DONDE NADIE ESTÁ A SALVO

La vida de Humphrey Slater (1906-1958) se relaciona con muchos asuntos centrales de la primera mitad del siglo XX, y esa mezcla entre vida privada e historia aparece en ‘Los herejes’ (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2009) y ‘El conspirador’ (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2009). Slater, que se crió en Sudáfrica y empezó como pintor, se divorció cuando su mujer le obligó a elegir entre ella y el comunismo. Vivió en Berlín a principios de los años 30 y viajó a España para combatir el fascismo en la Guerra Civil. Estuvo en las Brigadas Internacionales y participó en las batallas del Jarama, Quinto, Belchite y Fuentes de Ebro. Aunque su desencanto con el comunismo se había gestado en España, en 1941 lo expulsaron del partido; ya formaba parte de un programa de entrenamiento de la Guardia Nacional para impedir una invasión nazi. Entre 1945 y 1947 editó la revista ‘Polemic’, donde colaboraron George Orwell, Bertrand Russell, Stephen Spender o Alfred J. Ayer.
En ‘La mentalidad soviética’ (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2009), Isaiah Berlin escribe: “La incapacidad de predecir los curiosos virajes de la línea oficial constituye un fracaso monumental para cualquier comunista. En el mejor de los casos, altera todos sus cálculos personales; en el peor, lo condena a la ruina máxima”. Ese es uno de los temas principales de ‘Los herejes’, una novela sobre el fanatismo que Slater publicó en 1947. La primera parte cuenta la historia de Simon, Paul y Elizabeth, tres niños que viven en Avignon en el siglo XIII durante la persecución de la Iglesia Católica a los albigenses. El resultado es una catástrofe social y un mundo en el que nadie está a salvo: los hijos denuncian a los padres y se persigue a los herejes, pero también a los que son blandos con ellos o a los que son sospechosamente duros.
La segunda parte transcurre en la Guerra Civil: Paul, Elizabeth y Simon son tres jóvenes ingleses que están en Málaga en 1936. En la misma ciudad está el coronel Córdova, fascinado por Elizabeth. Tras fracasar con ella y pasar la noche en un burdel, Córdova recorre el 18 de julio las calles de una ciudad conmocionada sin saber qué ha ocurrido: ve cadáveres en la calle, lo atacan unos obreros, dispara, se encuentra con una manifestación y ofrece sus servicios a la República. Slater describe las batallas, el temor y el desconcierto de los combatientes, y ofrece una perspectiva múltiple de la guerra en el bando republicano: la trayectoria de Córdova muestra la gestión militar del conflicto, desde el desorden inicial hasta las consignas de los asesores soviéticos y las opciones cuando la derrota parece inminente; el comportamiento heroico de Simon con las Brigadas Internacionales y su ortodoxia comunista le permiten entrar en el Servicio de Inteligencia Militar; Paul combate con las milicias en Aragón e intenta escapar cuando se desatan las purgas en la República; Elizabeth escribe crónicas, inicia una relación amorosa con Córdova, duda y viaja a Aragón en busca de su hermano.
‘Los herejes’ es una novela poderosa, que recoge muchos debates de la época y retrata la mentalidad totalitaria: en un momento desesperado de una batalla mal planificada, el comisario pide que se vincule el combate con “la cuestión política, más amplia, de la lucha contra el trotskismo”. Simon defiende ante Elizabeth el asesinato de supuestos “agentes de los fascistas”, entre los que en realidad hay muchos antifascistas; luego justifica el pacto entre Hitler y Stalin como “una cuestión de diplomacia práctica”. Elizabeth piensa que “la inhumanidad, el odio y la intolerancia constituían la base de los métodos políticos tanto de los fascistas como de Simon”. Aunque podrían haber aparecido por separado, entre las dos partes de ‘Los herejes’ hay paralelismos estructurales, pero el principal es temático: el retrato de una forma de pensar que atribuye intenciones deshonestas a toda crítica, y que resulta igual de peligrosa por su crueldad que por su arbitrariedad.
'El conspirador’ (1948) tiene algo de película de Hitchcock y de ‘Barba Azul’. Como en el cuento y en ‘Los herejes’, una mujer descubre la duplicidad de alguien próximo: Harriet, de 17 años, se casa con Desmond Ferneaux-Lightfoot, un hombre mayor de la Guardia de Granaderos. Lo que empieza como un idilio se transforma en una historia de sospecha conyugal y espionaje cuando Harriet descubre que su marido es un agente soviético, y cuando él y sus jefes descubren que lo sabe. Pese a su brillantez, el personaje del director Zabotkin, descompensa un poco un relato eficaz, donde funcionan bien la intriga doméstica, la desconfianza y terror de los espías -por el miedo a que los descubra su país o a que su empleador no los considere lo bastante leales-, y los protagonistas: Slater muestra sus contradicciones y crea personajes en dos novelas sobre ideas.
Esta reseña apareció en Artes & Letras de Heraldo de Aragón. En la imagen, el futuro editor de ’Polemic’ -una revista que Stephan Collini ha definido como "favorable a un racionalismo fresco y liberal, partidaria de la ciencia, hostil hacia las manifestaciones intelectuales del romanticismo y claramente anticomunista"- está en el centro.
UNA ENTREVISTA CON AYAAN HIRSI ALI

Han pasado cinco años desde el asesinato de Theo Van Gogh. Desde entonces, Ayaan Hirsi Ali, que escribió la película, tiene que vivir protegida a causa de las amenazas de muerte del fundamentalismo islámico, que quieren matarla por criticar el maltrato de esta religión a las mujeres (una curiosa forma de refutación). En los últimos tiempos, un fondo de donantes privados paga a los protectores de Ayaan Hirsi Ali. Tras sus libros Yo acuso, Mi vida, mi libertad –aquí una reseña,y aquí un artículo-, y Adán y Eva, que acaba de salir en España, en febrero publica Nomad.. Aquí hay una entrevista de Patt Morrison:
“¿Qué le pareció la visita de la Secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton a África?
Siempre me alegro cuando Estados Unidos muestra interés por África, aunque sea simbólico, y el suyo era en buena medida simbólico. Creo que Hillary Clinton continuará con la ayuda del Departamento de Estado a África. Pero muchos países africanos se enfrentan a la expansión del islam radical, lo que significa que Estados Unidos va a enfrentarse con otro problema de seguridad nacional. El dinero wahabí está en África. Están construyendo mezquitas muy rápido. Están introduciendo la sharia. Es un movimiento de base, y no vi que nadie hablara de él.
Cuando hablamos de las mujeres en África, ¿Estados Unidos utiliza demasiados de sus valores o demasiado pocos?
Hay muchas disculpas por lo que significa la libertad. En África, te dicen: ‘Oh, es nuestra costumbre. La poligamia es nuestra costumbre, la mutilación genital femenina es nuestra costumbre, son nuestros valores’. Y los europeos y los estadounidenses son muy tímidos y apologéticos, diciendo: ‘Vaya, lo siento mucho, es vuestra costumbre’.
Su propia abuela vigiló su mutilación cuando tenías cinco años, aunque su padre se oponía.
Por eso insisto por principio. Mi abuela estaba convencida de que hacía algo bueno. Lo hacía por amor. Se lo había hecho a todas sus hijas; se lo habían hecho a ella, y a su abuela. No sabía que fuera posible no estar, como ella decía, ‘limpia’. Sí la educación ayuda, pero todo tenía que ver con la convicción que tenía de estar haciendo lo correcto.
¿Algún país irá alguna vez a la guerra por la seguridad y los derechos de las mujeres?
Parece que no sucederá. Pero soy muy optimista. No sobre ir a la guerra, sino sobre la capacidad de los seres humanos para cambiar de opinión. Recuerde lo que ocurrió con el comunismo. El gran problema es definir la protección de los derechos de las mujeres como el gran problema del siglo XXI. Si el mundo hace eso, la desigualdad de las mujeres será como la erradicación del apartheid: la gente insistirá en que está mal, está mal, está mal, y así es como se producen los cambios.
¿Qué cambia a la gente?
Le daré un ejemplo. La mujer sudanesa que decidió llevar pantalones: cuando el mundo la apoyó, no se atrevieron a azotarla. Es este tipo de insistencia inflexible. El tráfico de seres humanos –chicas secuestradas y obligadas a ejercer la prostitución- es una explotación económica. Eso puede erradicarse yendo a por los traficantes, proporcionando educación y erradicando la pobreza. Donde se pone velo a las mujeres, donde se cortan sus genitales, donde hay ‘crímenes de honor’, donde la mitad de la población no puede salir sin un guardián masculino... Eso no sólo se puede abordar hablando de la pobreza. Tienes que enfrentarte a esos principios.
He hecho esta pregunta a otras feministas. ¿Por qué siempre son los derechos de las mujeres los que están sujetos a negociación?
Sí. ¿No es interesante? Las mujeres son principalmente oprimidas por sus padres, sus hermanos, sus suegras, sus abuelas, así que es la forma más íntima de opresión. Otra cosa: el feminismo occidental todavía define al hombre blanco como el opresor, pero ahora es el hombre marrón, el hombre negro, el hombre amarillo. Cuando les dices: ‘Dejad de oprimir a vuestras mujeres’, ellos responden: ‘No me impongas tu cultura’. Habría sido fantástico que, cuando el presidente Obama fue al Cairo, hubiera dicho: ‘Le hemos enseñado al hombre blanco que la intolerancia es mala, y la ha dejado, al menos en su mayor parte. Ahora la intolerancia se ejerce en nombre del hombre negro, del hombre amarillo, del hombre marrón, de cualquier color’.
¿Usted distingue entre islam moderado e islam radical?
Me niego a hacerlo porque uno produce el otro. Naces en la corriente principal del islam. Te enseñan: No cuestiones al profeta; todo lo que dice el Corán es cierto. Y después vienen los radicales y lo amplifican, construyen a partir de ahí. Así que es el llamado islam moderado el que debe enfrentarse al elemento radical. Los musulmanes tienen que cuestionar la infalibilidad del profeta Mahoma. Tienen que dejar de enseñar a los niños y a los jóvenes que todo lo que dice el Corán es cierto y debe ser tomado en serio. Lo puede ver en el mundo cristiano. Hay grupos de cristianos muy radicales que se niegan a cansar. Pero la mayoría ha decidido reformarse, introducir nuevos modos de mirar la Biblia y permitir la libertad de expresión y conciencia. Así que si la gente se aparta de las ideas radicales, no los matan, no los decapitan.
En unos tres años podrá optar a la nacionalidad estadounidense. ¿Cómo ve aquí la gente su ciudadanía, en comparación con otros países?
Creo que la situación en Estados Unidos es mucho más sana que la europea. Estados Unidos tiene la ventaja de que cuando te conviertes en ciudadano, prometes lealtad a una Constitución que habla de ideas y no etnias. Por eso, los americanos no se sienten tímidos a la hora de enseñar a nuevos estadounidenses por qué la ciudadanía es importante, por qué el patriotismo es importante, el orgullo por los Padres Fundadores. Es más fácil que sentirse orgulloso de la historia de Francia, por ejemplo.
Nuestro valor central es la tolerancia. A usted le preocupa que toleremos las cosas equivocadas.
Para formar una comunidad de personas libres, hay que defender la libertad con uñas y dientes, y para que este país conserve su vitalidad, hay que entender que la libertad es una institución muy, muy vulnerable. Es algo que tienes que seguir defendiendo, y la única forma de hacerlo es siendo intolerante con la intolerancia.
¿Los musulmanes estadounidenses son distintos de los europeos?
Veo una gran diferencia, y es económica. La mayor parte de los musulmanes que vienen a Estados Unidos tienen un nivel de educación más elevado de los que van a Europa, y más ingresos. Esto cambia mucho porque vienen más musulmanes a Estados Unidos. Estados Unidos no es un estado de bienestar. Los musulmanes americanos tienen que tener un trabajo. Los países europeos son estados del bienestar donde muchos pobres dependen del estado para sobrevivir. Eso es muy atractivo para los radicales. Espero que los musulmanes estadounidenses sean distintos. Pero eso no hace que Estados Unidos sea inmune al Islam radical.
En la Sun Valley Writers’ Conference, la escritora iraní-estadounidense Firooeh Dumas cuestionó su observación de que en el islam la subyugación de las mujeres es un mandato religioso y no cultural.
Dijo que ninguna de las cosas de las que yo hablaba tenía nada que ver con el islam, que yo simplemente proyectaba en el islam mis experiencias personales. Eso es algo que siempre me molesta. Dije que la ley de la sharia es ley islámica; se deriva del Corán. En todos los lugares donde se aplica, vemos cómo se trata a las mujeres. Firoozeh Dumas representa a una mujer ilustrada, culta, moderna, cosmopolita. La mayoría de la gente de origen cristiano de ese tipo no defiende el cristianismo del mismo modo que defienden en el islam la gente de origen musulmán.
¿Se considera atea?
¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios? Pertenezco al grupo que dice que el hombre creó a Dios. Me siento cómoda viviendo sin una fuerza exterior que me diga lo que tengo que hacer. Prefiero creer en los seres humanos.
¿Cómo se sitúa políticamente?
Mi posición política es lo que los estadounidenses llaman libertaria y algunos europeos liberal clásica. Aquí la palabra liberal [progresista] está secuestrada por gente que sólo se preocupa por el colectivismo. Pero, bueno, libertario también implica que no te importan las comunidades. Soy una luchadora radical por la libertad individual, una defensora de la libertad individual. Soy una universalista: creo que esos derechos y libertades son universales”.
En la imagen, Ayaan Hirsi Ali.
HITCHENS ESCRIBE SOBRE AFGANISTÁN

“Si llega alguna vez el momento en que veamos nuestra intervención en Afganistán como un fracaso humillante, puede que el pasado fin de semana pasado se identifique como uno de los momentos en que la calamidad se hizo irreversible.
En el preludio de las elecciones de 2004 en ese país, busqué en los lugares donde los habitantes locales estaban siendo instruidos en los principios y en la mecánica de la votación. Fue como ver como un capullo muy cerrado empieza a brotar. Funcionarios de diversas organizaciones internacionales esperaban, por ejemplo, atraer a un determinado porcentaje de las mujeres afganas para desafiar sus antiguos opresores y registrarse: las instalaciones se colapsaron por el gran número de mujeres que se presentaron espontáneamente. Los grupos minoritarios que habían sido despreciados y asesinados por los talibanes, como los hazara, una comunidad chiíta con algunos lazos a Persia, se estaban movilizando para registrarse. La prensa y la televisión, completamente nuevas para muchos afganos, mostraban escenas de la democracia y algunos debates útiles. En el mismo día de la votación, hubo alguna queja acerca de la tinta indeleble para las puntas de los dedos, que no earn tan indeleble, pero un gran número de personas desafiaron las "cartas nocturnas" de los talibanes y se puso fila al sol para emitir un voto. Ninguna imperfección de procedimiento podría destruir la impresión de que los afganos estaban adquiriendo la esencial idea de una elección libre y competitiva.
La farsa triste y repugnante del 20 de agosto casi ha eclipsado este recuerdo. Una ridícula república bananera produjo en la primera ronda un resultado que no resistía ni el examen más superficial. En la primera inspección de los centros de votación y las papeletas resultaba paródicamente fácil descubrir los centros de votación que no abrieron, pero registran índices de participación amplia, y los votos que había pasado directamente de la imprenta a los bolsillos del presidente Hamid Karzai y sus colegas - uno de los cuales Azizullah Lodin, repite como presidente de la absurdamente llamada Comisión Electoral Independiente de Afganistán.
Eso sería bastante malo, si no fuera por la complicidad cobarde de la misión de la ONU en Kabul. Se asignaron unos 200 millones de dólares del dinero de la comunidad internacional para garantizar que los afganos pudieran votar, pero cuando un gran número de ellos no supo o no pudo, mientras otros muchos lo conseguían cinco o seis veces, no hubo ninguna señal de alarma de los funcionarios de las Naciones Unidas responsables en Kabul. O tal vez debería reformularlo: uno de los agentes se quejó de que se había producido un a) fraude generalizado, y b) la connivencia del gobierno en el mismo y c) la indiferencia de las Naciones Unidas que ascendió a la complicidad. Fue Peter Galbraith, un diplomático estadounidense que era entonces el representante especial adjunto del secretario general de la ONU, esa figura brillante conocida en canciones e historias como Ban Ki-moon. Galbraith se quejó de que Kai Eide, el jefe noruego de la misión de la ONU, había mostrado indiferencia ante la flagrante parcialidad mostrada de las autoridades locales afganas que gastaban el dinero de las Naciones Unidas para comprar votos para su jefe. Eide a su vez se quejó a Ban, que inmediatamente correspondió despidiendo a Galbraith. Así pues, no se puede decir que ninguno de los involucrados en este fiasco y fiesta de la corrupción haya perdido su empleo. Sería casi cierto, sólo que quien dio la alarma fue despedido, como primera medida.
Poco importaría ahora si hubiera una segunda vuelta o no, o unas elecciones ‘controvertidas’: ningún afgano sensible puede creer que el proceso sea algo más que un apaño cínico. No es tan malo el reciente pisoteo del derecho de voto del pueblo iraní, pero se supone que tenemos un criterio algo más elevado que eso (y la simple comparación, por supuesto, muestra dónde andan las apuestas ).
Uno imagina que los talibanes apenas pueden creer su suerte. Se oponen al voto en principio, como algo anti-islámico, y se oponen especial y ferozmente al voto de las mujeres, pero no necesitan acentuarlo. Pueden ayudar a inflar el coro de cinismo y desprecio.
Las medidas del pánico propuestas para afrontar este resultado espantoso han sido a veces tan malas como el problema original. Admitiendo demasiado tarde y demasiado a regañadientes que el fraude necesitaba una segunda vuelta, Kai Eide nos enfrentó a una elección entre una apresurada segunda votación vigilada por los mismos corruptos o un retraso hasta que el pase el brutal infierno afgano –otro regalo gratis para las fuerzas de la ruina y el fanatismo. Algunos incluso propusieron un destartalado gobierno provisional entre Karzai y su rival principal, Abdulá Abdulá (es bonito que lo llamaran dos veces) Todo esto es un intento de evitar afrontar el dato evidente de que durante meses de este año, y con nuestro dinero, el pueblo afgano fue engañado y traicionado en el momento en que sus necesidades eran más urgentes.
Me pregunto qué dirán los grandes amigos de las moralmente infalibles Naciones Unidas. ¿Y cómo el Congreso, el Presidente de Estados Unidos y los líderes de otros países que han donado y patrocinado explican lo que ha pasado con los fondos que concedieron? He escrito docenas de veces sobre cómo ninguno de los supuestos paralelismos con Vietnam sirven (al-Qaeda una importación extranjera en Afganistán; ninguna amenaza del Vietcong a las ciudades de Estados Unidos; ya conoces el resto), pero hay una cosa que deshonró a Vietnam del Sur y es fundamental evitar en cualquier caso: el compromiso de las fuerzas estadounidenses con un gobierno que consigue haberse enriquecido y estar en bancarrota al mismo tiempo y que hace que su propio pueblo sienta ganas de escupir.”
ENEMIGOS DEL PUEBLO

Jonathan Yardley escribe sobre Enemies of the People, de Kati Marton:
“La familia sobre la que escribe Kati Marton es la suya. Periodista de televisión y radio en Nueva York moderadamente conocida y bien conectada, Marton nació en Hungría, y vivió sus primeros ocho años en el país bajo el régimen comunista del dictador Mátyás Rákosi. Nació en 1949; era hija de un prominente periodista húngaro, el corresponsal de Associated Press Endre Marton, y de su esposa Ilona, también periodista. Eran valientes que pagaron por su valor en prisión; sus dos hijas tuvieron que vivir con una familia ‘dispuesta a acogernos a cambio de una cantidad mensual’.
La historia de Marton, por tanto, habla de valentía, sufrimiento, supervivencia y justicia. La cuenta con una prosa directa y lúcida –un logro mayor si consideramos que el inglés no es su lengua materna- y con las emociones bajo control. No es una memoria de ay-qué-pena, de las que tanto abundan estos días, sino un informe bien redactado y casi clínico de cómo es vivir en un estado totalitario y lo que cuesta escapar de él. Es mucho menos una autobiografía de Marton que una biografía conjunta de sus excepcionales padres.
No la podría haber escrito hace un par de décadas, cuando Hungría seguía en la órbita de la Unión Soviética; no fue hasta más tarde que la ley húngara hizo posible para ella leer ‘los archivos de mi familia, que tenía la AVO –la temida policía secreta húngara- en sus archivos de Budapest’. Esos archivos, ‘que leí y traduje del húngaro, fueron mi fuente primaria para conocer los detalles precisos de los veinte años de vigilancia casi total del Estado del Terror sobre mi familia, y el tormento en prisión de mis padres’. Ella tenía sus propios recuerdos, y una memoria publicada por su padre (‘El cielo prohibido’, 1971), y otra inédita de su padre, pero los archivos de AVO fueron la clave para que este libro fuera posible.
Marton hizo su primera visita a los archivos de AVO hace varios años. Allí la recibió Katalin Kutrucz, directora del archivo, que sacó los ‘cientos de páginas de la vida de nuestra familia’ y, ‘leyendo mis pensamientos’, dijo: ‘Todo el mundo en tu círculo, al margen de que tus padres confiaran en ellos o no, informaba sobre ellos. Era así’. Era un estado que institucionalizó la delación como forma de vida:
El principal instrumento de sovietización era AVO, que informaba directamente a los servicios secretos de Stalin –NKVD y KGB. Establecido en septiembre de 1946 (en el mismo elegante palacio renacentista donde leí los archivos de mis padres), tenía 17 divisiones, cada una con una función especial. Todo el mundo sabía que el Ejército Rojo estaba tras el AVO, que era en efecto un Partido Soviético dentro del Partido Comunista Húngaro. Su principal característica, lo aprendí al crecer, era una brutalidad contra la que las acciones ordinarias políticas y diplomáticas eran inútiles. La División Uno tenía que infiltrarse y controlar la vida política húngara, a través de una vasta red de informadores, normalmente reclutados por medio de la intimidación. Típicamente, los objetivos eran sacados de la cama en mitad de la noche, y liberados con la condición de que se convirtieran en informadores. Entre ellos se incluía la mayor parte de mi círculo familiar inmediato.
Los Marton tenía un interés especial para el AVO por la elevada posición de Endre e Ilona en los círculos periodísticos de Budapest y porque tenían relación con mucha gente de la delegación estadounidense. Endre era un ‘corresponsal completamente acreditado, a tiempo completo, de la AP’, mientras que Ilona tenía ‘un puesto similar en la rival Unitd Press’. ‘Mi madre era una observadora aguda y una comentarista ingeniosa’ pero ‘no era escritora’, así que, ‘aunque no lo sabían, mi padre informaba tanto para la AP como para la UP’. Ambos habían ‘sobrevivido a los nazis por los pelos’ en la Segunda Guerra Mundial, pero la experiencia no los había intimidado:
Cuando los comunistas se hicieron con Hungría, mis padres se aliaron abiertamente con el nuevo enemigo: los estadounidenses. ¿Cómo podían correr riesgos así? Habiendo superado a los nazis, ¿tenían una sensación de inmortalidad? ¿O sólo querían volver a disfrutar de la vida? Todavía no tenían cuarenta años, estaban llenos de vitalidad, y repentinamente requeridos por diplomáticos y periodistas británicos y estadounidenses que habían ido a ver la sovietización de esta desdichada esquina del este Europa Central. Tener unos amigos tan ‘poderosos’ pudo dar a mis padres una sensación de inmortalidad. Tras el estigma de ser judíos en una sociedad antisemita, debió ser un bálsamo.
Eran buenos en lo que hacían. ‘Tu madre y tu padre eran indispensables’, le dijo a Marton un periodista estadounidense. ‘Nos daban pistas que no teníamos. Eran un modelo de lo que eran los periodistas en circunstancias difíciles. Eran listos, y tenían encanto e integridad profesional. Teníamos un vínculo íntimo. Nos preocupábamos por ello. Estaban en arenas movedizas. Pero seguían informando’. Las arenas se volvieron más movedizas mientras el gobierno de Rakosi expulsaba gradualmente a todos los periositas occidentales, dejando a los Marton como única fuente fiable del mundo exterior para saber lo que sucedía en Hungría.
No es sorpende que a Rakosi y sus apparatchiks esto no les gustara nada. Se convencieron de que los Marton estaban involucrados en ‘actividades de espionaje de la embajada estadounidense’; el paso siguiente arrestar a Endre a principios de 1955 e interrogarle despiadadamente durante meses. Sin duda, había sido imprudente en algunos de sus tratos con los estadounidenses, pero no había hecho nada para traicionar a Hungría –de hecho era un húngaro apasionadamente patriota- y no era culpable de nada. Sin embargo, finalmente empezó a sentirse culpable de algo: ‘Este es el triunfo definitivo del totalitarismo: la víctima que busca culparse a sí mismo’.
La siguiente en ir a la cárcel fue Ilona. A su debido tiempo, la acusaron de ser ‘asesora permanente’ de los estadounidenses, y afrontó la ‘ridícula’ acusación de ‘hablar del precio de los huevos (y la carne) con los estadounidenses’, lo que constituía una ‘traición en la Hungría de Rakosi’. A Endre lo condenaron a seis años de cárcel; a Ilona a tres. Después, sin advertirle nada, a ella la liberaron y a él lo perdonaron, probablemente a causa de la intensa presión diplomática de Occidente. Se reunieron con sus hijas, reclamaron su viejo apartamento y fueron a trabajar, lo que en noviembre de 1956 significaba cubrir la desgarradoramente fracasada revolución húngara. El trabajo de Endre fue atrevido y brillante, y cuando la familia escapó a Estados Unidos un año después le dieron un ‘Premio George Pork por logros en el periodismo’. Fue el principio de una larga y exitosa carrera estadounidense con la AP: trabajaba fuera de Washington y vivía con su familia en Bethesda; todo este tiempo lo siguieron espiando el AVO y sus agentes.
Es una historia tremenda, y Marton la cuenta muy bien. Admira profundamente a sus padres pero no los idealiza o intenta explicar su gusto por el riesgo. No sabe si a ellos les gustaría el libro –no les gustaba que contaran sus secretos-, pero seguramente el lector sentirá, como yo, que es un poderoso tributo”.
Aquí, la reseña del Alan Furst en el New York Times.
He tomado la imagen aquí. Kati Marton está en el centro, junto a su madre y su hermana.
HUMO

1.
Después de que una comisión del Ministerio de Cultura diera la calificación X a la película Saw VI, supongo que como siempre para protegernos, El País se pregunta si el cine de terror es malo para la salud:
El psicólogo Luis Muiño, experto en cine, tiene su opinión muy clara: "Yo creo que el impacto psicológico de una película debería medirse a través de las narrativas que trasmite y cómo enfoca las relaciones entre las personas. Hay películas que aunque son duras funcionan bien a nivel psicológico porque difunden narrativas sanas. Ciudad de dios, por ejemplo, es una película dura y muy realista pero que difunde una narrativa sana: se puede salir de la cadena de la violencia. Yo vi un trozo de la primera entrega de Saw y me pareció una película insana. Transmite una narrativa sádica y pretende hacer negocio a partir de fomentar una forma de afrontar los problemas brutalmente insana. No hay que engañarse. No es arte. Lo que va a ocurrir al darle la categoría X es simplemente que van a sacar menos dinero. No es censura. Aunque parezca mentira, porque soy un tipo de izquierdas, me parece muy bien. Desde mi perspectiva, películas que hacen dinero causando malestar psicológico es mejor que se pasen en salas X. Es como escuchar durante dos horas a un violador diciendo que todas las mujeres son iguales y no contrariarle. Y conste que soy un gran aficionado al terror, pero esta saga promueve que salgamos del cine peor de lo que entramos. Desde el punto de vista del arte no la censuraría, pero desde el punto de vista de un psicólogo, sí".
Las cursivas son mías.
2.
“—No —dijo la sobrina—, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores: mejor será arrojallos por las ventanas al patio y hacer un rimero dellos y pegarles fuego; y, si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo.”
Alguno, ya se sabe, perdonaron.
3.
Lovecraft, Sinclair Lewis, Robert Graves y Katherine Anne Potter escribieron novelas como “negros”. Aquí salen diez de ellas. Aunque la mejor historia es la de Ecstasy and Me: My Life as a Woman, una autobiografía de Hedy Lamar escrita por Leo Guild, al que han calificado como el peor novelista pulp de todos los tiempos, que ya es decir. El libro tenía tantos errores que Lamar demandó a la editorial por inexactitudes en su propia autobiografía.
4.
“¿Cuál es el lugar más duro del mundo para ser cristiano? ¿Corea del Norte, quizá? ¿Arabia Saudí? Prueba con Somalia. Se piensa que no hay más de mil cristianos en una población de 8 millones de personas, con algunos miles más en la diáspora. La milicia islamista Shabab, que controla la mayor parte del sur de Somalia, se dedica a buscarlos.
Los hombres cristianos van a las mezquitas los viernes, para no despertar sospechas. Las Biblias se mantienen ocultas. No hay reuniones públicas, ni una iglesia. Las iglesias católicas y los cementerios han sido destruidos. Las últimas monjas en la castigada capital, Mogadiscio, fueron expulsadas en 2007. Un año antes, una monja anciana que trabaja en un hospital fue asesinada. Los únicos cristianos que quedan nacieron en Somalia.
Perseguirlos y matarlos es propaganda útil para Shabab. Entre otras cosas adoctrina a sus jóvenes luchadores y futuros terroristas suicidas en la creencia en que Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, el Vaticano, Etiopía y Kenia son ‘cruzados’ que intentan convertir a los somalíes al cristianismo. La ONU está detrás de todo. Por supuesto, Israel también está detrás, intentando socavar el islam.
El tambaleante gobierno de transición que dirige el jeque Sharif Ahmed, cuya ley arbitra débilmente los territorios que Sahbab todavía no gobierna, no tiene muchas posibilidades de defender a sus ciudadanos si los pillan en posesión de una Biblia. Aunque profesa la moderación, promueve una versión de la sharia donde cada ciudadano somalí nace musulmán, y cualquiera que se convierta a otra religión es culpable de apostasía, lo que se castiga con la muerte.
Cada mes varios somalíes son asesinados por ser cristianos. A veces es sólo una etiqueta que los yihadistas ponen a la gente sospechosa de trabajar para la inteligencia etíope. Pero muchos son simples creyentes. Según fuentes somalíes y grupos cristianos que vigilan Somalia desde el exterior, al menos 13 miembros de iglesias clandestinas han muerto en los últimos meses. La mayoría eran menonitas, evangelizados por misioneros en el río Juba al norte del país. Entre ellos hay una mujer de 46 años asesinada cerca de la localidad de Jilib después de que se encontrara una Biblia en swahili en su bolsa; un hombre de 69 años muerto al sur de Mogadiscio después de que combatientes de Shababa encontrasen 25 Biblias en una maleta; y dos chicos, de 11 y 12 años, decapitados por Shabab después de que su padre se negara a dar información sobre una iglesia clandestina”.
5.
Larry David provoca la ira de algunos cristianos porque en la nueva temporada de Curb Your Enthusiasm su personaje orina encima de Cristo. En Egipto fundamentalistas cristianos y musulmanes se oponen a que actúe Beyoncé. Christopher Hitchens cuenta lo que ha aprendido debatendo con gente religiosa por todo el mundo. Sale a la venta la película Collision, su discusión con el pastor Douglas Wilson.
DJEMILA BENHABIB

1.
Caroline Fourest (aquí su blog, y aquí sus libros) ha escrito:
“El libro de Djemila Benhabib, Ma vie à contra-Coran (VLB éditions) es un gran éxito en Canadá. Se está convirtiendo en el libro favorito de todos aquellos que han huido del islam para buscar refugio en Europa. Desde París a Londres, pasando por Québec, con el debate sobre ‘la acomodación religiosa’, la autora sigue el camino de un mal que creía haber dejado atrás. Se sorprende por la ingenuidad de algunos frente al fundamentalismo. ¿Es suficiente para mostrar el velo como un acto de libertad, disfrazar sus palabras y su proyecto para que se tolere la intolerancia?
Djemila Benhabib está inmunizada frente a esta ingenuidad. Conocer la historia del Islam político que desoló Argelia a ayudar a descifrar el doble discurso de los fundamentalistas. El gran mérito de su libro es que nos transmite este relato y esta mirada. También tiene otro: demostrar la inmensa responsabilidad del poder argelino en el ascenso del islamismo.
Algunos independentistas querían la laicidad... El FLN prefirió centrarse en la islamización de la nación argelina. La Constitución consagró el Islam como religión de Estado. Plagadas de maestros importados de Egipto y formados por la Hermandad Musulmana, las escuelas públicas se convirtieron en lugares donde se machacaba el cráneo de los niños a golpe de recitar el Corán.
Djemila guarda un recuerdo incómodo. ‘Yo también pedía la flagelación de los adúlteros y la matanza de los infieles’. Pero en ella el adoctrinamiento no echó raíces. Sus padres militaban en el PAGS, un movimiento comunista. En casa preferían los libros de Angela Davis. En ese momento, todavía había muchos argelinos que preferían el progreso a la reacción. Se les marginaba y se les acusaba de ‘occidentalizados’. La policía los seguía.
En octubre de 1988 los jóvenes se rebelaron, salieron a las calles y quemaron coches. La represión fue terrible. En lugar de entender la ira como un deseo de libertad, el Presidente Chadli Benjedid volví a los fundamentalistas y se rindió a sus demandas, con la esperanza –ilusoria- de comprar la paz social. Después de aprobar un código de familia que llevaba la mujer argelina a la situación de un menor, se podía aprobar una ley que declaraba la educación física opcional para las colegialas... en nombre de la modestia. El Frente Islámico de Salvación (FIS) se sentía reconfortado. Subía inexorablemente.
El resultado es conocido. Después de una primera votación la ley que le dio FIS la mitad de los municipios, los fundamentalistas ganaron la primera vuelta de las elecciones parlamentarias de diciembre de 1991. Se preparaban para mantener su promesa: ‘se prohíben los partidos seculares o socialistas’ y ‘aplicar la sharia’. El ejército anuló el proceso electoral. Los islamistas se lanzaron a la guerrilla, el ejército a la guerra sucia... Atrapados, los intelectuales, artistas, los laicos eran presa de ambos y vivían en el terror.
Djemila Benhabib recuerda el 25 de marzo de 1994, el último día del ultimátum del GIA, que ordenaba a las mujeres a usar el velo: ‘Salir de casa se convirtió en una expedición. En cada esquina, la muerte acechaba a las cabezas desnudas’. Las chicas que se atrevían a salir sin velo eran asesinadas cuando iban a la escuela o la universidad. La familia Benhabib recibía amenazas todos los días. Era hora de ir al exilio. Pero la pesadilla no había terminado.
En Europa, los argelinos laicos encontraron de nuevo a sus torturadores. Los islamistas perseguidos por el ejército no tuvieron dificultades para obtener el estatuto de refugiados. Los embajadores de la Hermandad Musulmana monopolizaron los medios de comunicación y publicitaron la opción del velo. En algunos barrios de Francia, la ‘reforma’ fundamentalista deseada por Hassan Al-Banna y el FIS consiguió convertir a los musulmanes modernos o no practicantes en el musulmán moderno o no practicantes en traidores ‘occidentalizados’.
Djemila Benhabib no soporta ver que su propaganda se tolera en nombre del multiculturalismo. Su libro es una advertencia: ‘Cualquier indulgencia con esta ideología de la muerte no sólo es un grave error de principio: es una traición’.”
2.
“No me avergüenzo de haber nacido mujer. No tengo nada por lo que disculparme. No tengo por qué esconderme. Los islamistas hacen a las mujeres culpables de sus deseos, de sus miserias y de sus frustraciones sexuales. Son enfermos del sexo.
El odio y la sumisión de las mujeres cristalizan su ideología. No puede haber mujeres libres y emancipadas en un Estado islamista, y tampoco hombres. Engels tenía razón al decir que ‘el grado de emancipación de la mujer es la medida del grado de emancipación general’. Frente a la barbarie siempre presta a recobrar sus derechos, tenemos la responsabilidad, si no el deber, de combatirla. Está en juego nuestro porvenir y el de nuestros hijos. Es un camino difícil, pero salvador para la humanidad. A lo largo de este libro, he mostrado cuál el precio que hay que pagar por la libertad.
Con el caso de las caricaturas, constatamos que los islamistas, apoyados por estados potentes como Arabia Saudí, Irán, Egipto, pero también Turquía, presionaron a la Unión Europea y la ONU para limitar la libertad de expresión introduciendo una ‘concepción islámica’ de la blasfemia.
Sabed que en democracia, el derecho a criticar todas las religiones, incluido el islam, es un principio inalienable. También el derecho a la blasfemia. Además, la igualdad de los sexos, la libertad de conciencia y la libertad de expresión son intocables. Su derogación por motivos religiosos ataca los valores fundamentales de la sociedad. Quiebran nuestros valores y acentúan el poder de los religiosos sobre la vida pública”.
LA INTIMIDAD DE LOS EXTRAÑOS

1.
Salman Rushdie ha recibido el Premio Carl Sandburg. Caryn Green habló con él.
"’Las cosas que a la gente le gustan de un libro son exactamente las mismas cosas que hacen que a otros no les guste. ¡La misma frase! En este momento, no me importa [la crítica]’. Pero sí que le importa que dure la literatura. “’La belleza de leer un libro tú solo’, dice, ‘es ver cómo interactúa la imaginación del autor con la tuya, de una forma que no hace si estás viendo una película. Hay una curiosa intimidad de los extraños. Por eso creo que este género sobrevivirá’”.
2.
Una entrevista con Herta Müller:
Müller: Pasé tres años en la fábrica. Los primeros dos años en el departamento de traducción luego en uno distinto, de relaciones públicas, si quieres.
RFE/RL: Probablemente diseñado por la policía secreta.
Müller: Sí, me di cuenta más tarde. La gente de Securitate vino y me dijo que si teníamos invitados, de Alemania por ejemplo, tras encontrarme con ellos tendría que escribir para Securitate mis ‘impresiones’. Y querían que escribiera lo que mis colegas rumanos, los especialistas, habían dicho a los alemanes. Y no les importaba que saliera con los invitados extranjeros... A eso les respondí que no era una prostituta. También les dije que era una mala observadora de la gente, que me había equivocado mil veces sobre la gente. Pero el tipo de Securitate dijo que eso no le interesaba: quería mi opinión tal como era: una opinión personal, sincera. Después quiso que escribiera que iba a colaborar y le dije que no lo haría.
RFE/RL: ¿Y?
Müller: Dio un portazo y dijo: ‘Te pondré en problemas’ o ‘Acabaré contigo’ en jerga rumana. Literalmente no me arrojó al agua, pero no hubo paz para mí después de eso. Durante varias semanas me llamaban cada día a las 7.30 a la oficina de mi jefe para discutir el asunto con él y con el secretario del Partido Comunista y el secretario de las Juventudes Comunistas. Cada vez me decía que dimitiera y buscase otro trabajo, pero les decía que me gustaba tanto el trabajo que no se me ocurría que más hacer. Les dije que tendrían que despedirme si querían librarse de mí, y les pedí que especificaran por escrito la razón por la que me despedían. Es decir, mi rechazo a colaborar con la policía secreta. Luego fui a hablar con la gente del sindicato, para quejarme, pero el líder no quiso escucharme.
Lo que ocurrió fue un completo desastre. Ahora puedo reírme. Pero entonces estuve cerca de tener un ataque de nervios, hasta que me despidieron. Primero me ofrecieron un trabajo sin cualificación, pero lo rechacé. Luego me despidieron. Me dejaron sin fuente de ingresos. A mi marido, Richard Wagner, también lo habían despedido. Y además me convocaban casi todos los días ante Securitate. Y allí ni siquiera me acusaban de cosas de las que era consciente, como mi incidente en la fábrica o mi actividad literaria. Me decían que era prostituta, que me acostaba por dinero con estudiantes árabes. Yo no conocía a ningún estudiante árabe, pero ellos decían que podían montar un buen juicio, con testigos y todo. También dijeron que comerciaba con bienes que no podían encontrarse en el mercado rumano”.
3.
Hamás patrulla las calles de Gaza para imponer una vestimenta conservadora. Escribe Roy McCarthy:
“Comenzó con una erupción de patrullas de policía inusualmente enérgicas. Agentes armados de Hamás detuvieron a sin camisa sentados en la playa, disolvieron grupos de hombres y mujeres solteros y se ordenó a los tenderos que no mostrasen la ropa interior de los maniquíes en sus escaparates.
Luego vino un esfuerzo para obligar a las mujeres abogadas a respetar un código de vestuario más conservador, y una intensa presión sobre los padres para vestir a sus hijas de manera más conservadora el nuevo período escolar. La semana pasada, la policía comenzó a imponer un nuevo decreto que prohibía a las mujeres montar en moto.
Por primera vez desde que Hamás ganó las elecciones parlamentarias palestinas hace casi cuatro años, el grupo está tratando de islamizar la sociedad de Gaza. En público, los líderes de Hamás dicen que están simplemente alentando a una moral social, e insisten en que no están tratando de imitar a la policía religiosa que opera en otros países islámicos. Pero muchos lo perciben como una nueva ola de refuerzo de lo que ya es una sociedad musulmana devota.
Asmaa al-Ghoul, escritora y ex perodista, fue una de las primeras oponerse la nueva campaña. Estaba con un grupo de amigos y amigas en una cafetería junto a la playa a finales de junio. Al caer la noche, ella y otra amiga fueron a nadar con pantalones largos y camisetas. Momentos después de salir del agua, se vieron confrontados por un grupo de agentes de policía de Hamas cada vez más agresivos. ‘¿Dónde está tu padre? ¿Tu marido?’, le preguntó un oficial. A Ghoul, que tiene 27 años, le dijeron que su comportamiento no había sido respetable. Cinco de sus amigos masculinos fueron golpeados y detenidos durante varias horas.
‘Creo que nuestra sociedad es laica, pero algunos partidos islámicos quieren cambiarla para que sea religiosa’, dijo. Goul no lleva velo, una opción cada vez menos frecuente en las mujeres de Gaza y que, en general, se limitan sólo a los que viven en las zonas más prósperas de la ciudad de Gaza. Sufre de forma rutinaria burlas de otros palestinos mientras camina desde su casa a su cafetería favorita. ‘Tenemos miedo de ser nosotros mismos en la calle’, dijo. ‘Hamás utiliza el islam en la mezquita para tratar de controlar los corazones de la gente.’
La sociedad de Gaza se ha vuelto mucho más conservadora en la última década. En parte se debe a la creciente influencia de movimientos islamistas como Hamás y otros que sostienen puntos de vista extremistas aún más. Los palestinos también culpan al bloqueo económico de Israel: dicen que ha impedido el libre flujo de ideas y el debate e impide que los los habitantes de Gaza que viajan al extranjero. La violencia del conflicto, dicen, permite que el conservadurismo a florecer.
Los líderes de Hamás insisten que no hay coacción en su nueva campaña. ‘La principal herramienta de la campaña es la concienciación y la educación sin interferir con el comportamiento de los individuos o forzarlos’, dice Abu Talib Shaar, ministro de Hamás de asuntos religiosos, educado en Arabia. ‘Esto no significa que vayamos a imponer la sharia en la comunidad. No queremos ser como los talibanes en Gaza’.
Esta campaña de educación que se llama fadeela o la virtud, y en parte se compone de carteles distribuidos por toda la ciudad. Algunos aconsejan a los jóvenes contra el tabaco o las drogas. Otros advierten contra la pornografía en Internet o la televisión por satélite: ‘Ten cuidado. Ver canales sucios corrompe a la familia y la próxima generación.’ Ese cartel particular listas recomendadas canales: todos son religiosos e islámicos.
La campaña se centra sobre todo en lo que las mujeres usan. Un cartel sorprendente denuncia la tendencia de las mujeres jóvenes a usar su pañuelo en la cabeza junto con pantalones ajustados como una ‘industria satánica al 100 %’. Muestra un diablo rojo que sosteniene una imagen de una mujer joven y vestida a la moda y recomienda cubrir más la cabeza y de forma menos atractiva: ‘El hiyab correcto es el camino al cielo.’
Preguntado sobre su actitud frente a las pocas mujeres de Gaza que no cubren su cabello, Abu Shaar, dijo: ‘Nosotros les decimos que es un elemento esencial para una musulmana. Llevar el velo es tan esencial como la oración’.
Quizás la mayor sorpresa de la campaña es la resistencia que ha generado. A pesar de Gaza es socialmente conservadora, muchos palestinos se niegan a seguir un código social determinado e impuesto. Cuando el responsable de justicia de Hamás, Abdel-Raouf al-Halabi, ordenó un nuevo uniforme para todos los abogados (lo que para las mujeres significaba con un velo y una yilbab -una sotana de longitud- no contaba con la temeridad de la respuesta. Casi todas las 150 abogadas de Gaza ya llevaban la cabeza cubierta, pero impugnaron el fallo sobre la base de que no tenía ningún fundamento en la ley. El juez presidente se vio obligado a retroceder.
‘Fue absolutamente ilegal’, dijo Dina Abu Dagga, un abogado que ha cubierto el cabello desde que estaba en la universidad de El Cairo.
No era correcto que el juez presidente cambiara el código de vestimenta, dijo. Bajo la ley palestina, el poder recaía en el sindicato de abogados.
‘No estamos contra el hiyab. Me pongo yo misma’, dijo. ‘Estamos en contra de la imposición y restricción de nuestras libertades. Hoy en día se impone el hijab, pero mañana será otra cosa’.
Zeinab El-Ghunaimi, una de los pocas abogados mujer que no lleva velo, dijo que algunas mujeres estaban adoptando el hiyab para evitar una atención no deseada en las calles o en el trabajo. ‘Las autoridades están tratando de poseer y controlar a las mujeres’, dijo. ‘El problema es cuando estas restricciones son impuestas’”.
4.
Una entrevista con Philip Roth. En un par de semanas sale su nueva novela, The Humbling. El otro día se dio una vuelta por su ciudad, Newark.
5.
Continúan las protestas porque este año China (un país que machaca sistemáticamente la libertad de expresión) haya sido el país invitado de la Feria de Fráncfort. Entre los autores invitados por la feria a los que la policía china no permitió acudir se encuentra Liao Yiwu, que pasó 4 años en la cárcel tras escribir un poema sobre la masacre de Tiananmen.
6.
Se han anunciado los 39 escritores de Beirut 39.
7.
Una entrevista con Craig Raine, director de la revista literaria Areté.
8.
Cómo convertí a Woody Allen en una tira de cómic.
9.
Un blog de premios literarios (franceses).
He tomado la imagen de Müller aquí.
EL ESCRITOR Y EL TIRANO

1.
Enrique Krauze escribe en Letras libres sobre la biografía de García Márquez de Gerald Martin:
“Tres despachos que Martin considera ‘memorables’, pero no glosa siquiera, fueron escritos por García Márquez tras una larga estancia en la isla en 1975 y se titularon ‘Cuba de cabo a rabo’. Los publicó en agosto-septiembre de ese año la revista Alternativa, que fundó en Bogotá en 1974. ¡Y vaya que eran memorables! Sabrosos, como todos los suyos, declaraban una profesión absoluta de fe en la Revolución encarnada en la heroica figura del comandante (a quien García Márquez, a pesar de permanecer tres meses en la isla, no conocía aún): ‘Cada cubano parece pensar que si un día no quedara nadie más en Cuba, él solo, bajo la dirección de Fidel Castro, podría seguir adelante con la Revolución hasta llevarla a su término feliz. Para mí, sin más vueltas, esta comprobación ha sido la experiencia más emocionante y decisiva de toda mi vida.’
Lo fue, al grado de que en 34 años García Márquez no se ha apartado públicamente de esa visión epifánica. ¿Qué vio, que cualquiera podía ver? Logros tangibles en los servicios de salud y educación (aunque no se preguntó si para alcanzarlos era necesario el mantenimiento de un régimen totalitario). ¿Qué no vio? La presencia de la URSS, salvo como generosa proveedora de petróleo. ¿Qué dijo no haber visto? ‘Privilegios individuales’ (aunque la familia Castro se había adueñado de la isla como patrimonio personal), ‘represión policial y discriminación de ninguna índole’ (aunque desde 1965 se habían creado los campos de concentración para homosexuales, antisociales, religiosos y disidentes, llamados eufemísticamente Unidades Militares de Ayuda a la Producción o umap). ¿Qué sí vio, finalmente? Lo que quería ver: a cinco millones de cubanos pertenecientes a los Comités de Defensa Revolucionaria no como los ojos y el garrote de la Revolución sino como su espontánea, multitudinaria y ‘verdadera fuerza’ o, más claramente –en palabras de Fidel Castro, citadas con elogio por el propio García Márquez–, ‘un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria para que todo el mundo sepa quién es y qué hace el vecino que vive en la manzana’. Vio multitud de ‘artículos alimenticios e industriales en los almacenes de venta libre’ y profetizó que ‘en 1980 Cuba sería el primer país desarrollado de América Latina’. Vio ‘escuelas para todos’, restaurantes ‘tan buenos como los mejores de Europa’. Vio ‘la instauración del poder popular mediante el voto universal y secreto desde la edad de dieciséis años’. Vio a un viejo de 94 años embebido en sus lecturas ‘maldecir al capitalismo por todos los libros que dejó de leer’.
Pero sobre todo vio a Fidel. Vio ‘el sistema de comunicación casi telepática’ que había establecido con la gente. ‘Su mirada delataba la debilidad recóndita de su corazón infantil [...] ha sobrevivido intacto a la corrosión insidiosa y feroz del poder cotidiano, a su pesadumbre secreta [...] ha dispuesto todo un sistema defensivo contra el culto a la personalidad.’ Por eso, y por su ‘inteligencia política, su instinto y honradez, su capacidad de trabajo casi animal, su identificación profunda y confianza absoluta en la sabiduría de las masas’, había logrado suscitar el ‘codiciado y esquivo’ sueño de todo gobernante: ‘el cariño’.
Aquellas virtudes se sustentaban, según García Márquez, en la ‘facultad primordial y menos reconocida’ de Fidel: su ‘genio de reportero’. Todos los grandes hechos de la Revolución, sus antecedentes, detalles, significación, perspectiva histórica, estaban ‘consignados en los discursos de Fidel Castro. Gracias a esos inmensos reportajes hablados, el pueblo cubano es uno de los mejores informados del mundo sobre la realidad propia’. Esos discursos-reportajes, admitía García Márquez, ‘no habían resuelto los problemas de la libertad de expresión y la democracia revolucionaria’. La ley que prohibía toda obra creativa opuesta a los principios de la Revolución le parecía ‘alarmante’ pero no, desde luego, por su limitación a la libertad sino por su futilidad: ‘cualquier escritor que ceda a la temeridad de escribir un libro contra ella, no tiene por qué tropezar con una piedra constitucional [...] la Revolución será ya bastante madura para digerirlo’. La prensa cubana le parecía todavía deficiente en información y sentido crítico, pero se podía ‘pronosticar’ que sería ‘democrática, alegre y original’ porque estaría fincada en ‘una nueva democracia real [...] un poder popular concebido como una estructura piramidal que garantiza a la base el control constante e inmediato de sus dirigentes’. ‘No me lo crea a mí, qué carajo. Vayan a verlo’, concluía García Márquez.
Años más tarde, en una entrevista para The New York Times, Alan Riding le preguntó ¿por qué, si viajaba tanto a La Habana, no se establecía allí?: ‘Sería muy difícil para mí llegar ahora y adaptarme a las condiciones. Extrañaría demasiadas cosas. No podría vivir con la falta de información.’”
2.
Más adelante, dice Krauze:
“Martin hubiera podido extraer mucho jugo del libro Gabo y Fidel de Ángel Esteban y Stéphanie Panichelli (que sólo menciona en la bibliografía). Allí se recoge el testimonio de Miguel Barnet, poeta cubano amigo de García Márquez y presidente de la Fundación Fernando Ortiz. Barnet hace la crónica de las fiestas en la ‘mansión de Siboney’, describiendo incluso la vestimenta de ‘Gabo’, el anfitrión. Fidel y ‘Gabo’ –dice Barnet– ‘son verdaderos especialistas en cultura culinaria, y saben apreciar los buenos platos y los buenos vinos. Gabo es ‘el gran sibarita’, por su afición a los dulces, el bacalao, los mariscos y la comida en general’. Por otra parte, Manuel Vázquez Montalbán, escritor español amigo de Castro, recogió este testimonio del ‘gran Smith’, quizás el mejor cocinero cubano: ‘Gabo es un gran admirador de mi cocina y me ha prometido un prólogo para el libro de mis vivencias, que está casi concluido.’ En ese libro, cada uno de los platos se asocia a un personaje relevante para quien fue pensado. El de ‘Gabo’ es ‘Langosta a lo Macondo’, y el de Fidel Castro, un ‘Consomé de tortuga’.
Por esos días, la cartilla de racionamiento cubana (vigente desde marzo de 1962) contenía, al mes y por persona, las siguientes delicias: siete libras de arroz y treinta onzas de frijoles, cinco libras de azúcar, media libra de aceite, cuatrocientos gramos de pastas, diez huevos, una libra de pollo congelado, media libra de picadillo condimentado (de pollo), a los que se pueden sumar como alternativa en el apartado de ‘productos cárnicos’ pescado, mortadela o salchichas”.
3.
Gerald Martin habla de una visita posterior del dictador a Moscú: “Mientras estaba en Moscú, Fidel le compró a García Márquez una gran remesa de su caviar favorito.”
4.
En su reseña en Artes & Letras, Félix Romeo citaba una frase de Reinaldo Arenas que también aparece en la biografía:
“Que un escritor como el señor García Márquez, que ha escrito y ha vivido en el mundo occidental, donde su obra ha tenido una inmensa repercusión y acogida que le han garantizado un modo de vida y un prestigio intelectual, que un escritor como él, amparándose en la libertad y posibilidades que ese mundo le brinda, use de ellos para hacerle la apología del totalitarismo comunista que convierte a los intelectuales en gendarmes y a los gendarmes en criminales, es sencillamente indignante”.
LECTORAS

1.
La próxima novela de Ian McEwan, Solar, estará en las librerías el 18 de marzo. Descrita como una novela satírica sobre el cambio climático, cuenta la historia de un físico cincuentón y ganador del Premio Nobel cuya carrera y vida personal andan en declive, y que acepta colaborar con un programa del gobierno contra el cambio climático.
2.
Escribe Rafael Sánchez Ferlosio:
‘Unanimidad, que, por lo demás, no han compartido las cuatro ciudades aspirantes [a los Juegos Olímpicos de 2016], en parte, quizás, porque les ha faltado un condotiero emocional tan irresponsable como Ruiz-Gallardón, consciente del valor político del deporte como instrumento de control social, cosa que no es ahora, pero que se ha desmesurado inmensamente con la imponente, jamás imaginable, hipertrofia que ha sufrido el deporte en estos últimos 25 o 30 años, hasta convertirse en máximo o virtualmente único contenido del patriotismo tanto nacional como periférico.
La proclamación solemne la hizo el Abc del 8 de octubre del 2008 en un editorial titulado El orgullo de ser español, que empezaba con estas palabras: ‘A día de hoy, España es una gran potencia deportiva al más alto nivel internacional’. A continuación cantaba las victorias de la selección nacional de fútbol, de Rafael Nadal, de Pau Gasol, de Alberto Contador y otros dos ciclistas, de Fernando Alonso, ‘heredero genuino de los más grandes pilotos de la historia’ (‘historia’ ponía, sí, es literal). Más adelante se leía lo siguiente: ‘En tiempos confusos para la vertebración territorial del Estado, el deporte está jugando un papel relevante porque aglutina las emociones comunes y demuestra la fuerza de la unidad frente a las absurdas tentaciones políticas disgregadoras’. Pero sobre esta misma preocupación unitaria, el editorial se equivocaba, en cierta curiosa manera indirecta, unos párrafos más abajo, al decir: ‘... los deportistas no son fáciles de atraer hacia causas localistas y cerradas, como pretenden algunos políticos nacionalistas con su habitual cortedad de miras’, lo cual es, en principio, objetivamente cierto, salvo que el Barça, queriendo o sin quererlo, no ha sido tan corto de miras al anticiparse largamente a todos los demás en apuntar más lejos que ninguno de ellos en cuanto a transfigurar el deporte -el ‘deporte rey’, en este caso- en un importante componente o contenido de la patria. Hoy, muchos años después, aquella genial inspiración de ‘El Barça es más que un equipo’ se ha cumplido, a escala nacional, como ‘España no es más que un equipo’.
3.
Nina Sankovitch decidió leer un libro al día durante un año, y escribir la reseña. Le quedan unas semanas. Aquí, un retrato.
4.
Las Naked Girls Reading de Chicago van a leer libros prohibidos a Nueva York.
5.
“Unas 70.000 mujeres mueren cada año y muchas más sufren daños como resultado de abortos no seguros en países con leyes restrictivas sobre la interrupción del embarazo, según un informe.
El número total de abortos en todo el mundo ha caído, según el influyente Guttmacher Institute, pero la caída sólo afecta a abortos legales y es principalmente el resultado de cambios en el este de Europa.
Hubo 41,6 millones de interrupciones en todo el mundo en 2003, frente a 45,5 en 1995. Pero en 2003, 19,7 millones de ellas fueron abortos sin garantías de seguridad y clandestinos. Las cifras de esos apenas han cambiado desde 1995, cuando había 19,9 millones.
Casi todos los abortos sin garantías de seguridad se produjeron en países en vías de desarrollo con leyes restrictivas sobre el aborto.
‘Virtualmente todos los abortos en África y América Latina y el Caribe fueron inseguras’, dice el informe. En Asia, los procedimientos seguros superaron a los inseguros por el gran número de abortos legales en China. La mayoría de los que se producen en Europa y casi todos los que se producen en Norteamérica cumplieron las condiciones de seguridad.
Sólo el 28 % de las mujeres africanas casadas usa anticonceptivos”.
6.
Un historiador ruso que investigaba la suerte de los alemanes prisioneros en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial ha sido detenido, en el último ejemplo de la represión a la investigación sobre la época de Stalin que ejercen las autoridades rusas.
Mikhail Suprun fue detenido el mes pasado por funcionarios de los servicios de seguridad de Rusia. Registraron su apartamento y se llevaron su archivo personal completo. Ha sido acusada de violar las leyes de privacidad y, si lo declaran culpable, se enfrenta a cuatro años de cárcel.
Suprun había estado investigando casos de alemanes enviados a los gulags de Rusia en el Ártico. El estudio de este profesor de historia de la universidad de Arjangelsk Pomorskiy, incluía a prisioneros de guerra alemanes capturados por el Ejército Rojo, así como personas de origen alemán y habla rusa -muchos del sur de Rusia- que fueron deportadas por Stalin. Ambos grupos terminaron en los campos de Arjangelsk.
‘Yo quería planeando escribir dos libros. Necesito otros dos o tres años antes de acabarlos’, dijo Suprun hoy. El historiador -que describió su detención como ‘absurda’ - dijo que había firmado un acuerdo con los funcionarios locales para no hablar más sobre su caso.
Sin embargo, la detención ha provocado indignación en Alemania y entre los principales historiadores. Llega en medio de los intentos del Kremlin de rehabilitar a Stalin, y obstaculizar la investigación histórica independiente: la represión política durante la era soviética y las víctimas del sistema del gulag son ahora temas tabú.
El historiador y escritor Orlando Figes describe detención Suprun como algo sin precedentes, y parte de una ‘campaña de Putin contra la libertad de investigación histórica y de expresión’.
7.
Una entrevista a Nicolas Sarkozy, donde habla sobre su hijo, La mauvaise vie de Fréderic Miterrand y Afganistán.
8.
Una entrevista a Michael Ignatieff, el ensayista, pensador, ex presentador de televisión y biógrafo de Isaiah Berlin que tiene posibilidades de convertirse en primer ministro de Canadá.
LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

‘El club de los estrellados’ (Tusquets, 2009), la primera novela de Joaquín Berges (Zaragoza, 1965), es una historia de perdedores y segundas oportunidades. Habla de seres que podrían ser personajes menores en otra novela y se consideran personajes secundarios en su propia vida. El protagonista, Francho, es un cartero feísimo que ha renunciado a tener una relación con una mujer. Le gusta ponerse la lencería que vendía su madre e imaginar cómo le quedaría a una chica. Su otra afición es inventar historias, contar a la gente que es un espía, un aventurero: disfruta más con las ficciones que fabrica alrededor de la vida que con la vida. El narrador, el otro protagonista del libro, es camarero y el mejor amigo de Francho. Como él, forma parte de un club de aficionados a la astronomía: el club de los estrellados.
Los dos viven un cambio profundo. Francho recibe un sobre dirigido a uno de los proxenetas más siniestros de la ciudad y puede comportarse como un héroe improbable y algo quijotesco, un paladín chapucero y entrañable que defiende a dos damas en apuros: Chelo, una puta de mediana edad, y su hija Irene, prisionera de la prostitución y las drogas. El narrador está enamorado de Hortensia, que cae enferma de cáncer. Él la cuida durante el tratamiento: es otra forma de rescate. Como el resto de los personajes del libro, incluso los malvados, Hortensia es más compleja de lo que parece; el narrador habla de su “poesía encubierta en su disfraz de funcionaria de correos”; ella también ha recibido su dosis de soledad y desamparo.
Uno de los grandes aciertos de ‘El club de los estrellados’ es lo bien que están entrelazadas las historias de Francho y el narrador. La novela tiene una estructura en espejo: en las dos tramas hay personajes secuestrados o retenidos; una contemplación de la desnudez; un conflicto entre una madre y una hija y un amante; en una transformación; en una un personaje pierde el pelo y el otro se depila.
‘El club de los estrellados’ tiene un clima y un sentido del humor que recuerdan a Almodóvar, pero también una precisión que hace pensar en David Lodge. Berges aprovecha como mecanismos narrativos aspectos del carácter de los personajes, desde la profesión a sus aficiones: eso hace su relato más económico, creíble e interesante. El narrador es un observador de las estrellas y observa a los demás personajes, y sobre todo a Hortensia, como si fueran cuerpos celestes. La música de Bach establece una comunicación entre Hortensia y el narrador. La trayectoria de Francho es un descubrimiento de sí mismo y un aprendizaje sexual: da salida a un aspecto bloqueado de su sexualidad; ese proceso psicológico es estructuralmente fundamental en la resolución de la novela.
‘El club de los estrellados’ es una narración casi policiaca y sentimental, y una reflexión sobre la ficción, lo trágico y lo cómico, el amor y el deseo, y lo que decimos y ocultamos a nuestros amigos. Habla del placer y el sufrimiento del cuerpo -el sexo y la enfermedad- y de nuestra capacidad para reinventarnos. Berges ha escrito con humor y elegancia una novela sobre unos freaks desvalidos que empiezan haciéndonos reír y terminan por emocionarnos.
‘El club de los estrellados’. Joaquín Berges. Tusquets, 2009. 271 páginas.
Esta reseña apareció en Artes & Letras de Heraldo de Aragón el 15 de octubre de 2009. He tomado la imagen aquí.

