HAGAN JUEGO
1.
Las guerras entre Orwell y el New Statesman.
2.
3.
4.
5.
El paper que debería leer el gobernador del banco de España.
6.
Extraños métodos de estudio y el escándalo de Memory.
7.
1.
Las guerras entre Orwell y el New Statesman.
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5.
El paper que debería leer el gobernador del banco de España.
6.
Extraños métodos de estudio y el escándalo de Memory.
7.
1.
Una foto en la que salimos bien.
2.
Ana Palacio: Fraude al Estado de derecho.
3.
La diferencia latina, por Harold James.
4.
Antonio Elorza sobre el yihadismo individual.
5.
¿Por qué los bebés finlandeses duermen en cajas de cartón?
6.
Alma Guillermoprieto sobre Venezuela.
7.
Carta de los cineastas europeos en defensa de la excepción cultural.
8.
La ministra de cultura francesa carga contra Amazon.
9.
Clive James defiende la crítica hostil (y pone algunos ejemplos).
Siempre va a haber embarazos no deseados. El aborto es una realidad trágica y traumática, y el objetivo es que, como declaró Bill Clinton, sea “seguro, legal y escaso”. Para ello es necesario que existan una educación sexual y anticonceptivos disponibles, garantías sanitarias, apoyo a la maternidad y un marco legislativo, como el que proporciona la ley española de 2010, una normativa homologable a las de los países de nuestro entorno: Europa occidental, donde el aborto es legal, tiene las tasas de aborto más bajas del mundo. El Partido Popular recurrió la ley de plazos ante el Tribunal Constitucional y ha anunciado que la va a cambiar antes de que haya una sentencia.
Probablemente hay razones pragmáticas: el PP tiene que contentar a los sectores más radicales de sus votantes y las guerras culturales generan mucho ruido y distraen de otros asuntos. Se produce una curiosa paradoja: el gobierno compensa su timidez reformista con celo contrarreformista. Ese brío toma la forma de concesiones al sector más ultramontano de la Iglesia Católica. La ley que pretendía modernizar la educación española ha supuesto la reintroducción de la asignatura de Religión como materia evaluable. Según una encuesta reciente el 70% de los españoles –y el 61% de los católicos practicantes– se opone a esa decisión, que es un asalto al pensamiento científico, pero también facilita una práctica obscena: en muchos centros, los alumnos que escogen religión tienen automáticamente buena nota en esa asignatura. Ahora, ese premio a la fidelidad tribal hace media con la nota del resto de asignaturas: es un soborno mucho más jugoso, y deja en desventaja a quienes no quieran seguir una formación religiosa. En la reforma del aborto, el gobierno también se esfuerza en contentar a unos sectores que, esté dónde esté el Padre, siempre se colocarán a su derecha.
Lo que molesta a los sectores conservadores no es el derecho a la vida, sino la libertad sexual. En las democracias occidentales, la prohibición del sexo antes del matrimonio, del onanismo, del divorcio o de los anticonceptivos son ya batallas perdidas; por eso se redoblan los esfuerzos en torno al aborto. Uno de los motivos principales de que exista un debate público sobre el asunto es una cuestión de localización. El aborto se produce en el terreno que las religiones del Libro han intentado controlar con más insistencia: el aparato reproductor femenino. Si no fuera así, el aspecto político del debate habría quedado cancelado hace tiempo: el debate moral seguiría existiendo, pero sería una íntima cuestión de conciencia. Contrariamente a lo que podría parecer, que el aborto esté despenalizado no significa que sea obligatorio. Y, por otra parte, la vida está llena de cosas que son discutibles o inaceptables según algunos sistemas morales y que sin embargo no son delito. En palabras de Fernando Savater:
Las leyes contemporáneas de las democracias avanzadas no pretenden zanjartodas las disputas morales, sino impedir que lo que unos consideran pecado deba convertirse en delito para todos. Como todo reconocimiento institucional de la libertad de conciencia, ello obliga al incómodo ejercicio de convivir con lo que no nos gusta y aceptar que no se castigue penalmente las transgresiones de lo que nosotros íntimamente nos prohibimos.
La pregunta es: ¿debe una mujer ir a la cárcel por abortar? Ni siquiera lo cree el ministro Ruiz Gallardón. (Y las organizaciones ultracatólicas, abogadas de la tiranía de la mente discontinua que equiparan el aborto con el asesinato y dicen que abortar un embrión es matar a un niño presumiblemente encantador, piden que se prohíba la interrupción del embarazo, no que se clasifique como homicidio.)
Uno de los aspectos más tétricos de la postura del Partido Popular es el paternalismo con el que ha tratado el asunto. Mediante una batería de datos falsos y demagogia –que hizo que una de sus diputadas, Celia Villalobos, abandonara la sesión del Congreso, y ha incluido desde revisiones de Foucault a una pasmosa preocupación por la desigualdad económica–, se ha presentado la mujer que toma una decisión difícil como víctima, como un ser incapaz de decidir sus actos. Es un insulto a la realidad, un menoscabo a la dignidad de las mujeres que abortan y a la inteligencia de los ciudadanos. Volver a una ley de supuestos, como ha anunciado el PP, va en la misma dirección condescendiente: esa normativa, que obliga a una mujer a decir que es incapaz psicológicamente de tener un hijo para poder abortar, es una manera de declarar simbólicamente la minoría de edad mental de las españolas. Que la parte más conservadora de la derecha española, en alianza con la Iglesia Católica, afease a la izquierda su papel en la defensa de los derechos de la mujer a lo largo de la historia, como ha hecho el ministro de Justicia, recordaba por momentos al conde Drácula reprochando un chupetón.
Es posible que la especulación sobre la eliminación del aborto eugenésico sea finalmente una demostración de que el PP se ha aficionado a una de las tácticas preferidas del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero: el globo sonda. Pero, aun así, es inquietante. No se puede impedir que una mujer tenga un hijo sabiendo que va a ser discapacitado o va a tener una malformación. Pero tampoco se le puede obligar a tenerlo. El jesuita Juan Masiá Clavel escribía:
Es ambiguo hablar de malformaciones en general, equiparando casos, desde un simple estrechamiento del conducto esofágico en un síndrome de Down hasta una anencefalia. Tampoco es coherente penalizar la interrupción del embarazo en supuestos seriamente graves, a la vez que se recorta el apoyo con la ley de dependencia a la crianza, sanidad y educación de esa vida discapacitada. Ni se puede lanzar la acusación de antivida a quienes optaron dolorosamente por un mal menor en situación de conflicto, ni es necesariamente provida la postura que impone por motivaciones ideológicas la opción contraria.
[…] un feto anencefálico carece del mínimo neurológico-estructural como soporte para formar una persona, desde respirar autónomamente hasta capacitarse para actos estrictamente humanos. Si hay razones para no interrumpir su alumbramiento, no será por considerarlo realidad humana personal. Su aborto no es comparable a matar un ser humano. Un feto con una malformación incompatible con la vida extrauterina (por ejemplo, agenesia renal irremediable) tampoco sobrevivirá.
En cambio, es delicado el caso de fetos con patología grave incurable, solo con solución paliativa. El doctor Francesc Abel, con doble perspectiva de obstetra y teólogo moral, concluía: “Ante tal diagnóstico prenatal, muchos progenitores solicitan interrumpir la gestación, acogiéndose al tercer supuesto de la ley... Aunque objetivamente cueste asentir, debemos respetar a quienes se encuentran en esta situación y sus decisiones” (Diagnóstico prenatal, Instituto Borja de Bioética, 2001, 3-26).
La consecuencia de esa cerrazón ideológica sería imponerle a una madre un hijo enfermo, y exponerlos a los dos a dificultades y padecimientos. Por ejemplo, una mujer o una pareja puede tener problemas a la hora de pensar en otros hijos: no solo por temor a que la discapacidad vuelva a aparecer, sino por la posibilidad de cargar al hijo menor con el cuidado del mayor. También supone hacerse responsable a sabiendas de que es una persona dependiente y de que te puede sobrevivir. Tampoco es lo mismo tener un hijo discapacitado si tienes dinero que si eres pobre. Y, con los recortes en las ayudas a la dependencia, todavía menos. Desgraciadamente, muchas personas sufren cada día las consecuencias de ese inhumano empecinamiento ideológico: en los países donde el aborto es ilegal no es menos frecuente, pero se realiza en condiciones menos seguras, que a menudo ponen en peligro la vida de las mujeres. Como han hecho los reaccionarios musulmanes, los fundamentalistas católicos –que combinan alegremente dos falsedades cuando se presentan simultáneamente como una mayoría social y una minoría perseguida– se apropian de un lenguaje aparentemente democrático, pero que solo funciona en una dirección: la libertad religiosa es solo la libertad para imponer su religión, y la libertad de expresión es solo la suya. En ese aspecto, los fanáticos religiosos se parecen a las personas que, como decía Groucho Marx, siempre toman bebidas caras, excepto cuando pagan ellos. Es una lástima que el gobierno de todos los españoles esté tan dispuesto a complacer a un sector atrasado y minoritario que muestra tanto entusiasmo por decretar la necesidad del sufrimiento ajeno y tanto empeño por convertir sus pecados en los delitos de todos.
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1.
El resentimiento contra Erdogan explota, dice Charlemagne.
2.
Elif Batuman: la policía y los manifestantes en Estambul. Unas imágenes.
3.
Turquía: unas cosas no son muy parecidas a otras cosas, por Pawel Morski. El análisis de Dani Rodrik.
4.
Una lista de periodistas detenidos en Turquía.
5.
En años de bonanza, el Estado obtiene de Cataluña ingresos por encima de los servicios que presta; mientras que en los de crisis, el saldo fiscal de Cataluña es pequeño o incluso favorable a esta comunidad
6.
Economistas que no se arrepienten: Robert Skidelsky sobre la austeridad.
7.
Una entrevista con Daniel Kanheman:
Es una pregunta complicada, pero ¿cuál es el consejo más sencillo y directo que le daría a alguien que quisiera asegurarse de que su sistema 2 no está cediendo decisiones y cálculos importantes al sistema 1?
En realidad no es una pregunta complicada porque las respuestas no son sorprendentes. Detente, consúltalo con la almohada y pide consejo a tus más amigos más brutales y menos empáticos. A veces, los amigos te ayudan mucho cuando comparten tus sentimientos. En el contexto de las decisiones, los amigos más útiles son los que entienden tus sentimientos pero no se sienten impresionados por ellos. Por ejemplo, una fuente importante de malas decisiones es la aversión al riesgo, que hace que demos mucho más peso a lo que podríamos perder que a lo que podríamos ganar. Normalmente los consejeros nos dan un consejo donde las ganancias y las pérdidas se tratan de forma más neutral. Es más probable que adopten una visión amplia y a largo plazo de nuestro problema, tienen menos probabilidades que el individuo en cuestión de ser arrastrados por los miedos y esperanzas del momento.
Señala en el prólogo del recién publicado The Behavioral Foundations of Public Policy que los economistas tienen un “monopolio” en el diseño de políticas. “Nos guste o no, es un hecho que la economía es la única ciencia social que quienes diseñan políticas consideran relevante y útil”. ¿Por qué?
Los que diseñan las políticas, como la mayoría de la gente, normalmente piensan que ya saben toda la psicología y sociología que necesitarán para sus decisiones. No creo que tengan razón, pero así es. Por otro lado, la gente que no ha estudiado economía es totalmente consciente de su ignorancia. El uso de las matemáticas añade un toque de magia a la economía. De hecho, tiene mucho sentido que los economistas sean los intérpretes de la investigación sobre las medidas políticas relevantes, porque comprenden y están entrenados en el uso de big data. Eso, y el hecho de que las políticas siempre entrañan tradeoffs y casi siempre dinero, explica el papel dominante de la economía.
[…]
El modelo del agente racional tiene consecuencias más cuestionables en el dominio de las medidas políticas, porque la premisa de que los individuos son racionales en la búsqueda de sus intereses tiene un matiz ideológico e implicaciones que muchos considerarían desafortunados. Si los individuos son racionales, no hay necesidad de protegerlos de sus propias decisiones. Llevando las cosas al extremo, no habría necesidad de Seguridad Social o de leyes que obliguen a los motoristas a llevar casco.
8.
Sillón B, por Aloma Rodríguez.
9.
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1.
La austeridad, como un monstruo de una película de serie B, volverá, dice Wolfgang Münchau.
2.
Mario Vargas Llosa escribe en ¿La hora de las trincheras?:
"Nada puede perjudicar más a la derecha, en esta circunstancia, que oponer a esta radicalización de la izquierda un extremismo paralelo, atrincherándose en la intolerancia de las verdades únicas y dogmáticas y purgando de sus filas a todos quienes osan discrepar. Nada daría más razón a quienes sostienen, desde el bando opuesto, que la derecha es egoísta, intolerante y autoritaria, que su adhesión a los valores democráticos es superficial y de coyuntura, que detrás de la propiedad privada, el mercado libre y la democracia burguesa hay siempre un Pinochet. Chile parecía haber dejado atrás esa visión pequeñita y mezquina que, por desgracia, todavía alienta en la derecha iliberal de América Latina".
4.
"En España, la tasa de desempleo juvenil es aproximadamente dos veces la tasa de desempleo general, lo que la sitúa en la media de la OCDE y por debajo de Francia, Reino Unido o Noruega. España lo que tiene es un enorme problema de desempleo, sin adjetivos".
5.
El poder de la televisión o lo que Putin aprendió de Berlusconi, por Simon Kuper.
6.
"La forma de luchar contra estos predicadores del extremismo violento no es prohibirlos, sino aceptar su desafío en todos los medios. Las decisiones que hay que tomar son editoriales, y deben tomarlas los responsables de los medios, no los ministros del Interior. En mi opinión, las cadenas BBC y Channel 4 se equivocan al invitar a extremistas que tan bien saben utilizar la televisión como Choudary en programas que parecen insinuar que son participantes legítimos en un debate nacional civilizado. Pero eso no tiene nada que ver con la posibilidad, perfectamente apropiada, de que unos periodistas filmen una entrevista con él dentro de un reportaje de investigación para saber cómo es posible que un joven nacido en Reino Unido acabara convenciéndose de que tenía que acuchillar a un soldado británico en nombre de Alá. El Instituto de Diálogo Estratégico, una institución con sede en Londres, ha emprendido un estudio muy interesante sobre cómo contrarrestar el relato de los extremistas contradiciéndolo con otros relatos y aprovechando las herramientas que ofrece Internet.
Para terminar, me gustaría inspirarme en Edmund Burke y decir unas palabras en favor del odio. Intentar convertir en delito una emoción es un empeño tan tonto e inútil como intentar derrotarla en una guerra (la “guerra contra el terrorismo”). Además, como destacó el gran pensador conservador británico, sentir algo de odio es sano. “Nunca sabrán amar cuando deberían amar”, escribió, “quienes no saben sentir odio cuando deberían sentirlo”. Odio la ideología islamista violenta que envenenó la mente de ese joven. Odio el fascismo. Odio todos los tipos de opresión. Odio la estupidez. Odio las ideas chapuceras. Y en nombre de todos esos odios, aconsejo no dejarnos arrastrar por reflejos automáticos ni caer en la reacción superficial, corta de miras, obcecada y contraproducente de decir “hay que hacer algo”, como esos ministros del Interior que, de tanto defender nuestras libertades, acaban por mermarlas".
7.
8.
Sobre el metro de Moscú y ser gay.
9.
Un gráfico sobre las prioridades de la Venezuela de Chávez.
10.
El teórico de la conspiración que cambió de idea, y lo que le pasó después.
[Imagen.]
1.
El presidente de un equipo de fútbol, una adivina, un conjuro y 165.000 euros.
2.
Esto es lo más grave en el episodio del nombramiento de ocho exorcistas para la diócesis de Madrid por el arzobispo Rouco: más allá de las cortinas de humo sobre la avalancha de peticiones para que tal cosa se haga y de la olla podrida con actividades como echar cartas o el mal de ojo, la disposición del prelado significa claramente que cree en la posesión diabólica. Y tanto cree que serán designados cuatro psiquiatras para que asesoren a los exorcistas, quienes determinarán si el caso es de naturaleza científica o religiosa. La explicación de este ingreso del arzobispado en el túnel del tiempo tiene que ver con el prisma agustiniano a través del cual contempla la sociedad actual: el ascenso de la figura casi olvidada del diablo remite a la voluntad de recuperar una actitud represiva, al ilustrar la presencia en la sociedad del Mal personificado en Satanás.
En ese contexto, el regreso al diablo representa algo más que un nuevo triunfo, acotado al ámbito religioso, de los monstruos que suplantan a la razón porque esta duerme, según el famoso capricho de Goya. La irracionalidad puede contaminar el ejercicio de una profesión científica, como la de psiquiatra, si este es católico a lo Rouco y suscribe la visión eclesiástica. Tengo bien cerca el caso de mi único hijo, enfermo mental ya fallecido, donde hace cinco años el diagnóstico en San Juan de Dios de Madrid —no de Palencia, allí todo fue excelente— incluía la posesión diabólica. No supuesta posesión diabólica. Se lo conté al interesado y nos reímos, por no llorar, yéndonos claro con la música a otra parte.
3.
Mariano Gistaín: Rajoy y Aznar.
4.
Andrés Boix sobre esa moralina rancia que todo lo invade.
5.
6.
Los temas más polémicos por idioma en Wikipedia.
7.
Una guía de conversación de 1866.
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1.
El extraño renacimiento de la Inglaterra liberal, en The Economist.
2.
Inflación ética, por Fernando Savater.
3.
¿Derecho contra democracia?, por Francesc de Carreras:
Naturalmente, la Constitución debe regular determinados aspectos básicos: derechos fundamentales, órganos constitucionales y procedimientos de producción de normas. Desde un punto de vista democrático, es indispensable que el contenido de esta Constitución garantice la igualdad de derechos, las elecciones libres, el pluralismo político (derechos de reunión y asociación) y la libertad de expresión que permita la existencia de una opinión pública libre. Una Constitución como norma superior del ordenamiento y con este contenido es la garantía de un Estado democrático de derecho.
No se trata, por tanto, como dice Artur Mas, de que primero es la democracia y después el Estado de derecho y no al revés, sino de que ambos elementos son inseparables una vez que la Constitución ha sido aprobada. Tampoco cabe la posibilidad de entender que el Estado de derecho puede llegar a ser un adversario de la democracia: ambos están estrechamente entrelazados e indisolublemente unidos. De tal manera que, en un sistema así configurado, si la democracia es contraria al derecho no es democracia, sino vulneración de la democracia, porque la democracia sólo se puede ejercer a través del derecho y, por tanto, no puede ser contraria al derecho.
4.
Pablo Simón sobre la transparencia.
6.
José Luis Mendivil: La importancia de llamarse catalán.
7.
Una entrevista con Chusé Raúl Usón.
8.
Medios promiscuos, por Felix Salmon.
9.
Si eres tertuliano, es mejor mostrarte seguro que tener razón.
10.
Jonás Trueba: Alfonso Guerra y el cine.
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1.
El manifiesto por una nueva ley de partidos.
2.
3.
Cinco insultos comunes entre los rebeldes de la Edad Media.
4.
Leer a Hayek en Pekín. Y a Strauss.
5.
6.
7.
Marguerite Duras sobre la vida, la inmortalidad y el arte de ver.