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Daniel Gascón

TRES CARTAS DE SAUL BELLOW

 

En noviembre aparecerá un volumen de cartas de Saul Bellow. Aquí hay tres que ha publicado The New Yorker:


1.

A William Faulkner:

“7 de enero de 1956

Estimado señor Faulkner:

… Escribo esta carta para darle mi opinión sobre su propuesta, hecha, asumo, después de que yo me fuera de la reunión, de que pidamos la liberación de Ezra Pound. ‘Mientras que el presidente de este Comité [People to People]’, usted dice, ‘recibió un premio del gobierno sueco y una condecoración del gobierno francés, el gobierno de Estados Unidos encierra a uno de sus mejores poetas’. Es un razonamiento realmente asombroso. Usted, señor Faulkner, fue merecidamente honrado por esos gobiernos. Pero usted, que yo sepa, no intentó derrocar o debilitar a ninguno de ellos. Además, Pound no está en prisión sino en un manicomio. Si estuviera cuerdo habría que volver a juzgarlo por traición; si está loco no habría que liberarlo simplemente porque es un poeta. En sus poemas y en sus emisiones radiofónicas Pound aconsejó la enemistad hacia los judíos y predicó a favor del odio y el asesinato. ¿Me pide que me una a usted para honrar a un hombre que pidió la destrucción de mis parientes? No puedo participar en algo así aunque sea buena propaganda en el extranjero, que lo dudo. Los europeos lo tomarán en cambio como un síntoma de reacción. En Francia Pound habría sido fusilado. ¿Liberarlo porque es un poeta? Vaya, quizá otros mejores poetas que él fueron exterminados. ¿No diremos nada en su nombre?

Estados Unidos ha sido compasivo con Pound al reconocer su locura y perdonarle la vida. Liberarlo es una idea tonta y débil. Identificaría este programa a los ojos del mundo con Hitler, Himmler, Mussolini y el genocidio. Lo que me deja estupefacto es que usted y el señor Steinbeck, que durante tantos años han trabajado con las palabras, no entiendan la importancia de las claras y brutales declaraciones de Ezra Pound sobre ‘kikes’, que llevaban a los ‘gentiles’ a la matanza. ¿Es eso –de los ‘Cantos Pisanos’- la materia de la poesía? Es una llamada al asesinato. Si lo dijera un granjero o un zapatero diríamos que está loco. El mundo entero conspira para ignorar lo que ha ocurrido, las guerras gigantescas, los odios colosales, los asesinatos inimaginables, la destrucción de la mera imagen del hombre. ¿Y nosotros –‘un grupo representativo de escritores estadounidenses’- salimos para esto? ¡Vaya desastre!

Sinceramente suyo”


2.

A Philip Roth:

“26 de diciembre, 1957

Tivoli, N.Y.

Estimado Philip Roth:

Por aquí los manuscritos cambian y vagan en enormes montones, como las dunas. El suyo apareció hoy, y le pido disculpas por mi desorden. Me hace más daño a mí.

Mi reacción a su relato [‘Expect the Vandals’] estaba en el lado bueno de la balanza, claramente. Pero con dudas, también. Me gusta su tono directo, su claridad sobre la biología. Ese tipo de cosa me viene como anillo al dedo. Me pareció que Moe era excelente; Pa, también. Una compañía de japoneses que se hacen el harakiri, sobre eso no estoy seguro. Una gran idea, pero palpablemente una Idea. Tengo algo contra las Ideas en los relatos. ‘La peste’ de Camus era una IDEA. ¿Buena o mala? No tan grande, en mi opinión. Con usted la Idea gana terreno rápida, fácilmente. Conquista. ¿Qué hay de Moe?

Mire, pruebe con Henry Volkening en el 522 de la Quinta Avenida. Mi agente. Muy bueno, además. Le deseo lo mejor. Y perdone que haya tenido el manuscrito tanto tiempo. Debería haberlo leído de inmediato. Pero no llevo una buena vida.

Suyo”,


3.

A Martin Amis:

13 de marzo, 1996

Brookline, Mass.

Mi querido Martin:

Veo que me he convertido en un corresponsal realmente malo. No es que no piense en ti. Apareces con frecuencia en mis pensamientos. Pero cuando lo haces creo que te debo una carta particularmente grandiosa. Y así terminas en ‘el almacén de las buenas intenciones’:

‘Ahora no puedo’.

‘Entonces espera’.

Es la estrategia que uno tiene para hacer frente a la edad, y a la muerte –porque uno no puede morir con tantas obligaciones por delante. Nuestra hábil especie, tan fértil y llena de recursos para negar su debilidad.

Entré en el hospital en el 94; biológicamente, un hombre de cuarenta años. Al salir en el 95, era el Anciano Marinero, y el Marinero no escribía historias. Tenía solo una historia y la narraba oralmente. Pero [me dije] sigues siendo un escritor, y a lo mejor más vale que te las arregles con el Anciano.

Puede que esté a punto de resolver todas esas dificultades, pero desde hace dos años me han absorbido por completo.

            También me he vuelto olvidadizo. Nada como la afasia nominal de tu padre. Encuentro que no puedo recordar los nombres de gente que no me importa –en algunos sentidos una incapacidad agradable. También descubro que recordaría los nombres de la gente porque me liberaba de la necesidad de pensar en ellos. Sus nombres eran bastante. Como contar cabezas.

Puedo imaginar cómo debía sentirse tu padre ante su máquina de escribir, con un libro por terminar. Mi solución es ir hacia cosas más cortas, que pueda acabar. He conseguido hacer algunas así. Es como volver a aprender a andar –pero ¿y si lo que uno quiere, en realidad, es correr?

Estoy seguro de que has pensado en esas cosas al observar el sufrimiento de tu padre.

El sábado pasado asistí a un funeral por Eleanor Clark, la viuda de R. P. Warren. Me descubrí diciéndole a su hija Rosanna que perder a alguien es como chocarte con una ventana de cristal. No sabías que estaba allí hasta que estalló en pedazos, y después recoges los trozos durante años –hasta el último fragmento de vidrio.

Por supuesto tú eres tu padre y él es tú. A menudo yo he sentido esto hacia mi propio padre, al que en parte espero ver después de morir. Pero creo que sé cómo se debió de sentir tu padre, sentado frente a su máquina de escribir con una novela inacabada. Igual que comprendo cuando dices que tú eres tu padre. Con cierto grado de precisión puedo ver esto en mi propio padre. Él y yo nunca parecimos tener nada que ver: nuestras asunciones básicas eran muy diferentes. Pero ahora eso parece superficial. Trato a mis hijos de forma muy parecida a como él me trataba a mí: sin respiración por la impaciencia, y después viene una larga inhalación en busca de afecto.

Estoy dispuesto a asumir el papel de padre adoptivo. Tengo sentimientos paternales hacia ti. No es solo el lenguaje lo que los une, o el ‘estilo’. Compartimos premisas más remotas pero también más importantes.

Y en realidad no estoy en las últimas. Espero estar por aquí un rato (no es una predicción sino una expectación). ‘Mientras esta máquina sea mía’, le dijo Hamlet a Ofelia.

Tuyo, con amor”.


Bellow. Faulkner. Roth. Bellow, Amis y un bebé (cuyo nombre Amis no cita en Experiencia).

 

Tres cartas de Saul Bellow:

1.

A William Faulkner:

“7 de enero de 1956

Estimado señor Faulkner:

… Escribo esta carta para darle mi opinión sobre su propuesta, hecha, asumo, después de que yo me fuera de la reunión, de que pidamos la liberación de Ezra Pound. ‘Mientras que el presidente de este Comité [People to People]’, usted dice, ‘recibió un premio del gobierno sueco y una condecoración del gobierno francés, el gobierno de Estados Unidos encierra a uno de sus mejores poetas’. Es un razonamiento realmente asombroso. Usted, señor Faulkner, fue merecidamente honrado por esos gobiernos. Pero usted, que yo sepa, no intentó derrocar o debilitar a ninguno de ellos. Además, Pound no está en prisión sino en un manicomio. Si estuviera cuerdo habría que volver a juzgarlo por traición; si está loco no habría que liberarlo simplemente porque es un poeta. En sus poemas y en sus emisiones radiofónicas Pound aconsejó la enemistad hacia los judíos y predicó a favor del odio y el asesinato. ¿Me pide que me una a usted para honrar a un hombre que pidió la destrucción de mis parientes? No puedo participar en algo así aunque sea buena propaganda en el extranjero, que lo dudo. Los europeos lo tomarán en cambio como un síntoma de reacción. En Francia Pound habría sido fusilado. ¿Liberarlo porque es un poeta? Vaya, quizá otros mejores poetas que él fueron exterminados. ¿No diremos nada en su nombre?

Estados Unidos ha sido compasivo con Pound al reconocer su locura y perdonarle la vida. Liberarlo es una idea tonta y débil. Identificaría este programa a los ojos del mundo con Hitler, Himmler, Mussolini y el genocidio. Lo que me deja estupefacto es que usted y el señor Steinbeck, que durante tantos años han trabajado con las palabras, no entiendan la importancia de las claras y brutales declaraciones de Ezra Pound sobre ‘kikes’, que llevaban a los ‘gentiles’ a la matanza. ¿Es eso –de los ‘Cantos Pisanos’- la materia de la poesía? Es una llamada al asesinato. Si lo dijera un granjero o un zapatero diríamos que está loco. El mundo entero conspira para ignorar lo que ha ocurrido, las guerras gigantescas, los odios colosales, los asesinatos inimaginables, la destrucción de la mera imagen del hombre. ¿Y nosotros –‘un grupo representativo de escritores estadounidenses’- salimos para esto? ¡Vaya desastre!

Sinceramente suyo”

2.

A Philip Roth:

“26 de diciembre, 1957

Tivoli, N.Y.

Estimado Philip Roth:

Por aquí los manuscritos cambian y vagan en enormes montones, como las dunas. El suyo apareció hoy, y le pido disculpas por mi desorden. Me hace más daño a mí.

Mi reacción a su relato [‘Expect the Vandals’] estaba en el lado bueno de la balanza, claramente. Pero con dudas, también. Me gusta su tono directo, su claridad sobre la biología. Ese tipo de cosa me viene como anillo al dedo. Me pareció que Moe era excelente; Pa, también. Una compañía de japoneses que se hacen el harakiri, sobre eso no estoy seguro. Una gran idea, pero palpablemente una Idea. Tengo algo contra las Ideas en los relatos. ‘La peste’ de Camus era una IDEA. ¿Buena o mala? No tan grande, en mi opinión. Con usted la Idea gana terreno rápida, fácilmente. Conquista. ¿Qué hay de Moe?

Mire, pruebe con Henry Volkening en el 522 de la Quinta Avenida. Mi agente. Muy bueno, además. Le deseo lo mejor. Y perdone que haya tenido el manuscrito tanto tiempo. Debería haberlo leído de inmediato. Pero no llevo una buena vida.

Suyo”,

3.

A Martin Amis:

13 de marzo, 1996

Brookline, Mass.

Mi querido Martin:

Veo que me he convertido en un corresponsal realmente malo. No es que no piense en ti. Apareces con frecuencia en mis pensamientos. Pero cuando lo haces creo que te debo una carta particularmente grandiosa. Y así terminas en ‘el almacén de las buenas intenciones’:

            ‘Ahora no puedo’.

            ‘Entonces espera’.

            Es la estrategia que uno tiene para hacer frente a la edad, y a la muerte –porque uno no puede morir con tantas obligaciones por delante. Nuestra hábil especie, tan fértil y llena de recursos para negar su debilidad.

            Entré en el hospital en el 94; biológicamente, un hombre de cuarenta años. Al salir en el 95, era el Anciano Marinero, y el Marinero no escribía historias. Tenía solo una historia y la narraba oralmente. Pero [me dije] sigues siendo un escritor, y a lo mejor más vale que te las arregles con el Anciano.

            Puede que esté a punto de resolver todas esas dificultades, pero desde hace dos años me han absorbido por completo.

            También me he vuelto olvidadizo. Nada como la afasia nominal de tu padre. Encuentro que no puedo recordar los nombres de gente que no me importa –en algunos sentidos una incapacidad agradable. También descubro que recordaría los nombres de la gente porque me liberaba de la necesidad de pensar en ellos. Sus nombres eran bastante. Como contar cabezas.

            Puedo imaginar cómo debía sentirse tu padre ante su máquina de escribir, con un libro por terminar. Mi solución es ir hacia cosas más cortas, que pueda acabar. He conseguido hacer algunas así. Es como volver a aprender a andar –pero ¿y si lo que uno quiere, en realidad, es correr?

            Estoy seguro de que has pensado en esas cosas al observar el sufrimiento de tu padre.

            El sábado pasado asistí a un funeral por Eleanor Clark, la viuda de R. P. Warren. Me descubrí diciéndole a su hija Rosanna que perder a alguien es como chocarte con una ventana de cristal. No sabías que estaba allí hasta que estalló en pedazos, y después recoges los trozos durante años –hasta el último fragmento de vidrio.

            Por supuesto tú eres tu padre y él es tú. A menudo yo he sentido esto hacia mi propio padre, al que en parte espero ver después de morir. Pero creo que sé cómo se debió de sentir tu padre, sentado frente a su máquina de escribir con una novela inacabada. Igual que comprendo cuando dices que tú eres tu padre. Con cierto grado de precisión puedo ver esto en mi propio padre. Él y yo nunca parecimos tener nada que ver: nuestras asunciones básicas eran muy diferentes. Pero ahora eso parece superficial. Trato a mis hijos de forma muy parecida a como él me trataba a mí: sin respiración por la impaciencia, y después viene una larga inhalación en busca de afecto.

            Estoy dispuesto a asumir el papel de padre adoptivo. Tengo sentimientos paternales hacia ti. No es solo el lenguaje lo que los une, o el ‘estilo’. Compartimos premisas más remotas pero también más importantes.

            Y en realidad no estoy en las últimas. Espero estar por aquí un rato (no es una predicción sino una expectación). ‘Mientras esta máquina sea mía’, le dijo Hamlet a Ofelia.

            Tuyo, con amor”.

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