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EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

Entre 1933 y 1945, los regímenes nazi y soviético asesinaron a catorce millones de no combatientes entre el Mar Báltico y el Mar Negro. Esos territorios, que abarcan los países bálticos, Polonia, Bielorrusia, Ucrania y el borde occidental de Rusia, fueron el escenario de la alianza, el choque y el delirio homicida de las utopías de la clase y de la raza. Sufrieron dos –a veces tres- ocupaciones durante la guerra y la mayor destrucción durante la contienda.

En ‘Tierras de sangre’ (Galaxia Gutenberg, 2011), el historiador y profesor de la Universidad de Yale Timothy Snyder (1969) traza una detallada anatomía de esos crímenes. La hambruna de Ucrania orquestada por la Unión Soviética mató a más de tres millones de personas. Hubo 2.500 condenas por canibalismo; después, como no se cumplían las cuotas demográficas, se ordenó la ejecución de los responsables del censo. Al mismo tiempo, Hitler ascendía al poder: soñaba con las llanuras del este de Europa como granero para los alemanes; los habitantes de esas zonas eran un obstáculo que podía eliminarse. Las purgas de Stalin incluyeron el asesinato étnicamente motivado de 250.000 polacos en 1937 y 1938. El periodo que cubre Snyder incluye el desmembramiento de Polonia tras el pacto Molotov-Ribbentrop, la aniquilación de sus elites a ambos lados de la divisoria y la matanza de oficiales de Katyn, ordenada por Stalin. Después de la ruptura del acuerdo entre Hitler y Stalin, la región fue el lugar del enfrentamiento entre el nazismo y el comunismo, y el escenario del mayor crimen del siglo: cuatro de los 5,4 millones de judíos asesinados durante el Holocausto vivían en las “tierras de sangre”, y allí fueron deportados la mayoría de los judíos que residían en otros lugares y fueron asesinados en la Shoah. Aunque asociamos el Holocausto con los campos y el asesinato industrializado de las cámaras de gas, la mitad de las víctimas cayeron por armas de fuego. Más de tres millones de prisioneros de guerra soviéticos –a quienes la Unión Soviética consideraba traidores- murieron en los campos alemanes, a menudo de hambre; en los campos de detención de los nazis, el porcentaje de prisioneros del Ejército Rojo que murieron durante la Segunda Guerra Mundial alcanzó el 57,5%. La Unión Soviética deportó al gulag a 2,3 millones de prisioneros de guerra del Eje. Después de la derrota nazi, se produjeron la deportación de muchos alemanes que vivían en esos territorios y la persecución antisemita de Stalin. Snyder ha realizado una investigación exhaustiva y alterna el relato de los grandes acontecimientos y las explicaciones estadísticas, logísticas y políticas con los testimonios de los testigos, los perpetradores y las víctimas.

La idea central del libro, que Snyder defiende de forma convincente, es que los dos imperios totalitarios se alimentaron entre sí para cometer crímenes, en una inflación asesina: a veces se aliaron, a veces compartieron objetivos (como cuando en 1944 Stalin permitió que Hitler aplastara la resistencia polaca, que podría haberle causado problemas), y otras veces su enfrentamiento produjo una escalada de violencia. Uno de sus grandes valores es unir esos acontecimientos en una narración global. Muchos de los hechos que cuenta –desde los episodios de canibalismo en Ucrania en los años 30 a la masacre de Babi Yar en 1941- son conocidos, pero el relato de Snyder les da una nueva dimensión, o cuestiona el imaginario y las versiones que habitualmente aceptamos. También rescata numerosos episodios, como la indiferencia occidental ante el Holocausto, el hecho de que el gobierno polaco fuera el único que actuó para defender a los judíos, o las traiciones a la historia, entre las que destacan los esfuerzos del régimen soviético para distorsionar el genocidio nazi: los monumentos a las víctimas no llevaban la estrella de David sino la estrella comunista.

Algunas de sus interpretaciones han resultado polémicas. Donald Rayfield ha escrito que Snyder resta importancia a los efectos de la represión soviética sobre los habitantes de Rusia, y Anne Applebaum, autora de ‘Gulag’, sostiene que los campos de Siberia eran más letales de lo que reconoce Snyder. Otros especialistas le han acusado de restar importancia a la responsabilidad de los nazis y favorecer a los ultranacionalistas del este de Europa que minimizan la Shoah. No parece del todo justo: aunque la Unión Soviética cometiera matanzas étnicas antes que Alemania, Snyder señala la posición central del Holocausto en la historia del siglo XX y no mitiga la responsabilidad nazi. Otro de los aciertos de ‘Tierras de sangre’ es que este poderoso estudio de los mecanismos del asesinato político de masas, lleno de datos y análisis, nunca pierde la perspectiva humana: Snyder logra que oigamos el murmullo estremecedor de las víctimas entre el ruido de la barbarie y las balas.

Timothy J. Snyder. ‘Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin’. Traducción de Jesús de Cos. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2011, 609 páginas.

Esta reseña salió en Artes & Letras de Heraldo de Aragón. He tomado la imagen aquí.

25/01/2012 11:38 daniel gascon #. Reseñas No hay comentarios. Comentar.

GARTON ASH

Timothy Garton Ash recoge en ‘Los hechos son subversivos’ (Tusquets, 2011) artículos publicados a lo largo de una década. Cuenta el derrocamiento de Milosevic y la revolución naranja en Ucrania, compara mayo del 68 con la caída del comunismo, estudia el fundamentalismo religioso y el islam en Europa, habla con los jóvenes iraníes y explica que la corbata puede ser un símbolo de resistencia a la teocracia, entrevista en Birmania a San Suu Kyi, va a ver a George Bush y cubre la política y las elecciones estadounidenses. En sus mejores momentos recoge una tradición británica de empirismo, buenas maneras, ironía y sentido común; se declara “un patriota europeo”, que reconoce los fallos pero defiende las grandes apuestas de la Unión Europea: libertad, paz, imperio de la ley, prosperidad, diversidad y solidaridad. Su búsqueda de la imparcialidad le lleva a errores alguna vez, como en su desafortunada descripción de Ayaan Hirsi Ali como “fundamentalista de la ilustración”, y sus reportajes y sus análisis que mezclan el periodismo y la historia son mejores que sus textos más teóricos, pero realiza una poderosa defensa de la libertad de expresión: “En una sociedad libre, no tenemos la obligación de estar de acuerdo. Solo tenemos que estar de acuerdo en cómo discrepar”. En un brillante capítulo sobre intelectuales, explica el episodio de la lista de Orwell, que ha servido para que se calumniara al autor de ‘1984’. Es un experto en la historia de Europa y en los peligros del totalitarismo, un socialdemócrata que intenta analizar todos los puntos de vista y no tiene miedo de dudar. No todo el tiempo es igual de convincente, pero ‘Los hechos son subversivos’ es un repaso iluminador y entretenido de muchos de los grandes asuntos de la primera década del siglo XXI.

Este artículo apareció en Artes & Letras.

02/12/2011 13:25 daniel gascon #. Entresuelo Hay 2 comentarios.


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