entraba. Al sentarnos frente a su escritorio, Ramin me explicó que los judíos habían llevado a cabo los ataques del 11 de septiembre. ‘Los sionistas han echado la culpa a los musulmanes para tener una excusa para atacar las naciones musulmanas’, dijo. Los judíos también habían ayudado a Nerón, y eso no había salvado al Imperio Romano del colapso.
Detrás del escritorio de Ramin había una gran estantería. Un par de fotografías atraparon mi atención. Una era de Imad Mugniyah, el líder de Hezbollah, muerto en la explosión de un coche bomba en Damasco, en febrero de 2008. La otra mostraba a un grupo de hombres, judíos ortodoxos, silueteados sobre un fondo amarillo. Trazos de escritura farsi recorrían en rojo la base de la fotografía. Cuando llamaron a Ramin para que acudiera a la puerta un momento, le pedí a mi intérprete que tradujera rápidamente las palabras. Dijo: ‘Dice: Tacaños, chupadores de sangre’.
Para muchos iraníes, el ascendiente de Ahmadineyad representaba la invencibilidad del dominio clerical y la derrota de los reformistas. ‘Ahora los reformistas tienen los pies en el suelo’, dijo Hamid Reza Jalaipur, un analista político y reformista religioso. ‘Ya no quieren traer en poco tiempo una democracia laica. Hay un nuevo pragmatismo’. Añadió, y con una risa amarga, dijo: ‘Entre los que quedan’.
Los iraníes siguen forzando las barreras en otras áreas que no son la política electoral, sobre todo en las artes. Vi una exposición de pintura de una joven, Sara Dowlatabadi, centrada en las ejecuciones en Irán, sobre todo de mujeres. El asesinato, la violación, el tráfico de drogas, la apostasía y la homosexualidad se castigan con la muerte. (No es que las prácticas sean escasas: se calcula que hay dos millones de adictos al opio y la heroína en Irán.) Hasta hace poco, los condenados eran ahorcados en público. En 2008, Irán ejecutó al menos a 346 personas (ocho de ellas menores), lo que lo sitúa en la segunda posición del mundo, después de China. (Estados Unidos fue quinto, con treinta y siete ejecuciones.) En julio, veintinueve presos fueron ahorcados en un solo día en la infame prisión de Evin, en Teherán.
Los cuadros de Dowlatabadi eran lienzos minimalistas que mostraban lo que parecían montones de nudos –que representaban a gente- colgando de cuerdas. Estaban intercalados con cuadros que aparentemente no tenían nada que ver con las ejecuciones. Luego supe que habían elegido esa disposición para evitar las posibles consecuencias de ser demasiado explícitos.
El miedo a las represalias está bien fundado. En 2003, Zahra Kazemi, una reportera gráfica irano-canadiense, fue arrestada cuando hacía fotos ante la prisión de Evin. Murió tras casi tres semanas de detención. Al principio, las autoridades dijeron que Kazemi había sufrido ‘un ataque’ y luego ‘una caída accidental’. Un médico del Ministerio de Defensa, que luego huyó a Canadá, dijo que había examinado a Kazemi cuatro días después de su arresto, que había sido violada y golpeada; le habían arrancado varias uñas y tenía el cráneo roto. En medio de un escándalo internacional, un agente de inteligencia fue acusado de su ‘homicidio casi intencional’. Fue absuelto cuando las autoridades declararon que la muerte de Kazemi había sido un accidente.
Evin está en un suburbio que limita con una zona popular de paseos y excursiones. Un amigo me llevó alrededor de sus murallas de ladrillo, bajo sus torres de vigilancia y sus altas luces amarillas. Es el centro de detención de cientos de prisioneros y el lugar donde se han producido masacres no reconocidas con miles de víctimas y fosas comunes.
Nasrin Sotoudeh es una de las pocas abogadas que defienden los derechos humanos que operan abiertamente en Irán. La visité en su pequeña oficina en un apartamento en Yousef Abad, la parte más vieja de Teherán. Sobre su mesa tenía una figura en bronce de la Justicia. Mientras nos sentamos, Sotoudeh se quitó el pañuelo que llevaba en torno a la cabeza. Es una mujer pequeña a mitad de la cuarentena, con pelo corto y oscuro y gafas. En su amorfo traje negro parecía una monja.
Una de las clientes de Sotudeh es una mujer que fue arrestada por asistir a una reunión sobre la Campaña del Millón de Firmas, una iniciativa que pedía que se revisaran algunas de las leyes iraníes que discriminan a las mujeres. La mujer fue sentenciada a recibir latigazos y pasar dos años y medio en prisión. Sotoudeh señaló que el sesenta por ciento de los estudiantes universitarios de Irán son mujeres, aunque legalmente el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre. A los nueve años las niñas están obligadas a llevar el hiyab, el velo islámico, y a partir de ese momento tienen responsabilidad penal. Los chicos, a partir de los quince.”
He tomado aquí la imagen de una ejecución en Irán.

