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Daniel Gascón

JON LEE ANDERSON ESCRIBE SOBRE IRÁN

JON LEE ANDERSON ESCRIBE SOBRE IRÁN

 

Jon Lee Anderson ha escrito un reportaje sobre Irán. Aquí, una parte:

“Ahmadineyad es un chií, seguidor del duodécimo imán y un ferviente mahdista, lo que significa, en el moderno contexto iraní, que es el equivalente a un cristiano renacido. En la tradición chií, el duodécimo imán, al-Mahdi, desapareció en el siglo IX, oculto por Dios. Su regreso, junto con el de Jesucristo, anunciará un paraíso terrenal. (El Islam considera a Cristo como un profeta temprano.) Esto explica las evangélicas alusiones al “prometido” cuando se ha dirigido a la Asamblea general de Naciones Unidas. Su celo público le ha granjeado críticas de los iraníes, incluso de sacerdotes, uno de los cuales lo criticó por reclamar un vínculo especial con el imán oculto. En el desayuno al que asistí, Ahmadineyad se refirió a Mahdi como ‘el hombre perfecto’.

Un importante político iraquí que se ha encontrado con Ahmadineyad dijo que, en un encuentro en Teherán de hace dos años, Ahmadineyad prácticamente sólo habló de Mahdi. El político había oído que Ahmadineyad tenía un plan para construir una superautopista y punto de recepción en Teherán, con objeto de saludar la llegada de Mahdi.

El mentor spiritual de Ahmadineyad es el ayatolá Mesbah-Yazdi, líder de la ultraconservadora escuela Haqqani. Ha defendido la violencia política contra los moderados; miembros de la escuela han dicho que ellos prolongarían la fetua que en 1989 pedía la muerte de Salman Rushdie. En 2005, Mesbah-Yazdi ordenó a sus seguidores que votaran a Admadineyad –un movimiento polémico, ya que se supone que los clérigos deben abstenerse de adhesiones explícitas, aunque todo el mundo sabe lo que apoyan. (Cuando le pregunté a Shariatmadari, representatne de Jameini, si apoyaba la reelección de Ahamdineyad, sonrió y me dijo: ‘El Líder Supremo nunca revela por quién vota, ¡ni sus hijos lo saben!’). ‘Hay gente que piensa que el ayatolá Yazdi formó una especie de partido e instruyó a Ahmadineyad para que llegara  al poder’, dijo Hojatoleslam Gharavian, un ayudante de Mesbah-Yazdi, cuando nos vimos en la ciudad sabrada de Qom. ‘No es cierto. Se acercaron porque pensaban de manea parecida.’

Gharavian recitó las virtudes de Ahmadineyad –su modestia, su patriotismo, su determinación de luchar contra la corrupción. Otro ayudante, un investigador religioso, contó la historia sobre cómo Ahmadineyad, cuando era alcalde, limpió una alcantarilla embozada con sus propias manos. ‘Como en Los miserables’, dijo. ‘La noticia se extendió por todas partes.’

Muchos iraníes cultos con los que hablé intentaron convencerme de que la posición de Ahmadineyad sobre el Holocausto era simplemente una cuestión de ignorancia. Pero en las altas esferas del régimen hay muchos que comparten o apoyan esas opiniones. El antisiionismo se convirtió en parte del discurso oficial tras la revolución islámica, y la comunidad judía de Irán, que incluía a unas ochenta mil personas en los años setenta, disminuyó hasta los veinte mil, porque muchos emigraron. Los judíos iraníes pueden practicar su fe, y los judíos están representados en el parlamento, pero, bajo Ahmadineyad, la antipatía hacia los ‘sionistas’ ha cambiado a algo mucho más feo.

La exhibición internacional de caricaturas del Holocausto se inauguró en Teherán en 2006. Muchas de las entradas mostraban a los judíos con narices grotescamente largas y curvas, o como nazis judíos. Visité la exposición y hablé con Shamaqdari, el asesor artístico de Ahmadineyad. ‘Lo que descubrimos, después de que más de cuarenta países mandaran sus contribuciones, es lo parecido que piensa la gente en todas partes’ Shamaqdari dijo. Me enseñó unas caricaturas que le gustaban. Mostraba el anuncio de de Hollywood, deletreado ‘Holocausto’.

Este enero, una semana después de la inaugración de Barack Obama,  un congreso llamado ‘Holocausto: ¿Una mentira sagrada de Occidente?’ se celebró en Teherán. Ahmadineyad, en un saludo que mandó al congreso, dijo que los sionistas ‘habían atrapado a muchos políticos y grupos’. En otra declaración, añadió: ‘ocurrió un incidente llamado 11-S. No está claro quién lo llevo a claro, quién colaboró y quién limpió el camino. El acontecimiento tuvo lugar y, como en el caso del Holocausto, lo sellaron y se negaron a permitir que grupos de investigación objetivos descubrieran la verdad’.

Le pregunté a Thomas Pickering por qué Ahmadineyad había elegido ese momento para hablar tan provocativamente: ‘Creo que probablemente se sintió animado por el Papa’, contestó Pickering, refiriéndose a la noticia de esa semana de que Benedicto XVI había levantado una orden  de excomunión a Williamson, un obispo británico que niega el Holocausto. (El Papa pidó al obispo más tarde que se retractara.)

Mohammad Ali Ramin asesora a Ahmadineyad en el Holocausto y se dice que ha dado forma a las opiniones del presidente sobre este otoño. Una mañana de este otoño, Ramin se reunió conmigo y un intérprete en el campus de la Universidad Mensaje de Luz, en Teherán, donde enseña Filosofía Comparada. Nos sentamos fuera, en una choza que tenía taburetes que parecían tocones. Ramón es un hombre delgado y cincuentón, inusualmente rubio para ser un iraní, con un pelo rubio que empieza a escasear y una barba rubia y recortada. Vivió y trabajó en Alemania varios años, aunque no quiso decir por qué.

Ramin explicó que la historia dominante del Holocausto era injusta. Occidente, dijo, había trasferido su ‘problema judío’ a Oriente Medio. ‘Pero parece que Estados Unidos y otros gobiernos occidentales decidieron finalmente librarse de los judíos’, dijo Ramin. ‘Al traer a Hitler, y al llevar a los judíos al mundo islámico, han creado una situación en la que los judíos serán destruidos. Han creado una situación en la que, puesto que matan palestinos, los judíos son más odiados que nunca’. Se puso las gafas y por primera vez me miró a los ojos. ‘Y por tanto puede ver que Israel ha sido creado para destruir no sólo a los musulmanes sino  también a los propios judíos’.

Hacía frío, pero Ramin era reacio a llevarnos a su oficina. Finalmente, con aire infeliz, nos llevó, mirando a su alrededor mientras entraba. Al sentarnos frente a su escritorio, Ramin me explicó que los judíos habían llevado a cabo los ataques del 11 de septiembre. ‘Los sionistas han echado la culpa a los musulmanes para tener una excusa para atacar las naciones musulmanas’, dijo. Los judíos también habían ayudado a Nerón, y eso no había salvado al Imperio Romano del colapso.

Detrás del escritorio de Ramin había una gran estantería. Un par de fotografías atraparon mi atención. Una era de Imad Mugniyah, el líder de Hezbollah, muerto en la explosión de un coche bomba en Damasco, en febrero de 2008. La otra mostraba a un grupo de hombres, judíos ortodoxos, silueteados sobre un fondo amarillo. Trazos de escritura farsi recorrían en rojo la base de la fotografía. Cuando llamaron a Ramin para que acudiera a la puerta un momento, le pedí a mi intérprete que tradujera rápidamente las palabras. Dijo: ‘Dice: Tacaños, chupadores de sangre’.

Para muchos iraníes, el ascendiente de Ahmadineyad representaba la invencibilidad del dominio clerical y la derrota de los reformistas. ‘Ahora los reformistas tienen los pies en el suelo’, dijo Hamid Reza Jalaipur, un analista político y reformista religioso. ‘Ya no quieren traer en poco tiempo una democracia laica. Hay un nuevo pragmatismo’. Añadió, y con una risa amarga, dijo: ‘Entre los que quedan’.

Los iraníes siguen forzando las barreras en otras áreas que no son la política electoral, sobre todo en las artes. Vi una exposición de pintura de una joven, Sara Dowlatabadi, centrada en las ejecuciones en Irán, sobre todo de mujeres. El asesinato, la violación, el tráfico de drogas, la apostasía y la homosexualidad se castigan con la muerte. (No es que las prácticas sean escasas: se calcula que hay dos millones de adictos al opio y la heroína en Irán.) Hasta hace poco, los condenados eran ahorcados en público. En 2008, Irán ejecutó al menos a 346 personas (ocho de ellas menores), lo que lo sitúa en la segunda posición del mundo, después de China. (Estados Unidos fue quinto, con treinta y siete ejecuciones.) En julio, veintinueve presos fueron ahorcados en un solo día en la infame prisión de Evin, en Teherán.

Los cuadros de Dowlatabadi eran lienzos minimalistas que mostraban lo que parecían montones de nudos –que representaban a gente- colgando de cuerdas. Estaban intercalados con cuadros que aparentemente no tenían nada que ver con las ejecuciones. Luego supe que habían elegido esa disposición para evitar las posibles consecuencias de ser demasiado explícitos.

El miedo a las represalias está bien fundado. En 2003, Zahra Kazemi, una reportera gráfica irano-canadiense, fue arrestada cuando hacía fotos ante la prisión de Evin. Murió tras casi tres semanas de detención. Al principio, las autoridades dijeron que Kazemi había sufrido ‘un ataque’ y luego ‘una caída accidental’. Un médico del Ministerio de Defensa, que luego huyó a Canadá, dijo que había examinado a Kazemi cuatro días después de su arresto, que había sido violada y golpeada; le habían arrancado varias uñas y tenía el cráneo roto. En medio de un escándalo internacional, un agente de inteligencia fue acusado de su ‘homicidio casi intencional’. Fue absuelto cuando las autoridades declararon que la muerte de Kazemi había sido un accidente.

Evin está en un suburbio que limita con una zona popular de paseos y excursiones. Un amigo me llevó alrededor de sus murallas de ladrillo, bajo sus torres de vigilancia y sus altas luces amarillas. Es el centro de detención de cientos de prisioneros y el lugar donde se han producido masacres no reconocidas con  miles de víctimas y fosas comunes.

Nasrin Sotoudeh es una de las pocas abogadas que defienden los derechos humanos que operan abiertamente en Irán. La visité en su pequeña oficina en un apartamento en Yousef Abad, la parte más vieja de Teherán. Sobre su mesa tenía una figura en bronce de la Justicia. Mientras nos sentamos, Sotoudeh se quitó el pañuelo que llevaba en torno a la cabeza. Es una mujer pequeña a mitad de la cuarentena, con pelo corto y oscuro y gafas. En su amorfo traje negro parecía una monja.

Una de las clientes de Sotudeh es una mujer que fue arrestada por asistir a una reunión sobre la Campaña del Millón de Firmas, una iniciativa que pedía que se revisaran algunas de las leyes iraníes que discriminan a las mujeres. La mujer fue sentenciada a recibir latigazos y pasar dos años y medio en prisión. Sotoudeh señaló que el sesenta por ciento de los estudiantes universitarios de Irán son mujeres, aunque legalmente el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre. A los nueve años las niñas están obligadas a llevar el hiyab, el velo islámico, y a partir de ese momento tienen responsabilidad penal. Los chicos, a partir de los quince.”

He tomado aquí la imagen de una ejecución en Irán.

 

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