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Daniel Gascón

LA GENTE QUE TE ACOMPAÑA

LA GENTE QUE TE ACOMPAÑA

1.

Simon Kuper: Ojalá me hubieran enseñado a aprender.

2.

¿Van a ir a la cárcel los banqueros negligentes?, por Rodrigo Tena.

3.

Münchau sobre el futuro de Europa.

4.

Jabois y Estefanía sobre Aznar.

5.

Rachas y tendencias.

6.

Igualdad, sostenibilidad y pensiones, por Belén Carreño.

7.

¿Son constitucionales siete millones de parados?

8.

¿Te gustaría ser amigo de Humbert Humbert?

[Imagen.]

EL DERECHO AL LAICISMO

1.

Un debate en Le Monde: ¿hacia una primavera contra mayo del 68?

Treinta años de reacción intelectual. Los orwellianos, o el nacimiento de una izquierda conservadora. El fracaso de los soixante-huitards. El triunfo del antiprogresismo.

2.

Soledad Gallego-Díaz: La necesaria denuncia del acuerdo con la Santa Sede:

El ministro socialista Ángel Gabilondo demostró en su día, en unas tercas negociaciones, que el PSOE y el PP podían llegar a un pacto social y político por la educación que incluyera más de ciento cincuenta objetivos consensuados. Todo este trabajo, que habría que agradecer a la porfiada voluntad del ministro, pero también a la profesionalidad de sus interlocutores del PP, quedó en nada por culpa de la presión de la Conferencia Episcopal y del dañino acuerdo con la Santa Sede.

Hasta que no se rompa ese acuerdo no será posible que la sociedad española mantenga unas relaciones amistosas y normales con la jerarquía de la Iglesia, como sería lo apropiado. Conviene saber que para denunciar ese acuerdo basta con que así lo vote la mayoría simple del Congreso. Obviamente, eso no es posible en la actual legislatura, pero debería ser alcanzable en alguna de las próximas. La ley Wert es la mejor ocasión para que el PSOE formalice esa voluntad, presentando una proposición de ley que, aunque no sea aprobada, deje marcada su promesa de acometer la normalización de unas relaciones que en todo el periodo democrático no han conseguido alcanzar un equilibrio respetable por todos.

Es importante aclarar que no hay nada en la Constitución que justifique que la nueva ley obligue a que haya una asignatura de religión, a que sea evaluable, a que exista una materia alternativa obligatoria igualmente evaluable y a que su nota media compute a la hora de pedir una beca. La Constitución se limita a garantizar “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Se trata del reconocimiento de una libertad, pero no implica la obligación del Estado a dar una prestación.

La falta de costumbre de la jerarquía católica española a debatir en el terreno de los argumentos, en contra de lo que ha sucedido con la Iglesia francesa o incluso italiana, habituadas a la discusión intelectual, hace que prefiera moverse en el campo de los mitos y las presiones.

3.

Maryam Namazie en defensa de Amina Tyler: El laicismo es mi derecho, la libertad es mi cultura.

4.

Una forma de predecir lo que piensas.

5.

Un país sin Biblia, por Félix de Azúa.

6.

The New Review of Books recupera un ensayo de Simone Weil.

7.

Simone Weil: carta a Bernanos.

8.

Este tipo de estupideces.

10.

Bésame mucho.

LA LUCHA CONTRA LOS MITOS

LA LUCHA CONTRA LOS MITOS

1.

31 gráficos que destruirán tu fe en la humanidad. Y aquí, la versión original: 31 gráficos que te devolverán la fe en la humanidad.

2.

¿Qué harías si tuvieras que defender a tu país del terrorismo?, por Jordi Pérez Colomé.

3.

Reflexiones sobre Woolwich, por Kenan Malick.

4.

Crimen, castigo y comida en Estados Unidos: La letra escarlata.

5.

Dónde viven los ateos del mundo: un mapa.

6.

Aznar: un mito aprovechado, por Arcadi Espada.

7.

Una conversación con Martin Amis.

8.

La Segunda Guerra Mundial en Finlandia.

9.

Jonás Trueba: Clásico y moderno

[Imagen.]

PROBLEMAS CON LAS PALABRAS

PROBLEMAS CON LAS PALABRAS

1.

Cómo las versiones "equilibradas" ayudaron a sostener el argumento falso de que las vacunas producen autismo.

2.

Un periodista, una mujer decidida y la investigación de un asesinato.

3.

Aurora Egido, académica.

De ella dice Antonio Pérez Lasheras:

"Se trata de una de las grandes maestras del hispanismo, que, desde Zaragoza y su universidad, ha sabido crear toda una escuela sobre la literatura aúrea.

Sus estudios sobre poesía barroca aragonesa (con la edición de textos fundamentales: ’Rimas’ de Juan de Moncayo, ’La Cartuja de Aula Dei’ de Miguel Dicastillo) y sobre la poesía española de los siglos XVI y XVII, sus aportaciones al teatro de la época (Calderón, pero también el teatro aragonés), y sus meritorios trabajos sobre la prosa (Cervantes y Gracián, sobre todo) hacen de Egido una de las mejores -si no la mejor- especialista en esta literatura.

Su contribución al conocimiento de Baltasar Gracián supone un trabajo de referencia, porque ha sabido concitar esfuerzos y hacer que muchas personas trabajen juntas, en un proyecto de investigación sin comparación en nuestra comunidad. Aparte, claro está, habría que mencionar sus aportaciones a la literatura del siglo XVIII (Luzán) o a la poesía contemporánea (su libro ’El barroco de los modernos’ es una lección de filología y de lo que Dámaso Alonso denominó ’feliz capacidad de expresión’".

4.

Delors y Schröder: Democracia, nuevo empleo y crecimiento.

5.

La socialdemocracia atrapada por la crisis del euro.

6.

El papel del escéptico: John Gray habla con René Scheu sobre Hayek, Marx y Berlin.

7.

Un hospital sueco: ¿un caso clínico?

8.

Una breve historia de la obscenidadLo que las palabras que usamos cuentan de nosotros, de David Brooks, y una respuesta.

9.

Instrucciones para fingir la propia muerte.

10.

Diego Manrique se despide de Georges Moustaki.

11.

Calamares en su tinta.

[He tomado la imagen de Flower Painting IV, de Joe Brainard, aquí.]

AUTORES Y PIRATAS

1.

Rescate: el debate de las descargas.

2.

Fernando Savater escribe:

Diderot no es un entusiasta de los privilegios de los gremios ni de cualquier cortapisa a la libertad de comercio, pero entiende perfectamente que la única forma de que un autor sea remunerado por su trabajo —y por tanto pueda crear en libertad no tutelada por mecenas— es proteger los derechos de los editores que compran su obra de parásitos imitadores que vendan a menor precio lo que otros consiguieron según trato justo. Su pragmatismo ayuda a sus principios, para facilitar su cumplimento más allá de la retórica. Este razonado alegato, una bella pieza ilustrada, demuestra que las asechanzas que hoy padece la creación cultural no son espejismos de quienes no entienden la modernidad, sino la continuación de un combate contra los que desde antaño pretendieron malversarla en su interés. Y nos deja algunos axiomas imprescindibles, como que “el autor es dueño de su obra o no hay persona en la sociedad que sea dueña de sus bienes” y que “el derecho del propietario es la verdadera medida del derecho del comprador”.

3.

Escribe Denis Diderot en Carta sobre el comercio de los libros:

“¿Qué bien le puede pertenecer a un hombre, si una obra del espíritu, el fruto único de su educación, de sus estudios, de sus desvelos, de su tiempo, de sus investigaciones, de sus observaciones; si las horas más bellas, los momentos más bellos de su vida; si sus propios pensamientos, los sentimientos de su corazón, la parte más preciosa de sí mismo, la que no merece, la que lo inmortaliza, no le pertenece? ¿Qué comparación entre el hombre, la sustancia misma del hombre, su alma, y el campo, el prado, el árbol o la viña que la naturaleza ofrece al principio igualmente a todo el mundo, y que el particular solo se apropia a través del cultivo, el primer medio legítimo de posesión? ¿Quién tiene más derecho que el autor a disponer de lo que es suyo como regalo o venta?

[…]

Lo repito: el autor es propietario de su obra, o ninguna persona en la sociedad es propietaria de su bien”.

4.

Muchas veces, los defensores de la piratería se justifican hablando de la reticencia de la industria a cambiar su modelo de negocio. Las grandes compañías, dicen, quieren conservar su posición de fuerza. Muchos autores, añaden, atrapados por las explotadoras prácticas de la industria, están a favor de la piratería. Los piratas son gente que ama la cultura y sus acciones solo perjudican a grandes corporaciones: serían una especie de Robin Hood colectivo. 

Además de que no me convence mucho la idea de que se pueda robar a una empresa solo porque sea grande, hay muchos ejemplos que no encajan en ese relato. Se puede pensar en el caso, por ejemplo, de un director que invierte su dinero y su tiempo para hacer una película, obtiene la colaboración de actores y técnicos, consigue latas de película caducadas para rodar, no recurre a ningún tipo de mecenazgo ni de ayuda pública, y solo espera tener el control de la explotación de su producto —usando plataformas digitales y presenciales— para que la película se vea en las condiciones que quiere y, si es posible, conseguir unos beneficios para recuperar la inversión y compensar a la gente que ha participado en su proyecto.

Al poco tiempo, ese director descubre que su película se puede ver en muchos lugares de la red. El otro día compró una copia de la película en el top manta.

LA FAMILIA HUMANA

1.

Todos somos príncipes, mendigos y parte de la familia humana.

2.

Por qué personas racionales se creen las teorías de la conspiración.

3.

Impuestos: Apple y Amazon.

4.

¿Han ganado los escépticos del cambio climático?

5.

Escribe Francesc de Carreras:

"¿El lugar de origen determina la manera de ser? Quizás en épocas pasadas fue así. Pensemos que hasta hace relativamente poco tiempo los españoles vivían de forma estable en un determinado pueblo o ciudad y, si por matrimonio, trabajo u otras razones, debían desplazarse, a excepción de los emigrantes a América, lo hacían a zonas cercanas. Se vivía en comunidades cerradas, con arraigadas viejas costumbres, dentro de espacios limitados. Apenas se viajaba y las maneras de vivir de otras gentes les parecían raras y, por supuesto, equivocadas.

Así pues, de generación en generación, se trasmitían los mismos prejuicios, a los que llamaban tradiciones y costumbres, no porque estuvieran determinados por la tierra en que se habitaba sino porque eran las creencias de los antepasados que te imponía la jerárquica comunidad en las que vivías. En estas sociedades, las personas que escogían otras maneras de vivir y de pensar eran consideradas excéntricas, cuando no chifladas, peligrosas y de dudosa moral.

Por tanto, la sociedad imponía tu forma de vida y era muy difícil sustraerse a esta presión. Con la lentitud propia del desarrollo histórico, todo esto ha ido cambiando: hoy estamos interconectados con el resto del mundo, escapamos de nuestros pequeños ámbitos de convivencia, tenemos un más amplio conocimiento de las cosas. Viajamos. La privacidad que permiten las ciudades alivia la presión social que forzaba los comportamientos individuales".

6.

El fracaso del plan Renove del ministro Gallardón.

7.

Escribe Elvira Lindo:

"La decisión de este Gobierno de convertir la religión católica en materia que cuente para la media final de los alumnos es una demostración de cómo sigue habiendo ciudadanos de primera y de segunda".

8.

David Trueba: Pisar.

9.

Auto de fe.

10.

La cosmología de los humoristas.

SENTIDO Y LUGAR

SENTIDO Y LUGAR

1.

Independentismo y clases sociales.

2.

Wolfgang Münchau: Para defender la Unión Europea, es mejor hacerlo pensando en el poder político y no en la eficiencia económica.

3.

José Ignacio Torreblanca sobre Educación para la Ciudadanía.

4.

Escribe Arcadi Espada:

"El proyecto del ministro Wert, como el de todos sus homólogos, ha subrayado el acuerdo con la llamada Santa Sede al que se atendrá el tratamiento de la religión en los planes de estudio. Algo así como pactar la didáctica del comunismo con el pretor Cayo Lara. Es amargo que tampoco este ministro haya sabido situar el sentido y lugar de la religión en un estado laico, y el principal, que es el de ponerla a salvo de todas y cada una de sus sectas".

5.

"Sé que soy un escritor de minorías. Escribo para una minoría y quiero que esa minoría sea lo más amplia posible. Trato de concientizar y me he acostumbrado a seguir contra la corriente y pagar el precio: la marginación [...]. Los silbidos ya me resultan un estímulo, los ataques ya me resultan un estímulo para seguir. Lo único a lo que realmente le tengo miedo es al silencio y al olvido."

[...]

"Creo que hay elementos irracionales en la condición humana que no pueden ser frenados solamente por la cultura. Tiene que haber instituciones democráticas lo suficientemente sólidas y fuertes como para oponerse a las mayorías que en algún momento, enloquecen, como enloquecieron en la guerra de Malvinas. El 90 por ciento de los argentinos creía que un ejército desprestigiado podía derrotar a Gran Bretaña y que podía encontrar el apoyo de EE.UU. y la OTAN. Era una locura a la que me opuse desde el principio. La única que iba a salir victoriosa de esa guerra era la dictadura. Mis enemigos no eran los ingleses: los que me oprimían y los que habían conquistado el país eran los militares y las Fuerzas Armadas. Incluso los intelectuales de izquierda y los exiliados apoyaron la guerra y querían volver para apoyar al Ejército. Ése fue el momento en el que perdí toda confianza en la sociedad argentina.

Juan José Sebreli: una película y una entrevista.

6.

Comparar el nazismo y el estalinismo causa una tormenta en Rusia, por Masha Gessen.

7.

El verdadero peligro de la presidencia menguante de Obama, por Jordi Pérez Colomé.

8.

Cómo será Estados Unidos cuando llegue la próxima plaga de cigarras.

[Imagen.]

EL TERROR DE VIDELA

EL TERROR DE VIDELA

1.

Enrique Krauze: Una noche en la Argentina de Videla.

2.

Cuenta Andrew Graham-Yooll en Memoria del miedo (Libros del Asteroide):

Inmediatamente después del golpe del 24 de marzo de 1976 hubo una corriente ininterrumpida de personas que venían a la redacción a diario a informar del secuestro de familiares por las fuerzas de seguridad. Parecía que la venganza contra aquellos que habían sido identificados con la izquierda en los cuatro años anteriores de inestabilidad política no tenía límites, ya fueran militantes o simpatizantes. Las esposas (las viudas, en realidad) decían que sus maridos, atrapados en sus departamentos, habían sido arrojados por las ventanas para matarlos. Otros habían sido golpeados hasta dejarlos inconscientes, en la calle, frente a sus hogares, antes de llevarlos. Los hijos y las esposas (cuando no se llevaban a todos) eran obligados a contemplar el tormento del hombre que amaban incluso mientras sus casas eran sistemáticamente saqueadas, incendiadas algunas veces. A una casa los invasores habían llegado con un camión para llevarse todo; desde el contenido del botiquín del baño hasta el lavarropas. Algunas criaturas eran llevadas con sus padres y desaparecían; a otras las dejaban en la calle con un cartón colgando de un alambre alrededor del cuello, con el nombre y la dirección.

[…]

El jefe de prensa estaba indignado:

-No hay censura.

La tensión producida por su disgusto se rompió cuando hizo este anuncio; muchos hombres rieron. Como suele ocurrir, ante una declaración solemne y de enfado, resultaron muy cómicas sus palabras y su fastidio. Cuando se calmaron las risas, él también sonrió como admitiendo que había cometido un exabrupto. Se cambió de tema, y cuando terminamos de almorzar, nos separamos en los términos amistosos de siempre.

La censura, sin legislación que la rigiera, se extendía. La inmoralidad de la autocensura se volvía menos reprensible a medida que aumentaba el número de periodistas muertos. Los diarios no informaban sobre arrestos, muertes ni desapariciones.

3.

Cuenta Christopher Hitchens en Hitch-22 (Debate):

La gente hablaba con los extranjeros desviando la mirada, y todo el mundo parecía conocer a alguien que había desaparecido. Los rumores sobre lo que les había ocurrido eran fantásticos y estrambóticos aunque, resultó, eran un eufemismo de la realidad. Antes de ir a ver al general Videla en la Casa Rosada, el viejo palacio presidencial de Perón, fui a entregar unas cartas de Amnistía Internacional a un grupo local de defensa de los derechos humanos, y a ver a Las Madres: las mujeres vestidas de negro que cada semana desfilaban por la Plaza de Mayo con fotografías de sus seres queridos desaparecidos. (“¡Toda mi familia!”, como imploraba una anciana, mientras mostraba sus fotografías. “¡Toda mi familia!”.) De ellas y de otros parientes y amigos obtuve una línea de preguntas que transmití al general. Me advirtieron que me diría que la gente “desaparece” todo el tiempo, por accidentes de tráfico o disputas familiares o, en las nefastas circunstancias de guerra civil en Argentina, por el deseo de salir de una banda y la necesidad de evitar a los viejos socios. Pero eso era una falsa coartada. La mayoría de los que desaparecían eran secuestrados abiertamente en los Ford Falcon sin matrícula de la policía militar de Buenos Aires. Debía preguntarle al general qué le había ocurrido a Claudia Inés Grumberg, una parapléjica que no podía moverse por sí misma pero a la que se había visto en manos de sus siempre vigilantes fuerzas armadas.

Conducido en presencia de Videla, justifiqué mi cortesía y formalidad diciéndome que no estaba allí para hacer comentarios sino para extraer hechos. Tengo una foto del encuentro que todavía me da ganas de vomitar: ahí está el asesino, el torturador y el que se enriqueció con las violaciones, como para ilustrar algún seminario sobre la banalidad del mal. De apariencia enjuta y mediocre, con un bigote irregular, da la impresión de ser un cretino que imita a un cepillo de dientes. Agarro su mano de forma excesivamente untuosa y sonrío como si me sintiera verdaderamente encantado de conocerlo. Ansioso por borrar esa humillación, esperé mientras él seguía casi con pedantería el guión previsto, apartando las supuestas pero sin duda lamentables desmaterializaciones que, se decía, afectaban a sus compatriotas argentinos. Y después le pregunté por la señorita Grumberg. Contestó que si lo que yo había dicho era cierto, debería recordar que “el terrorismo no es solo matar con una bomba, sino activar ideas. Quizá por eso está detenida”. Expresé mi asombro ante esa respuesta y, evidentemente pensando que no lo había entendido por primera vez, Videla profundizó el tema. “Consideramos un gran crimen trabajar contra el estilo de vida occidental y cristiano: el que pone bombas no es el único peligro, sino también el ideólogo”. Tras él, veía que dos o tres de los miembros más brillantes de su personal empezaban a mirarme con una descarnada hostilidad a medida de que se daban cuenta de que el general –El Presidente- había cometido un error al hablar con tanta sinceridad. (Más tarde descubrí que me seguían por la ciudad, lo que me produjo más de un momento de miedo.) Como respuesta a una pregunta derivada, Videla negó burdamente, negó rotundamente tener retenido a Jacobo Timerman “como periodista o judío”. Mientras teníamos ese intercambio surrealista, aquí está lo que le decían a Timerman sus despectivos torturadores:

“Tres son los principales enemigos de la Argentina. Karl Marx, porque trató de destruir la idea cristiana de la sociedad. Sigmund Freud porque trató de destruir la idea cristiana de la familia. Y Alberto Einstein porque trató de destruir la idea cristiana del espacio y el tiempo”.

No le resultaba difícil determinar la dirección que tomaba ese interrogatorio de aspecto clerical y fascista e interrumpido por las sacudidas de la picana. Más tarde supimos lo que le sucedió a la mayoría de los que habían sido encerrados y torturados en las cárceles secretas del régimen. Según un capitán de la Marina llamado Adolfo Scilingo, que publicó un libro de confesiones, esas víctimas rotas eran a menudo destruidas “como pruebas”: volaban sobre el Atlántico Sur y las arrojaban desde el avión a las gélidas aguas que había debajo. Imagina el elemento de diversión cuando está la sorpresa añadida de una prisionera judía en una silla de ruedas… abrimos la puerta y nos preparamos para enrollarla y es uno, dos, tres, ¡ya!

Muchos gobiernos emplean la tortura, pero esa fue la primera vez que el elemento de pornografía y saturnal me resultaba tan claro. Si te apetece imaginar lo que cualquier hombre inadecuado o cruel podría hacer si tuviera un poder ilimitado sobre una mujer, cualquier cosa que puedas llegar a sospechar se convirtió en rutina en la ESMA, la Escuela Mecánica de la Armada que se había convertido en la sede del asunto. Hablé con el doctor Emilio Mignone, un ilustre médico cuya hija Mónica había desaparecido en ese recinto infernal. ¿Qué le puedes decir a un médico y activista humanitario atormentado por la imagen de una rata hambrienta que introducen en los genitales de su hija? Como el propio infierno, la escuela fue aprobada y bendecida por un sacerdote, por si había que calmar alguna conciencia intranquila. El capellán católico de la ESMA, el padre Christian von Wernich, fue condenado tres décadas después por directa complicidad en el asesinato, la tortura y la abducción. El nuncio del Papa, que más tarde se convertiría en el cardenal Pío Laghi, era el pulcro compañero de tenis del almirante Emilio Masssera, el miembro de la Marina argentina que supervisaba toda la empresa.

4.

Jacobo Timerman escribió en Prisionero sin nombre, celda sin número (Random House):

Están muy divertidos ahora, y se ríen a carcajadas. Alguien intenta una variante, mientras siguen batiendo palmas: “Pito cortado… Pito cortado”. Entonces van alternando mientras siguen batiendo palmas: “Judío… Pito cortado… Judío… Pito cortado”. Creo que ya no están enojados; se divierten. Doy saltos en la silla, y aúllo mientras las descargas eléctricas continúan llegando…

[…]

Todo ese mundo de afectos familiares construido con tantas dificultades a través de los años, se derrumba por una patada en los genitales del padre, o una bofetada en la cara de la madre, o un insulto obsceno a la hermana, o la violación sexual a la hija. De pronto se derrumba toda una cultura basada en los amores familiares, en la devoción, en la capacidad de sacrificarse el uno por el otro. Nada es posible en este universo, y es precisamente lo que saben los torturadores. […] Escuché, de celda en celda, los murmullos de las voces de los hijos tratando de averiguar qué pasaba con los padres, y he visto los esfuerzos de las hijas para conquistar algún guardia, despertar el sentimiento de ternura en algún guardia, hacer brillar en su interior la esperanza de una relación futura, hermosa, para averiguar qué pasa con una madre, para acercarle una naranja, para que le permitan ir a la letrina.

5.

Diccionario del terror.

6.

Leila Guerriero: El muerto.

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