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HITCHENS SOBRE EGIPTO

Christopher Hitchens escribe en el número de abril de Vanity Fair:
“Al analizar revoluciones, siempre es útil consultar a los veteranos barbudos. Los que intentan dominar un nuevo idioma, escribió Karl Marx sobre la crisis en Francia en el siglo XIX, siempre comienzan vacilantes y retraducen a la lengua familiar que ya saben. Y con su colega Friedrich Engels definió la revolución como la partera gracias a la cual la nueva sociedad nace del cuerpo de la vieja.
Al observar los acontecimientos aparentemente sísmicos en Túnez y El Cairo en enero y febrero de este año, varios observadores empezaron a compararlos con los precedentes discrepantes. ¿Era la caída del Muro de Berlín en el mundo árabe? ¿O se parecía más los movimientos del ‘poder popular’ en Asia de mediados de la década de 1980? También se mencionó el ejemplo de América Latina, con el escape tardío pero veloz del gobierno militar en las últimas décadas. Los que tenían una memoria más larga guardaban un recuerdo afectuoso a la incruenta ‘revolución de los claveles’, en el Portugal de 1974: una hermosa fiesta de la democracia que también ayudó a inaugurar la emancipación de España tras cuatro décadas a la sombra del general Franco.
Fui un insignificante testigo ocular de esos episodios en los que ‘la felicidad esperaba al amanecer’: estuve en Lisboa en 1974, en Corea del Sur en 1985, en Checoslovaquia en 1988, en Hungría y Rumania en 1989, y en Chile y Polonia y España en varios momentos a lo largo de la transición. También vi algunas de las primeras etapas de la erupción histórica en Sudáfrica. Y en Egipto, por desgracia -a excepción del factor común de la espontaneidad humana y la dignidad incontenible, lo que Saúl Bellow llamó la ‘elegibilidad universal a ser noble’- no puedo encontrar ningún paralelismo, modelo o precedente. (Mubarak pidió que lo considerasen un ‘padre’, y constató que ‘su’ pueblo prefería ser huérfano.) Es realmente un nuevo lenguaje: el lenguaje de la sociedad civil, en el que el mundo árabe es casi iletrado e ignorante. Por otra parte, mientras que el cuerpo viejo puede sufrir el tormento de los dolores, e incluso recibir la asistencia de un buen número de aspirantes a parteras, es muy difícil encontrar el pulso del embrión.
En la Europa del Este de finales de la década de 1980, uno no solo sabía lo que la gente quería, sino también la forma en que lo conseguiría. No pretendo disminuir la grandeza de esas revoluciones, pero los ciudadanos esencialmente deseaban vivir en las condiciones de los europeos occidentales, con mayor prosperidad y mayor libertad. Un empujón ‘al Muro’ y estaban viviendo en Europa occidental, o en todo caso en Europa central. Los brazos de la Comunidad Europea y la OTAN ya estaban más o menos abiertos, y todo el mundo, de Berlín oriental a Varsovia, estaba relativamente alfabetizado y cualificado, y no recuerdo siquiera que se perdiera una uña en forma de víctima (excepto en Rumania, donde había que tratar con un verdadero Calígula). Hombres como Václav Havel y Lech Walesa, además, ya había demostrado que estaban dispuestos a asumir la responsabilidad de gobernar. Voilà tout!
En Portugal, en abril de 1974, antes de los liberales que formaban parte del ejército se volvieran contra la dictadura fascista más antigua de Europa y rompieran todas las puertas literales y metafóricas de las prisiones, solo había un partido legal. El primero de mayo de ese año los partidos socialista y comunista de ese país fueron capaces de llenar las calles de la capital. En pocos días, se habían anunciado un partido liberal y un partido conservador, y en un plazo muy corto Portugal fue, por decirlo así, un país ‘normal’ de Europa. Los partidos, con dirigentes muy experimentados, habían estado allí todo el tiempo. Todo lo que se requería era que se rompiera el frágil caparazón del antiguo régimen. Lo mismo sucedió en Atenas unos meses más tarde: ante mis ojos complacidos, los torturadores y déspotas de la junta militar fueron a la cárcel y políticos civiles veteranos volvieron a casa desde el exilio o salieron de la cárcel, y a final de año se había celebrado un elección, en la que los partidarios del antiguo sistema de gafas oscuras y cascos de acero pudieron presentarse y obtuvieron alrededor de un uno por ciento de los votos.
Tal vez el acontecimiento más emocionante de la historia de Sudáfrica fue el momento estéticamente perfecto de febrero de 1985, cuando los carceleros se dirigieron a Nelson Mandela y le dijeron que era libre de irse. ¡Y Mandela se negó con arrogancia! Saldría de la cárcel cuando estuviera listo y cuando todo el país hubiera sido liberado, y no un segundo antes. En ese instante, los imbéciles que lo habían confinado se dieron cuenta de que ya era el presidente de la república y de hecho ostentaba el mando moral del cargo desde hacía un tiempo considerable. Tampoco era solo una cuestión de su carisma. El Congreso Nacional Africano, un partido muy asentado, con experiencia y sin distinciones raciales, había dicho, durante años y con total confianza, a las autoridades del apartheid: Cuando ustedes terminen de arrastrar este país por los suelos, estamos absolutamente preparados para reemplazarlo. In utero, y desde el tercer trimestre, la nueva Sudáfrica ya existía.
En 1986, en Filipinas, un matón con cara de lagarto, Ferdinand Marcos, fue derrocado por una masiva desobediencia civil tras unas ‘elecciones anticipadas’ amañadas y sustituido por Corazón Aquino, la viuda de un hombre -Benigno Aquino- que había sido asesinado por amenazar con ganar las anteriores. Poco antes, fui en avión a Corea del Sur con el exiliado forzoso Kim Dae Jung, que había escapado por poco a un intento de asesinato, después de resultar segundo en una votación fraudulenta. Nos detuvieron y maltrataron en el aeropuerto, y balas de goma y gases lacrimógenos (algunas cosas nunca cambian) disolvieron una de las más grandes multitudes de bienvenida que he visto, pero Kim Dae Jung era el líder de la oposición en unos pocos años, y fue elegido presidente no mucho después de eso.
Ni una sola de condiciones o precondiciones preñadas existe en Egipto. Ni en el exilio ni en el propio país hay alguien que se asemeje remotamente a un verdadero líder de la oposición. Con la excepción parcial de los obsesivamente citados Hermanos Musulmanes, los vestigiales partidos políticos son cascos demacrados. La mayor fuerza en el Estado y la sociedad -el ejército- es una institución hinchada y muy implicada en el statu quo. Como se dijo una vez de Prusia, Egipto no es un país que tiene un ejército, sino un ejército que tiene un país. Todavía resulta más deprimente que, aunque existiera una alternativa de gobierno competente, es casi imposible imaginar lo que podría ser su programa. La población de Egipto contiene millones de graduados que han recibido una mala instrucción y no pueden encontrar empleo, y decenas de millones de obreros y campesinos que llevan una vida de subsistencia. No olvidaré nunca lo que vi en mi primera visita a El Cairo: la ‘Ciudad de los Muertos’, una gran población de personas sin hogar e indigentes que vive entre las tumbas de uno de los extensos cementerios de la ciudad. Durante siglos, los gobernantes de Egipto han podido depender del peso aplastante del letargo y la inercia para mantener la ‘estabilidad’. Estoy escribiendo esto en la primera semana de febrero, y no me sorprendería que la máquina -con o sin Mubarak- pudiera confiar de nuevo en esa mano muerta, mientras el valor y la iniciativa ejemplares de los ciudadanos de la plaza Tahrir se retiran lentamente.
Sin embargo, y por muchas de las mismas razones, es muy poco probable que los temblores produzcan una negación espantosa: un Jomeini o un Mugabe que conviertan la revolución inicial en una contrarrevolución feroz. La débil economía de Egipto es enormemente dependiente de la hospitalidad de los turistas occidentales. Aproximadamente uno de cada diez egipcios es cristiano. Al sur de la nación, en Sudán, millones de africanos acaban de votar a la secesión de un Estado que impone la sharía, y se han llevado la mayoría de los campos petroleros del país con ellos.
Aunque se suprima el acuerdo de paz con Israel, Egipto nunca será capaz de hacer otra guerra con el Estado judío, o no sin garantizar la catástrofe. No es extraño que la voz de los Hermanos Musulmanes resulte tan diminuta. ¿Esperan realmente afrontar los problemas que he mencionado, con su lema simplista y endeble que dice ‘el islam es la solución’? Los mulás iraníes fueron capaces de secuestrar la revolución de 1979 porque en el ayatolá Jomeini tenían una figura de autoridad y casi semejante a Lenin, y porque (con el consentimiento encubierto de un baptista de sonrisa afectada llamado Jimmy Carter) Sadam Husein les hizo el inmenso favor de invadir una de sus provincias occidentales y consolidar una unidad nacional histérica. Los mulás también estuvieron y siguen estando parcialmente aislados de las consecuencias de su insensatez económica por la posesión de grandes reservas de petróleo, del que apenas puede encontrarse una gota en las proximidades del delta del Nilo.
Como recordamos con tristeza, el equipo de Ahmadineyad en Irán también fue capaz de retener el poder frente a una insurrección democrática popular (sobre todo urbana). También fue despiadado en el uso de la fuerza y pudo confiar en la pasividad de una gran población rural, bastante piadosa y dependiente del subsidio estatal. Al heroísmo se le rompe el corazón, y al idealismo la espalda, ante la intransigencia de los crédulos y los mediocres, manipulados por los cínicos y los corruptos.
El mismo día en que escribo iba a ser un ‘Día de la Ira’ en Damasco, pero fue un fiasco abyecto que dejó el gobierno hereditario de Assad donde estaba, al tiempo que recuperó gran parte de lo que había perdido en el Líbano después de la desdichadamente breve ‘Revolución de los cedros’ de 2005. En Yemen hay unas cinco causas separadas y distintas de agravio, desde una división de norte-sur a una rebelión tribal chií, pasando por las tácticas cada vez más sofisticadas de sustitutos locales de al-Qaeda. Esto no quiere decir que el mundo árabe esté condenado indefinidamente a permanecer inmune a la ola democrática que limpiado de despotismo otras regiones. Sin duda se han sembrado semillas que germinarán. Pero el escalofrío de la concepción está a considerable distancia del drama del nacimiento, y esta no sería la primera revolución en la historia que es parcialmente abortada”.
HITCHENS SOBRE BLAIR

“Di ‘Toronto’ u ‘Ontario’ y las primeras asociaciones mentales presentan una versión un poco insulsa de América del Norte: unos Estados Unidos con un sistema de bienestar, más cortesía en la calle y el rostro tranquilizador de la reina Isabel en la moneda. Pero esta parte de Canadá también tiene una dimensión quijotesca y romántica. Allí escaparon los Tories lealistas que huían de la Revolución Americana. En el pueblo de Deptford, Ontario, a orillas del río Támesis local, el gran novelista canadiense Robertson Davies escogió y situó una trilogía compuesta de los elementos de la magia y el exilio. Uno de sus personajes principales, Percy ‘Boy’ Staunton, renuncia a parte de su vida y energía por la causa del Príncipe de Gales, un joven espada antaño apuesto y prometedor que destroza y desmoraliza a sus admiradores al caer en la esclavitud de una mujer intrigante y abdicar del trono sin plantar cara.
Mientras me llevaban más allá de una falange de guardias para entrar en la suite de Tony Blair, con vistas a Toronto y el Lago Ontario, repasaba mentalmente nuestros encuentros anteriores. El primero había sido en el despacho del líder de la oposición en la Cámara de los Comunes, poco después de que lo eligieran para dirigir el Partido Laborista y lo renombrara -¿o, mejor dicho, rebautizara?- como ‘Nuevo Laborismo’. Después lo había visto en el gabinete privado del primer ministro en Downing Street, justo antes de ser candidato a celebrar toda una década en el puesto, a punto de eclipsar a Margaret Thatcher y estableciendo un récord de permanencia para cualquier político laborista. Más recientemente, había bajado a saludar mientras realizaba una visita privada a la residencia de la Embajada Británica en Washington. El entorno era aún grandioso, pero para entonces ya había abdicado y debía ver que un sucesor inferior y que no le gustaba celebraba unas elecciones que él sabía que podría haber ganado.
Ahora viajaba con un equipo muy pequeño pero dedicado, y tenía el aspecto de un príncipe azul en el exilio. La sonrisa de alta potencia todavía estaba allí, pero enmarcada en una cara surcada de arrugas, con un pelo corto y gris que aún ofrecía la efímera impresión de juventud. Íbamos a tener un debate público: el primero que aceptaba desde que dejó el cargo. Blair había comparecido ante el comité Chilcot, que aún está investigando la participación de Gran Bretaña en la invasión de Irak, con aire hermético y sin conceder nada. Los insultos contra él se habían hinchado desde las injurias comunes (‘caniche de Bush’, ‘mentiroso’, o algunas veces ‘Bliar’) al odio total. ‘¡Criminal de guerra!’, ‘Asesino’. Las dos primeras presentaciones de su libro de su nuevo libro, The Journey, fueron interrumpidas o canceladas. Cuando firmaba en una librería Dublín le había tirado zapatos y otros objetos una multitud variopinta de tipos contra la guerra, fortalecida por algunos muchachos macilentos de la periferia del ‘IRA Auténtico’. Un acto posterior en la Tate Modern, en Londres, tuvo que ser cancelado. ‘Simplemente no habría sido justo para los demás seguir adelante’, dice con un encogimiento de hombros bastante insatisfactorio. Quizá confiaba en la legendaria cortesía de los habitantes de Toronto y en el tema aparentemente más neutral de nuestra disputa, que era la religión. Ahora opera bajo el nombre un tanto conmovedor: la Tony Blair Faith Foundation, que puede sonar más bien como un organismo creado para expresar la fe en Tony Blair. Su trabajo principal es servir como mediador para el ‘Cuarteto’ de potencias que supervisa el ‘proceso de paz’ israelí-palestino. Esto significa realizar esfuerzos regulares para reconciliar a los musulmanes, los judíos y los cristianos en Tierra Santa. Anímate, me apetece decirle. Por lo menos es un trabajo para toda la vida.
Mientras tanto, no ha perdido su talento para el rápido juego de piernas parlamentario. La proposición a debatir declara con claridad que la religión es ‘una fuerza para el bien’. La responsabilidad aquí es siempre es para quienes defienden la moción. Sin embargo, de alguna manera y sin llegar a entenderlo del todo, descubro he accedido a hablar primero y entregar la tradicional ventaja de dar la réplica. Me siento como si hubiera entrado en una puerta giratoria delante de alguien y hubiese salido detrás de él: incluso como si uno de los magos suburbanos Robertson Davies había sacado una rápidamente. Durante nuestro intercambio público hablo de la cuestión romana, criticando al cardenal Newman, cuya beatificación Blair defendió, y ridiculizando la posición del Papa sobre la planificación familiar y el SIDA. Él no defiende la que está obligado a considerar como única Iglesia verdadera. ¿Puede ser cierto, entonces, que hizo lo que tanto Clinton como George W. Bush habían hecho antes que él, y terminó en los bancos de la iglesia de su esposa? Cherie Blair -que nos ha dicho más de lo que necesitamos saber acerca de las ocasiones en que no tomó su altamente herética píldora anticonceptiva a fin de tener fértiles fines de semana junto a la Reina en Balmoral- es una católica devota, aunque ecléctica. Su medio hermana Lauren anunció hace unas semanas que se había convertido al islam después de una visita a una mezquita en Irán, donde trabaja como periodista en la cadena estatal ‘Press TV’. Describió el momento de la revelación, en términos que habría encantado a Karl Marx, como una ‘inyección de morfina espiritual’, y afirma no haber consumido bebidas alcohólicas o productos de carne de cerdo desde entonces. A pesar de muchos intentos desgarbados de su cuñado para satisfacer a los seguidores del Profeta, aprovechó la oportunidad para describirlo como un enemigo del islam. Blair, que en sus memorias habla de un período en el que llegó a ser demasiado aficionado a tomar una copa antes de comer y al final del día, pero se agota diariamente en sus esfuerzos por ‘tender la mano’ a los musulmanes, no tiene más remedio que poner otra vez su cara de triste incomprendido.
Y efectivamente, posee uno de los rostros más móviles y expresivos que he visto. Le pregunté en privado lo que era ser odiado: no un poco, sino mucho. La sonrisa receptiva seguía en su lugar, aunque muy levemente contraída, como si quisiera seguir dando la impresión de ver todos los puntos de vista. ¿Pensaba que había tenido que absorber injustamente parte de la saliva dirigida a George Bush? No parecía que quisiera recurrir a ese refugio. Se dice que a menudo quienes no registran emociones pueden ser buenos oficiales, pero ese estoicismo también puede ocultar -al igual que ocurre con los oficiales que no sufren fatiga de combate o estrés post-traumático- una calma psicópata que envía a todo el pelotón a una zanja llena de alambre de púas y no suelta una lágrima.
En la plataforma, Blair ofrecía un contraste casi completo. Era prácticamente una pantomima de la reacción: sonreía con facilidad si la broma recaía sobre él, hacía una mueca aquí y allá, extendía sus manos resignadamente un par de veces. Sin embargo, la sinceridad corporal también puede tener su aspecto dudoso, como sucedía con Clinton, que se mordía su gordo labio inferior mostrando una falsa empatía. No pude decidirlo hasta después de que terminara el debate. Habíamos estado hablando en su camerino, y me excusé para ir al mío (para ponerme una inyección de morfina, creo, que impulsara el whisky debilucho que me habían dado). Volví bastante rápido y vi a Blair susurrando con uno de sus ayudantes. Cuando me detuve en la puerta, los dos miraron con cierta timidez. Me ofrecí a retirarme, pero dijeron que no: acababan de hablar de lo agradecidos que estaban de que esa noche yo hubiera dicho unas palabras en defensa de su decisión de derrocar a Sadam Husein. Me he pasado la vida construyendo un caparazón que me proteja del atractivo de los políticos y nueve de cada diez de mis mejores amigos se refieren a Blair como el ejemplo clásico del tramposo descubierto, el hombre hueco calcificado por el cinismo y la manipulación de los medios de comunicación. Yo también recuerdo las náuseas que me produjeron su acrítico cortejo a Rupert Murdoch y su anexión de las exequias de la princesa Diana (aunque este último caso le convirtió en el primer ministro laborista que daba instrucciones a la familia real). Pero, tras sorprenderlo en este micro-momento en que se mostró vulnerable, sin haber sido exactamente herido, creo que simplemente no me puedo sumar a ese consenso fácil. Se puede detectar un pulso moral, y es bastante fuerte.
Cuando Tony Blair llegó al poder, Slobodan Milošević limpiaba étnicamente y violaba las repúblicas de la antigua Yugoslavia. El mulá Omar prestaba a Osama bin Laden el territorio de un Estado fallido y sin escrúpulos. Charles Taylor de Liberia dirigía una milicia mutiladora y formada por niños esclavizados a través de la frontera de Sierra Leona, y amenazaba con provocar una versión de Ruanda, salpicada de diamantes ensangrentados, en el África occidental. Y la riqueza y el pueblo de Irak eran propiedad privada de los abusos de Sadam Husein y su familia criminal. Hoy en día, todas estas figuras caligulescas están en el peor de los casos lejos del poder, y en el mejor de los casos muertas o en juicio. ¿Cómo puede alguien con un sentido de la historia no conceder a Blair una parte del crédito de todo eso? ¿Y cómo puede alguien con una tintura de sentido moral entrar en un paroxismo y gritar que el criminal de guerra es Blair? Es como si todos los civiles asesinados por Al Qaeda y los talibanes en Irak y Afganistán debieran cargarse a su cuenta. Esa es la mentalidad caótica de Julian Assange y sus groupies.
Las Escrituras incluyen la lóbrega advertencia de que nadie es profeta en su tierra y, dados los antecedentes de muchos profetas, es muy probable que eso sea bueno. Blair también podría unirse al club de exestadistas errantes, que ha incluido en épocas diferentes a Mijaíl Gorbachov y Richard Nixon, que solo reciben respeto y reconocimiento cuando visitan los países de otras personas. Tras despedirnos, lo llevaron directamente al aeropuerto: iba una etapa del jet-lag por delante de sus demonios y volvía hacia Jerusalén, el lugar de nacimiento de todos nuestros sueños y el cementerio de todas nuestras esperanzas”.
AMIS, HITCHENS Y BELLOW

Martin Amis cuenta en Experiencia (2000, traducido por Jesús Zulaika):
"A eso de las 11.15 un silencio largo se abatió sobre la mesa donde estábamos cenando. Christopher, completamente sobrio pero con los ojos bajos, aplastaba entre las manos un paquete vacío de Benson & Hedges. Los Bellow también tenían la mirada baja. Yo estaba sentado con la cabeza entre las manos, mirando fijamente las secuelas de la cena (de aquella especie de siniestro automovilístico: faros abollados, bisagras desencajadas, tapacubos bamboleantes…). Tenía el pie dolorido por las continuas patadas en las espinillas que le había propinado a Hitch.
Sería una simplificación decir que Christopher se había pasado los últimos minutos hablando sin parar de memeces izquierdistas. Pero no temamos caer en simplificaciones. Las simplificaciones, a veces, le vienen a uno de perlas… El tema de la discordia era, por supuesto, Israel. La posición de Christopher al respecto se hallaba perfectamente explicada en un trabajo suyo titulado “La herética tierra prometida” (Raritan, primavera de 1987), donde en apoyo de sus ideas había aducido “las idealizaciones generalizadas de Israel que normalmente encontramos en Saul Bellow, Elie Wiesel y otros”. Gran parte del discurso de Christopher de aquella noche, en la mesa de Vermont, puede hallarse en su ensayo de 8.000 palabras, escrito, por así decirlo, por el gentil que había en él. Y el resto de tal discurso lo encontramos en “Acerca de la misa la media: homenaje al telegrafista Jacobs” (Grand Street, verano de 1988), que escribió ya como judío [tras descubrir que su madre lo era]. Huelga decir que la cambiada identidad étnica de Christopher, por una básica y elemental cuestión de pundonor, no causó el menor efecto en sus opiniones sobre ciencia y moralidad políticas".

Christopher Hitchens escribe en Hitch-22 (2010):
"En Experiencia, la envidiablemente escrita autobiografía de Martin Amis, en cuyas páginas me siento orgulloso de aparecer varias veces, hay un episodio sobre el que la gente me sigue interrogando. Martin ofrece un relato ligeramente oblicuo y esotérico de un viaje que hicimos en 1989, durante el que me llevó a visitar a Saul Bellow en Vermont. En nuestro trayecto de película de compañeros desde Cape Cod –lo que cuenta sobre eso es casi perfecto- dejó claro que no permitiría que la conversación virase hacia nada político, y menos izquierdista, y menos si tenía que ver con Israel. (“Nada de memeces siniestras”, que era nuestra expresión coloquial para hablar de un izquierdismo demasiado fácil.) Sabía que la invitación suponía un gran honor, no solo porque era una enorme distinción conocer a Bellow sino porque, solo por detrás de su padre, era el mayor regalo de esa clase que podía hacer Martin. No hacía falta que me dijera que debía aprovechar la oportunidad para dedicarme a escuchar en vez de hablar.
Y sin embargo es cierto, como él cuenta, que para el final de la cena nadie podía mirar al otro a los ojos y que su pie estaba dolorido y cansado por sus choques con mi espinilla por debajo de la mesa. ¿Cómo podía haber ocurrido? Ahora llega mi oportunidad para dar mi propia versión de Rashōmon.
Bellow nos había recibido y nos había dado bebidas y, a mi juicio, en la etapa anterior a la cena justifiqué la confianza de Martin. Nuestro anfitrión hizo una pregunta sobre Angus Wilson cuya respuesta yo conocía y también hizo una pregunta sobre su pasado con Whittaker Chambers para la que al menos pude sugerir una solución hipotética. Por su parte, Bellow nos había leído parte de sus viejos textos y correspondencia con el pobre, loco y aplastado John Berryman. Todo estaba saliendo bastante bien. Pero en la mesa de mimbre de la habitación en la que estábamos hablando había algo que representaba una amenaza tan trillada como la pistola en la repisa de la chimenea de Antón Chéjov. En otras palabras, si está ahí en el primer acto, es evidente que la intención es que se dispare antes de que caiga el telón. Solo hay que esperar. Era la única pieza impresa a la vista y era el último número de la revista Commentary, y su destacado titular de portada decía: “Edward Said: Profesor del terror”.
No había perdido todo el tiempo que empleé en batallas dudosas durante cenas en Nueva York, Washington y Chicago, y pensaba que sabía cuándo alzar mis viejos y cansados puños y cuando mantenerlos en el regazo, pero agotaba un poco los nervios preguntarse de antemano cuándo y cómo se vaciaría ese cañón cargado. La cena fue, por turnos, cordial y chispeante, pero llegó un momento en que Bellow hizo una súbita observación sobre el antisionismo y se levantó para coger la revista y subrayar su argumento. En realidad, creo que anteriormente había subrayado algunos pasajes del artículo. Incluso comparado con el depravado estándar de polémica que había establecido la tarea editorial de Norman Podhoretz, era un ataque a Edward extremadamente tosco. Escuché el asqueado resumen de Bellow un rato, hasta que me di cuenta de que no podía quedarme callado. Quizá, si Martin no hubiera estado allí, podría haber cerrado la boca. Pero si él no hubiera estado allí, yo tampoco habría estado. No, lo que quiero decir es que Bellow no sabía que yo era amigo íntimo de Edward. Pero Martin sí. Así que, aunque sabía que él quería que me mantuviera apartado de cualquier polémica, no podía dejar que me viera sentado como un cómplice, mientras se difamaba a un amigo ausente. Por lo que él sabía, si la compañía era suficientemente ilustre, quizá lo negara también a él antes de que cantase el gallo. No podía admitirlo. Así que dije lo que pensaba que debía decir –no era mucho, pero fue más que suficiente- y la velada cuidadosamente planeada y deliciosamente ejecutada de mi amigo más querido quedó inmediatamente destruida. Sufrió más de lo necesario, porque Bellow había sido trotskista y había luchado en las calles de Chicago: estaba acostumbrado a cosas mucho más calientes y apenas se ofendió. Más tarde me mandó una carta afectuosa sobre mi introducción a una nueva edición de Augie March".

El 29 de agosto de 1989, Bellow escribía a Cynthia Ozick (la carta completa está en Letters, 2010):
“Mi joven amigo Martin Amis, al que quiero y admiro, vino a verme la semana pasada. Lo trajo de Cape Cod un compinche al que no conocía y del que no había oído hablar. Se quedaron a dormir. Cuando nos sentamos a cenar el amigo se identificó como colaborador habitual de The Nation. Miré The Nation por última vez cuando Gore Vidal escribió su artículo sobre la deslealtad de los judíos hacia Estados Unidos y su preferencia basada en la sangre por Israel. Durante el largo tiempo que ha pasado desde que nos conocemos, ha crecido una duna de sal que aliña los comentarios ridículos de Gore. Tiene cuentas pendientes con EEUU. En cualquier otro lugar, podría haber sido homosexual y patricio. Aquí tiene que mezclarse con tipos duros y con negros y judíos; la democracia le ha imposibilitado ser un caballero invertido y excepcional. Y la fuente de su dolor le ha hecho rico y famoso. Pero dejemos a Gore, podemos saltárnoslo. Vamos a nuestro invitado, el amigo de Martin. Se llama Christopher Hitchens. En la cena dijo que era un gran amigo de Edward Said. Leon Wieseltier y Noam Chomsky también eran grandes colegas suyos. Al mencionar el nombre de Said, Janis refunfuñó. Dudo que eso no estuviera previsto, porque es casi seguro que Hitchens cree que soy un terrible reaccionario: la Derecha Judía. Criado para respetar y rechazar la cortesía al mismo tiempo, el invitado luchó breve y silenciosamente con el periodista decadente y finalmente habló. Dijo que Said era un gran amigo y que debía pedir disculpas por discrepar con Janis pero le lealtad hacia un amigo exigía que dejara las cosas claras. Todo el mundo conservó la educación. No quería una escena, por Amis. Afortunadamente (o no) había leído varios fragmentos del artículo de Said en Critical Inquiry, que mostré como prueba. Los judíos eran (más o menos) nazis. Pero, por supuesto, dijo Hitchens, era bien sabido que [Yitzhak] Shamir se había dirigido a Hitler durante la guerra para llegar a un acuerdo. Protesté que Shamir era Shamir, no era los judíos. Además, no confiaba en las pruebas. La discusión se balanceaba. Amis cogió las selecciones de Said para leerlas. No encontró nada que decir en el momento pera a la mañana siguiente intentó sacar el tema, y para evitar otra situación embarazosa le dije que había sido una montaña construida a partir de un grano de arena.
Hitchens atrae a Amis. Es una tentación que puedo entender. Pero el tipo de gente sobre el que te gusta escribir no siempre es buena compañía, especialmente en una cena".
En las imágenes, Amis; Hitchens y Amis; Bellow y su mujer, Janis.
MANERAS
“Desde que caí enfermo a mitad de la gira de mi libro este verano, he adorado y he aprovechado de todas las posibilidades de estar al día y mantener tantos compromisos como pueda. Participar en debates y dar conferencias forma parte de mi aliento vital, y respiro hondo cuando y donde sea posible. También disfruto de verdad el tiempo que paso cara a cara con usted, querido lector, independientemente de que lleve la factura de un ejemplar y brillante de mis memorias. Pero aquí está lo que pasó mientras esperaba para firmar ejemplares en un evento en Manhattan hace un par de semanas. Imagine, si quiere, que, cuando estaba sentado a la mesa, se acercó a una mujer de aspecto maternal (un componente clave de mi demografía):
Ella: Lamenté enterarme de que estaba enfermo.
Yo: Gracias.
Ella: Un primo mío tuvo cáncer.
Yo: Oh, lo siento.
Ella: [Mientras la fila de clientes se alarga detrás de ella.] Sí, de hígado.
Yo: Eso nunca es bueno.
Ella: Pero se pasó, después de que los médicos le dijeran que era incurable.
Yo: Bueno, eso es lo que todos queremos oír.
Ella: [Mientras los que están al final de la fila empieza a mostrar signos de impaciencia.] Sí. Pero luego volvió, mucho peor que antes.
Yo: Oh, qué horror.
Ella: Y luego murió. Fue durísimo. Durísimo. Le costó muchísimo tiempo.
Yo: [Empezando a buscar las palabras.]...
Ella: Por supuesto, fue homosexual durante toda su vida…
Yo: [Sin encontrar las palabras, y no queriendo parecer estúpido y repetir ‘por supuesto’.]...
Ella: Y su familia inmediata le abandonó. Murió prácticamente solo.
Yo: Bueno, no sé qué...
Ella: De todos modos, solo quería usted supiera que entiendo exactamente por lo que está pasando.
Este fue un encuentro sorprendentemente agotador, del que podría haber prescindido fácilmente. Hizo que me preguntara si habría espacio para un breve manual de la etiqueta del cáncer. Se aplicaría a las víctimas, así como a los que los compadecen. Después de todo, no he sido muy lacónico con respecto a mi propia enfermedad. Pero tampoco camino luciendo en mi solapa un cartel que diga: PREGÚNTAME SOBRE LA CUARTA FASE DEL CÁNCER DE ESÓFAGO CON METÁSTASIS, Y SOLO SOBRE ESO. La verdad, si no puedes traerme noticias de eso y solo eso, y sobre lo que ocurre cuando los ganglios linfáticos y el pulmón pueden estar involucrados, no estoy tan interesado ni tengo tantos conocimientos. Uno casi desarrolla una especie de elitismo acerca de la singularidad su propio trastorno personal. Por lo tanto, si su historia de primera o de segunda mano trata de algunos órganos, es posible que prefiera considerar la posibilidad contar con moderación, o al menos de forma más selectiva. Esta sugerencia se aplica si la historia es intensamente deprimente y provoca desánimo –ver más arriba- o si pretende transmitir alegría y optimismo: ‘A mi abuela le diagnosticaron melanoma terminal del punto G y casi la habían dado por perdida. Pero siguió adelante y tomó enormes dosis de quimioterapia y radiación, al mismo tiempo, y la última postal suya que hemos recibido la muestra en la cima del Everest’. Una vez más, puede que su relato no enganche si no se preocupa por saber cómo de bien o de mal le va (o se siente) a su público.
Se acepta normalmente que la pregunta ‘¿Cómo estás?’ no acarrea un compromiso jurado de dar una respuesta completa o sincera. Así que cuando me lo preguntan estos días, me inclino por decir algo críptico como ‘Un poco pronto para saberlo’. (Si me pregunta el maravilloso personal de mi clínica de oncología, a veces llego tan lejos como para responder: ‘me parece que hoy tengo un cáncer’.) Nadie quiere que le hablen de los incontables horrores menores y humillaciones que se convierten en hechos de la ‘vida’ cuando el cuerpo pasa de ser un amigo a convertirse en un enemigo: el aburrido cambio del estreñimiento crónico a su dramático y repentino opuesto; la igualmente desagradable cruz doble de sentir hambre aguda, mientras temes incluso el olor de los alimentos; la miseria absoluta de la náusea que te retuerce el intestino cuando tienes el estómago completamente vacío; o el descubrimiento patético de que la caída del cabello se extiende a la desaparición de los folículos de la fosas nasales, y por lo tanto al fenómeno irritante e infantil de la nariz que moquea permanentemente. Lo siento, pero usted ha preguntado… No es divertido apreciar plenamente la verdad de la tesis materialista que postula que no tengo un cuerpo, sino que soy un cuerpo.
Pero en realidad tampoco es posible adoptar una postura de ‘No preguntes, no respondas’. Al igual que su original, esta es una receta de hipocresía y dobles raseros. Obviamente, los amigos y familiares en realidad no tienen la opción de no hacer preguntas amables. Una forma de ponerlos cómodos es ser lo más sincero posible y no adoptar ningún tipo de eufemismo o negación. Así que voy directamente al grano y digo cuáles son las probabilidades. La forma más rápida manera de hacerlo es señalar que lo malo de la Fase Cuatro que no existe una Fase Cinco. Con toda razón, algunas personas me toman en serio. Recientemente he tenido que aceptar que no iba a poder asistir a la boda de mi sobrina, en mi vieja ciudad y universidad de Oxford. Esto me deprimió por más de una razón, y un amigo especialmente cercano preguntó: ‘¿Es que tienes miedo de no volver a ver Inglaterra?’. Da la casualidad de que era exactamente la pregunta adecuada y que había sido, precisamente, lo que me había estado molestando, pero me sorprendió injustificadamente por su contundencia. Yo me encargo de afrontar la cruda realidad, gracias. No lo hagas tú también. Y sin embargo yo había le invitado a que hiciera esa pregunta. Después de contarle a otra persona, con realismo intencionado, que tras algunas exploraciones y tratamientos más, los médicos me podrían decir que a partir de ese momento las cosas serían cuestión de ‘mantenimiento’, de nuevo me quedé sin aire cuando me dijo: ‘Sí, supongo que llega un momento en que tienes que pensar en dejarte ir’. Qué cierto, y qué resumen tan terso de lo que acababa de decir. Pero surgió de nuevo la necesidad razonable de tener una especie de monopolio, o una especie de veto, sobre lo que era decible. Ser víctima del cáncer contiene una tentación permanente de mostrarse egocéntrico e incluso solipsista.
Así que mi manual de protocolo impondría deberes sobre mí, así como sobre aquellos que dicen demasiado, o demasiado poco, en un intento de revestir la inevitable incomodidad en las relaciones diplomáticas entre Villatumor y sus vecinos. Si quieres un ejemplo de cómo no ser un embajador de la primera, te ofrezco el libro y el vídeo de The Last Lecture. Sería de mal gusto decir que el vídeo -una despedida pregrabada por el difunto profesor Randy Pausch- se ha extendido ‘viralmente’ en Internet, pero es lo que ha pasado. Debería llevar una advertencia sanitaria: es tan azucarado que puede necesitar una inyección de insulina para soportarlo. Pausch trabajaba para Disney y eso se nota. Se incluye toda una sección en defensa del tópico, sin omitir: ‘Aparte de eso, señora Lincoln, ¿qué tal fue la obra?’. Las palabras ‘niño’ o ‘infancia’ y ‘sueño’ se emplean como si fuera la primera vez que se usan. (‘Cualquiera que utilice infancia y sueño en la misma frase por lo general me llama la atención’.) Pausch enseñó en Carnegie Mellon, pero la nota que le gusta es Dale Carnegie. (‘Las paredes de ladrillo están ahí por una razón... para darnos la oportunidad de mostrar lo mucho que queremos algo’.) Por supuesto, usted no tiene que leer el libro de Pausch, pero muchos estudiantes y sus colegas tuvieron que asistir a la conferencia, en la que Pausch hizo flexiones, mostró vídeos caseros, robó planos y en general bromeó sin parar. Debería estar tipificado como delito ser insoportable y desprovisto de gracia en circunstancias en las que tu público está casi moralmente obligado a entusiasmarse. Fue, a su manera, una intrusión tan fuerte como la encarnizada y maternal perseguidora con la que he empezado. A medida que las poblaciones de Villatumor y Villabien siguen creciendo e ‘interactuando’, hay una creciente necesidad de reglas básicas que nos impidan hacernos daño unos a otros”.
ATEOS E ILUSTRADOS
The Economist reseña A Wicked Commpany: The Forgotten Radicalism of the European Enlightenment, de Philipp Blom.
“El ateísmo es un tema candente. En los últimos años escritores como Richard Dawkins, Daniel Dennett, Christopher Hitchens y Sam Harris han escrito libros populares para defender la causa de la impiedad. Pero, como la Biblia nos recuerda, no hay nada nuevo bajo el sol. El último libro de Philipp Blom cuenta la historia de un conjunto de individuos notables en los límites radicales de la Ilustración europea del siglo XVIII, cuyas filosofías decididamente ateas y materialistas negaban la existencia de Dios o el alma. Haciéndose eco de pensadores antiguos como Demócrito y Lucrecio, tenían ideas demasiado revolucionarias incluso para una época revolucionaria.
Es la historia de un escandaloso salón de París, dirigido por el barón Paul Thierry d'Holbach, un patio de recreo filosófico para muchos de los más grandes pensadores de la época. Sus miembros incluyen a Denis Diderot (conocido por ser el editor de la Enciclopedia, pero, argumenta Blom, pensador importante por derecho propio), Jean-Jacques Rousseau, el padre del romanticismo, y el propio barón; incluso David Hume, un empirista escocés famoso, visitaba ocasionalmente.
Alrededor de la mesa generosamente surtida del barón, creció una filosofía que negaba la revelación religiosa y evitaba la moral cristiana. Abrazaba en cambio las pasiones primarias (los motivos fundamentales, decían los philosophes, del comportamiento humano) y la fría razón (que podría dirigir las pasiones, pero no enfrentarse a ellas). Soñaban con una utopía basada en la búsqueda del placer, la racionalidad y la empatía. Su nación ideal no dejaría lugar a lo que veían como el retorcido código de ética del cristianismo, que según ellos premiaba el sufrimiento y la represión autodestructiva.
No sólo era su pensamiento radical, sino que expresarlo era peligroso. Diderot fue encarcelado por sus escritos, una experiencia, afirma Blom, que lo dejó demasiado asustado como para exponer claramente su filosofía y lo llevó a disfrazarla en numerosas obras de teatro, novelas y cartas. El barón d'Holbach publicó la mayor parte de sus obras con seudónimo, lo que lo ayudó a mantenerse a salvo, pero también lo condenó a siglos de oscuridad filosófica (excepto en la oficialmente atea Unión Soviética). Cuando llegó la revolución francesa, sus autodesignados guardianes no tenían sitio para la filosofía de los radicales de verdad. Para Maximilien Robespierre, arquitecto principal del reinado de terror que siguió a la revolución, Dios y la religión eran demasiado útiles para controlar a la población.
El libro de Blom es parte biografía y parte polémica. Esboza los primeros años de Diderot, Holbach, Rousseau y otros actores en el drama, y describe la filosofía que elaboraron. También es una réplica iconoclasta a lo que él describe como la historia ‘oficial’ de la Ilustración, el tipo de historia que se encuentra ‘grabada en piedra’ en una visita al Panteón de París. Allí los cuerpos de Voltaire y Rousseau están sepultados con la bendición del Estado francés. Ninguno lo merecía, sugiere Blom.
Voltaire, insiste, era un pusilánime arribista, demasiado preocupado por su propia reputación y su vida cómoda como para decir algo verdaderamente inquietante. Rousseau le parece aún peor. Al denigrar la razón, celebrar el impulso y defender la represión y la tiranía en nombre de una ‘voluntad general’ vagamente definida, el pensamiento de Rousseau, sostiene Blom, era activamente pernicioso (y, como era de esperar, venerado por Robespierre). Es una tragedia histórica, concluye el autor, que Voltaire y Rousseau ganaran la batalla de ideas, mientras Diderot quedaba reducido a la categoría de editor de la Enciclopedia y Holbach era olvidado por completo.
Incluso hoy en día, e incluso en la laica Europa occidental, el ateísmo atrevido y confiado de Diderot y Holbach resulta ligeramente impactante. Todavía nos aferramos obstinadamente a la idea de un alma que anima, un fantasma espiritual en la máquina biológica. Para Blom, el mundo moderno y supuestamente laico se ha limitado a vestir la ‘perversa’ moral del cristianismo de una manera nueva y mejor camuflada. Todavía odiamos nuestros cuerpos, dice, todavía veneramos el sufrimiento y desconfiamos del placer.
Este es el mensaje del libro de Blom, que no se desvela hasta los últimos capítulos. Cree que la Ilustración está incompleta, traicionada por sus guardianes autoproclamados. A pesar de todos los avances científicos de los últimos dos siglos, el pensamiento mágico y la herencia cultural del cristianismo siguen siendo endémicos”.
VILLATUMOR
“-Imagino que debería cuidar de sí misma, meterse en un congelador y seguro que en un año o dos inventan una píldora que curará esto como si fuera un resfriado común. Ya sabes, alguna de esas cortisonas, pero el médico nos dice que no se sabe si los efectos secundarios pueden ser peores. Ya sabes: la C mayúscula. Mi opinión es: aprovecha la oportunidad, están a punto de acabar con el cáncer de todos modos y dentro de poco con esos transplantes podrán reemplazar todo tu interior’.
Angstrom, padre, en El regreso de Conejo de John Updike (1971).
La novela de Updike transcurría en lo que podríamos llamar los años optimistas de la administración Nixon: la época de la misión Apolo y el nacimiento de la expresión que postula que los estadounidenses pueden hacerlo todo: ‘Si somos capaces de llevar a un hombre en la luna...’, se decía. En enero de 1971, los senadores Kennedy y Javits promovieron la ‘Ley de la Conquista del Cáncer’, y en diciembre de ese año, Richard Nixon la había incluido en algo parecido a una legislación, junto con enormes asignaciones federales. Se hablaba de una ‘guerra contra el cáncer.’
Cuatro décadas más tarde, otras gloriosas ‘guerras’ contra la pobreza, las drogas y el terrorismo se combinan para burlarse de esa retórica, y, cada vez que me animan a ‘luchar’ contra mi propio tumor, no puedo evitar la sensación de que es el cáncer quien me ha declarado la guerra. El temor con el que se habla de ello -’la C mayúscula’- sigue siendo casi supersticioso. También lo es la esperanza susurrada de un nuevo tratamiento o cura.
En su famoso ensayo sobre Hollywood, Pauline Kael lo describió como un lugar donde podías morir del ánimo que te daban. Quizá todavía sea cierto en Hollywood; a veces, en Villatumor sientes que puedes morir a fuerza de consejos. Muchos llegan gratis y sin ser solicitados. Debo, sin demora, comenzar a ingerir la esencia granulada de la semilla del melocotón (¿o es el albaricoque?), un remedio soberano y bien conocido por las civilizaciones antiguas, pero oculto por los codiciosos médicos modernos. Otro corresponsal recomendaba grandes dosis de testosterona, quizá como inyección de moral. O tengo que encontrar la manera de abrir los chakras y alcanzar un adecuado y receptivo estado mental. Dietas macrobióticas o estrictamente vegetarianas serán todo lo que necesitaré para alimentarme durante esta experiencia. Y no te rías del pobre señor Angstrom: me han escrito de una famosa universidad para sugerirme que me congele criónica o criogénicamente para evitar el día de la llegada de la bala mágica, o lo que sea. (Cuando no respondí, recibí una segunda misiva, que sugería que al menos me congelara el cerebro para que la posteridad pudiera estudiar mi córtex. Bueno, vaya, dios mío, muchísimas gracias.) Y frente a todo eso, recibí una amable nota de una amiga cheyenne-arapahoe, donde decía que toda la gente que conocía y había recurrido a los remedios tribales había muerto casi de inmediato, y aseguraba que, si alguien me ofrecía un medicamento nativo americano, debía ‘marcharme tan rápido como fuera posible en la dirección opuesta’. Algunos consejos son verdaderamente útiles.
Incluso en el mundo de la cordura y la modernidad, sin embargo, muchos no lo son. Personas extremadamente bien informadas se ponen en contacto conmigo e insisten en que en realidad sólo hay un médico, o sólo una clínica. Esos médicos y sus instalaciones son tan distantes como Cleveland y Tokio. Aunque tuviera mi propio avión, nunca podría estar seguro haber probado con todo el mundo, no digamos con todo. Los ciudadanos de Villatumor sufren el asalto constante de curaciones y rumores de curaciones. De hecho, fui a una palaciega clínica en la parte más rica de la ciudad afectada, que no voy a nombrar, porque todo lo que obtuve fue una exposición larga y aburrida de lo que ya sabía (mientras estaba acostado en una de las legendarias camillas del establecimiento), más una hinchazón que en poco tiempo duplicó el tamaño de mi mano izquierda: algo totalmente superfluo para mis necesidades pre-cancerosas, pero una irritación real para alguien con un sistema inmunológico químicamente deprimido.
Con todo, es un momento estimulante y melancólico para tener un cáncer como el mío. Estimulante, porque mi tranquilo y erudito oncólogo, el doctor Frederick Smith, puede diseñar un cóctel de quimioterapia que ya ha reducido algunos de mis tumores secundarios y puede ‘modificar’ dicho cóctel para minimizar algunos efectos secundarios desagradables. Eso no habría sido posible cuando Updike estaba escribiendo su libro, o cuando Nixon proclamaba su ‘guerra.’ Pero también es melancólico, porque la medicina alcanza nuevas cumbres y empiezan a vislumbrarse nuevos tratamientos, y probablemente han llegado demasiado tarde para mí.
Por ejemplo, me animó oír hablar de un nuevo ‘protocolo de inmunoterapia’, desarrollado por los doctores Steven Rosenberg y Restifo Nicolás en el Instituto Nacional del Cáncer. En realidad, la palabra ‘animar’ es un eufemismo. Me emocioné muchísimo. Ahora es posible extraer los linfocitos T de la sangre, someterlos a un proceso de ingeniería genética y a continuación volver a inyectarlos para atacar el tumor maligno. ‘Puede parecer medicina de la era espacial’, escribió el doctor Restifo, como si él también hubiera estado releyendo a Updike, ‘pero hemos tratado a más de cien pacientes con linfocitos T modificados genéticamente y hemos tratado a más de veinte pacientes de la manera que estoy sugiriendo para su caso. Había una trampa, y era una coincidencia. Mi tumor debía expresar una proteína llamada NY-ESO-1, y mis inmunocitos debían tener una molécula particular llamada HLA-A2. Dada esta vinculación, el sistema inmune podría cargarse para resistir hasta el tumor. Las probabilidades parecían buenas, porque la mitad de las personas con herencia europea o caucásica tienen esa molécula. ¡Y mi tumor tenía la proteína! Pero mis inmunocitos rechazaron una identificación suficientemente ‘caucásica’. La Agencia de Alimentos y Medicamentos está revisando estudios similares, pero tengo un poco de prisa y no puedo olvidar la sensación de desánimo que experimenté cuando recibí la noticia.
Quizá sea mejor dejar atrás las falsas esperanzas en poco tiempo: esa misma semana me dijeron que mi tumor no tenía las mutaciones necesarias para recibir cualquier otra de las terapias ‘orientadas’ contra el cáncer que se ofrecen en la actualidad. Una noche después recibí unos cincuenta correos de amigos, porque 60 Minutes había hablado de la ‘ingeniería de tejidos’, por medio de células madre, en un hombre con un esófago canceroso. Había sido médicamente activado para poder ‘desarrollar’ uno nuevo. Entusiasmado, contacté a mi amigo el doctor Francis Collins, padre del tratamiento basado en el genoma, que, con suavidad pero con firmeza, me dijo que mi cáncer se ha extendido mucho más allá de mi esófago y no se puede tratar de ese modo.
Al analizar la depresión que desarrollé durante esos penosos siete días, descubrí que me sentía engañado y decepcionado. ‘Mientras no hayas hecho algo por la humanidad’, escribió el gran educador estadounidense Horace Mann, ‘debería darte vergüenza morir.’ Me habría ofrecido felizmente como sujeto de experimentación con nuevos fármacos o nuevas cirugías, en parte, por supuesto, con la esperanza de salvarme, pero también pensando en el principio de Mann. Sin embargo, ni siquiera era apto para esa aventura. Así que tengo que caminar penosamente por la rutina de la quimioterapia, aumentada, si se demuestra que merece la pena, por la radiación y tal vez el célebre CyberKnife para una intervención quirúrgica: ambas cosas son casi milagrosas si las comparamos con el pasado reciente.
Hay un intento más complejo que me propongo intentar a pesar de que su posible eficacia se encuentra en los límites más remotos de la probabilidad. Voy a tratar de tener todo mi ADN ‘secuenciado’, junto con el genoma de mi tumor. Francis Collins se mostró característicamente sobrio en su evaluación de la utilidad del procedimiento. Si se pueden efectuar los dos secuenciaciones, me escribió, ‘podría determinarse claramente las mutaciones presentes en el cáncer que están provocando que crezca. El potencial para el descubrimiento de las mutaciones en las células cancerosas que podrían conducir a una idea nueva terapéutica es incierto, está en la frontera de la investigación sobre el cáncer’. En parte por eso, como me dijo, el coste de someterse al procedimiento es también muy elevado. Pero a juzgar por mi correspondencia, prácticamente todo el mundo en este país ha tenido cáncer o tiene un amigo o familiar que ha sido víctima de la enfermedad. Así que tal vez pueda contribuir un poco a la ampliación de unos conocimientos que ayudarán a las generaciones futuras.
Digo ‘tal vez’ entre otras cosas porque Francis ya ha tenido que dejar de lado gran parte de su trabajo pionero, con el fin de defender su profesión del bloqueo legal de su avenida más prometedora. Mientras teníamos esas conversaciones parcialmente emocionantes y parcialmente deprimentes, en agosto un juez federal de Washington, DC, ordenó detener todos los gastos del gobierno en la investigación con células madre embrionarias. El juez Royce Lamberth respondía a una demanda de los partidarios de la Enmienda Dickey-Wicker, llamada así por el dúo republicano que en 1995 logró prohibir el gasto federal en cualquier investigación que empleara un embrión humano. Como cristiano creyente, Francis es aprensivo con respecto a la creación con fines investigativos de estos grupos de células nonsentient (y, por si te importa, yo también), pero tenía esperanzas de lograr un buen resultado de la utilización de embriones ya existentes, creados originalmente para la fecundación in vitro. Tal y como están las cosas, esos embriones no van a ninguna parte. ¡Pero ahora unos maníacos religiosos se esfuerzan por prohibir hasta su uso, que ayudaría a lo que los mismos maníacos consideran el embrión sin formar de sus congéneres humanos! A los politizados patrocinadores de esta tontería pseudo-científica deberían darles vergüenza vivir, y no digamos morir. Si deseas participar en la ‘guerra’ contra el cáncer y otras enfermedades terribles, únete a la batalla contra su estupidez letal”.
En la foto, Hitchens. Aquí, la traducción de un texto anterior sobre su enfermedad.
LA LIBERTAD Y LA CALUMNIA
En España y buena parte de América Latina, la concesión del Premio Nobel a Mario Vargas Llosa ha tenido una aceptación generalizada. Tanto quienes están de acuerdo con sus posiciones políticas como quienes no lo están, desde la izquierda o la derecha, reconocían la indiscutible calidad de su obra literaria. Esa sensatez no se ha visto en todas partes. El periodista sueco Johan Norberg ha escrito:
“‘Estoy un poco enfadada’, dijo la crítica literaria sueca Ulrika Milles durante la retransmisión en la televisión del anuncio del Premio Nobel de Literatura de 2010. A la élite cultural del país le llevó unos segundos darse cuenta de que había habido un error en el proceso de voto de la Academia sueca: oye, Mario Vargas Llosa, el ganador, ya no es socialista. ‘Lo perdí cuando se convirtió en un neo-liberal’, se quejó Milles. Otros se hicieron eco de sus palabras.
Gente que nunca manifestó la menor inquietud sobre las posiciones políticas de otros ganadores del Premio Nobel -como Wislawa Szymborska, que escribió celebraciones poéticas de Lenin y Stalin; Günter Grass, que elogió la dictadura de Cuba; Harold Pinter, que apoyó a Slobodan Milosevic; José Saramago, que purgó a los antiestalinistas de la revista que editaba- piensa que la Academia Sueca se ha pasado de la raya. Al parecer, las opiniones políticas de Mario Vargas Llosa deberían haberlo eliminado de toda consideración premio. Después de todo, es un liberal clásico en la tradición de John Locke y Adam Smith.
Periodistas y escritores de la estatista izquierda de Suecia han explicado que Vargas Llosa se convirtió en un ‘traidor’ cuando abandonó el socialismo en la década de 1980, e incluso se presentó a las elecciones para la presidencia del Perú en una plataforma liberal en 1990. Se sugería que probablemente su privilegiado estilo de vida como escritor de éxito socavó su simpatía y solidaridad con los pobres y oprimidos.
En el periódico más vendido de Suecia, Aftonbladet, tres escritores le hacían pedazos el día siguiente al anuncio del Premio Nobel. Uno de ellos escribió que el premio era una victoria para la derecha sueca, otro decía que era una victoria para la derecha latinoamericana autoritaria, y otro lo acusaba de ser no sólo ‘neo-liberal’, sino también ‘machista’ (lo que Vargas Llosa no sabía es que en la actualidad sólo las mujeres pueden escribir sobre sexo; cuando lo hacen los hombres es machista y de mal gusto, al parecer)
En Aftonbladet Martin Ezpeleta afirmaba que el premio era una victoria para los racistas, porque Vargas Llosa escribió una vez un ensayo que atacaba la ideología del multiculturalismo. Que ese mismo ensayo también pidiera una política de inmigración más abierta no significaba nada para Ezpeleta hasta que otros lo señalaron y eliminó silenciosamente la acusación ‘racismo’ de su artículo, fingiendo que nunca había estado allí.
Le tocó al periódico de extrema izquierda Flamman pedir a sus compañeros de viaje que retrocedieran. Claro, Vargas Llosa es un libertario, pero también es un escritor fantástico y una ‘excelente elección’ para el Premio Nobel. Bueno, lo es. Aunque no te gusten el libre mercado, el libre comercio y otras cosas que Vargas Llosa apoya, es difícil negar que es uno de los más grandes narradores de nuestro tiempo.
Vargas Llosa ha escrito algunas historias simples, incluso tontas, pero novelas como La fiesta del Chivo y La guerra del fin del mundo son esa clase de relatos ambiciosos que ya no se cuentan, en un momento en que la mayoría de los escritores carecen de paciencia para compartir algo más que sus bares favoritos y su trágica vida amorosa. En sus mejores momentos, Vargas Llosa es la respuesta del mundo literario a los científicos que defienden la teoría de cuerdas: aborda más dimensiones de las que los demás podemos experimentar con nuestros sentidos. Como Victor Hugo, captura toda una época o una tragedia de un país en unos capítulos; pero, como los mejores escritores de thriller, también nos mantiene en suspenso con tramas dramáticas. Y también maneja un gran número de personajes, como los grandes escritores rusos: personajes cuyas relaciones, conversaciones y evolución interior se convierten en el verdadero escenario de la historia.
Vargas Llosa da saltos hacia delante y hacia atrás en esas dimensiones, cambia la narración y el tiempo, para contar la misma historia desde diferentes ángulos, para que sea más completa y también más compleja. Es técnicamente complejo, pero accesible y legible, incluso imposible de dejar de leer. Puede hacer que temas ligeros parezcan graves e importantes, y puede escribir sobre la miseria y la tragedia de una manera humorística, irónica.
Pero antes de que te dejes llevar y llegues a la conclusión de que Vargas Llosa merece el premio: ¿se me ha olvidado decirte que no es socialista? Bueno, lo era. Fue un comunista convencido que apoyó la revolución cubana. Dejó de hacerlo no porque fuera incapaz de sentir simpatía hacia los pobres y oprimidos, sino porque aún lo hacía cuando otros empezaron a identificarse más con los revolucionarios que con la gente en cuyo nombre hacían la revolución. Vio que Castro perseguía a los homosexuales y encarcelaba a los disidentes. Mientras otros socialistas se callaban y pensaban que el sueño justificaba los medios, Vargas Llosa empezó a plantearse las preguntas difíciles sobre por qué sus ideales, cuando se llevaban a la realidad, se parecían más a campos de prisioneros que a utopías socialistas.
Fue entonces cuando empezó a pensar que la centralización del poder y la riqueza en el gobierno conducen al autoritarismo, y que las barreras comerciales, las regulaciones y la ausencia de derechos de propiedad protegían a los poderosos e imposibilitaban que los pobres montaran negocios y crearan una vida propia. Se convirtió en un liberal clásico, que combatía permanente a los corruptos y los autoritarios, daba igual el disfraz que adoptaran –juntas militares, mercantilistas derechistas o dictadores socialistas- y asumió la lucha para defender el imperio de la ley y los derechos de propiedad de los pobres y los oprimidos.
Los intentos de retratar a Vargas Llosa como un partidario de la derecha autoritaria y conservadora de América Latina son simplemente vergonzosos. La única prueba en el artículo de Aftonbladet fue que Vargas Llosa apoyó a Sebastián Piñera en la última elección presidencial de Chile: algo que no tiene sentido en absoluto ya que Piñera es un político moderado, democrático, que ha atacado la tradición autoritaria de la derecha de Chile y votó en contra Pinochet en el referéndum sobre su gobierno en 1988.
El intento de Vargas Llosa de juzgar a todos los gobernantes según los mismos criterios es lo que hace que el argumento de la traición a la izquierda sea tan revelador. Muchos intelectuales han condenado las dictaduras de derecha en el Perú y Chile y muchos intelectuales han condenado las dictaduras de izquierda en Cuba y Nicaragua, pero pocos han condenado ambas, como ha hecho Vargas Llosa.
Si eso es un ataque a la izquierda, es sólo porque la izquierda ha puesto su esperanza en sucesivas generaciones de caudillos como Castro y Chávez. Cualquiera que insiste en que a sus héroes se les apliquen las reglas democráticas que deben regir para todos se convierte en un traidor, un cobarde, un derechista. Es el esclavo en el carro que susurra que toda la gloria es efímera y tú eres mortal. Y ese no es un papel.agradecido. Como escribió Vargas Llosa: ‘Por una razón […] misteriosa, defender la libertad de expresión, las elecciones y el pluralismo político, puede ganarle a uno, entre los intelectuales latinoamericanos, fama de derechista”.
Los intentos de politizar un premio literario y las demandas de que los autores lleven un carnet de izquierdista no son muy atractivos. Pero quizá, después de todo, los críticos tengan parte de razón. Tal vez no podemos separar las novelas de Vargas Llosa de su política, su literatura de su creencia en la libertad. En un ensayo sobre la escritura, explicó que ‘toda buena literatura es un cuestionamiento radical del mundo en que vivimos’, y que la literatura es ‘el alimento de espíritus indóciles y propagadora de inconformidad’.
Incluso puede decirse que la Academia sueca está de acuerdo, porque le dio el premio a Vargas Llosa ‘por su cartografía de las estructuras de poder y sus imágenes mordaces de la resistencia del individuo, la rebelión y la derrota’. La diferencia entre él y sus viejos amigos y ahora oponentes es que él se toma en serio ese poder y esa resistencia. No son sólo ficción”.
CÁRCEL Y PALABRAS

“El 8 de octubre, Liu Xiaobo se convirtió en el primer chino que ha recibido el Premio Nobel de la Paz y uno de los tres ganadores que lo han obtenido en la cárcel. El comité de Oslo ya había recibido una advertencia de Pekín, que aconsejaba no dar el premio a Liu porque era un ‘criminal’, condenado a once años por ‘subversión del poder del Estado‘. Después de que Oslo diera la noticia, Pekín calificó el premio de ‘obscenidad’. Según los estándares de Pekín sin duda es. Diez mil chinos firmaron en poco tiempo la Carta 08, un documento que Liu ayudó a escribir y que fue publicado en inglés por primera vez en la edición del 15 de enero de 2009 de The New York Review of Books. La carta exigía:
Debemos hacer universales la libertad de expresión, la libertad de la prensa y la libertad de cátedra, garantizando así que los ciudadanos puedan ser informados y puedan ejercer su derecho al control político. Estas libertades deben ser confirmadas por una Ley de Prensa que suprima las restricciones políticas a la prensa. La disposición contenida en el actual Código Penal sobre ‘el delito de incitación a subvertir el poder del Estado’ debe ser abolida. Debemos poner fin a la práctica de ver las palabras como delitos.
La petición también decía: ‘Tenemos que abolir el privilegio especial de un partido para monopolizar el poder y debemos garantizar los principios de competencia libre y leal entre partidos políticos.’
Las palabras pueden ser fatales en China. Zhang Zhixin, una joven china, fue ejecutada en 1975 por ‘oponerse al Gran Timonel Mao, por oponerse al pensamiento de Mao Zedong, oponerse a la línea proletaria revolucionaria y por acumular un delito tras otro’. Para garantizar que la señora Zhang no gritase en la ejecución, le cortaron las cuerdas vocales.
En mayo de 1989, en la Plaza de Tiananmen, vi al señor Liu, un profesor universitario de 33 años, que exhortaba a los estudiantes a pedir la democracia por encima de todo, además de realizar llamamientos a la libertad de expresión y el fin de la corrupción. La noche del 4 de junio, el señor Liu ayudó a negociar un acuerdo con el ejército que permitió que los últimos manifestantes en la plaza escaparan a una matanza que ya se había cobrado cientos de vidas. Fue encarcelado de inmediato durante veinte meses como ‘mano negra’. Después de su liberación, el señor Liu dijo: ‘Espero ser un intelectual y escritor chino sincero. Esto puede volver a meterme en la cárcel, que es lo que le ocurre a la gente como yo en China’.
Son sus palabras las que han vuelto a poner al señor Liu entre rejas. La televisión estatal china se puso en negro antes de que Oslo anunciara que había ganado el premio. Pero las multitudes entusiastas se reunieron frente a la casa de Liu en Pekín. Aunque no sirviera para nada más, el premio garantiza que, a diferencia de Zhang Zhixin, Liu no va a desaparecer en la cárcel. A pesar de todos los esfuerzos para asustar a Oslo y silenciar a Liu Xiaobo, Pekín ha fracasado y millones de chinos lo celebran. Pero en de las veinticuatro horas siguientes a la adjudicación a Liu, veinticuatro activistas de derechos humanos fueron detenidos. Muchos otros se encuentran bajo arresto domiciliario, incluyendo a la esposa de Liu. Esta ha contado que después de ver a su marido y decirle que había ganado el premio, Liu se echó a llorar y dijo: ‘Esto es para los mártires de Tiananmen’.”
DOMESTICAR LA RELIGIÓN
Cristopher Hitchens ha escrito:
“Una reciente tormenta de artículos liberales ha enfocado el debate sobre el islam estadounidense como si solo fuera la etapa más reciente de la gloriosa historia de nuestra tolerancia religiosa. Esa formulación tiene el efecto (presumiblemente intencional) de marginar las dudas y mezclar a todos los que las sienten con los anticatólicos Know-Nothings, los antisemitas y otros fanáticos. Así que hago una pausa para realizar un experimento mental, y me pregunto: ¿Estoy a favor de un ‘libre ejercicio de la religión’?
No, no lo estoy. Tomemos un ejemplo que viene a mano, la absurdamente llamada Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Más conocida como iglesia mormona, puede presumir de contar con Glenn Beck entre sus fieles. Hace poco Beck ganó mucha publicidad barata por programar una manifestación en el aniversario de la Marcha sobre Washington de Martin Luther King Jr. Pero el día de 1963 en que se celebró la marcha original, la iglesia mormona todavía no reconocía a los negros como seres totalmente humanos, o capaces de ser miembros en su congregación. (Poco después, sus líderes tuvieron una ‘revelación’ que posibilitó un cambio al respecto, pero eso solo ocurrió tras la aprobación de la Ley de Derechos Civiles.) Este ejemplo de oportunismo seguía muy de cerca otro un ajuste anterior del dogma mormón: el abandono de su histórico y violento vínculo con la poligamia. Se le dijo al estado de Utah que, sin ese cambio doctrinal, no podía formar parte de la Unión. Más recientemente, el gobernador Mitt Romney tuvo que asegurar a los votantes que no consideraba que el profeta, o la cabeza de la iglesia mormona, tuvieran la máxima autoridad moral y espiritual sobre todos los asuntos. Nada, juró, podía estar por encima la Constitución de los EEUU. Así, consideramos aceptables a los santos de los últimos días, y acordamos pasar por alto el resto de sus creencias raras y pintorescas, precisamente porque hemos limitado decididamente el libre ejercicio de su religión.
Se podrían citar otros ejemplos, como las sectas cristianas que desaprueban la práctica de la medicina. Normalmente se permite que sus miembros adultos mueran mientras pronuncian conjuros religiosos y espantan al médico, pero, en muchos estados, si aplican esta fe a sus hijos –un elemento crucial en el ‘libre ejercicio’ de la religión-, pueden ir directamente a los tribunales. No sólo eso, pueden ser objeto de desaprobación y condena general.
Fue probablemente esta última consideración la que contribuyó a que la mayoría de los judíos ortodoxos estadounidenses abandonasen la práctica del b'peh metzitzah, una forma radical de circuncisión masculina que se descorcha, si me perdonas la expresión, con la succión del pene de los bebés por parte del rabino o mohel, para eliminar cualquier resto de sangre o residuos. Unas pocas sectas minúsculas siguen aferradas a este repugnante ritual, que hace unos años produjo en Nueva York un pequeño pero mortal brote de herpes en bebés recién circuncidados. En esa ocasión, pese a que muchos médicos judíos reclamaron que se prohibiera la práctica, el sobrevalorado alcalde Michael Bloomberg escogió un año electoral para decir que no hay que interferir en ese ‘libre ejercicio’.
Ahora hablamos como si fuera ridículo sospechar que a los católicos romanos pudiera impulsarlos cualquier cosa que no fuesen los motivos más elevados, pero cuando John F. Kennedy rompía el tabú tácito de la elección de un católico como presidente, el Vaticano acababa de empezar a considerar la posibilidad de emitir una disculpa pública por siglos de odio a los judíos y una simpatía más reciente hacia el fascismo. Incluso hoy en día, muchos católicos se sienten horrorizados por la protección que el Vaticano brinda a hombres a los que se busca para interrogar acerca de uno de los delitos más graves que existen: la violación organizada de los niños. En general se acepta que el comportamiento y la autonomía de la iglesia deben ser modificados para tener en cuenta la ley estadounidense y la indignación moral de América. Esto en cuanto a la invocación ingenua del ‘libre ejercicio’.
Uno podría seguir fácilmente. La Iglesia de la Cienciología, la Iglesia de la Unificación de Sun Myung Moon y el Ku Klux Klan son organizaciones basadas en la fe; todas tienen derecho a la protección de la Primera Enmienda. Pero también están sujetas a un conjunto de estatutos que rigen la exención de impuestos, el fraude, el racismo y la violencia, hasta el punto de que, en el tercer caso, el ‘libre ejercicio’ ha quedado reducido a un vestigio de lo que fue, gracias a la aplicación de la ley federal y la severa desaprobación pública.
Ahora pasemos al islam. Es, en primer lugar, una religión que hace reivindicaciones muy grandes: pretende ser la palabra última y definitiva de Dios y declara la ambición de convertirse en la única religión del mundo. Algunos de sus seguidores observan o defienden prácticas como la poligamia, los matrimonios forzados, la mutilación genital femenina, el velo obligatorio de las mujeres y la censura de revistas y medios de comunicación no-musulmanes. Generalmente, las enseñanzas del islam expresan una sospecha de la misma idea de separación entre Iglesia y Estado. Puede considerarse que otras enseñanzas, según el contexto, presentan un enorme desagrado hacia otras religiones, así como hacia las formas heréticas del Islam. Los musulmanes de Estados Unidos -incluyendo a miembros de las fuerzas armadas- ya se han encontrado dispuestos a responder a órdenes emitidas por organizaciones terroristas extranjeras. De manera más preocupante, ninguna autoridad dentro de la fe parece tener el poder de establecer de forma decisiva que esas prácticas, o esas enseñanzas o acciones, contradicen total y definitivamente los preceptos de la religión en sí.
Las reacciones de los musulmanes -incluso ‘moderados’- a las críticas no son uniformemente tranquilizadoras. ‘Hay algo en lo que dice la gente en la controversia de la mezquita que resulta muy similar a lo que decían los medios de comunicación alemanes sobre los judíos en los años 1920 y 1930’, dijo el imán Abdullah Antepli, capellán musulmán en la Universidad de Duke, al New York Times. Sí, todos recordamos a los terroristas suicidas judíos de ese período, a los judíos que llamaban a la guerra santa, a los judíos que exigían el velo para las mujeres y la lapidación para los homosexuales, y a los judíos que exigían la quema de los periódicos que publicaban caricaturas que no les gustaban. Lo que se necesita de los partidarios de esta fe cargada de confianza en sí misma es más autocrítica y menos autocompasión y fariseísmo.
Los que desean que no hubiera mezquitas en Estados Unidos ya han perdido la discusión: la globalización, y la promesa de la libertad americana, establecen que los Estados Unidos tendrán una población musulmana de cierta importancia. La única pregunta es, entonces, qué clase, o mejor dicho clases de islam va a adoptar esa población. Hay una excelente posibilidad de que haya un saludable resultado pluralista, pero es muy poco probable que esto ocurra a menos que, al igual que sus predecesores en estas costas, los musulmanes se vean obligados a abandonar ciertas presunciones que son exclusivas para ellos mismos. La doma y domesticación de la religión es una de las tareas incesantes de la civilización. Aquellos que pretenden que podemos saltarnos esta etapa en el presente caso se engañan a sí mismos y buscan problemas no sólo en el futuro, sino en el presente inmediato”.
JUSTICIA TERRENAL
“Al leer el extraordinario y límpido libro de Diarmaid MacCulloch, Christianity: The First Three Thousand Years (una historia que muestra una simpatía general, aunque anglicana, por su tema), encontré el siguiente pasaje de la declaración clásica del cardenal John Henry Newman, Apología Pro Vita Sua:
La Iglesia católica sostiene que es mejor que el Sol y la Luna caigan del cielo, que la tierra se hunda y todos los millones de seres que viven en ella mueran de hambre y sufran extremados padecimientos… todo eso es mejor no solo frente a la posibilidad de que un alma se pierda, sino que también es preferible frente a la comisión de un solo pecado venial, a que una persona diga una mentira a sabiendas o a que alguien robe un centavo sin excusa.
Esta semana, Joseph Ratzinger realiza uno de los viajes más portentosos de su papado, y aterriza en Gran Bretaña para anunciar la beatificación del autor de estas notables palabras. Hoy no voy a escribir sobre el dogma católico, y en todo caso no tengo espacio suficiente para hablar del fanatismo histérico y totalitario de la declaración de Newman, que aun así proviene de un hombre culto y célebre por su relativa ‘moderación’. Simplemente preguntaré cómo quedaría la iglesia si se le aplicara algo remotamente parecido al criterio de Newman.
Como nos hemos visto obligados a recordar hace muy poco, la Iglesia Católica Romana sostiene que es mejor que se ignoren los gritos de los niños que han sufrido violaciones y abusos, que las excusas y coartadas de sus torturadores sean recibidas con indulgencia, que se fabrique una hueste de mentiras sucias y deliberadas, y que los fondos recaudados para ayudar a los pobres se empleen en comprar silencio y vergonzosos sobornos; todo eso es preferible a que la entogada majestad de una iglesia hecha por el hombre sufra una pequeña indignidad o inconveniencia, o a que se ponga algún límite a su autoproclamado derecho a ser juez en su propia causa.
A principios de este año, mientras autoridades católicas desde Irlanda hasta Alemania y desde Australia a Bélgica y Estados Unidos se enfrentaban a las consecuencias de décadas de asaltos sexuales y de su posterior negación, dejé por escrito una sencilla pregunta. ¿Por qué no se consideraba el caso un asunto de la policía y los tribunales? ¿Por qué pedíamos a la iglesia que ‘pusiera su casa en orden’, una expresión que era la definición exacta del problema? ¿Por qué casi ningún sacerdote u obispo se ha enfrentado a la justicia, y si lo ha hecho ha sido generalmente después de un largo periodo de protección por parte de los ‘tribunales’ de la iglesia? Después llamé a Geoffrey Robertson, un abogado británico con un currículum sin igual en casos internacionales de derechos humanos. (Por si interesa, la última vez que habíamos colaborado fue durante una campaña contra la Ley de Sucesión Británica, un arcaico fragmento legislativo que discrimina explícitamente a los católicos.) Fue una de las mejores llamadas que he hecho. Después de que un generoso grupo de ateos y humanistas aceptara pagar sus modestísimos honorarios, Robertson produjo un detallado texto legal contra el papado, accesible para el uso de todas las partes interesadas o perjudicadas. Se titula The Case of the Pope: Vatican Accountability for Human Rights Abuse, y en el Reino Unido acaba de publicarlo Penguin Books. (Estará disponible en Estados Unidos en octubre.)
Casi coincidiendo con su publicación, y con la llegada de Ratzinger al suelo británico, las recientes revelaciones del pútrido estado de la iglesia en Bélgica han dado todavía más relieve al escándalo. Considere lo siguiente: el obispo -ahora dimitido- de Brujas, Roger Vangheluwe, se ha confesado culpable de violación e incesto, al haber ‘abusado’ regularmente de su sobrino cuando este contaba entre 5 y 18 años de edad. Hay una grabación del dirigente máximo de la iglesia belga, el cardenal Godfried Danneels, tomada cuando instaba a su víctima a guardar silencio. Un informe oficial posterior, encargado por las autoridades laicas del país, ha establecido que esa altura moral era la norma en toda la jerarquía: la iglesia decidía ‘perdonar’ a los violadores y apoyarse en las víctimas. Muy tardíamente, hace unos meses, la policía belga despertó al fin de su letargo notorio e irrumpió en algunas oficinas eclesiásticas en busca de pruebas que se estuvieran ocultando. Joseph Ratzinger, que hasta el momento no había encontrado voz para hablar de las acciones de sus subordinados belgas, emitió rápidamente un chillido de protesta -contra la intervención de la justicia.
El texto de Robertson comienza con un resumen minucioso de la forma sistemática en que la conspiración de las autoridades católicas locales y la Congregación para la Doctrina de la Fe de Roma -una institución que durante el anterior papado dirigía el propio Ratzinger- ocultó las violaciones de niños. (Tan flagrante fue esta obstrucción a la justicia que muchos apologistas católicos han comenzado a culpar al pontífice fallecido para excusar a su suplente y sucesor, mientras siguen presentando al papa Juan Pablo II como candidato a la santidad.) El texto continúa con un examen detallado del argumento que define el Vaticano como Estado y del argumento que postula que esa condición confiere inmunidad legal al papa, incluso en casos de claro abuso de los derechos humanos. Sin demasiadas dificultades, Robertson muestra que ambos argumentos son ridículamente vacuos y se basan, además, en una historia deshonrosa de colaboración con las dictaduras y ofrecimientos de refugio a criminales.
El propio cardenal Newman tenía bastantes dudas sobre la proclamación de la infalibilidad papal, que data de finales del siglo XIX. También pidió ser enterrado en la misma tumba que su compañero de toda la vida, Ambrose St. John. Las autoridades católicas han desenterrado los cuerpos y no han encontrado nada que haya sobrevivido a la putrefacción o pueda servir como reliquia. Eso es bastante grotesco, pero no tan grotesco como el aire de inocencia perseguida que muestran cuando se enfrentan a sus obscenos delitos. Ahora por fin hay una guía hacia la justicia y la reparación, que pueden usar las víctimas y los acusadores, y que puede servir para poner a una institución hecha por el hombre, y a su principal ejecutivo, bajo el imperio de la ley. El sol y la luna no necesitan caer y las especies no deben morir entre terribles padecimientos para expiar este pecado: lo único que se requiere es un poco de aplicación de la justicia terrenal. ¿Se seguirá impidiendo esa posibilidad?”.
HOMBRE DE POCA FE
Christopher Hitchens escribe su enfermedad y la religión (aquí, en inglés y en español, el primer texto sobre la serie: “Tópico de cáncer”):
“Cuando describí el tumor en mi esófago como un ‘extraño ciego y sin emociones’, ni siquiera yo pude evitar concederle algunas de las cualidades de un ser vivo. Por lo menos sé que es un error, un ejemplo de la ‘falacia patética’ (nube furiosa, montaña orgullosa, presuntuoso Beaujolais), que consiste en atribuir cualidades animadas a fenómenos inanimados. Para existir, un cáncer necesita un organismo vivo, pero no puede jamás convertirse en un organismo vivo. Toda su malicia –allá voy, otra vez- radica en el hecho de que lo ‘mejor’ que puede hacer es morir con su huésped. Eso, o su huésped encuentra las medidas para extirparlo y sobrevivirlo.
Pero, como ya sabía antes de enfermar, hay algunas personas para las que esta explicación es poco satisfactoria. Para ellos, un carcinoma es un agente dedicado y consciente, un lento asesino suicida que realiza una misión consagrada desde el cielo. No has vivido, si puedo decirlo así, hasta que has leído textos de este tipo en las páginas web de los fieles:
¿Quién más piensa que el hecho de que Christopher Hitchens tenga un cáncer terminal de garganta [sic] es la venganza de Dios de que haya usado su voz para blasfemar? A los ateos les gusta ignorar los HECHOS. Les gusta actuar como si todo fuera una ‘coincidencia’. ¿En serio? ¿Es sólo una ‘coincidencia’ [que], entre todas las partes de su cuerpo, Christopher Hitchens tenga cáncer en la parte del cuerpo que usó para la blasfemia? Sí, seguid creyendo eso, ateos. Va a retorcerse de agonía y dolor, y se marchitará hasta desaparecer y morir una muerte horrible, y DESPUÉS viene la verdadera diversión, cuando lo manden al INFIERNO para que sufra la tortura y el fuego eternamente.
Numerosos pasajes de las Sagradas Escrituras y la tradición religiosa se han regodeado de esta forma en una creencia general. Mucho antes de que me afectara en particular había entendido las objeciones obvias. En primer lugar, ¿qué primate está tan condenadamente seguro de que él puede conocer la mente de dios? En segundo lugar, ¿ese autor anónimo quiere que sus puntos de vista sean leídos por mis inofensivos hijos, que también están pasando un momento complicado, gracias al mismo dios? En tercer lugar, ¿por qué no envía un buen rayo a un servidor, o algo así de imponente? La vengativa deidad tiene un arsenal tristemente empobrecido si todo lo que se le ocurre es exactamente el cáncer que mi edad y anterior ‘estilo de vida’ indicarían que podría tener. En cuarto lugar, ¿por qué el cáncer? Casi todos los hombres contraen cáncer de próstata si viven lo suficiente: es una cosa indigna, pero distribuida de manera uniforme entre santos y pecadores, creyentes y no creyentes. Si uno sostiene que dios asigna los cánceres adecuados, también debe contar la cantidad de niños pequeños que mueren de leucemia. Hay personas devotas que han muerto jóvenes y con dolor. Bertrand Russell y Voltaire, por el contrario, se mantuvieron en activo hasta el final, al igual que muchos criminales psicópatas y tiranos. Estas visitas parecen muy azarosas. Y mientras mi garganta está de momento libre de cáncer, voy a sacar de su confusión al corresponsal cristiano que he citado arriba: no es en absoluto el único órgano con el que he blasfemado… Y aunque mi voz se vaya antes que yo, seguiré escribiendo contra los espejismos de las religiones hasta que, como en la canción de Simon y Garfunkel, sea hello darkness my old friend. Y en ese caso, ¿por qué no cáncer del cerebro? Convertido en un imbécil aterrorizado y semiconsciente, quizá podría pedir un sacerdote cuando llegara la hora del cierre, aunque aquí declaro, todavía lúcido, que la entidad que se humille a sí misma de ese modo no seré ‘yo’. (Ten esto en mente, por si oyes rumores o fabulaciones.)
El hecho absorbente de estar mortalmente enfermo es que vas a dedicar mucho tiempo a prepararte para morir con una pizca de estoicismo (y con medidas para tus seres queridos), mientras que al mismo tiempo estás muy interesado en el asunto de la supervivencia. Es una forma claramente extraña de ‘vivir’ -abogados por la mañana y médicos por la tarde- y significa que uno tiene que existir -incluso más de lo habitual- en un doble marco mental. Lo mismo ocurre, al parecer, con los que rezan por mí. Y la mayoría de ellos son tan ‘religiosos’ como el tipo que quiere que sea torturado aquí y ahora –lo que me pasará aunque al final me recupere- y después torturado para siempre si no me recupero, o aunque lo haga.
De la halagadora y sorprendente cantidad de gente que me escribió cuando caí enfermo, muy pocos han dejado de decir una de estas dos cosas. Me aseguran que no me ofenderán ofreciendo oraciones o dicen tiernamente que rezarán de todos modos. Páginas web religiosas han dedicado un espacio especial a la cuestión. (Si vas a leerlo a tiempo, recuerda que el 20 de septiembre ya ha sido designado ‘Everybody Pray for Hitchens Day’.) Pat Archbold, en el National Catholic Register, y el diácono Greg Kandra se encuentran entre los católicos romanos que me consideraron un objeto digno de sus oraciones. El Rabino David Wolpe, autor de Why Faith Matters y líder de una congregación en Los Ángeles, dijo lo mismo. He aparecido con él en debates, como con varios protestantes evangélicos conservadores como el pastor Douglas Wilson de New Saint Andrews College y Larry Taunton de Fixed Point Foundation en Birmingham, Alabama. Ambos escribieron para decir que sus congregaciones estaban rezando por mí. Y fue a ellos a los primeros a los que se me ocurrió responder preguntando: ¿rezando para qué?
Al igual que muchos de los católicos que rezan tanto para que vea la luz como para que me recupere, fueron muy honestos. La salvación era el punto principal. ‘Estamos, sin duda, preocupados por su salud, también, pero es una consideración muy secundaria. Porque, ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? [Mateo 16:26]’. Eso lo dijo Larry Taunton. El pastor Wilson respondió que cuando se enteró de la noticia rezó por tres cosas: para que luchara contra la enfermedad, para que hiciera las paces con la eternidad, y para que en el proceso volviéramos a encontrarnos. No pudo evitar añadir, algo traviesamente, que la tercera oración ya había sido respondida…
Así que estos son algunos católicos, judíos y protestantes célebres que piensan que en algún sentido de la palabra merezco salvarme. La facción musulmana ha estado más callada. Un amigo iraní ha pedido que se rece por mí en la tumba de Omar Jayyam, poeta supremo de los librepensadores persas. El vídeo de YouTube que anuncia el día dedicado a la intercesión en mi favor suena acompañado de la canción ‘I Think I See the Light’, interpretada por el mismo Cat Stevens que, como ‘Yusuf Islam’, aprobó la llamada histérica de la teocracia iraní para asesinar a mi amigo Salman Rushdie. (La letra banal de esta canción pseudo-edificante, por cierto, parecen estar dirigida a una chica.) Y este aparente ecumenismo tiene otras contradicciones, también. Si tuviera que anunciar una súbita conversión al catolicismo, sé que Larry Wilson y Douglas Taunton pensarían que yo había caído en grave error. Por otra parte, si me uniera a cualquiera de sus grupos evangélicos protestantes, los seguidores de Roma no pensarían que mi alma estaría mucho más segura que ahora, mientras que una tardía decisión de adherirme al judaísmo o al islam me privaría inevitablemente de muchas oraciones de ambas facciones. Simpatizo de nuevo con el poderoso Voltaire: cuando en su lecho de muerte le acosaban y le pedían que renunciara al diablo, murmuró que no era momento de hacer enemigos.
El físico danés y premio Nobel Niels Bohr colgó una herradura encima de su puerta. Sus consternados amigos le dijeron que esperaban que no pusiera ninguna confianza en esa patética superstición. ‘No, yo no’, respondió con serenidad, ‘pero al parecer funciona igual creas o no creas’. Esa podría ser la conclusión más segura. La investigación más completa sobre el tema jamás realizada -el ‘Estudio de los efectos terapéuticos de la oración de intercesión’ de 2006- no pudo hallar correlación alguna entre el número y la regularidad de las oraciones ofrecidas y la probabilidad de que la persona por la que se rezaba tuviera más oportunidades. Sin embargo, se encontró una pequeña pero interesante correlación negativa: algunos pacientes sufrían una ligera aflicción adicional cuando no manifestaban ninguna mejoría. Sentían que habían decepcionado a sus devotos seguidores. Y la moral es otro factor no cuantificable en la supervivencia. Ahora lo entiendo mejor que cuando lo leí por primera vez. Una enorme cantidad de amigos laicos y ateos me han dicho cosas estimulantes y halagadoras como: ‘Si alguien puede vencer a esto, eres tú’, ‘El cáncer no tiene ninguna oportunidad contra ti’, ‘Sabemos que puedes con esto’. En días malos, e incluso en días mejores, estas exhortaciones pueden tener un efecto vagamente deprimente. Si muero, voy a decepcionar a todos esos camaradas. También se me ocurre un problema laico: ¿y si salgo adelante y la facción piadosa clama alegremente que sus plegarias han sido atendidas? Eso sería un poco irritante.
He dejado al mejor de los fieles para el final. El doctor Francis Collins es uno de los norteamericanos vivos más importantes. Es el hombre que llevó el Proyecto Genoma Humano a su terminación, en menos tiempo y menos presupuesto de los previstos, y ahora dirige los National Institutes of Health. En su trabajo sobre los orígenes genéticos del trastorno, ayudó a descifrar las ‘erratas’ que provocan catástrofes como la fibrosis quística y la enfermedad de Huntington. Está trabajando ahora en las increíbles propiedades curativas latentes en las células madre y en los tratamientos basados en genes. Este gran humanista es además un apasionado de la obra de C.S. Lewis y en su libro The Language of God ha tratado de hacer la ciencia compatible con la fe. (Este pequeño volumen contiene un capítulo admirablemente conciso que informa a los fundamentalistas que el debate acerca de la evolución ha terminado, principalmente porque no hay ningún debate.) Conozco a Francis por varias discusiones públicas y privadas sobre la religión. Ha tenido la gentileza de visitarme en su tiempo libre y hablar de todo tipo de tratamientos novedosos, que hace poco eran inimaginables y se podrían aplicar a mi caso. Y por decirlo así: no ha sugerido la oración, y yo no he hecho bromas acerca de Cartas del diablo a su sobrino. Así que los que quieren que tenga una muerte horrible rezan para que los esfuerzos de nuestro médico cristiano más generoso se vean frustrados. ¿Quién es el Dr. Collins para interferir en los designios divinos? Por un giro similar, los que quieren que arda en el infierno también se burlan de ese hombre religioso y querido que no me encuentra tan malvado. Dejo estas paradojas a los amigos y enemigos que aún veneran lo sobrenatural.
Siguiendo el hilo de la oración a través del laberinto de la web, finalmente he encontrado un extraño vídeo de ‘Hacer apuestas’. Invita a potenciales apostadores a jugarse dinero sobre si voy a repudiar mi ateísmo y abrazar la religión en una fecha determinada o si voy a seguir afirmando mi incredulidad y asumir las infernales consecuencias. Quizá no sea tan barato o desagradable como puede parecer. Uno de los defensores más cerebrales del cristianismo, Blaise Pascal, ya redujo los elementos esenciales a una apuesta en el siglo XVII. Pon tu fe en el Todopoderoso, propuso, y quizá lo ganes todo. Rechaza la oferta celestial y lo pierdes todo si la moneda cae en sentido contrario. (Algunos filósofos lo llaman Gambito de Pascal.)
Por ingenioso que su razonamiento pueda parecer –fue uno de los fundadores de la teoría de la probabilidad-, Pascal asume un dios cínico y un ser humano de abyecto oportunismo. Supongamos que olvide los principios que he tenido durante toda mi vida con la esperanza de ganarme un favor en el último minuto. Espero y confío en que ninguna persona seria admire esa actuación fraudulenta. Mientras tanto, el dios que premiaría la cobardía y la deshonestidad y castigaría las dudas irreconciliables está entre los muchos dioses en los que no creo. No quiero ser grosero ante las buenas intenciones, pero cuando llegue el 20 de septiembre, no te preocupes por ensordecer al cielo con tus gritos inútiles. A menos, claro, que eso te haga sentir mejor”.
KOESTLER Y LOS EXISTENCIALISTAS

En 1946 Arthur Koestler decidió volver a Francia, seis años después de huir enrolándose en la Legión Extranjera (lo habían internado en un campo de concentración). El cero y el infinito estaba teniendo un éxito extraordinario. Había sido publicado en francés ese mismo año y se habían vendido 300.000 copias. Cuenta Michael Scammell:
1.
Tras esperar en vano a que el editor de ambos, Charlot, los presentara, Koestler conoció a Camus por el simple procedimiento de entrar en su despacho en Gallimard y presentarse. ‘El joven Humphrey Bogart’, decía de Camus un periodista de la rive gauche, y Koestler lo comparó con un ‘joven Apolo’. Camus era ‘delgado y vigoroso, con pelo castaño claro, sonrisa fácil y una piel oscura derivada de su origen norteafricano’, que todavía ‘parecía el atlético jugador de fútbol de su juventud’. La amistad entre los dos hombres fue instantánea. Realmente, los dos eran del molde de Bogart: bajos, compactos, musculosos; sus maneras frías intentaban ocultar un temperamento ardiente; un cigarrillo pendía eternamente de su labio inferior. ‘Con Camus’, escribió más tarde Koestler, ‘se desarrolló una fácil camaradería desde nuestro primer encuentro. Nos tuteábamos, y teníamos los mismos gustos sobre vinos, cenar e ir detrás de las mujeres’. De todos los escritores de la rive gauche, Camus era el más cercano a Koestler en temperamento y puntos de vista. Koestler describiría más tarde su relación como ‘más íntima que profunda; éramos, de hecho, copains: más que amigos, compinches’, pero parece que fue más allá de eso. De todos modos, los dos hombres no tardaron en quedar a beber en el Café de Flore y comerse con los ojos a las jóvenes coquetas que patrullaban por Saint Germain-des-Prés.

Koestler conoció a Sartre y a Beauvoir de la misma manera. La famosa pareja había trasladado recientemente su cuartel general literario desde el Café de Flore hasta el sótano del Hôtel Pont-Royal, junto a donde se quedaba Camus. Koestler se pasó el día siguiente de conocer a Camus, fue hacia Sartre y dijo con simplicidad infantil: ‘Hola, soy Koestler’. Sartre, todavía más bajo que Koestler, con sus miembros rechonchos y su largo torso, y su célebre y desconcertante estrabismo, le hizo pensar en “un duende malévolo”. Pero, como con Camus, el entendimiento entre los dos hombres fue instantáneo, y Koestler aprobó el modo en que el ceñido vestido francés del Castor [Simone de Beauvoir] realzaba su figura, la fuerza de sus pómulos altos y prominentes y el largo pelo recogido en u moño en su cabeza. La famosa pareja reconoció en el autor de El cero y el infinito a un compañero de pensamiento. Beauvoir se había quedado despierta toda la noche leyendo El cero y el infinito y lo había encontrado ‘cautivador’.
2.

Poco después Mamaine [la pareja de Koestler] se quedó en la cama agotada y Koestler llevó a Sartre y a Beauvoir junto al lecho para cenar ensalada de jamón y langosta y queso, luego se embarcó con ellos en una maratoniana ruta por los bares de Montparnasse. Eso culminó el 31 de octubre, el último día de Koestler en París, con una espectacular bacanal que incluía a sí mismo y Mamaine, Sartre y Beauvoir, y Camus y su mujer, Francine. Empezaron la tarde en un bistró argelino recomendado por Camus, luego se trasladaron a una pequeña sala de baile en rue des Gravilliers, con luces de neón rosas y azules, y donde hombres con sombreros bailaban con chicas con faldas cortas. ‘Por primera vez en mi vida’, escribió Mamaine a su ‘Querida Gemela’ [Celia], ‘bailé con K [Koestler], y también observé el fascinante espectáculo de K arrastrando al Castor (que no creo que hubiera bailado en su vida) por el suelo mientras Sartre (lo mismo) arrastraba a madame Camus’.
Koestler entonces lanzó una ‘imperiosa’ (la palabra es de Beauvoir) invitación a los otros: ir con él al Schéherazade, lo que aceptaron tras muchas protestas. El local estaba en una oscuridad casi total, con violinistas que vagabundeaban y tocaban conmovedoras canciones rusas para los clientes. Pero los escritores hablaron de literatura y política como de costumbre. ‘Si fuera posible decir la verdad’, exclamó Camus en cierto momento. Koestler se puso melancólico al escuchar la sentimental canción folclórica rusa ‘Ojos negros’, y acusó a Sartre e incluso Camus de ceder ante la Unión Soviética. ‘Es imposible que seamos amigos si discrepamos en política’, dijo. Camus lo contradijo. ‘Lo que tú y yo tenemos en común es que para nosotros los individuos son lo primero, ponemos la amistad por encima de la política.’ Beauvoir estuvo de acuerdo. ‘Somos la prueba de ello en este preciso momento’, dijo ella, ‘puesto que, pese a nuestras disensiones, estamos tan contentos de estar juntos’.
Sartre, según Mamaine, ‘se emborrachó mucho casi de inmediato, Beauvoir también se emborrachó y lloró mucho, y K también se emborrachó (bebimos vodka y champán, ambos en grandes cantidades)’. Francine Camus, que era ‘extremadamente hermosa y agradable’, también se puso como una cuba, según Mamaine, que añadió: ‘Camus y yo no nos emborrachamos, pero poco faltó’. Mamaine omitió que ella y Camus también bailaron juntos e intercambiaron besos furtivos mientras los demás estaban en la mesa.

Tras obligar a Koestler a dejar el Schéhérazade en torno a las cuatro de la mañana, pararon en Chez Victor en Les Halles para tomar sopa de cebolla, ostras y vino blanco. Satre, según Mamaine, llevaba una borrachera tremenda, y ‘echaba pimienta y sal en servilletas de papel, las doblaba y se las metía en el bolsillo’. Koestler, ofendido por haber tenido que dejar el club nocturno, tiró un trozo de pan al otro lado de la mesa, le dio a Mamaine en el ojo, y lo atosigaban los remordimientos mientras se le ponía azul y negro. Sartre reía y decía que ese mismo día tenía que dar una charla para la UNESCO en la Sorbona sobre ‘La responsabilidad del escritor’ y no había preparado ni una línea. Camus dijo: ‘Alors, tu parleras sans moi [Entonces, tendrás que hablar sin mí]’. Sartre respondió: ‘Je voudrais bien pouvoir parler sans moi [I wish I could speak without me too]’ y siguió riéndose.
Se separaron al alba. A solas con Sartre, Beavoir sollozó por ‘la tragedia de la condición humana’, después se apoyó en el parapeto de un puente sobre el Sena y dijo: ‘No sé por qué no nos tiramos al río’. ‘De acuerdo’, dijo Sartre, ‘vamos a tirarnos’, y se echó a llorar. En otra parte de la ciudad, Koestler también lloraba mirando el Sena. Después desapareció en un pissoir y le gritó a Mamaine: ‘No me dejes, te quiero, siempre te querré’. Llegaron a casa a las ocho y durmieron durante todo el día, salvo Sartre, que se atiborró de pastillas y fue a la Sorbona para dar su conferencia. Ni siquiera un existencialista podía dirigirse a los estudiantes ‘sans moi’.
Koestler y Mamaine. Camus. Sartre y Beauvoir en 1946. Camus retratado por Mamaine.
En 1946 Arthur Koestler decidió volver a Francia, seis años después de huir enrolándose en la Legión Extranjera (lo habían internado en un campo de concentración). El cero y el infinito estaba teniendo un éxito extraordinario. Había sido publicado en francés ese mismo año y se habían vendido 300.000 copias. Cuenta Michael Scammell:
1.
Tras esperar en vano a que el editor de ambos, Charlot, los presentara, Koestler conoció a Camus por el simple procedimiento de entrar en su despacho en Gallimard y presentarse. ‘El joven Humphrey Bogart’, decía de Camus un periodista de la rive gauche, y Koestler lo comparó con un ‘joven Apolo’. Camus era ‘delgado y vigoroso, con pelo castaño claro, sonrisa fácil y una piel oscura derivada de su origen norteafricano’, que todavía ‘parecía el atlético jugador de fútbol de su juventud’. La amistad entre los dos hombres fue instantánea. Realmente, los dos eran del molde de Bogart: bajos, compactos, musculosos; sus maneras frías intentaban ocultar un temperamento ardiente; un cigarrillo pendía eternamente de su labio inferior. ‘Con Camus’, escribió más tarde Koestler, ‘se desarrolló una fácil camaradería desde nuestro primer encuentro. Nos tuteábamos, y teníamos los mismos gustos sobre vinos, cenar e ir detrás de las mujeres’. De todos los escritores de la rive gauche, Camus era el más cercano a Koestler en temperamento y puntos de vista. Koestler describiría más tarde su relación como ‘más íntima que profunda; éramos, de hecho, copains: más que amigos, compinches’, pero parece que fue más allá de eso. De todos modos, los dos hombres no tardaron en quedar a beber en el Café de Flore y comerse con los ojos a las jóvenes coquetas que patrullaban por Saint Germain-des-Prés.
Koestler conoció a Sartre y a Beauvoir de la misma manera. La famosa pareja había trasladado recientemente su cuartel general literario desde el Café de Flore hasta el sótano del Hôtel Pont-Royal, junto a donde se quedaba Camus. Koestler se pasó el día siguiente de conocer a Camus, fue hacia Sartre y dijo con simplicidad infantil: ‘Hola, soy Koestler’. Sartre, todavía más bajo que Koestler, con sus miembros rechonchos y su largo torso, y su célebre y desconcertante estrabismo, le hizo pensar en “un duende malévolo”. Pero, como con Camus, el entendimiento entre los dos hombres fue instantáneo, y Koestler aprobó el modo en que el ceñido vestido francés del Castor [Simone de Beauvoir] realzaba su figura, la fuerza de sus pómulos altos y prominentes y el largo pelo recogido en u moño en su cabeza. La famosa pareja reconoció en el autor de El cero y el infinito a un compañero de pensamiento. Beauvoir se había quedado despierta toda la noche leyendo El cero y el infinito y lo había encontrado ‘cautivador’.
2.
Poco después Mamaine [la pareja de Koestler] se quedó en la cama agotada y Koestler llevó a Sartre y a Beauvoir junto al lecho para cenar ensalada de jamón y langosta y queso, luego se embarcó con ellos en una maratoniana ruta por los bares de Montparnasse. Eso culminó el 31 de octubre, el último día de Koestler en París, con una espectacular bacanal que incluía a sí mismo y Mamaine, Sartre y Beauvoir, y Camus y su mujer, Francine. Empezaron la tarde en un bistró argelino recomendado por Camus, luego se trasladaron a una pequeña sala de baile en rue des Gravilliers, con luces de neón rosas y azules, y donde hombres con sombreros bailaban con chicas con faldas cortas. ‘Por primera vez en mi vida’, escribió Mamaine a su ‘Querida Gemela’ [Celia], ‘bailé con K [Koestler], y también observé el fascinante espectáculo de K arrastrando al Castor (que no creo que hubiera bailado en su vida) por el suelo mientras Sartre (lo mismo) arrastraba a madame Camus’.
Koestler entonces lanzó una ‘imperiosa’ (la palabra es de Beauvoir) invitación a los otros: ir con él al Schéherazade, lo que aceptaron tras muchas protestas. El local estaba en una oscuridad casi total, con violinistas que vagabundeaban y tocaban conmovedoras canciones rusas para los clientes. Pero los escritores hablaron de literatura y política como de costumbre. ‘Si fuera posible decir la verdad’, exclamó Camus en cierto momento. Koestler se puso melancólico al escuchar la sentimental canción folclórica rusa ‘Ojos negros’, y acusó a Sartre e incluso Camus de ceder ante la Unión Soviética. ‘Es imposible que seamos amigos si discrepamos en política’, dijo. Camus lo contradijo. ‘Lo que tú y yo tenemos en común es que para nosotros los individuos son lo primero, ponemos la amistad por encima de la política.’ Beauvoir estuvo de acuerdo. ‘Somos la prueba de ello en este preciso momento’, dijo ella, ‘puesto que, pese a nuestras disensiones, estamos tan contentos de estar juntos’.
Sartre, según Mamaine, ‘se emborrachó mucho casi de inmediato, Beauvoir también se emborrachó y lloró mucho, y K también se emborrachó (bebimos vodka y champán, ambos en grandes cantidades)’. Francine Camus, que era ‘extremadamente hermosa y agradable’, también se puso como una cuba, según Mamaine, que añadió: ‘Camus y yo no nos emborrachamos, pero poco faltó’. Mamaine omitió que ella y Camus también bailaron juntos e intercambiaron besos furtivos mientras los demás estaban en la mesa.
Tras obligar a Koestler a dejar el Schéhérazade en torno a las cuatro de la mañana, pararon en Chez Victor en Les Halles para tomar sopa de cebolla, ostras y vino blanco. Satre, según Mamaine, llevaba una borrachera tremenda, y ‘echaba pimienta y sal en servilletas de papel, las doblaba y se las metía en el bolsillo’. Koestler, ofendido por haber tenido que dejar el club nocturno, tiró un trozo de pan al otro lado de la mesa, le dio a Mamaine en el ojo, y lo atosigaban los remordimientos mientras se le ponía azul y negro. Sartre reía y decía que ese mismo día tenía que dar una charla para la UNESCO en la Sorbona sobre ‘La responsabilidad del escritor’ y no había preparado ni una línea. Camus dijo: ‘Alors, tu parleras sans moi [Entonces, tendrás que hablar sin mí]’. Sartre respondió: ‘Je voudrais bien pouvoir parler sans moi [I wish I could speak without me too]’ y siguió riéndose.
Se separaron al alba. A solas con Sartre, Beavoir sollozó por ‘la tragedia de la condición humana’, después se apoyó en el parapeto de un puente sobre el Sena y dijo: ‘No sé por qué no nos tiramos al río’. ‘De acuerdo’, dijo Sartre, ‘vamos a tirarnos’, y se echó a llorar. En otra parte de la ciudad, Koestler también lloraba mirando el Sena. Después desapareció en un pissoir y le gritó a Mamaine: ‘No me dejes, te quiero, siempre te querré’. Llegaron a casa a las ocho y durmieron durante todo el día, salvo Sartre, que se atiborró de pastillas y fue a la Sorbona para dar su conferencia. Ni siquiera un existencialista podía dirigirse a los estudiantes ‘sans moi’.
ORWELL Y KOESTLER EN NAVIDAD

En 1945, Arthur Koestler y su mujer, Mamaine, se instalaron en Bwlch Ocyn, Gales. Michael Scammell cuenta en su biografía Koestler: The Literary and Political Odissey of a Twentieth-Century Skeptic:
“El primer gran acontecimiento social de sus primeros meses fue una visita de George Orwell y su hijo Richard –que todavía era un bebé- en navidad. Koestler y Orwell se habían acercado mucho en los dos últimos años: ofrecían advertencias paralelas sobre la amenaza soviética y tomaban los mismos temas en sus artículos políticos. Orwell había invitado a Koestler a escribir reseñas para Tribune y más tarde le pidió que cogiera su trabajo como crítico en el Manchester Evening News, una oferta que Koestler rechazó. Orwell también le había presentado a David Astor, de The Observer, y finalmente le pasó su mensual ‘Carta de Londres’ para Partisan Review. Los dos hombres eran aliados evidentes. ‘Él era un pesimista y yo también’, dijo Koestler mucho más tarde, ‘así que me parecía estimulante y no deprimente estar con él’. Los dos hombres también arrastraban pesadas cargas de culpa personal y social, sentían un odio visceral hacia toda forma de opresión, y habían vivido epifanías políticas en España. Era natural que notaran que se entendían.

También era un secreto a voces que desde la muerte de su mujer, Eileen, Orwell buscaba un sucesor y una madre para su hijo adoptivo y, puesto que Celia [la hermana gemela de Mamaine] se había separado recientemente de su primer marido, Koestler y Mamaine pensaron que la invitarían en navidad y probarían su habilidad como celestinos (esas ideas románticas de un vínculo familiar apenas tenían en cuenta el célebre carácter obstinado de Orwell o la legendaria quisquillosidad de Koestler). Koestler pudo observar el inflexible carácter de Orwell el día de su llegada. La obra de de teatro de Koestler Twilight Bar había aparecido en agosto, con respuestas menos que entusiastas. Y la reseña de Orwell en el número de diciembre de Tribune había sido la menos entusiasta de todas. ‘El drama no es el terreno de Koestler’, empezaba Orwell, y terminaba: ‘El diálogo es mediocre, la obra demuestra el espacio que existe entre tener una idea y darle una forma dramática’. El día después de leer esa reseña, Koestler acompañó a Mamaine hasta la estación de tren de Llandudno para recoger a Orwell y Richard y llevarlos en coche a Bwlch Ocyn. Koestler se preguntaba por qué Orwell no había mitigado sus ásperos comentarios con alguna frase positiva y esperaba que Orwell dijera algo en el coche, pero Orwell no dijo nada y avanzaron en silencio. Finalmente Koestler dijo: ‘Escribiste una reseña espantosa, ¿no?’. ‘Sí - dijo Orwell- y es una obra espantosa, ¿no?’.

Koestler pensaba que la rigidez de Orwell tenía que ver con su lucha contra la enfermedad. Una severa autodisciplina le hacía ‘implacable consigo mismo’, y la extensión de esa implacabilidad era una especie de cumplido. ‘Cuanto más cerca estaba alguien de él, con más derecho se sentía a tratar a ese amigo como si fuera él mismo’. Era un código áspero pero Koestler podía entenderlo y respetarlo, y en los días siguientes los dos cruzados alcanzaron una cómoda forma de vida. Un día cuando daban un paseo por el exterior, Koestle atisbó otro lado de la implacabilidad de Orwell, una cualidad que quizá explicara la polémica escena de tortura de 1984. Hablaban de Freud, y Orwell dijo: ‘Cuando estoy en la bañera por la mañana, que es el mejor momento del día, pienso en torturas para mis enemigos’. ‘Es gracioso –contestó Koestler-, porque cuando yo estoy en la bañera pienso en torturas para mí’.
La semana fue un éxito. A George le gustaba Celia, y a Celia le gustaba George. Celia y Mamaine bautizaron a Orwell ‘el burro George’ –por Benjamin, de Rebelión en la granja- y quedaron impresionadas por la destreza con que llevaba a Richard sobre su cintura, y por cómo lo bañaba y cambiaba con total confianza. Koestler estaba menos prendado del niño, que lo distraía subiendo encima de él con sus malolientes pañales, y gateando por la casa y poniéndolo todo patas arriba. Le parecía que Orwell era demasiado indulgente con el bebé. Pero una mañana, cuando el niño se despertó mientras el agotado Orwell intentaba dormir (él y el bebé compartían habitación), Koestler pasó una hora entera haciendo muecas entre los barrotes de la cuna de Richard para que Orwell pudiera descansar un poco”.
MEZQUITA
1.
Christopher Hitchens ha escrito dos artículos sobre la "mezquita de la Zona Cero". En el primero dice:
“La disputa por la construcción de un centro islámico en la ‘Zona Cero’ en el bajo Manhattan ya ha descendido a un nivel de estupidez que realmente insulta la memoria de las víctimas de aquel terrible día de septiembre de 2001. Uno podría pensar que se propone construir una mezquita o una madrasa en el lugar exacto de las torres caídas o sobre los atomizados ingredientes de lo que fue una fosa común. (En realidad, parece que lo mejor que hemos logrado hacer con el solar, después de casi una década, es crear un pozo enorme, ruidoso y sucio, casi sin avances arquitectónicos visibles. Tal vez el resentimiento ante la relativa velocidad de la propuesta Cordoba House sea una consecuencia subconsciente de nuestra vergüenza ante esta deshonra local y nacional.)

No hay nada que me guste mucho sobre Cordoba Initiative o las personas que la dirigen. El supuesto imán del lugar, Feisal Abdul Rauf, ha sido grabado diciendo cosas sombrías y escalofriantes sobre la atrocidad original. Poco después del 11-S, declaró a 60 Minutes: ‘Yo no diría que Estados Unidos merecía lo sucedido, pero las políticas de Estados Unidos fueron cómplices del crimen’. Y añadió: ‘En el sentido más directo, Osama Bin Laden es un producto estadounidense’. Más recientemente, se ha negado a designar a un partido racista y totalitario como Hamás culpable del cargo mucho menos severo de terrorista. A estas alturas, todos estamos familiarizados con los vendedores de estas distorsiones y eufemismos y evasivas, muchas de ellas repetidas por precipitados portavoces laicos y cristianos. Una obsequiosidad cultural generalizada impulsa a muchas personas a pensar que es mejor dar cabida a los ‘moderados’ como Rauf para diluir el desafío de la cosa real. Así que por el bien de la paz y tranquilidad, ¿qué hay de malo en que Comedy Central se autocensure, o en que toda la prensa de EEUU se niegue a publicar las caricaturas danesas?
Hay que luchar constantemente contra ese tipo de capitulación. Pero aquí vemos exactamente cómo no debe hacerse. Tomemos, por ejemplo, la opinión ampliamente publicitada de Abraham Foxman, director nacional de la Liga Anti-Difamación. Apoyando a los familiares de las víctimas del 11-S que se han opuesto a la Cordoba House, estableció una grosera analogía con la Solución Final y dijo que, como a los supervivientes del Holocausto, ‘su angustia les da derecho a tomar posiciones que otros clasificarían como irracionales o intolerantes’. Este tono delirante ha sido adoptado por Newt Gingrich y Sarah Palin, que, además, pretende ser la ventrílocua de las emociones de millones de personas que no perdieron a ningún ser querido. También ha infectado las páginas del normalmente duro Weekly Standard, que pidió al presidente Obama que denunciara Cordoba House a partir de la base de que, al parecer, una mayoría (de tres contra uno) de estadounidenses la encuentra ofensiva.
¿Por dónde coger este recurso parcialmente patético y parcialmente siniestro a la demagogia? Para empezar, parte directamente del manual del chantaje cultural musulmán. Di que algo es ‘ofensivo’, y es como si esa afirmación se hubiera convertido inmediatamente en un argumento. Hasta se puede admitir, como hace Foxman, que la razón de la ofensa es ‘irracional e intolerante’. Pero, eh, ¿por qué pensar cuando puedes limitarte a sentir? Los supuestos ‘sentimientos’ de los familiares del 11-S ya nos privaron a todos de la oportunidad de ver las imágenes en tiempo real de los ataques: una concesión enorme al embotamiento general de lo que debería ser un recuerdo sobrio y continuo de una indignación genuina. Ahora hay que conceder privilegios adicionales a la mayoría de una encuesta instantánea. No sólo eso, ¡se pide que el presidente use su cargo para decidir cuestiones de arquitectura religiosa!
Nada hay más ajeno al espíritu y la letra de la Primera Enmienda o el principio del ‘muro de separación’. En su incoherente declaración, Foxman sugirió que podría estar bien que la Cordoba House se construyera a ‘una milla de distancia.’ Parece ignorar que en el lugar, un viejo edificio recibe a la gente que no cabe en la cercana mezquita de Masjid al-Farah.
Me he dado cuenta de que incluso la elección del nombre de Córdoba ha ofendido a algunos opositores cristianos. Tras la conquista musulmana, esta maravillosa ciudad de Andalucía era uno de los centros del califato islámico que los jihadistas de hoy han jurado restaurar. Y después de la reconquista católica, también fue uno de los lugares purgados de toda influencia árabe y judía por los fundadores de la Inquisición. Pero en el intervalo entre esos dos imperialismos fue también el sitio de una asombrosa síntesis cultural, asociada a los nombres de Ibn Rusd, Averroes y Maimónides. (El mejor libro reciente sobre el tema es La joya del mundo, de María Rosa Menocal.) Allí se produjo un florecimiento de la filosofía y la medicina y la arquitectura que vio, entre otras cosas, la recuperación de las obras de Aristóteles. No tenemos que asumir automáticamente la buena fe de los que han echado mano de ese noble nombre para un proyecto en el bajo Manhattan. Uno querría garantías, también, acerca de la transparencia de su financiación y el contenido de sus programas educativos. Pero la manera de responder a esas propuestas es el examen crítico y el compromiso, no el recurso barato al provincianismo, la victimología y la sinrazón”.
2.

“Un par de semanas antes de las últimas elecciones, los candidatos republicanos a la presidencia y vicepresidencia concedieron una entrevista conjunta a Brian Williams, de la NBC. ‘Gobernador’, preguntó, dirigiéndose a la parte femenina, ‘¿qué es una élite? ¿Quién es un miembro de la élite?’. Sarah Palin respondió: ‘Cualquiera que piense que es, creo, mejor que otro. Esa es mi definición de elitismo’. ‘¿No es la geografía?’, prosiguió Williams. ‘Por supuesto que no’, dijo ella. La otra mitad de la pareja parpadeó y ofreció una sonrisa tensa. John McCain tenía algo que decir.
MCCAIN: Yo sé donde viven muchos de ellos.
WILLIAMS: ¿Dónde?
MCCAIN: Bueno, en la capital de nuestra nación y en Nueva York. Lo he visto. He vivido allí.
Estos elitistas, pasó a explicar, ‘piensan que pueden imponer lo que ellos creen a América en vez de dejar que los estadounidenses decidan por sí mismos’.
Fue muy amable de Palin no ponerse geográfica contra nosotros aquel día. Se ha olvidado de la advertencia de su patrón acerca de que los estadounidenses dejen que otros estadounidenses decidan por sí mismos, pero al menos ella dice por favor, o su equivalente en Twitter. Después de su rápidamente famoso y rápidamente eliminado ‘pls refudiate’ tuiteó: ‘ pacíficos neoyorquinos, pls refutad el plan de la mezquita de la Zona Cero si creéis que el dolor catastrófico que se produjo en las Torres Gemelas es demasiado crudo, demasiado real’. Sic sic sic sic.
¡Ah, ‘la mezquita de la Zona Cero’! Bueno, para empezar, no estará en la Zona Cero. Estará en Park Place, dos manzanas al norte del solar del World Trade Center (desde donde no será visible), en un barrio con restaurantes, tiendas (electrónica, porno, lo que sea), iglesias, oficinas, y el resto de la mezcolanza de Nueva York. Park51, como se va a llamar, tendrá una gran ‘sala de oración’ islámica, que presumiblemente contará como mezquita. Pero el resto del edificio se dedicará a aulas, un auditorio, una galería, un restaurante, un monumento a las víctimas del 11 de septiembre de 2001, y una piscina y un gimnasio. Sus patrocinadores imaginan algo así como la calle 92 Y -una YMIA, se podría decir, abierto a todos, incluidas las personas de las convicciones C y H.
Al igual que muchos neoyorquinos, los responsables de Park51, un matrimonio, son de otro lugar: él de Kuwait, ella de Cachemira. Feisal Abdul Rauf es un graduado de Columbia. Ha sido el imán de una mezquita en Tribeca durante casi treinta años. Es el autor de un libro titulado ‘What’s Right with Islam Is What’s Right with America’. Es vicepresidente del Centro Interreligioso de Nueva York. ‘Mis colegas y yo somos los anti-terroristas’, escribió recientemente en el Daily News, nada menos. Denuncia el terrorismo en general y los ataques del 11-S, en particular, a menudo y en profundidad. El F.B.I. recurrió a él para impartir ‘entrenamiento de la sensibilidad’ a los agentes y los policías. Su esposa, Daisy Khan, dirige la Sociedad Americana para el Avance de los Musulmanes, que fundó con él. Promueve la ‘armonía cultural y religiosa a través de la colaboración entre las religiones, los jóvenes y el empoderamiento de la mujer, y de las artes y el intercambio cultural.’
Da bastante miedo. A la cabeza de miedosos gatos, junto con Palin, estaba su compañero calificado como presidenciable Newt Gingrich, destacada figura intelectual del Partido Republicano. Según Gingrich, Park51 es ‘una afirmación de triunfalismo islamista,’ parte de ‘una ofensiva islamista cultural y política diseñada para minar y destruir nuestra civilización.’ Aquellos que piensan que está bien son ‘los apologistas de la hipocresía islamista radical’ que ‘sostienen que tenemos que permitir la construcción de esta mezquita a fin de demostrar el compromiso de Estados Unidos con la libertad religiosa’. Gingrich propone demostrar nuestra devoción por la libertad religiosa usándola como rehén: ‘No debería haber ninguna mezquita cerca de la Zona Cero de Nueva York mientras no haya iglesias o sinagogas en Arabia Saudí’.
No todos los opositores del proyecto han abrazado el apocalipsis Gingrichiano. La mayoría, como Palin, han apelado a los sentimientos heridos, ‘sobre todo la angustia de las familias y amigos de aquellos que fueron asesinados el 11 de septiembre de 2001’, en palabras de una declaración emitida por la Liga Anti-Difamación, la venerable organización judía de defensa de los derechos civiles, que (para su vergüenza, y en contra de organizaciones judías locales como el Centro Comunitario Judío en Manhattan y la UJA-Federation de Nueva York) toma la línea de Palin. Hay muchas familias del 11-S que opinan de forma distinta, y con la misma vehemencia. En defensa la posición de la ADL, su director nacional, Abraham H. Foxman, comparó a las familias —las contrarias a Park51, claro- con los sobrevivientes del Holocausto: ‘Su angustia les da derecho a las posiciones que otros caracterizarían como irracionales o intolerantes’. No hay duda. Pero, como guía para el orden público, la angustia no es mucho mejor que la intolerancia. Tampoco da derecho a abandonar la racionalidad misma.
En lo que se refiere a la ‘mezquita de la Zona Cero’, la oposición es aproximadamente proporcional a la distancia, incluso en Nueva York. Según una encuesta reciente, los habitantes de Manhattan son mayoritariamente partidarios, sobre todo frente a los residentes de Staten Island. La Junta Comunal N º 1 se mostró favorable, por veintinueve contra uno. Ese es el consejo que representa la parte de Manhattan que incluye tanto Park51 como el lugar del 11-S –y a nosotros también, en un futuro no muy lejano. The New Yorker se trasladará de Times Square 4 a World Trade Center 1, en cuanto se construya. Aquí la opinión se divide, en función de si el viaje en metro será más largo o más corto. Nadie tiene un problema con Park51.
El martes pasado, después de Comisión de Preservación de Monumentos de la ciudad, en una votación unánime, diera luz verde a Park51, el alcalde Michael Bloomberg celebró la ocasión con un discurso que, en su elocuencia áspera, será recordado como un punto culminante de su distinguido mandato. ‘Puede que no siempre estemos de acuerdo con cada uno de nuestros vecinos’, dijo.
Así es la vida. Y es parte de vivir en una ciudad tan diversa y densa. Pero también reconocemos que parte de ser un neoyorquino consiste en vivir con tus vecinos en el respeto mutuo y la tolerancia. Fue ese espíritu de apertura y aceptación lo que resultó atacado el 9 / 11.
Esto debería haber sido el final, pero no fue así. Las elecciones de mitad de legislatura acechan. A nivel local, el partidismo –el republicano, en concreto- juega la baza de la proximidad. Los dos principales candidatos republicanos a gobernador de Nueva York han hecho de la ‘mezquita de la Zona Cero’ un problema, urgidos por el ex alcalde Rudy Giuliani y por el ex gobernador George Pataki. A nivel nacional, la oposición a Park51 se está convirtiendo rápidamente en una cuestión de disciplina republicana y ortodoxia conservadora. A finales de la semana pasada, John McCain se había sumado al coro de su compañera. (‘Es evidente que mi opinión es que yo me opongo a ella.’)
En una famosa carta -la que sostiene que Estados Unidos no ‘da a la intolerancia ninguna autorización, a la persecución ninguna ayuda y sólo requiere que los que viven bajo su protección se comporten como buenos ciudadanos’- George Washington ofreció una bendición:
Que los hijos de la estirpe de Abraham, que habitan en esta tierra, siguen mereciendo y disfrutando de la buena voluntad de los demás habitantes, mientras todo el mundo se sienta en condiciones de seguridad bajo su propia vid e higuera y no hay nadie que le dé miedo.
El bajo Manhattan anda un poco escaso en vides e higueras hoy en día, aunque hay algunos bares de vinos muy buenos. La observación de Washington sigue siendo válida. Su carta estaba dirigida a los judíos de Newport, Rhode Island. Pero, como él sabía, los musulmanes también son hijos de Abraham. Según el criterio de McCain, George Washington fue un triple perdedor: como presidente, vivió en Nueva York; la capital del país lleva su nombre; e, incluso para los estándares de su época, era un elitista. Sin embargo: tenía razón”.
“Hace dos semanas, escribí que los argumentos contra la construcción del centro de Cordoba Initiative en el bajo Manhattan eran tan estúpidos y demagógicos que ya no eran noticia. Las cosas han ido más hacia el sur desde entonces, con la comparación de Newt Gingrich con un signo nazi a las puertas del Museo del Holocausto de Estados Unidos o (coge lo que quieras de tu almacén histérico) un centro cultural japonés en Pearl Harbor. La primera de las pseudo-analogías es incorrecta de todas las formas posibles, ya que el museo del Holocausto contiene una de las guías más fríamente informativas sobre la teoría y la práctica del régimen nazi, con exposiciones especiales sobre la teoría racial y la ideología del partido, y estudios objetivos de las condiciones que llevaron a ese partido al poder. En cuanto a la segunda, existe desde hace tiempo una importante población de japoneses-estadounidenses en Hawai, y no encuentro ninguna razón por la que no pueda tener un centro cultural en cualquier lugar de las islas.
Desde el principio, sin embargo, he señalado que el imán Feisal Abdul Rauf no es ninguna ganga y que su Cordoba Initiative estaba llena de eufemismos sobre la yihad y la teocracia islámicas. He mencionado su creencia siniestra de que Estados Unidos fue en parte responsable del ataque a las Torres Gemelas y su negativa a tomar una posición sobre la dictadura racista de Hamás en Gaza. Cuantas más declaraciones lees, más alarmantes se vuelven. Por ejemplo, aquí está el editorial de Rauf sobre la agitación que siguió al brutal fraude de las elecciones iraníes en 2009. Aconsejaba así al Presidente Obama:
Debería declarar que su administración respeta muchos de los principios rectores de la revolución de 1979: establecer un gobierno que expresa la voluntad del pueblo, un gobierno justo, basado en la idea de Vilayet-i-Faquih, que establece el imperio de la ley.
Tímidamente sin traducir (tal vez para ‘llegar a más gente’), la expresión Vilayet-i-Faquih es el término especial promulgado por el ayatolá Ruhollah Jomeini para describir la idea de que toda la sociedad iraní está bajo la permanente dirección (a veces traducida como tutela) de los mulás. En esta administración, ‘la voluntad del pueblo’ es una expresión carente de significado, porque ‘el pueblo’ son los guardas y los hijos de los clérigos. Es la justificación de un líder supremo y clerical, cuyo gobierno es impermeable a las elecciones, y que puede escoger y elegir a los candidatos y, si hace falta, los resultados. Es un concepto muy controvertido en el islam chií. (El gran ayatolá Sistani en Irak, por ejemplo, no lo comparte.) En cuanto a los numerosos iraníes que no son chiíes, les recuerda una vez más que no son considerados verdaderos ciudadanos de la República Islámica.
No me tranquiliza el hecho de que el Imam Rauf respalde públicamente la versión más extrema y represiva de la teocracia musulmana. El membrete de la declaración, por cierto, lo describe como ‘Fundador y visionario de Cordoba Initiative’. ¿Por qué eso tampoco me deleita?
Envalentonado por el carácter burdo de la oposición al centro, sus defensores han comenzado a hablar como si no representara ningún problema en absoluto y, como si se tratara únicamente de una cuestión de tolerancia religiosa. Sería bueno si fuera verdad. Pero la tolerancia es una de las primeras y más incómodas preguntas que suscita cualquier examen del islamismo. Nos equivocamos al hablar como si el único tema fuera el terrorismo. Como Europa Occidental ya ha descubierto, los líderes musulmanes locales tienen la costumbre, cuando se sienten lo suficientemente fuertes, de canalizar exigencias intolerantes. A veces se pide la censura de cualquier cosa ‘ofensiva’ hacia el Islam. A veces se exige la segregación sexual en las escuelas y piscinas. El guión se está haciendo bien conocido. Y los que hacen tales demandas, por supuesto, suelen tener mucho cuidado de evitar cualquier forma de asociación con la violencia. Se limitan a insinuar que, si no se toman en serio sus demandas, podría haber una diminuta chispa de violencia en algún lugar sin nombre…
En cuanto al magnífico mosaico del pluralismo religioso, es bastante fácil de encontrar páginas web y películas de mezquitas que venden los ataques más horribles sobre judíos, hindúes, cristianos, no creyentes y otros musulmanes, por no hablar de las locas diatribas contra las mujeres y los homosexuales. Por eso el falso término islamofobia es tan peligroso: insinúa que toda reserva ante el islam es inmediatamente ‘fóbica’. Una fobia es un miedo o un rechazo irracional. Las prédicas islámicas muchas veces manifiestan esta característica, por lo que la sospecha no es en absoluto irracional.
Desde mi ventana, puedo ver el hermoso minarete de la mezquita de de la Avenida Massachussets, en Washington. Está situada en el corazón del barrio diplomático de la ciudad, y es donde el presidente Bush se dirigió inmediatamente después del 11-S para hacer un gesto hacia ‘religión de la paz’. Hace poco, la esposa de un nuevo embajador me dijo que paseaba a su perro cuando un hombre barbudo la abordó y le ordenó bruscamente que no acercase el animal tan cerca de los recintos sagrados. Taxistas musulmanes en otras ciudades estadounidenses se han negado a llevar a los pasajeros con ‘impuros’ caninos.
Otra característica de mi mezquita local que no me gusta del todo es la exhibición de banderas, que presuntamente muestra a aquellas naciones que ya son musulmanas. Algunas de esas banderas son de países como Malasia, donde el islam apenas tiene una mayoría, o de Turquía, que aún tiene una constitución secular. En las Naciones Unidas, el bloque electoral de las naciones que forman parte de la Organización de la Conferencia Islámica ya está proponiendo una resolución que acota cualquier crítica de la religión en general y del islam en particular. Por lo tanto, antes de que sea utilizado por nuestro Departamento de Estado en nuevas misiones de buena voluntad en el exterior, me gustaría que se le hicieran al imán Rauf algunas preguntas sobre su apoyo a la dictadura clerical en Irán, de momento. Por todos los medios hagamos del debate sobre la ‘Zona Cero’ un examen de tolerancia. Pero será una calle de sentido único si no es también un examen de la tolerancia de los musulmanes”.
LA FAMILIA GREENE

The Economist reseña Shades of Greene:
“A principios del siglo XX dos hermanos vivían en extremos opuestos de un pequeño pueblo a unos 30 kilómetros al noroeste de Londres. Sus antepasados habían hecho dinero a través de la cerveza y las haciendas azucareras de las Antillas y ellos también tuvieron éxito, uno como director de una escuela y el otro como comerciante de café. Diferentes en muchos sentidos, Charles y Edward Greene eran semejantes en su séxtuple paternidad. Charles y su familia vivían en la ‘Casa de la Escuela’ y Edward en el ‘Hall’. Los 12 primos, ‘una tribu extraordinaria’, eran altos, se casaron mucho, fueron muy inteligentes y, por timidez o frialdad de temperamento, reservados por naturaleza. Sus largas y diversas vidas son objeto de una magnífica biografía conjunta de Jeremy Lewis, mejor conocido por su estupenda vida de Cyril Connolly.
Graham, cuarto hijo de Carlos y uno de los novelistas más importantes del siglo XX, fue el más famoso de los Greene de la ‘Casa de la Escuela’, pero de ninguna manera el único en dejar su marca. Raymond, ‘el verdadero corazón de la familia’, fue un montañero importante, miembro de la expedición que llegó cerca de la cima del Everest en 1933, y un endocrinólogo pionero. Hugh fue periodista y locutor, famoso en la década de 1960 como radical y subversivo director general de la BBC. Elisabeth trabajó para los servicios secretos británicos en El Cairo y alistó a Graham y a Malcolm Muggeridge en el MI6. Por el contrario, Herbert, la empobrecida oveja negra, sufrió las consecuencias ser una persona media en una familia brillante y fue una fuente regular de ansiedad. En la década de 1930 revoloteó en la periferia del mundo de la inteligencia, y espió ineficazmente para los japoneses y en España. Treinta años más tarde organizó una protesta nacional contra la decisión de Hugh para pasar a las diez las noticias de las nueve.
Aunque algunos contribuyeron de otro modo, ningún miembro de las dos familias entró en combate durante la guerra. (El primo de Graham, Tooter, fue el que más cerca estuvo, pero su vida como soldado se vio interrumpida cuando se cayó de un camión en Sandhurst, se golpeó la cabeza y fue relegado al Ministerio de Alimentación.) Los Greenes del ‘Hall’ se sentían intelectualmente inferiores a sus primos y eran mucho menos efectivos, aunque eran igual de raros. Ben, el hijo mayor de Edward Greene, fue un idealista afectuoso y nada mundano, que batalló por los pobres, aunque con éxito limitado. Su trabajo benéfico con los cuáqueros en Rusia y Alemania y la actividad en el ala izquierda del Partido Laborista fueron seguidos por un viraje hacia la derecha cuando se unió al British People Party y la Peace Pledge Union. Como resultado de ello, y con una madre alemana, se le consideró simpatizante de los nazis y un riesgo para la seguridad y, con Oswald Mosley, fue internado en mayo de 1940. El resto de su vida se vio asaltado por una comprensible sensación de ser perseguido.
Mientras Ben estaba en la cárcel de Brixton, su hermano Félix se encontraba en California con Gerald Heard, Christopher Isherwood y Aldous Huxley, disfrutando de ‘una visión elevada de los acontecimientos’. Félix fue un locutor de radio pionero y el primer corresponsal de la BBC en América del Norte, pero luego se volvió crecientemente egocéntrico, neurótico y crédulo. En la década de 1960, visitó la China comunista (‘uno de esos tontos útiles’) para ensalzar las virtudes del brutal régimen de Mao en libro y película.
El señor Lewis ha tenido éxito en su objetivo declarado, evitar que el libro sea ‘descompensado’, ‘una nueva biografía de Graham Greene’. Se ocupa de manera uniforme de los miembros de la familia que tuvieron vidas interesantes, describe las relaciones entre ellos y arroja luz sobre su influencia en la vida y la escritura del novelista. Nacido en el centro de la familia, Graham estaba más cerca de la edad de su prima Ave, de la que tanto él como Herbert estuvieron brevemente enamorados. En la escuela, detrás de ‘la puerta de bayeta verde’, sufrió por ser el hijo del director, y fue acosado sin piedad. Inepto en los juegos, vivió a la sombra de su apuesto hermano mayor y experimentaba una sensación de inferioridad. Esto, sin embargo, produjo un ‘condenado deseo de tener éxito’, y Raymond se convirtió en una útil fuente de información médica para sus novelas.
Próximos a Graham se encontraban sus hermanos menores: Elisabeth, que se convertiría en su secretaria, y Hugh, a quien de niño leía novelas de aventuras de Henry Rider Haggard, GA Henty, y de su primo Robert Louis Stevenson. Su prima Barbara lo acompañó a Liberia en 1935, y publicó un relato de sus aventuras que la familia consideraba superior al ‘Viaje sin mapas’ de Graham. Herbert, a través de sus nefastas actividades y sus sórdidas características, aportó material para las figuras miserables y despreciables que pululan por la ficción de Graham.
‘Shades of Greene’ es una ambiciosa iniciativa que ha necesitado una cantidad prodigiosa de investigación. La escasez de fechas y detalles familiares dificulta en ocasiones seguir la pista de las personas y los acontecimientos, pero Lewis muestra habilidad y energía al entrelazar las vidas de sus protagonistas. Graham Greene evitaba reflejarse en los pensamientos de sus héroes; prefería el impulso de una buena historia. Así que está. Con su sentido de la travesura y su prosa transparente, seguramente Greene habría aprobado este libro”.
En la imagen, la familia Greene. De izquierda a derecha: Graham, Raymond, Herbert, Hugh, Molly and Elizabeth.
BERNARD-HENRI LÉVY CONTRA SARKOZY
“El Presidente de la República, gracias a las vacaciones de verano y el letargo que viene con ellas, acaba de cometer tres errores en ocho días.
El primero fue convocar, el 28 de julio en el Palacio del Elíseo, el día después de unos gravísimos actos de delincuencia ocurridos en Saint-Aignan, una ‘cumbre’ que supuestamente debía ‘examinar’ ‘la situación de los gitanos y los nómadas [gens du voyage]’. No está claro, en primer lugar, que el Palacio del Elíseo sea el lugar adecuado para discutir problemas de delincuencia.
Es cierto, sin embargo, que en el principio mismo de esta cumbre había una forma de mezclar a los extranjeros en situación irregular (algunos de ellos gitanos) y a ciudadanos de pleno derecho, franceses desde hace varias generaciones y por tanto sujetos como tales al derecho común a todos los franceses (esos hombres y mujeres entran, más o menos a su pesar, en la categoría estadística y administrativa de ‘nómadas’).
Pero está claro que en el hecho mismo esa reunión, en el hecho de decir que los gitanos y nómadas habían cometido delitos o crímenes como gitanos y nómadas, es decir, en el hecho de presentar a una comunidad como responsable de las acciones de algunos de sus miembros, había sobre todo un riesgo de estigmatización colectiva contraria a los usos republicanos.
La opinión pública no se ha equivocado cuando ha visto resurgir desde lo más alto de los ministerios hasta las cloacas del populismo los tópicos -que se creían gastados y han tenido consecuencias criminales en un pasado reciente-, sobre el gitano ‘ladrón de gallinas’ o propietario de un ‘Mercedes de gran cilindrada’. Y en cuanto a los interesados, a la gente honesta (ya que ésa parece ser la palabra del día) que vive en una precariedad honesta o en una opulencia fiscalizada su cultura nomadizada, en cuanto a los franceses desde hace generaciones o los franceses de adopción, que ahora han sido tratados como una o más bien como dos comunidades y han tenido la sorpresa suplementaria de descubrir que ni siquiera se había pensado en invitar a la reunión a un representante, un portavoz, un testigo de esas comunidades, están ahora en estado de shock.
Con ningún otro grupo se habría osado hacer eso. Con cualquier otra categoría social, y por suerte, se habría tenido la gentileza elemental (¿o precaución?) de solicitar un punto de vista. En este caso, no se hizo: y que haya tan pocos responsables que se conmuevan, que ese lapsus, ese olvido, pasen en evidencia y en inocencia, que la izquierda parezca juzgar el caso poco digno de su indignación programada, sólo añade a la cólera dolor y, por desgracia, piedad.
El segundo error fue, en el famoso discurso en Grenoble, la propuesta de privar de la nacionalidad francesa a toda persona ‘de origen extranjero’ que hubiera ‘atentado voluntariamente contra la vida de un policía, un gendarme o cualquier otro depositario de la autoridad pública’.
No me detendré en el carácter ubúesco de la noción de origen extranjero. Porque ¿dónde comienza el origen extranjero? ¿A partir de cuántas generaciones se estaría, según el espíritu de la medida propuesta, a resguardo? ¿El Presidente tiene un criterio en mente? ¿Una prueba (tal vez de ADN)? Y aunque así fuera, en el caso de que el Consejo Constitucional, el Consejo de Estado o, simplemente, el Parlamento confirmaran esta proposición insensata, ¿qué les ocurriría a los caídos? Sin nacionalidad de recambio, ¿en qué vacío jurídico acabarían? ¿Ex francés? ¿Apátrida? ¿Acaso, con el pretexto de que, como dijo el jefe de Estado, la máquina de formar ciudadanos ‘ha funcionado’, pero ‘ya no funciona’, vamos a sustituirla por una máquina para producir personas sin patria?
Dicho esto, lo peor y el fondo del asunto es que si la propuesta es seria y no sólo una manera de intentar arrebatar a Marine Le Pen algunos fondos de comercio electoral, la iniciativa contravendría de manera frontal un axioma tres veces sagrado, ya que está inscrito por triplicado en el mármol de los tres textos fundadores de nuestra común vida republicana: el programa del Consejo Nacional de la Resistencia del 15 de marzo de 1944, la Declaración de Derechos del Hombre de 1948, la Constitución de 1958.
El axioma postula ‘la igualdad ante la ley’ (sea cual sea, precisamente, su ‘origen’) de todos los ciudadanos. Dice que se es francés o no -pero desde el momento en que lo somos, todos lo somos de la misma manera. Insiste: uno se convierte en francés o no - pero, una vez que uno se ha hecho francés, no se puede distinguir entre franceses más o menos franceses.
Se pueden discutir, en otras palabras, las condiciones que permiten acceder a ser francés; podemos multiplicarlas, refinarlas, endurecerlas, solemnizarlas. Pero que se permita insinuar la sombra de la idea que postula dos clases de franceses, dependiendo de si nacen franceses o adquieren la nacionalidad más tarde; que se permita imaginar un orden en el que habría franceses en periodo de prueba y franceses para siempre, franceses condicionales y franceses sin discusión, franceses que siguen siendo franceses pese a que cometan actos criminales y otros que dejan de serlo porque en realidad solo lo eran a medias; todo eso, si Francia es Francia, es simplemente inconcebible. Es una cuestión de principios.
Ni por astucia ni por táctica se juega con esa clase de principios. Porque uno se arriesga a jugar con ese postulado fundador, y es el zócalo de la República, ese bien común de los franceses, el que empieza a vacilar. Partimos despreocupadamente a la caza de los que rompen las comisarías. Nos vemos a la vuelta en la piel de alguien que rompe aquello que nuestras comisarían también deben salvaguardar: el espíritu de la ley, el genio del derecho, la letra de una Ley fundamental cuyo sentido es decirnos qué significa ser francés…
Y ni siquiera hablo de los seguidores que –como la imaginación de los imbéciles no tiene más límites que la de los demás- se han metido en la brecha de una política de la que se dice en altas esferas y todo el tiempo que debe ‘carecer de tabúes’ y efectivamente rompen los últimos tabúes del honor y el sentido común y lanzan por ejemplo esta proposición sorprendente, casi demente: meter en la cárcel a los padres de los menores delincuentes que no hayan respetado, notablemente, sus ‘obligaciones en términos de resultados escolares’.
Y el tercer fallo, finalmente, es el uso de la palabra ‘guerra’ en la ‘guerra nacional’ declarada por el Presidente, todavía en Grenoble, contra los nuevos gamberros. La palabra ya era problemática cuando sirvió a George W. Bush para declarar la guerra de EE.UU. contra el terrorismo; su predecesor, Bill Clinton, observó con razón que sería mejor combatirlo con una cacería policial clásica pero implacable. Se usó en Francia, durante los disturbios del 2005 en los suburbios, cuando el primer ministro, Dominique de Villepin, desenterró un decreto de la guerra de Argelia para imponer el toque de queda en los barrios donde se hizo evidente que las más altas autoridades del Estado, las que tenían la tarea de calmar las cosas, de apaciguar los espíritus, de evitar la sobreescalada de la escalada, en pocas palabras de aislar represión y discurso para aislar a los delincuentes y castigarlos, consideraban esos barrios zonas enemigas.
Bueno, es igual de impactante cuando el Presidente Sarkozy retoma la palabra y choca las botas, haciendo suya la idea de que Francia está comprometida en una auténtica guerra interna, es decir, respondiendo al exceso con exceso, a la escalada con otra forma de escalada, y es él quien asume un doble o triple riesgo: al dramatizar así las cosas, puede destilar en el país otra forma de tensión, de fiebre, quizá de miedo y en el fondo de inseguridad; puede entrar en el terreno de los gamberros, aceptar el desafío que le lanzan y consentir, por consiguiente, a ese ascenso a los extremos que es el imaginario y el proyecto secreto de los delincuentes; y finalmente, puede meterse en una batalla que las democracias, esos reinos del derecho y el escrúpulo, siempre han sabido que no están preparadas para abordar y que no está claro que sepan ganar.
Cuando los gamberros hablan de guerra, es una provocación. Cuando los Estados dicen ‘¡la guerra!’, es la guerra civil. Y es precisamente porque la guerra civil es una amenaza, es precisamente porque los lazos sociales en todas partes comienzan a agrietarse, por lo que hay que hacer todo lo posible para evitar eso que las mafias y el terror presentan como inevitable. Y, sin descanso, repetir: los delincuentes no son enemigos, son criminales; y los responsables de su neutralización no son soldados, son policías; y si esta neutralización es difícil, si los sistemas de incivilidad contemporánea se han vuelto más sofisticados y fuerzan a quienes se oponen a mayor habilidad y firmeza, la peor solución sería volver a la lengua marcial, rústica, que amenaza con militarizar la acción policial: hablar de ‘guerra a los gamberros’ es haberla perdido.
Son palabras, se dirá. Sólo son palabras, probablemente dictadas por consideraciones políticas. Sólo que en la boca de un Presidente de la República las palabras siempre son más que palabras y dan a una sociedad su respiración, su ritmo, sus reflejos. Ante el ascenso de la inseguridad y el odio, ante la necesidad, como decía Michel Foucault, de defender la sociedad frente a unos hombres cuyo único programa es el nihilismo, ante la urgente obligación de luchar contra los gamberros públicos y su violencia sin límite hay, en verdad, dos soluciones.
Ir a los extremos, asumir la lengua de la decadencia, del ojo por ojo y diente por diente de la guerra: nunca será más que la versión sofisticada de ‘Cállate, gilipollas’. Y, como el ejemplo viene de arriba, y el comportamiento de los ciudadanos se asemeja misteriosa pero permanentemente al de los príncipes, ésa es la garantía de una sociedad febril, insatisfecha, donde todos se revuelven contra todos y donde el resentimiento y el odio serán pronto los últimos cimientos del contrato social.
O evitar la trampa, dejar de hacer declaraciones sensacionalistas, supuestamente viriles y que sólo ponen de relieve la impotencia de los Estados; salir, en pocas palabras, del rango del matamoros y de su hirviente pasión por la rivalidad mimética y el espíritu de revancha. Y salir en busca de ese otro cuerpo, que –según el historiador americano Ernst Kantorowicz (1895-1963)- no está hecho de pasión, sino de distancia, para convocar la valentía y la firmeza, pero también la sabiduría, la sutileza, el sentido de la medida y, sobre todo, la sangre fría. Son, en estas circunstancias, las únicas virtudes que sirven. Pero desgraciadamente son aquellas de las que Nicolas Sarkozy parece más escaso estos días”.
He tomado la primera imagen, de Lévy, en Le Monde.
LO QUE SÉ DE CHÁVEZ
“Los recientes informes de la necrofilia politizada de Hugo Chávez pueden parecer demasiado espeluznantes para ser ciertos, pero puedo testificar por experiencia propia que bien podrían ser una subestimación. En las primeras horas del 16 de julio –a media noche, para ser precisos- el capo de Venezuela ofició una ceremonia horripilante. Implicaba la exhumación de los restos mortales de Simón Bolívar, líder de la rebelión de América Latina contra España, fallecido en 1830. Según un artículo escrito vívidamente por Thor Halvorssen en el Washington Post del 25 de julio, el esqueleto fue separado -mientras Chávez contaba el proceso a su audiencia por twitter- y se extrajeron algunos dientes y fragmentos de huesos para analizarlo. Las piezas residuales se colocaron en un ataúd sellado con el sello del gobierno de Chávez. En uno de los discursos con el tono de libre asociación que lo ha hecho célebre, Chávez pidió a Jesucristo que repitiese la resurrección de Lázaro y reanimara los trozos de Bolívar. Continuó:
Tuve algunas dudas, pero, después de ver los restos, mi corazón dijo: ‘Sí, soy yo’. Padre, ¿eres tú o quién eres? La respuesta: ‘Sí, soy yo, que despierto cada 100 años cuando el pueblo despierta’.
Como si ‘canalizara’ esta identificación no muy sutil de Chávez con el héroe nacional, la televisión venezolana se vio obligada a mostrar imágenes de Bolívar, seguidas de las imágenes de los restos y a continuación las imágenes del jefe. El himno nacional aportaba la banda sonora. Desde que los medios de comunicación de Corea del Norte declararon que Kim Jong-il es la reencarnación de Kim Il Sung, no había habido un intento tan descarado de crear una necrocracia, o tal vez mausolocracia, en la que un pretendiente vivo asume el manto carnal del difunto.
El cadáver de Simón Bolívar es como cualquier otro cadáver, pero su legado es mucho más digno de ser robado que el de Kim Il Sung. La novela de Gabriel García Márquez El general en su laberinto es un lugar para comenzar, si quieres entender la combinación de cualidades heroicas y trágicas que mantienen viva su memoria hasta hoy. (En Nueva York, su estatua ecuestre sigue dominando la intersección de la Avenida de las Américas y Central Park South.) La idea de unos Estados Unidos de América del Sur será siempre un sueño tenue, pero en su sangrienta lucha para llevarla a cabo Bolívar logró ser una figura considerable, al igual que en sus otras facetas de negociador tramposo, criminal de guerra y fornicador en serie, también tiernamente retratadas por García Márquez.
En el otoño de 2008, fui a Venezuela como invitado de Sean Penn, que tiene una cálida amistad con Chávez. El tercer miembro de nuestro grupo fue el excelente historiador Douglas Brinkley, y pasamos un tiempo volando alrededor del país en el avión presidencial de Chávez y saltando con él desde un mitin a otro a nivel del suelo. Al jefe le encanta hablar y lanza discursos de longitud propia de Castro. Bolívar es el tema del que nunca se cansa. Su primer movimiento de uniformados amotinados -que no logró triunfar con un golpe militar en 1992- llevaba su nombre en homenaje a Bolívar. Cuando se volvió, tarde pero con éxito, hacia la política electoral, llamó a sus seguidores Movimiento Bolivariano. Desde que asumió la presidencia, el nombre oficial del país es República Bolivariana de Venezuela. (A veces Chávez debe de desear haber nacido en Bolivia.) Se sabe que en las reuniones de su gabinete deja a veces una silla vacía, por si a la sombra de Bolívar se le ocurriese asistir a unos procedimientos normalmente bastante dominados por Chávez.
Esta obsesión por su héroe no tardó en mostrar formas extrañas. Una noche, en el avión, Brinkley preguntó educadamente si Washington podía interpretar las grandes compras de Chávez de buques de guerra de Rusia como una violación de la Doctrina Monroe. La respuesta del jefe fue impresionantemente inmediata. No estaba seguro, dijo, pero lo esperaba. ‘Estados Unidos nació con un impulso imperialista. Ha habido una larga confrontación entre Monroe y Bolívar. [...] Es necesario que la Doctrina Monroe se rompa.’ Mientras su diatriba contra la malvada América aumentaba, Penn intervino para decir que sin duda Chávez sería feliz de ver la detención de Osama Bin Laden.
Me impresionó enormemente cómo despreció esa observación el jefe. Esencialmente dudaba de la existencia de al-Qaeda, y todavía más de sus ataques contra el enemigo del norte. ‘No sé nada sobre Osama Bin Laden que no me haya llegado a través del filtro de Occidente y su propaganda.’ A esto, Penn respondió que Bin Laden había proporcionado un buen número de emisiones propias de radio y vídeo. Una vez más, me impresionó cómo Chávez rechazó este salvavidas lúcidamente ofrecido. Todas esas llamadas pruebas eran otro producto de la televisión imperialista. Después de todo, ‘también hay una película de la llegada de los estadounidenses a la luna. ¿Significa eso que el desembarco en la luna ocurrió de verdad? En la película, la bandera yanqui está en línea recta. Entonces, ¿hay viento en la Luna?’. Mientras Chávez resplandecía triunfal con esta lógica, una sensación de incomodidad cayó sobre mis compañeros, y sobre la conversación.
Chávez, en otras palabras, está muy cerca del momento culminante en que anunciará que es un huevo escalfado y necesita un gran trozo de pan tostado con mantequilla para tumbarse y dormir una siesta reparadora. Incluso su macabra búsqueda en el ataúd de Simón Bolívar fue impulsada inicialmente por su teoría de que una autopsia demostraría que El Libertador había sido envenenado -muy probablemente por los viles colombianos. Tal vez esto proporcionara una licencia póstuma a la hospitalidad permanente que ofrece en Venezuela a la banda narco-criminal de las FARC, una actividad transfronteriza que hace poco para fomentar la hermandad regional.
Mucha gente se echó a reír cuando Chávez apareció en el podio de las Naciones Unidas en septiembre de 2006 y declaró que olía al azufre del mismo diablo, a causa de la presencia de George W. Bush. Pero es evidente que tiene una debilidad idiota por los hechizos y los encantamientos, así como muchos de los síntomas de la paranoia y la megalomanía. Después de que Bolívar fracasara en su intento de crear la federación de Gran Colombia -que brevemente unió Venezuela, Colombia, Ecuador y otras naciones-el ministro de EE.UU. en Bogotá, el futuro presidente William Henry Harrison, dijo de él que ‘[b]ajo la máscara del patriotismo y el apego a la libertad, en realidad ha estado preparando los medios para investirse a sí mismo de un poder arbitrario’. La primera vez fue tragedia; esta vez también es tragedia, pero está mezclada con un fuerte componente de farsa".
CORREDORES

1.
El domingo pasado El País publicaba un perfil de José Luis Rodríguez Zapatero. El titular se extraía de este párrafo:
He pasado alguna noche sin dormir. La noche del 9 al 10 de mayo la pasé en blanco, primero en contacto telefónico con la vicepresidenta, que estaba negociando en el Ecofin [consejo de ministros de Economía de la UE] nuestro compromiso de reducir el déficit un punto y medio más, que supuso un esfuerzo grande para nosotros. Luego estuve a la espera de ver cómo reaccionaban los mercados. Digamos que pasé la noche esperando al índice Nikkei.
Pero más que esas frases, e incluso más que otra desconcertante declaración (“Yo tengo una buena relación con la vida”), me sorprendió leer que Zapatero combate la ansiedad corriendo “unos diez kilómetros diarios campo a través”. Ahora es una costumbre de muchos políticos. Aznar le dijo a Bush que corría 10 kilómetros a un ritmo de 5 minutos 20 segundos por kilómetro. El verano pasado Sarkozy se mareó cuando llevaba corriendo 48 minutos. No quiero ser injusto con Zapatero, y pese a la fama atlética de Aznar, voy a suponer que corren a una velocidad parecida. Si es así, cada día Zapatero dedica a correr unos cincuenta y tres minutos. Además, supongo que tendrá que hacer algunos ejercicios de calentamiento, y que después relajará los músculos y se duchará. Es posible que incluso necesite un tiempo para dejar de sudar antes de ducharse. Como poco es una hora y media al día. Desde luego, sabe organizar su tiempo.
2.
Una entrevista con Mary Norris, correctora de The New Yorker, sobre su oficio y el método de trabajo de su revista.
3.
La Diputación de Málaga y la Asociación Europea de Cooperación con Palestina han convocado el premio Yasser Arafat. Dice la web de la diputación:
La Diputación de Málaga colaborará con la Asociación Europea de Cooperación con Palestina, ASECOP, en la edición del primer galardón Yasser Arafat, que premiará los mejores trabajos de literatura, periodismo y ensayo que versen sobre el problema palestino. El acuerdo fue sellado por diputado responsable del Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga (CEDMA), Miguel Esteban Martín, y por el presidente de ASECOP, Jehad Kamel Suleiman Rashid. […]
De este modo, la institución provincial continúa su labor de apoyo a esta causa, trabajando en la defensa de la paz y en la difusión de la difícil situación por la que atraviesa el pueblo palestino.
Hay ciertas vacilaciones, porque según ASECOP es la segunda edición del premio. Su objetivo, cuenta la asociación, “es difundir las difíciles condiciones de vida que sufre el pueblo palestino desde el 15 de mayo de 1948 en que se creó el Estado de Israel y se forzó el exilio de una gran parte del pueblo palestino y, por tanto, contribuir a la exigencia de una rápida y justa solución del conflicto”.
Dar el nombre de Yasser Arafat a un premio es hasta cierto punto sorprendente. Aunque consiguiera llamar la atención sobre la causa palestina y tuviera una intervención célebre en 1974, Arafat no es un personaje muy admirable. Comparándolo con Mandela, Hitchens escribió:
Arafat logró ser un asesino y un hombre que hacía concesiones (Mandela no era ninguna de las dos cosas); un artista de las cuentas en los bancos suizos y un demagogo populista (Mandela no era ninguna de las dos cosas); un defensor del “martirio” islámico y sus bombas y un oportunista servil, y un hombre que logró establecer una dictadura sobre su propio pueblo antes de tener un estado (aquí uno se niega a mencionar a Mandela en la misma frase).
Hitchens, que siempre ha sido crítico con Israel, y hace unos días reclamaba el fin de la ocupación, reprochaba a Arafat que apoyase a Sadam Husein en su invasión de Kuwait. Y añadía:
Las célebres condiciones “generosas” ofrecidas a Arafat por Clinton y Barak no eran tan generosas. Pero su respuesta fue todavía más despreciable de lo que normalmente se cuenta. Repentinamente anunció, primero, que representaba a los 1000 millones de musulmanes en el asunto de Jerusalén y, segundo, que su propia vida podría estar en peligro si firmaba el trato equivocado. Claramente, Arafat nunca ha tenido –y nunca podría haber recibido- un mandato general del mundo islámico acerca de Jerusalén o cualquier otra cosa. Y en lo que respecta a la amenaza a su vida: ¿no era éste el mismo hombre que usaba la palabra “mártir” en una de cada dos frases y anunciaba desde su complejo asediado que el martirio era su mayor deseo? ¿Dispuesto a morir en una refriega absurda pero incapaz de arriesgar nada por un acuerdo?
En 2003, un equipo de abogados contratados por el ministro de finanzas de Arafat examinó su patrimonio. Una carpeta secreta se acercaba a los 1.000 millones de dólares, con inversiones en coca cola, en una compañía telefónica tunecina, en fondos de inversiones de Estados Unidos y las islas Caimán. El líder de la investigación señaló que “aunque el dinero viene de fondos públicos, como los impuestos palestinos, prácticamente nada se empleó para el pueblo palestino; lo controlaba Arafat”. Aunque a veces era más generoso: Fuad Shubaki, antiguo asesor financiero de Arafat, contó al servicio de seguridad israelí que Arafat había usado varios millones de dólares de dinero de ayudas internacionales para comprar armas y apoyar a grupos violentos. También en otras ocasiones autorizó pagos a organizaciones terroristas.
No creo que Arafat fuera muy bueno para la causa palestina. Y, desde luego, no puede ser un ejemplo para una institución democrática.
En la nota de prensa de la Diputación no ponen el nombre completo del premio. Exagera, minimiza e insulta al mismo tiempo, y es posible que les dé apuro repetirlo. En cambio, en el texto de ASECOP se lee el nombre completo del galardón: “Premio Yasser Arafat. LXII años de Holocausto palestino”.
ENTREVISTA A CHRISTOPHER HITCHENS

George Eaton entrevista a Christopher Hitchens:
¿Cómo va su campaña para arrestar al Papa?
Es indignante que personas como Richard Dawkins, Geoffrey Robertson y yo estemos haciendo esto. ¿Para qué están los agentes del orden, y los departamentos de policía? Pero si ellos no lo hacen lo haremos nosotros.
¿Los europeos creen que Estados Unidos es un país más religioso de lo que en realidad es?
Sí. El número de personas que se identifican como "ninguna de las anteriores" a la hora de señalar su confesión se ha duplicado en los últimos años. Y podría volver a duplicarse pronto.
¿Hay buenos argumentos para defender la religión?
Los mejores apuntan a una causa primera. Pero aunque fuera así, no nos llevaría más allá del deísmo.
¿Qué podemos esperar del libro que está escribiendo sobre los Diez Mandamientos?
Una de las grandes preguntas de la filosofía es: ¿tenemos una moralidad de forma innata, o la obtenemos gracias al dictado celeste? Un estudio de los Diez Mandamientos es una buena manera de abordar y resolver esta cuestión.
¿Y su libro más reciente, Hitch-22? ¿Por qué decidió escribir unas memorias ahora?
En primer lugar, me lo pidieron. Y me acercaba a los 60, lo que te pone retrospectivo. Así que probablemente tenía el estado de ánimo adecuado.
¿A qué libros de memorias recurrió en busca de inspiración?
Flecha en Azul de Arthur Koestler, junto con las memorias de Claud Cockburn y Point of Departure de James Cameron. Y después, en mi ambiente, por así decirlo, el libro a batir es Experiencia de Martin Amis.
Recuerda sus polémicas con Gore Vidal y Edward Said. ¿Cuándo se vuelve personal un desacuerdo político?
En mi caso, no es así. Yo no convierto esas cosas en asuntos personales, pero si alguien más lo hace estoy dispuesto a decir "bien". Nadie me habría podido molestar más por su errónea interpretación política que Martin, en Koba el Temible. No sabe mucho de la historia del marxismo, y yo podría haber prescindido de ella tranquilamente.
Varios capítulos están dedicados a su juventud trotskista. ¿Qué le atrajo de la izquierda?
El nombre. Era la oposición de izquierda al estalinismo, el capitalismo, el imperialismo -y la guerra, por supuesto. Los intelectuales asociados con la Internacional Socialista parecían comprender ese asunto.
¿Se definiría como un neo-conservador?
No soy un conservador de ningún tipo. Una facción dispuesta a asumir los riesgos de guerrear con el osificado statu quo de Oriente Medio puede ser descrita de muchas formas, pero no como conservadora.
Cuando estaba en The Nation, Ed Miliband [como Nick Clegg] hizo prácticas con usted. ¿Cuáles son sus recuerdos de él?
Hablamos mucho de la vieja izquierda y del papel distinguido que desempeñó su padre en ella. El segundo nombre de su hermano es Wright, por el socialista C. Wright Mills, un gran amigo de Ralph.
¿Qué opina de David Cameron?
Parece carente de contenido. Nunca he tenido un trabajo, excepto en Relaciones Públicas, y se nota. La gente me pregunta: "¿Qué piensas de él?". Mi respuesta es: no me hace pensar.
¿Hasta qué punto debería asustarnos Sarah Palin?
No mucho. Es una cínica y una oportunista descarada. Ha ganado una fortuna, ganará otra, pero realmente no va a hacer el trabajo duro de tratar de construir un movimiento.
¿Y qué le parece la presidencia de Obama?
Bastante limpia. Las personas que trabajan para él son relativamente francas y honestas. Pero está descubriendo es que el poder de la presidencia es muy leve. Hay todo tipo de cosas que están bajo su control.
Si no hubiera sido escritor, ¿qué habría sido?
Habría sido otra persona. Es lo que soy, y no lo que hago.
¿Alguna vez desearía haberse metido en política?
Quería presentarme al Parlamento. El Partido Laborista de Tavistock podría haberme tenido si me hubiese querido.
¿Hay algo que lamente?
En la década de 1970, escribí mucho sobre Zimbabwe para el New Statesman, sobre la oposición al gobierno Smith y la indulgencia británica hacia él. Vi a Mugabe un par de veces. Me di cuenta de que tenía un lado oscuro y debería haber hablado más de eso.
¿Vota?
Por supuesto. Voto y cumplo mi deber como jurado.
¿Había un plan?
No había un plan, pero sí dos anhelos muy fuertes. Uno era escribir y el otro era ir a Estados Unidos.
¿Hay algo que echa de menos de Gran Bretaña?
Hay cosas que me gustan, como el valle de Wye.
¿Estamos todos condenados?
Si no empezamos a pensar como si fuéramos una especie en peligro de forma permanente y sin un protector sobrenatural, entonces sí, estamos condenados.
NARGUILE, CIFRAS Y DESTIERRO

1.
2.
Hamás prohíbe a las mujeres fumar el narguile en público, ir en motocicleta o cortarse el pelo en las peluquerías masculinas. Las mujeres que se sientan con las piernas cruzadas y fuman "dañan la imagen de nuestro pueblo", según el portavoz del ministerio del interior. Por su parte, un portavoz de la policía señala que "los hombres tienden a divorciarse de las mujeres que fuman en público".
3.
La ministra de igualdad, en acción:
P. ¿Por qué prohibir los anuncios y no la prostitución?
R. Tenemos un plan de lucha contra la trata. Hemos estado durante demasiado tiempo con un debate de prostitución sí o no y nos hemos olvidado de las esclavas. Y ahora contamos por primera vez con una herramienta integral de lucha contra la explotación sexual y hay que atender en primer lugar el grueso del problema, ese 90% de las prostitutas que están esclavizadas.
P. ¿Seguirá, entonces la prostituta en ese limbo legal?
R. Está penado el proxenetismo, no la persona que de manera voluntaria decide el ejercicio de la prostitución, y para nosotros no es prioritario porque es absolutamente minoritario.
P. Dice que el 90% de prostitutas es víctima de las redes de trata pero la ONU habla de una de cada siete. ¿Cómo explica esa disparidad de cifras?
R. Porque no hay datos concretos. La propia ONU reconoce que es muy difícil cuantificar. Sus datos, igual que los nuestros, no son 100% fiables.
4.
“Me parece que eso de ir de la prisión para un aeropuerto, para ir a otro país, se llama destierro”, dicen las Damas de Blanco.
5.
EL NARCISISMO DE LA PEQUEÑA DIFERENCIA
“Al analizar el súbito espasmo de violencia entre la minoría uzbeka y la mayoría kirguís en Kirguizistán, muchos comentaristas tenían problemas para explicar por qué los dos pueblos se han enfrentado abruptamente. Las explicaciones van desde la indulgencia oficial hacia el nacionalismo kirguís a la mera brutalidad de la policía y del ejército, pasando las provocaciones de las milicias de estilo talibán que esperan crear un nuevo Afganistán, pero ninguna llega muy lejos lejos en el análisis de por qué las relaciones entre las comunidades se volvieron tan feroces tan deprisa. Como para hacer la cuestión aún más opaca, varios informes destacaron la esencial similitud -étnica, lingüística, cultural- entre las poblaciones de Kirguizistán y Uzbekistán.
Pero precisamente esa podría ser la explicación. En numerosos casos de aparentes conflictos étnico-nacionalistas, los odios más profundos se manifiestan entre gente que –en apariencia- presenta muy pocas diferencias significativas. Es una de las grandes contradicciones de la civilización y una de las mayores fuentes de su descontento, y Sigmund Freud incluso encontró un término para ello: ‘el narcisismo de la pequeña diferencia’. Como escribió, ‘son precisamente las pequeñas diferencias entre gentes que se parece en lo demás las que constituyen la base de los sentimientos de hostilidad entre ellas.’
La partición de la India y Pakistán, por ejemplo, que nos da una de las confrontaciones más antiguas y tóxicas de la actualidad, entrañó principalmente la partición del Panyab. Visite el Panyab y vea si puede detectar la más remota diferencia en las personas a ambos lados de la frontera. Lengua, literatura, patrimonio étnico, apariencia física: virtualmente indistinguibles. Aquí es principalmente la religión la que simboliza el narcisismo y convierte en gigantesca la menor discrepancia.
Trabajé en Irlanda del Norte, donde la religión tampoco es un asunto de poca importancia, y al principio no podía distinguir si la persona a la que estaba mirando era católica o protestante. Después de un tiempo, pensé que podía adivinar con un grado razonable de exactitud, pero la mayoría de los habitantes de Belfast parecía capaz de hacerlo siguiendo una especie de instinto. Hay un pequeño sustrato de diferencia étnica allí, con los gaélicos originales algo más oscuros y rubios que los escoceses rubios que fueron importados como colonos, pero para los de fuera es impalpable. Aunque localmente es el asunto dominante.
Del mismo modo en Chipre es muy difícil distinguir a un griego de un turco. Los dos pueblos han estado en la misma isla durante tanto tiempo que incluso sufren el mismo tipo de anemia, la talasemia. Una vez entrevisté a un doctor especialista en la enfermedad, y me dijo solemnemente que, a partir de una muestra de sangre, no era posible saber si el donante era griego o turco. Tuve que frenarme para no preguntarle si hasta entonces había pensado que las diferentes nacionalidades estaban hechas de material genético diferente. Apenas se han registrado casos de matrimonios mixtos entre los chipriotas griegos y turcos, y la isla sigue severamente dividida.
En su libro El honor del guerrero, Michael Ignatieff dedica algún tiempo a intentar dilucidar lo que hizo a los soldados en los Balcanes Guerras -físicamente indistinguibles unos de otros- tan ansiosos de infligir crueldad y el desprecio sobre los serbios o croatas o bosnios, según el caso. Muy a menudo, el odio expresado tomó la forma de rivalidades extremadamente locales y provinciales, inflamadas por celos de las supuestas pequeñas ventajas que poseían los demás. Por supuesto, aquí también hay nacionalistas latentes y las diferencias confesionales que actuaron como un multiplicador de fuerza una vez que las cosas se pusieron desagradables, pero lo que desconcierta al forastero es la pregunta: ‘¿Cómo pueden distinguir?’ En Ruanda y Burundi, aunque fuera es cierto, como algunos antropólogos coloniales solían afirmar, que los hutus y los tutsis varían en altura y también en la delimitación de la línea de nacimiento del pelo, no parece suficiente diferencia sobre la que basar un genocidio.
En Sri Lanka, donde de nuevo se tarda mucho tiempo en darse cuenta de que los tamiles son propensos a ser ligeramente más pequeños y un poco más oscuros que la mayoría cingalesa, por alguna razón esa es la información más importante que poseen las dos poblaciones. Y no pasa mucho tiempo antes de que una población empiece a decir que la otra tiene demasiados hijos, es demasiado aficionada al ocio, o excesivamente poco rigurosa en cuestiones higiénicas. En su libro sobre Bagdad, mi amigo Patrick Cockburn explicaba que cada vez que escuchaba que un chíi o un suní decía que la religión no contaba, él se daba cuenta de que el hablante conocía la con precisión la fe de todos los demás en la sala. Y si quiere ver una expresión de puro desprecio racial, intente dar a un chií de Irán la impresión de que usted cree que él y sus correligionarios iraquíes son hermanos bajo la piel.
El siguiente ejemplo de este fenómeno será uno de los más graves, así como uno de los menos dramáticos. Una de las diferencias más discretas del mundo -la línea que separa a los belgas francófonos de los de habla flamenca- está a punto de reafirmarse en un intento de dividir Bélgica en dos. Si se produce la secesión, el país sede de la OTAN y la Unión Europea dejará de existir de una forma bastante narcisista, deshecho por una de las más distinciones más pequeñas de todas.
Así que compadezca a los uzbekos y kirguises, mientras se miran sospechosamente unos a otros durante un tiempo repentino de escasez y inseguridad. Quizá sus miserias mutuas no hayan hecho más que empezar. Y todo esto contiene los ingredientes de la verdadera tragedia, y de la ironía. Una de las grandes ventajas que posee el Homo sapiens es la sorprendente falta de variación entre sus diferentes ‘ramas’. Desde que salimos de África, casi no hemos sufrido variaciones como especie. Si fuéramos perros, todos seríamos de la misma raza. No sufrimos las enormes diferencias que separan a otros primates, por no hablar de otros mamíferos. Como para estropear este gran don natural, y desfigurar lo que podría ser nuestra solidaridad abrumadora, conseguimos encontrar excusas para el chovinismo y el racismo en cuestiones ínfimas y a continuación las hacemos enormes. Por esa razón, la condena de la intolerancia y la superstición no es sólo una cuestión moral, sino un asunto de supervivencia”.
TRES CARTAS DE SAUL BELLOW
En noviembre aparecerá un volumen de cartas de Saul Bellow. Aquí hay tres que ha publicado The New Yorker:

1.
A William Faulkner:
“7 de enero de 1956
Estimado señor Faulkner:
… Escribo esta carta para darle mi opinión sobre su propuesta, hecha, asumo, después de que yo me fuera de la reunión, de que pidamos la liberación de Ezra Pound. ‘Mientras que el presidente de este Comité [People to People]’, usted dice, ‘recibió un premio del gobierno sueco y una condecoración del gobierno francés, el gobierno de Estados Unidos encierra a uno de sus mejores poetas’. Es un razonamiento realmente asombroso. Usted, señor Faulkner, fue merecidamente honrado por esos gobiernos. Pero usted, que yo sepa, no intentó derrocar o debilitar a ninguno de ellos. Además, Pound no está en prisión sino en un manicomio. Si estuviera cuerdo habría que volver a juzgarlo por traición; si está loco no habría que liberarlo simplemente porque es un poeta. En sus poemas y en sus emisiones radiofónicas Pound aconsejó la enemistad hacia los judíos y predicó a favor del odio y el asesinato. ¿Me pide que me una a usted para honrar a un hombre que pidió la destrucción de mis parientes? No puedo participar en algo así aunque sea buena propaganda en el extranjero, que lo dudo. Los europeos lo tomarán en cambio como un síntoma de reacción. En Francia Pound habría sido fusilado. ¿Liberarlo porque es un poeta? Vaya, quizá otros mejores poetas que él fueron exterminados. ¿No diremos nada en su nombre?
Estados Unidos ha sido compasivo con Pound al reconocer su locura y perdonarle la vida. Liberarlo es una idea tonta y débil. Identificaría este programa a los ojos del mundo con Hitler, Himmler, Mussolini y el genocidio. Lo que me deja estupefacto es que usted y el señor Steinbeck, que durante tantos años han trabajado con las palabras, no entiendan la importancia de las claras y brutales declaraciones de Ezra Pound sobre ‘kikes’, que llevaban a los ‘gentiles’ a la matanza. ¿Es eso –de los ‘Cantos Pisanos’- la materia de la poesía? Es una llamada al asesinato. Si lo dijera un granjero o un zapatero diríamos que está loco. El mundo entero conspira para ignorar lo que ha ocurrido, las guerras gigantescas, los odios colosales, los asesinatos inimaginables, la destrucción de la mera imagen del hombre. ¿Y nosotros –‘un grupo representativo de escritores estadounidenses’- salimos para esto? ¡Vaya desastre!
Sinceramente suyo”

2.
A Philip Roth:
“26 de diciembre, 1957
Tivoli, N.Y.
Estimado Philip Roth:
Por aquí los manuscritos cambian y vagan en enormes montones, como las dunas. El suyo apareció hoy, y le pido disculpas por mi desorden. Me hace más daño a mí.
Mi reacción a su relato [‘Expect the Vandals’] estaba en el lado bueno de la balanza, claramente. Pero con dudas, también. Me gusta su tono directo, su claridad sobre la biología. Ese tipo de cosa me viene como anillo al dedo. Me pareció que Moe era excelente; Pa, también. Una compañía de japoneses que se hacen el harakiri, sobre eso no estoy seguro. Una gran idea, pero palpablemente una Idea. Tengo algo contra las Ideas en los relatos. ‘La peste’ de Camus era una IDEA. ¿Buena o mala? No tan grande, en mi opinión. Con usted la Idea gana terreno rápida, fácilmente. Conquista. ¿Qué hay de Moe?
Mire, pruebe con Henry Volkening en el 522 de la Quinta Avenida. Mi agente. Muy bueno, además. Le deseo lo mejor. Y perdone que haya tenido el manuscrito tanto tiempo. Debería haberlo leído de inmediato. Pero no llevo una buena vida.
Suyo”,

3.
A Martin Amis:
13 de marzo, 1996
Brookline, Mass.
Mi querido Martin:
Veo que me he convertido en un corresponsal realmente malo. No es que no piense en ti. Apareces con frecuencia en mis pensamientos. Pero cuando lo haces creo que te debo una carta particularmente grandiosa. Y así terminas en ‘el almacén de las buenas intenciones’:
‘Ahora no puedo’.
‘Entonces espera’.
Es la estrategia que uno tiene para hacer frente a la edad, y a la muerte –porque uno no puede morir con tantas obligaciones por delante. Nuestra hábil especie, tan fértil y llena de recursos para negar su debilidad.
Entré en el hospital en el 94; biológicamente, un hombre de cuarenta años. Al salir en el 95, era el Anciano Marinero, y el Marinero no escribía historias. Tenía solo una historia y la narraba oralmente. Pero [me dije] sigues siendo un escritor, y a lo mejor más vale que te las arregles con el Anciano.
Puede que esté a punto de resolver todas esas dificultades, pero desde hace dos años me han absorbido por completo.
También me he vuelto olvidadizo. Nada como la afasia nominal de tu padre. Encuentro que no puedo recordar los nombres de gente que no me importa –en algunos sentidos una incapacidad agradable. También descubro que recordaría los nombres de la gente porque me liberaba de la necesidad de pensar en ellos. Sus nombres eran bastante. Como contar cabezas.
Puedo imaginar cómo debía sentirse tu padre ante su máquina de escribir, con un libro por terminar. Mi solución es ir hacia cosas más cortas, que pueda acabar. He conseguido hacer algunas así. Es como volver a aprender a andar –pero ¿y si lo que uno quiere, en realidad, es correr?
Estoy seguro de que has pensado en esas cosas al observar el sufrimiento de tu padre.
El sábado pasado asistí a un funeral por Eleanor Clark, la viuda de R. P. Warren. Me descubrí diciéndole a su hija Rosanna que perder a alguien es como chocarte con una ventana de cristal. No sabías que estaba allí hasta que estalló en pedazos, y después recoges los trozos durante años –hasta el último fragmento de vidrio.
Por supuesto tú eres tu padre y él es tú. A menudo yo he sentido esto hacia mi propio padre, al que en parte espero ver después de morir. Pero creo que sé cómo se debió de sentir tu padre, sentado frente a su máquina de escribir con una novela inacabada. Igual que comprendo cuando dices que tú eres tu padre. Con cierto grado de precisión puedo ver esto en mi propio padre. Él y yo nunca parecimos tener nada que ver: nuestras asunciones básicas eran muy diferentes. Pero ahora eso parece superficial. Trato a mis hijos de forma muy parecida a como él me trataba a mí: sin respiración por la impaciencia, y después viene una larga inhalación en busca de afecto.
Estoy dispuesto a asumir el papel de padre adoptivo. Tengo sentimientos paternales hacia ti. No es solo el lenguaje lo que los une, o el ‘estilo’. Compartimos premisas más remotas pero también más importantes.
Y en realidad no estoy en las últimas. Espero estar por aquí un rato (no es una predicción sino una expectación). ‘Mientras esta máquina sea mía’, le dijo Hamlet a Ofelia.
Tuyo, con amor”.

Bellow. Faulkner. Roth. Bellow, Amis y un bebé (cuyo nombre Amis no cita en Experiencia).
Tres cartas de Saul Bellow:
1.
A William Faulkner:
“7 de enero de 1956
Estimado señor Faulkner:
… Escribo esta carta para darle mi opinión sobre su propuesta, hecha, asumo, después de que yo me fuera de la reunión, de que pidamos la liberación de Ezra Pound. ‘Mientras que el presidente de este Comité [People to People]’, usted dice, ‘recibió un premio del gobierno sueco y una condecoración del gobierno francés, el gobierno de Estados Unidos encierra a uno de sus mejores poetas’. Es un razonamiento realmente asombroso. Usted, señor Faulkner, fue merecidamente honrado por esos gobiernos. Pero usted, que yo sepa, no intentó derrocar o debilitar a ninguno de ellos. Además, Pound no está en prisión sino en un manicomio. Si estuviera cuerdo habría que volver a juzgarlo por traición; si está loco no habría que liberarlo simplemente porque es un poeta. En sus poemas y en sus emisiones radiofónicas Pound aconsejó la enemistad hacia los judíos y predicó a favor del odio y el asesinato. ¿Me pide que me una a usted para honrar a un hombre que pidió la destrucción de mis parientes? No puedo participar en algo así aunque sea buena propaganda en el extranjero, que lo dudo. Los europeos lo tomarán en cambio como un síntoma de reacción. En Francia Pound habría sido fusilado. ¿Liberarlo porque es un poeta? Vaya, quizá otros mejores poetas que él fueron exterminados. ¿No diremos nada en su nombre?
Estados Unidos ha sido compasivo con Pound al reconocer su locura y perdonarle la vida. Liberarlo es una idea tonta y débil. Identificaría este programa a los ojos del mundo con Hitler, Himmler, Mussolini y el genocidio. Lo que me deja estupefacto es que usted y el señor Steinbeck, que durante tantos años han trabajado con las palabras, no entiendan la importancia de las claras y brutales declaraciones de Ezra Pound sobre ‘kikes’, que llevaban a los ‘gentiles’ a la matanza. ¿Es eso –de los ‘Cantos Pisanos’- la materia de la poesía? Es una llamada al asesinato. Si lo dijera un granjero o un zapatero diríamos que está loco. El mundo entero conspira para ignorar lo que ha ocurrido, las guerras gigantescas, los odios colosales, los asesinatos inimaginables, la destrucción de la mera imagen del hombre. ¿Y nosotros –‘un grupo representativo de escritores estadounidenses’- salimos para esto? ¡Vaya desastre!
Sinceramente suyo”
2.
A Philip Roth:
“26 de diciembre, 1957
Tivoli, N.Y.
Estimado Philip Roth:
Por aquí los manuscritos cambian y vagan en enormes montones, como las dunas. El suyo apareció hoy, y le pido disculpas por mi desorden. Me hace más daño a mí.
Mi reacción a su relato [‘Expect the Vandals’] estaba en el lado bueno de la balanza, claramente. Pero con dudas, también. Me gusta su tono directo, su claridad sobre la biología. Ese tipo de cosa me viene como anillo al dedo. Me pareció que Moe era excelente; Pa, también. Una compañía de japoneses que se hacen el harakiri, sobre eso no estoy seguro. Una gran idea, pero palpablemente una Idea. Tengo algo contra las Ideas en los relatos. ‘La peste’ de Camus era una IDEA. ¿Buena o mala? No tan grande, en mi opinión. Con usted la Idea gana terreno rápida, fácilmente. Conquista. ¿Qué hay de Moe?
Mire, pruebe con Henry Volkening en el 522 de la Quinta Avenida. Mi agente. Muy bueno, además. Le deseo lo mejor. Y perdone que haya tenido el manuscrito tanto tiempo. Debería haberlo leído de inmediato. Pero no llevo una buena vida.
Suyo”,
3.
A Martin Amis:
13 de marzo, 1996
Brookline, Mass.
Mi querido Martin:
Veo que me he convertido en un corresponsal realmente malo. No es que no piense en ti. Apareces con frecuencia en mis pensamientos. Pero cuando lo haces creo que te debo una carta particularmente grandiosa. Y así terminas en ‘el almacén de las buenas intenciones’:
‘Ahora no puedo’.
‘Entonces espera’.
Es la estrategia que uno tiene para hacer frente a la edad, y a la muerte –porque uno no puede morir con tantas obligaciones por delante. Nuestra hábil especie, tan fértil y llena de recursos para negar su debilidad.
Entré en el hospital en el 94; biológicamente, un hombre de cuarenta años. Al salir en el 95, era el Anciano Marinero, y el Marinero no escribía historias. Tenía solo una historia y la narraba oralmente. Pero [me dije] sigues siendo un escritor, y a lo mejor más vale que te las arregles con el Anciano.
Puede que esté a punto de resolver todas esas dificultades, pero desde hace dos años me han absorbido por completo.
También me he vuelto olvidadizo. Nada como la afasia nominal de tu padre. Encuentro que no puedo recordar los nombres de gente que no me importa –en algunos sentidos una incapacidad agradable. También descubro que recordaría los nombres de la gente porque me liberaba de la necesidad de pensar en ellos. Sus nombres eran bastante. Como contar cabezas.
Puedo imaginar cómo debía sentirse tu padre ante su máquina de escribir, con un libro por terminar. Mi solución es ir hacia cosas más cortas, que pueda acabar. He conseguido hacer algunas así. Es como volver a aprender a andar –pero ¿y si lo que uno quiere, en realidad, es correr?
Estoy seguro de que has pensado en esas cosas al observar el sufrimiento de tu padre.
El sábado pasado asistí a un funeral por Eleanor Clark, la viuda de R. P. Warren. Me descubrí diciéndole a su hija Rosanna que perder a alguien es como chocarte con una ventana de cristal. No sabías que estaba allí hasta que estalló en pedazos, y después recoges los trozos durante años –hasta el último fragmento de vidrio.
Por supuesto tú eres tu padre y él es tú. A menudo yo he sentido esto hacia mi propio padre, al que en parte espero ver después de morir. Pero creo que sé cómo se debió de sentir tu padre, sentado frente a su máquina de escribir con una novela inacabada. Igual que comprendo cuando dices que tú eres tu padre. Con cierto grado de precisión puedo ver esto en mi propio padre. Él y yo nunca parecimos tener nada que ver: nuestras asunciones básicas eran muy diferentes. Pero ahora eso parece superficial. Trato a mis hijos de forma muy parecida a como él me trataba a mí: sin respiración por la impaciencia, y después viene una larga inhalación en busca de afecto.
Estoy dispuesto a asumir el papel de padre adoptivo. Tengo sentimientos paternales hacia ti. No es solo el lenguaje lo que los une, o el ‘estilo’. Compartimos premisas más remotas pero también más importantes.
Y en realidad no estoy en las últimas. Espero estar por aquí un rato (no es una predicción sino una expectación). ‘Mientras esta máquina sea mía’, le dijo Hamlet a Ofelia.
Tuyo, con amor”.
A LA CARA

“A menudo se dice que los legisladores franceses que buscan repudiar el uso del velo o el burka –lo que depende de que la prenda cubra ‘sólo’ la cara o todo el cuerpo femenino- intentan imponer una ‘prohibición’. Al contrario, están tratando de levantar una prohibición: una prohibición del derecho de la mujer a elegir su propio vestido, una prohibición del derecho de las mujeres a estar en desacuerdo con la autoridad masculina y religiosa, y una prohibición del derecho de todos los ciudadanos a mirarse a la cara. La propuesta de ley es acorde con las mejores tradiciones de la república francesa, que declara a todos los ciudadanos iguales ante la ley y –lo que no es menos importante- la igualdad de unos frente a otros.
En la puerta de mi banco en Washington, DC, una inscripción me pide eliminar toda forma de ocultamiento de mi rostro antes de entrar en el edificio. El anuncio no me aburre o me agota explicando el razonamiento que hay detrás: una persona que irrumpiera con una máscara incurriría en la presunción correcta y adecuada de culpabilidad. Esta presunción debe operar en el resto de la sociedad. Yo rechazaría indignado cualquier trato con un enfermero, médico o maestro que escondiera su rostro, por no hablar de un inspector fiscal o funcionario de aduanas. ¿Dónde estaríamos sin palabras como ‘¿Qué tienes que esconder?’ o ‘¿Por qué no das la cara?’
Ah, pero la exigencia particular y especial para aplicar una exención al velo y el burka se aplica únicamente a las mujeres. Y también se aplica únicamente a las prácticas religiosas (y, a menos que tontamente finjamos ignorarlo, sólo a una práctica religiosa). Esto dice de inmediato todo lo que se necesita saber: se pide que la sociedad abandone una inmemorial tradición de igualdad y apertura con el fin de satisfacer una fe, una fe que tiene un historial muy cuestionable con respecto a las mujeres.
Permite que haga una simple pregunta a los pseudoprogresistas que adoptan una línea suave con el velo y el burka. ¿Qué pasa con el Ku Klux Klan? Tristemente célebre por su capucha y su historia reaccionaria, esta banda se dedica y siempre se dedicó a defender la pureza protestante y anglosajona. No niego el derecho del KKK a adoptar ese punto de vista basado en la fe, que está protegido por la Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU.. Incluso podría llegar a decir que, en un encuentro protegido por la policía, legalmente podrían ocultar sus rostros desagradables. Pero no voy a dejar que un hombre o una mujer con capucha dé clases a mis hijos, o haga fila en el banco delante de mí, o conduzca mi taxi o autobús, y nunca habrá una ley que diga que tengo que hacerlo.
Hay objeciones menores a la cara cubierta o al manto que cubre el cuerpo. Este último ha sido a menudo utilizado por terroristas masculinos -no sólo religiosos, sino también matones comunes- para ocultarse y escapar. También ha sido utilizado para ocultar las horribles lesiones infligidas a mujeres maltratadas. Es incompatible, debido a su efecto sobre la visión periférica, con actividades como conducir un coche o dirigir el tráfico. Esto lo elimina de la esfera privada de la toma de decisiones y lo convierte en un peligro para los demás, así como una ofensa a la urbanidad democrática ordinaria que depende de frases como ‘Me alegro de verte.’
Se podría objetar que en algunas sociedades a las mujeres musulmanas no se les permite conducir en primer lugar. Pero eso sólo reafirmaría mi segundo argumento. Todas las críticas anteriores serían válidas si las mujeres musulmanas estuvieran tan apasionadamente comprometidas a usar el burka como un hombre integrante del Klan a ponerse un manto blanco y puntiagudo en la cabeza. Pero, de hecho, no tenemos ninguna garantía de que las mujeres musulmanas lleven el burka o el velo por propia elección. Hay una gran cantidad de pruebas en sentido contrario. Madres, esposas e hijas han sido amenazadas con ser rociadas de ácido, con asesinatos de honor, o palizas feroces, si no adoptan el atuendo humillante que les ordenan sus hombres. Por esta razón, en muchas sociedades musulmanas, como Túnez y Turquía, ese aspecto encerrado es ilegal en los edificios gubernamentales, escuelas y universidades. ¿Por qué los europeos y los estadounidenses deben, quizá para acomodar a los inmigrantes musulmanes, adoptar la norma de los más atrasados y primitivos estados musulmanes? El burka y el velo, sin duda, son la señal más agresiva de la negativa a integrarse o acomodarse. Incluso en Irán se requiere solamente cubrir el pelo, y desafío a cualquiera a encontrar cualquier autoridad en el Corán que justifique el ocultamiento de la cara.
No es que tuviera la menor importancia que el Corán dijera lo contrario. La religión es la peor excusa posible para cualquier excepción a la ley común. Los mormones no pueden ser polígamos, la mutilación genital femenina es un delito federal en este país, y en algunos estados seguidores de la ciencia cristiana se enfrentan al procesamiento si niegan la atención médica a sus hijos. ¿Nos atrevemos a sermonear a los franceses por declarar simplemente que todos los ciudadanos y residentes, cualquiera que sea su lealtad confesional, deben ser capaces de reconocerse unos a otros en la más clara acepción de esa palabra universal?
Así que es realmente muy simple. Mi derecho a ver tu cara es el comienzo, como tu derecho a ver la mía. A continuación, pero no de forma menos importante, está el derecho de las mujeres a dar la cara, que fácilmente supera al de sus familiares varones o de sus imanes a decidir lo contrario. La ley debe estar de forma decisiva del lado de la transparencia. Los franceses no sólo dan un golpe a favor de la libertad, la igualdad y la fraternidad, sino también de las mujeres”.
COMISIÓN
Cuenta The Wall Street Journal:
“La semana pasada, Irán obtuvo un asiento en la Comisión de la ONU sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer, cuya misión es ‘establecer estándares globales y formular políticas concretas para promover la igualdad de género y el progreso de la mujer en todo el mundo.’ Podemos considerar este episodio otro ejemplo de la ONU en acción.
Se nos dice que la victoria de Irán se debió a una falta de competencia. Que el cielo impida que la comisión deje sin cubrir una vacante, en vez de elegir a un régimen que anunció hace poco que arrestaría a las mujeres bronceadas, y que ha culpado de los terremotos a la vestimenta femenina provocativa.
Éstos son sólo los atropellos más recientes, pero no los más graves. El mundo –al parecer, al igual que el ‘principal organismo de Naciones Unidas para la creación de políticas’ para obtener la igualdad de derechos entre los sexos- se ha acostumbrado a que Teherán niegue a las mujeres el derecho a elegir a sus propios maridos, el derecho a la protección contra la violencia, y el derecho a solicitar la custodia de sus hijos en caso de divorcio. La muerte por lapidación por ‘adulterio’ es otra de las contribuciones de la Revolución Islámica a favor del progreso de la mujer. El Código Penal de Irán no reconoce la violación como un delito distinto, y permite que un hombre asesine a su esposa y a su amante si los captura en el acto, según Freedom House.
Así que no es coincidencia que las mujeres activistas hayan estado a la vanguardia del movimiento a favor de la democracia en Irán. Tienen mucho que ganar y menos que perder con la liberalización. Según el grupo iraní Feminist School, entre julio de 2008 y febrero de 2009 se detuvo en Irán a 68 mujeres activistas contra la discriminación, mucho antes de que las elecciones fraudulentas de junio pasado sumaran a otros grupos al movimiento democrático del país.
Las mujeres iraníes, sin duda, pueden oler el fraude. Sólo hay que tener en cuenta la carta que se opone al nombramiento de Irán en la Comisión, que han firmado 214 activistas iraníes que luchan por los derechos de la mujer, tanto dentro del país como en el exilio, y que han respaldado grupos como ‘Mujeres bajo la ley islámica.’ La carta advierte que ‘el gobierno iraní sin duda aprovechará esta oportunidad para restringir el progreso y los avances de la mujer.’
Poner fin a la clase de pesadillas que viven las mujeres iraníes fue precisamente lo que Eleanor Roosevelt tenía en mente en 1946, cuando leyó una carta abierta a ‘las mujeres del mundo’ que ayudó a inspirar la comisión de mujeres de la ONU. Sus objetivos eran elevados y siguen conservando toda su importancia. La realidad, tal como la ha practicado la ONU, ha sido distinta”.
REBELIÓN EN LA GRANJA

Escribe Christopher Hitchens, en la introducción de una nueva edición de Rebelión en la granja:
“Rebelión en la granja, como su autor escribió más tarde, ‘fue el primer libro en el que traté, con plena conciencia de lo que estaba haciendo, fundir el propósito político y el artístico en un todo’. Y de hecho, sus páginas contienen una síntesis de muchos de los temas que hemos llegado a considerar ‘orwellianos’. Entre ellos se encuentran su odio a la tiranía, su amor por los animales y la campiña inglesa, y una profunda admiración por las fábulas satíricas de Jonathan Swift. A esto se podría añadir el vivo deseo de Orwell de ver las cosas desde el punto de vista de la infancia y la inocencia: había deseado durante mucho tiempo la paternidad y, por temor a ser estéril, había adoptado un niño pequeño, no mucho antes de la muerte de su primera esposa. El subtítulo en parte irónico de la novela es ‘Un cuento de hadas’, y Orwell se alegró mucho cuando amigos como Malcolm Muggeridge y Sir Herbert Read le dijeron que sus hijos habían disfrutado con el libro.
Al igual que gran parte de su obra posterior –y de forma más conspicua la novela mucho más sombría Mil novecientos ochenta y cuatro- Rebelión en la granja fue producto de la participación de Orwell en la guerra civil española. En el transcurso de ese conflicto, en el que había luchado en el bando antifascista y había resultado herido y luego expulsado de España por los partidarios de Stalin, sus experiencias le convencieron de que la mayoría de la opinión de ‘izquierda’ estaba equivocada, y de que la Unión Soviética era una nueva forma de infierno y no una utopía emergente. Describió la génesis de la idea en una de sus dos introducciones del libro:
. . . en los últimos diez años he estado convencido de que la destrucción del mito soviético es esencial si queremos un renacimiento del movimiento socialista. A mi regreso de España, pensé en exponer el mito soviético en una historia que pudiera ser fácilmente entendida por casi todo el mundo. . . Sin embargo, los verdaderos detalles de la historia no se me ocurrieron hasta que un día (por entonces vivía en un pueblo pequeño) vi a un niño pequeño, de tal vez diez años de edad, conduciendo un enorme caballo de tiro a lo largo de un sendero angosto, azotándolo cada vez que intentaba girar. Se me ocurrió que si estos animales se dieran cuenta de su fuerza no tendríamos ningún poder sobre ellos, y que los hombres explotan a los animales de una forma bastante parecida a cómo el rico explota al proletariado.
Me puse a analizar la teoría de Marx desde el punto de vista de los animales.
La simplicidad de este concepto es engañosa en muchos sentidos. Mediante la realización de tal tarea, Orwell decidía involucrarse en un debate complejo y amargo sobre la revolución bolchevique en Rusia: en la época una cuestión mucho más controvertida que hoy. Rebelión en la granja puede entenderse mejor si se aborda bajo tres apartados diferentes: su contexto histórico, la lucha en torno a su publicación y su posterior adopción como un arma cultural importante en la guerra fría, y su actualidad permanente.
El libro fue escrito en el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, y en un momento en el que el pacto entre Stalin y Hitler había sido reemplazado abruptamente por una alianza entre Stalin y el imperio británico. Londres sufría los bombardeos nazis, y el manuscrito de la novela tuvo que ser rescatado de los escombros de la casa destruida de Orwell en el norte de Londres.
La forma cínica con que Stalin había cambiado de bando no había sorprendido en absoluto a Orwell, que para entonces estaba acostumbrado a la deshonestidad y la crueldad del régimen soviético. Esto lo colocó en una minoría muy pequeña, tanto en la Gran Bretaña oficial como entre la izquierda británica.
Con algunos leves retoques en la secuencia de los acontecimientos, la acción se aproxima a la suerte de la generación 1917 en Rusia. Así, el gran esquema revolucionario del veterano cerdo Viejo Mayor (Karl Marx) es al principio adoptado con entusiasmo por casi todas las criaturas, lo que lleva al derrocamiento del granjero Jones (el zar), la derrota de los demás agricultores que vienen en su ayuda (las ahora olvidadas invasiones occidentales de Rusia en 1918-19) y la creación de nuevo estado modelo. En poco tiempo, las criaturas más despiadadas e inteligentes –naturalmente, los cerdos- tienen a los otros animales bajo su dictadura y viven como aristócratas.
Inevitablemente, los cerdos discuten entre ellos. Las fuerzas sociales representadas por los diferentes animales son fácilmente reconocibles –Boxer, el caballo noble, como la encarnación de la clase obrera; el cuervo Moisés como la Iglesia Ortodoxa rusa- al igual que son identificables los animales que encarnan los diferentes cerdos. La rivalidad entre Napoleón (Stalin) y Bola de Nieve (Trotski) termina con el exilio de Bola de Nieve y el intento posterior de borrarlo de la memoria de la granja. Stalin había ordenado el asesinato de Trotski en el exilio menos de tres años antes de que Orwell comenzara a trabajar en el libro.
Algunos de los detalles más pequeños son meticulosamente exactos. Debido a las exigencias de la guerra, Stalin había hecho varias concesiones oportunistas. Había puesto a la Iglesia Ortodoxa Rusa a su lado, para vestir mejor el traje patriótico, y abolió el viejo himno socialista ‘La Internacional’, por ser demasiado provocativo para sus nuevos aliados capitalistas en Londres y Washington. En los animales de granja, se permite que Moisés el cuervo vuelva a cantar cuando la crisis se profundiza, y se dice a las pobres cabras y caballos y gallinas explotados que su amada canción ‘Bestias de Inglaterra’ ya no debe cantarse.
Hay, sin embargo, una omisión muy importante. Hay un cerdo Stalin y un cerdo Trotski, pero ningún cerdo Lenin. Del mismo modo, en Mil novecientos ochenta y cuatro sólo encontramos un Gran Hermano Stalin y un Emmanuel Goldstein Trotski. Nadie parece haber señalado esto en su momento (y si se me permite decirlo, nadie más que yo lo ha hecho hasta ahora; me llevó años darme cuenta de lo que me estaba mirando a la cara).
Es aleccionador considerar lo cerca que estuvo esta novela de permanecer inédita. Tras sobrevivir a los bombardeos de Hitler, el bastante maltratado manuscrito fue enviado a la oficina de TS Eliot, por entonces importante editor en Faber & Faber. Eliot, que tenía una amistosa relación superficial con Orwell, era un conservador político y cultural, por no decir reaccionario. Pero, tal vez influenciado por la alianza de Gran Bretaña con Moscú, rechazó el libro porque le parecía demasiado ‘trotskista’. También le dijo a Orwell que su elección de los cerdos como gobernantes era desafortunada, y que los lectores podrían sacar la conclusión de que lo que se necesitaba era ‘más cerdos con espíritu público’. La negativa no fue quizá tan fatua el rechazo que Orwell recibió de Dial Press de Nueva York, que solemnemente le informó de que las historias sobre animales no tenían mercado en Estados Unidos. Y esto en la tierra de Disney. . .
La solidaridad en tiempos de guerra entre los conservadores británicos y los comunistas soviéticos encontró otro partícipe en la labor de Peter Smollett, un alto funcionario del Ministerio de Información que más tarde fue expuesto como agente soviético. Smollett se encargó de desaconsejar la publicación a ciertos editores, por lo que a Rebelión en la granja también se le negó un sitio en las reputadas empresas de Víctor Gollancz y Jonathan Cape. Durante un tiempo Orwell consideró publicar el libro en privado con la ayuda de su amigo y radical poeta canadiense Paul Potts, en lo que habría sido un ejemplo pionero de samizdat o autoedición antisoviética. Incluso llegó a escribir un airado ensayo, titulado ‘La libertad de prensa’, para incluirlo como introducción: un ensayo que no fue descubierto e impreso hasta 1972. Finalmente, el honor de la industria editorial fue salvado por la pequeña compañía Secker & Warburg, que en 1945 editó una versión con una tirada muy pequeña, por la que pagó 45 libras a Orwell.
Podría haber sucedido que la historia terminase así, como un petardo mojado, pero dos acontecimientos posteriores dieron a la novela su lugar en la historia. Un grupo de socialistas ucranianos y polacos, que vivían en campamentos de refugiados en la Europa de posguerra, descubrió un ejemplar del libro en inglés y la vio como una alegoría casi perfecta de su propia experiencia reciente. Su líder y traductor (que había aprendido el inglés por su cuenta) Ihor Sevcenko encontró una dirección de Orwell y le escribió para pedirle permiso para traducir Rebelión en la granja al ucraniano. Le dijo que muchas de las víctimas de Stalin se seguían considerando socialistas, y no confiaba en que un intelectual de derechas expresara sus sentimientos. ‘Les afectaron profundamente escenas como esa en la que los animales cantan ‘Bestias de Inglaterra’ en la colina... Reaccionaron vivamente a los valores ‘absolutos’ del libro’. Orwell aceptó conceder los derechos de publicación de forma gratuita (lo hizo para las ediciones posteriores en muchas otras lenguas de Europa del Este). Es emocionante imaginar a aguerridos ex soldados y prisioneros de guerra, que habían sobrevivido a todas las privaciones del frente oriental, conmovidos por la imagen de los animales de una granja británica que cantan su propia versión de la descartada ‘Internacional’, pero también es un temprano ejemplo del poder que el libro iba a tener en sus lectores. No fue tan fácil conmover a las autoridades militares estadounidenses en Europa: reunieron todos los ejemplares de Revolución en la granja que pudieron encontrar y se los entregaron al Ejército Rojo para que los quemaran. La alianza entre los granjeros y los cerdos, tan inolvidablemente descrita en las páginas finales de la novela, todavía estaba en vigor.
Pero en la escena final parcialmente áspera, por lo general mejor recordada por la forma en que los hombres y los cerdos se han convertido en indistinguibles, Orwell predijo, como en otras ocasiones, que la amistad ostensible entre el este y el oeste no sobreviviría mucho tiempo la derrota del nazismo. La guerra fría, una expresión que Orwell fue el primero en emplear por escrito, pronto creó una atmósfera ideológica muy diferente. Esto a su vez condicionó la recepción de Rebelión en la granja en EE.UU. En un primer momento rechazada en Random House por el simpatizante comunista Angus Cameron, fue rescatada del olvido por Frank Morley, de Harcourt, Brace, que durante su visita a Inglaterra había quedado impresionado por un encuentro fortuito con la novela en una librería en Cambridge. La publicación contó con dos golpes de suerte: Edmund Wilson escribió una reseña muy favorable en el New Yorker, comparando el talento satírico de Orwell con la obra de Swift y Voltaire, y el Club del Libro del Mes lo puso en una selección principal, lo que dio lugar a una tirada de casi medio millón de copias. Sin hacer caso a la estupidez de Dial Press, la compañía Walt Disney se acercó con una propuesta de una adaptación cinematográfica. No se hizo, aunque más tarde la CIA produjo y distribuyó una versión de Rebelión en la granja con fines propagandísticos. Cuando Orwell murió, en enero de 1950, poco después de terminar Mil novecientos ochenta y cuatro, al fin había logrado una reputación internacional y tenía que publicar reiteradas descargas de responsabilidad ante la utilización de su obra por parte de la derecha estadounidense.
Probablemente la frase más conocida de la novela es la negación por parte los cerdos de la consigna original que declara que ‘Todos los animales son iguales’, a través de la idea posterior de que ‘Algunos animales son más iguales que otros’. A medida que el comunismo en Rusia y Europa del Este tomaba cada vez más la apariencia de un nuevo sistema de clases, con privilegios grotescos para la élite gobernante y una mediocridad aplastante en la existencia de la mayoría, el efecto moral de la obra de Orwell -tan fácil de comprender y traducir, exactamente como él había esperado- se convirtió en una de las muchas fuerzas incalculables que minaron el comunismo como sistema y como ideología. Poco a poco, el mismo efecto se propagó en Asia. Recuerdo a un amigo comunista que me llamó por teléfono desde China, cuando Deng Xiaoping anunció las ‘reformas¡ que iban a inaugurar lo que hoy conocemos como el capitalismo chino. ‘Los campesinos deben hacerse ricos’, el líder del partido anunció, ‘y algunos se harán más ricos que otros’. Mi amigo llamaba para decir que tal vez Orwell tenía parte de razón, después de todo. Hasta ahora, Rebelión en la granja no ha sido publicada legalmente en China, Birmania o el desierto moral de Corea del Norte, pero un día aparecerá en esos tres lugares, donde sin duda será recibida con el shock de reconocimiento que todavía puede inspirar.
En Zimbabwe, mientras el imperio de la camarilla cleptocrática de Robert Mugabe se volvía cada vez más exorbitante, un periódico de la oposición aprovechó la oportunidad para reproducir por entregas Rebelión en la granja. Lo hizo sin comentarios, salvo que una de las ilustraciones mostraba al dictador Napoleón con las gafas de carey características del propio líder de Zimbabwe. Una bomba voló poco después la redacción del periódico, pero dentro de poco los niños de Zimbawe también podrán apreciar este libro.
En el mundo islámico, muchos países siguen prohibiendo Rebelión en la granja, aparentemente a causa de su énfasis en los cerdos. Es evidente que esto no puede ser toda la razón -aunque sólo fuera porque la facción porcina no sale muy favorecida- y bajo el despotismo teocrático de Irán el libro está prohibido por razones que tienen que ver con su mensaje de ‘revolución traicionada’.
Hay una cualidad intemporal, incluso trascendente, en este pequeño cuento. Se captura cuando el Viejo Mayor habla a su público de animales callados y tristes y agotados de un tiempo pasado, cuando las criaturas creían en un mundo sin amos, y cuando recuerda en sueños las palabras y la melodía de una semiolvidada canción libertaria. Orwell sentía un gran afecto por la tradición protestante inglesa, y tomó de John Milton su frase favorita para justificarse: ‘Por las reglas conocidas de la antigua libertad’. En todas las mentes -quizá especialmente en las de los niños- hay una sensación de que la vida no siempre tiene que ser de esta manera, y los sobrevivientes desnutridos de Ucrania, en respuesta a la autenticidad de los versos y a algo ‘absoluto’ en la integridad del libro, estaban escuchando la poderosa frase de Milton, al margen de que la comprendieran completamente o no.
DIBUJOS ANIMADOS
“La censura en Comedy Central de un reciente episodio de South Park después de las amenazas por una caricatura de Mahoma es la última prueba de que Occidente está rindiéndose, institución por institución, a difusas pero resueltas exigencias para suprimir cualquier cosa que pueda ser condenada como blasfemia contra el Islam.
Estas exigencias son nuevas –empezaron en 1989, con la fetua del ayatolá Jomeini contra Salman Rushdie- y son poco comprendidas por el Oeste. Hay mucho más en juego que un profano e intencionalmente crudo programa de dibujos animados.
La controversia comenzó el 14 de abril, cuando, en el episodio 200 de la serie, los creadores, Matt Stone y Trey Parker, decidieron emplear a personajes polémicos, sobre todo celebridades, de su pasado –‘todos los que [nos han molestado] a nosotros’, como Parker explicó a la prensa. En el episodio, estos personajes amenazan con presentar una demanda colectiva contra la ficticia localidad de South Park a menos que la ciudad pueda llevar a Mahoma ante ellos: en un anterior episodio de South Park, una imagen de Mahoma fue censurada y las celebridades creen que pueden robar el misterioso poder del profeta para estar libre del ridículo.
En varios momentos en el episodio, la figura de Mahoma es tachada, oculta en un remolque mientras los lugareños debaten sobre la forma de sacarla a la luz y, finalmente, disfrazada con un traje de oso. El público lo escucha, pero nunca ve su rostro. Mientras tanto, Jesús mira pornografía, Buda esnifa cocaína.
Un grupo neoyorquino llamado Revolution Muslim publicó rápidamente un mensaje en su página web que parece incitar a la violencia contra Stone y Parker. Se ‘advierte’ que ‘probablemente terminarán como Theo van Gogh por difundir este programa’, aclarando cualquier posible duda con una foto del cineasta holandés después de que fuera asesinado por un fanático musulmán en 2004. También incluye fotos de Stone y Parker y direcciones de su compañía de producción, así como imágenes de Ayaan Hirsi Ali, Salman Rushdie, Kurt Westergaard, y otros que han sido objeto de fetuas por supuesta blasfemia. Hay una superposición de audio del terrorista estadounidense Anwar al-Awlaki leyendo una fatwa contra la blasfemia: ‘Dañar a Alá y su mensajero es una razón para alentar a los musulmanes a matar a quien lo hace.’
Para el episodio 201, Comedy Central aumentó la autocensura, sustituyendo con pitidos de audio no sólo cada mención de la palabra ‘Mahoma’, sino también los discursos con los que toda Parker y Stone tenían la intención de concluir la historia -discursos que, irónicamente, hablaban de mantenerse firmes frente a la intimidación. En palabras de la revista Hollywood Reporter, esto hizo todo el episodio ‘prácticamente incomprensible.’
Mientras South Park insulta a los musulmanes junto con casi todos los demás, sus creadores recibieron una amenaza de muerte no sólo por insultar, sino porque al parecer había cometido una blasfemia contra el Islam, un delito por el que la muerte ha sido el castigo tradicional. Revolution Muslim específicamente denuncia el ‘sacrílego’ tratamiento del profeta y su ‘burla’ de la prohibición islámica que impide enseñar su cara por medio ‘del vacío legal’ del disfraz de oso.
Respetar las leyes islámicas de la blasfemia no es poca cosa. Puesto que el islam es un complejo sistema de creencias que se refiere a todos los ámbitos de la vida, en los regímenes islámicos no se pueden discutir grandes grupos de ideas que se debaten normalmente en Occidente. El difunto ex presidente de Indonesia y distinguido estudioso islámico Abdurrahman Wahid observó que las leyes islámicas sobre la blasfemia aplicadas bajo la coacción ‘estrechan los límites del discurso aceptable en el mundo islámico, e impiden a muchos musulmanes pensar ‘fuera de la caja’ no sólo acerca de la religión, sino sobre vastas esferas de la vida, la literatura, la ciencia y la cultura en general’.
En Occidente, los extremistas ya han reaccionado violentamente a las declaraciones que especulaban sobre el vínculo entre la doctrina islámica y la violencia (el discurso del Papa Benedicto XVI en Ratisbona); ante las protestas por el abuso de las mujeres por parte de algunos musulmanes (Submission, de Van Gogh y Hirsi Ali), ante el uso del Corán en una obra de ficción (Los versos satánicos de Rushdie), ante las explicaciones del islam a los judíos (Hijos de Abraham de Khalid Durán), ante las críticas a la ley de la lapidación en Sudán (un relator especial de la ONU), y ante la ficcionalización del matrimonio del profeta con una niña de nueve años de edad (The Jewel of Medina de Sherry Jones). Es sólo una pequeña muestra.
Luego está el efecto del miedo. Debido a las amenazas a los otros, Yale University Press, Random House, el Museo Metropolitano de Arte y otros han abandonado sus planes de publicar o mostrar ideas e imágenes sobre el islam. Incluso el británico Index of Censorship admitió que el miedo motivó su decisión de no publicar las caricaturas danesas en un artículo que criticaba la decisión de Yale University Press de no publicar las caricaturas danesas en su ‘definitivo’ libro sobre el tema.
El resultado es que ahora Younis Abdullah Muhammad, director de Revolution Muslim, se ha unido a Parker y Stone en el equipo de creativos de South Park. Comedy Central se suma a Yale University Press, Random House y el Museo Metropolitano de Arte en la lista de las instituciones occidentales que dejarán a los extremistas islamistas tomar decisiones acerca de lo que puede mostrar y decir. En una entrevista en febrero que abordaron la censura en torno a las caricaturas danesas, incluso en South Park, Stone dijo al Huffington Post: ‘Los caricaturistas, gente que hace sátira, no estamos en el Ejército, no vamos a ser reclutados, y este es el momento de ponerse de pie y hacer lo correcto. Y a ver al New York Times, a Comedy Central, y a todo el mundo, diciendo: “No, no vamos a hacerlo, porque en el fondo tenemos miedo de que nos pongan una bomba” apestaba. Me llevé un gran chasco.’ A menos que resistamos a esta intimidación, esto será sólo el comienzo”.
LA HUIDA DE LOS INTELECTUALES

“Vuelve conmigo a los vigorosos días de ataño, cuando los intelectuales públicos comprometidos libraban un verdadero combate sobre el trotskismo, el anarco-sindicalismo, y quién traicionó a quién en las sangrientas calles de Cataluña durante la Guerra Civil española -y más tarde en las páginas salvajes de Partisan Review, donde las batallas se repetían. A veces la seriedad de la lucha intelectual pueden sonar excesiva en retrospectiva (cf. la broma de Woody Allen sobre la fusión de Commentary y Dissent para formar disentería). Pero en realidad se trataba de los debates fundamentales de la posguerra, llevados a la imprenta por algunos de los más agudos pensadores, que se enfrentaban por cuestiones urgentes sobre el futuro del totalitarismo y la democracia.
The Flight of the Intellectuals, la nueva polémica de 300 páginas de Paul Berman (que se publicará esta primavera), recuerda esos días en un libro que probablemente provocará una intensa controversia entre los intelectuales públicos. La afirmación más polémica en el libro de Berman es que algunos de los más destacados –gente que acudió en defensa de Salman Rushdie cuando fue amenazado de muerte por una novela considerada blasfemamente irreverente hacia el Islam- no han logrado ofrecer un apoyo incondicional a los disidentes musulmanes actuales, gente como Ayaan Hirsi Ali, la autora nacida en Somalia y apóstata musulmana, cuya vida está amenazada de manera similar. Este fracaso, esta huida ‘de los intelectuales’, sostiene Berman, representa un abandono muy preocupante de los valores de la Ilustración frente a las amenazas recurrentes a la libertad de expresión.
Es probable que el libro de Berman provoque ataques de rabia, alabanza, y condenas en forma impresa y en internet. De este modo, su libro nos recuerda que esas viejas refriegas de la Partisan Review plantean cuestiones que han evolucionado y mutado, pero no están resueltas: ¿Existe una paradoja en el corazón de los valores de la Ilustración? ¿Una creencia en la ‘tolerancia’ debería extenderse a los intolerantes? ¿Los valores de la Ilustración deben abstenerse de desafiar valores multiculturales? ¿Los valores multiculturales a veces implican el relativismo moral? Una cuestión importante, por ejemplo, es si la campaña Ayaan Hirsi Ali contra la mutilación genital femenina la convierte en –como la han llamado los intelectuales que Berman ataca- una ‘fundamentalista de la Ilustración’, la frase que supuso el punto de ebullición de la controversia. (Aunque mi frase favorita es la que el francés Pascal Bruckner ideó para aquellos que se han mofado de Ayaan Hirsi Ali: ‘El racismo de los anti-racistas.’)

El nuevo libro de Berman exhibe la misma dedicación a la claridad moral sobre estas cuestiones que demostraba en su anterior Terror y liberalismo. ¡Le da a la seriedad un buen nombre! Tiene el don de ver y decir no sólo lo sutil, sino a menudo las cosas obvias que los autodesignados intelectuales se niegan a ver a sí mismos en la búsqueda de una complejidad autocomplaciente. Estoy pensando en la reseña de Berman sobre La conjura contra América de Philip Roth, que era larga y digresiva (pero gratificante para ambas razones) y tuvo la desfachatez radical de decir lo que muchos no encontraron las palabras, porque, tal vez, temían que otros su respuesta como demasiado tribal, demasiado ‘étnica’: ¡que el libro de Roth sobre un candidato presidencial antisemita (Charles Lindbergh) podría tener algo que ver con el antisemitismo! (Se trataba en realidad de Bush, nos dijeron. A pesar del desmentido de Roth, por supuesto, ellos lo sabían mejor.)
En cualquier caso, el retrato de Berman de la conducta de los intelectuales de hoy en día a la hora de afrontar la difícil situación de Ayaan Hirsi Ali es devastador. Iba a decir su retrato de ciertos intelectuales, porque señala a los respetados escritores Ian Buruma y Timothy Garton Ash por sus ataques feroces a Hirsi Ali cuando ella estaba (como ahora) bajo amenaza de muerte. Pero, de hecho, el relativo silencio del resto de los intelectuales, cuando se enfrentan a las amenazas contra ella, es casi más escandaloso. (Una excepción es mi colega en Slate Christopher Hitchens.)
Hirsi Ali, quen describió su decisión de abandonar el islam en 2007 en Infiel, fue expulsada posteriormente de su refugio en Holanda por amenazas de muerte que la seguían de Somalia. Y por el asesinato de su amigo y seguidor, el cineasta neerlandés Theo van Gogh, cuyo cuerpo acuchillado y ensangrentado apareció con una nota que declaraba a Hirsi Ali la próxima en morir.
En La huida de los intelectuales, Berman muestra el contraste entre cómo han tratado a Hirsi Ali los intelectuales -con un apoyo aparente, en abstracto, pero también condescendencia, desdén, y crítica quisquillosa en los más prestigiosos escenarios intelectuales- y la forma en que ellos y otros se unieron de manera inequívoca al apoyo de Salman Rushdie en 1989 sobre la ‘fetua’ a Los versos satánicos.
Y así Buruma dispara contra ‘su actitud, su estilo’. Ataca lo que interpreta como un movimiento snob de su mano de un clip de TV. Sólo le falta llamarla ‘engreída’. (‘El racismo de los anti-racistas’) Como dice Berman, ‘La Hirsi Ali que emerge del retrato de Buruma -en su libro Asesinato en Ámsterdam- está ‘impulsada por ideas sin refinar’ que evidentemente carecen de la sofisticación de Oxbridge, por supuesto. Berman continúa diciendo: ‘Es entusiasta y estridente... arrogante y aristocrática’. No conoce su lugar entre Buruma y sus pares. Y Timothy Garton Ash nos dice caballerosamente que si Hirsi Ali ‘hubiera sido bajita, rechoncha y entrecerrara los ojos, su historia y sus puntos de vista tal vez no habrían recibido tanta atención’. (Nótese el tono de desprecio erudito: el sexismo de los anti-racistas.)
Sería casi como si un defensor de Rushdie hubiera dicho: ‘Claro, yo estoy a favor de que no lo amenacen y todo eso, pero estoy cansado del realismo mágico, y me pareció arrogante cuando lo vi en la tele. Tal vez despreciaba demasiado la cultura de las personas que lo quieren asesinar’.
Los críticos de Hirsi Ali argumentan que representa una lealtad simplista a los valores tolerantes y liberales de la Ilustración, que es ‘una fundamentalista de la Ilustración ‘, más o menos el equivalente moral de un fundamentalista islámico que apoya los atentados suicidas. Presumiblemente porque Hirsi Ali cree que no hay que tolerar una intolerancia que mata, mutila y esclaviza a las mujeres. Fue Ian Buruma quien acuñó el oxímoron ‘fundamentalismo de la Ilustración’, que recogió Timothy Garton Ash. Hay que decirlo en su favor: Garton Ash finalmente se disculpó públicamente por la aplicación de la frase a Hirsi Ali en un debate de Londres, aunque no pareció renunciar a su opinión de que la frase podría tener alguna legitimidad residual.
Disculpa o no, Berman considera que la frase refleja una concepción errónea más profunda entre cierto grupo de intelectuales occidentales. Si bien ‘la Ilustración es uno de los grandes logros de la civilización occidental’, estos intelectuales ‘han llegado a ver la Ilustración como un mero conjunto de prejuicios antropológicos’: considerar la creencia en la libertad de expresión, por ejemplo, una simple visión parroquiana y occidental.
Eso le lleva al momento más condenatorio de su ataque: ‘Buruma y Garton Ash había perdido la capacidad de hacer la más elemental de distinciones... ya no podían distinguir a un asesino fanático de una polemista racional’ como Hirsi Ali.
Debo señalar que no soy un crítico neutral de este libro. Esto no es una reseña, sino un avance de los fuegos artificiales que probablemente se producirán. Y piensa en mí, no como un observador neutral, sino como alguien que conoce levemente a Paul Berman desde hace años y cree lo suficiente en la importancia de su enojo por ‘la huida de los intelectuales’ como para instalarle a reestructurar el ensayo de 28.000 palabras del que creció este libro. De hecho, me encontré con él poco después de leer su ensayo de 28.000 palabras, titulado entonces ‘¿Quién teme a Tariq Ramadan?’. Y cuando me dijo que estaba expandiéndolo en un libro, presuntuosa pero sinceramente le dije que –como en la jerga periodística- creía que había ‘enterrado la noticia’.
La mayor parte del ensayo original se dedicaba a un intento casi interminable de diseccionar las verdaderas opiniones del enigmático estudioso y portavoz islámico Tariq Ramadan, que se ha convertido en una especie de Rorschach para los intelectuales occidentales, algunos de los cuales proyectan en él una forma moderada y moderna del islam.
El ensayo de Berman trataba de complicar este punto de vista, señalando las muchas y no muy conocidas conexiones de Ramadan con la clase representada por su abuelo, Hassan al-Banna, el fundador de los fanáticos Hermanos Musulmanes.
Le dije que encontraba este aspecto del ensayo vigorizante y apasionante, un thriller intelectual en forma de polémica, con el inspector Berman en busca de pistas dentro de la mente y la obra del Ramadan. Sin embargo me parecía que debía haber comenzado el ensayo con su sección final, la de Ash y Buruma y la huida de los intelectuales.
No me hizo caso sobre la reestructuración del libro. Pero tituló el libro con esa última sección: ‘La huida de los intelectuales.’
Es cierto que Ramadan es una figura importante y ha sido recientemente objeto de una controversia internacional. El Departamento de Estado había querido negarle un visado, al parecer porque él había contribuido a una organización benéfica que había transferido fondos a Hamás hace casi una década. Pero la prohibición fue rescindida (como creo que debe suceder con estas prohibciones) hace dos meses, por lo que es probable que oigamos más de él. (De hecho, Jacob Weisberg de Slate, será el moderador de una mesa redonda en Nueva York con Ramadan en abril.)
Antes de hablar más de Tariq Ramadan, debo mencionar que yo no estoy seguro de compartir la imagen siniestra que Berman tiene de él. Berman considera que la imagen de creación propia de Ramadan como islamista moderado, que cree que el islam puede coexistir con los valores occidentales en Europa, es una máscara engañosa. Oculta una lealtad sin diluir al fanatismo de su abuelo. No estoy seguro de compartir su opinión de que conoce con tanta seguridad lo que piensa Ramadan. (Y tal vez el propio Ramadan esté en conflicto.)
Debo revelar que yo mismo una vez transferí dinero para Ramadan. Bueno, una pequeña cantidad de tres cifras que pagué a su editor, Oxford University Press, por los derechos de un extracto de uno de sus libros, que he reproducido en Those Who Forget the Past, una antología sobre el antisemitismo contemporáneo.

No como un ejemplo de ello sino porque quería tener una voz islámica en el libro y Ramadan es uno de los escasos intelectuales islámicos que había desmentido su antisemitismo; aunque no a los antisemitas, como demuestra Berman copiosamente. En el extracto que publiqué, Ramadan expresa un deseo de compartir el mundo con otras religiones. Aunque Berman cree que Ramadan habla con lengua viperina, no es un mal mensaje. Puede que algunos lo consideren sincero. Todavía no estoy convencido de que este punto de vista, o volver a imprimir el ensayo, fuera un error.
En el ensayo original y el libro, Berman disecciona meticulosamente la reivindicación que hace Ramadan de ser una voz de moderación y la pequeña aventura amorosa de los intelectuales occidentales con Ramadan. Para los intelectuales occidentales, explica Berman, Ramadan resuelve un problema. Sus puntos de vista les permiten creer tanto en valores de la Ilustración y en un multiculturalismo que puede abrazar un islam abierto a la reforma de prácticas como el asesinato de honor.
La naturaleza problemática de la moderación de Ramadan quizá puede ser mejor ilustrada por su llamada a una ‘moratoria’ de la lapidación de las mujeres en las sociedades islámicas para castigar violaciones de ‘honor’. El hecho de que pidiera una ‘moratoria’ ha sido aclamado por intelectuales occidentales, especialmente europeos, como un signo reconfortante para quienes se preocupan por los derechos de la mujer en las crecientes comunidades musulmanas de Occidente.
Para muchos, el hecho de que no condenase la práctica claramente y pidiera su ilegalización, y en su lugar sólo pidiese que un ‘debate’ con eruditos y teólogos islámicos sobre el asunto durante la ‘moratoria ‘, no es del todo tranquilizador.

Para Berman, Ramadan se ha convertido en una ballena blanca. Berman se enfureció por la ceguera de los intelectuales ante lo que considera el propósito verdadero y siniestro de Ramadan: proteger el crecimiento del islam político y anti-ilustrado detrás de una fachada de modernización. Berman está particularmente enfurecido por un perfil elogioso de Ramadan, que lo llama un puente a la modernidad del islam en Europa, publicado por Ian Buruma en el New York Times Magazine. Creo que Berman tiene razón al decir que, aunque no fuera la intención, al menos el efecto del artículo Buruma fue ‘limpiar’ a Ramadan, pero de nuevo es una cuestión subjetiva. ¿Buruma quitó importancia deliberadamente a las conexiones de Ramadan con presuntos simpatizantes de terroristas en el artículo? ¿O estaba sinceramente convencido de que hay que tomar en serio las tendencias más modernizadoras de Ramadan, tal vez por razones oportunistas? Si nosotros, los occidentales no musulmanes, respondemos a este aspecto aparentemente reformista suyo –que aparentemente no sólo lo guíe el dogma-, será reforzado. Para Berman, sólo lo guía el dogma, pero tiene dos caras: un lobo con piel de cordero que estaba usando a Buruma.
Pero es la última sección de Berman -en especial el capítulo 9, ‘La huida vuelo de los intelectuales’- la que lo convertirá en un ‘acontecimient’o en la historia intelectual de la cuestión que está en el centro de la discordia: la cuestión de si los islamistas pueden coexistir pluralmente en las sociedades occidentales.

Con la ‘huida de los intelectuales’, Berman designa su huida de los valores que promovían a la hora de defender a Salman Rushdie en 1989, y sus ataques, críticas y matices hacia Ayaan Hirsi Ali en este siglo. ¿Es porque no uno de los chicos? Berman sugiere que una combinación de culpa y superioridad colonial actúa en la situación, que los intelectuales occidentales temen la crítica directa de otras culturas, que Hirsi hace de una manera más franca y literal que las excursiones literarias de Rushdie.
Pero creo que también opera otro miedo. ¿Qué señaló la diferencia entre la respuesta sincera ante la fetua de Rushdie y la respuesta insensible a Hirsi Ali? Berman puede negarlo, pero creo que el subtexto de su crítica a los que se muestran quisquillosos con Ali es que, en las dos décadas desde que han pasado desde el estallido del caso Rushdie, afrontar las amenazas de muerte islamistas requiere valor más físico que el que los intelectuales están dispuestos a reunir. Prefieren que las críticas pejigueras sean una hoja de parra, una manera de distanciarse del peligro.
Pero ahora la amenaza de asesinato, el intento de asesinato, y el asesinato real de los disidentes del islam se han convertido en un elemento habitual del paisaje intelectual de Europa. Los pasajes más impactantes y dramáticos en el libro de Berman son aquellos en los que relata, a menudo sin énfasis, sus encuentros con las figuras acosadas y perseguidas que han ofendido a algún mulá radical.
Una de las secciones más poderosas del libro es la lista de disidentes -tanto islámicos como no- que han sido amenazados de muerte y tendrán que convivir con seguridad 24 / 7 el resto de sus vidas.
A Theo van Gogh no le sentó bien acercarse demasiado a Hirsi Ali. Los caricaturistas daneses están todavía bajo constantes amenazas de muerte, informa Berman. Ibn Warraq, el seudónimo de otro apóstata, lee amenazas de muerte en internet, mientras que Bassam Tibi, que segúna Berman, ‘fue pionero en el concepto de islamismo como totalitarismo moderno y en el concepto de un euroislam liberal... vivió durante dos años bajo protección policial de veinticuatro horas en Alemania. ... El periodista egipcio e italiano Magdi Allam ... viajaba con un complemento completo de cinco guardaespaldas. ... La periodista italiana Fiamma Nirenstein... era acompañada por guardaespaldas. ... En Francia, Caroline Foures,t autora de la primera y más importante crítica extensa de de Ramadan, tuvo que recibir protección policial. ... El profesor Robert Redkeker tuvo que pasar a la clandestinidad. En 2008 la policía belga desarticuló a un grupo terrorista que había planeado asesinar, entre otras personas, a Bernard Henri Levy’. Pasa una noche en Nueva York ‘... con Flemming Rose, jefe de cultura del diario danés, que estaba en Nueva York sólo porque en ese momento era demasiado peligroso para él permanecer en su país’.
La lista continúa. Kurt Westergaard, Sansal Boulem. Es acumulativa (e individualmente) escandalosa. El hecho de que oigamos tan poco sobre el terror acumulado experimentado por estos escritores y artistas de boca de esos intelectualesque encuentran tiempo para burlarse de Hirsi Ali es para mí un verdadero escándalo. El hecho de que la censura teológica respaldada por amenazas de muerte se haya instalado en el continente europeo, mientras casi todo el mundo dice que sería más prudente guardar silencio al respecto es una vez más enterrar la noticia. Pero, a mi juicio, publicarlo es un servicio para todos.
Un tipo de discurso irreverente, valorado en Europa desde los tiempos de Chaucer y Rabelais ha sido, parece, poderosamente callado si no silenciado, y los herederos de esa tradición intelectual están demasiado asustados como para hablar sobre ese silencio. A lo mejor el libro de Berman hará hablar a los intelectuales, y no sólo unos de otros. Quizá algunos de los que estaban en silencio empiecen a manifestarse en contra de los escuadrones de la muerte en vez de atacar a sus víctimas y objetivos”.
Hirsi Ali. Paul Berman. Ramadan. Buruma.Una imagen de Submission.
DERRIBAR EL MURO

“He aquí un pequeño experimento mental de ética práctica. Imagina que estás tomando una copa con alguien al que acabas de conocer y aparece el tema de la transgresión de la ley. ‘¿Alguna vez ha tenido problemas con las autoridades?’
Tal vez puedas hablar de tu detención en una manifestación, del tráfico ilícito de productos de duty-free, de un encontronazo por una cuestión de estupefacientes, de un intento imprudente de uso de información privilegiada. Tu interlocutor puede mostrar un mayor conocimiento del sistema de justicia penal. En una ocasión pasó un tiempo a la sombra por falsificación o por robo con violencia, o por una discusión doméstica que se fue de las manos. Quizá estés dispuesto a almorzar con esa persona el próximo viernes. Pero si dice: ‘Bueno, yo una vez conocí a una pareja que confiaba en mí como canguro. Tenían dos niños: uno de 12 y uno de 10. Lo pasaba bien con ellos cuando nadie miraba. Les decía que era nuestro secreto. Me dio pena cuando todo terminó.’ Espero que no parecer demasiado sentencioso si digo que en ese momento el almuerzo es cancelado o aplazado indefinidamente.
¿Y sentirías menos o más repugnancia, si el hombre continuara diciendo: ‘Por supuesto, no estaba estrictamente hablando de un conflicto con la ley. Soy un sacerdote católico, no molestamos a la policía o los tribunales con esas cosas. Nosotros nos ocupamos de nosotros mismos, no sé si me explico’?
Sin embargo, esto es exactamente lo que estamos obligados a leer todos los días. La felicidad y la salud de innumerables niños fueron sistemáticamente destruidas por hombres que podía contar con que sus jefes del clero los protegerían de las represalias legales y, al parecer, incluso de la condena moral. Un poco de ‘terapia’ o un rápido cambio de escenario era lo peor que la mayoría de ellos tenía que temer.
Casi todas las semanas, tengo un debate con portavoces de la fe religiosa. Invariablemente, y sin excepción, me informan de que sin una creencia en la autoridad sobrenatural no tendría base para mi moral. Sin embargo, aquí hay una antigua iglesia cristiana que se maneja con una certeza horrible cuando se trata de una condena total de pecados como el divorcio, el aborto, la contracepción y la homosexualidad entre adultos que consienten. Para esos delitos no hay perdón, y se invoca el absolutismo moral. Sin embargo, si el tema es la violación y la tortura de niños indefensos, de inmediato se invoca todo tipo de maniobra y excusa. ¿Qué se puede decir de una iglesia que encuentra tanta indulgencia para un crimen tan espantoso que ninguna persona moralmente normal puede pensar en él sin estremecerse?
Es interesante, también, saber que la misma iglesia hizo todo lo posible para ocultar la violación y la tortura a las autoridades seculares, incluso obligando a los niños víctimas (como en el repugnante caso del Cardenal Sean Brady, el jefe espiritual de los católicos de Irlanda) a firmar juramentos secretos que les impedían testificar contra sus violadores y torturadores. ¿Por qué tenían tanto miedo de la justicia laica? ¿Pensaban que sería menos indiferente y flexible que las investigaciones privadas sacerdotales? En ese caso, ¿qué queda del gastado y medio horneado argumento que dice que la gente no puede entender una moralidad elemental sin una orden divina?
Tampoco hay que mucho que elogiar en la justicia laica, puesto que el cardenal Brady y muchos como él no han sido despedidos por la iglesia ni procesados por el poder civil. Pero este abandono del deber por parte de los tribunales y la policía ha ocurrido principalmente en países o provincias -Irlanda, Massachusetts, Baviera- donde la iglesia tiene una influencia indebida sobre la burocracia. ¿Cuándo vamos a ver lo que los padres y familiares de los niños devastados quieren y necesitan ver: un cómplice de alto nivel del encubrimiento enfrentándose a un jurado?
La carta patética y eufemística del Papa Benedicto XVI a su ‘rebaño’ en Irlanda ni siquiera propone que esas personas deben perder sus posiciones en la iglesia. Y esta cautela cobarde por su parte tiene una razón buena y suficiente: si hubiera una investigación penal seria, tendría que deponer al propio Papa. No sólo, como arzobispo Joseph Ratzinger, protegió a un peligroso sacerdote criminal en su propia diócesis de Munich y Freising en 1980, después de haberlo enviado a seguir ‘terapia’ en lugar de solicitar su arresto. (La cuestión de la posterior recolocación del sacerdote en un puesto en el que podía asaltar a más niños, sobre la que la iglesia continúa intentando crear confusión, no es relevante para el hecho de la implicación directa y personal de Ratzinger, en el crimen original.) No contento con esto, Ratzinger envió más tarde, como cardenal y cabeza de una institución importante en Roma, una carta que instruía a todos los obispos a negarse a cooperar con cualquier investigación sobre lo que se estaba convirtiendo rápidamente en un escándalo mundial.
Dieciocho de las 27 diócesis católicas de Alemania se enfrentan a investigaciones del gobierno tras una brecha en lo que el ministro de Justicia de Alemania ha descrito acertadamente como ‘un muro de silencio’. Ese muro fue construido originalmente por el hombre que ahora dirige la iglesia. El muro debe ser derribado. El pez -el antiguo símbolo cristiano adoptado por aquellos que consideraban a los seres humanos un banco que atrapar con redes- se pudre desde la cabeza. No creo que las consecuencias hayan empezado a calcularse. El líder supremo de la Iglesia Católica es ahora un sospechoso prima facie en una empresa criminal de la clase más repugnante, y en el intento de obstrucción a la justicia que ha sido parte integrante de dicha empresa. También es jefe político de un Estado -el Vaticano- que ha dado asilo a hombres buscados por la ley, como el deshonrado cardenal Bernard Law de Boston. Entonces, ¿cuál es la posición cuando el Papa decide viajar, como, por ejemplo, con la visita que quiere realizar a Gran Bretaña a finales de este año? ¿Tiene inmunidad? ¿La reclama? ¿Debería tenerla? Estas preguntas exigen respuestas serias. Mientras tanto, hay que registrar el hecho de que la iglesia puede encontrar un amplio espacio en sus confesionarios y sus palacios para quienes cometen el delito más perverso de todos. Sean procesados o no, están condenados. Pero el procesamiento debe venir a continuación, o tendremos que admitir que hay hombres e instituciones que están por encima y más allá de nuestras leyes.
He tomado la imagen aquí. Y aquí, otro texto de Hitchens sobre el asunto.
JAFAR PANAHI

1.
“Esta mañana estaba viendo las noticias de la NECN y he visto una última hora que decía que el gobierno iraquí había liberado a algunos cineastas y ‘un cineasta’ como celebración del año Nuevo. ¿Podía tratarse de Jafar Panahi?
Resulta que el cineasta era Mohammad Rasoulof, que fue arrestado el 1 de marzo junto a otras Panahi y otras 14 personas (incluida la esposa de Panahi), que desde entonces han sido liberados. Panahi es el único que sigue bajo custodia.
Numerosos grupos e individuos, incluyendo la Toronto Film Critics Association Federation of European Film Directors, la Academia de Cine Europeo, los Asia-Pacific Screen Awards, el Festival Internacional Karlovy Vary, el Festival Internacional de Cine de Berlín, el Festival Internacional de Roterdam y Human Rights Watch, han protestado por la persecución de un hombre valiente y brillante. Puedes añadir tu voz firmando esta petición”.
2.
“La esposa del cineasta iraní Jafar Panahi dijo a la AFP el martes que no ha podido ver a su marido en la cárcel de Evin, en Teherán, desde su detención a principios de este mes.
Cincuenta cineastas y artistas iraníes, en una carta firmada que se hizo pública el martes, instaron a las autoridades a liberen Panahi, según una agencia de noticias.
‘Desde que fue detenido él, he conseguido hablar con él dos veces. Fui a verlo a Evin a el jueves pasado, pero no no me dejaron,’ dijo Tahereh Saeedi”
3.
“Los cineastas de Irán siempre han tenido que sobrevivir con apenas un par de respiraciones de aire artístico pero han logrado hacer películas memorables en el proceso. A los zares culturales del país no les gustaban las producciones que reventaban tabúes de Jafar Panahi, pero de mala gana permiteron que llegaran a la pantalla. Películas como ‘El Círculo’, sobre la miseria de las mujeres, y ‘Offside (Fuera de juego)’, una historia de chicas que se visten como chicos para entrar en el ambiente sólo para hombres de un partido de fútbol, demostraron al menos que la censura iraní no había logrado matar la creatividad. Pero ahora eso ha terminado. A principios de este mes fue detenido el Panahi, junto a otras personas, durante la filmación de lo que un sitio web partidario del gobierno llamó ‘una película contra el régimen’.
Las tensas relaciones de. Panahi con las autoridades se rompieron tras las contestadas elecciones de junio pasado. Como juez en el Festival de Cine de Montreal, enfureció al gobierno al llevar un pañuelo de color verde para mostrar su apoyo a la oposición y fue detenido brevemente cuando regresó por haber asistido a una ceremonia para las víctimas de la brutalidad oficial.
La detención del Sr. Panahi contribuye al progresivo empobrecimiento cultural de Irán. Mohsen Makhmalbaf, uno de los mejores cineastas del país, ya estaba en el exilio: es un franco opositor a la República Islámica, para la que en el pasado trabajó lealmente. La estrella femenina más rentable de Irán, Golshifteh Farahani, fue perseguida hasta tener que abandonar el país por atreverse a actuar en una película de Hollywood. También habla en voz alta contra el régimen y colabora musicalmente con el compositor más innovador de Irán, Mohsen Namjoo, otro exiliado. Pero, aunque ofrece un aire más libre, la vida fuera de Irán puede provocar desorientación artística. Makhmalbaf no ha hecho una buena película desde que salió de Irán. El país ha producido muchos genios creativos que han fracasado en el extranjero.
La atmósfera sofocante de Teherán fuerza decisiones difíciles. En una carta abierta a las autoridades, Abbas Kiarostami, el cineasta más reputado de Irán, y autor de un famoso político agnóstico, deploró la detención del Sr. Panahi’s. También ofreció una visión de su propio modus operandi, ahora que él tampoco tiene esperanza de que sus películas se muestren en Irán. Utiliza el producto de sus admiradas fotografías para financiar producciones muy ajustadas, y mira con benevolencia a los DVDs piratas de su obra como ‘el único medio que tengo de comunicarme con el público en mi país’.
Para algunos, acomodarse es más fácil. Otra famosa actriz, Hediyeh Tehrani, perdió seguidores al aceptar un préstamo del gobierno para contribuir al montaje de una exposición de sus fotografías de partículas de agua y otras maravillas naturales. Los entendidos de Teherán han quitado importancia a su trabajo, que sin embargo ganó el elogio poco habitual de la eminencia gris de Ahmadineyad Eminencia, Esfandiar Rahim Mashai. Lo describió como un ‘acto de adoración’ que le había ayudado a ‘conocer a Dios’.
EL DIABLO EN EL VATICANO

“El 10 de marzo se citó al exorcista en jefe del Vaticano, el reverendo Gabriele Amorth (que ocupa este exigente puesto exigente desde hace 25 años), diciendo que ‘el diablo trabaja en el Vaticano,’ y que ‘cuando se habla del humo de Satanás en las santas cámaras, es cierto, incluyendo estas últimas historias de violencia y pedofilia.’ Tal vez esto pueda tomarse como la confirmación de que algo horrible ha estado ocurriendo en los recintos sagrados, aunque la mayoría de las investigaciones muestran que tiene una explicación material perfectamente adecuada.
En cuanto a las revelaciones más recientes sobre la complicidad constante –de hecho interminable- de la Santa Sede en el escándalo de la violación de niños, unos días después un portavoz de la Santa Sede hizo una concesión en la forma de una negación. Es evidente, dijo el reverendo Federico Lombardi, que hay un intento ‘de encontrar elementos para involucrar personalmente al Santo Padre en cuestiones de abuso’. Estúpidamente continuó diciendo que ‘esos esfuerzos han fracasado’.
Se equivocó dos veces. En primer lugar, nadie ha tenido que esforzarse por encontrar esas pruebas: han salido a la superficie, como era obligado que hicieran. En segundo lugar, esta ampliación del terrible escándalo hasta nivel más alto de la Iglesia Católica es un proceso que apenas ha comenzado. Sin embargo, se convirtió en una sensación inevitable cuando el Colegio de Cardenales eligió como vicario de Cristo en la Tierra al hombre principalmente responsable del encubrimiento original. (Uno de los votantes santificados de la ‘elección’ fue el cardenal Bernard Law de Boston, un hombre que ya había encontrado la jurisdicción de Massachusetts un poco demasiado caliente para su gusto.)
Hay dos cuestiones distintas pero relacionadas entre sí: Primero, la responsabilidad individual del papa en un caso de esta pesadilla moral y, en segundo lugar, su responsabilidad más general e institucional por el conjunto de infracciones de la ley y por la vergüenza y la deshonra que van con ellas. La primera historia se cuenta fácilmente, y nadie la niega. En 1979, un sacerdote llevó a un niño alemán de 11 años identificado como Wilfried F. a un viaje de vacaciones a las montañas. Después de que se le administrara alcohol, fue encerrado en su habitación, desnudado y obligado a chupar el pene de su confesor. (¿Por qué nos limitamos a llamar a este tipo de cosas ‘abuso’?) El clérigo ofensor fue trasladado de Essen a Múnich para que siguiera ‘terapia’ por decisión del entonces arzobispo Joseph Ratzinger, y se aseguró que a partir de entonces no tendría niños a su cargo. Pero no le costó tiempo al segundo de Ratzinger, el Vicario General Gerhard Gruber, devolverlo a la ‘labor pastoral’, donde muy pronto reanudó su carrera de asaltos sexuales.
Por supuesto, se arguye, y, sin duda se contraargumentará más tarde, que el mismo Ratzinger no sabía nada de este segundo ultraje. Cito aquí al reverendo Thomas Doyle, un ex empleado de la embajada del Vaticano en Washington y uno de los primeros críticos de la pereza de la Iglesia Católica a la hora de responder a las denuncias por violación de niños. ‘Tonterías’, dice. ‘El Papa Benedicto XVI es un microgerente. Es de la vieja escuela. Algo como eso habría llamado necesariamente su atención. Dígale al vicario general que encuentre una línea mejor. Lo que está tratando de hacer, obviamente, es proteger al papa.’
Esto es algo común o de cada día, muy familiar para los estadounidenses y australianos e irlandeses católicos, la violación y tortura de cuyos hijos y el encubrimiento de estos a través de la táctica de trasladar a violadores y torturadores de parroquia en parroquia han sido cuidadosamente y completamente expuestos. Está a la altura de la reciente y tardía admisión del hermano del Papa, monseñor Georg Ratzinger, que ha dicho que, si bien él no sabía nada acerca de los asaltos sexuales en la escuela coral que dirigió entre 1964 y 1994, ahora que lo recuerda se arrepiente de su costumbre de abofetear a los niños.
Mucho más grave es el papel de Joseph Ratzinger, antes de que la iglesia decidiera hacerle líder supremo, en la obstrucción de la justicia a escala mundial. Después de su ascenso a cardenal, lo pusieron a cargo de la llamada ‘Congregación para la Doctrina de la Fe’ (anteriormente conocida como la Inquisición). En 2001, el papa Juan Pablo II encargó a este departamento la investigación de la violación y tortura de niños por parte de sacerdotes católicos. En mayo de ese año, Ratzinger envió una carta confidencial a cada obispo. En él, les recordó la extrema gravedad de un delito determinado. Pero ese crimen era la denuncia de la violación y la tortura. Las acusaciones, entonaba Ratzinger, sólo se pueden tratar dentro de la jurisdicción exclusiva de la propia iglesia. Cualquier distribución de las pruebas a las autoridades legales o a la prensa estaba totalmente prohibida. Los cargos se iban a analizar ‘de la manera más secreta... limitados por un silencio perpetuo... y todo el mundo ... debe observar el más estricto secreto que es comúnmente considerado como un secreto del Santo Oficio... bajo pena de excomunión’. (Las cursivas son mías). Nadie ha sido excomulgado por la violación y tortura de los niños, pero la exposición de la ofensa puede meterte en serios problemas. ¡Y ésta es la iglesia que nos advierte contra el relativismo moral! (Véase, para más información sobre este documento terrible, dos informes que publicó Jamie Doward en el Observer de Londres del 24 de abril de 2005.)
No contento con el blindaje frente a la ley de sus propios sacerdotes, la oficina de Ratzinger escribió su estatuto privado de limitaciones. La jurisdicción de la Iglesia, afirmó Ratzinger, ‘comienza a correr desde el día en que el menor ha completado el 18.º año de edad’ y luego tiene una duración de 10 años más. Daniel Shea, abogado de dos víctimas que demandaron a Ratzinger y una iglesia de Texas, describe correctamente la estipulación como obstrucción de la justicia. ‘No se puede investigar un caso si no te enteras. Si puedes mantenerlo en secreto durante 18 años más 10, el sacerdote se sale con la suya’.
El siguiente punto de este espeluznante expediente será el resurgimiento de las viejas acusaciones contra el padre Marcial Maciel, fundador de la ultrarreaccionaria Legión de Cristo, en la que asalto sexual parece haber formado casi parte de la liturgia. Antiguos ex miembros de esta orden dada al secreto vieron sus quejas ignoradas y desechadas por Ratzinger durante la década de 1990, aunque sólo fuera porque el padre Maciel había sido elogiado por el entonces papa Juan Pablo II como ‘guía eficaz para los jóvenes’. Y he aquí la cosecha de esta larga campaña de ocultamiento. La Iglesia Católica de Roma está encabezada por un medicre burócrata de Baviera, que estuvo encargado de la ocultación de la más vil iniquidad, y su ineptitud en su trabajo ahora lo muestra como un hombre personal y profesionalmente responsable de permitir una repugnante ola de delincuencia. El propio Ratzinger puede ser banal, pero toda su carrera tiene el hedor del mal: un mal pegajoso y sistemático cuya conjura está más allá del poder del exorcismo. Lo que se necesita no es un encantamiento medieval, sino la aplicación de la justicia, y deprisa”.
TASLIMA NASRIN
“Los policías velan debajo del edificio. Han levantado en la acera una tienda de lona de color caqui. Se tumban tras cada cambio de guardia. En la parte superior, frente al ascensor, otro policía, sentado en su silla, arma en el regazo, hace una inspección final. Llama a la puerta sin hacer ruido y anuncia a los visitantes. Taslima Nasrin deja finalmente su taza hirviente coronada por una espesa franja e invita a entrar en una habitación llena de libros en lengua bengalí.
En la biblioteca tras el cristal, una etiqueta militante –‘el ateísmo cura el terrorismo religioso’- convive sin dificultad con una cabeza de un Buda tibetano-cachemir y una miniatura de Ganesh (el dios elefante hindú) en miniatura. Una gran concha preside el mantel de color amarillo girasol de la mesa.
Aquí está el refugio secreto de la proscrita, la guarida de la escritora maldita, obligada al movimiento y la clandestinidad. Amplia camisa morada sobre un vestido, se pone en su canapé y transmite con una mezcla de ironía y cansancio la crónica de su desgracia.
Desde que se le prohibió en 1994 vivir en su país, Bangladesh, condenada a muerte por las fetuas de los fundamentalistas musulmanes porque sus escritos denuncian la opresión de la mujer en el islam, Taslima Nasrin, de 48 años, es una apátrida que arrastra su maleta país a país, de ciudad en ciudad, en estancias fugaces en refugios temporales.
Está en Nueva Delhi desde hace unas semanas, alojada en el apartamento de un amigo. ¿Por cuánto tiempo? Lo ignora. Las autoridades indias le han concedido un permiso de residencia que expira en agosto. Después, será la incógnita de nuevo. Le han dado a entender que el salvoconducto no será renovado. La presencia de Taslima Nasrin en la India es un asunto explosivo. Lo sabe, lo sufre y le da miedo. Espera que ‘prevalezca el sentido común’ y que la furia de la controversia se disipe.
En realidad, todo ha empezado bastante mal. A principios de marzo estallaron violentos disturbios en dos pueblos de Karnataka, estado meridional de la Federación india, tras la publicación en un periódico de un artículo que llevaba su firma. La agitación había sido orquestada por grupos musulmanes. Dos personas murieron en enfrentamientos con la policía.
‘La noticia de estas muertes fue aplastante,’ dice Taslima Nasrin. No lo entiende. Nunca envió un texto al periódico. El artículo polémico es en realidad una traducción aproximada al idioma local (kannada) de un texto publicado en enero de 2007 en el semanario en inglés Outlook India.
En ese foro, Taslima Nasrin realizaba una exégesis de algunos pasajes del Corán y el hadith (fragmento de la narración de la vida de Mahoma) que imponen a las mujeres usar el velo. Lo había escrito para impugnar el argumento de que los textos sagrados del islam no se pronuncian sobre el tema. Y concluyó que las mujeres musulmanas deben librarse de estos preceptos y ‘quemar sus burkas’, ‘símbolos de la opresión de la mujer’. Tres años después, el artículo ha resurgido de repente, por razones oscuras.
Hay algo que horripila a Taslima Nasrin. ¿Por qué se centran de forma permanente en su crítica del islam? ‘Critico todas las religiones, no sólo el islam’, insiste ella. ‘También critico las tradiciones del hinduismo que violan los derechos de las mujeres.’
Desliza el índice bajo el cuello de la camisa y saca un collar con los segmentos de oro, el famoso mangalsutra, una joya ofrecida por el marido durante la boda hindú. ‘El mangalsutra es el símbolo de la mujer hindú casada’, dice ella. ‘Pero no estoy casada y lo uso sólo para desafiar esta tradición que convierte a las mujeres en propiedad de un hombre’.
‘Cuando critico el hinduismo en mis artículos’, continúa, ‘a veces mis editores me censuran parcialmente. Pero nunca he recibido amenazas de muerte por ese lado. Sólo me atacan los musulmanes’.
Taslima Nasrin se siente muy sola. Por supuesto, hay amigos bengalíes que regularmente llegan desde Calcuta para verla. Por supuesto, hubo un editorial de The Hindu que la defendió durante los disturbios en Karnataka.
Pero el silencio de los intelectuales ‘progresistas’ indios sobre ella no deja de intrigarla. ‘La izquierda en la India combaten ante todo el nacionalismo hindú y por ello quieren proteger a las minorías, en particular la minoría musulmana. Para ellos, criticar al Islam es atacar a la minoría musulmana.’
El reproche dirigido a Taslima Nasrin es a menudo la ‘irresponsabilidad’ ante la imperiosa necesidad de mantener la armonía en un país colmado de tensiones sectarias. ‘Me piden que no ofenda los sentimientos religiosos de los musulmanes. Pero, ¿cuál es el sentido de la libertad de expresión si no se puede ofender a nadie?’
Desde los disturbios en Karnataka, Taslima Nasrin no sale de casa. Antes, se aventuraba a hacer algunos viajes discretos por los rincones de Nueva Delhi, donde podía oler los vapores bengalíes que tango le faltan. ‘Fui al mercado a comprar pescado en un restaurante bengalí. Pero me paré allí allí: nunca teatro o cine o exposiciones.’
Reclusa de facto, dedica su tiempo a leer, escribir, ver la televisión, comunicarse con el mundo exterior a través de Internet. Así, su editor francés le propuso borrar de su próximo libro que se publicará 31 de marzo en Flammarion algunas líneas, que al parecer consideraba demasiado incendiarias.
Era un episodio de su infancia en Bangladesh, donde había desafiado la autoridad de su madre insultando a Alá. Para su sorpresa, el sacrilegio no le granjeó el castigo prometido.
‘A los ocho años, me di cuenta que podía ofender a Alá sin que se me cayera la lengua, como me habían hecho creer.’ Así que el ateísmo se metió en ella. Después lo ha esgrimido con orgullo, como lo demuestran las pegatinas que adornan su biblioteca o su nevera (‘Beware of Dogma’).
También irá pronto a Australia, para asistir a una convención internacional del ateísmo, en Melbourne. La salida del territorio indio, lo sabe, puede ser peligroso. ‘Corro el riesgo de que me rechacen cuando vuelva, pero lo asumo’.
De todos modos, conoce su ‘impotencia’ frente a la lógica de los Estados. ‘La hora de mi derrota puede llegar en cualquier momento’.
DESAPARECIDAS

“Imagina que eres la mitad de una joven pareja que espera su primer hijo en un país pobre de rápido crecimiento. Formas parte de la nueva clase media, tus ingresos van en aumento; deseas una familia pequeña. Pero las costumbres tradicionales dominan a tu alrededor, especialmente en la preferencia por los hijos varones. Tal vez el trabajo físico siga siendo necesario para que la familia se mantenga. Tal vez sólo los hijos puedan heredar la tierra. Tal vez una hija está condenada a unirse a otra familia con el matrimonio y quieras que alguien cuide de ti cuando seas viejo. Quizá necesita una dote.
Ahora imagina que haces una ecografía: cuesta 12 dólares, pero puedes permitírtelo. El análisis dice que el niño no nacido es una niña. Preferirías un chico, el resto de la familia reclama uno. Nunca se te ocurriría matar a una niña, como hacen en las aldeas. Pero un aborto parece diferente. ¿Qué hacer?
Para millones de parejas, la respuesta es: abortar y buscar un hijo. En China y norte de la India nacen más de 120 niños por cada 100 niñas. La naturaleza dicta que nacen más varones que hembras para compensar la mayor susceptibilidad de los niños a las enfermedades infantiles. Pero nada a esta escala.
Para aquellos que se oponen al aborto, esto es asesinato en masa. Para los que, como esta revista, piensan que el aborto debe ser "seguro, legal y raro" (por usar la frase de Bill Clinton), depende de las circunstancias, pero el resultado acumulado en las sociedades de estas acciones individuales es catastrófico. China por sí sola tiene tantos hombres solteros jóvenes -"ramas desnudas", como se les conoce- como toda la población de hombres jóvenes de Estados Unidos. En cualquier país los hombres jóvenes y desarraigados pueden causar problemas; en sociedades asiáticas donde el matrimonio y los niños son las rutas reconocidas en la sociedad los hombres solteros son casi como fueras de la ley. Las tasas de criminalidad, el tráfico de esposas, la violencia sexual, e incluso las tasas de suicidio femenino van en aumento y se incrementarán cuando las generaciones descompensadas alcancen la madurez.
No es una exageración llamar a esto genocidio de género. Hay millones de mujeres desaparecidas: abortadas, asesinadas, abandonadas a la muerte. En 1990, el economista indio Amartya Sen dio la cifra de 100 millones; la cantidad es más alta ahora. La gota de consuelo es que los países pueden mitigar el daño, y que uno, Corea del Sur, ha demostrado que lo peor es evitable. Otros tienen que aprender de ello si se quiere detener esa carnicería.
La mayoría de la gente sabe que China y el norte de la India tienen un número de niños antinaturalmente grande. Pero pocos aprecian lo grave es el problema, o que va en aumento. En China, el desequilibrio entre los sexos era de 108 niños por cada 100 niñas de la generación nacida a finales de la década de 1980; en la generación de principios de la década de 2000, fue de 124 por cada 100 niñas. En algunas provincias de China la proporción alcanza 130 por cada 100. La destrucción es peor en China, pero se ha extendido mucho más allá. Otros países de Asia oriental, como Taiwán y Singapur, países ex comunistas en los Balcanes occidentales y el Cáucaso, e incluso sectores de la población de Estados Unidos (chino-estadounidenses y japoneses-estadounidenses, por ejemplo): todos ellos tienen proporciones sexuales distorsionadas. El feminicidio existe en casi todos los continentes. Afecta a ricos y pobres, educados y analfabetos, hindúes, musulmanes, confucianos y cristianos.
La riqueza no lo detiene. Taiwán y Singapur tienen economías ricas y abiertas. Dentro de China y la India, las zonas con las peores proporciones sexo son los las más ricas y mejor educadas. Y puede que la política china del hijo único sólo sea parte del problema, dado que se ven afectados muchos otros países.
De hecho, la destrucción de las niñas es producto de tres fuerzas: la antigua preferencia por los hijos varones, el deseo moderno de familias más pequeñas, y ecografías y otras tecnologías que identifican el sexo de un feto. En las sociedades donde tener cuatro o seis niños era común, era casi seguro que un niño casi llegara con el tiempo, la preferencia por los hijos no se producía a costa de las hijas. Pero ahora las parejas que desean tener dos hijos –o, como en China, se permite sólo uno- sacrifican a las hijas por nacer a su búsqueda de un hijo. Por eso las proporciones entre sexos están más distorsionadas en partes modernas y abiertas de China y la India. Y por eso también los coeficientes son más desiguales después del primer nacimiento: los padres pueden aceptar una hija la primera vez, pero hacen cualquier cosa para garantizar que su próximo -y probablemente último- es chico. En algunos lugares la relación chico-chica en el tercer hijo está por encima de 200.
Pero esto sucedió cuando Corea del Sur era rica. Si China o la India -con ingresos que representan una cuarta y un décima parte de los niveles de Corea- esperan hasta que son tan ricos, pasarán muchas generaciones Para acelerar el cambio necesitan decidir acciones que están en su propio interés. Lo más evidente: China debería desechar la política del hijo único. Los líderes del país se resisten porque temen el crecimiento de la población; también desdeñan las preocupaciones de Occidente sobre los derechos humanos. Sin embargo, el límite de un niño ya no es necesario para reducir la fertilidad (si alguna vez lo fue: otros países de Asia oriental han reducido la presión sobre la población tanto como China). Y distorsiona enormemente la proporción de sexos en el país con resultados devastadores. El Presidente Hu Jintao dice que la creación de "una sociedad armoniosa" es su principio rector; eso no pueden alcanzarse con una política que pervierte la vida familiar de un modo tan profundo.
Y todos los países necesitan elevar el valor de las niñas. Deberían fomentar la educación de la mujer; abolir las leyes y costumbres que impiden que las hijas hereden bienes, señalar los hospitales y clínicas que cuentan con proporciones imposibles entre los sexos, lograr que las mujeres participen en la vida pública, usando desde locutoras de la televisión a mujeres policías de tráfico.”
LIAO YIWU
1.
1.
El 1 de marzo, las autoridades chinas detuvieron al escritor Liao Yiwu, impidiéndole viajar a un Festival literario en Colonia. Philip Gourevitch ha escrito:
“El escritor chino Liao Yiwu es un best-seller en Alemania. Así que es absurdo que el gobierno chino imagine que puede impedir que se le escuche en ese país. Pero esta semana, las autoridades chinas han sacado a Liao de un avión en Chengdu, donde vive, cuando se disponía a volar a Colonia para asistir a un festival literario. Fue detenido e interrogado durante tres horas, y luego enviado a casa, donde permanece bajo arresto domiciliario.
Esta es una situación muy familiar para Liao, que entra y sale de la cárcel por su insistencia en hablar libremente y sin miedo por él y por muchos de sus compatriotas desde finales de la década de 1980, cuando fue encerrado durante cuatro años por recitar su poema ‘Masacre‘. En la cárcel, el desafío a la autoridad de Liao le valió infinitos golpes, y con ellos el respeto desconcertado de sus compañeros reclusos, que cariñosamente lo apodaron el Gran Idiota por su obstinada negativa a callarse. El año pasado, en el vigésimo aniversario de la masacre de Tiananmen, Liao escribió un artículo para la Paris Review, titulado ‘Nineteen Days‘, donde contaba cómo había pasado cada 4 de junio desde 1989. Pasó demasiados detenido o acosado por las autoridades.
Lejos de amordazar a Liao, la prisión ha producido parte de su mejor escritura. Desarrolló cierto afecto por los criminales con los que se encontraba en cautiverio, y después de su liberación, comenzó a realizar una serie de entrevistas con parias y fueras de la ley chinos: la clase de gente pobre, marginal y atada a la tradición que, según la doctrina maoísta, el comunismo ha erradicado. Sus colecciones de entrevistas eran increíblemente populares en China, hasta que los censores se enteraron y las suprimieron. Tuve la suerte de publicar las primeras en inglés, en la Paris Review; entre ellas estaba la obra maestra ‘The Public Toilet Manager‘ [El administrador del baño público], que tuve el honor de leer en voz alta en una lectura organizada por el PEN American Center en 2008 bajo el título: ‘Bringing Down the Great Firewall of China: Silenced Writers Speak’ [Derribando el gran firewall chino: hablan los escritores silenciados].
El año pasado, una espléndida colección de las entrevistas de Liao, traducido por Wen Huang, fue llevado a cabo por el Panteón, bajo el título ‘The Corpse Walker: Real-Life Stories, China from the Bottom Up‘. Es el libro que se convirtió en un éxito de ventas en Alemania . En una nota introductoria al volumen, escribí:
Liao Yiwu es muy original, pero parece una apuesta muy buena imaginar que escritores tan diversos como Mark Twain y Jack London, Nikolai Gogol y George Orwell, François Rabelais y Primo Levi lo habría reconocido instantáneamente como un hermano en espíritu y en letras. Es un maestro de ceremonias del circo humano, y su trabajo sirve como un recordatorio poderoso –tan vital y necesario en las sociedades abiertas arrulladas por sus libertades como en las sociedades cerradas donde contar historias verdaderas puede ser un delito- de que la historia de nuestra especie no queda inscrita solamente en los detentadores del poder visibles y ruidosos, sino también, y de manera acaso más elocuente, en los marginados, los ignorados, aquellos a los que nadie escucha.
La detención más reciente de Liao también nos recuerda eso. Cuando llegó a casa tras ser expulsado del avión e interrogado, envió un e-mail, diciendo:
Las palabras no pueden expresar mi indignación. Nunca me he considerado un disidente político. No tenía interés en la política o en la redacción de manifiestos políticos, pero mi amigo Liu Xiaobo tenía razón cuando dijo: ‘Para ganar y conservar su libertad y dignidad, no hay otro camino que luchar’.
Voy a seguir escribiendo, documentando y difundiendo los relatos de personas que viven en el último peldaño de la sociedad, a pesar de que mis historias no agradarán al Partido Comunista de China. Tengo la responsabilidad de hacer que la gente entienda el verdadero espíritu de los chinos, que durará más tiempo que el imperio del gobierno totalitario”.
2.
Aquí, una carta de Liao Yiwu a sus lectores alemanes.
EL ALMA DE FRANCIA

“Dos monumentos de París son tan llamativos que son difíciles de perder. Uno de ellos es la Torre Eiffel, por supuesto, el férrreo tour de force de la ingenieríaque se alza junto al Sena en el elegantísimo y espacioso oeste de la ciudad. Luego, hacia el norte, en la cima de Montmartre, está la basílica del Sacré-Cœur: una alta e inmaculadamente blanca Basílica católica que parece un decorado digitalizado y pre-Rafaelita de ‘El Señor de los Anillos’. En lo que la mayoría de visitantes -y de hecho la mayoría de los parisinos- no se detiene es que es que ambos monumentos se diseñaron y empezaron a construirse en la misma época, en las décadas de 1870 y 1880. Aún más sorprendente: La torre y la iglesia fueron concebidas como antagónicos símbolos nacionales durante épocas de conflictos culturales, religiosos y políticos que se prologaron en Francia durante décadas.
Frederick Brown cuenta la historia de esa época tumultuosa en ‘For the Soul of France’. Desde 1830, el momento histórico con que comienza, hasta 1905, su estación final, Francia pasó por no menos de cuatro constituciones diferentes, tres dinastías (los Borbones, los Orléans y los Bonaparte), dos repúblicas, tres revoluciones (1830, 1848 y 1870), un golpe de Estado que funcionó (Luis Napoleón Bonaparte en 1851) y dos que se quedaron en intentos (en 1877) o fantasía (en 1889), dos guerras civiles (la crisis de junio de 1848 y la Comuna en 1871), un desastrosa derrota frente a la Alemania naciente (1870) que condujo a la ocupación momentánea de más de un tercio del país, dos grandes escándalos financieros, en 1873 y 1892, que acabaron con gran parte del ahorro de la clase alta y la clase media, y, por último, un escándalo judicial al final del siglo (el caso Dreyfus) que impulsó una ley de largo alcance que desde el año 1905 promulga la separación de iglesia y estado.
El Brown no omite un solo episodio en este relato, ni tampoco se aleja de las escenas y los ángulos humanos que dan vida a la historia. Es autor de destacadas biografías de Émile Zola y Gustave Flaubert, y ‘For the Soul of France’ se beneficia de su larga inmersión en la vida y obra de estos dos grandes novelistas. La narración del Brown es vivaz y fluida, pero también controla con firmeza su crónica, con lo que aporta orden y perspectiva a una época a menudo caótica. (El historiador Theodore Zeldin, por el contrario, se asignó cinco volúmenes para cubrir el periodo 1848-1945 y aun así terminó concentrándose en temas amplios y olvidando por completo la cronología.)
El señor. Brown simplifica su tarea operando con un único principio de organización: La mayoría de los disturbios en Francia durante este período provenían de las batallas sobre la restauración de la Iglesia católica como institución principal de la sociedad francesa. Bajo el antiguo régimen, el país era considerado ‘la hija mayor’ de la iglesia y la legitimidad del rey francés se derivaba de ser ungido en la catedral de Reims, en una ceremonia con tintes bíblicos. La Revolución de finales del XVIII negaba tanto de la realeza como la iglesia. A principios del siglo XIX, Napoleón fusionó el Antiguo Régimen y la Revolución, en términos políticos y religiosos: Fundó una nueva monarquía compatible con la igualdad civil y el gobierno representativo, y restableció el catolicismo como la religión nacional, aunque también tomó medidas para la libertad religiosa.
La organización de Napoleón se mantuvo más o menos firme durante varias décadas, a pesar de las tensiones entre los sectores clericales y laicistas. Los católicos franceses en general no eran contrarios a la democracia y la ideas de la Ilustración, siempre y cuando se reconociera un estatuto especial a la iglesia. Pero con la elección en 1848 del Papa Pío IX, un teócrata dogmático (decretó la infalibilidad papal en 1869), los tradicionalistas de la iglesia comenzó a agitar a favor de la restauración del poder del Antiguo Régimen. En reacción, la militancia laica aumentó.
Los dos bandos no lograron reconciliarse cuando Francia se vio amenazada por la guerra con Prusia (protestante) en 1870, pero pronto siguieron acontecimientos terribles: la derrota, la ocupación parcial de Francia por el Imperio alemán de nuevo cuño y el breve dominio de París en la primavera 1871 por parte de la izquierdista Comuna, al que siguió la masacre a manos de las tropas gubernamentales. ‘Miles de personas fueron sometidas a juicios sumarios y llevadas ante el pelotón de ejecución’.se había dado la justicia sumaria y ante los pelotones de ejecución’, escribe el Brown. ‘La sangre corría por las alcantarillas, y teñía el Sena de Rojo.
Los católicos interpretaron los desastrosos acontecimientos de 1870 y 1871 como una señal de que Francia se había alejado demasiado de sus raíces religiosas. ‘Un turista observador habría encontrado pruebas suficientes para apoyar la opinión de que Dios parecía más feliz en Francia a principios de la década de 1870 de lo que había sido durante algún tiempo’, dice Brown, que señala que ‘muchos jóvenes tomaron las órdenes sagradas después de la guerra’. Los laicistas insistían en que Francia iba a traicionar lo mejor de sí misma si no se mantenía leal a los pensadores de la Ilustración, que habían engendrado la República, pero los clericales de la línea dura creían que Francia sólo podría recuperarse a través de la gracia divina, que se concedería si expiaba sus pecados.

Durante un tiempo, parecía que los ultra-conservadores podían vencer por medios democráticos: aunque eran en buena parte monárquicos, ganaron la mayoría en la Asamblea Nacional, que en 1873 autorizó la construcción de la basílica del santuario del Sacré-Cœur como símbolo nacional de arrepentimiento. Se introdujo régimen reaccionario conocido como L’Ordre Moral (‘el orden moral’). Luego las cosas se pusieron amargas para la masa clerical. Había demasiados pretendientes al trono de Francia, y el más legítimo de ellos, el Conde de Chambord, un Borbón, estaba muy alejado del estado de ánimo del país. Propuso, por ejemplo, reemplazar la bandera tricolor nacional con la blanca del Antiguo Régimen. Quizá no fuera una sorpresa que los republicanos laicista llegaran al poder en dos elecciones sucesivas nacional en 1877. Pronto se ordenaron una respuesta de la Basílica del Sacré-Cœur en la ciudad de París: una torre diseñada por el ingeniero Gustave Eiffel, que sería un símbolo de modernidad y progreso para el centenario de la Revolución de 1789.

Con la marea de la historia en su costra, la mentalidad clerical recurrió a apuestas extravagantes para obtener poder e influencia. Un golpe de Estado mal concebido en 1889 terminó antes de comenzar, cuando su presunto líder, el reaccionario general francés Georges Boulanger, huyó a Bélgica. A mediados de la década de 1890, los clericales, con la esperanza de conseguir el apoyo del público para la Iglesia, lanzaron una campaña antisemita. Brown describe hábilmente cómo un afectado desprecio teológico y social hacia el judaísmo se transformó en un odio desenfrenado a los judíos.
La cruzada culminó en lo que se denominaría el caso Dreyfus. Un oficial del ejército francés llamado Alfred Dreyfus fue declarado culpable en 1894 de traición por pasar secretos a Alemania, aunque su único delito era ser judío en la Francia de finales del siglo XIX. El asunto se prolongó durante años, con un nuevo juicio, en 1899- en gran medida gracias al apoyo de Zola- a Dreyfus, que finalmente fue restaurado como oficial francés en 1906. El lamentable episodio ciertamente no se tradujo en el abandono del antisemitismo francés, pero sus defensores clericales -y su más amplia esperanza del regreso de una Francia monárquica y opuesta a la ilustración- quedaron desacreditados.

A veces, es cierto, uno desearía que Brown habiera proporcionado un contexto comparativo más amplio. Podría haber contrastado las erupciones del catolicismo francés reaccionarias Del siglo XIX con, por ejemplo, la política más progresista de los católicos en Bélgica, Alemania e Italia. ¿Y qué decir acerca de la facción dentro de la iglesia francesa que denunció su antiliberalismo y el antisemitismo? Los disidentes existían y fueron poco a poco dominando el catolicismo francés en el siglo XX. Sin embargo, ‘The Soul of France’ ofrece una gran cantidad de instrucción y muchos placeres narrativos (incluso para un lector francés). Después de leerlo, los visitantes de la Ciudad de la Luz, y los propios parisinos, no podrán mirar la Torre Eiffel y la Basílica del Sacré-Coeur del mismo modo”.
En la imagen, el conservatorio parisino en el siglo XIX, el Sacré Coeur, la Torre Eiffel, Dreyfus.
ORLANDO ZAPATA

El disidente cubano Orlando Zapata Tamayo ha muerto en prisión tras 85 días en huelga de hambre.
Zapata, de 42 años, se declaró en huelga de hambre el pasado 3 de diciembre en el penal de Kilo 8, en Camagüey, para protestar por la violación de sus derechos como preso. Ha fallecido este martes en un hospital de La Habana.
Zapata estaba preso desde la primavera de 2003 por sus actividades de oposición al régimen. Según El País, lo sentenciaron inicialmente a tres años de prisión por “desacato, desorden público y desobediencia”. Más tarde, le añadieron nuevas condenas que sumaban varias décadas en la cárcel.
Yoani Sánchez ha colgado el testimonio de la madre de Orlando Zapata.
NORMAS
1.
Elmore Leonard propuso estas 10 famosas normas para escribir ficción:
1. Nunca empieces un libro hablando del clima.
Si solo te sirve para crear atmósfera y no es una reacción del personaje al clima, no debes usarlo demasiado. El lector buscará las reacciones del personaje. Hay algunas excepciones, claro. Si te llamas Barry Lopez y conoces más maneras de describir el hielo y la nieve que un esquimal, puedes hablar del clima tanto como te dé la gana.
2. Evita los prólogos.
Pueden resultar molestos, especialmente un prólogo después de una introducción que viene antes de la dedicatoria. Pero en no ficción son muy habituales. En una novela, el prólogo cuenta los antecedentes de la historia, pero no hace falta contarlos al principio, puedes ponerlos donde quieras.
Siempre hay excepciones, claro. ’Dulce jueves’ de John Steinbeck tiene prólogo, pero me parece bien porque es un personaje del libro que deja claras las reglas, que nos explica cómo le gusta que le cuenten las cosas. Lo que hace Steinbeck en ’Dulce jueves’
es titular los capítulos a modo de indicación, aunque algo oscura, de lo que tratan. Hay dos capítulos que titula ‘hooptedoodle’ (palabrería) en los que avisa al lector: ‘Aquí haré vuelos espectaculares con mi escritura, y no se entremezclará con
la historia. Sáltatelos si quieres’.
’Dulce jueves’ se publicó en 1954, cuando yo empezaba a publicar, y nunca olvidaré el prólogo. ¿Leí los capítulos hooptedoodle? Cada palabra.
3. No uses más que el verbo ‘decir’ en el diálogo.
La frase, en el diálogo, pertenece al personaje. El verbo viene a ser el escritor husmeando donde no debería. El verbo ‘decir’ es bastante menos intrusivo que’gruñir’, ‘exclamar’, ‘preguntar’, ‘interrogar’... Una vez leí un ‘ella aseveró’ al final de una frase de un personaje de Mary McCarthy y tuve que parar de leer para buscarlo el diccionario.
4. Nunca uses un adverbio para modificar el verbo ‘decir’.
Usar un adverbio de esta manera (o de casi cualquier manera) es un pecado mortal. El escritor se expone a interrumpir el ritmo de intercambio cuando usa este tipo de palabras. Un personaje cuenta en uno de mis libros cómo solía escribir novelas históricas ‘llenas de violaciones y adverbios’.
5. Controla los signos de exclamación.
Se permiten alrededor de dos o tres exclamaciones por cada 100.000 palabras en prosa. Si tienes el don de Tom Wolfe con ellas, puedes usarlas profusamente.
6. Nunca uses palabras como ‘de repente’ o ‘de pronto’.
Esta regla no requiere ninguna explicación. Me he dado cuenta de que los escritores que usan expresiones como ‘de repente’ suelen tener menos control sobre sus signos de exclamación.
7. Usa términos dialectales muy de vez en cuando.
Si empiezas a llenar la página de diálogo ininteligible, no podrás parar. Observa cómo capta Annie Proulx el sabor del habla de Wyoming.
8. Evita las descripciones demasiado detalladas de los personajes.
Steinbeck las hacía. Pero en ’Colinas como elefantes blancos’, Hemingway usa una única descripción para el personaje de la mujer que acompaña al americano: ‘Se quitó el sombrero y lo dejó en la mesa’. Es la única referencia física en la historia, pero aun así vemos a la pareja y sabemos de ellos por su tono de voz... sin adverbios que los acompañen.
9. No entres en demasiados detalles al describir lugares y cosas.
Si no eres Margaret Atwood, que pinta escenas con el lenguaje o no puedes describir el paisaje como lo hace Jim Harrison, no lo hagas. Incluso si estás dotado para las descripciones, ten en cuenta que el meollo de la historia debe ser la acción, no la descripción.
10. Trata de eliminar todo aquello que el lector tiende a saltarse.
Esta regla se me ocurrió en 1983. Piensa en lo que te saltas cuando lees una novela: largos párrafos de prosa con demasiadas palabras. ¿Qué está haciendo el escritor? Hablar del tiempo, o ha entrado en la mente del personaje y el lector o bien sabe qué es lo que piensa el personaje, o bien no le importa. Me apuesto lo que sea a que no te saltas el diálogo.
Mi regla más importante es una que las engloba a las diez. Si suena como lenguaje escrito, lo vuelvo a escribir. Si la gramática se inmiscuye en la historia, la abandono. No puedo permitir que lo que aprendí en clase de redacción altere el sonido y el ritmo de la narración. Es mi intento de permanecer invisible, no distraer al lector de lo que es escritura obvia (Joseph Conrad habló una vez de las palabras que se inmiscuyen en lo que quieres contar). Si escribo una escena, siempre desde el punto de vista de un personaje (el que me da la mejor visión de la vida en esa escena en particular) puedo concentrarme en las voces de los personajes contando quiénes son y cómo se sienten, qué ven y qué sucede. Así es como desaparezco de la escena”.
Aquí, varios escritores proponen las suyas. Richard Ford, por ejemplo, dice: “No tengas hijos”. Colm Tóibín: “No vayas a Londres”. Zadie Smith recomienda: “No escribas en un ordenador que esté conectado a internet”.
2.
HITCHENS Y LOS JUEGOS

Christopher Hitchens ha escrito:
“Y ahora una revista deportiva: en Angola a principios de enero un grupo de tiradores rocía el autobús que transporta a la selección nacional de fútbol de Togo, matando a tres personas en el proceso, y un grupo terrorista local anuncia que mientras la Copa África se juegue en suelo angoleño se producirán homicidios. Los Estados miembros de la Comunidad de Desarrollo del África Austral (SADC) que tienen la tarea ser de anfitriones de la Copa de Naciones y el Mundial de fútbol en Ciudad del Cabo este verano están sumidos en el desorden y la confusión, como consecuencia de la disputa entre Angola y Congo sobre los aspectos de ‘seguridad’ en este acontecimiento supuestamente prestigioso.
En mi escritorio hay un ensayo del brillante académico sudafricano R.Wñ Johnson, que describe las olas de resentimiento y los trastornos que avanzan por la hermosa Ciudad del Cabo mientras se acerca el inicio de la Copa del Mundo. Los excesos de coste y la corrupción, el cierre de escuelas para dar cabida a un nuevo estadio construido a toda prisa, la animosidad violenta entre taxistas y trabajadores del transporte, los conflictos constantes sobre los apaños de ‘empate’ para las eliminatorias, las acusaciones de soborno de árbitros... Nada está a salvo. (¿Por cierto, no hay algo grandioso y patético al mismo tiempo en las palabras ‘Copa del Mundo’? No se diferencia de la expresión micromegalómana ‘Serie Mundial’, que designa un juego que solo un puñado de países se molesta en jugar.)
Mi periódico de esta mañana tiene la noticia de otro momento desagradable en las relaciones indo-paquistaníes: legisladores paquistaníes han cancelado una visita propuesta de la India, después de que la liga del vecino más grande no pujara por ninguno de los 11 jugadores de cricket paquistaníes que había se habían ofrecido.
Mientras tanto, el agradable, acogedor y ecuánime Canadá, a punto de ser el anfitrión de los Juegos Olímpicos de Invierno de Vancouver, es ahora objeto de un torrente de denuncias de las autoridades deportivas británicas y estadounidenses, que dicen a que sus atletas se les niega el pleno acceso a la sede de pistas de esquí y de patinaje. La familiaridad con ellas es importante en la formación y el entrenamiento, pero los canadienses están, evidentemente, decididos a proteger la ventaja del que juega en casa. Según un informe publicado en The New York Times, la pista de esquí alpino de Whistler fue el escenario de una imagen sorprendente, ya que ‘varios aspirantes a la medalla se quedaron mirando desde la valla mientras el equipo canadiense entrenaba. Todo el mundo presionaba para conseguir el descenso’, dijo Max Gartner, director de deportes alpinos de Canadá.’Esa es una ventaja que no se puede regalar ‘. Nah nah nah nah nah, son nuestras montañas y no se puede esquiar en ellas, o no hasta que hayamos sacado ventaja. ‘Somos el único país que ha acogido dos Juegos Olímpicos [1976, en Montreal y Calgary en 1988] y nunca ha ganado una medalla de oro en nuestros juegos’, se quejó Cathy Priestner Allinger, vicepresidenta ejecutiva del Comité Organizador de Vancouver. ‘No es un récord del que estemos orgullosos’. Pero, en cambio, echar a los huéspedes a codazos: de eso sí que se puede estar orgulloso.
No tuve que buscar mucho para encontrar el apunte que yo sabía que iba a hacerse sobre esta conducta maliciosa, mezquina. Un comentario que sonaba herido de Ron Rossi, que es director ejecutivo de algo relacionado con la nieve llamado USA Luge, hablaba con maltrechos tonos de un supuesto ‘pacto entre caballeros’ que se remonta a Lake Placid en 1980, y dijo de la solapada táctica de Canadá: ‘Creo que muestra una falta de deportividad ‘.
Al contrario, señor Rossi, lo que estamos viendo es la esencia misma del deporte. Ya se trate de la exacerbación de las rivalidades nacionales que quieras -como en África este año- o la exposición de los rasgos más deprimentes de la personalidad humana (armas de fuego en los vestuarios, palos de golf empleados en el hogar, los perros mutilados y torturados en las casas de las estrellas para hacerlos pelear, drogas y esteroides en todas partes), solo tienes que mirar el amplio mundo de los deportes para encontrar los ejemplos más variados y evidentes. Como George Orwell escribió en su ensayo de 1945 ‘El espíritu deportivo’, tras otro brote de caos y chovinismo en el campo del fútbol internacional, ‘el deporte es una causa indefectible de mala voluntad’. Seguía:
Siempre me asombro cuando oigo a la gente decir que el deporte crea buena voluntad entre las naciones, y que, si los pueblos del mundo pudieran enfrentarse en el fútbol o el cricket, no sentirían ninguna inclinación a reunirse en el campo de batalla. Incluso aunque uno no conociera por ejemplos concretos (los Juegos Olímpicos de 1936, por ejemplo) que los concursos deportivos internacionales conducen a orgías de odio, podría deducirlo a partir de principios generales.
Un poco fuerte, podría decirse. Pero ¿qué pasa con la guerra fronteriza entre El Salvador y Honduras en 1969, cuando la violencia desatada por un partido de fútbol disputado escaló hasta un bombardeo aéreo? En Jartum, recientemente, un partido de fútbol entre Egipto y Argelia llevó a la violencia generalizada, un brusco intercambio de notas diplomáticas, un discurso sobre el ofendido el honor nacional del presidente Hosni Mubarak, el odio histérico bombeado en los medios de comunicación estatales, y un extenso deterioro de lo que se podría llamar civilidad. ¡Y esto entre dos miembros de la Liga Árabe! Por cierto, la observación se hace cargo de la excusa que a veces se ofrece: que si los países rivales limitaran sus enfrentamientos al ámbito deportivo, la disputa entre ellos se liquidará indirectamente. Antes del partido en Jartum, Egipto y Argelia no tenían ninguna disputa diplomática. Después del juego, gente perfectamente seria decía en El Cairo que la atmósfera se parecía a la que había después de la derrota del país en la guerra de junio de 1967... En el caso de India-Pakistán, la situación es casi la inversa: las relaciones entre los dos países han sido bastante venenosas durante décadas, pero no hay duda de que el desaire del cricket ha convertido casi sin esfuerzo una muy mala situación en otra aún peor.
Sí, sí, conozco Invictus y soy un poco amigo y gran admirador del autor del libro original. Pero fue el uso de rugby y otros cultos deportivos para reforzar y ejemplificar el apartheid lo que había creado el problema en primer lugar. Y ningún observador con los ojos abiertos de la escena sudafricana cree que el momento Invictus fuera más que una breve pausa en la disminución constante de la amistad entre los grupos étnicos del país: un declive que tiene mucho que ver con las rivalidades deportivas e idiotas fidelidades y costumbres de las que dependen esas lealtades. Así que ahí hay algo tan tóxico que está incluso a prueba de Mandela. (Supongo que la gente que voluntariamente se describe como ‘fan’ es consciente de la etimología del término, pero considera que no es ningún insulto.)
No he terminado. Nuestro propio discurso político, ya bastante vaciado, ha sido degradado por la continua importación de metáforas ‘deportivas’: expresiones pobres e insípidas y alegres como ‘fuera de juego’, ‘línea de gol’, y otras tonterías. Esto es ya bastante duro para los ojos y los oídos -y hay algunos dibujantes parecen incapaces de hcer nada sin ello-, pero también aumenta la tendencia deplorable a mirar el sistema de partidos como una cuestión de lealtad de equipo, que es la forma más trivial y paleta que el vínculo puede tomar. Mientras tanto, el chanchullo del patrocinio significa que una sarta de ladrones y mediocres son regularmente comercializados y presentados como ‘modelos de conducta’, y se considera normal que la programación seria sea pospuesta o incluso interrumpida si un juego aburrido entra en (las palabras son como un redoble) la prórroga.
No puedo contar el número de veces que he cogido el periódico en un momento de crisis y encontrado regiones enteras de la primera página dedicadas tanto a los resultados ya conocidos de un juego aburrido, o a la depredación moral o criminal de algún consumidor de esteroides excesivamente bien pagado. Escucha: el periódico tiene una sección separada dedicada a toda la gente que quiere degradar el acto de leer al mirar con entusiasmo los resultados de los eventos deportivos que tuvieron lugar el día anterior. Estos consumidores ávidos también tienen toneladas de canales especializados y publicaciones que están cuidadosamente moldeados a sus necesidades especiales. Todo lo que pido es que se mantengan fuera de los periódicos destinados a personas adultas.
O imagina esto: me siento en un bar o restaurante y de pronto salto, el rostro contraído de placer o pena, gritando y gesticulando y mirando como si luchara contra abejas. Yo esperaría que el maître pronunciara al menos una palabra de sosiego, que mencionase la presencia de otras personas. Pero entonces todo lo que necesito hacer es pronunciar algún conjuro tonto -’Steels’, por ejemplo, o incluso ‘Cubs’- y todo el mundo decide que soy un caso especial que merece que le traten de forma consoladora. O que me otorguen un amplio espacio: ¿alguna vez te has visto envuelto en una pelea por un partido que ni siquiera sabías que se estaba jugando? ¿O has visto los rostros patéticos de unos hombres, e incluso algunas mujeres, tratando de mantener el paso con la manada al profesar una devota lealtad a otra manada que aparece en la pantalla? Si quieres una metáfora deportiva decente que funcione tanto para los aficionados como para los jugadores, intenta escoger una de los escándalos más recientes. El aspecto –y el habla- de todos los implicados apunta a que sufren una conmoción cerebral.
¡Espera! ¿Alguna vez has tenido una discusión sobre la educación superior que no estuviera contaminada con balbuceos sobre el equipo de la universidad y las increíbles instalaciones del campus para el culto de la guerra atlética? ¿Has visto cómo la señal de un mal instituto que se acerca a su momento Columbine es que los atletas dirigen el centro? ¿Te preocupas cuando generales retirados aparecen en la pantalla y hablan neciamente sobre ‘touchdowns’ en Afganistán? Por una especie de ley de Gresham, el énfasis en el deporte tiene un efecto de reducir constantemente el mínimo denominador común, en su propio campo y en todos los que permiten que los infecte.
Aunque yo no creía que la historia perteneciera a la sección de noticias, hoy me he enterado de que no hay nieve suficiente para el festival tan financiado de Vancouver, y traerán algunas cosas blancas desde el norte. Al menos ese puede ser un momento que resulte interesante observar (los haitianos, en particular, seguro que estarán encantados de verlo). Mientras tanto, al igual que millones de otras personas a las que el asunto no les importa, no podré escapar del pulverizador aburrimiento del propio acontecimiento. El calentamiento global nunca pareció una perspectiva más atractiva. Que no nieve, que no nieve, que no nieve.”
EL ESPÍRITU DEPORTIVO

George Orwell escribió en 1945:
“Ahora que ha terminado la breve visita del equipo de fútbol Dinamo, se puede decir públicamente lo que muchos pensaban o decían en privado antes de que llegara. Es decir, que el deporte es una causa indefectible de mala voluntad, y que si esa visita tuviera algún efecto sobre las relaciones anglo-soviéticas, solo podría ser para que estas anduvieran un poco peor que antes.
Ni siquiera los periódicos han podido ocultar el hecho de que al menos dos de los cuatro partidos jugados crearon muchos sentimientos negativos. En el partido del Arsenal, me ha dicho alguien que estuvo allí, un británico y un jugador de Rusia llegaron a las manos y la multitud abucheó al árbitro. El partido de Glasgow, alguien me informa, fue simplemente un acontecimiento sin reglas desde el principio. Y luego estaba la polémica, típica de nuestra época nacionalista, sobre la composición del equipo del Arsenal. ¿Era realmente un equipo de toda Inglaterra, como afirman los rusos, o solo un equipo de la liga, como afirma los británicos? ¿Y los Dinamos pusieron fin a su gira bruscamente para evitar jugar contra un equipo de toda Inglaterra? Como de costumbre, todo el mundo responde a estos interrogantes según sus preferencias políticas. No todos, sin embargo. He observado con interés, como un ejemplo de las pasiones feroces que provoca el fútbol, que el corresponsal deportivo del rusófilo News Chronicle adoptó la línea anti-rusa y mantenía que el Arsenal no era una selección de Inglaterra. Sin duda, la controversia continuará resonando durante años en las notas a pie de página de los libros de historia. Mientras tanto, el resultado de la gira del Dynamo, en la medida en que ha tenido algún resultado, habrá sido crear nueva animosidad en ambos partes.
¿Y cómo podía ser de otra manera? Siempre me asombro cuando oigo a la gente decir que el deporte crea buena voluntad entre las naciones, y que, si los pueblos del mundo pudieran enfrentarse en el fútbol o el cricket, no sentirían ninguna inclinación a reunirse en el campo de batalla. Incluso aunque uno no conociera por ejemplos concretos (los Juegos Olímpicos de 1936, por ejemplo) que los concursos deportivos internacionales conducen a orgías de odio, podría deducirlo a partir de principios generales.
Casi todos los deportes que se practican hoy en día son competitivos. Juegas a ganar, y el juego tiene muy poco significado a menos que hagas todo lo posible para ganar. En el campo de tu pueblo, donde eliges a tus compañeros y no aparece ningún sentimiento de patriotismo local, es posible jugar simplemente por diversión y ejercicio, pero tan pronto como se plantea la cuestión del prestigio, tan pronto como sientes que tú y una unidad más grande a la que perteneces sufrirá una deshonra si pierdes, se despiertan los instintos más salvajes del combate. Lo sabe cualquiera que haya jugado un partido de fútbol en la escuela. A alto nivel internacional el deporte es, francamente, una imitación de la guerra. Pero lo importante no es el comportamiento de los jugadores, sino la actitud de los espectadores, y, detrás de los espectadores, de los países que se convierten en furias por estas competiciones absurdas, y creen sinceramente –en todo caso durante un breve periodo de tiempo- que correr, saltar y dar patadas son pruebas de virtudes nacionales.
Incluso un juego pausado como el cricket, que exige más gracia que resistencia, puede causar mucha mala voluntad, como vimos en la controversia sobre la postura del cuerpo al lanzar y la táctica áspera del equipo australiano que viajó a Inglaterra en 1921. El fútbol, un deporte en el todo el mundo se hace daño y en el que cada nación tiene su propio estilo de juego que a los extranjeros les parece injusto, es mucho peor. El peor de todo es el boxeo. Uno de los lugares más horribles del mundo es un combate entre púgiles blancos y negros ante un público mixto. Pero el público del boxeo es siempre repugnante, y el comportamiento de las mujeres, en particular, es tal que el ejército, creo, no les permiten asistir a sus competiciones. En cualquier caso, hace dos o tres años, cuando la Home Guard y las tropas regulares tenían un torneo de boxeo, me pusieron a hacer guardia a la puerta de la sala, con órdenes de mantener a las mujeres fuera.
En Inglaterra, la obsesión con el deporte es bastante mala, pero pasiones aún más feroces se despiertan en países pequeños, donde los juegos y el nacionalismo son productos recientes. En países como la India o Birmania, en los partidos de fútbol se necesitan fuertes cordones policiales para impedir que la multitud invada el campo. En Birmania, he visto a los partidarios de un lado superar a la policía e inutilizar al portero del equipo contrario en un momento crítico. El primer partido de fútbol importante que se jugó en España hace unos quince años condujo a una revuelta incontrolable. En cuanto se despiertan fuertes sentimientos de rivalidad, la idea de jugar de acuerdo a las normas siempre se desvanece. La gente quiere ver a un lado en la parte superior y al otro humillado, y se olvidan de que la victoria obtenida a través del engaño o mediante la intervención de la masa carece de sentido. Incluso cuando los espectadores no intervienen físicamente tratan de influir en el juego dando vivas a su propio lado y "ensordeciendo" a los jugadores contrarios con abucheos e insultos. El deporte serio no tiene nada que ver con el juego limpio. Está vinculado al odio, los celos, la jactancia, el desprecio de todas las reglas y el placer sádico de ser testigo de la violencia: en otras palabras, es la guerra sin los tiros.
En vez de parlotear sobre la rivalidad limpia y saludable del campo de fútbol y el gran papel desempeñado por los Juegos Olímpicos para unir a las naciones, es más útil averiguar cómo y por qué surgió este moderno culto moderno al deporte. La mayoría de los juegos que se juegan ahora son de origen antiguo, pero el deporte no parece que se haya tomado muy en serio entre la época romana y el siglo XIX. Incluso en las public school inglesas el culto a los juegos no se inició hasta finales del siglo pasado. El doctor Arnold, generalmente considerado como el fundador de la escuela pública moderna, consideraba los juegos una pérdida de tiempo. Luego, sobre todo en Inglaterra y los Estados Unidos, los juegos se convirtieron en una actividad fuertemente financiada, capaz de atraer grandes multitudes y despertar pasiones salvajes, y la infección se propagó de un país a otro. Los deportes más violentamente combativos, el fútbol y el boxeo, son los que más se han extendido. No puede haber muchas dudas de que todo está ligado al auge del nacionalismo -es decir, al lunático hábito moderno de identificarse con unidades de poder más grandes y verlo todo en términos de prestigio competitivo. Además, los juegos organizados son más propensos a florecer en las comunidades urbanas, donde el ser humano medio vive una vida sedentaria o por lo menos físicamente restringida, y no recibe muchas oportunidades de trabajo creativo. En una comunidad rústica un niño o joven se libra de buena parte de su excedente de energía al caminar, nadar, hacer bolas de nieve, subir a los árboles, montar a caballo, y a través de varios deportes que implican crueldad hacia los animales, como la pesca, peleas de gallos y cazar ratas con hurones. En una gran ciudad debe realizar actividades de grupo, si quiere dar una salida a su fuerza física o a sus impulsos sádicos. Los juegos se toman en serio en Londres y Nueva York, y se tomaban en serio en Roma y en Bizancio: se jugaron en la Edad Media, y probablemente con mucha brutalidad física, pero no se mezclaban con la política ni la causa de odios de grupo.
Si quieres añadir más al vasto fondo de la mala voluntad existente en el mundo en este momento, no se podría hacer nada mejor que organizar una serie de partidos de fútbol entre judíos y árabes, alemanes y checos, indios y británicos, rusos y polacos, italianos y yugoslavos, y que cada partido fuera visto por un variado público de 100.000 espectadores. Por supuesto, no sugiero que el deporte sea una de las principales causas de la rivalidad internacional; el deporte a gran escala es en sí, creo, solamente otro efecto de las causas que han producido el nacionalismo. Sin embargo, empeorarás las cosas enviando un equipo de once hombres, etiquetados como campeones nacionales, para luchar contra algún equipo rival, y permitiendo que todas las partes sientan que la nación que pierda ‘perderá la cara’.
Espero, por tanto, que la visita de los Dinamos no sea seguida del envío de un equipo británico a la URSS. Si tenemos que hacerlo, mandemos un equipo de segunda fila, que vaya a perder sin duda y no pueda representar a Gran Bretaña como un todo. Ya hay bastantes causas reales de problemas, y no necesitamos aumentarlas animando a los jóvenes a patearse las espinillas bajo los rugidos de espectadores furiosos”.
HERTA MÜLLER PROPONE A LIU XIAOBO PARA EL NOBEL DE LA PAZ

Herta Müller ha escrito esta carta a la Fundación Nobel:
“The Nobel Foundation
Marcus Storch
P.O. Box 5232
10245 Stockholm
Estimado Sr. Storch:
¿Ya han pasado dos meses desde la semana Nobel en diciembre? Sin embargo, le deseo lo mejor para el año 2010. Espero verle pronto en Berlín.
Tengo una petición urgente para usted. Como sabe, Václav Havel propuso al escritor chino Liu Xiaobo para el Premio Nobel de la Paz 2010. Liu Xiaobo ha sido presidente de la asociación de escritores chinos independientes PEN desde 2003 y es uno de los impulsores de la Carta 08, que exige una sociedad democrática, siguiendo los pasos de la Carta 77 en Checoslovaquia.
Desde hace años, Liu Xiaobo lucha por la aplicación de los derechos humanos en China, con todos los riesgos que esto conlleva. Ha cumplido numerosas penas de prisión. Otros signatarios de la Carta 08 fueron encarcelados junto con él. "Reporteros Sin Fronteras" ha nombrado a Zhang Zhuhua en Pekín, Chen Xi, Shen Youlin y Du Heping.
En 2008 fue encarcelado en la víspera del 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En este día de celebración de los derechos humanos se hizo pública la Carta 08. El 24 de diciembre de 2009, Liu Xiaobo fue condenado a 11 años de prisión por su compromiso político.
Yo también creo que Liu Xiaobo merece el Premio Nobel de la Paz porque, frente a las innumerables amenazas del régimen chino y con gran riesgo para su vida, ha luchado sin cesar a favor de la libertad individual.
Estimado Marcus Storch, sé que como Premio Nobel de Literatura no estoy autorizada a designar candidatos para el Premio Nobel de Paz. Pero le escribo para pedirle que transmita a Noruega mi apoyo a Liu Xiaobo.
Con mis mejores deseos,
Herta Müller."
HITCHENS SOBRE COREA DEL NORTE
“Cuando visité Corea del Norte hace unos años, tuve la suerte de tener ‘cuidador’ bastante cordial, a quien voy a llamar Sr. Chae. Me guió pacientemente por todo el país arruinado y hambriento, explicando las cosas por medio de una especie de mecanismo de negación y sin que jamás pareciese que perdía el interés por los monumentos gigantescos líder sectario más histérico y operístico del mundo. Una tarde, mientras intentábamos comer unos trozos de pato cartilaginoso, mencionó otra razón por la que no debía retrasarse el día en que toda la península se unificara bajo el brillante gobierno del Querido Líder. El pueblo de Corea del Sur, señaló, se estaban haciendo mestizo. Se casaron con extranjeros –incluso soldados negros estadounidenses, o eso había oído, con evidente repugnancia- y estaban perdiendo su pureza y distinción. El Sr. Chae no estaba a favor del encanto del mosaico étnico, sino más bien una uniformidad rígida y sin mácula.
Me llamó la atención la naturalidad con la que dijo esto, como si diera por sentado que me parecería indiscutible. Y me pregunté brevemente si esta forma de totalitarismo, también (porque no hay nada más ‘total’ que el nacionalismo racista), formaba parte de lo que el estado de Corea del Norte vende a sus súbditos. Pero yo estaba preocupado, al igual que la mayoría de los pocos visitantes del país, por las formas más imponentes y exóticas del totalitarismo que se ofrecían: por los gigantescos mausoleos y desfiles que parecían fundir el estalinismo clásico con una forma retorcida del carácter reverencial y patriarcal del confucianismo.
En su Dieciocho Brumario, Karl Marx escribió que los que tratan de dominar un nuevo idioma siempre empiezan retraduciéndolo a la lengua que ya saben. Y me limitaba (y hacía un flaco favor a mis lectores) al uso de la imaginería preexistente del estalinismo y la deferencia oriental. Hace poco me he puesto los bifocales que presta BR Myers en su nuevo y electrizante libro The Cleanest Race: How North Koreans See Themselves and Why It Matters y entiendo ahora que vi la imagen al revés o de adentro hacia afuera. La idea del comunismo ha muerto en Corea del Norte, y su más reciente ‘Constitución’, ‘ratificada’ en abril pasado, ha desechado toda mención de la palabra. Las analogías con el confucianismo son simplistas, y los paralelos que se pueden establecer con él son elementos que el régimen destina solamente al consumo de los forasteros. Myers argumenta de forma convincente que deberíamos considerar el régimen de Kim Jong-il como un fenómeno de la derecha muy extrema y patológica. Se basa en la totalitaria movilización ‘lo militar primero’, se mantiene por el trabajo esclavista, e inculca una ideología de racismo y xenofobia.
Estas conclusiones, en un libro escrito y argüido con elegancia, llevan a la implicación preocupante de que la propaganda del régimen en realidad puede decir exactamente lo que dice, que a su vez significaría que la paz y las negociaciones de desarme con él son una pérdida de tiempo, y quizás incluso peligrosa.
Considera lo siguiente: incluso en la época del comunismo, había informes del bloque oriental y diplomáticos de Cuba sobre el carácter paranoico del régimen (que no tenía el concepto de la disuasión y decía a su propio pueblo que había firmado el Tratado de No Proliferación de mala fe) y también acerca de su intenso odio contra los extranjeros. Un diplomático cubano negro estuvo a punto de ser linchado cuando intentaba mostrar a su familia las vistas de Pyongyang. Las mujeres de Corea del Norte que regresan embarazadas de China -principal aliado y protector del régimen- son obligadas a someterse a abortos. Carteles en las paredes y banderas que representan a todos los japoneses como bárbaros sólo son igualados por la forma en que los estadounidenses aparecen caricaturizados como monstruos de nariz aguileña. (Las ilustraciones de este libro son una educación en sí mismas.) Los Estados Unidos y sus socios constituyen una ayuda para el enorme déficit en la producción alimentaria de Corea del Norte, pero no hay un atisbo de reconocimiento de eso por parte las autoridades, que cuentan a sus súbditos cautivos que las bolsas de grano con las Barras y Estrellas son un tributo pagado por una América asustada al Querido Líder.
Myers también señala que muchos de los lemas empleados por el estado de Corea del Norte son tomados directamente -realmente cuenta como una especie de ironía- de la ideología del imperialismo japonés kamikaze. A cada niño se le habla todos los días de la maravillosa posibilidad de muerte por inmolación en el servicio de la patria y se le enseña a no temer la idea de la guerra, ni siquiera una nuclear.
El régimen no puede gobernar solo por el terror, y ahora lo único que queda es la ideología militar basada en la raza. No es de extrañar que cada ‘negociación’ sea más humillante que la anterior. Como señala Myers, al fin a cabo, no podemos esperar que la negociación lo saque de su propia razón de ser.
A todos los que estudiamos los asuntos de Corea del Norte nos preocupa una cuestión. ¿Estos esclavos realmente aman sus cadenas? El dilema tiene varios corolarios obscenos. El pueblo de ese pequeño Estado de pesadilla no puede, por supuesto, comparar con la vida de otros, y si se quejan u ofenden, son enviados a los campamentos que –a juzgar por el nivel de atención y nutrición en la sociedad más amplia- deben de ser un infierno excusable sólo por la brevedad de su duración. Pero la arrogancia racial y la histeria nacionalista son cementos poderosos para los sistemas más odiosos, como los europeos y los estadounidenses tienen buenas razones para recordar. Incluso en Corea del Sur hay quienes sienten que el régimen de Kim Jong-il, bajo el que ellos mismos no podría vivir un solo día, es de alguna manera más ‘auténticamente’ coreano.
Éstos son los dos hechos más sorpendentes sobre Corea del Norte. En primer lugar, cuando se ve la fotografía por satélite de noche, es una zona de oscuridad que no cesa. Apenas una chispa de luz es visible en la capital. En segundo lugar, un norcoreano es unos 15 centímetros de media más bajo que surcoreano. Puede que te apetezca imaginar cuánta plusvalía se ha eliminado de dicho esclavo, y durante cuánto tiempo, para alimentar y sostener a la militarizada familia criminal que posee por completo el país y su gente.
Pero eso es lo que da la razón a Myers. A diferencia de anteriores dictaduras racistas, la de Corea del Norte ha logrado producir una nueva especie. Enanos hambrientos, desnutridos, que viven en la oscuridad, encerrados en la ignorancia y el miedo permanente, con el cerebro lavado en el odio a los demás, reglamentados y coaccionados e instruidos con un culto a la muerte: Este espectáculo horroroso se encuentra en nuestro futuro, y es tan horrible que nuestros queridos propios líderes no se atreven a afrontarlo y sólo pueden ver lo que viene cuando roban una mirada mientras se tapan los ojos con las manos”.
EMPRESAS Y MUJERES
“El fallecido Paul Samuelson bromeaba cuando dijo que ‘las mujeres son sólo hombres con menos dinero’. Como padre de seis hijos, podría haber añadido algo sobre el papel de la mujer en la reproducción de la especie. Sin embargo, su aforismo es tan bueno como el mejor resumen en una frase del feminismo clásico que puedas encontrar.
Las primeras generaciones de mujeres de éxito insistían en ser juzgadas con los mismos criterios que los hombres. No tenían nada más que desprecio hacia la noción de trato especial para ‘las hermanas’, e insistieron en salir adelante a fuerza de trabajar más duro y pensar de forma más inteligente. Margaret Thatcher no ocultaba su desprecio por los hombres apocados a su alrededor. (Hay una broma que la presenta saliendo a cenar con sus ministros: ‘¿Solomillo o pescado?’, pregunta el camarero. ‘Solomillo, por supuesto’, responde ella. ‘¿Y los vegetales?’ ‘También tomarán carne.’) Durante la última elección presidencial en Estados Unidos Hillary Clinton se burlaba de Barack Obama con un anuncio que implicaba que, a diferencia de ella, él no estaba preparado para el desafío de responder el teléfono rojo a las 3 de la mañana.
Muchas empresarias pioneras presumían de su dureza. Dong Mingzhu, la jefa de Gree Electric Appliances, un gigante del aire acondicionado, dice categóricamente: ‘Yo nunca fallo. Nunca admito los errores y siempre tengo razón’. En los últimos tres años su compañía ha impulsado la rentabilidad para los accionistas en un 500%.
Sin embargo, algunos de los feministas más influyentes de la actualidad afirman que las mujeres nunca realizarán todo su potencial si juegan con las reglas de los hombres. Según Avivah Wittenberg-Cox y Alison Maitland, dos de las más destacadas exponentes de esta posición, no es suficiente para romper el techo de cristal. Se necesita verificar todo el edificio en busca del ‘amianto de género’: en otras palabras, acabar con el machismo inherente integrado en las estructuras y los procesos corporativos.
El nuevo feminismo sostiene que las mujeres funcionan de manera diferente a los hombres, y no sólo de manera trivial. Son menos agresivas y buscan más el consenso, menos competitivas y más colaboradoras, menos obsesionadas por el poder y más orientadas hacia el grupo. Judy Rosener, de la Universidad de California, Irvine, afirma que las mujeres sobresalen en gestión ‘transformacional’ e ‘interactiva’. Peninah Thomson y Jacey Graham, autoras de ‘A Woman’s Place is in the Board Room’, afirman que las mujeres son ‘mejores pensadoras laterales que los hombres’ y ‘más idealistas’ al negociar. De repente, los textos feministas están llenos de referencias los grupos de monos, con sus machos agresivos y las hembras dedicadas a la crianza.
Es más, dice el argumento, estas cualidades supuestamente femeninas son cada vez más valiosas en los negocios. La reciente crisis financiera demostró que el tipo de cualidades de las que los hombres se enorgullecen, como la asunción de riesgos y la competitividad, pueden conducir al desastre. Lehman Brothers nunca habría sucedido si hubiera sido Lehman Sisters, de acuerdo con esta teoría. Incluso antes de la catástrofe financiera, afirman, las mejores empresas han ido abandonando las jerarquías ‘patriarcales’ en favor de la ‘colaboración’ y ‘redes’, las competencias en las que las mujeres tienen una ventaja inherente.
Este argumento puede sonar un poco como el material de los talleres de género en las universidades biempensantes. Pero están ganando adeptos en lugares de poder. McKinsey, la más venerable de las consultorías de gestión, ha publicado el argumento de que las mujeres aplican cinco de los nueve ‘comportamientos de liderazgo’ que conducen al éxito empresarial con más frecuencia que los hombres. Niall FitzGerald, vicepresidente de Thomson Reuters y ex jefe de Unilever, está tan cerca como se puede estar del corazón de la creación empresarial. Proclama: ‘Las mujeres tienen diferentes maneras de lograr resultados y cualidades de liderazgo que son cada vez más importantes conforme nuestras organizaciones se vuelven menos jerárquicas y más débilmente organizadas en torno a estructuras matrices.’ Muchas empresas están abandonando el antiguo compromiso de tratar a todos por igual y en su lugar se hacen ‘adaptadas al género’ y ‘bilingües de género’, en contacto con la sabiduría de gestión de sus trabajadoras. Ha surgido un grupo de consultoras para enseñar a las empresas a escuchar a las mujeres y explotar sus habilidades especiales.
Los nuevos feministas tienen razón al sentirse frustrados por el ritmo de progreso de las mujeres en los negocios. La Comisión de Igualdad y Derechos Humanos en Gran Bretaña calculó que, al ritmo actual, costará 60 años que las mujeres obtengan la igualdad de representación en los consejos de FTSE 100. También tienen razón al decir que el viejo feminismo prestó poca atención al papel de la mujer en la crianza de los hijos. Pero sus argumentos sobre las diferencias innatas entre hombres y mujeres son descuidados y contraproducentes.
La gente que insiste en las diferencias innatas debería recordar que la variación dentro de los subgrupos de la población es generalmente más grande que la variación entre los subgrupos. Incluso si se puede establecer que, en promedio, las mujeres tienen un mayor ‘cociente de inteligencia emocional’ que los hombres, eso dice poco acerca de una mujer específica. Juzgar a las personas como individuos y no como representantes de grupos es moralmente correcto y bueno para los negocios.
Además, muchas de las mujeres más exitosas se encuentran en las empresas ‘duras’, en lugar de las organizaciones sensibles de la nueva imaginación feminista: Areva (energía nuclear), AngloAmerican (minería), Archer Daniels Midland (agroindustria), DuPont (productos químicos), Sunoco (aceite) y Xerox (tecnología) están dirigidas por mujeres. El Cranfield School of Management Mujer FTSE 100 Index revela que dos de las industrias con el mejor expediente en la promoción de las mujeres a sus consejos son la banca y el transporte.
Las mujeres harían bien en hacer caso omiso de los cantos de sirena del nuevo feminismo y escuchar a la señora Dong en su lugar. A pesar de su frustración, el futuro parece brillante. Las mujeres ya están superando a los hombres claramente en la escuela y la universidad. Sería un grave error de abandonar la antigua meritocracia justo en el momento en que empieza a beneficiar a las mujeres.”
CIFRAS Y LETRAS

1.
Greenpeace denuncia: la cárcel es desagradable.
2.
Dan Brown, Marie NDiaye y Anna Gavalda son los autores que más vendieron en Francia en 2009.
3.
En The Edge, John Brockman pregunta cómo está cambiando internet tu forma de pensar.
4.
En su biografía de Warren Beaty, Star: How Warren Beaty Seduced America, Peter Biskind calcula que el actor se ha acostado con 12.775 mujeres.
Stephen J. Gertz calcula:
Según una nueva biografía que nunca se publicará, a lo largo de cincuenta y dos años de leer en la cama (desde la edad de seis años), me he acostado con 12.775 libros. Cincuenta y dos años, a 245,7 libros al año, un libro cada día y medio. Pago una comisión a mi optómetra.
Lo hice desvergonzadamente, mostrando poca consideración hacia los libros como individuos.
5.
Según Rodríguez Ibarra, que parece no haber entendido lo que son las patentes, ni lo que significa que una ciudad (o una comunidad autónoma, como la que el presidió durante muchos años) compre una obra de arte, ni parece cobrar por sus artículos, y que sin duda no sabe que uno se puede comprar una canción sin comprarse un disco, los derechos de autor son absurdos (entre otras cosas porque las canciones se parecen entre sí; se le olvidó decir que los escritores no deben cobrar, porque a fin de cuentas utilizan el abecedario y no inventan nada), se pueden eliminar desde una fundamentación izquierdista (supongo que la misma que le llevó a pedir hace un tiempo "una sanidad para españoles y sólo para españoles") y, por alguna razón, la gente que se dedica a la cultura –los creadores, pero enseguida también los correctores, los impresores, etcétera- debería vivir del estado y la beneficencia: en la declaración de la renta, la gente marcaría una casilla para decidir si quiere que parte de sus impuestos vaya a los creadores.
Una respuesta de Antonio Muñoz Molina y otra de Rodolfo Serrano.
6.
Algunos retratos de escritores en el cine.
En la imagen, Christopher Plummer hace de Tolstói. Helen Mirren interpreta a la condesa Sofía. Claramente, a batallas de amor, campos de pluma
SOBRE EL MIEDO
“En 1988, la novela de Salman Rushdie Los versos satánicos fue publicada en su edición original en inglés. Su publicación llevó al Estado iraní y a su líder revolucionario, el ayatolá Jomeini, a emitir una fetua contra Salman Rushdie, y a ofrecer una fuerte recompensa por su asesinato. Esto provocó varios ataques a los traductores y los editores de la novela, incluyendo el asesinato del traductor japonés Hitoshi Igarashi. Millones de musulmanes de todo el mundo que no habían leído una sola línea del libro, y que nunca habían escuchado el nombre de Salman Rushdie, querían que se ejecutara la sentencia de muerte contra el autor. Y cuanto antes, mejor, para que el manchado honor del profeta pudiera limpiarse con la sangre de Rushdie.
En ese ambiente, ningún editor alemán tuvo el valor de publicar el libro de Rushdie. Esto llevó a un puñado de famosos autores alemanes, encabezados por Günter Grass, a tomar la iniciativa para que la novela de Rushdie pudiera aparecer en Alemania, por medio de la fundación de una editorial creada exclusivamente para ello. Se llamaba Artikel 19, como el apartado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas que garantiza la libertad de opinión. Decenas de editoriales, organizaciones, periodistas, políticos y otros miembros prominentes de la sociedad alemana estuvieron involucrados en la empresa conjunta, que fue la más amplia coalición de la historia alemana de posguerra.
Simpatía por los sentimientos de los musulmanes
Diecisiete años más tarde, después de que el diario danés Jyllands-Posten publicara doce caricaturas de Mahoma en una sola página, en el mundo islámico se produjeron reacciones similares a las que siguieron a la publicación de Los versos satánicos. Millones de musulmanes de Londres a Yakarta, que nunca había visto las caricaturas ni escuchado el nombre del periódico, salieron a las calles en protestas contra un insulto al Profeta y exigieron el castigo apropiado para los delincuentes: la muerte. El líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden, incluso llegó a solicitar la extradición de los caricaturistas para que pudieran ser condenados por un tribunal islámico.
Esta vez, sin embargo, en contraste con el caso Rushdie, casi nadie ha mostrado ninguna solidaridad con los caricaturistas daneses amenazados; al contrario. Grass, que había iniciado la campaña Artikel 19, expresó su comprensión por los sentimientos heridos de los musulmanes y las reacciones violentas que se produjeron. Grass describió el caso como ‘una respuesta fundamentalista a una acción fundamentalista’, estableciendo una equivalencia moral entre los 12 dibujos animados y las amenazas de muerte contra los caricaturistas. Grass también señaló que: ‘Hemos perdido el derecho a buscar protección bajo el paraguas de la libertad de expresión’.
‘Creo que la republicación de estas viñetas ha sido innecesaria, ha sido insensible, ha sido irrespetuosa y ha estado mal’, comentó el entonces ministro del interior británico, Jack Straw, en referencia a la decisión de varias organizaciones de medios europeos de publicar las caricaturas. Mientras tanto, Vorwärts, el órgano del partido de centro-izquierda de Alemania, el Partido Socialdemócrata -uno de los dos principales del país- defendía la libertad de expresión en general, pero opinaba que en este caso especial, los daneses habían ‘abusado’ la libertad, ‘no en un sentido jurídico, sino político y moral’. Para Fritz Kuhn, el entonces líder parlamentario del Partido Verde, fue una experiencia de déjà vu: ‘(Las caricaturas), me recuerdan a los dibujos antijudíos de la época de Hitler antes de 1939’. Con su declaración, Kuhn, que nació en 1955, demostró que ni tenía una sensacional memoria prenatal o que nunca había visto una sola caricatura antisemita el periódico de propaganda nazi Der Stürmer.
Como eunucos hablando de sexo
Era como escuchar la charla sobre el arte ciegos, de los sordos sobre la música o de los eunucos sobre sexo. Porque con la excepción de los de diarios izquierdas Die Tageszeitung, el conservador Die Welt y el centrista Die Zeit, todos los periódicos y la revista alemana siguieron el consejo de la codirigente del Partido Verde Claudia Roth, que dijo que la ‘desescalada empieza en casa’, y permanecieron en el lado de la precaución, al no publicar las caricaturas. El destacado psicoanalista alemán Horst-Eberhard Richter aconsejó: ‘Occidente debe abstenerse de cualquier provocación que produzca sentimientos de degradación o humillación.’ Por supuesto, Richter dejó abierta la cuestión de si ‘Occidente’ también debe abstenerse de usar minifaldas, comer carne de cerdo y legalizar las parejas del mismo sexo a fin de evitar causar cualquier sentimiento de degradación y humillación en el mundo islámico.
Si las caricaturas de Muhammad hubieran sido reeditadas por la prensa alemana en su conjunto, los lectores de periódicos habrían podido ver por sí mismos lo inofensivas que eran las 12 caricaturas, y lo extraño y absurdo del debate. En cambio, la evaluación se dejó a ‘expertos’, que habían defendido en el pasado todas las críticas al Papa y la Iglesia, así como cada pieza de arte blasfemo en nombre de la libertad de opinión, pero que, en el caso de las caricaturas de Mahoma, sostenían repentinamente el punto de vista de que hay que mostrar consideración hacia los sentimientos religiosos de otras personas.
Pero ese argumento era claramente una excusa, una manera de ocultar que habían sido silenciados por el miedo. Después de todo, algunas cosas habían sucedido entre el caso Rushdie y el asunto de las caricaturas: el 11-S, los atentados de Londres, Madrid, Bali, Yakarta, Djerba: acontecimientos que algunos comentaristas han interpretado como una reacción del mundo islámico a la degradación y humillación por parte de Occidente. Frente a esta amenaza, parecía más razonable, ysobre todo más seguro, mostrar respeto a los sentimientos religiosos en lugar de insistir en el derecho a la libertad de expresión.
El derecho a ofender es más importante que proteger a los ofendidos
Pocas personas se mostraron dispuestas a romper filas. Entre ellos estaba el cómico Rowan Atkinson (‘Mr. Bean’), que en el contexto de un debate sobre la propuesta británica de una legislación contra la incitación al odio religioso, declaró que ‘el derecho a ofender es mucho más importante que cualquier derecho a no ser ofendido’. Y Ayaan Hirsi Ali, una mujer nacida en Somalia y criada en la religión musulmana, que vivía entonces en los Países Bajos, respondió con un manifiesto que comenzaba con las palabras: ‘Estoy aquí para defender el derecho a ofender’.
Pero ella era una excepción. Incluso el entonces presidente francés, Jacques Chirac, olvidó temporalmente que representaba al país de Sartre, Voltaire y Victor Hugo, y decretó que ‘cualquier cosa que pueda ofender la fe de los demás, especialmente las creencias religiosas, debe evitarse.’
Así comenzó la ‘desescalada’ que se había solicitado. El único problema es que el otro lado no piensa en la desescalada. La fetua contra Salman Rushdie sigue en vigor, y el intento de asesinato de Kurt Westergaard la semana pasada no fue la primera tentativa de ejecutar una sentencia de muerte en un caso en el que no se cometió ningún crimen. El islam puede ser la ‘religión de paz’ en teoría, pero se ve diferente en la práctica.
Una abogado turco-alemana que vive en el centro de Berlín ha tenido que pasar a la clandestinidad, porque se ha convertido en destinataria de amenazas de muerte después de publicar un libro. El tomo no incluye caricaturas de Mahoma. Simplemente el título funciona como una provocación: Es: Islam Needs a Sexual Revolution.[El islam necesita una revolución sexual].”
Pese a la patética carta de Erdogan y Zapatero sobre el asunto (“La publicación de estas caricaturas puede ser perfectamente legal, pero no es indiferente y debe ser rechazada desde un punto de vista moral y político”) y del miedo a publicar las caricaturas de muchos medios, en castellano también se alzaron voces en defensa de la libertad de opinión. Un artículo en The Guardian de la ex periodista estadounidense afincada en Dinamarca Nancy Graham Holt, ganadora de varios Premios Emmy y formada en Berkeley y la London School of Economics, sobre el intento de asesinato al caricaturista Kurt Westergaard, es un ejemplo elocuente del enfoque delirante de muchos occidentales sobre este asunto. El título se puede traducir así: “Los prejuicios daneses provocan fanatismo”.
LIBROS Y AÑOS
1.
El 4 de enero es el 50 aniversario de la muerte de Camus.
El 17 de enero se cumplen 150 años del nacimiento de Chéjov.
El 1 de marzo se celebran 200 años del nacimiento de Chopin
El 21 de abril, 100 años de la muerte de Mark Twain
El 2 de mayo, 150 años del nacimiento de Herzl.
El 9 de mayo, 150 años del nacimiento de J. M. Barrie.
El 30, 150 años del nacimiento de Albéniz.
El 5 de junio, 100 años de la muerte de O. Henry.
2.
Los 10 libros más caros que vendió Abebooks el año pasado: entre los autores, Piranesi, Lewis Carrol, Charles Darwin, Dickens y Barack Obama.
3.
Algunos momentos literarios del año:
Comportamiento menos digno:
Has matado mi libro en Estados Unidos, nada menos. Son dos años de trabajo tirados a la basura. (...) Te odiaré hasta el día de mi muerte y no te deseo más que cosas malas en tu carrera. Observaré con interés y regocijo en el sufrimiento ajeno. Alain de Botton, en respuesta al crítico que reseñó en The New York Times The Pleasures and Sorrows of Working.
Amante literario del año:
Todo lo que espero de ti es que aprendas a cocinar, que me sirvas sexualmente de tres a siete veces al día, nunca me interrumpas, me contradigas o reflexiones de ningún modo sobre la belleza de mi prosa, mi intelecto o mi persona. También tienes que jugar al fútbol, hockey y rugby. Carta de amor de John Cheever al futuro novelista Allan Gurganus, citada en la biografía de Cheever de Blake Bailey.
Mejor ludita:
P: ¿Manda mensajes?
Julian Barnes: No. Aprendí una vez, y mi mujer [Pat Kavanagh] y yo intentamos mandarnos mensajes cuando estaba en Estados Unidos. Pero no sabíamos que había que encender el teléfono móvil para recibirlos, así que ninguno de los mensajes llegó. Además, creo que mis pulgares son demasiado gordos.
P: Cuando dice ‘encenderlo para recibir un mensaje’...
A: Bueno, creo que si un mensaje viene y el teléfono no está encendido durante una hora o algo, el mensaje no llega. ¿No es así?
P: Creo que no. Entrevista en The Oldie reimpresa en Conversaciones con Julian Barnes.
Premio al autor más repelente:
[Patricia Highsmith] tenía 300 caracoles como mascotas. Bebía un cuarto de litro de ginebra al día. Consideraba el robo peor que el asesinato. Abandonó Estados Unidos para vivir en Europa por lo que llamaba ‘el problema negro’, con lo que no se refería ala discriminación de los negros, sino al movimiento de derechos civiles que defendía los derechos de los negros. Una invitada dejó una vez la ventana abierta; ella tiró dentro una rata muerta. Recogía las propinas abandonadas en las mesas de los restaurantes. Conducía 90 kilómetros para conseguir una cena de espagueti más barata. Llama al exterminio de Hitler ‘semicausto’, porque sólo la mitad de los judíos del mundo había muerto. Reseña de la biografía The Talented Miss Highsmith en The Huffington Post.
Mejor pregunta de entrevista:
Rudolf Freiburg: ¿Conoce la... doctrina de Bacon de las facultades de la mente, la razón, la memoria y la imaginación?
Julian Barnes: ¿Francis Bacon?
Freiburg: Sí, Sir Francis Bacon. Ve paralelismos entre las facultades de la mente y los campos del conocimiento humano. Así, la memoria corresponde a la historia, la razón a la filosofía, y la imaginación a la poesía o literatura. Y después dice: ‘Líbrate de la imaginación porque no sirve a ningún objetivo’. ¿Podría uno decir que, tratando el mundo como usted hace a vees en sus libros, uno puede observar una infiltración en la memoria de la imaginación, y que eso lleva a –espero que la pregunta no se esté complicando demasiado- infiltración de la imaginación en la historia?
Barnes: ¡Dios mío! La respuesta es: No sé. De Do You Consider Yourself a Postmodern Author?, reimpresa en Conversations with Julian Barnes
Peor poema de un político importante
‘El viento sopla en el pelo/ Años después, el mismo viento/ Qué pena: no hay pelo’, traducción de un haiku de Van Rompuy.
Más improbable enemigo de la droga
Sí, después de tomar peyote veía cangrejos todo el tiempo. Los llamábamos cangrejos pero realmente eran langostas. Me seguían por la calle, a clase... Me levantaba por la mañna y decía: ‘Buenos días, pequeños, ¿habéis dormido bien’. Decía: ‘Bueno, chicos, vamos a clase’, y estaban allí, en torno a mi mesa, absolutamente quietos, hasta que sonaba la campana. Jean-Paul Sartre hablando sobre su experiencia con las drogas, en un artículo del Sunday Times sobre Talking with Sartre, de John Gerassi.
Autor más olvidadizo
Mi marido no puede recordar ningún nombre. Debíamos llevar 10 años casados cuanod, en un aeropuerto, se encontró con un ex compañero de trabajo. Siguieron las presentaciones. ‘Esta es mi mujer, Elizabeth’, dijo mi marido. Yo –de forma un tanto inconveniente- dije que no era Elizabeth. Así que el ex compañero pensó que había otra mujer, Elizabeth, que estaba en otra parte. De una columna de Gill Hornby, también conocida como la señora de Robert Harris, en The Daily Telegraph.
4.
“Los libros raros provocan pasiones en los coleccionistas, que gastan tiempo y tesoros incalculable en su búsqueda. Algunos renunciar a sus escrúpulos, también.
Tomemos el caso de John Charles Gilkey, que robó volúmenes raros, muchos miles de millones de dólares, de tratantes frustrados en todo el país. En su compulsión y su compromiso erudito, Gilkey se desmarcaba de otros delincuentes, con quienes compartió un tiempo en la cárcel. Asistió a clases y visitó las bibliotecas para comprender mejor los autores y obras que pensaba encontrar y robar. Construyó una verdadera biblioteca de libros robados -primeras ediciones de clásicos infantiles, copias autografiadas de las grandes novelas como El alcalde de Casterbridge de Hardy y Hombre invisible, de Ralph Ellison. El valor de sus robos, y el paradero de muchos de sus libros, todavía no se conocen totalmente.
Quizá nunca lo hubieran atrapado si no fuera por la diligencia de Ken Sanders. Este librero de Utah con coleta, dueño de un establecimiento que también era un lugar de reunión contracultural, Sanders encontró una nueva vocación como un detective aficionado cuando se ofreció para trabajar como encargado de seguridad para la Asociación de Libreros Anticuarios de América. Mientras Sanders descubría los patrones de robos que finalmente lo llevaron a Gilkey, quedó tan absorbido por caza de la de su rival como lo hubiera hecho su buscase un libro del siglo XVII sobre las brujas, o un ejemplar firmado de Finnegan’s Wake.
Su búsqueda se cuenta en The Man Who Loved Books Too Much: The True Story of a Thief, a Detective, and a World of Literary Obsession (Riverhead), de Allison Hoover Bartlett. Su libro se sumergen en un mundo en el que los libros son objetos de meditación y deseo, y talismanes con poderes casi clásicos. Es tanto curioso como emocionante ver la lucha de estos bibliófilos en una época en el que el propio libro se encuentra en un torbellino económico, cultural y tecnológico”.
LA DESAPARICIÓN DE LAS LENGUAS
“La mayoría de siete mil lenguas del mundo habrán dejado de hablarse a finales de este siglo. ¿Y qué? ¿Hay que quejarse, resistir, o decir ‘¡Qué bien!’? Este post ha sido estimulado por un artículo de la revista The Economist sobre la extinción de las lenguas. Señala que 200 idiomas africanos han muerto recientemente y otros 300 están en peligro. En el sudeste de Asia, otros 145 están a punto de desaparecer. Y así sucesivamente.
Cualquier pérdida puede parecer amenazadora, y por eso la reacción automática a las advertencias acerca de los idiomas es el impulso de conservarlos. El artículo de The Economist publicó un editorial, por ejemplo, que decía que la aceleración en la tasa de extinción de lenguas es ‘alarmante’.
Pero ¿de qué hay que alarmarse? La desaparición de una lengua no es como, digamos, un fracaso de una cosecha local, que augura la inanición. En otras palabras, si alguna lengua oscura deja de hablarse, no es como si millones o incluso decenas de personas se vuelvan incapaces de hablar. Lo único que significa es que la gente que ha hablado esa lengua hablará una lengua distinta.
Me resulta fácil comprender la alarma acerca de los excesos de la pesca y la extinción de especies de peces. La desaparición de las variedades de peces está vinculada a la desaparición de los peces, y punto. Se nos habla del peligro real de que las generaciones futuras no puedan encontrar, ver, disfrutar, o comer pescado.
Pero no hay peligro de que vayamos a terminar con cero idiomas.
Voy a hacer de abogado del diablo. Tal vez deberíamos celebrar la desaparición de las lenguas oscuras. ¿No sería algo considerablemente positivo que todo el mundo hablara el mismo idioma? Imagínese lo fácil que sería comunicarse con los demás.
No soy el único que ve la diversidad lingüística como algo más problemático que beneficioso. Un precedente ilustre de este punto de vista es la Biblia, que describe la aparición de varios idiomas como un castigo de Dios contra sus criaturas. En ese mito, la vida era mejor para todos cuando todos hablaban el mismo idioma. La creación de la diversidad lingüística era una maldición y castigo que se nos imponía, para que no pudiéramos entendernos.
Para los estadounidenses, apreciar el valor de un lenguaje universal puede resultar especialmente difícil, porque, gracias a una enorme variedad de golpes de suerte, gran parte del mundo ahora habla inglés. Los estadounidenses pueden viajar casi a cualquier lugar sin pasar seis meses aprendiendo el idioma local. Se puede confiar en que cuando lleguen allí serán capaces de comunicarse, porque siempre habrá alguien que hable inglés. Pero esto es un poco grosero por nuestra parte. En efecto, esperamos que el resto del mundo aprenda nuestro idioma para no aprender el suyo. Conseguimos los beneficios de un idioma mundial por tener la suerte de haber nacido en el país cuyo idioma materno es un idioma mundial. Sería considerado querer que los beneficios se extendieran al resto del mundo.
Permítanme un comentario sobre el artículo de The Economist, porque creo que es bastante típico de cómo los medios de comunicación y el mundo académico han tratado el tema. Parece suponer que la desaparición de las lenguas es algo malo, aunque no presenta con detalle el daño real que produce. De hecho, y esto aumenta el crédito de la revista, el artículo reconoce que ‘un montón de idiomas -entre ellos, el acadio, el etrusco, el tangut y el chibchas- han seguido el camino del dodó, sin causar muchos problemas a la posteridad’. Pero luego continúa el tono alarmista.
Hacia el final, el artículo dice que hay aparentemente ‘sólidos argumentos’ a favor de la diversidad lingüística. Como ejemplos, hay tres. Si estos son los argumentos fuertes, yo no sé cuáles serían los débiles.
Primer argumento: la afirmación de que los niños políglotas obtienen mejores resultados que los monolingües. ¿Merece la pena gastar miles de millones de millones de dólares en un esfuerzo inútil para mantener vivas lenguas casi desconocidas? Incluso si los datos son correctos en los niños -y me imagino que en ellos puede causar errores que se estudien niños más listos o con padres más sofisticados-, el mundo sólo necesita dos o tres idiomas, y no siete mil. De hecho, puedo imaginar un futuro con dos o tres idiomas en el mundo, como por ejemplo el inglés y el chino (mandarín), y todos los niños aprenderían ambos. Por lo tanto todo el mundo hablaría más de una lengua. Deshacerse de las otras lenguas sólo facilitaría este proceso.
Segundo argumento: rechaza el argumento de que una lengua común ayuda a evitar la guerra, citando ejemplos de Ruanda, Bosnia y Vietnam. Citar contraejemplos no es un sustituto para las estadísticas. ¿Se han librado más guerras entre los grupos que comparten una lengua que entre los grupos de diferentes idiomas? Además, incluso si el lenguaje es irrelevante para la guerra, ¿y qué? Ese no es el argumento para tener un idioma común.
El tercer argumento es aún más absurdo. El artículo señala que hace poco se descubrió que una tortuga australiana tiene dos variedades, y que en una lengua local había dos palabras diferentes para los dos tipos. No veo la forma en que eso es pertinente para nada. Es bastante fácil hacer una palabra nueva para el nuevo tipo de tortuga, no se necesita una lengua aparte. El argumento que vincula la preservación de las lenguas a la ‘protección de especies en peligro de extinción’ es totalmente ilógico.
El propósito del lenguaje es la comunicación. La comunicación requiere la comprensión mutua. Una lengua sólo funciona si el hablante y el oyente la entienden. Esa condición compartida es la esencia del lenguaje. Cuantas más personas comparten un idioma, más eficaz es. Por lo tanto un lenguaje mundial único facilita la comunicación.
Hay quienes se interesan por el idioma, y yo soy uno de ellos. Poner esa preocupación en práctica mediante la preservación de las lenguas muertas a través de un soporte vital tecnológicamente implementado es de dudoso valor. En cambio, debemos trabajar para conservar la eficacia comunicativa del lenguaje. Esto significa respetar la gramática, la sintaxis, el estilo de escritura y otros sellos distintivos de un lenguaje fuerte y útil, que contribuyen a la claridad y la precisión de la comunicación”.
He tomado el mapa de las lenguas en peligro aquí.
AVIONES Y TERROR

“Estamos llegando a un momento en el que las noticias dobles se escriben prácticamente solas. Nada más ser detenido el musulmán fanático y homicida resulta que él (no pasará mucho tiempo antes de que también sea ella) era conocido por las autoridades desde hacía mucho tiempo. Pero de alguna manera la lista de vigilancia, los avisos, los muchos informes de sus colegas y familiares preocupados, la aparición de su nombre en un ‘depósito central de información’ no impiden que el sospechoso embarque en un avión, cambie de vuelo, o meta en un avión lo que le apetezca. Esta es una tradición que se remonta a varios de los asesinos que secuestraron los aviones civiles el 11 de septiembre de 2001, tras haber llamado la atención, ya sea por a) estar en listas de vigilancia o b) un comportamiento extraño en escuelas de vuelo del corazón de Estados Unidos. Ni siquiera se molestaron en cambiar de nombres.
Así que ahora es más o menos rutina para los culpables. (No uso la presunción de inocencia sobre Omar Faruk Abdulmutallab.) Pero parpadea en la página y al instante podrás ver un imperativo diferente para los inocentes. ‘Se añaden nuevas restricciones para los viajeros,’ dice el titular inevitable justo debajo del informe sobre la notoriedad de Abdulmutallab, cuyo padre había se había sentido lo suficientemente alarmado como para informar de su hijo a la Embajada de EE.UU. en Abuja, Nigeria, hace algún tiempo. (Por cierto, aventuro una predicción segura: nadie en la embajada o en cualquier otro lugar en nuestro sistema de seguridad nacional perderá su puesto de trabajo como consecuencia de este reciente y vergonzoso episodio.)
Cuando era niño, había señales en los autobuses ingleses que decían: ‘No escupir’. En mi más tierna edad podía deducir que la mayoría de las personas no necesitan que se les diga esto, mientras que los que sienten el deseo de expectorar en el transporte público requieren algo más que una señal para desanimarlos. Pero estaría perdiendo mi tiempo al señalar esto a nuestros protectores majestuosos e insomnes, que ahora proponen con valentía evitar que los pasajeros de avión abandonen sus asientos durante la última hora de cualquier vuelo. Abdulmutallab hizo su apuesta en la última hora de su vuelo, después de todo. Sí, eso servirá. También es increíblemente, mejor dicho, casi diabólicamente inteligente por parte de nuestros tutores que se sepa cuál será el límite de tiempo preciso. Ah, y por cierto, cualquier pasajero lo bastante corajinoso o resuelto como para levantarse y luchar también habrá violado la feliz nueva ley.
Durante algunos años después del 11-S, a los pasajeros se les prohibió levantarse y usar el baño en el puente aéreo entre Washington y Nueva York. ¡Tolerancia cero! Supongo que con el tiempo se le ha ocurrido a alguien que esta prohibición no detendría a una persona dispuesta a morir, por lo que se suprimió la regla. Pero ahora el principio ha sido revisado para vuelos internacionales. Durante muchos años después de la explosión del avión de la TWA en Long Island (un desastre que más tarde se descubrió que no tuvo nada que ver con el nihilismo religioso internacional), no podías subir a un avión sin te preguntaran si había preparado sus propias bolsas y si las habías tenido bajo tu control en todo momento. Estas dos preguntas harían que un posible secuestrador o terrorista respondiera, honesta y lógicamente, ‘sí’. ¡Pero responder ‘sí’ a ambas era una condición para subir al avión! Con el tiempo, ese pedazo heroico se borró. [No en todas partes: a mí me han hecho las preguntas decenas de veces.] Pero ahora las dulces idioteces se acumulan. Nada en tu regazo durante la aproximación final. ¿Te sientes más seguro? Si fueras un asesino suicida, ¿te sentirías frustrado o disuadido?
¿Por qué no somos capaces de detectar o derrotar a los culpables, y por qué se nos da tan bien el castigo colectivo de los inocentes? La respuesta a la primera pregunta es: porque no podemos, o no lo haremos. La respuesta a la segunda pregunta es: porque podemos. El fallo aquí no es sólo de nuestros infinitamente incompetentes servicios de seguridad, que le dan el beneficio de la duda a personas que deberían haber sido detenidas hace mucho tiempo, o al menos tener sus visados y derechos de viaje revocados. También es de una opinión pública que tímidamente bala que deben hacer ‘que se sienta segura’. La demanda para satisfacer esa triste ilusión puede ser atendida con relativa facilidad pagas al número suficiente de personas para que rodeen y miren la pasta de dientes de los ciudadanos. Mi impresión como viajero frecuente es que los estadounidenses inteligentes no protestan contra esta inanidad por si al final son ellos los que atraen la atención, y los que terminan en una lista de prohibición de vuelos. Perfecto.
Se informó el fin de semana que, tras el fiasco de Detroit, no se tomó ninguna decisión oficial para aumentar el denominado ‘nivel de amenaza’ de naranja. ¡Naranja! ¿Es posible que fuera porque sería ridículo y asustadizo cambiarlo a rojo y realmente, realmente absurdo bajarlo a amarillo? ¿Pero no es igualmente descabellado (y revelador), inmediatamente después de un conocido extremista musulmán franquee bailando de cada frágil barrera, dejarlo en el nivel del día anterior?
Lo que nadie piensa, desde los puestos de autoridad, es que seamos tan maduros como para que nos cuenten lo siguiente: es mejor que os acostumbréis a ser los civiles que están bajo un asalto implacable y planificado de los partidarios conjurados de una ideología teocrática malvada. Estas personas se matan para atacar hoteles, bodas, autobuses, metro, cines y trenes. Consideran a los judíos, los cristianos, los hinduístas, las mujeres, los homosexuales y los musulmanes disidentes (por dar sólo algunos ejemplos) las víctimas de una masacre ordenada por mandato divino. Nuestra aviación civil es sólo el símbolo más psicológicamente aterrador de un gran número de objetivos potenciales. Los asesinos futuros en general no vendrán de los campamentos de refugiados o de barrios pobres (aunque se les adoctrina cada día en nuestras prisiones), sino que vendrán con frecuencia de medios educados, y a menudo no vendrán del extranjero. Ya están en nuestros barrios residenciales y en nuestras fuerzas armadas. Podemos esperar bajas. La batalla continuará durante el resto de nuestras vidas. Los que planean nuestra destrucción saben lo que quieren, y están dispuestos a matar y morir por ello. Los que no entienden esto prefieren quejarse de la ‘guerra sin fin,’ accidentalmente diciendo la verdad sobre algo de lo que el atentado frustrado de Navidad en Michigan fue sólo un anticipo. Mientras nosotros manejamos torpemente el eufemismo y la burocracia, ellos vuelan libremente”.
PENUMBRA
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1.
China condena al disidente Liu Xiaobo a 11 años de prisión.
2.
Barry Gewen escribe sobre In Search of My Homeland, de Er Tai Gao. Es el testimonio de un superviviente de los campos del régimen de Mao:
“Cuando era un ingenuo profesor de de bellas artes en la ciudad de Lanzhou, en el norte de China central, el Sr. Gao cometió el error de escribir un ensayo titulado ‘Sobre la belleza’. La pieza se incluye en este libro y, al leerla, uno se asombra de que se publicara en un estado totalitario comunista. Es un ataque a la estética materialista y un argumento a favor de la centralidad de la subjetividad -es decir, la libertad- en la creación artística.
Sin embargo, en 1957, cuando Gao tenía 21 años, pasaba por un periodo de deshielo ideológico, y su meditación apareció en una revista de Pekín. Atrajo una gran atención y numerosos comentarios. El deshielo, sin embargo, terminó pronto. Gao fue calificado de ‘derechista’ y enviado a un campo de reeducación, Jiabiangou Farm, en el desierto de Gobi. ‘Un momento de fama’, escribe, ‘se convirtió en 20 años de desgracia.’
Los prisioneros de la granja fueron sometidos a trabajos de excavación y drenaje de las zanjas. Se trataba esencialmente de un trabajo absurdo, y cuando Gao regresó al campamento, muchos años después, vio que el implacable desierto había recobrado la tierra. El trabajo se prolongó durante todo el día, todos los días, a pesar del calor, el frío, las tormentas de polvo, la diarrea, los piojos, la tortura, el hambre.
Además de estas privaciones físicas había tormentos psicológicos. El día no terminaba cuando el sol se ponía. Por la tarde los presos tenían que asistir a reuniones en las que confesaban sus errores e informaban sobre los demás. Para mostrar la eficacia de su reeducación, debían sonreír todo el tiempo, lo que exigía concentración y esfuerzo sostenido. ‘Debido a que la sonrisa señalaba este esfuerzo agotador,’ dice el Sr. Gao, ‘a veces también se parecía a llorar.’
La crueldad de este régimen buscaba producir un intenso aislamiento personal y una especie de nulidad mental; el ‘cero absoluto’, como dice Gao. ‘Pasaban incontables días, y todos los días juntos parecía el mismo día.’
‘Nadie te puede ayudar... todo depende de ti’, un antiguo prisionero le dice a Gao. ‘Recuerda, no es sólo una cuestión de seguir con vida, es una cuestión de encontrar un propósito para seguir con vida.’ Ese hombre, que había sido historiador antes de ser enviado para su reeducación, encontró su propósito en la recopilación de documentos en el campamento como material para los estudiosos del futuro.
Otro, un ex oficial del ejército que había estado en la Larga Marcha de Mao, era puntilloso respecto a su apariencia, y sentía un especial orgullo por su uniforme militar. Un tercero se transformó en un caballo de batalla. Iba el primero por la mañana y era el primero en volver a las zanjas después de un período de descanso. Naturalmente, era odiado por los otros hombres, pero, aparte de eso, quizá la suya no fuera la mejor estrategia de supervivencia: un día simplemente cayó muerto por exceso de trabajo.
La estrategia de Gao fue escribir, producir caracteres minúsculos en cualquier trozo de papel que pudo encontrar. ‘Mientras escribía’, dice, ‘estaba vivo.’ Fue una empresa peligrosa, potencialmente mortal, pero se las arregló para ocultar su precioso y peligroso manojo de pensamientos en cada lugar donde lo mandaron. El resultado es este libro. Sus antecedentes explican por qué ‘In Search of My Hometown’ es tan fragmentario, repetitivo e inconexo, y aunque puede parecer mezquino para quejarse, una cuidadosa edición y material suplementario podrían haber producido una obra más coherente y redonda.
Cuando sus condiciones de vida mejoraron, Gao se casó y tuvo una hija. Su esposa y su hija se mencionan sólo de pasada, a pesar de que su esposa murió después de ser enviado a un campo de trabajo.
En 1959, Gao fue trasladado a Lanzhou a trabajar en unas pinturas públicas, luego a un segundo campamento, hasta su liberación en 1962. Sin dinero, encontró trabajo como investigador en las Cuevas de Mogao, un sitio de templos antiguos con restos que datan del siglo IV. Pero, a mediados de los años 60, con la Revolución Cultural, fue denunciado de nuevo, relegado a un trabajo físico, humillado, encarcelado y golpeado. A su patrón y supervisor de las cuevas le fue peor: las palizas lo dejaron sin dientes y con la columna en tan malas condiciones que no podía andar.
Gao salió de la cueva en 1972, pero su vida desde entonces sólo está esbozada. Fue oficialmente rehabilitado a finales de los años 70 y enseñó filosofía en la Universidad de Lanzhou, en los años 80. En la última página de las memorias nos enteramos de que huyó de China a Los Ángeles en 1993.
Es tentador tratar de leer la historia del señor Gao con optimismo, como una lección sobre la fuerza y la resistencia del espíritu humano, con este libro como el final feliz. El editor, por ejemplo, considera que la prueba de ‘la fuerza de la esperanza’. Algo similar se dice a menudo acerca de los supervivientes del Holocausto (como si los millones que no sobrevivieron fueran de algún modo menos capaces).
El Sr. Gao es menos sentimental, entiende que sus decisiones tuvieron poco que ver con su supervivencia. Si no hubiera sido un pintor en un momento en que el gobierno necesitaba pintores, probablemente habría muerto en Jiabiangou como la mayoría de los prisioneros. En muchos pasos del camino tuvo la buena fortuna de encontrar mentores que le enseñó, los clientes que lo protegían. No escuchamos tantas historias de aquellas personas que no encontraron patrocinadores, porque no están aquí para contarlo..
Como dice el Gao, ‘Que viviera o muriese era caprichosa.’ La verdad dura e ineludible es que en Jiabiangou -al igual que en Auschwitz y en Kolyma- no importa lo que hicieras, no importa cuál fuera su estrategia, la supervivencia dependía básicamente de la suerte estúpida y ciega”.
3.
En su reseña de La vida antes de marzo, Ricardo Senabre parecía abrazar la teoría de la conspiración sobre el 11-M:
También, por qué no decirlo, en la adhesión implícita del autor a la que podríamos llamar ‘historia oficial’ del atentado, que, como es sabido, resulta hoy un tanto brumosa -no sabemos si las dudas se habrán disipado en 2024, fecha de la historia narrada-y mantiene todavía en el aire multitud de signos de interrogación y que tal vez aconsejaban en este caso dejar algunos datos más en penumbra.
4.
Los autores más vendidos de la década en Reino Unido.
ORWELL ESCRIBE SOBRE SÍ MISMO

El 17 de abril de 1940, George Orwell escribió una nota autobiográfica para Twentieth Century Authors:
“Nací en 1903 en Motihari, Bengala, el segundo hijo de una familia anglo-india. Estudié en Eton, 1917-21, y tuve la suerte de obtener una beca, pero no trabajé y aprendí muy poco, y no tengo la sensación de que Eton haya sido una gran influencia formativa en mi vida.
Entre 1922 y 1927 serví con la Policía Imperial India en Birmania. Lo dejé en parte porque el clima me había arruinado la salud, y en parte porque ya tenía algunas ideas vagas sobre los libros, pero sobre todo porque no podía seguir sirviendo a un imperialismo al que había empezado a considerar un chanchullo. Cuando volví a Europa viví sobre un año y medio en París, escribiendo novelas y cuentos que nadie publicaba. Cuando se me acabó el dinero pasé varios años de una pobreza bastante severa durante los que fui, entre otras cosas, lavaplatos, instructor privado y profesor en escuelas privadas baratas. Durante un año o más fui auxiliar a tiempo parcial en una librería de Londres, un trabajo que era en sí interesante pero tenía la desventaja de obligarme a vivir en Londres, que detesto. En torno a 1935 podía vivir de lo que ganaba escribiendo, y al final de ese año me fui al campo y monté un pequeño ultramarino. Casi no era rentable pero me enseñó cosas sobre el comercio que serían útiles si alguna vez volviera a probar suerte en esa dirección. Me casé en el verano de 1936. Al final de ese año fui a España para participar en la Guerra Civil, mi mujer me siguió más tarde. Estuve cuatro meses en el frente de Aragón con la milicia de POUM y resulté bastante malherido, pero afortunadamente no tengo secuelas graves. Desde entonces, salvo pasar un invierno en Marruecos, no puedo decir honestamente que he hecho otra cosa que escribir libros y cuidar de gallinas y hortalizas.
Lo que vi en España, y lo que he visto desde entonces acerca del funcionamiento interno de los partidos políticos de izquierda, me ha provocado un horror por la política. Durante un tiempo fui miembro del Partido Laborista Independiente, pero lo dejé al principio de la actual guerra porque consideraba que decían tonterías y proponían una línea política que sólo le facilitaría las cosas a Hitler. Mis sentimientos son definitivamente de ‘izquierda’, pero creo que un escritor sólo puede ser honesto si conserva su libertad con respecto a las etiquetas de los partidos.
Los escritores que más me importan y nunca me cansan son Shakespeare, Swift, Fielding, Dickens, Charles Reade, Samuel Butler, Zola, Flaubert y, entre los escritores modernos, James Joyce, T. S. Eliot y D. H. Lawrence. Pero creo que el escritor moderno que más me ha influido es Somerset Maugham, a quien admiro inmensamente por su capacidad de contar una historia francamente y sin florituras. Aparte de mi trabajo lo que más me preocupa es la jardinería, especialmente de hortalizas. Me gustan la cocina inglesa y la cerveza inglesa, los vinos tintos franceses, los vinos blancos españoles, el té indio, el tabaco fuerte, los fuegos de carbón, las velas y las sillas cómodas. No me gustan las ciudades grandes, el ruido, los coches, la radio, la comida enlatada, la calefacción central y el mobiliario ‘moderno’. Los gustos de mi mujer encajan con los míos casi perfectamente. Mi salud es mala, pero nunca me ha impedido hacer nada que quisiera hacer, salvo, hasta ahora, luchar en esta guerra. Quizá debería mencionar que aunque la información que he dado aquí sobre mí mismo es verdadera, George Orwell no es mi verdadero nombre.
En este momento no estoy escribiendo una novela, sobre todo debido a trastornos causados por la guerra. Pero planeo una novela larga en tres partes, que se llamará The Lion and the Unicorn o The Quick and the Dead, y espero producir la primera parte en algún momento de 1941.
Publicaciones: Sin blanca en París y Londres (1933). Días de Birmania (publicado en Estados Unidos antes de ser publicado en una versión algo censurada en Inglaterra, 1934). La hija del clérigo (1935). Que no vuele la aspidistra (1936). El camino a Wigan Pier (1937). Homenaje a Cataluña (1938). Subir a por aire (1939). Dentro de la ballena (1940)".
PRINCIPIOS, CUENTOS Y FEROCIDAD

1.
Algunas formas de empezar una novela.
2.
“La decisión de la revista The Atlantic de comenzar a vender algunos cuentos como descargas individuales no es, quizá, la noticia más interesante sobre el mundo de los libros que has oído este año, sobre todo porque los dos primeros autores son Christopher Buckley y Edna O’Brien. Pero Rich Motoko de The New York Times ha detectado lo que podría ser el comienzo de algo grande. ‘Que empieza el la iTunes-ización de los cuentos’ es el comienzo de su artículo sobre el tema.
Y dejando de lado la aversión a los dispositivos de lectura de e-todavía no he superado (y una elevada cantidad de cuatro dólares por relato), abre unas posibilidades muy interesantes si la iniciativa se extendiera. En concreto, las alegrías de una cinta de mezclas –un mecanismo del cortejo y del vínculo ritual- podrían estar abiertas a la literatura.
No puedo dejar de pensar que la idea sería más atractiva si se pusiera junto a la tecnología analógica, por ejemplo con la Espresso Book Machine. Pero, incluso en forma electrónica, las posibilidades son interesantes. Sería la muerte no tanto del autor como del editor, la capacidad de comprar las historias individuales nos daría a todos la oportunidad de ser antólogos. ¿Qué mejor manera de mostrar tu erudición y sensibilidad a un socio potencial que organizar una secuencia de historias de amor, poniendo a Haruki Murakami, por ejemplo, junto a Stefan Zweig y Cynthia Ozick?
En realidad, es posible que fuera terriblemente contraproducente, ¿no? Sin embargo, para fines menos cargados, la idea de una antología auto-ensamblada -posiblemente sólo para el propio disfrute- tiene un atractivo considerable. Pienso inmediatamente en armar antologías que podrían registrar la influencia de un solo escritor.”
3.
Algunos editores eligen los mejores libros no leídos de la década.
4.
Aquí pueden verse los manuscritos de Stendhal.
5.
6.
Heraldo hablaba el otro día del caso de María Luisa Muñoz, La Nena, y los gitanos aragoneses: “Según los datos facilitados desde la Fundación Secretariado Gitano, el 58 % de este colectivo está casado y ‘casi todos’ lo han hecho por el rito calé”. La directora territorial explicaba que cada vez son más los que luego van al registro civil.
Una mujer hablaba de la boda:
Lo primero es pasar por el rito del pañuelo para comprobar la virginidad de la mujer, comenta Loli. Con un camisón las mujeres se reúnen y una experta realiza la prueba. Una vez comprobado se muestra la prueba de la virginidad: primero a ellas y luego a los hombres.
[...]
“Si la mujer no fuera virgen antes de la boda, el hombre puede decidir si quiere o no quiere seguir con el casamiento”, dice Loli.
7.
Al corresponsal de El País Juan Miguel Muñoz Israel le parece feroz, sin duda. Por supuesto, le parecen feroces sus campañas militares:
“Casi nadie se opone en Israel a tan feroz ataque de su aviación.” (30/12/2008)
“El feroz ataque de la tarde de hoy ha desembocado en la invasión terrestre.” (04/01/2009)
“Olmert incidió en su reunión con Mitchell en que cualquier ataque desde Gaza y la continuación del tráfico de armas a través de los túneles de Rafah obtendrán una respuesta feroz.” (29/01/2009)
Hasta su diplomacia es feroz:
“Pese a su feroz campaña diplomática -incluidas tensas conversaciones con primeros ministros de países occidentales-, el Gobierno israelí ha fracasado a la hora de impedir que el informe del juez surafricano Richard Goldstone, que imputa crímenes de guerra a Israel y a Hamás, sea respaldado por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas”. (17/10/2009)
“Los preocupados gobernantes israelíes recurren a la presión diplomática feroz ante cada episodio judicial en Europa” (15/12/09).
Esta mañana lo ha cambiado un poco:
“La guerra de Gaza de hace casi un año pasa factura política a Israel, cuyo Gobierno se embarca en feroces campañas diplomáticas para abortar las iniciativas que desde enero deslegitiman en tribunales de países occidentales las campañas bélicas israelíes.” (16/12/09).
En la imagen, Stendhal según Johan Olaf Sodemark.
HITCHENS ESCRIBE SOBRE SARAH PALIN

“Cuando escribí sobre Sarah Palin en Newsweek el mes pasado, señalé la forma cruda en la que trata de teflonizarse cuando se la acusaba de un raro extremismo político. Así, una vez había ido a la manifestación de Pat Buchanan con una chapa a favor de Buchanan, pero sólo porque pensaba que era lo que pedía la buena educación. Ella y su marido habían asistido a las reuniones del Grupo de la Independencia de Alaska -él es miembro-, pero su nombre, arguyó ella más tarde, sólo quería decir ’independiente’. (El AIP es simplemente un partido secesionista.)
No se muestra escéptica hacia toda la evidencia de la evolución, sino con sólo una parte de ella. No había dicho exactamente que Dios estaba de nuestro lado en el Iraq; sólo que Dios y los Estados Unidos estaban en el mismo lado. Dice que dejó el Hawaii Pacific College al cabo de un año porque era "demasiado soleado para alguien de Alaska", su padre (a quien considera prácticamente infalible) dice a sus biógrafos más recientes que se marchó debido a la preponderancia de los asiáticos e isleños del Pacífico: ‘Era una cosa para minorías y no era atractivo. Así que ella volvió a casa.’ Y así sucesivamente. Como intenté resumir la reiterada táctica:
Así que hay está: anti-Washington excepto cuando siente sed de ello, y lo bastante cerca (y lo bastante lejos como para ‘negarlo’) del elemento marginal paranoico que sugiere ominosamente que nuestro presidente es un comunista keniata.
La semana pasada, la nueva estrella de la derecha hizo todo lo posible para hacerme justicia. Apareció en el programa de radio de un tal Rusty Humphries, otra rebanada humeante y entrañable de los buenos y viejos Estados Unidos, y se le preguntó si convertiría en un asunto del certificado de nacimiento del Presidente Barack Obama. Su respuesta: ‘Creo que el público tiene razón en convertirlo en un asunto. Creo que es una pregunta justa.’ Eso fue el jueves, 3 de diciembre. El viernes, había publicado una segunda ‘reflexión’ en su página de Facebook, tranquilizando a todos: ‘En ningún momento he pedido al presidente presentar su certificado de nacimiento, o sugerido que no nació en los Estados Unidos’.
Bueno, claro, por supuesto que no lo ha hecho. Sólo le parece una buena idea que otros lo hagan, a su manera ‘justa’, ya que, después de todo, es ‘una pregunta justa’
¿Podría algo ser más cobarde y despreciable? Alexander Pope escribió unas cuantas líneas acerca de este tipo de tráfico de insinuaciones de segunda mano y tercera fila:
Mas deja que aplaste este bicho de alas doradas,
Un hijo de la suciedad que hiede y apesta,
Cuyo zumbido molesta al discreto y el bello
Pero no conoce ni el ingenio ni la belleza.
Como los perros bien educados que disfrutan
De nunca morderán la pieza.
¿Qué precio tiene para la valiente cazadora de frontera, una cámara de eco vacía, dispuesta a ayudar a los traficantes de rumores y de los freaks que disparan emboscados y luego se escapan? Algunos intelectuales condescendientes de la derecha llaman a su estilo ‘populista’ y la comparan con Andrew Jackson y William Jennings Bryan. El verdadero nombre es la demagogia, y desciende de Joseph McCarthy, Robert Welch, y los elementos más desagradables de la vieja pandilla de Nixon, gente para quien la calumnia y la difamación eran una segunda naturaleza.
Creo que puedo adivinar por qué Palin se movió tan rápidamente para suavizar su petición de carne fresca a la gente de Rusty. El sábado por la noche, debía ponerse un vestido negro ser una invitado especial en la cena del Gridiron Club en Washington, DC. Era hora de ponerse los falsos adornos de ingenio y la belleza de nuevo. (Espero que esta no sea la razón por la que prensa, fue tan absolutamente suave con su basura de ‘birther’ el pasado fin de semana.) La persona ha introducido a Palin en el círculo social y político más elevado de la capital, y que ya ha organizado su aparición en el Alfalfa Club, es Fred Malek. Vale la pena tener en cuenta dos cosas sobre Malek.
La primera es que fue un miembro importante de la administración Nixon, una importante figura en el Comité Nacional Republicano, y el director de la campaña para la reelección de George H. W George en 1992. Con sus conexiones con Carlyle Group y otras las empresas y su mansión en los suburbios McLean, Virginia, Malek es casi el prototipo del hombre del ‘sistema’ privilegiado de Washington y consiglieri republicano, contra el que los adoradores de Palin y su libro imaginan, en sus patéticos sueños, que su heroína ha desatado una cruzada. Pero su libro absurdo Going Rogue está cargado de elogios hacia el apoyo y los consejos de este cuarteado bandido. ¡Populismo? ¡Ja! A menos, es decir, que uno cuente el hostigamiento de los judíos como una forma de populismo, que supongo que en cierto modo lo es. (Bryan, otro enemigo de Darwin, fue también era fan del Klan.)
Debido a que la segunda cosa que conviene sobre Malek es que él fue el hombre que elaboró una lista de los judios que debían ser despedidos de la administración pública bajo la administración Nixon. Me sorprende que tantas personas hayan olvidado esto, y que no le hayan hecho a Palin una sola pregunta al respecto. En la década de 1970, Nixon, cuyas cintas de la Casa Blanca son una prueba consistente de paranoia antisemita, dio órdenes de que la Oficina de Estadísticas Laborales fuera purgada de lo que llamó una ‘conspiración judía’. El trabajo de elaboración de la lista se le encargó a Malek, cuya información dio lugar a lo que se llamó la ‘reasignación’ de algunos funcionarios en el Departamento de Trabajo. Malek más tarde trató de dar una excusa de comadreja por su conducta, pero lo pilló mi compañero Timothy Noah de Slate.
No entiendo por qué un personaje tan repugnante es recibido aún en los círculos educados, salvo que ahora, al menos, ha vuelto hacer el tipo de tarea para la que esté mejor preparado. Se ha encontrado una neófita sin escrúpulos ni cultura política, que estará feliz de actuar como un megáfono para cualquier tipo de difamación e insinuación -Obama ‘juntándose con terroristas’, fue, supongo, la inyección de dinero de la última campaña- y luego dispuesta revisar y ampliar sus comentarios. Trabajo desagradable, si puedes conseguirlo. Malek, ahora tan cerca de la vejez, tiene que estar pellizcándose por su buena suerta.
Al menos Richard Nixon tenía la mala suerte de parecerse a lo que era: un canalla obsesionado y un psicópata reprimido. Considerando que la utilidad de Sarah Palin a la a los gestores de su partido es que combina algo de experiencia con una inocencia fingida y un rubor todavía palpable de sexo. Pero se debe leer su Alexander Pope: ese florecimiento se desvanece muy pronto, y se desvanecerá muy rápidamente si lo utiliza para prostituirse con los nixonianos un día y calentar a la chusma el día siguiente”.
VENTAJAS

1.
Hace unos meses El País publicó una entrevista con Luz Gómez García, autora del Diccionario sobre el islam y el islamismo (aquí un comentario). Hace unas semanas ella publicó un artículo en el mismo periódico, donde vinculaba las críticas al islam con la islamofobia. La idea de la islamofobia equipara la crítica a una ideología –el islam- con la crítica a unas personas y con las intenciones racistas. Luz Gómez García situaba entre los comportamientos ‘islamófobos’ el de los defensores de derechos humanos que critican la religión musulmana, a los musulmanes que han sufrido su opresión y alertan sobre ella (“Es el caso de los musulmanes que, sin representatividad comunitaria, triunfan en los medios como interlocutores: su principal objetivo es la búsqueda de visibilidad”, decía, aunque había otros culpables: “A ellos se suman, de tanto en tanto, promesas del mundo del arte cuyas ‘provocaciones’ artísticas son recibidas con alborozo como fruto de la libertad que Occidente les ha brindado”). Al mismo nivel que ellos situaba , en otro apartado, a los partidos de extrema derecha. Es decir, alguien que se opusiera a las lapidaciones o a la ejecución de apóstatas y homosexuales; una mujer que ha escapado a un matrimonio forzoso y critica esa imposición; un novelista que mencione a Mahoma y ofenda la extraordinaria sensibilidad de los teócratas; e incluso cientos de miles de musulmanes o ateos de países islámicos, que critican la ideología que los oprime -como desde hace siglos han hecho tantos en España con las imposiciones terroríficas del catolicismo- participarían en el mismo movimiento que los grupos xenófobos de la extrema derecha europea.
Era un intento perverso de atribuir una intención racista a toda crítica de unas ideas que someten a millones de personas. Por otro lado, en ningún momento decía que hubiera algo malo en el islam o alguna de sus interpretaciones. Pero lo que más me llama la atención es esa forma de definir a los otros en categorías, de elegir por ellos lo que son antes de nada y atribuirles -malas- intenciones. El País publica otra entrevista con Luz Gómez García en la contraportada del diario, en la que, un poco en la misma línea, ella va a Palestina, hay huelga general, va a comprar agua a un tendero y reprocha al comerciante que no participe en la huelga.
En la entrevista Gómez no habla de islam, sino de árabes, un término étnico y lingüístico, aunque el islam es la religión oficial en la mayoría de los países árabes:
Gómez dice que nunca ha tenido problemas por ser mujer en un país árabe. "Todo lo contrario. Llegado el momento te puede servir de gran ayuda por verte desvalida", asegura.
Ése es el título de la entrevista: “Ser mujer en un país árabe puede ser de gran ayuda”. Un país árabe, por poner un ejemplo, es Arabia Saudí, donde las mujeres no pueden pasear solas ni conducir y no tienen derechos iguales sino "similares", entre otros muchos elementos de desigualdad y oscurantismo. Y:
De todos los países árabes, Egipto es su preferido. Y más en concreto, El Cairo. ‘Su humor se parece mucho al nuestro. Se ríen de sí mismos, de sus símbolos nacionales, lo critican todo. También tienen el gusto por vivir en la calle, son más abiertos a hablar con desconocidos’.
Los derechos humanos están peor en otros países del mundo árabe que en Egipto, que Mubarak gobierna desde hace 28 años. Pero desde 1952 hasta 2005 no hubo elecciones; las de 2005, aunque se consideraron un avance, no cumplieron criterios democráticos: se crearon restricciones para impedir la participación de los líderes de la oposición (uno de ellos fue encarcelado después de la elección), se denunciaron fraudes y amenazas. Los grupos de derechos humanos han criticado la falta de libertades religiosas (aunque oficialmente se conceden derechos al margen de la religión, no se permitía convertirse desde el islam a otra religión); Freedom House ha denunciado la tortura rutinaria a los detenidos; en 2005 lo situó en el número 6 en una escala que medía las libertades políticas entre el 1 (más libre) y 7 (menos libre); lo calificó de "Parcialmente Libre" en 2006; en 2008 estaba en el puesto 124 en términos de libertad de prensa de los 195 países examinados (el último era Corea del Norte). En el mismo ránking, España estaba en el puesto 46.
En 2008 Egipto prohibió la ablación de clítoris (una práctica preislámica, a la que se han opuesto algunos líderes islámicos del país y que han apoyado otros, al igual que los Hermanos Musulamnes), después de que dos niñas murieran desangradas. El primer arresto por esta costumbre inhumana no se ha producido hasta agosto de 2009. En 2005, una encuesta del gobierno egipcio encontró que el 96 % de las mujeres egipcias que se habían casado alguna vez había sufrido la ablación.
2.
Maruja Torres ha escrito sobre Afganistán, que no pertenece al mundo árabe. En su columna criticaba a la OTAN y a sus aliados (‘auténticos asesinos a quienes la población detesta tanto como a las fuerzas de la OTAN’). Para ella, Afganistán no tiene nada que ver con el terrorismo. Y por supuesto, es un país con unas reglas especiales, no universales: “Los afganos no aceptan la menor injerencia extranjera en sus vidas, en sus tradiciones, en su cotidianidad”.
Pero lo más curioso es que no se le ocurrió nada malo que escribir sobre los talibanes. Sólo: “los talibanes, que son la única fuerza autónoma organizada, guste o no”.
Las cursivas son mías.
3.
La Feminist Majority Foundation –que se opuso a la guerra de Afganistán y a la invasión de Iraq, y que en su carta critica duramente el apoyo estadounidense a los muyaidines en los 80, así como su abandono del país afgano tras la retirada de la Unión Soviética- escribe:
“Afganistán está en una condición deplorable. No hay discusión sobre eso.
Algunos creen que deberíamos marcharnos.
No podemos apoyar esta posición ya que el coste para las mujeres y las niñas sería demasiado elevado y la responsabilidad de EE.UU. en el estado de error actual en Afganistán es demasiado pesada.
Si los EE.UU. fueran a salir de Afganistán, Estados Unidos sería una vez más, romper nuestra promesa con el pueblo afgano, y el país probablemente quedaría bajo control talibán.
Los afganos, especialmente las mujeres y las niñas, saber algo acerca de los talibanes: la opresión y horribles abusos de derechos humanos. No podemos olvidar nunca que despojaron mujeres y las niñas de todos los derechos humanos -el derecho a la educación, la movilidad, la visibilidad, la atención de la salud, el empleo, la lista continúa. Y más recientemente, los terroristas han destruido escuelas de niñas, matado a periodistas y dirigentes locales mujeres y han asesinado a las mujeres docentes enfrente de sus alumnos. Han llenado pistolas de agua con ácido y desfigurado los rostros de las niñas que volvían a la casa desde la escuela. No es extraño que sólo el 4% de los afganos que apoyan a los talibanes de regresar al poder y el 58% piense que plantean el mayor peligro para el país. (BBC / ABC, diciembre de 2008)”.
4.
Al Qaeda mata a ocho veces más musulmanes que no musulmanes.
En la imagen, mujeres en Afganistán.
MINARETES

1.
“El resultado no fue el que esperaban los bienpensantes, las personas que creen las religiones pueden convivir. Para sorpresa de su gobierno, y la consternación de espectadores que van desde el Vaticano a la Organización de la Conferencia Islámica (que agrupa a 57 países musulmanes), los ciudadanos suizos votaron por un amplio margen (57%, con mayorías en 22 de los 26 cantones) la prohibición de que las mezquitas tengan nuevos minaretes.
En una Europa que es criticada, en varias partes del mundo, por deslizarse perezosamente hacia una ‘Eurabia’ dominada por musulmanes o por aferrarse obstinadamente a los restos de la teocracia cristiana, el referéndum del 29 de noviembre fue la decisión más dramática que cualquier nación ha tomado para limitar la visibilidad del islam.
Y sucedió en un país donde el islam nunca ha sido muy visible. La característica más llamativa de la mezquita de 30 años de Ginebra es su modestia: su alminar (uno de los cuatro del país) sólo coincide con la altura del edificio, aunque existe un permiso para uno mucho más alto. Y el llamado musulmán a la oración no ha sido escuchado en Suiza, a excepción (durante la campaña del referéndum) de cuando lo han pronunciado los activistas antiislámicos que trataban de alarmar al público.
Los musulmanes en Suiza son numerosos (unos 400.000, la mayoría en los Balcanes y Turquía), pero no especialmente entusiastas. Sin embargo, entre sus muchos efectos, el resultado tensará las relaciones entre los suizos y los turcos. Atilla Toptas, un legislador turco nacido en Suiza, dijo que la campaña despertó sentimientos más antiturcos como antimusulmanes. Agitadores contra los minaretes mencionaron a un poeta citado por el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan: ‘Las mezquitas son nuestros cuarteles ... los minaretes nuestras bayonetas’. (Erdogan hizo la alusión mucho antes de asumir el poder nacional, y la cita lo llevó a la cárcel.)
Bernard Kouchner, ministro francés de Exteriores, dijo que estaba conmocionado por el voto de Suiza y esperaba que la decisión fuera revocada. Y puede tener razón: la decisión podría ser revocada por el Tribunal Supremo de Suiza, o por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Sin embargo, la votación fue una señal preocupante en las relaciones de Europa con el islam, y en la relación global entre las religiones monoteístas. Entre los grupos con interés en buenas relaciones entre el islam y el Occidente cristianos, históricamente, había una sensación instantánea de que el desafío que afrontan podría ser más grande de lo que que la gente pensaba. ‘El apoyo a las formas más extremas de la violencia religiosa es caerse, pero puede que hayamos subestimado la sospechas que persisten entre los seguidores de nuestras fes, especialmente cuando no están bien informados’, dijo Alistair MacDonald-Radcliff, un sacerdote anglicano que es director de un foro denominado C1 World Dialogue, dirigido por personalidades eminentes en el islam y el cristianismo.
Incómodamente para aquellos que prefieren acentuar lo positivo, el voto desafía algunos de los lugares comunes de los debates entre religiones. Por ejemplo, cuando los cristianos y los musulmanes hablan educadamente, a menudo se señala que el mundo de hoy ya no se divide en zonas geográficas donde predomina una fe u otra. Para los musulmanes de tendencia liberal, la división entre vieja Dar al-islam (el reino del islam) y Dar al-Harb (el reino de la guerra) no se aplica a una época en que algunos de los partidarios más felices de su fe viven como minorías. Y en el oeste, el viejo concepto de ‘Cristiandad’ se utiliza generalmente con un toque de ironía, en todo caso.
Pero el derechista Partido del Pueblo Suizo tocó la fibra sensible al decir a los votantes que todavía había una elección binaria: o se sometían a la misoginia y los castigos crueles en nombre del islam, o prevalecía su cultura existente, basada en el cristianismo. Los minaretes se mostraban como una fuerza amenazante: en carteles, formas oscuras (parecidas a minaretes y misiles) surgían de una bandera suiza.
La resonancia de tales tácticas puede avergonzar a los políticos franceses y alemanes, tanto en el centro-izquierda como el centro-derecha, que han predicho que los musulmanes pronto estarán integrados, al mismo tiempo que sus conciudadanos se acostumbrarán a ellos y que se debiliten sus vínculos con Turquía o Marruecos. En opinión de Jonathan Lorenzo, profesor den la Universidad de Boston, el resultado del voto puede ser visto como un revés para las estrategias basadas en conseguir que llevar al islam a la corriente principal europea, alentando a los musulmanes a ‘salir del sótano’ y construir lugares más visibles de culto.
Y el voto de Suiza sin duda animará a los políticos italianos que se oponen a las mezquitas en términos francamente nativistas. Entre ellos está Roberto Maroni, ministro del Interior de Italia, que es una importante figura de la xenófoba Liga del Norte. Sus líderes elogian el resultado de Suiza y piden una votación similar en Italia. El sentimiento antimusulmán es fuerte en muchas ciudades italianas, como Génova, donde los críticos de un proyecto de la mezquita celebraron una protesta con velas el 1 de diciembre.
Los europeos, que están acostumbrados a que los estadounidenses les reprochen ser demasiado blando con el islam, en los últimos días se han visto criticados por la razón contraria: su continente no está a la altura de los ideales del pluralismo y la libertad de expresión que fueron un europeo regalo para el mundo.
Freedom House, un grupo de presión estadounidense, calificó la votación de Suiza como un retroceso ‘peligroso’ para la libertad religiosa en un país que se enorgullece de la tolerancia. Reza Aslan, un escritor sobre el islam afincado en California, dijo que el voto de Suiza sería visto como ‘una violación atroz’ de los derechos básicos, incluso por parte de estadounidenses que no sienten aprecio por el islam. En su opinión, la votación puso al descubierto un ‘racismo institucional’ en Europa, que contrastó con la reacción mesurada de los estadounidenses tras el tiroteo en una base del ejército tejano en el que un oficial musulmán mató a 13 personas. Aunque la crítica virulenta e intolerante al islam obviamente existe en los Estados Unidos (en programas de radio, por ejemplo), en opinión de Aslan nunca ganará respetabilidad política real.
Mientras tanto, pese a lo mal que ha sentado el resultado de la votación de en el mundo musulmán, no ha habido indicios inmediatos de la violencia callejera que se desató después de que Benedicto XVI citara a un gobernante bizantino antimusulmán, o cuando la prensa danesa publicó unas caricaturas de Mahoma. (Las protestas contra Dinamarca se produjeron varios meses después de que salieran los dibujos; este desfase hace pensar a algunos que eran el resultado de una calculada agitación, no un estallido espontáneo.)
Si la reacción en los estados de mayoría musulmana ha sido apagada, podría ser debido a que algunos de ellos comparten la creencia del pueblo suizo de que en realidad el mundo se divide en bloques huntingtonianos, en los que prevalece una religión u otra, y el resto sigue sufriendo. No hay prácticamente ninguna ‘tierra musulmana’, donde las minorías religiosas y los musulmanes disidentes disfruten sin trabas de los derechos civiles, como el derecho a construir lugares de culto sin grandes trabas burocráticas.
Los gobiernos occidentales, incluido el Vaticano, se han negado a jugar el juego de la reciprocidad, donde la libertad de sus propios ciudadanos musulmanes fuera rehén de la situación de los cristianos y otras minorías en el mundo islámico. Pero, como sugiere el voto de Suiza, a los gobiernos europeos puede resultar difícil resistirse a las llamadas populistas del enfoque del ojo por ojo y diente por diente, a menos que tomen una hoja del libro de Estados Unidos y establezcan un conjunto sencillo y transparente de normas jurídicas para todos los credos. Si lo hacen, a los fanáticos suizos les resultará más difícil argumentar que la característica arquitectónica de hoy entraña la lapidación de mañana.

2.
‘Nadie había previsto el éxito de la votación de Suiza en favor de la prohibición de nuevos minaretes. Ni siquiera la derecha populista que originó esta iniciativa. La atención es ahora un alto nivel. ¿La culpa de las élites que no se dieron cuenta, o de la gente que expresó su hartazgo? ¿De los medios de comunicación, que demasiado del islamismo, o de los islamistas, que hacen demasiado? Dejo de lado los juicios morales para preguntarme sobre la intención, el contexto y el alcance de esta votación.
Lo primero, la intención. La iniciativa surgió de un grupo cercano a UDC, el partido populista cuyos carteles electorales mezclan con frecuencia la cuestión de la inmigración y la del fundamentalismo. Un cartel a favor del ‘sí’ mostraba a una mujer completamente cubierta por un velo, sobre un fondo de la bandera suiza recubierta de minaretes con forma de misiles. Podía seducir a los votantes a los que repugna el velo aunque la consulta era sobre fue la prohibición de... minaretes.
Como el velo para el cabello, el minarete no es una obligación estipulada en el Corán. Pero no tiene el mismo carácter que atenta contra la igualdad. Como el campanario, atestigua el deseo de llamar a sus seguidores, y eventualmente algo de proselitismo. Se podría entender que una votación sobre el urbanismo deseara regular la altura de los edificios de culto y e imponerles el silencio, aunque sólo sea por respeto a la vecindad. Este problema estaba resuelto antes de la votación, y no es lo que ella proponía. Trataba de los minaretes, no los campanarios. Esto introduce una discriminación entre los lugares de culto.
Lejos de ser laica, esta postura proviene de un enfoque religioso. Se ha olvidado, pero la Reforma protestante prohibió la minoría católica de Suiza tocar campanas y e incluso construir campanarios. Esta tradición contraria a la igualdad se ha reactivado en contra de los minaretes.
Los países de la Organización de la Conferencia Islámica, representada en vigor en el Consejo de Derechos Humanos, con sede en Ginebra, tendrían por una vez razón para quejarse de ‘dos varas de medir’. Pero que no griten demasiado fuerte. Suiza está lejos de ser tan injusta como algunos países musulmanes, que prohíben absolutamente la construcción de iglesias y no sólo de campanarios. Aunque un país donde las instituciones garantizan los derechos del hombre tendrá que luchar para adoptar una medida que se aparta claramente del principio de igualdad.
A diferencia de la ley sobre signos religiosos ostensibles en las escuelas públicas, no se trata de defender la igualdad entre hombres y mujeres, sino de asegurar el dominio visual y simbólico de la cristiandad en detrimento del islam . En nombre de un enfoque que deriva de la identidad, no la laicidad.
La laicidad tal como la vivimos en Francia aspira a tratar todas las religiones en pie de igualdad. Puede mostrarse exigente ante ciertas interpretaciones políticas y religiosas de los religiosos, en particular en las escuelas públicas, pero respeta los lugares de culto, incluso puede mantener en nombre de la cultura y el patrimonio. Suiza ha realizado una elección contraria: no ataca las manifestaciones políticas de los religiosos (como el velo), sino su parte cultural, la arquitectura. Sin embargo, las mezquitas con minaretes son a menudo las más bellas y menos fundamentalistas. Mientras que el Centro Islámico de Ginebra, el cuartel general de los Hermanos Musulmanes de Suiza, no tiene minarete.
Este islam político llegado de Egipto está en gran medida desconectado de las preocupaciones de los musulmanes en Suiza, la gran mayoría originarios de Turquía o de Albania. Sin embargo, estos son sus predicadores que los medios de comunicación locales describen desde hace demasiado tiempo como la voz del islam en Suiza. Hasta el punto de irritar y, tal vez, contribuir a esta reacción. Paradoja: el resultado de esta iniciativa les permitirá reforzar su propaganda victimista, y el fundamentalismo’.
3.
El análisis de Soledad Gallego-Díaz.

4.
“¿Y si a los votantes suizos se les preguntara en un referéndum sobre la prohibición de construir una cruz de lados iguales con los brazos doblados en ángulos rectos, como símbolo de la creencia de una pequeña minoría? O imagina un referéndum sobre la construcción de torres rematadas con una hoz y un martillo, un símbolo caro a los corazones de una minoría muy pequeña en Suiza.
Las ideas políticas tienen símbolos: una cruz gamada, la hoz y el martillo, un minarete, una media luna con una estrella en el medio (normalmente en la parte superior del minarete) representan una teoría política colectivista de la supremacía de un grupo sobre todos los demás.
Sobre temas controvertidos, los suizos escuchan para debatir, leen periódicos, e investigan para decidir el voto.
Lo que los europeos están descubriendo sobre el islam, mientras investigan es que es más que una religión. El islam no sólo ofrece un marco espiritual para hacer frente a cuestiones tan humanas como el nacimiento, la muerte, y lo que debería venir después de este mundo, sino que también prescribe una forma de vida.
El islam es una idea sobre cómo la sociedad debe ser organizada: la relación del individuo con el Estado, la relación entre hombres y mujeres; reglas para la interacción entre creyentes y no creyentes; cómo hacer cumplir dichas normas; y por qué un gobierno bajo el islam es mejor que un gobierno basado en otras ideas. Estas ideas políticas del islam tienen sus símbolos: el minarete, la media luna, el pañuelo en la cabeza, y la espada.
El alminar es un símbolo de la supremacía islámica, un símbolo de la dominación que llegó a simbolizar la conquista islámica. Se introdujo décadas después de la fundación del islam.
En Europa, como en otros lugares del mundo donde se establecen los musulmanes, los lugares de culto son en principio simples. Todo lo que un musulmán necesita para cumplir con la obligación de la oración es una brújula para indicar la dirección de la Meca, agua para las abluciones, una esterilla de oración limpia, y una manera de saber la hora para rezar cinco veces al día durante el período asignado.
La construcción de grandes mezquitas con torres extremadamente altas que cuestan millones de dólares sólo llega después de que la población musulmana haya alcanzado una importancia demográfica.
La mezquita evoluciona desde una casa de oración a un centro político.
Entonces los imanes pueden predicar un mensaje de auto-segregación y rechazo valiente a los caminos de los no-musulmanes.
Se separa a hombres y mujeres; se condena abiertamente a homosexuales, apóstatas y judíos, y los creyentes se organizan en torno a objetivos políticos que piden la introducción de formas de la sharia (ley islámica), comenzando por el derecho de familia.
Esta es la tendencia que hemos visto en Europa, y también en otros países donde los musulmanes se han establecido. Ninguno de los académicos, diplomáticos y políticos occidentales que condenan la votación de Suiza para prohibir la dirección de minarete, mencionan, y mucho menos disputan, estos hechos.
En su respuesta a la presencia del islam entre ellos, los europeos han desarrollado lo que se puede percibir más o menos como dos diferentes puntos de vista. La primera visión que hace hincapié en la precisión. ¿Es correcto equiparar los símbolos políticos, como los utilizados por los comunistas y los nazis, con un símbolo religioso como el minarete y los accesorios de la media luna y la estrella, los uniformes del Tercer Reich con el burka y la barba de los islamistas actuales?
Si es correcto, entonces el islam, como un movimiento político, debería ser rechazado sobre la base de su propio fanatismo. En esta perspectiva, los musulmanes no deben ser rechazados como residentes o ciudadanos. La objeción es a las prácticas que se justifican en nombre del islam, como los crímenes de honor, la yihad, la perspectiva del nosotros contra ellos, la autosegregación. En pocas palabras, la supremacía islámica.
La segunda perspectiva se niega a equiparar los símbolos políticos de diversas formas de fascismo blanco con los símbolos de una religión. En esta escuela de pensamiento, las Escrituras islámicas se comparan con las Escrituras cristianas y judías. Los que razonan desde esta perspectiva predican el pragmatismo. Según ellos, la clave para la asimilación de los musulmanes es el diálogo. Están preparados para calmar algunas de las demandas que las minorías musulmanas hacen con la esperanza de que un día desaparezca su adhesión a la Escritura, como ocurrió con los cristianos y judíos.
Estas dos perspectivas divergentes corresponden a dos grupos muy distintos en Europa. El primero corresponde principalmente a la clase obrera. El segundo a las clases que George Orwell describió como ‘indeterminadas’. Tienen una perspectiva cosmopolita, e incluyen a diplomáticos, empresarios, políticos de grupos mayoritarios y periodistas. Conocen bien la globalización y tienden a centrarse en la imagen internacional de sus respectivos países. En todos los conflictos entre el islam y Occidente, hacen hincapié en la posible reacción de los países musulmanes y la forma en que afectará a la imagen de su país.
Por el contrario, aquellos que rechazan las ideas y prácticas del islam político están en contacto con los musulmanes a nivel local. Se les ha pedido que acepten a los inmigrantes musulmanes como vecinos, compañeros de clase, colegas; son lo que los estadounidenses llaman Calle Mayor. He aquí la gran paradoja de la Europa de hoy: que la clase trabajadora, que votó a favor de la izquierda durante generaciones, ahora vota a partidos los partidos de derecha, porque siente que los partidos socialdemócratas no comparten sus preocupaciones.
Los pragmáticos, la mayoría de los cuales está en el poder poder, tienen parte de razón cuando insisten en que la integración de los musulmanes llevará tiempo. Sus llamadas al diálogo son sensatas. Pero mientras no estimulen a los musulmanes a elegir entre los valores de los países a los que han llegado y los de los países de donde se fueron, ellos se seguirán encontrando con sorpresas. Y esto es lo que la votación de Suiza nos muestra. Se trata de un enfrentamiento entre gentes locales, votantes de clase obrera (y algunas feministas de clase media) e inmigrantes musulmanes recién llegados que sienten que tienen derecho, no sólo a practicar su religión, sino también a reemplazar el orden político local con el suyo.
Observa cuidadosamente las reacciones de los suizos, la UE y las elites de las Naciones Unidas. El gobierno suizo se siente avergonzado por el resultado de la votación. Los suecos, que actualmente presiden las reuniones de la UE, han condenado la votación de Suiza como intolerante y xenófoba. El ministro de Exteriores sueco, Carl Bildt, dijo en público que la votación de Suiza es un acto de mala diplomacia. Lo que pasa por alto es que este es un debate sobre el islam como asunto interno. No tiene nada que ver con la política exterior.
La votación de Suiza destaca el debate sobre el islam como una cuestión interna en Europa. Es decir, el islam como un conjunto de ideas políticas y colectivistas. Los líderes europeos han pedido a los ciudadanos una y otra vez que sean tolerantes y acepten a los musulmanes. Lo han hecho. Y eso puede medirse a) en la cantidad de dinero de los contribuyentes que se invierte en la salud, vivienda, educación y bienestar de los musulmanes y b) en los cientos de miles de musulmanes que están llamando a las puertas de Europa para ser admitidos. Si esas personas que claman que Europa es intolerante tuvieran razón, si hubiera xenofobia y rechazo de los musulmanes, veríamos una situación inversa. Habría un éxodo de musulmanes fuera de Europa.
En efecto, existe una confrontación internacional más amplia entre el islam y el Occidente. Las guerras de Irak y Afganistán forman parte de eso, por no hablar de la lucha entre israelíes y palestinos y las ambiciones nucleares de Irán. Que la confrontación no debe confundirse nunca con el problema local de absorber a los musulmanes que se han convertido en residentes permanentes y ciudadanos de las sociedades europeas”.
En las imágenes, un minarete en Marrakech, un cartel de campaña, y una manifestación a favor de los minaretes.
UGANDA

“Como gay ugandés, Frank Mugisha ha sufrido insultos por parte de extraños, mensajes de odio en su teléfono, acoso policial y ser señalado en un periódico como uno de ‘los principales homosexuales del país’. Puede que eso parezca pronto una época mejor.
La cadena perpetua es la pena mínima para toda persona declarada culpable de tener relaciones sexuales homosexuales, en virtud de un proyecto de ley contra la homosexualidad del Parlamento de Uganda. Si el acusado es portador del VIH o un agresor en serie, o una ‘persona de autoridad’ sobre su compañero, o si la ‘víctima’ es menor de 18 años, la condena se traducirá en pena de muerte.
Los miembros del público están obligados a informar de cualquier actividad homosexual a la policía en 24 horas o se arriesgan a tres años de prisión. Activistas a favor de los derechos humanos dicen este escenario que se traducirá en una caza de brujas. Los ugandeses que rompan la nueva ley en el extranjero estarán sujetos a solicitudes de extradición .
‘El proyecto de ley se cierne sobre nosotros’, dijo Mugisha, 25, presidente de Minorías Sexuales de Uganda, una coalición local de grupos de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales que serán prohibidos por la ley. ‘Si esto ocurre, tendremos que abandonar el país.’
Grupos de derechos humanos dentro y fuera de Uganda han condenado la legislación propuesta, que está diseñada para fortalecer leyes de la época colonial, que ya criminalizaban las relaciones homosexuales. El problema amenaza con eclipsar la reunión de jefes de gobierno de la Commonwealth que terminó en Trinidad y Tobago ayer; el Reino Unido y Canadá expresaron gran preocupación. Antes de la reunión Stephen Lewis, un ex enviado de la ONU para tratar el SIDA en África, dijo que la ley ‘es una burla a los principios de la Commonwealth’ y tiene ‘el sabor del fascismo’.
Pero la homofobia profundamente arraigada de Uganda, junto una campaña evangélica con vínculos en la derecha cristiana de Estados Unidos que alega los hombres homosexuales están tratando de ‘reclutar’ a los escolares, y que la homosexualidad es un hábito que se puede ‘curar’, ha asegurado un amplio apoyo público para el proyecto de ley.
El presidente Yoweri Museveni parecía añadir su apoyo a principios de este mes, cuando advirtió a los jóvenes de Kampala que había oído que ‘los homosexuales europeos están reclutando en África’, y dijo que las relaciones homosexuales están en contra de la voluntad de Dios.
‘Decíamos el señor y la señora, pero ahora es el señor y el señor. ¿De qué va eso?’, dijo. En una entrevista con The Guardian, James Nsaba Buturo, el ministro de estado para la ética e integridad, dijo que el gobierno estaba decidido a aprobar la legislación, a ser posible antes de finales de 2009, incluso si eso significa la retirada de los tratados y convenios internacionales como la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, y la retirada de inversiones.
‘Estamos hablando de sexo anal. Ni siquiera los animales hacen eso’ Butoro dijo, agregando que él personalmente estaba cuidado a ‘seis ex homosexuales’ que habían sido traumatizados por la experiencia. ‘Creemos que hay límites a los derechos humanos’.
La homosexualidad ha sido siempre un tema tabú en Uganda, y muchos lo consideran una afrenta tanto a la cultura local y la religión, que desempeña un papel importante en la vida familiar. Este estigma negativo y la amenaza real de pérdida del empleo significa que ninguna personalidad pública ha ‘salido del armario’.
Incluso las campañas locales del VIH -que han sido fuertemente influenciados por la iglesia evangélica con un sesgo favorable a la abstinencia frente al uso del preservativo- han evitado deliberadamente dirigerse a los hombres homosexuales, tanto para la prevención como para el acceso al tratamiento.
‘Esto significa que muchos gays aquí creen que el SIDA no es un problema, lo que es muy peligroso’, dijo Mugisha, que junto con algunos colegas, se ha arriesgado a que lo que detengan al defender en los últimos años un cambio en la política sobre el VIH.
Al mismo tiempo, algunos influyentes líderes religiosos han advertido sobre los peligros de aceptar las actitudes liberales occidentales hacia la homosexualidad.
Tanto los opositores como los partidarios están de acuerdo en que el impulso para el proyecto de ley llegó en marzo, durante un seminario en Kampala para ‘exponer la verdad que hay detrás de la homosexualidad y la agenda homosexual’.
Los principales oradores fueron tres evangelistas estadounidenses: Scott Lively, Don Schmierer y Caleb Lee Brundidge. Lively es un señalado activista antigay y presidente de Defend the Family International; mientras que Martínez Salazar es un autor que trabaja con ‘grupos de recuperación de homosexuales’. Brundidge es un ‘entrenador de reorientación sexual’ en la International Healing Foundation [Fundación Internacional de la Curación].
El seminario fue organizado por Stephen Langa, un electricista de Uganda que se volvió pastor y dirige la Family Life Network [Red de la Vida Familiar] en Kampala, y ha extendido el mensaje de que los gays se dirigen a los escolares para la ‘conversión’. ‘Dan dinero a los niños para reclutar a compañeros de clase –en cuanto tienes dos chicos, toda la escuela se ha ido,’ dijo en una entrevista. Preguntado sobre si ha habido algún caso legal para probar esto sucedía, contestó: ‘No, por eso es necesaria esta ley’.
Después del congreso Langa organizó una petición firmada por miles de padres para que se entregara al Parlamento en abril. En unos meses el proyecto de ley había sido elaborado.
Christopher Senyonjo, un obispo anglicano retirado, dijo que el proyecto de ley llevaría Uganda a ser un estado policial. ‘Esta ley está recibe la influencia de algunos evangélicos en el extranjero’, dijo. ‘Hay una falta de comprensión acerca de la homosexualidad: no es la el reclutamiento, es la orientación’.
Pero entre los líderes religiosos de todas las religiones la suya es una voz rara. Langa, el pastor, dijo que la única cosa que falta en la legislación es una cláusula de ‘rehabilitación’ de los homosexuales, a los que ‘ama’ y quiere ayudar. Los derechos de los homosexuales tenían el potencial de destruir la civilización, como el oeste podría averiguar pronto, dijo.
‘Un padre me dijo: Preferimos vivir en cabañas de hierba con nuestra moralidad que en rascacielos entre homosexuales’.’
LÁTIGO, BARBARIE Y PANTALONES

“La periodista Lubna Ahmed al-Husein, arrestada junto a otras 13 mujeres por llevar pantalones, ha escrito 40 coups de fouette pour un pantalon, para alertar a la opinión internacional sobre la situación de las mujeres en su país.
El tres de julio, cuando fue arrestada, ¿era la primera vez que llevaba pantalón?
No. Mi armario es muy variado, tengo pantalones, vestidos, ropa tradicional sudanesa, me limito a un tipo particular de prendas de vestir. Pero en Sudán, en las universidades y en todas las instituciones del Estado, está prohibido usar pantalones. También se prohíbe en el mercado, o en un restaurante, y ahí es donde yo estaba cuando me arrestaron. Por lo general, uso mi coche para desplazarme -las mujeres siempre han tenido el derecho a conducir en el Sudán, cuando el coche llegó al país todavía estaba bajo mandato británico- y por tanto, con pantalones o no, no tengo ningún problema.
La paradoja es que algunos países musulmanes imponen el pantalón, que oculta el cuerpo. Pero no hay nada en el Corán sobre el tema, de ahí que las interpretaciones sean diferentes. Lo que dicen todas las religiones es que hay que ir vestido con una cierta ‘decencia’, tanto hombres como mujeres. Y el mismo artículo de la ley bajo el cual fui juzgada, el artículo 152 del Código Penal de 1991, habla sólo de la ropa ‘que pudieran causar problemas’, socavar la moral pública. Esto es obviamente un concepto muy subjetivo, que depende de la interpretación del funcionario.
¿Escapó del látigo (para ser condenada a pagar una multa o en su defecto a ir a prisión) gracias a los testimonios en su favor?
No, porque el juez ha sólo escuchó a los testigos de cargo. Se negó a oír a los testigos de la defensa. Éramos trece mujeres, detenidas al mismo tiempo, el mismo lugar, y nos juzgó al mismo tiempo. Todas los demás fueron condenados a recibir latigazos y yo me libré. Probablemente porque soy un poco conocida fuera de mi país. Yo lo consideraba un escándalo: no sólo una injusticia sino una violación de la ley, una afirmación del hecho de que no hay igualdad ante la ley. Así que me negué a recibir esta excepción, pero el juez, evidentemente, no cambió su decisión. Así que me negué a pagar la multa para evitar la cárcel. Incluso antes de ir a juicio, el presidente de la Unión de periodistas sudaneses me pidió que me comprometiera por escrito a dejar de usar pantalones. De ese modo evitaría el procesamiento. Me negué. Me enteré por la prensa de que el presidente había tomado la decisión de ofrecerme la amnistía. También la rechacé.
Quizá lo habría aceptado si hubiera sido un primer paso para cambiar la ley, pero no era el caso. Yo no quería hacer de mi caso una historia personal, y una excepción, para hacerme callar, mientras que miles de mujeres sudanesas siguen condenadas a la flagelación. También podría haber utilizado la inmunidad que disfruto como funcionaría de la ONU, pero yo quería, pese al deseo de las autoridades, ser tratada como todo el mundo, llegar al final del proceso.
¿Cómo la trataron en prisión?
Al principio como a todo el mundo. Me registraron, me quitaron el ordenador portátil, etc. Sin embargo, aunque estaba en prisión, pude hablar con la prensa. Los guardias se sorprendieron. Les dije que la tecnología permite muchas cosas ahora, pero no expliqué cómo lo hice y no quiero hacerlo público porque aún puede ser útil para mí en el futuro ...
Mi presencia en la cárcel los molestaba, porque sabían que yo quería recoger las historias de otros reclusos. Por eso me dejaron en libertad después de una noche. Pero no he pagado la multa. Me enteré de que había sido pagada por la Unión de Periodistas, cercano al partido del presidente, algo que repruebo.
En su libro, también habla de su vida, especialmente de la ablación que sufrió a los 7 años, y de la situación de las mujeres de hoy en Sudán. Y señala que algunas mujeres educadas, que trabajan, siguen mutilando a sus hijas. ¿Cómo lo explica?
Es una paradoja de la sociedad sudanesa. Mujeres mucho más modestas, con menos recursos financieros e intelectuales, intentan resistir frente a la práctica de la ablación, mientras que hay mujeres educadas la perpetúan. Para mí, esto sigue siendo un misterio. Significa que la educación no siempre es suficiente para pensar bien sobre este asunto. Sin embargo, cuando una ha experimentado ese dolor, ¿cómo no va a querer que su hija no lo sufra? Un movimiento de mujeres en Sudán combate la ablación y exige su prohibición. Sin éxito de momento. Otros movimientos que abogan por su perpetuación.
¿Por qué decidió ser periodista, después de haber estudiado agronomía?
Hice un poco de estos estudios un poco por defecto. Entré en una facultad donde había plazas. Pero desde siempre quería escribir, y el oficio de periodista me tentaba. Pero yo no esperaba llegar.
Al comienzo de su carrera como periodista, gozó de cierta libertad, luego la censura se instaló. En el libro dice que un día, exasperada, reprodujo en su crónica una receta, y que incluso ese texto fue censurado...
Los periodistas tenían a practicar la autocensura. Yo intentaba evitarlo. Entre 1989 y 1998, Al-Bashir gobernó sin una constitución, lo que puede sorprender a los occidentales. En la nueva Constitución, la autoridad intentó demostrar que existe un espacio de libertad en Sudán. Sin embargo, en este supuesto periodo de libertad, se prohibió un periódico. Así que todo fue muy transitorio y sobre todo ilusorio. Y la censura se instaló. Los funcionarios de la Seguridad del Estado llegaban al periódico cada tarde, sobre las 18 horas, para leer los artículos y eliminar todo aquello con lo que no estaban conformes.
A veces dejaban de venir por un tiempo. Sin embargo, desde 2006 están presentes todos los días. Nosotros, por supuesto, tratábamos de evitarlos, y escribí, casi como provocación, esa receta. Pero, como buenos burócratas, encontraron una manera de intervenir, incluso en mi copia.
Cuando habla de su matrimonio, y de la muerte prematura de su marido, usted dice que en Sudán las viudas son tratadas como criminales. ¿Qué quiere decir?
Esta es otra práctica que explica erróneamente por la religión y que sólo existe en Sudán. Las viudas están bajo arresto domiciliario durante el duelo. Ni siquiera tienen que moverse dentro de la casa. Deben permanecer en la cama y no levantarse, excepto para ir al baño y hacer sus oraciones. Yo soy musulmana, pero me negué a este arcaísmo que no tiene nada que ver con el Islam. Como el velo. Siempre me acuerdo de que las mujeres no deben llevar velo en La Meca. Entonces, ¿por qué deben hacerlo en otros lugares?
¿Es peligroso para usted regresar a Sudán?
He recibido amenazas de muerte, incluso antes de salir del país, e incluso antes del juicio. Deseo regresar a mi país, pero tengo que tomar en serio estas amenazas. Uno de mis compañeros periodistas que habían intentado ignorarlas fue asesinado”.
En la imagen, Lubna Ahmed al Husein (Loubna Ahmad Al Hussein en la transcripción francesa).
HITCHENS: MASOQUISMO MULTICULTURAL

Escribe Christopher Hitchens (en la imagen):
“Es a la vez divertido y educativo observar un consenso cuando de repente comienza a romperse en todos los puntos sin ceder un centímetro. Hace un par de semanas, la perspectiva consoladora era que el mayor Nidal Malik Hasan era un hombre más digno de compasión que temor, un oficial en toda regla de las fuerzas armadas de Estados Unidos que estaba demasiado afectado por las historias de los veteranos de regreso como para funcionar correctamente, un médico demasiado estresado como para tener en cuenta que existía algo como un juramento hipocrático. Incluso el FBI había interpretado sus emails Anwar al-Awlaki como bastante ‘consistentes con la investigación que lleva a cabo el mayor Hasan en su puesto como psiquiatra en el Centro Médico Walter Reed’.
Ese último hallazgo no encaja muy bien con la revelación de que el mayor pedía consejo espiritual Awlaki un poco antes de que el imán emitiera un dictamen propio, que certificaba que las balas disparadas los soldados americanos eran empleadas en una causa santa. El Washington Post y ABC News, que adelantaron al consenso en su información, también han desenterrado emails de Hasan al predicador afincado en Yemen, donde preguntaba qué tácticas de la yihad podría estar justificadas, qué circunstancias justificarían la muerte de transeúntes inocentes, y expresaba la esperanza de que el emisor del e-mail y el destinatario pudieran reunirse algún día en el paraíso.
Puesto Awlaki sólo estaba en Yemen, en primer lugar, porque había encontrado los Estados Unidos un domicilio inconveniente (después de haber tenido contacto directo con tres de los 19 piratas aéreos y asesinos en masa del 11 de septiembre de 2001, o ‘secuestradores del 11-S, como ahora se les llama eufemísticamente), aparentemente podemos felicitarnos por pagar a un FBI que no tiene la mente desagradable y sospechosa que estropea tanto trabajo policial en’ la comunidad’.
Muy bien, entonces, el caso del mayor Hasan como trabajador social sobrecargado parece haberse evaporado. Robert Wright, entre otros, es lo suficientemente grande como para admitirlo. Wright, que empieza a perfilarse como el principal defensor liberal de los que se basan en la fe (mira su intrigante The Evolution of God), ahora propone una teoría alternativa sobre entusiasmo del mayor de Hasan por cometer asesinato en masa. ‘El incidente de Fort Hood’, dice Wright, ‘es un ejemplo del terrorismo islamista que en parte se extendió por la guerra contra el terrorismo -o, en realidad, por dos guerras contra el terrorismo, en Irak y Afganistán’. Sé que los colaboradores de la sección de opinión del New York Times no son necesariamente responsables de los titulares que aparecen sobre su trabajo, pero el título de éste -’¿Quién creó al mayor Hasan?’- realmente exige una respuesta, y la única situada en el parte del texto siguiente es ‘Nosotros’.
Todo en mí se rebela a esta conclusión, que resuena y se subraya en otro párrafo del artículo. ¿Por qué, hace seis meses, ‘un estadounidense de 24 años- llamado Abdulhakim Mujahid Muhammad -Carlos Bledsoe antes de su conversión al Islam en la adolescencia- disparase mortalmente a un soldado ante una estación de reclutamiento en Little Rock, Arkansas? ABC News dijo: No se sabe qué camino Muhammad ... había seguido hasta la radicalización. Bien, he aquí una pista: Después de ser arrestado comenzó a balbucear a la policía sobre el asesinato de musulmanes en Irak y Afganistán’. Wright describe esta deducción suya como una ilustración de la manera en que ‘un incidente aislado te puede poner en una pendiente resbaladiza’. Aunque no encuentro mucha belleza en su prosa, quiero estar de acuerdo con él.
Para empezar, ¿dijo Muhammad Hasan que ‘matanza’ de que ‘los musulmanes en Irak y Afganistán’ tenía en mente? No hay un solo día sin que se produzca una brutal masacre de musulmanes en ambos países por parte al-Qaida o los talibanes. Y eso no sólo porque la mayoría (aunque no todos) los civiles en ambos países, resultan ser de la fe islámica. Los terroristas no deliberadamente una pausa antes de la voladura de las mezquitas y las procesiones religiosas de las creencias musulmanas, cuya consideren suficientemente devotos. La mayoría de los que ahora ser torturado y violado y ejecutado por la República Islámica de Irán son musulmanes. Todas las mujeres están marcados con ácido y amenazado de muerte por el delito de ir a la escuela en Pakistán son musulmanes. Para empezar, no siempre Muhammad Hasan o decir lo que ‘matar’ de que ‘los musulmanes en Irak y Afganistán’ que tenían en mente? No hay un solo día sin que la brutal masacre de los musulmanes en ambos países por al-Qaida o los talibanes. Y eso no sólo porque la mayoría (aunque no todos) los civiles de ambos países profesen la fe islámica. Los terroristas se detienen deliberadamente antes de atacar las mezquitas y las procesiones religiosas de aquellos cuylas creencias musulmanas consideran insuficientemente devotos. La mayoría de los que ahora son torturados y violados y ejecutados por la República Islámica de Irán son musulmanes. Todas las mujeres marcadas con ácido y amenazadas de muerte por el delito de ir a la escuela en Pakistán son musulmanes. Muchos de los muertos en Londres, Madrid y Nueva York eran musulmanes, y casi todas las víctimas cruelmente destruidas en atrocidades similares en Estambul, El Cairo, Casablanca y Argel en el pasado reciente también eran musulmanas.
Se necesita un verdadero intelectual para ver este cuadro terrible y decir, como hace Wright, que invitamos a los ataques a nuestros soldados fuera de servicio con ‘la guerra de los halcones contra el terrorismo, una lucha contra la yihad, que crea imágenes sin parar de estadounidenses matando a musulmanes es tan dudosa’. ¿Dudosa? Lo único dudoso aquí es su dominio del lenguaje. ¿Cuándo empezó el Ejército de Estados Unidos a hacer lo que los yihadistas hacen todos los días: asesinar deliberadamente a civiles musulmanes y jacarse en el vídeo sobre su acción? Por vergüenza. La pendiente resbaladiza -en realidad la pendiente viscosa- es por la que se desliza Wright.
Es él, al que aquí tomo como representante de mentalidad más extensa, quien utiliza la jerga igualmente inerte que sugiere que el mayor Hasan fue ‘llevado al límite por su percepción de las guerras de Irak y Afganistán’. Ese es un agradable y oscuro uso de la palabra ‘percepción’. ¿No sería igual de cierto que Hasan fue llevado al borde de la piscina con demasiada facilidad, tras haber señalado su deseo ferviente de la inmersión, por un clérigo que se gana la vida justificando el asesinato de musulmanes y no musulmanes por igual?
En muchos informes recientes de esta controversia se ha visto a los reporteros de periódicos respetables se refieren no sólo a los genéricos y uniformes ‘musulmanes’, sino incluso a los lugares donde viven como ‘tierras musulmanas’. Si te opones a ver la expresión absurda ‘la cristiandad’ en el periódico como una descripción de Europa, o a leer ‘tierra judía’ cuando se habla del West Bank, a continuación, por favor ten la fuerza de protestar la próxima que la teocracia violenta penetre de contrabando en el discurso bajo el disfraz cada vez más débil del masoquismo multicultural”.
CÁRCEL, EUROPA Y LOS CONSPIRACIONISTAS

1.
El disidente chino Huang Qi ha sido condenado nuevamente a tres años de prisión, bajo la acusación -no especificada- de ‘posesión ilegal de secretos del Estado’.
2.
La posición de Unión Progreso y Democracia con respecto a la religión me parece mucho más sensata que la del PP y la del PSOE. Por eso no entiendo el matiz de esta respuesta de Rosa Díez:
P. ¿Votaría a favor de retirar los crucifijos de los colegios?
R. Sí. A mí no me molestan, pero un símbolo que no representa al conjunto de la sociedad no debe estar visible en un colegio.
Las palabras en cursiva son el mejor de los casos irrelevantes. Y en el peor, preocupantes.
3.
“No sé si Europa se quiere comprometer, una vez que le dan la razón, para corresponsabilizarse en los objetivos, lo dudo. Más bien creo que espera que Obama sea unilateral, pero en la dirección que quiere Europa, no en la dirección que antes era Bush, sino en la que reclama Europa []”
“Europa tiene que hacer un gran esfuerzo de devolución, de aplicación de la subsidiaridad, al mismo tiempo que lleva a Bruselas una estrategia energética común. Me parece que una sola política de quesos tiene menos importancia que una estrategia energética común. Por tanto, necesitamos menos personal sanitario controlando el queso que comemos -con reglas comunes ya será bastante- y un poco más de esfuerzo para que el Servicio Exterior que vamos a crear sirva para algo.
Hay que hacer, al mismo tiempo, un debate serio sobre qué poder necesitamos en Europa, que añada valor; y qué poderes se han ido acumulando en la historia del acerbo de la Unión que ninguna empresa compleja, y Europa lo es, seguiría teniéndolos ahora.
Lo que hay que hacer es un doble ejercicio, pero de verdad. Creo que están pasando algunas cosas. La frase de Kohl, que le costó la cancillería cuando el Tratado de la Unión Monetaria, fue: ‘Yo quiero una Alemania europea. Nunca más una Europa alemana’. ¿Qué ha cambiado de eso? ¿Es que hay alguien que ahora quiera una Europa alemana? No. Lo que ha cambiado es que, en la mejor versión, se han perdido todos los complejos históricos. Alemania es Alemania y defiende sus intereses.
¿Hay un matiz? A mi juicio, sí. Kohl se jugó la cancillería y la perdió porque quería una Alemania europea. Eso es el pasado, no de ahora, también de mis colegas de tribu ideológica, la generación a la que pertenezco. Alemania pugna en la dirección europea, no niego que tenga derecho, por un puesto permanente en el Consejo de Seguridad. Si estuviéramos trabajando por tener una voz única en el Consejo de Seguridad, a lo mejor avanzaríamos un poco más. Cuando se reúnen los bancos centrales no estamos representados por el Banco Central Europeo, está el Banco Central Europeo y todos los bancos centrales de la zona euro. Y así, suma y sigue.
Todo esto se justifica diciendo: ‘La opinión pública de mi país no aceptaría una solución de esta naturaleza’. Lo curioso es que pasa lo contrario. Los ciudadanos europeos, en los estudios cualitativos, dicen: ‘Lo lógico es que Europa hable con una sola voz, en el G-20, en política exterior, en política monetaria...’. Dicen lo contrario. Pero los líderes dicen que los ciudadanos nunca lo aceptarían. Ésta es la paradoja. Como la obsesión franco-alemana sigue, creo que para la Europa a 27, que Alemania y Francia tengan clara la marcha de Europa sigue siendo una condición necesaria, con menos peso relativo, pero cada vez claramente más insuficiente”.
4.
Teresa Forcades, la monja que protagoniza un vídeo de You Tube que expone, a través de medias verdades, falsedades, y saltos lógicos una teoría conspirativa sobre la gripe A, cerró el domingo un congreso titulado “Ciencia y espíritu” en Barcelona. Entre las ponencias se encontraba una que afirmaba que el SIDA no es una enfermedad (el título es “El SIDA, un montaje ‘made in USA’, ejemplo de ruptura de la Sociedad Moderna con la Tradición”); otra que asegura que los atentados de 11-S fueron un autoatentado (Forcades dice en el vídeo que sobre el 11-S “hay muchas teorías”, apuntando a la conspiración); un mensaje a la humanidad de Jessica Schab, una de “niños de cristal e índigo” (“estoy aquí para inspirar a la gente a encontrar su propia verdad y no dar su poder a otros”, dice, antes de recomendar la conexión con un guía espiritual); otra charla de Montserrat Gascón –que se define como “experta en bloquearme el pericardio” y con la que no tengo nada que ver- sobre “El Pericardio, guardián del secreto de nuestra divinidad”, relacionada con su libro “Viva el pericardio libre”.
PROHIBICIÓN

1.
“‘Cuatro años después de que las caricaturas del profeta Mahoma provocaran protestas violentas en el mundo musulmán, algunos países islámicos están iniciando una campaña a favor de un tratado internacional para proteger los símbolos y las creencias religiosas de la burla: esencialmente una prohibición de la blasfemia que se enfrentaría a las leyes que protegen la libertad de expresión en Occidente.
Documentos obtenidos por The Associated Press muestran que Argelia y Pakistán han tomado la delantera en la presión para llevar la propuesta a votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Si se ratifica en los países que consagran la libertad de expresión como un derecho fundamental, el tratado les obligaría a limitar la libertad de expresión cuando se corre el riesgo de ofender a los creyentes. El proceso, sin embargo, llevará años y la colisión no es inminente.
La propuesta se enfrenta a una dura resistencia de los países occidentales, incluido Estados Unidos, que no ha ratificado otros tratados de la ONU, como uno sobre la protección de los trabajadores inmigrantes.
Los expertos dicen que la iniciativa tiene posibilidades de éxito final si los países musulmanes persisten. Y cualquiera que sea el resultado, la campaña podría reavivar las tensiones entre musulmanes y Occidente que el presidente Barack Obama se ha comprometido a curar, y podría reanudar el temor a un ‘choque de civilizaciones’.
Hace cuatro años, un diario danés publicó unas imágenes que satirizaban a Mahoma, lo que provocó que turbas enfurecidas atacasen embajadas occidentales en países musulmanes, como Líbano, Irán e Indonesia. Varios periódicos europeos publicaron después las imágenes.
Los países que forman los 56 miembros de la Organización de la Conferencia Islámica están ahora presionando en Ginebra a un comité poco conocido ONU para que acepte que es necesario un tratado de protección de las religiones.
La medida sería un primer paso hacia la elaboración de un protocolo internacional que finalmente se sometería a la Asamblea General. El proceso podría llevar un decenio.
La propuesta puede encontrar apoyo en la Asamblea General. Durante varios años la Conferencia Islámica ha aprobado con éxito una resolución no vinculante en la Asamblea General que condena la ‘difamación de las religiones’. [aquí un texto de Hitchens sobre la resolución]
Si se aprobara el tratado, cualquiera de los 192 estados miembros de la ONU que lo ratificasen estaría obligado a respetar sus disposiciones. Otros países podrían sufrir críticas por negarse a suscribirlo.
El mes pasado, la administración Obama salió en contra de los esfuerzos de las naciones islámicas para prohibir la difamación de las religiones, diciendo que esas medidas limitarían la libertad de expresión.
‘Algunos afirman que la mejor manera de proteger la libertad religiosa es la aplicación de las llamadas políticas de lucha contra la difamación que restringirían la libertad de expresión y la libertad religiosa’, dijo la Secretaria de Estado de Hillary Rodham Clinton dijo. ‘Estoy totalmente en desacuerdo’
Pero hay señales de que Estados Unidos está preocupado por la campaña de la Conferencia Islámica. Entre bambalinas se ha esforzado en anular la propuesta, y envió a un diplomático estadounidense a Ginebra el mes pasado para unas conversaciones descritas como similares a la guerra de trincheras.
‘La presencia de Estados Unidos puede ser importante para determinar el destino de todo el proceso’, dijo Lukas Machon, que representa a la Comisión Internacional de Juristas ante la ONU
Desde un punto de vista jurídico, ‘todo el ejercicio es peligroso de la A a la Z, porque es una desviación de la práctica y el concepto de los derechos humanos’, dijo Machon. ‘Sólo añade restricciones.’
En una carta que ha obtenido la AP, Pakistán afirma que los insultos contra la religión van en aumento.
La Conferencia Islámica ‘cree que el ataque a las creencias sagradas y la difamación de las religiones, los símbolos religiosos, personalidades y dogmas perturba el disfrute de los derechos humanos de los seguidores de las religiones’, según la carta. Se envió el mes pasado a los miembros del Comité Ad Hoc sobre Normas Complementarias, una comisión temporal creada para examinar un tratado anterior contra el racismo.
En una presentación por separado a la comisión, Pakistán propuso ampliar el tratado contra el racismo para exigir a los signatarios ‘prohibir por ley la puesta en circulación de asuntos que son claramente abusivos o insultantes en relación con cuestiones que una religión considera sagradas’.
No está claro quién decidirá lo que se considera manifiestamente abusivo, pero los tribunales penales de cada país probablemente tendrán jurisdicción inicial sobre esa decisión, de acuerdo con Marghoob Salim Butt, un diplomático paquistaní en Ginebra, que confirmó la existencia de la campaña y ha abogado por la prohibición.
‘Tiene que haber un equilibrio entre la libertad de expresión y el respeto por los demás,’ Butt dijo en una entrevista telefónica.
‘Tomar el símbolo de toda una religión y retratarlo como un terrorista’, dijo Butt, refiriéndose a las caricaturas de Mahoma, ‘ahí es donde trazamos la línea.’
Un experto estadounidense con más de 20 años de experiencia en el sistema de derechos humanos de las Naciones Unidas dijo que el tratado podría tener consecuencias de gran alcance.
‘Sería, en esencia, promover una ley global sobre la blasfemia ‘, dijo Felice Gaer, un miembro de la Comisión de Estados Unidos sobre Libertad Religiosa Internacional. El equipo independiente, ordenado por el Congreso, emitió un informe la semana pasada que alertaba que las leyes existentes contra la blasfemia, en particular en Pakistán, ‘a menudo han dado lugar a graves violaciones de los derechos humanos’.
En Egipto, se han utilizado las leyes contra la blasfemia para reprimir a los disidentes, dijo El-Moataz Fegiery, director ejecutivo del Instituto de El Cairo para Estudios de Derechos Humanos. Abdel Kareem Nabil, un bloguero, fue condenado en febrero de 2007 a cuatro años de prisión por insultar al Islam y al presidente egipcio, Hosni Mubarak.
Dijo que los reformistas que reinterpretan los textos islámicos tradicionales se han convertido en el blanco de acusaciones de blasfemia.
En términos más generales, la introducción de leyes para proteger las religiones de las críticas debilitaría la noción de los derechos humanos, dijo el embajador de Suecia ante la ONU en Ginebra, Hans Dahlgren.
‘Las religiones como tales no tienen derechos. Es la gente la que tiene derechos’, dijo, agregando que la Unión Europea, cuya presidencia ocupa actualmente Suecia, se opondrá a los intentos de limitar la libertad de expresión”.

2.
“Según cada tipo de cultura media con una columna de periódico o un espacio en Radio 4, un vulgar ‘nuevo ateísmo’ está barriendo el Reino Unido. Los lectores de Richard Dawkins, Philip Pullman y Christopher Hitchens son, nos dicen, estúpidos, porque no aprecian el misterio de la religión, el consuelo de los rituales y todo las demás, y también peligrosos, porque son tan fundamentalistas en sus críticas de la religión como los fanáticos religiosos a los que critican.
Podría hacerte perder el tiempo, señalando que ‘nuevos ateos’ no son tan diferentes de los viejos ateos -todavía no creen en Dios, por ejemplo- y añadir que la acusación de equivalencia moral sería más fácil de justificar si los ateos plantaran bombas en el metro. Pero el espacio es corto y la verdad deprimente sobre los ‘nuevos ateos’ que nadie señala es que, si existen fuera de la imaginación de los escritores religiosos, nunca están allí cuando los necesitas. Porque si tuviéramos un movimiento ateo o laico vibrante en Gran Bretaña, ahora estaría atacando a este gobierno porque una vez más intenta montar el tigre islamista.
El domingo pasado, John Denham, secretario de comunidades, anunció: ‘Cualquier persona que desee construir una sociedad más progresista pasaría por alto, peligrosamente, la importante función de la fe. Continuamente debe buscar maneras de fomentar y mejorar la contribución de las comunidades de fe en los temas centrales de nuestro tiempo’.
Conforme avanzaba la semana, se puso de manifiesto qué tipo de ‘comunidades de fe’ los laboristas quenían poner en el centro de la sociedad ‘progresista’. Denham está echando de su departamento a Azhar Ali, un asesor del corazón del movimiento laborista (fue el líder los laboristas en el consejo de Pendle). El crimen de Ali fue que se opuso el islamismo cuando asesoraba a Tony Blair, Ruth Kelly y Hazel Blears.
Después de que Daud Abdullah, secretario general adjunto del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, firmara una declaración defendiendo los ataques a la Royal Navy si Gordon Brown enviaba barcos para imponer un bloqueo de armas a Gaza, Ali dijo a sus compañeros que cortasen todos los vínculos. Podría haber dicho que un partido de centro-izquierda nunca debería haber tenido vínculos con el Consejo Musulmán de Gran Bretaña en primer lugar. La institución incluye a partidarios de los Hermanos Musulmanes, y del Jamaat-e-Islami del sur de Asia. Los liberales árabes saben de la Hermandad es el enemigo de todos los valores ilustrados que ellos defienden, mientras que sus equivalentes de Bangladesh ven a Jamaat de la misma manera que los lectores del Observer ven al British National Party, de extrema derecha, sólo que un poco peor, porque los asesinos de Jamaat colaboraron en los crímenes que cometió el ejército de Pakistán durante la guerra de independencia de Bangladesh.
Ese breve momento de la política de principios se ha terminado. Se habla de que el gobierno le podría dar al miembro del Consejo Musulmán de Gran Bretaña Sir Iqbal ‘la muerte es quizá un poco demasiado fácil para Salman Rushdie’ Sacranie un título nobiliario. Mientras tanto, los ministros están a punto de cortar la ayuda financiera para los musulmanes sufíes que, como la mayoría de los musulmanes de Gran Bretaña, suníes o chiíes, no son representados por el Consejo Musulmán de Gran Bretaña.
El apaño está en marcha y los islamistas están por todo Whitehall de nuevo. Denham recibe a Inayat Bunglawala del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, que dio una muestra de las políticas ‘progresistas’ que el Partido Laborista está alentando cuando escribió un artículo defendiendo al jeque Yusuf al-Qaradawi, líder espiritual de la Hermandad Musulmana, un predicador que recomienda golpear a la esposa, la mutilación genital de las niñas y el asesinato de los apóstatas y los homosexuales. A principios de este año, dijo el jeque dijo de la masacre de judíos que ejecutó Adolf Hitler: ‘Era un castigo divino para ellos. Si Alá quiere, la próxima vez será de manos de los creyentes’.
La gente astuta que observa desde fuera a personas que estaban en la izquierda del siglo XX y ven que han pasado de llamarse ‘socialistas’ a ‘socialdemócratas’ a ‘seguidores de la tercera vía’ a ‘progresistas’ en rápida sucesión. Puede que se hayan preguntado qué significa la nueva etiqueta de ‘progresistas’. Ahora lo saben.
En el Departamento de Niños, Escuelas y Familias, Ed Balls, tiene tanto interés en apaciguar las iglesias como Denham en apaciguar el islamismo radical. La semana pasada, la National Secular Society (a la que doy dinero) describió cómo el Partido Laborista permite a las escuelas religiosas rechazar las solicitudes de profesores no religiosos sólo con el argumento de que dudaban de la presencia de seres sobrenaturales o rendían culto al ser sobrenatural equivocado. La refutación que emitió el departamento del Balls era tan injuriosa e inexacta que los funcionarios tuvieron que tomar el prácticamente desconocido paso de la retirada y por lo tanto reconocen tácitamente la verdad de la reclamación de los laicos, que afirmaban que la única gente que el Nuevo Laborismo permitía que empleadores discriminasen eran los ateos y los escépticos.
No hace falta ser un estratega político para entender la política de silbato de perros del Partido Laborista. Balls juega con dos barajas: alega que los conservadores llevarían el creacionismo a las aulas y no hace nada para restringir el control religioso de las escuelas. En el Departamento para las Comunidades, me dicen que el poder real no corresponde al ineficaz John Denham, sino a Shahid Malik, su segundo, que tal vez espere que apaciguar a Jamaat y la Hermandad lo ayudará a mantener el voto en su escaño de Dewsbury y permitirá que otros diputados laboristas desesperados por sobrevivir a una potencial victoria aplastante de los Tories.
Ningún ministro, sin embargo, se imagina que van a pagar un precio político mientras cientos de miles de ‘nuevos ateos’ se alejan asqueados. Lo cual no quiere decir que no se vaya a pagar un precio, sólo que vendrá en una moneda que ningún lector del Observer quiere aceptar. Las políticas comunalistas no siempre generan una reacción liberal; con más frecuencia, el comunalismo sólo produce mayor tensión entre comunidades.
Los sufíes prometen que dirán a los musulmanes Dewsbury que no voten Malik, que no es más de lo que merece. Más en serio, un renacimiento de la aventura de la izquierda con el islamismo sólo puede ayudar al British National Party a convencer a la clase obrera blanca de que sus gobernantes denuncian hipócritamente las teorías de la conspiración racial, la misoginia y la homofobia cuando vienen de los seguidores de Nick Griffin, pero no cuando provienen de a los amigos de Yusuf al-Qaradawi.
Es una forma desoladora de imaginar el período más largo de gobierno de izquierdas en Gran Bretaña, pero tal vez hará falta que el British National Party pase un test parlamentario o divida el voto laborista de modo que los Tories se adueñen de escaños que son ‘propiedad’ del laborismo para que el partido se dé cuenta de que no puedes ser un antifascista ocasional o un izquierdista a tiempo parcial sin que tu sociedad ‘progresista’ quede reducida al polvo”.
3.
Antonio Elorza escribe sobre Miguel Ángel Moratinos.
4.
La lista de intelectuales y escritores que apoyan a Antonio Tabucchi, al que el presidente del Senado italiano Renato Schifani pide 1,3 millones de euros por un artículo publicado en "L’Unita". Entre ellos hay españoles como Enrique Vila-Matas, Antonio Muñoz Molina o Fernando Savater, que firman en contra de "la ofensiva del poder italiano contra la libertad de juicio, de crítica y de interpelación".
En la imagen, protestas por la publicación de las caricaturas de Mahoma en Pakistán.Y una de las caricaturas.
GRITOS
1.
Stephen King escribe sobre la biografía de Raymond Carver:
“Raymond Carver, sin duda el escritor más influyente de relatos cortos de Estados Unidos en la segunda mitad del siglo 20, hace una aparición temprana en la biografía exhaustiva y a veces agotadora de Carol Sklenicka: a los 3 o 4 años de edad atado con una correa. ‘Bueno, por supuesto, tenía que mantenerlo a raya’, dijo su madre, Ella Carver, mucho más tarde y aparentemente sin ironía.
Puede que la señora Carver estuviera en lo cierto. Como los confusos bebdeores de clase media que pueblan sus historias, Carver nunca parecía saber dónde estaba ni por qué estaba allí. Me recuerda constantemente a un pasaje de historia de ‘Ghost Story’ de Peter Straub: ‘El hombre sólo conducía, distraído por esta telenovela sin fin de perros americanos’.
Nacido en Oregon en 1938, Carver pronto se trasladó con su familia a Yakima, Washington. En 1956, los Carver se mudaron a Chester, California. Un año después, Carver y un par de amigos fueron de juerga a México. Después las mudanzas se aceleraron: Paradise, California, Chico, California, Iowa City, Sacramento, Palo Alto, Tel Aviv, San José, Santa Cruz, Cupertino, Humboldt County. . . eso nos lleva sólo a 1977, el año Carver tomó su último trago.
Durante la mayor parte de esos primeros años de viajes inquietos, arrastró a sus dos hijos y su sufrida esposa, Mary Ann, la heroína menos reconocida de la historia de Sklenicka, detrás de él como latas atadas al parachoques de un cacharro que ningún concesionario de automóviles en su sano juicio podría tener en el comercio. No extraño que sus amigos lo apodaran Running Dog [El perro que corre]. O que cuando su madre lo llevara al centro de Yakima lo tuviera atado con una correa.
Brillante y talentoso como era, Ray Carver fue también el destructivo y absorto bebedor que toca fondo y empieza a cavar más profundo. Los alcohólicos anónimos expermentados saben que los borrachos como Carver son maestros en el ejercicio de la cura geográfica, y se niegan a reconocer que si metes a un borracho fuera de control en un avión en California, un borracho fuera de control se va a bajar del avión en Chicago. O en Iowa. O en México.
Y hasta mediados de 1977 Carver estuvo fuera de control. Mientras enseñaba en el Iowa Writers ’Workshop, él y John Cheever se convirtieron en compañeros de borrachera. ‘No hacíamos más que beber’, dijo Carver del semestre de otoño de 1973. ‘No creo que ninguno de nosotros retirase alguna vez las cubiertas de nuestras máquinas de escribir.’ Como Cheever no tenía coche, Carver aportaba el transporte en las rondas etílicas que hacían dos veces por semana. Les gustaba llegar a la tienda cuando el empleado abría la tienda para empezar el día. Cheever anotó en su diario que Carver era ‘un hombre muy amable’. También fue un cazador de alcohol irresponsable que habitualmente se marchaba sin pagar de los restaurantes, aunque debía de saber que era la camarera quien tenía que pagar la factura de la cena de clientes como él. Su esposa, después de todo, a menudo trabajaba de camarera para mantenerlo.
Fue Maryann Burk Carver la que ganó el pan en esos primeros años, mientras Ray bebía, pescaba, iba a la universidad y empezaba a escribir los relatos que una generación de críticos y profesores clasificaría erróneamente como ‘minimalismo’ o ‘realismo sucio’. El talento para la escritura a menudo recorre su propio circuito de limpieza (como atestigua la edición de ‘Raymond Carver: Collected Stories’, de la Biblioteca de América ), pero los escritores cuyas obras brillan con el conocimiento y misterio son muchas veces monstruos prosaicos en casa.
Maryann Burk conoció al amor de su vida (o su enemigo; Carver parece haber sido las dos cosas) en 1955, mientras trabajaba el mostrador de una tienda Spudnut en Union Gap, Washington. Tenía 14 años. Cuando ella y Carver se casaron en 1957, le faltaban dos meses para su 17 cumpleaños y estaba embarazada. Antes de cumplir los 18 años, descubrió que estaba embarazada de nuevo. Durante el siguiente cuarto de siglo mantuvo a Ray como camarera de cócteles y restaurantes, vendedora de enciclopedias y profesora. Al comienzo de su vida matrimonial, recogió fruta durante dos semanas para comprar la primera máquina de escribir de su marido.
Ella era hermosa; él era corpulento, posesivo y a veces violento. Para Carver, sus propias infidelidades no excusaban las de su esposa. Después de que Maryann se entregara a ‘un coqueteo borracho’ en una cena en 1975 -fecha en la que el alcoholismo de Carver había llegado al máximo- él la golpeó en la cabeza con una botella de vino, cortándole una arteria cerca del oído y dejándola al borde de la muerte. ‘Él necesitaba’ una ilusión de libertad ‘, Sklenicka escribe, ‘pero no podía soportar imaginarla con otro hombre.’ Es uno de los pocos puntos de esta admirable biografía donde Sklenicka muestra verdadera compasión por la mujer que mantuvo Carver y aparentemente nunca dejó de amarlo
Aunque Sklenicka presenta algo así como reverencia para el Carver escritor, y entiende claramente la influencia del alcohol contra su vida, apenas juzga cuando habla del Carver que era un marido borracho, desagradable e ingrato (y a veces peligroso). Cita a la novelista Diane Smith (‘Letters from Yellowstone’): ‘Fue una mala generación de hombres’, y casi lo deja en eso. Cuando cita a Maryann llamándose a sí misma una ‘Cenicienta literaria, que vive en el exilio por el bien de la carrera de Carver,’ la primera señora Carver viene a ser tan sólo otro ex esposa que lloriquea y no el bastión que fue, sin duda. Ray y Maryann estuvieron casados por 25 años, y durante esos años Carver escribió la mayor parte de su trabajo. Su tiempo con la poeta Tess Gallagher, la única otra mujer importante en su vida, fue menos de la mitad.
Sin embargo, Gallagher cosechó los beneficios personales de la sobriedad de Carver (que tomó su último trago de un año antes de que se enamorasen), y también los financieros. Durante el proceso de divorcio, el abogado de Maryann dijo -esto me vuelve a la cabeza constantemente y hasta cierto punto contamina mi disfrute de los cuentos de Carver- que sin una solución judicial decente, la vida de Maryann Burk Carver tras el divorcio divorcio sería ‘como un saco de pomos que no abrirían ninguna puerta’.
La respuesta de Maryann fue: ‘Ray dice que va a enviar dinero todos los meses, y yo le creo’. Carver cu esa promesmplióa, aunque no sin una buena dosis de quejas. Pero cuando murió en 1988, la mujer que había ayudado a su base financiera descubrió que había sido excluida de la recompensa financiera de los populares relatos de Carver. Sólo los ahorros de Carver ascendían a casi 215.000 dólares en el momento de su muerte; Maryann se llevó unos 10.000 dólares. La madre de Carver aún menos: a los 78 años, vivía en una vivienda pública de Sacramento y se ganaba la vida como ‘ayudante abuela’ en una escuela primaria. Sklenicka no llama a este tratamiento penoso, pero estoy feliz de hacerlo por ella.
Es como una crónica de un crecimiento de Carver como escritor que el libro de Sklenicka resulta inestimable, especialmente después de que su carrera se cruzó con la del editor, Gordon Lish, el autodenominado ‘capitán Fiction.’ Cualquier lector que dude de la torva influencia de Lish en los relatos ‘De qué hablamos cuando hablamos de amor’ puede cambiar de idea tras leer el iluminador relato que hace Sklenicka de de esta relación difícil y, finalmente, venenosa. Los que aún no está convencido puede leer las historias correspondientes en ‘Beginners’, ahora disponible en el sublimemente portátil y largamente esperado ‘Raymond Carver: Collected Stories’.”
2.
Martin Amis escribe sobre The Original of Laura. Y sobre Nabokov:
Lolita, Pnin, Desesperación (1936; traducido por el autor 1966), y cuatro o cinco relatos son inmortales. Rey, dama, valet (1928, 1968), Risa en la oscuridad (1932, 1936), El hechicero, El ojo (1930), Hermana siniestra (1947), Pálido fuego (1962), y Cosas transparentes están ferozmente logradas; y la pequeña Máshenka (1925), su primera novela, es una pequeña belleza. Curso de literatura europea (1980), Curso de literatura rusa (1981), y Curso sobre el Quijote (1983), junto a Opiniones contundentes (1973), constituyen el brillante registro de un artista-crítico excepcional. Las Selected Letters (1989), y las Nabokov-Wilson Letters (1979) y la magistral autobiografía Habla, memoria (1967), nos dan un retrato en cuatro dimensiones de un hombre deliciosos y honorable. La palabra que Nabokov denigraba con más frecuencia era ‘crueldad’. Y su naturaleza amable se ve con más claridad en la amorosa atención con la que, en su ficción, escribe sobre animales. Un minuto de pensarlo me da el gato de Rey, dama, valet (que se limpia con una pata trasera levantada ‘como un palo con hombros’), los encantadores perros y monos de Lolita, la ardilla y la inolvidable hormiga de Pnin, y el murciélago enfermo en Pálido fuego, que se arrastra ‘como un tullido con un paraguas roto’.
Lo llaman ‘resplandor trémulo’: una chispa, un destello, un centelleo. La esencia nabokoviana es una inestabilidad milagrosamente fértil, en la que sin avisar las palabras se separan de lo cotidiano y parten como llamas en un cielo nocturno, iluminando ocultas verstas de anhelo y terror. En Lolita, cuando comienza la fatídica cohabitación (nous connûmes, con un tono flaubertiano):
"Nous connûmes los varios tipos de trabajadores de gasolineras: el criminal reformado, el profesor retirado y el fracaso en los negocios, entre los machos; y las variaciones maternal, pseudo-educada y prostibularia entre las hembras. Y a veces los trenes gritaban en la noche monstruosamente caliente y húmeda con una sonoridad ominosa y desgarradora, que mezclaba la energía y la histeria en un chillido desesperado”.
3.
Dos listas de los mejores libros del milenio: una en el Telegraph y otra en el Times.
4.
Ayaan Hirsi Ali, Kazuo Ishiguro, Dominic West, Nick Hornby, Craig Raine, David Cameron, Craig Raine y otros hablan de sus libros preferidos del 2009.
NEDA
Escriben Arash Sahami y Angus Macqueen:
“Caspian Makan ha sido atropellado por el monstruo ciego y veloz de la historia. Hace apenas cinco meses su novia fue asesinada en las calles de Teherán. Una de las 80 muertes confirmadas de forma fiable durante las manifestaciones tumultuosas que siguieron a la controvertida elección presidencial. La mayoría de los familiares de las víctimas y amigos ha vivido su dolor en privado -pero Neda Agha Soltan, la novia Caspian, murió en directo en la cámara de un móvil, en una secuencia insoportable de 90 segundos que la convirtió en un icono. En internet su rostro se convirtió en el rostro de la protesta en cuestión de horas.
Pero los símbolos destsruyen vidas. En los días y semanas que siguieron, Caspian no sólo ha perdido a la mujer que planeaba casarse, sino también su país, su familia, sus amigos y su carrera. Cualquiera y todos los que tenían algo que ver con la muerte de Neda ahora son tóxicos para el gobierno iraní. Miembros de su familia han sido intimidados, amenazados, e incluso detenidos. El médico que la cámara muestra cuando trata de salvar su vida ahora está exiliado en Gran Bretaña. El profesor de música que estaba con ella cuando murió ha aparecido en la televisión iraní, con la evidente exigencia de negar lo que vio: que Neda fue asesinada por un miembro de la milicia religiosa.
Y Caspian desapareció. En los días posteriores a su muerte, habló en emisoras extranjeras y luego desapareció. Por último, se confirmó que estaba en la famosa prisión de Evin, en Teherán -el símbolo espantoso del régimen opresor del Sha transferido sin problemas a las manos de la policía secreta de la República Islámica. Fue retenido durante más de dos meses, parte de los cuales estuvo confinado en solitario. En septiembre fue puesto en libertad bajo fianza en espera de juicio –quizá para uno de esos juicios espectáculo que se han transmitido en la televisión iraní en los últimos meses, en los que los partidarios de líder de la oposición se han visto obligados a retractarse de sus acciones. A instancias de la familia y amigos, Caspian decidió que tenía que escapar.
Nos reunimos unos días después de salir. Está escondido y por ahora no quiere que la gente sepa dónde. Hay un miedo tangible del alcance de la policía secreta en la comunidad de exiliados iraníes. Su hogar temporal es un piso vacío en un bloque de anónimos en los suburbios de una ciudad de Oriente Medio que no conoce. Por ahora, vive con otras dos víctimas de las manifestaciones de verano. Uno de ellos es un hombre enorme que fue violado con una barra de hierro después de su detención. Caspia no corre peligro de perder la perspectiva.
No parece a alguien que acaba de pasar cinco días traumáticos huyendo de su patria, con un trayecto de ocho horas de a pie a través de montañas remotas. Arreglado y elegante, nos recibe con una sonrisa suave. Ofrece té, aunque no una silla, porque no hay una sola en el piso. Sus intentos de bromas no duran mucho. Los círculos oscuros y profundos grabados bajo los ojos lo traicionan.
El torbellino lo ha consumido todo, excepto las pocas pertenencias que pudo pasar de contrabando fuera del país: entre ellos un pequeño ordenador. Lo enciendo y ahí están sus fotos de Neda: la sonrisa hermosa que diio la vuelta al mundo de repente se convierte en su imagen privada de amor de nuevo. Aquí está el hombre para el que estaba sonriendo. Caspian toca la cara en la pantalla.
Su historia empieza como un romance de verano clásico: estaban en el mismo grupo de turistas a Turquía en abril de este año. Habla de Neda como una mujer brillante, frustrada con la vida. Turquía es un lugar tentador para los jóvenes iraníes, uno de los pocos lugares que los iraníes pueden visitar sin visado. Es un país musulmán, pero no es un estado religioso. No hay ningún velo en las fotos de Neda en las vacaciones.
Su voz baja a un susurro cuando recuerda sus conversaciones primer día de las vacaciones. Ella era religiosa y había estudiado teología y filosofía en la Universidad Islámica en Teherán. Sólo había estado allí tres trimestres, cuando se dio cuenta de que ella no reconocía a su dios en lo que se enseñaba. Se había casado muy joven y se había divorciado, lo que complicaba que consiguiera trabajo. Le encantaba viajar, y estaba tratando de conseguir un trabajo como guía en Turquía.
Caspian le habló de su vida como fotógrafo profesional, le dijo que también estaba divorciado, pero acordaron no hablar sobre sus relaciones previas. Iban a empezar de nuevo. Ella no estaba interesada en una relación casual, y él, a los 38 -12 años más que ella- sabía que iba en serio. Pero estaban nerviosos: un romance de vacaciones, después de todo.
‘Durante 10 o 12 días [después] no nos vimos y no tuvimos contacto porque queríamos ver lo que sentíamos por el otro. Elegimos un día para quedar y acordamos que ese día decidiríamos si de verdad queríamos estar juntos. Yo sabía que quería estar con ella y cuando ella llegó, supe que ella pensaba lo mismo. Yo estaba feliz’.
No estaban formalmente prometidos, pero el plan. Tenían billetes para volver a Turquía juntos (Estambul; la última semana de junio). Los planes privados de una pareja privada. Pero para entonces Neda estaba muerta y Caspian en prisión.
En medio sucedieron las elecciones presidenciales de junio. Ni Caspian ni Neda era muy políticos. Toda su vida adulta las elecciones habían sido entre una variedad cuidadosamente elegida de candidatos. Anteriores previos de reforma se habían agriado ante las realidades de un sistema político dominado por una élite religiosa. Ahora se trataba de un enfrentamiento entre el presidente Ahmadinejad y un ex primer ministro de línea dura, Husein Mousavi. Ni Caspian ni Neda tenían intención de votar.
Luego -unos quince días antes de las elecciones- algo cambió. Tal vez fuera el debate televisado entre los candidatos, 10 días antes al día de las elecciones. Ahmadineyad, un orador público mucho más carismático pareció agresivo y a la defensiva en la pequeña pantalla. A diferencia del ensayado y soporífico debate de las elecciones en EE.UU., éste fue claramente muy personal. Ahmadineyad atacó a Mousavi por permitir que su esposa fuera vista con él en público. Los cortes se subieron a Youtube. Los iraníes repetían alegremente la réplica de Mousavi: ‘Este hombre mira fijamente a la cámara y miente.’
Por las razones que fuera, Mousavi, que no es ningún liberal, pronto adquirió un gran atractivo. Como una amiga de Caspian, que también ha tenido que huir al exilio, nos dijo: ‘Yo pensaba que no votar era un no al sistema. Esta vez, tenía la sensación de que era diferente. Animaba a todos a votar. Pensaba que debíamos evitar que el gobierno de Ahmadineyad regresara con su represión. No fue un voto a favor de ningún candidato: fue un voto de protesta’.
El ‘movimiento verde’ nació esos días antes de las elecciones, y las calles tomaron un ambiente de carnaval. A Neda se le contagió el entusiasmo. A Caspian no. ‘Yo le decía’ No te puede gustar Mousavi.’ Ella decía: ’Tienes razón, no me gusta, pero me gustan sus seguidores. Exigen sus derechos por sus derechos. No se trata de un hombre’. ‘
Es imposible decir cuál es el resultado de la elección en realidad. Ciertamente, la victoria de Ahmadinejad se anunció con inusual prisa. También es cierto que cientos de miles de iraníes se sintieron engañados. Y cuando salieron a la calle se encontraron con un grupo reunido de diversos servicios de seguridad de Irán: uniformados ‘robocops’ con porras, la policía antidisturbios, la Guardia Revolucionaria, y más peligrosa de todas, la milicia religiosa, los Basiji, a veces vestidos de paisano. El resultado, durante unos días mortales, fue la guerra en la calle. Fue bastante unilateral.
Los manifestantes estaban desarmados, a excepción de las piedras que recogieron en las calles las calles. Y teléfonos con cámara. Al intentar reconstruir lo sucedido en aquellos días para nuestro documental, hemos reunido un impresionante mosaico de imágenes. Eventos controvertidos no están registrados por una cámara, sino en 10. Se ve desde varios ángulos a policías vestidos de civil que disparaban desde los tejados; a menudo las imágenes van acompañadas un comentario de sorpresa y la indignación. Esto es periodismo ciudadano, subido a continuación a la red para que todos lo puedan ver. Las imágenes son imposibles de rastrear, pero como datos registrados en bruto hacen que la tarea de la represión muda resulte casi imposible. A partir de ahora, acontecimientos como los de la plaza de Tiananmen tendrán muchos más testimonios fílmicos. La muerte de Neda fue una de estas secuencias.
La voz del Caspian es fuerte cuando habla de elecciones o política. Ahora baja a un susurro. ‘Se unió a los manifestantes desde el comienzo. Fue muy valiente y fuerte. Eso me preocupaba, la verdad. No quería que le pasara nada. Le pedí que dejar de ir a las protestas. Pensé que podía ser detenida o que le podía pasar algo. Pero ella sólo pensaba en su meta -la democracia y la libertad para los iraníes’.
Neda asistió prácticamente a todas las manifestaciones: a algunas con su madre, a algunas con Caspian.
Parece encerrarse en sí mismo cuando recuerda cómo explicaba por qué todo el mundo debía ir. Discutían sobre eso. ‘Ella decía: Me apoyas en todo, ¿por qué en esto no? Yo decía: No entiendes a esa gente. ¿Qué pasa si te pillan? Ella dijo: No es importante, Caspian, Es mi deber. Ella dijo Caspian, deja que te diga la verdad. Creo que en estas circunstancias tenemos que ser responsables. Aunque tuviera a un hijo, lo llevaría a las manifestaciones, dijo Neda. Entonces pensé que no podía impedirle que fuera’.
El día de su muerte, Caspian estaba con su cámara en otra parte de la ciudad. ‘Ese día hacía fotos de las protestas y los manifestantes. Era difícil tomar imágenes de los guardias de seguridad que golpeaban a los manifestantes. Usé la cámara del móvil cuando no podía usar mi cámara grande. Entre las seis y las siete de la noche comencé a ver gente disparando y heridos. Pensé mucho en Neda. Estaba preocupado por ella. Quería llamarla pero el sistema de telefonía móvil estaba desconectado y no podía comunicarme con ella. No dormí esa noche. Escenas terribles pasaban por mi cabeza. Yo estaba sentado frente a mi ordenador, mirando las fotos que había hecho. Alrededor de las seis de la mañana sonó mi móvil. Era el número de Neda. Pero no era ella. Era su hermana. Dijo: Caspian, hemos perdido a Neda. Yo no entendía lo que quería decir. No podía creer lo que me estaba diciendo. ‘
Para entonces, el mundo empezaba a ver en las imágenes que la mostraban en el suelo, con la sangre saliendo de su pecho, apoyada por dos hombres. La última imagen que la mayoría de la gente puede soportar muestra su rostro, hermoso y claro, antes de que la sangre corra sobre él, mientras voces desesperadas piden: ‘Mi niña. ¡Neda! ¡Quédate con nosotros!’. En otros lugares de la web hemos encontrado una prueba más: después de los disparos, la multitud se enfrentó al asesino aparente -un miembro de la milicia religiosa- medio desnudo delante de las cámaras de teléfono. Un arresto ciudadano era absurdo pero tomaron su carné de identidad como prueba y lo colgaron en internet.
La religión chií está impregnada de la mitología de martirio; la identidad musulmana de Irán siempre ha sido definido por el sacrificio. Las autoridades lo saben. Cuando las imágenes de Neda llevaron la noticia por todo el mundo, actuaron rápidamente para matar a la historia.
A partir de contactos con su madre y hermana, y el testimonio de Caspian, hemos reunido lo que vino a continuación. Les permitieron enterrarla, pero en una parte del cementerio reservado para los cuerpos de los manifestantes. Se les prohibió celebrar cualquier tipo de vigilia –a ninguno de los restaurantes locales, salas o las mezquitas se les permitió que los aceptaran. Mientras tanto, en la televisión, los funcionarios policiales de rango superior culpaba de la violencia a elementos terroristas, diciendo que las fuerzas gubernamentales no llevaban armas de fuego. Angustiado, furioso por lo que oía y atormentado por las pesadillas, Caspian Makan pensó que no podía permanecer en silencio. Concedió entrevistas por teléfono a BBC Persia, Al Yazeera y las estaciones de habla persa en el extranjero, donde describía brevemente lo que había sucedido.
Sus amigos le pidieron que abandonar el país, pero Caspian. ‘No quería. Yo no era capaz de hacerlo. No podía salir de casa de Neda. No podía estar muy lejos de ese movimiento. No me importaba’. El 26 de junio, seis días después de la muerte de Neda, la policía rodeó la casa apostando francotiradores en los techos cercanos. ‘Estaba en casa cuando sonó el timbre. Se llevaron todo mi archivo de trabajo, mis herramientas de edición, mis documentos, las 10.000 fotos que había recogido para publicar publicar un día. La mayor parte de este trabajo está dedicada a los sitios históricos en Irán y a la fotografía de naturaleza.
‘Me dijeron que me iban a llevar a la cárcel de Evin. Me llevaron a una celda. La tumba de Nelda tenía el número 32. La que tenía al lado llevaba el número 34, el número de mi celda. No quería volver después de que me hubieran apresado. Quería que me mataran a mí también’
Pasó casi dos semanas en régimen de aislamiento. Le vendaban los ojos cada vez que lo trasladaban. Pero podía oír. ‘El ruido de los golpes, los gritos. A veces, se oían los gritos y el llanto de los jóvenes. Creo que la mayoría eran voces de jóvenes. A veces los distinguía desde la puerta de mi celda’.
‘Era como una sala de examen. Sentaron a los jóvenes a las sillas. Querían que escribieran lo que hicieron durante las manifestaciones. No puedo decir el número exacto, pero creo que llevaban a unas 400-500 al día allí. Estaba tan lleno que tenían a gente sentada en las duchas’.
En los interrogatorios lo trasladaron a otra celda. ‘Me sentaron en el suelo frente a la pared. Había dos o tres de ellos. Nunca los vi. Sólo una vez vi el zapato de uno de ellos. Es muy puntiagudo y brillante. Decían que Neda era miembro de un grupo de oposición a la República Islámica del Irán. Insistían en que Neda y yo éramos miembros de un grupo que había planeado los acontecimientos’.
Después sugirieron que Neda estaba en una misión suicida –que había ido a morir a sabiendas, para socavar el Estado. Caspian creía que todo era un formalismo. ‘No lo decían en serio. Estaba bastante claro que ellos mismos no creían las acusaciones que estaban haciendo’. Lo que estaba claro era el daño que pensaban que la muerte de Nedaque había causado a la República Islámica y que él había hecho mucho peor al hablar en público.
Luego se cambió de táctica. ‘Dijeron: El gobierno de Irán está orgulloso de ti.’ Me trajeron helados y galletas. Después me llevaron a mi celda. Volví a sentir un poco de alivio. Pensé, vale, voy a apagar la luz. Era como un faro brillante que me apuntaba directamente a la cara. Entonces e di cuenta de que no había interruptor para apagarlo.’
Continuó así. ‘Me ataron a una silla junto a la pared. Me pegaron. Me dijeron que iban a ejecutarme.’ Esas semanas le propusieron distintas versiones de lo ocurrido, pero las rechazó.
Tras una serie de interrogatorios todo se mantuvo en calma durante una semana. Fue trasladado a una nueva celda durante 40 días, pero no le interrogaron de nuevo. En una sesión final los guardias admitieron que ni él ni Neda formaban parte de ningún grupo político ‘pero dijeron que yo había quebrantado la ley al hablar’. Ante la creciente presión -la familia de Neda exigía su liberación, al igual que AI y otras organizaciones internacionales- finalmente lo dejaron en libertad bajo fianza. Sigue acusado de ‘conspiración para derrocar a la República Islámica de Irán’. Las familias tuvieron que reunir 100.000 dólares y las escrituras del padre de Caspian.
Tras su liberación, pasaba todas las mañanas en la tumba de Neda. Iba temprano para evitar la policía de seguridad que andaba por las cercanías. ‘A Neda le gustaba el amanecer, así que iba temprano para estar a solas con ella entonces. Cuando salía el sol, la gente empezaba a llegar a llegar. Se ha convertido en un lugar de peregrinación’.
Todo el mundo le decía a salir, que iba a ser detenido de nuevo. Pero era difícil. ‘Yo no quería salir. Por un lado, creo que este movimiento no ha muerto y nunca morirá. Pero cuando vi las limitaciones que bajo las que estaba, cuando vi que me tenían bajo vigilancia constante y que tenía que guardar silencio, no pude soportarlo’.
El viaje para salir del país –organizado por contrabandistas profesionales- fue traumático. Estaba enfermo y solo. En un punto tuvo que cruzar solo un paso de montaña. La escalada le llevó 8 horas.
Caspian mira hacia delante. Está aliviado por haber llegado al final. ‘Cuando me marché de Teherán miraba a la buena gente de Irán, que es paciente y amable. Parecían abrumados. Tengo 38 años. Siempre amaré Irán. Fue tan duro: dejaba el lugar de descanso de Neda. Todavía no puedo creerlo. Todavía pienso que voy a verla’.
Tiene una misión. Quiere organizar una exposición en su memoria. Este hombre calmado y digno no se resigna. ‘Ahora que me he ido de Irán, puedo gritar. Para romper el silencio’.”
En la imagen (Mario Tama/Getty Images), un manifestante tiene una imagen Neda Agha Soltan en una protesta en Nueva York.
SEMANA

1.
Según Tayyip Erdogan, primer ministro de Turquía, “es imposible que quienes profesan la fe musulmana cometan genocidio”.
Erdogan había invitado a una cumbre de la Organización de la Conferencia Islámica en Estambul al presidente de Sudán, Omar Hasan Ahmad Al-Bashir, contra el que hay una orden del tribunal del Tribunal Principal Internacional por las atrocidades en Darfur. Según la orden, los crímenes han causado la muerte de 135.000 personas y han hecho que 2.500.000 personas abandonen sus hogares.
Erdogan dijo que en cualquier caso Darfur no era comparable a Gaza, y que prefería reunirse con Al-Bashir antes que con Netanyahu.
Finalmente Turquía, debido a la presión de la Unión Europea, retiró la invitación a Al-Bashir.
2.
Noam Chomsky ha estado en Irlanda, invitado por Amnistía Internacional. Allí ha elogiado la política exterior de Turquía, pero ha dicho que nunca entrará en la Unión Europea a causa del racismo de los europeos.
3.
Human Rights Watch denuncia que desde 2003 un gran número de ciudadanos chinos han estado incomunicados durante días o meses de manera secreta en centros de detención ilegal conocidos como "cárceles negras" por agentes estatales que violan los derechos de los detenidos con impunidad.
Según Human Rights Watch, “por lo general los detenidos en las cárceles negras son peticionarios. Son ciudadanos de las zonas principalmente rurales que vienen a Beijing y a otras capitales de provincia en busca de resarcimiento por abusos que van desde apropiaciones ilegales de tierras y corrupción del gobierno hasta tortura policial. Los funcionarios locales, con la tolerancia de las autoridades de seguridad pública, establecen las cárceles negras como una forma de asegurar que estos peticionarios sean detenidos, castigados y enviados a casa, para que estos funcionarios no sufran detrimentos en virtud de las reglas que imponen sanciones burocráticas cuando hay un gran flujo de peticionarios provenientes de sus áreas”.
Al parecer, los detenidos sufren amenazas y abusos, que incluyen violencia física, robo, extorsión, amenazas, intimidación y privación de alimentos, sueño y atención médica.
4.
Champal Compoare, primera dama de Burkina Faso, ha exigido la prohibición de la ablación de clítoris en todo el mundo, en un encuentro en Uagadugú. La OMS calcula que entre 100 y 140 millones de mujeres en todo el mundo han sufrido esta mutilación brutal, "la violación más repugnante de los derechos humanos".
MURO
“‘Entre todos los lugares, fue el Berlín dividido de la Alemania dividida en una Europa dividida donde la guerra fría estalló en una fiesta callejera de este a oeste’, observó a esta revista hace 20 años. Incluso a aquellos que habían confiado en el triunfo final de Occidente, la caída del Muro de Berlín les pareció sorprendentemente accidental. Cuando 200.000 alemanes orientales se aprovecharon de la decisión de Hungría de abrir sus fronteras y huyeron a Occidente, su gobierno comunista decidió modificar las restricciones de viaje que los habían encarcelado. Preguntado sobre el momento, el ministro de propaganda, sin haber recibido consignas, murmuró: "Por lo que sé, con efecto inmediato." Cuando la televisión lo contó, los berlineses se fueron. Desconcertados guardias fronterizo que habrían disparado a sus "camaradas" una semana los dejaron, y una barrera que había dividido fue alegremente desmantelada. El canciller de Alemania Occidental, Helmut Kohl, estaba tan poco preparado para la historia que estaba fuera del país.
La destrucción del Telón de Acero el 9 de noviembre de 1989 es todavía el acontecimiento político más notable de la vida de la mayoría de la gente: liberó a millones de personas y puso fin a un conflicto mundial que amenazaba con la aniquilación nuclear. Para los liberales en Occidente, sigue en pie como un recordatorio tanto de lo que se ha ganado desde entonces como de las cosas por las que todavía merece la pena luchar.
Sin embargo, las últimas dos décadas han visto más avances de la libertad económica que de la libertad política. Hace 20 años se hablaba de un orden mundial pacífico; eso ha desaparecido. Nuevas divisiones han surgido del nacionalismo, la religión o simplemente "el miedo al otro". En lugar de abogar de manera indiscutible por la democracia indiscutible, un montón de países, entre ellos, por desgracia, algunos de los antiguos miembros del Pacto de Varsovia, la mayoría del mundo árabe y de China, han puesto en marcha regímenes autoritarios descaradamente represivos. Cuando los líderes occidentales visitan Moscú, Riad, o Pekín, se limitan a murmurar acerca de los derechos humanos. Se asume que ese tipo de regímenes perdurará.
En cambio, la "globalización", ese término extraño que cubre la mayor libertad de circulación de mercancías, capitales, personas e ideas por todo el mundo, se ha convertido en el principio rector de comercio. Eso no quiere decir que sea universalmente aceptada: mira los predicamentos de la Ronda de Doha de negociaciones comerciales. Pero pocos lugares se oponen abiertamente a ella. En el ámbito económico, el antiliberalismo generalmente tiene que disfrazarse a través de gobiernos que tratan de adaptarlo, haciendo hincapié en el "capitalismo con características chinas", el "capitalismo de las partes interesadas", el "comercio justo" y así sucesivamente. Incluso después de la crisis, las clases comerciales asumen que el mundo será más integrado: ¿quién puede resistir la lógica económica y la tecnología?
No es difícil de entender que exista esa presunción. Consideremos dos éxitos del liberalismo económico, algo subestimados en este momento. El primero es su papel hace 20 años. Los berlineses del Este que corrían hacia el Oeste no sólo huían de la Stasi, sino que también vinieron en busca de frigoríficos, pantalones vaqueros y coca-cola en los supermercados. Para entonces, el comunismo, pese a todos sus tanques y misiles, era claramente una máquina económica menos eficiente. Mijail Gorbachov merece rédito por permitir que tantos siervos escaparan de forma pacífica, pero la Unión Soviética también se derrumbó porque no podría producir bienes.
E incluso aunque la etapa actual de la globalización empezó técnicamente antes de la caída del muro, fue impulsada por él. (La palabra aparecía pocas veces en esta revista antes de 1986 y sólo comenzó a ser común en la década de 1990.) La globalización habría significado mucho menos si la mitad de Europa había seguido tapiada; muchos gigantes instintivamente estatistas del mundo de los países emergentes, como Brasil, India , o incluso China, habrían sido mucho más lentos a la hora de abrir sus economías si todavía hubiera existido una alternativa semi creíble.
Eso apunta hacia el segundo éxito subestimado. Actualmente, el capitalismo actual juzgado con demasiada frecuencia por los excesos de algunos banqueros. Pero cuando los historiadores escriban sobre el último cuarto de siglo, Lehman Brothers y Sir Fred "la tira” Goodwin representarán menos páginas que los 500 millones de personas sacadas de la pobreza absoluta hacia algo parecido a la clase media. Su éxito no es sólo una cosa maravillosa en sí misma, el mayor salto en la historia de la economía. También ha ayudado a estimular a las demás libertades: mira cómo las ideas, buenas, malas y locas, se transmiten por todo el mundo.
Porque al final, no importa lo que los líderes de China le digan a Obama cuando visite Pekín a finales de este mes: la libertad económica y política están vinculadas; quizá no de forma no tan fuerte como la gente esperaba hace 20 años, pero siguen unidas. Si miramos hacia adelante, la clase media emergente de China, fascinada con internet, tendrá sin duda un apetito por la libertad más allá de lo puramente económico. El cambio podría ocurrir tan inesperadamente como lo hizo en 1989. Incluso las fortalezas más temible de la represión puede finalmente ser conquistadas. Entonces fueron Honecker y Ceausescu, mañana podría ser Castro, Ahmadineyad o Mugabe, un día Chávez, o incluso Hu.
Dicho de otra manera, la presunción de que la libertad política nunca alcanzará a la libertad económica podría ser afortunadamente errónea. El problema es que esta diferencia también podría cerrarse de otra manera. La libertad económica puede ser disminuida, tal vez incluso resultar invertida, por la política.
Para los liberales occidentales, incluso los que tienen una confianza tan firme en los mercados abiertos como esta revista, eso significa hacer frente a algunos hechos acerca de la popularidad de sus principios. La victoria del capitalismo occidental frente a su podrido rival comunista no garantiza una franquicia duradera entre los votantes. Como Karl Marx señaló durante la gran oleada de la globalización de finales del siglo 19, la magia de la ventaja comparativa puede ser agotadora y cruel. Deja atrás a los perdedores en grupos concentrados (el cierre de una fábrica de neumáticos, por ejemplo), mientras que los ganadores más numerosos (los conductores de vehículos más baratos) están dispersos. Esto hace a los ricos muy ricos: en un mercado global, se encuentras un caladero más grande que en un local. Y el capitalismo ha sido siempre propenso a los auges espectaculares y los desastres.
Por encima de todo la política sigue siendo obstinadamente local. Toda esa integración económica no ha sido igualada políticamente. Y en la medida en que existe un garante global del sistema actual, es Estados Unidos, un país que a medida que progrese la globalización seguirá perdiendo poder relativo. Gracias a su generosidad en la exportación de los secretos del éxito, ahora tiene a China más cerca de su hombro y otros gigantes emergentes están alcanzando. El apoyo público del proteccionismo se ha disparado en los Estados Unidos.
En los asuntos del hombre, el orgullo herido y la xenofobia a menudo triunfan sobre la razón económica. ¿Por qué si no Rusia aterroriza a sus clientes de gas? ¿O los británicos demonizan a la UE? En un mundo racional China agitaría el miedo a Japón y los saudíes ricos no ayudarían a los extremistas islámicos en el extranjero. Muchos empresarios, demasiado ocupados en sus BlackBerrys para preocuparse por el nacionalismo o el fundamentalismo, podría reflexionar sobre la descripción de Keynes de un londinense próspero de antes de agosto de 1914: tomando su té de la mañana en la cama, compra de artículos de todo el mundo a través del teléfono, considera la edad de la globalización como "normal, segura y permanente, excepto en el sentido de mejorar aún más" y desdeña "la política del militarismo" y "las rivalidades raciales y culturales" como simples "diversiones en su periódico".
Reconocer las deficiencias políticas de la globalización debería redoblar la determinación de los liberales occidentales para defenderla: para cerrar la brecha en el camino correcto. Eso implica una gran cantidad de cosas, desde la promoción de los derechos humanos hasta el diseño de mejores políticas de empleo. Pero también requiere la defensa de los enormes beneficios que el capitalismo ha traído al mundo desde 1989 con más fuerza que los líderes de Occidente han hecho hasta ahora. Y, acaso por encima de todo, no dar nada por sentado.”
ARENDT, HEIDEGGER Y LOS NAZIS

"¿Seremos capaces de pensar en Hannah Arednt del mismo modo? Dos nuevas y dañinas críticas, una de Arendt y otra de su duradero amante y admirador de los nazis, el filósofo Martin Heidegger, se publicaron el mes pasado. Las piezas siembran más dudas sobre las reputaciones infladas y no examinadas de ambas figuras e iluminan su relación intelectualmente tóxica.
Espero que esas revelaciones alienten un descrédito adicional del sintagma pseudo-intelectual más excesiva y erróneamente utilizado en nuestro idioma: la banalidad del mal. La banalidad de la banalidad del mal, su fatuidad, es desde hace mucho tiempo incomprensible, pero quizás ahora también quede circunscrita al reino de lo engañoso y lo deshonesto.
El primero de los dos nuevos informes -y el más ignorado en Estados Unidos, tal vez porque no está en Internet-, apareció en las sobrias del Times Literary Supplement de Londres el 9 de octubre. Se titulaba "Culpa a la víctima. Hannah Arendt entre los nazis: el historiador y sus fuentes." Arendt –la intelectual refugiada de origen alemán, autora del influyente Los orígenes del totalitarismo y el polémico Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal- ha sido atacada antes por ‘culpar a la víctima’ en su libro sobre el juicio a Eichmann, pero el autor de la pieza de TLS, el distinguido investigador británico Bernard Wasserstein, abre un terreno nuevo con materiales me parecieron impactantes.
En un artículo largo y cuidadosamente documentado, Wasserstein (que ahora enseña en la Universidad de Chicago) cita el escandaloso uso de citas por parte de Arendt de fuentes de ‘autoridades’ antisemitas y nazis en su libro sobre el totalitarismo.
Wasserstein concluye que su uso de estas fuentes era "más que un error metodológico: era un síntoma de una cosmovisión perversa, contaminada por la exposición excesiva a los discursos de desprecio y la estigmatización colectiva que eran su objeto de estudio", el antisemitismo. En otras palabras, afirma, Arendt había interiorizado los valores de la literatura antisemita que leyó en su estudio sobre el antisemitismo, al menos en cierta medida.
La conjetura de Wasserstein reavivará el debate sobre los comentarios despectivos de Arendt acerca de algunos judíos que fueron víctimas de Hitler, que aparecen en su libro sobre Eichmann y en sus cartas.
¿Estas revelaciones podrían ayudar a desterrar la reiteración robótica del sintagma de la banalidad del mal como una explicación de todo lo malo que hacen los seres humanos? Quizá Arendt no tenía la intención de que la frase se utilizara de esta manera, pero uno de sus perniciosos efectos fue que pareciera que la búsqueda de una explicación del misterio del mal realizado por "hombres ordinarios" había terminado. Como si nombrarlo de algún modo resolviera el problema. Es una frase que parece llena de significado y nos libra del atolladero, permitiéndonos evitar la pregunta difícil.
Fue la frase sobre la banalidad –y su supuesta profundad para la mente popular- lo que elevó a Arendt por encima de sus compañeros intelectuales exiliados en Estados Unidos, y la convirtió en una figura proto-Sontag, una estrella cerebral y un icono reverenciado en los departamentos de estudios culturales de Estados Unidos. Fue la frase que lanzó mil tesis.
Para mí, el uso de la expresión la banalidad del mal es un signo casi infalible de pensadores superficiales que quieren parecer intelectualmente sofisticados. Vamos: es una frase de bancarrota, una frase subprime, una frase de doctorando en Filosofía que posa como profunda disidencia. ¡Ooh, qué atrevida! El mal no sólo llega en la forma de tipos a lo Snidely Whiplash, con bigotes retorcidos, sino en la forma de burócratas que siguen órdenes malvadas. Y cuando se aplicó –como hizo originalmente con Adolf Eichmann, el entusiasta verdugo de Hitler, responsable de la logística de la Solución Final-, el sintagma era totalmente fraudulento.
Adolf Eichmann no fue, por supuesto, en absoluto un burócrata banal: sólo se describió a sí mismo de ese modo en un juicio para salvar la vida. Eichmann era un feroz y detestable enemigo y cazador de judíos, que, entre otras cosas, intervino personalmente después de la guerra estuviera perdida en la práctica, para insistir y velar por el asesinato en masa del último grupo casi intacto de judíos de Europa, en Hungría. Así que la frase era incorrecta en su origen, tal como se aplica a Eichmann, e incorrecta en casi todos los casos posteriores cuando se aplica en general. Incorrecta y contradictoria en sí mismo, lingüística, filosófica y metafóricamente. O uno sabe que lo que está haciendo es malo o no lo sabe. Si uno lo sabe y lo hace de todos modos, uno es malo; no pertenece una subcategoría especial de maldad. Si uno no lo sabe, uno es ignorante, y no malo. Pero la ignorancia genuina es rara cuando se produce el mal. Arendt debería haberse quedado con su formulación original de los crímenes nazis: "el mal radical". No es un concepto fácil de definir, pero, se podría decir, pero lo reconoces cuando lo ves. Sin duda, tiene más validez que la banalidad. (Wasserstein secamente observa que "sus epígonos han intentado con valentía conciliar las dos posiciones, ella misma reconoció la incoherencia" -entre el mal radical y banal- “pero nunca resolvió de forma satisfactoria la autocontradicción fundamental") Sin embargo, Arendt huyó desde el mal radical hacia la banalidad en más de un sentido.
El artículo de Wasserstein abre nuevos caminos cuando cita de algunas de las fuentes antisemitas que Arendt utilizaba para lo que se considera su obra principal, Los orígenes del totalitarismo. Por supuesto, se ha dicho que Arendt era hostil a los judíos, especialmente aquellos que no habían realizado la asimilación de la cultura germánica de la que ella estaba tan orgullosa.
Pero Los orígenes del totalitarismo no ha sido atacado por estos motivos. Y debo decir que aunque es un libro enormemente inflado por historia irrelevante, del tipo que muestra lo mucho que has trabajado, sirve de asidero para una comprensión teórica importante: que las similitudes entre los regímenes donde todo se somete a la vigilancia de la policía del Estado son más importantes que las diferencias, que las similitudes se pueden resumir con una sola palabra -totalitarismo- que se aplica a las dictaduras de izquierda y derecha, de cualquier ideología y por extensión a cualquier régimen teocrático o movimiento.
Es un concepto que tiene gran relevancia en este momento porque todavía hay quienes no entienden cómo se puede llamar "fascistas" a los estados policiales teocráticos. ¡Bueno! Es porque son totalitarios. Al margen de la religión que profesen, lo que comparten con los regímenes fascistas del pasado es mayor -en términos de negación de los derechos humanos- que lo que los separa de ellos. Del mismo modo que los regímenes políticos adoptan el culto religioso total de la adoración del Estado o el líder para imponer su opresión, los regímenes teocráticos o religiosos adoptan la opresión política para imponer su ortodoxia.
Pero Wasserstein (que irónicamente pronunció sus conclusiones por primera vez en la “Conferencia Hannah Arendt, en la Universidad de Radboud, en Holanda, en diciembre de 2008: probablemente no era lo que esperaban) ha encontrado algunos problemas en el análisis histórico del antisemitismo que elabora Arendt.
Presenta sus conclusiones con una breve inclinación a los defensores de Arendt: ‘En The New York Review of Books en 2007 Jeremy Waldron reprochó al historiador Walter Laqueur que hubiera especulado con que Arendt ‘había leído mucho de lucha contra la literatura antisemita por su propio bien’. ‘Waldron’, observó Wasserstein, ‘consideraba ofensivo de la conjetura.’
‘En realidad’ continúa Wasserstein, ‘merece una seria consideración, según se desprende si examinamos el uso de las fuentes en su trabajo. Consideremos, por ejemplo, el análisis de Arendt, en la segunda sección de Orígenes, de la función de judíos en la fiebre del oro y diamantes en Sudáfrica a comienzos del siglo XX. Se basa en el relato del economista británico JA Hobson, que decía que los financieros judíos ‘dejaban sus colmillos en los cadáveres de sus presas. Se aferraron al rand [la moneda sudafricana]... como están preparados para hacer en cualquier otro lugar del mundo’ –parte de un pasaje que Arendt cita con una aprobación explícita y nada irónica, elogiándolo como ‘muy fiable en sus observaciones y muy honesto en sus análisis’’.
¿‘Comillos’? ¿Te parece que suena como retórica hitleriana, que podría haberse sacado de Mein Kampf? Bueno, sí, ¿no te parece?
Y después está esto: ‘Una de las autoridades en que se apoya Arendt para hablar de los judíos sudafricanos’, informa Wassenstein, es un artículo de Ernst Schultze, ‘un propagandista nazi, que apareció... en una publicación alemana fundada y dirigida por el destacado ideólogo nazi Alfred Rosenberg’. Y después: ‘en un nuevo prefacio [a Los orígenes del totalitarismo] escrito en 1967, Arendt elogia el trabajo del distinguido historiador nazi Walter Frank, cuyas ‘contribuciones’, dice Wasserstein citando a Arendt, ‘todavía pueden leerse con provecho’.
Wasserstein se pregunta sobre los motivos de Arendt: ‘¿Estaba haciendo el pino con las orejas para no ser totalmente desdeñosa con sus adversarios ideológicos, que la despreciaban por cuestiones categóricas (es decir, raciales)?’, se pregunta.
Pero tiene que haber sido más que eso, responde, porque la historia judía moderna fue el único tema en el que se basó en varias ocasiones en los historiadores nazis como autoridades externas, es decir, diferentes a las pruebas de lo que los propios nazis pensaban o hacían. Además incorporaba mucho de lo que los historiadores nazi tenían que decir acerca de los judíos, desde el ‘parasitismo’ de las altas finanzas judías hasta el ‘internacionalismo’ de [Walter] Rathenau [el ministro alemán de Weimar asesinado por los antisemitas].
Por supuesto, siempre ha habido críticas judías a los judíos. Pero la ‘aversión de Arendt era mucho más profunda’ de lo que se ha creído, afirma Wasserstein. Termina su artículo preguntándose: ‘¿por qué?’
Creo que las nuevas revelaciones sobre Heidegger pueden arrojar alguna luz sobre esta cuestión. Siempre ha sido polémico hablar del duradero enamoramiento de Arendt hacia el profesor simpatizante de los nazis, y de cómo eso pudo dar forma a sus posiciones intelectuales. Los defensores de Arendt desprecian eso como cuestiones ‘sensacionalistas’, irrelevantes en la supuesta pureza trascendental del pensamiento de Arendt.
Pero dejar fuera de la ecuación a Heidegger es cada vez más difícil. Arendt no sólo tuvo una aventura con él cuando era una estudiante de 18 años, la mitad de la edad del filósofo, antes de que Hitler asumiera el poder, sino que su fascinación continuó a pesar de su exaltación pública del Führer, y de que despidiera a judíos tras convertirse en rector de Friburgo. Ahora sabemos que más tarde reanudó algún tipo de relación cordial con el filósofo de las camisas pardas (sí, a menudo llevaba una en sus conferencias). Arendt ayudó a Heidegger a regresar a la versión intelectual de la buena sociedad, y de hecho ayudó a impedir su ostracismo como seguidor de Hitler, al menos entre aquellos que consideran que su uso notoriamente opaco del lenguaje filosófico ofrece algo de valor en el fondo, aparte de más opacidad.
Los materiales sobre Heidegger ofrecen pruebas adicionales de su servil devoción hacia el Führer, no sólo en sus discursos públicos sino en su deseo de encontrar una fundamentación filosófica para el hitlerismo en los elevados dominios de su pensamiento.
Considera esta cita de una deliciosamente dura reseña de Carlin Romano en el Chronicle of Higher Education del 18 de octubre, que habla de algunas revelaciones sobre la desvergonzada adopción del nazismo por parte de Heidegger.
El mes que viene, Yale University Press publicará una traducción al inglés de Heidegger: la introducción del nazismo en la filosofía [en castellano: Akal, 2009] de Emmanuel Faye, un profesor de la Universidad de París en Nanterre. Es el último y más completo asalto de archivo al pensador aparentemente magistral que informó a los estudiantes de Friburgo en su célebre discurso rectoral de 1933 sobre la ‘verdad y grandeza interiores del nazismo’, declarando que ‘el Führer, y sólo él, es el presente y el futuro de de la realidad alemana, y su ley’.
Faye, cuyo libro causó batallas en los departamentos heideggerianos de Francia hace unos años, sigue los pasos de investigadores como el filósofo chileno judío Victor Farías (Heidegger y el nazismo, 1987: El Aleph, 1989, y Lleonard Muntener, 2009), el historiador Hugo Ott (Martin Heidegger, Alianza, 1992) y otros. ¿Objetivo? Exponer el intento vulgar y a menudo feroz del metafísico de convertirse en los años 30 en el principal tribuno académico de Hitler, y sus malabarismos después de la guerra para escapar al juicio por sus pecados. ‘Ahora sabemos’, dice Faye, ‘que el intento de justificación de 1945 de Heidegger no es más que una cadena de falsedades’.
La pieza de Romano en Chronicle generó un furioso hilo de comentarios, un espectáculo de postmodernos sufriendo ataques de histeria.
Puedo entender los ataques iracundos contra Romano por no tomar a Heidegger en serio; desgraciadamente, los enfadados académicos que lo defienden nunca definían exactamente por qué deberíamos hacerlo.
En general, estoy a favor de separar al hombre (o la mujer) de la obra, pero fue el propio Heidegger, sus defensores no parecen reconocerlo, quien reclamó el nazismo para sí. No estableció la separación que ellos enarbolan convenientemente para disculpar su racismo personal".
En la imagen, Hannah Arendt. Pensadores temerarios de Mark Lilla (Debate, 2004) incluye un ensayo sobre Heidegger y Arendt. También hay una brillante reflexión sobre Heidegger en El olvido de la razón (Debate, 2004), de Juan José Sebreli.
ANIVERSARIO

1.
Se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín, que precipitó el fin de la URSS y su dominio sobre el Este de Europa: aquí hay algunas reflexiones y unas fotos. Aun así, cientos de millones de personas viven bajo regímenes comunistas.
2.
La bloguera Yoani Sánchez, detenida y golpeada en Cuba. Así lo cuenta ella. Y mientras tanto, el tirano tiene quien le ecriba.
2.
“En los nueve meses que posteriores a su arresto por acusaciones de espionaje, guardias de seguridad norcoreanos golpearon a Guang-il Jung con un palo de madera. Todavía lleva las cicatrices en la parte trasera de su cabeza.
En el curso de las palizas, los guardias le rompieron todos los dientes, y lo dejaron sin dientes durante cuatro años. Para impedirle que durmiera, los guardias de la prisión subterránea de Hoeryong, cerca de la frontera china usaban ‘tortura de pichones’. Atron y esposaron por los brazos a Jung a un objeto que estaba tras él, de modo que no podía ni estar de pie ni sentarse. Le daba la sensación de que sus huesos se rompían a través de su pecho, mientras que el resto de su cuerpo estaba paralizado.
Jung contó la terrible historia de su detención antes de escapar a Corea del Sur en 2003, en un viaje a varias capitales europeas que realizó esta semana para hablar de lo que un informe de la ONU describió recientemente como ‘pésimo’ expediente en asuntos de derechos humanos.
La aparición de Jung y otra persona que había abandonado el país, una mujer de 54 que sólo dio el nombre de L, ante parlamentarios y europeos oficiales en Gran Bretaña fue organizada para presionar al máximo a Corea del Norte antes de que su expediente sea examinado por primera vez por el consejo de derechos humanos en Génova. Solidaridad Cristiana Mundial, que organizaba la visita europea, dice que Kim Jong-il ha cometido crímenes contra la humanidad y posiblemente actos de genocidio contra grupos religiosos, en concreto cristianos.
‘Tanto Guang-il Jong como L han experimentado sufrimientos y privaciones a una escala que no podemos empezar a imaginar’, dijo Tina Lambert, de esta institución. ‘Su testimonio llega en un momento crucial, antes del examen de la ONU a Corea del Norte’.
CSW calcula que hay 200.000 personas están retenidos en los campos de prisioneros políticos de Corea del Norte.
L, una cristiana que escapó a Corea del Sur en 2007 con tres hijos, era reacia a repetir los detalles de su propia tortura; le dejó al intérprete la tarea de revelar lo que había soportado.
‘Le arrancaron las uñas con pinzas, le quitaron todos los dientes inferiores –ahora lleva una dentadura postiza-, le metieron por la nariz agua con guindillas’, dijo el intérprete. ‘Quiero que aumente el conocimiento de lo que sucede, tenemos que hablar de esta situación’, dijo L, que no quería revelar su nombre porque todavía tiene parientes en el norte. ‘Es la única forma de que cambie algo.’
Cuando lo arrestaron, Jung, veterano del ejército de Corea del Norte, pesaba 75 kilos. Durante los interrogatorios su peso bajó hasta los 38 kilos. Tras pasar nueve meses en manos de los servicios de seguridad, Jung hizo una confesión falsa y lo enviaron a un campo de trabajo en Yodeok, a 90 kilómetros al norte de la capital, Pyongyang.
En el campo, a los prisioneros destinados a morir se les asignaban tareas que no podían terminar. Cuando no terminaban el trabajo, sus raciones de comida se reducían como castigo. Finalmente, la combinación de mucho trabajo y menos comida hacía que muchos murieran de hambre. Después de tres años, Jung escapó a Corea del Sur en 2003.
CSW pide una comisión de investigación de la ONU para examinar los crímenes contra la humanidad en Corea del Norte.
El encargado de la información de la ONU en Corea del Morte, Vitit Muntarbhorn, presentó el mes pasado un durísimo informe sobre violaciones de los derechos humanos en Corea del Norte, y declaró que la ‘explotación de la gente corriente’ se ha convertido en ‘la prerrogativa perniciosa de la élite en el poder’.”
4.
El Partido Comunista elige un nuevo secretario general. Como de costumbre, se queja del sistema electoral español, que supuestamente es injusto con Izquierda Unida: compara ese “fallo democrático” con la absoluta falta de democracia en Cuba. Y dice:
En Cuba hay personas encarceladas porque han sido cómplices de atentados terroristas, porque han estado a sueldo de la embajada de EE UU.
Sobre la caída de la Unión Soviética, que todavía no sabe si asimilar o no, dice:
Pero también nos produce una reafirmación de los valores comunistas, que están muy por encima de la experiencia soviética.
Aunque las estimaciones varían, sin contar con el decrecimiento de la población por la bajada de la tasa de nacimientos, el suicidio demográfico, se calcula que los "intentos" de puesta en práctica de los valores comunistas produjeron en la URSS, China, Camboya, Corea del Norte, África, Afganistán y Europa del Este unos 94 millones de muertos.
5.
Este verano murió el filósofo y estudioso del marxismo polaco Leslez Kolakowski. Cuando oyó el comentario de Georg Lukacks, que aseguraba que incluso el peor socialismo era preferible al mejor capitalismo , respondió: “Sí, las ventajas de Albania sobre Suecia son evidentes”.
6.
Worlds Without Borders y Open Letters celebran el aniversario con una antología, The Wall in My Head: Words and Images from the Fall of the Iron Curtain.
UNA ENTREVISTA CON AYAAN HIRSI ALI

Han pasado cinco años desde el asesinato de Theo Van Gogh. Desde entonces, Ayaan Hirsi Ali, que escribió la película, tiene que vivir protegida a causa de las amenazas de muerte del fundamentalismo islámico, que quieren matarla por criticar el maltrato de esta religión a las mujeres (una curiosa forma de refutación). En los últimos tiempos, un fondo de donantes privados paga a los protectores de Ayaan Hirsi Ali. Tras sus libros Yo acuso, Mi vida, mi libertad –aquí una reseña,y aquí un artículo-, y Adán y Eva, que acaba de salir en España, en febrero publica Nomad.. Aquí hay una entrevista de Patt Morrison:
“¿Qué le pareció la visita de la Secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton a África?
Siempre me alegro cuando Estados Unidos muestra interés por África, aunque sea simbólico, y el suyo era en buena medida simbólico. Creo que Hillary Clinton continuará con la ayuda del Departamento de Estado a África. Pero muchos países africanos se enfrentan a la expansión del islam radical, lo que significa que Estados Unidos va a enfrentarse con otro problema de seguridad nacional. El dinero wahabí está en África. Están construyendo mezquitas muy rápido. Están introduciendo la sharia. Es un movimiento de base, y no vi que nadie hablara de él.
Cuando hablamos de las mujeres en África, ¿Estados Unidos utiliza demasiados de sus valores o demasiado pocos?
Hay muchas disculpas por lo que significa la libertad. En África, te dicen: ‘Oh, es nuestra costumbre. La poligamia es nuestra costumbre, la mutilación genital femenina es nuestra costumbre, son nuestros valores’. Y los europeos y los estadounidenses son muy tímidos y apologéticos, diciendo: ‘Vaya, lo siento mucho, es vuestra costumbre’.
Su propia abuela vigiló su mutilación cuando tenías cinco años, aunque su padre se oponía.
Por eso insisto por principio. Mi abuela estaba convencida de que hacía algo bueno. Lo hacía por amor. Se lo había hecho a todas sus hijas; se lo habían hecho a ella, y a su abuela. No sabía que fuera posible no estar, como ella decía, ‘limpia’. Sí la educación ayuda, pero todo tenía que ver con la convicción que tenía de estar haciendo lo correcto.
¿Algún país irá alguna vez a la guerra por la seguridad y los derechos de las mujeres?
Parece que no sucederá. Pero soy muy optimista. No sobre ir a la guerra, sino sobre la capacidad de los seres humanos para cambiar de opinión. Recuerde lo que ocurrió con el comunismo. El gran problema es definir la protección de los derechos de las mujeres como el gran problema del siglo XXI. Si el mundo hace eso, la desigualdad de las mujeres será como la erradicación del apartheid: la gente insistirá en que está mal, está mal, está mal, y así es como se producen los cambios.
¿Qué cambia a la gente?
Le daré un ejemplo. La mujer sudanesa que decidió llevar pantalones: cuando el mundo la apoyó, no se atrevieron a azotarla. Es este tipo de insistencia inflexible. El tráfico de seres humanos –chicas secuestradas y obligadas a ejercer la prostitución- es una explotación económica. Eso puede erradicarse yendo a por los traficantes, proporcionando educación y erradicando la pobreza. Donde se pone velo a las mujeres, donde se cortan sus genitales, donde hay ‘crímenes de honor’, donde la mitad de la población no puede salir sin un guardián masculino... Eso no sólo se puede abordar hablando de la pobreza. Tienes que enfrentarte a esos principios.
He hecho esta pregunta a otras feministas. ¿Por qué siempre son los derechos de las mujeres los que están sujetos a negociación?
Sí. ¿No es interesante? Las mujeres son principalmente oprimidas por sus padres, sus hermanos, sus suegras, sus abuelas, así que es la forma más íntima de opresión. Otra cosa: el feminismo occidental todavía define al hombre blanco como el opresor, pero ahora es el hombre marrón, el hombre negro, el hombre amarillo. Cuando les dices: ‘Dejad de oprimir a vuestras mujeres’, ellos responden: ‘No me impongas tu cultura’. Habría sido fantástico que, cuando el presidente Obama fue al Cairo, hubiera dicho: ‘Le hemos enseñado al hombre blanco que la intolerancia es mala, y la ha dejado, al menos en su mayor parte. Ahora la intolerancia se ejerce en nombre del hombre negro, del hombre amarillo, del hombre marrón, de cualquier color’.
¿Usted distingue entre islam moderado e islam radical?
Me niego a hacerlo porque uno produce el otro. Naces en la corriente principal del islam. Te enseñan: No cuestiones al profeta; todo lo que dice el Corán es cierto. Y después vienen los radicales y lo amplifican, construyen a partir de ahí. Así que es el llamado islam moderado el que debe enfrentarse al elemento radical. Los musulmanes tienen que cuestionar la infalibilidad del profeta Mahoma. Tienen que dejar de enseñar a los niños y a los jóvenes que todo lo que dice el Corán es cierto y debe ser tomado en serio. Lo puede ver en el mundo cristiano. Hay grupos de cristianos muy radicales que se niegan a cansar. Pero la mayoría ha decidido reformarse, introducir nuevos modos de mirar la Biblia y permitir la libertad de expresión y conciencia. Así que si la gente se aparta de las ideas radicales, no los matan, no los decapitan.
En unos tres años podrá optar a la nacionalidad estadounidense. ¿Cómo ve aquí la gente su ciudadanía, en comparación con otros países?
Creo que la situación en Estados Unidos es mucho más sana que la europea. Estados Unidos tiene la ventaja de que cuando te conviertes en ciudadano, prometes lealtad a una Constitución que habla de ideas y no etnias. Por eso, los americanos no se sienten tímidos a la hora de enseñar a nuevos estadounidenses por qué la ciudadanía es importante, por qué el patriotismo es importante, el orgullo por los Padres Fundadores. Es más fácil que sentirse orgulloso de la historia de Francia, por ejemplo.
Nuestro valor central es la tolerancia. A usted le preocupa que toleremos las cosas equivocadas.
Para formar una comunidad de personas libres, hay que defender la libertad con uñas y dientes, y para que este país conserve su vitalidad, hay que entender que la libertad es una institución muy, muy vulnerable. Es algo que tienes que seguir defendiendo, y la única forma de hacerlo es siendo intolerante con la intolerancia.
¿Los musulmanes estadounidenses son distintos de los europeos?
Veo una gran diferencia, y es económica. La mayor parte de los musulmanes que vienen a Estados Unidos tienen un nivel de educación más elevado de los que van a Europa, y más ingresos. Esto cambia mucho porque vienen más musulmanes a Estados Unidos. Estados Unidos no es un estado de bienestar. Los musulmanes americanos tienen que tener un trabajo. Los países europeos son estados del bienestar donde muchos pobres dependen del estado para sobrevivir. Eso es muy atractivo para los radicales. Espero que los musulmanes estadounidenses sean distintos. Pero eso no hace que Estados Unidos sea inmune al Islam radical.
En la Sun Valley Writers’ Conference, la escritora iraní-estadounidense Firooeh Dumas cuestionó su observación de que en el islam la subyugación de las mujeres es un mandato religioso y no cultural.
Dijo que ninguna de las cosas de las que yo hablaba tenía nada que ver con el islam, que yo simplemente proyectaba en el islam mis experiencias personales. Eso es algo que siempre me molesta. Dije que la ley de la sharia es ley islámica; se deriva del Corán. En todos los lugares donde se aplica, vemos cómo se trata a las mujeres. Firoozeh Dumas representa a una mujer ilustrada, culta, moderna, cosmopolita. La mayoría de la gente de origen cristiano de ese tipo no defiende el cristianismo del mismo modo que defienden en el islam la gente de origen musulmán.
¿Se considera atea?
¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios? Pertenezco al grupo que dice que el hombre creó a Dios. Me siento cómoda viviendo sin una fuerza exterior que me diga lo que tengo que hacer. Prefiero creer en los seres humanos.
¿Cómo se sitúa políticamente?
Mi posición política es lo que los estadounidenses llaman libertaria y algunos europeos liberal clásica. Aquí la palabra liberal [progresista] está secuestrada por gente que sólo se preocupa por el colectivismo. Pero, bueno, libertario también implica que no te importan las comunidades. Soy una luchadora radical por la libertad individual, una defensora de la libertad individual. Soy una universalista: creo que esos derechos y libertades son universales”.
En la imagen, Ayaan Hirsi Ali.
HITCHENS ESCRIBE SOBRE AFGANISTÁN

“Si llega alguna vez el momento en que veamos nuestra intervención en Afganistán como un fracaso humillante, puede que el pasado fin de semana pasado se identifique como uno de los momentos en que la calamidad se hizo irreversible.
En el preludio de las elecciones de 2004 en ese país, busqué en los lugares donde los habitantes locales estaban siendo instruidos en los principios y en la mecánica de la votación. Fue como ver como un capullo muy cerrado empieza a brotar. Funcionarios de diversas organizaciones internacionales esperaban, por ejemplo, atraer a un determinado porcentaje de las mujeres afganas para desafiar sus antiguos opresores y registrarse: las instalaciones se colapsaron por el gran número de mujeres que se presentaron espontáneamente. Los grupos minoritarios que habían sido despreciados y asesinados por los talibanes, como los hazara, una comunidad chiíta con algunos lazos a Persia, se estaban movilizando para registrarse. La prensa y la televisión, completamente nuevas para muchos afganos, mostraban escenas de la democracia y algunos debates útiles. En el mismo día de la votación, hubo alguna queja acerca de la tinta indeleble para las puntas de los dedos, que no earn tan indeleble, pero un gran número de personas desafiaron las "cartas nocturnas" de los talibanes y se puso fila al sol para emitir un voto. Ninguna imperfección de procedimiento podría destruir la impresión de que los afganos estaban adquiriendo la esencial idea de una elección libre y competitiva.
La farsa triste y repugnante del 20 de agosto casi ha eclipsado este recuerdo. Una ridícula república bananera produjo en la primera ronda un resultado que no resistía ni el examen más superficial. En la primera inspección de los centros de votación y las papeletas resultaba paródicamente fácil descubrir los centros de votación que no abrieron, pero registran índices de participación amplia, y los votos que había pasado directamente de la imprenta a los bolsillos del presidente Hamid Karzai y sus colegas - uno de los cuales Azizullah Lodin, repite como presidente de la absurdamente llamada Comisión Electoral Independiente de Afganistán.
Eso sería bastante malo, si no fuera por la complicidad cobarde de la misión de la ONU en Kabul. Se asignaron unos 200 millones de dólares del dinero de la comunidad internacional para garantizar que los afganos pudieran votar, pero cuando un gran número de ellos no supo o no pudo, mientras otros muchos lo conseguían cinco o seis veces, no hubo ninguna señal de alarma de los funcionarios de las Naciones Unidas responsables en Kabul. O tal vez debería reformularlo: uno de los agentes se quejó de que se había producido un a) fraude generalizado, y b) la connivencia del gobierno en el mismo y c) la indiferencia de las Naciones Unidas que ascendió a la complicidad. Fue Peter Galbraith, un diplomático estadounidense que era entonces el representante especial adjunto del secretario general de la ONU, esa figura brillante conocida en canciones e historias como Ban Ki-moon. Galbraith se quejó de que Kai Eide, el jefe noruego de la misión de la ONU, había mostrado indiferencia ante la flagrante parcialidad mostrada de las autoridades locales afganas que gastaban el dinero de las Naciones Unidas para comprar votos para su jefe. Eide a su vez se quejó a Ban, que inmediatamente correspondió despidiendo a Galbraith. Así pues, no se puede decir que ninguno de los involucrados en este fiasco y fiesta de la corrupción haya perdido su empleo. Sería casi cierto, sólo que quien dio la alarma fue despedido, como primera medida.
Poco importaría ahora si hubiera una segunda vuelta o no, o unas elecciones ‘controvertidas’: ningún afgano sensible puede creer que el proceso sea algo más que un apaño cínico. No es tan malo el reciente pisoteo del derecho de voto del pueblo iraní, pero se supone que tenemos un criterio algo más elevado que eso (y la simple comparación, por supuesto, muestra dónde andan las apuestas ).
Uno imagina que los talibanes apenas pueden creer su suerte. Se oponen al voto en principio, como algo anti-islámico, y se oponen especial y ferozmente al voto de las mujeres, pero no necesitan acentuarlo. Pueden ayudar a inflar el coro de cinismo y desprecio.
Las medidas del pánico propuestas para afrontar este resultado espantoso han sido a veces tan malas como el problema original. Admitiendo demasiado tarde y demasiado a regañadientes que el fraude necesitaba una segunda vuelta, Kai Eide nos enfrentó a una elección entre una apresurada segunda votación vigilada por los mismos corruptos o un retraso hasta que el pase el brutal infierno afgano –otro regalo gratis para las fuerzas de la ruina y el fanatismo. Algunos incluso propusieron un destartalado gobierno provisional entre Karzai y su rival principal, Abdulá Abdulá (es bonito que lo llamaran dos veces) Todo esto es un intento de evitar afrontar el dato evidente de que durante meses de este año, y con nuestro dinero, el pueblo afgano fue engañado y traicionado en el momento en que sus necesidades eran más urgentes.
Me pregunto qué dirán los grandes amigos de las moralmente infalibles Naciones Unidas. ¿Y cómo el Congreso, el Presidente de Estados Unidos y los líderes de otros países que han donado y patrocinado explican lo que ha pasado con los fondos que concedieron? He escrito docenas de veces sobre cómo ninguno de los supuestos paralelismos con Vietnam sirven (al-Qaeda una importación extranjera en Afganistán; ninguna amenaza del Vietcong a las ciudades de Estados Unidos; ya conoces el resto), pero hay una cosa que deshonró a Vietnam del Sur y es fundamental evitar en cualquier caso: el compromiso de las fuerzas estadounidenses con un gobierno que consigue haberse enriquecido y estar en bancarrota al mismo tiempo y que hace que su propio pueblo sienta ganas de escupir.”
ENEMIGOS DEL PUEBLO

Jonathan Yardley escribe sobre Enemies of the People, de Kati Marton:
“La familia sobre la que escribe Kati Marton es la suya. Periodista de televisión y radio en Nueva York moderadamente conocida y bien conectada, Marton nació en Hungría, y vivió sus primeros ocho años en el país bajo el régimen comunista del dictador Mátyás Rákosi. Nació en 1949; era hija de un prominente periodista húngaro, el corresponsal de Associated Press Endre Marton, y de su esposa Ilona, también periodista. Eran valientes que pagaron por su valor en prisión; sus dos hijas tuvieron que vivir con una familia ‘dispuesta a acogernos a cambio de una cantidad mensual’.
La historia de Marton, por tanto, habla de valentía, sufrimiento, supervivencia y justicia. La cuenta con una prosa directa y lúcida –un logro mayor si consideramos que el inglés no es su lengua materna- y con las emociones bajo control. No es una memoria de ay-qué-pena, de las que tanto abundan estos días, sino un informe bien redactado y casi clínico de cómo es vivir en un estado totalitario y lo que cuesta escapar de él. Es mucho menos una autobiografía de Marton que una biografía conjunta de sus excepcionales padres.
No la podría haber escrito hace un par de décadas, cuando Hungría seguía en la órbita de la Unión Soviética; no fue hasta más tarde que la ley húngara hizo posible para ella leer ‘los archivos de mi familia, que tenía la AVO –la temida policía secreta húngara- en sus archivos de Budapest’. Esos archivos, ‘que leí y traduje del húngaro, fueron mi fuente primaria para conocer los detalles precisos de los veinte años de vigilancia casi total del Estado del Terror sobre mi familia, y el tormento en prisión de mis padres’. Ella tenía sus propios recuerdos, y una memoria publicada por su padre (‘El cielo prohibido’, 1971), y otra inédita de su padre, pero los archivos de AVO fueron la clave para que este libro fuera posible.
Marton hizo su primera visita a los archivos de AVO hace varios años. Allí la recibió Katalin Kutrucz, directora del archivo, que sacó los ‘cientos de páginas de la vida de nuestra familia’ y, ‘leyendo mis pensamientos’, dijo: ‘Todo el mundo en tu círculo, al margen de que tus padres confiaran en ellos o no, informaba sobre ellos. Era así’. Era un estado que institucionalizó la delación como forma de vida:
El principal instrumento de sovietización era AVO, que informaba directamente a los servicios secretos de Stalin –NKVD y KGB. Establecido en septiembre de 1946 (en el mismo elegante palacio renacentista donde leí los archivos de mis padres), tenía 17 divisiones, cada una con una función especial. Todo el mundo sabía que el Ejército Rojo estaba tras el AVO, que era en efecto un Partido Soviético dentro del Partido Comunista Húngaro. Su principal característica, lo aprendí al crecer, era una brutalidad contra la que las acciones ordinarias políticas y diplomáticas eran inútiles. La División Uno tenía que infiltrarse y controlar la vida política húngara, a través de una vasta red de informadores, normalmente reclutados por medio de la intimidación. Típicamente, los objetivos eran sacados de la cama en mitad de la noche, y liberados con la condición de que se convirtieran en informadores. Entre ellos se incluía la mayor parte de mi círculo familiar inmediato.
Los Marton tenía un interés especial para el AVO por la elevada posición de Endre e Ilona en los círculos periodísticos de Budapest y porque tenían relación con mucha gente de la delegación estadounidense. Endre era un ‘corresponsal completamente acreditado, a tiempo completo, de la AP’, mientras que Ilona tenía ‘un puesto similar en la rival Unitd Press’. ‘Mi madre era una observadora aguda y una comentarista ingeniosa’ pero ‘no era escritora’, así que, ‘aunque no lo sabían, mi padre informaba tanto para la AP como para la UP’. Ambos habían ‘sobrevivido a los nazis por los pelos’ en la Segunda Guerra Mundial, pero la experiencia no los había intimidado:
Cuando los comunistas se hicieron con Hungría, mis padres se aliaron abiertamente con el nuevo enemigo: los estadounidenses. ¿Cómo podían correr riesgos así? Habiendo superado a los nazis, ¿tenían una sensación de inmortalidad? ¿O sólo querían volver a disfrutar de la vida? Todavía no tenían cuarenta años, estaban llenos de vitalidad, y repentinamente requeridos por diplomáticos y periodistas británicos y estadounidenses que habían ido a ver la sovietización de esta desdichada esquina del este Europa Central. Tener unos amigos tan ‘poderosos’ pudo dar a mis padres una sensación de inmortalidad. Tras el estigma de ser judíos en una sociedad antisemita, debió ser un bálsamo.
Eran buenos en lo que hacían. ‘Tu madre y tu padre eran indispensables’, le dijo a Marton un periodista estadounidense. ‘Nos daban pistas que no teníamos. Eran un modelo de lo que eran los periodistas en circunstancias difíciles. Eran listos, y tenían encanto e integridad profesional. Teníamos un vínculo íntimo. Nos preocupábamos por ello. Estaban en arenas movedizas. Pero seguían informando’. Las arenas se volvieron más movedizas mientras el gobierno de Rakosi expulsaba gradualmente a todos los periositas occidentales, dejando a los Marton como única fuente fiable del mundo exterior para saber lo que sucedía en Hungría.
No es sorpende que a Rakosi y sus apparatchiks esto no les gustara nada. Se convencieron de que los Marton estaban involucrados en ‘actividades de espionaje de la embajada estadounidense’; el paso siguiente arrestar a Endre a principios de 1955 e interrogarle despiadadamente durante meses. Sin duda, había sido imprudente en algunos de sus tratos con los estadounidenses, pero no había hecho nada para traicionar a Hungría –de hecho era un húngaro apasionadamente patriota- y no era culpable de nada. Sin embargo, finalmente empezó a sentirse culpable de algo: ‘Este es el triunfo definitivo del totalitarismo: la víctima que busca culparse a sí mismo’.
La siguiente en ir a la cárcel fue Ilona. A su debido tiempo, la acusaron de ser ‘asesora permanente’ de los estadounidenses, y afrontó la ‘ridícula’ acusación de ‘hablar del precio de los huevos (y la carne) con los estadounidenses’, lo que constituía una ‘traición en la Hungría de Rakosi’. A Endre lo condenaron a seis años de cárcel; a Ilona a tres. Después, sin advertirle nada, a ella la liberaron y a él lo perdonaron, probablemente a causa de la intensa presión diplomática de Occidente. Se reunieron con sus hijas, reclamaron su viejo apartamento y fueron a trabajar, lo que en noviembre de 1956 significaba cubrir la desgarradoramente fracasada revolución húngara. El trabajo de Endre fue atrevido y brillante, y cuando la familia escapó a Estados Unidos un año después le dieron un ‘Premio George Pork por logros en el periodismo’. Fue el principio de una larga y exitosa carrera estadounidense con la AP: trabajaba fuera de Washington y vivía con su familia en Bethesda; todo este tiempo lo siguieron espiando el AVO y sus agentes.
Es una historia tremenda, y Marton la cuenta muy bien. Admira profundamente a sus padres pero no los idealiza o intenta explicar su gusto por el riesgo. No sabe si a ellos les gustaría el libro –no les gustaba que contaran sus secretos-, pero seguramente el lector sentirá, como yo, que es un poderoso tributo”.
Aquí, la reseña del Alan Furst en el New York Times.
He tomado la imagen aquí. Kati Marton está en el centro, junto a su madre y su hermana.
HUMO

1.
Después de que una comisión del Ministerio de Cultura diera la calificación X a la película Saw VI, supongo que como siempre para protegernos, El País se pregunta si el cine de terror es malo para la salud:
El psicólogo Luis Muiño, experto en cine, tiene su opinión muy clara: "Yo creo que el impacto psicológico de una película debería medirse a través de las narrativas que trasmite y cómo enfoca las relaciones entre las personas. Hay películas que aunque son duras funcionan bien a nivel psicológico porque difunden narrativas sanas. Ciudad de dios, por ejemplo, es una película dura y muy realista pero que difunde una narrativa sana: se puede salir de la cadena de la violencia. Yo vi un trozo de la primera entrega de Saw y me pareció una película insana. Transmite una narrativa sádica y pretende hacer negocio a partir de fomentar una forma de afrontar los problemas brutalmente insana. No hay que engañarse. No es arte. Lo que va a ocurrir al darle la categoría X es simplemente que van a sacar menos dinero. No es censura. Aunque parezca mentira, porque soy un tipo de izquierdas, me parece muy bien. Desde mi perspectiva, películas que hacen dinero causando malestar psicológico es mejor que se pasen en salas X. Es como escuchar durante dos horas a un violador diciendo que todas las mujeres son iguales y no contrariarle. Y conste que soy un gran aficionado al terror, pero esta saga promueve que salgamos del cine peor de lo que entramos. Desde el punto de vista del arte no la censuraría, pero desde el punto de vista de un psicólogo, sí".
Las cursivas son mías.
2.
“—No —dijo la sobrina—, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores: mejor será arrojallos por las ventanas al patio y hacer un rimero dellos y pegarles fuego; y, si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo.”
Alguno, ya se sabe, perdonaron.
3.
Lovecraft, Sinclair Lewis, Robert Graves y Katherine Anne Potter escribieron novelas como “negros”. Aquí salen diez de ellas. Aunque la mejor historia es la de Ecstasy and Me: My Life as a Woman, una autobiografía de Hedy Lamar escrita por Leo Guild, al que han calificado como el peor novelista pulp de todos los tiempos, que ya es decir. El libro tenía tantos errores que Lamar demandó a la editorial por inexactitudes en su propia autobiografía.
4.
“¿Cuál es el lugar más duro del mundo para ser cristiano? ¿Corea del Norte, quizá? ¿Arabia Saudí? Prueba con Somalia. Se piensa que no hay más de mil cristianos en una población de 8 millones de personas, con algunos miles más en la diáspora. La milicia islamista Shabab, que controla la mayor parte del sur de Somalia, se dedica a buscarlos.
Los hombres cristianos van a las mezquitas los viernes, para no despertar sospechas. Las Biblias se mantienen ocultas. No hay reuniones públicas, ni una iglesia. Las iglesias católicas y los cementerios han sido destruidos. Las últimas monjas en la castigada capital, Mogadiscio, fueron expulsadas en 2007. Un año antes, una monja anciana que trabaja en un hospital fue asesinada. Los únicos cristianos que quedan nacieron en Somalia.
Perseguirlos y matarlos es propaganda útil para Shabab. Entre otras cosas adoctrina a sus jóvenes luchadores y futuros terroristas suicidas en la creencia en que Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, el Vaticano, Etiopía y Kenia son ‘cruzados’ que intentan convertir a los somalíes al cristianismo. La ONU está detrás de todo. Por supuesto, Israel también está detrás, intentando socavar el islam.
El tambaleante gobierno de transición que dirige el jeque Sharif Ahmed, cuya ley arbitra débilmente los territorios que Sahbab todavía no gobierna, no tiene muchas posibilidades de defender a sus ciudadanos si los pillan en posesión de una Biblia. Aunque profesa la moderación, promueve una versión de la sharia donde cada ciudadano somalí nace musulmán, y cualquiera que se convierta a otra religión es culpable de apostasía, lo que se castiga con la muerte.
Cada mes varios somalíes son asesinados por ser cristianos. A veces es sólo una etiqueta que los yihadistas ponen a la gente sospechosa de trabajar para la inteligencia etíope. Pero muchos son simples creyentes. Según fuentes somalíes y grupos cristianos que vigilan Somalia desde el exterior, al menos 13 miembros de iglesias clandestinas han muerto en los últimos meses. La mayoría eran menonitas, evangelizados por misioneros en el río Juba al norte del país. Entre ellos hay una mujer de 46 años asesinada cerca de la localidad de Jilib después de que se encontrara una Biblia en swahili en su bolsa; un hombre de 69 años muerto al sur de Mogadiscio después de que combatientes de Shababa encontrasen 25 Biblias en una maleta; y dos chicos, de 11 y 12 años, decapitados por Shabab después de que su padre se negara a dar información sobre una iglesia clandestina”.
5.
Larry David provoca la ira de algunos cristianos porque en la nueva temporada de Curb Your Enthusiasm su personaje orina encima de Cristo. En Egipto fundamentalistas cristianos y musulmanes se oponen a que actúe Beyoncé. Christopher Hitchens cuenta lo que ha aprendido debatendo con gente religiosa por todo el mundo. Sale a la venta la película Collision, su discusión con el pastor Douglas Wilson.
DJEMILA BENHABIB

1.
Caroline Fourest (aquí su blog, y aquí sus libros) ha escrito:
“El libro de Djemila Benhabib, Ma vie à contra-Coran (VLB éditions) es un gran éxito en Canadá. Se está convirtiendo en el libro favorito de todos aquellos que han huido del islam para buscar refugio en Europa. Desde París a Londres, pasando por Québec, con el debate sobre ‘la acomodación religiosa’, la autora sigue el camino de un mal que creía haber dejado atrás. Se sorprende por la ingenuidad de algunos frente al fundamentalismo. ¿Es suficiente para mostrar el velo como un acto de libertad, disfrazar sus palabras y su proyecto para que se tolere la intolerancia?
Djemila Benhabib está inmunizada frente a esta ingenuidad. Conocer la historia del Islam político que desoló Argelia a ayudar a descifrar el doble discurso de los fundamentalistas. El gran mérito de su libro es que nos transmite este relato y esta mirada. También tiene otro: demostrar la inmensa responsabilidad del poder argelino en el ascenso del islamismo.
Algunos independentistas querían la laicidad... El FLN prefirió centrarse en la islamización de la nación argelina. La Constitución consagró el Islam como religión de Estado. Plagadas de maestros importados de Egipto y formados por la Hermandad Musulmana, las escuelas públicas se convirtieron en lugares donde se machacaba el cráneo de los niños a golpe de recitar el Corán.
Djemila guarda un recuerdo incómodo. ‘Yo también pedía la flagelación de los adúlteros y la matanza de los infieles’. Pero en ella el adoctrinamiento no echó raíces. Sus padres militaban en el PAGS, un movimiento comunista. En casa preferían los libros de Angela Davis. En ese momento, todavía había muchos argelinos que preferían el progreso a la reacción. Se les marginaba y se les acusaba de ‘occidentalizados’. La policía los seguía.
En octubre de 1988 los jóvenes se rebelaron, salieron a las calles y quemaron coches. La represión fue terrible. En lugar de entender la ira como un deseo de libertad, el Presidente Chadli Benjedid volví a los fundamentalistas y se rindió a sus demandas, con la esperanza –ilusoria- de comprar la paz social. Después de aprobar un código de familia que llevaba la mujer argelina a la situación de un menor, se podía aprobar una ley que declaraba la educación física opcional para las colegialas... en nombre de la modestia. El Frente Islámico de Salvación (FIS) se sentía reconfortado. Subía inexorablemente.
El resultado es conocido. Después de una primera votación la ley que le dio FIS la mitad de los municipios, los fundamentalistas ganaron la primera vuelta de las elecciones parlamentarias de diciembre de 1991. Se preparaban para mantener su promesa: ‘se prohíben los partidos seculares o socialistas’ y ‘aplicar la sharia’. El ejército anuló el proceso electoral. Los islamistas se lanzaron a la guerrilla, el ejército a la guerra sucia... Atrapados, los intelectuales, artistas, los laicos eran presa de ambos y vivían en el terror.
Djemila Benhabib recuerda el 25 de marzo de 1994, el último día del ultimátum del GIA, que ordenaba a las mujeres a usar el velo: ‘Salir de casa se convirtió en una expedición. En cada esquina, la muerte acechaba a las cabezas desnudas’. Las chicas que se atrevían a salir sin velo eran asesinadas cuando iban a la escuela o la universidad. La familia Benhabib recibía amenazas todos los días. Era hora de ir al exilio. Pero la pesadilla no había terminado.
En Europa, los argelinos laicos encontraron de nuevo a sus torturadores. Los islamistas perseguidos por el ejército no tuvieron dificultades para obtener el estatuto de refugiados. Los embajadores de la Hermandad Musulmana monopolizaron los medios de comunicación y publicitaron la opción del velo. En algunos barrios de Francia, la ‘reforma’ fundamentalista deseada por Hassan Al-Banna y el FIS consiguió convertir a los musulmanes modernos o no practicantes en el musulmán moderno o no practicantes en traidores ‘occidentalizados’.
Djemila Benhabib no soporta ver que su propaganda se tolera en nombre del multiculturalismo. Su libro es una advertencia: ‘Cualquier indulgencia con esta ideología de la muerte no sólo es un grave error de principio: es una traición’.”
2.
“No me avergüenzo de haber nacido mujer. No tengo nada por lo que disculparme. No tengo por qué esconderme. Los islamistas hacen a las mujeres culpables de sus deseos, de sus miserias y de sus frustraciones sexuales. Son enfermos del sexo.
El odio y la sumisión de las mujeres cristalizan su ideología. No puede haber mujeres libres y emancipadas en un Estado islamista, y tampoco hombres. Engels tenía razón al decir que ‘el grado de emancipación de la mujer es la medida del grado de emancipación general’. Frente a la barbarie siempre presta a recobrar sus derechos, tenemos la responsabilidad, si no el deber, de combatirla. Está en juego nuestro porvenir y el de nuestros hijos. Es un camino difícil, pero salvador para la humanidad. A lo largo de este libro, he mostrado cuál el precio que hay que pagar por la libertad.
Con el caso de las caricaturas, constatamos que los islamistas, apoyados por estados potentes como Arabia Saudí, Irán, Egipto, pero también Turquía, presionaron a la Unión Europea y la ONU para limitar la libertad de expresión introduciendo una ‘concepción islámica’ de la blasfemia.
Sabed que en democracia, el derecho a criticar todas las religiones, incluido el islam, es un principio inalienable. También el derecho a la blasfemia. Además, la igualdad de los sexos, la libertad de conciencia y la libertad de expresión son intocables. Su derogación por motivos religiosos ataca los valores fundamentales de la sociedad. Quiebran nuestros valores y acentúan el poder de los religiosos sobre la vida pública”.
LA INTIMIDAD DE LOS EXTRAÑOS

1.
Salman Rushdie ha recibido el Premio Carl Sandburg. Caryn Green habló con él.
"’Las cosas que a la gente le gustan de un libro son exactamente las mismas cosas que hacen que a otros no les guste. ¡La misma frase! En este momento, no me importa [la crítica]’. Pero sí que le importa que dure la literatura. “’La belleza de leer un libro tú solo’, dice, ‘es ver cómo interactúa la imaginación del autor con la tuya, de una forma que no hace si estás viendo una película. Hay una curiosa intimidad de los extraños. Por eso creo que este género sobrevivirá’”.
2.
Una entrevista con Herta Müller:
Müller: Pasé tres años en la fábrica. Los primeros dos años en el departamento de traducción luego en uno distinto, de relaciones públicas, si quieres.
RFE/RL: Probablemente diseñado por la policía secreta.
Müller: Sí, me di cuenta más tarde. La gente de Securitate vino y me dijo que si teníamos invitados, de Alemania por ejemplo, tras encontrarme con ellos tendría que escribir para Securitate mis ‘impresiones’. Y querían que escribiera lo que mis colegas rumanos, los especialistas, habían dicho a los alemanes. Y no les importaba que saliera con los invitados extranjeros... A eso les respondí que no era una prostituta. También les dije que era una mala observadora de la gente, que me había equivocado mil veces sobre la gente. Pero el tipo de Securitate dijo que eso no le interesaba: quería mi opinión tal como era: una opinión personal, sincera. Después quiso que escribiera que iba a colaborar y le dije que no lo haría.
RFE/RL: ¿Y?
Müller: Dio un portazo y dijo: ‘Te pondré en problemas’ o ‘Acabaré contigo’ en jerga rumana. Literalmente no me arrojó al agua, pero no hubo paz para mí después de eso. Durante varias semanas me llamaban cada día a las 7.30 a la oficina de mi jefe para discutir el asunto con él y con el secretario del Partido Comunista y el secretario de las Juventudes Comunistas. Cada vez me decía que dimitiera y buscase otro trabajo, pero les decía que me gustaba tanto el trabajo que no se me ocurría que más hacer. Les dije que tendrían que despedirme si querían librarse de mí, y les pedí que especificaran por escrito la razón por la que me despedían. Es decir, mi rechazo a colaborar con la policía secreta. Luego fui a hablar con la gente del sindicato, para quejarme, pero el líder no quiso escucharme.
Lo que ocurrió fue un completo desastre. Ahora puedo reírme. Pero entonces estuve cerca de tener un ataque de nervios, hasta que me despidieron. Primero me ofrecieron un trabajo sin cualificación, pero lo rechacé. Luego me despidieron. Me dejaron sin fuente de ingresos. A mi marido, Richard Wagner, también lo habían despedido. Y además me convocaban casi todos los días ante Securitate. Y allí ni siquiera me acusaban de cosas de las que era consciente, como mi incidente en la fábrica o mi actividad literaria. Me decían que era prostituta, que me acostaba por dinero con estudiantes árabes. Yo no conocía a ningún estudiante árabe, pero ellos decían que podían montar un buen juicio, con testigos y todo. También dijeron que comerciaba con bienes que no podían encontrarse en el mercado rumano”.
3.
Hamás patrulla las calles de Gaza para imponer una vestimenta conservadora. Escribe Roy McCarthy:
“Comenzó con una erupción de patrullas de policía inusualmente enérgicas. Agentes armados de Hamás detuvieron a sin camisa sentados en la playa, disolvieron grupos de hombres y mujeres solteros y se ordenó a los tenderos que no mostrasen la ropa interior de los maniquíes en sus escaparates.
Luego vino un esfuerzo para obligar a las mujeres abogadas a respetar un código de vestuario más conservador, y una intensa presión sobre los padres para vestir a sus hijas de manera más conservadora el nuevo período escolar. La semana pasada, la policía comenzó a imponer un nuevo decreto que prohibía a las mujeres montar en moto.
Por primera vez desde que Hamás ganó las elecciones parlamentarias palestinas hace casi cuatro años, el grupo está tratando de islamizar la sociedad de Gaza. En público, los líderes de Hamás dicen que están simplemente alentando a una moral social, e insisten en que no están tratando de imitar a la policía religiosa que opera en otros países islámicos. Pero muchos lo perciben como una nueva ola de refuerzo de lo que ya es una sociedad musulmana devota.
Asmaa al-Ghoul, escritora y ex perodista, fue una de las primeras oponerse la nueva campaña. Estaba con un grupo de amigos y amigas en una cafetería junto a la playa a finales de junio. Al caer la noche, ella y otra amiga fueron a nadar con pantalones largos y camisetas. Momentos después de salir del agua, se vieron confrontados por un grupo de agentes de policía de Hamas cada vez más agresivos. ‘¿Dónde está tu padre? ¿Tu marido?’, le preguntó un oficial. A Ghoul, que tiene 27 años, le dijeron que su comportamiento no había sido respetable. Cinco de sus amigos masculinos fueron golpeados y detenidos durante varias horas.
‘Creo que nuestra sociedad es laica, pero algunos partidos islámicos quieren cambiarla para que sea religiosa’, dijo. Goul no lleva velo, una opción cada vez menos frecuente en las mujeres de Gaza y que, en general, se limitan sólo a los que viven en las zonas más prósperas de la ciudad de Gaza. Sufre de forma rutinaria burlas de otros palestinos mientras camina desde su casa a su cafetería favorita. ‘Tenemos miedo de ser nosotros mismos en la calle’, dijo. ‘Hamás utiliza el islam en la mezquita para tratar de controlar los corazones de la gente.’
La sociedad de Gaza se ha vuelto mucho más conservadora en la última década. En parte se debe a la creciente influencia de movimientos islamistas como Hamás y otros que sostienen puntos de vista extremistas aún más. Los palestinos también culpan al bloqueo económico de Israel: dicen que ha impedido el libre flujo de ideas y el debate e impide que los los habitantes de Gaza que viajan al extranjero. La violencia del conflicto, dicen, permite que el conservadurismo a florecer.
Los líderes de Hamás insisten que no hay coacción en su nueva campaña. ‘La principal herramienta de la campaña es la concienciación y la educación sin interferir con el comportamiento de los individuos o forzarlos’, dice Abu Talib Shaar, ministro de Hamás de asuntos religiosos, educado en Arabia. ‘Esto no significa que vayamos a imponer la sharia en la comunidad. No queremos ser como los talibanes en Gaza’.
Esta campaña de educación que se llama fadeela o la virtud, y en parte se compone de carteles distribuidos por toda la ciudad. Algunos aconsejan a los jóvenes contra el tabaco o las drogas. Otros advierten contra la pornografía en Internet o la televisión por satélite: ‘Ten cuidado. Ver canales sucios corrompe a la familia y la próxima generación.’ Ese cartel particular listas recomendadas canales: todos son religiosos e islámicos.
La campaña se centra sobre todo en lo que las mujeres usan. Un cartel sorprendente denuncia la tendencia de las mujeres jóvenes a usar su pañuelo en la cabeza junto con pantalones ajustados como una ‘industria satánica al 100 %’. Muestra un diablo rojo que sosteniene una imagen de una mujer joven y vestida a la moda y recomienda cubrir más la cabeza y de forma menos atractiva: ‘El hiyab correcto es el camino al cielo.’
Preguntado sobre su actitud frente a las pocas mujeres de Gaza que no cubren su cabello, Abu Shaar, dijo: ‘Nosotros les decimos que es un elemento esencial para una musulmana. Llevar el velo es tan esencial como la oración’.
Quizás la mayor sorpresa de la campaña es la resistencia que ha generado. A pesar de Gaza es socialmente conservadora, muchos palestinos se niegan a seguir un código social determinado e impuesto. Cuando el responsable de justicia de Hamás, Abdel-Raouf al-Halabi, ordenó un nuevo uniforme para todos los abogados (lo que para las mujeres significaba con un velo y una yilbab -una sotana de longitud- no contaba con la temeridad de la respuesta. Casi todas las 150 abogadas de Gaza ya llevaban la cabeza cubierta, pero impugnaron el fallo sobre la base de que no tenía ningún fundamento en la ley. El juez presidente se vio obligado a retroceder.
‘Fue absolutamente ilegal’, dijo Dina Abu Dagga, un abogado que ha cubierto el cabello desde que estaba en la universidad de El Cairo.
No era correcto que el juez presidente cambiara el código de vestimenta, dijo. Bajo la ley palestina, el poder recaía en el sindicato de abogados.
‘No estamos contra el hiyab. Me pongo yo misma’, dijo. ‘Estamos en contra de la imposición y restricción de nuestras libertades. Hoy en día se impone el hijab, pero mañana será otra cosa’.
Zeinab El-Ghunaimi, una de los pocas abogados mujer que no lleva velo, dijo que algunas mujeres estaban adoptando el hiyab para evitar una atención no deseada en las calles o en el trabajo. ‘Las autoridades están tratando de poseer y controlar a las mujeres’, dijo. ‘El problema es cuando estas restricciones son impuestas’”.
4.
Una entrevista con Philip Roth. En un par de semanas sale su nueva novela, The Humbling. El otro día se dio una vuelta por su ciudad, Newark.
5.
Continúan las protestas porque este año China (un país que machaca sistemáticamente la libertad de expresión) haya sido el país invitado de la Feria de Fráncfort. Entre los autores invitados por la feria a los que la policía china no permitió acudir se encuentra Liao Yiwu, que pasó 4 años en la cárcel tras escribir un poema sobre la masacre de Tiananmen.
6.
Se han anunciado los 39 escritores de Beirut 39.
7.
Una entrevista con Craig Raine, director de la revista literaria Areté.
8.
Cómo convertí a Woody Allen en una tira de cómic.
9.
Un blog de premios literarios (franceses).
He tomado la imagen de Müller aquí.
EL ESCRITOR Y EL TIRANO

1.
Enrique Krauze escribe en Letras libres sobre la biografía de García Márquez de Gerald Martin:
“Tres despachos que Martin considera ‘memorables’, pero no glosa siquiera, fueron escritos por García Márquez tras una larga estancia en la isla en 1975 y se titularon ‘Cuba de cabo a rabo’. Los publicó en agosto-septiembre de ese año la revista Alternativa, que fundó en Bogotá en 1974. ¡Y vaya que eran memorables! Sabrosos, como todos los suyos, declaraban una profesión absoluta de fe en la Revolución encarnada en la heroica figura del comandante (a quien García Márquez, a pesar de permanecer tres meses en la isla, no conocía aún): ‘Cada cubano parece pensar que si un día no quedara nadie más en Cuba, él solo, bajo la dirección de Fidel Castro, podría seguir adelante con la Revolución hasta llevarla a su término feliz. Para mí, sin más vueltas, esta comprobación ha sido la experiencia más emocionante y decisiva de toda mi vida.’
Lo fue, al grado de que en 34 años García Márquez no se ha apartado públicamente de esa visión epifánica. ¿Qué vio, que cualquiera podía ver? Logros tangibles en los servicios de salud y educación (aunque no se preguntó si para alcanzarlos era necesario el mantenimiento de un régimen totalitario). ¿Qué no vio? La presencia de la URSS, salvo como generosa proveedora de petróleo. ¿Qué dijo no haber visto? ‘Privilegios individuales’ (aunque la familia Castro se había adueñado de la isla como patrimonio personal), ‘represión policial y discriminación de ninguna índole’ (aunque desde 1965 se habían creado los campos de concentración para homosexuales, antisociales, religiosos y disidentes, llamados eufemísticamente Unidades Militares de Ayuda a la Producción o umap). ¿Qué sí vio, finalmente? Lo que quería ver: a cinco millones de cubanos pertenecientes a los Comités de Defensa Revolucionaria no como los ojos y el garrote de la Revolución sino como su espontánea, multitudinaria y ‘verdadera fuerza’ o, más claramente –en palabras de Fidel Castro, citadas con elogio por el propio García Márquez–, ‘un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria para que todo el mundo sepa quién es y qué hace el vecino que vive en la manzana’. Vio multitud de ‘artículos alimenticios e industriales en los almacenes de venta libre’ y profetizó que ‘en 1980 Cuba sería el primer país desarrollado de América Latina’. Vio ‘escuelas para todos’, restaurantes ‘tan buenos como los mejores de Europa’. Vio ‘la instauración del poder popular mediante el voto universal y secreto desde la edad de dieciséis años’. Vio a un viejo de 94 años embebido en sus lecturas ‘maldecir al capitalismo por todos los libros que dejó de leer’.
Pero sobre todo vio a Fidel. Vio ‘el sistema de comunicación casi telepática’ que había establecido con la gente. ‘Su mirada delataba la debilidad recóndita de su corazón infantil [...] ha sobrevivido intacto a la corrosión insidiosa y feroz del poder cotidiano, a su pesadumbre secreta [...] ha dispuesto todo un sistema defensivo contra el culto a la personalidad.’ Por eso, y por su ‘inteligencia política, su instinto y honradez, su capacidad de trabajo casi animal, su identificación profunda y confianza absoluta en la sabiduría de las masas’, había logrado suscitar el ‘codiciado y esquivo’ sueño de todo gobernante: ‘el cariño’.
Aquellas virtudes se sustentaban, según García Márquez, en la ‘facultad primordial y menos reconocida’ de Fidel: su ‘genio de reportero’. Todos los grandes hechos de la Revolución, sus antecedentes, detalles, significación, perspectiva histórica, estaban ‘consignados en los discursos de Fidel Castro. Gracias a esos inmensos reportajes hablados, el pueblo cubano es uno de los mejores informados del mundo sobre la realidad propia’. Esos discursos-reportajes, admitía García Márquez, ‘no habían resuelto los problemas de la libertad de expresión y la democracia revolucionaria’. La ley que prohibía toda obra creativa opuesta a los principios de la Revolución le parecía ‘alarmante’ pero no, desde luego, por su limitación a la libertad sino por su futilidad: ‘cualquier escritor que ceda a la temeridad de escribir un libro contra ella, no tiene por qué tropezar con una piedra constitucional [...] la Revolución será ya bastante madura para digerirlo’. La prensa cubana le parecía todavía deficiente en información y sentido crítico, pero se podía ‘pronosticar’ que sería ‘democrática, alegre y original’ porque estaría fincada en ‘una nueva democracia real [...] un poder popular concebido como una estructura piramidal que garantiza a la base el control constante e inmediato de sus dirigentes’. ‘No me lo crea a mí, qué carajo. Vayan a verlo’, concluía García Márquez.
Años más tarde, en una entrevista para The New York Times, Alan Riding le preguntó ¿por qué, si viajaba tanto a La Habana, no se establecía allí?: ‘Sería muy difícil para mí llegar ahora y adaptarme a las condiciones. Extrañaría demasiadas cosas. No podría vivir con la falta de información.’”
2.
Más adelante, dice Krauze:
“Martin hubiera podido extraer mucho jugo del libro Gabo y Fidel de Ángel Esteban y Stéphanie Panichelli (que sólo menciona en la bibliografía). Allí se recoge el testimonio de Miguel Barnet, poeta cubano amigo de García Márquez y presidente de la Fundación Fernando Ortiz. Barnet hace la crónica de las fiestas en la ‘mansión de Siboney’, describiendo incluso la vestimenta de ‘Gabo’, el anfitrión. Fidel y ‘Gabo’ –dice Barnet– ‘son verdaderos especialistas en cultura culinaria, y saben apreciar los buenos platos y los buenos vinos. Gabo es ‘el gran sibarita’, por su afición a los dulces, el bacalao, los mariscos y la comida en general’. Por otra parte, Manuel Vázquez Montalbán, escritor español amigo de Castro, recogió este testimonio del ‘gran Smith’, quizás el mejor cocinero cubano: ‘Gabo es un gran admirador de mi cocina y me ha prometido un prólogo para el libro de mis vivencias, que está casi concluido.’ En ese libro, cada uno de los platos se asocia a un personaje relevante para quien fue pensado. El de ‘Gabo’ es ‘Langosta a lo Macondo’, y el de Fidel Castro, un ‘Consomé de tortuga’.
Por esos días, la cartilla de racionamiento cubana (vigente desde marzo de 1962) contenía, al mes y por persona, las siguientes delicias: siete libras de arroz y treinta onzas de frijoles, cinco libras de azúcar, media libra de aceite, cuatrocientos gramos de pastas, diez huevos, una libra de pollo congelado, media libra de picadillo condimentado (de pollo), a los que se pueden sumar como alternativa en el apartado de ‘productos cárnicos’ pescado, mortadela o salchichas”.
3.
Gerald Martin habla de una visita posterior del dictador a Moscú: “Mientras estaba en Moscú, Fidel le compró a García Márquez una gran remesa de su caviar favorito.”
4.
En su reseña en Artes & Letras, Félix Romeo citaba una frase de Reinaldo Arenas que también aparece en la biografía:
“Que un escritor como el señor García Márquez, que ha escrito y ha vivido en el mundo occidental, donde su obra ha tenido una inmensa repercusión y acogida que le han garantizado un modo de vida y un prestigio intelectual, que un escritor como él, amparándose en la libertad y posibilidades que ese mundo le brinda, use de ellos para hacerle la apología del totalitarismo comunista que convierte a los intelectuales en gendarmes y a los gendarmes en criminales, es sencillamente indignante”.
LECTORAS

1.
La próxima novela de Ian McEwan, Solar, estará en las librerías el 18 de marzo. Descrita como una novela satírica sobre el cambio climático, cuenta la historia de un físico cincuentón y ganador del Premio Nobel cuya carrera y vida personal andan en declive, y que acepta colaborar con un programa del gobierno contra el cambio climático.
2.
Escribe Rafael Sánchez Ferlosio:
‘Unanimidad, que, por lo demás, no han compartido las cuatro ciudades aspirantes [a los Juegos Olímpicos de 2016], en parte, quizás, porque les ha faltado un condotiero emocional tan irresponsable como Ruiz-Gallardón, consciente del valor político del deporte como instrumento de control social, cosa que no es ahora, pero que se ha desmesurado inmensamente con la imponente, jamás imaginable, hipertrofia que ha sufrido el deporte en estos últimos 25 o 30 años, hasta convertirse en máximo o virtualmente único contenido del patriotismo tanto nacional como periférico.
La proclamación solemne la hizo el Abc del 8 de octubre del 2008 en un editorial titulado El orgullo de ser español, que empezaba con estas palabras: ‘A día de hoy, España es una gran potencia deportiva al más alto nivel internacional’. A continuación cantaba las victorias de la selección nacional de fútbol, de Rafael Nadal, de Pau Gasol, de Alberto Contador y otros dos ciclistas, de Fernando Alonso, ‘heredero genuino de los más grandes pilotos de la historia’ (‘historia’ ponía, sí, es literal). Más adelante se leía lo siguiente: ‘En tiempos confusos para la vertebración territorial del Estado, el deporte está jugando un papel relevante porque aglutina las emociones comunes y demuestra la fuerza de la unidad frente a las absurdas tentaciones políticas disgregadoras’. Pero sobre esta misma preocupación unitaria, el editorial se equivocaba, en cierta curiosa manera indirecta, unos párrafos más abajo, al decir: ‘... los deportistas no son fáciles de atraer hacia causas localistas y cerradas, como pretenden algunos políticos nacionalistas con su habitual cortedad de miras’, lo cual es, en principio, objetivamente cierto, salvo que el Barça, queriendo o sin quererlo, no ha sido tan corto de miras al anticiparse largamente a todos los demás en apuntar más lejos que ninguno de ellos en cuanto a transfigurar el deporte -el ‘deporte rey’, en este caso- en un importante componente o contenido de la patria. Hoy, muchos años después, aquella genial inspiración de ‘El Barça es más que un equipo’ se ha cumplido, a escala nacional, como ‘España no es más que un equipo’.
3.
Nina Sankovitch decidió leer un libro al día durante un año, y escribir la reseña. Le quedan unas semanas. Aquí, un retrato.
4.
Las Naked Girls Reading de Chicago van a leer libros prohibidos a Nueva York.
5.
“Unas 70.000 mujeres mueren cada año y muchas más sufren daños como resultado de abortos no seguros en países con leyes restrictivas sobre la interrupción del embarazo, según un informe.
El número total de abortos en todo el mundo ha caído, según el influyente Guttmacher Institute, pero la caída sólo afecta a abortos legales y es principalmente el resultado de cambios en el este de Europa.
Hubo 41,6 millones de interrupciones en todo el mundo en 2003, frente a 45,5 en 1995. Pero en 2003, 19,7 millones de ellas fueron abortos sin garantías de seguridad y clandestinos. Las cifras de esos apenas han cambiado desde 1995, cuando había 19,9 millones.
Casi todos los abortos sin garantías de seguridad se produjeron en países en vías de desarrollo con leyes restrictivas sobre el aborto.
‘Virtualmente todos los abortos en África y América Latina y el Caribe fueron inseguras’, dice el informe. En Asia, los procedimientos seguros superaron a los inseguros por el gran número de abortos legales en China. La mayoría de los que se producen en Europa y casi todos los que se producen en Norteamérica cumplieron las condiciones de seguridad.
Sólo el 28 % de las mujeres africanas casadas usa anticonceptivos”.
6.
Un historiador ruso que investigaba la suerte de los alemanes prisioneros en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial ha sido detenido, en el último ejemplo de la represión a la investigación sobre la época de Stalin que ejercen las autoridades rusas.
Mikhail Suprun fue detenido el mes pasado por funcionarios de los servicios de seguridad de Rusia. Registraron su apartamento y se llevaron su archivo personal completo. Ha sido acusada de violar las leyes de privacidad y, si lo declaran culpable, se enfrenta a cuatro años de cárcel.
Suprun había estado investigando casos de alemanes enviados a los gulags de Rusia en el Ártico. El estudio de este profesor de historia de la universidad de Arjangelsk Pomorskiy, incluía a prisioneros de guerra alemanes capturados por el Ejército Rojo, así como personas de origen alemán y habla rusa -muchos del sur de Rusia- que fueron deportadas por Stalin. Ambos grupos terminaron en los campos de Arjangelsk.
‘Yo quería planeando escribir dos libros. Necesito otros dos o tres años antes de acabarlos’, dijo Suprun hoy. El historiador -que describió su detención como ‘absurda’ - dijo que había firmado un acuerdo con los funcionarios locales para no hablar más sobre su caso.
Sin embargo, la detención ha provocado indignación en Alemania y entre los principales historiadores. Llega en medio de los intentos del Kremlin de rehabilitar a Stalin, y obstaculizar la investigación histórica independiente: la represión política durante la era soviética y las víctimas del sistema del gulag son ahora temas tabú.
El historiador y escritor Orlando Figes describe detención Suprun como algo sin precedentes, y parte de una ‘campaña de Putin contra la libertad de investigación histórica y de expresión’.
7.
Una entrevista a Nicolas Sarkozy, donde habla sobre su hijo, La mauvaise vie de Fréderic Miterrand y Afganistán.
8.
Una entrevista a Michael Ignatieff, el ensayista, pensador, ex presentador de televisión y biógrafo de Isaiah Berlin que tiene posibilidades de convertirse en primer ministro de Canadá.
LLEGAR Y BESAR EL NOBEL

“Alfred Nobel compartía algo con Mark Twain y Ernest Hemingway y Marcus Garvey. Pudo leer sobre de su propia muerte en los periódicos. Parece que estaba tan deprimido por el énfasis de los obituarios en su trabajo pionero sobre la dinamita –el arma de destrucción masiva de su época- que decidió mejorar la necrológica dando dinero para un premio por la paz internacional.
Pero si ‘prematura’ es la palabra que Nobel pronunció cuando leía la noticia de su propia muerte, también es la palabra más educada posible par acalificar la concesión del Premio Nobel de la Paz al presidente número 44 en el primer año de su primer mandato. Hasta ahora, los premios anuales de la ‘paz’, otorgados por escandinavos biempensantes, pertenecían a uno de estos cinco tipos:
1. Por sus servicios a la diplomacia y la realpolitik. En esta categoría podrían encontrarse Theodore Roosevelt –que no era precisamente un amante de la paz- por su participación en la negociación para poner fin a la guerra ruso-japonesa, el desastre ahora olvidado que presagiaba la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. Se podrían añadir aquí los otros premios a los estadistas que todavía eran políticos activos, como el canciller Willy Brandt de la (entonces) Alemania Occidental en 1971 y Gorbachov, el último líder de la Unión Soviética, en 1990.
2. Por sus servicios al cinismo, el oportunismo y la hipocresía. Aquí encontramos a Yasir Arafat y Henry Kissinger, junto con sus homólogos de Israel y de Vietnam del Norte, adornados por ‘acuerdos de paz’ que no estaban destinados a mantener y que condujeron a brotes posteriores de violencia letal. (Hay que decir a favor de Le Duc Tho, compañero de premio de Kissinger y estalinista de Hanoique tuvo la elegancia de rechazar su parte.) Sobre el premio a Kissinger, que produjo la imagen inédita del querido rey Olaf de Noruega recibiendo bolas de nieve en las calles de Oslo, el periódico La Stampa de Roma publicó un editorial que lo definía con acritud como ‘un estímulo para aquellos que declaran la guerra sólo para ser capaces de pararla después’, que, con su reverso implícito, es una bonita formulación del último premio para dirigentes israelíes y palestinos.
3. Por sus servicios para los derechos humanos. Puede que estos tengan algo que ver o no, aunque en el legado de Nobel se especifica a quienes ‘hagan la mayor parte o la mejor obra en la fraternidad entre naciones, la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y por la explotación y promoción de los congresos de paz ‘. Pocos dudan que el Dr. Martin Luther King Jr. honra el espíritu si no la letra de esta rúbrica, aunque es difícil ver cómo se aplica a Agnes Bojaxhiu, más conocida por la prensa como Madre Teresa, que nunca pretendió trabajar por la paz y que anunció en su discurso de aceptación que la principal amenaza a la paz mundial era el aborto. Incluso la designación de Carl von Ossietzky, en 1935, cuando estaba en un campo de concentración alemán, y de Andrei Sajárov, cuatro décadas más tarde, el comité del Nobel no ayudaron a acortar ninguna guerra, pero sí contribuyeron al respetoa los derechos humanos y el espíritu humano. Hay un argumento cada vez más poderoso a favor de un premio particular y específico que se dedique a eso. Y únicamente.
4. Por sus servicios a sentimientos vagos y arbitrarios de buena voluntad. Uno podría pensar que 1946 habría sido un buen año para Mohandas K. Gandhi, que los indios llaman ‘el Mahatma’. Yo no podría estar de acuerdo, pero creo que el primer año de la era de posguerra fue una época absurda para dar el premio a Emily Balch y John Mott, este último quizás mejor conocido por sus labores como funcionario internacional de la YMCA. La historia del premio de la paz está plagada de este tipo de absurdos pintorescos, a menudo se inclina hacia dignatarios franceses y belgas pasados de fecha, o grupos ultrapolitizados como Amnistía Internacional.
5. Por lealtad a las instituciones supranacionales y a las Naciones Unidas y sus cadetes y satélites. La Cruz Roja Internacional, que asume que la guerra es inevitable y no tiene ninguna posición en absoluto favorable a la ‘paz’, ganó el premio en 1917, 1944 y 1963. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, que necesariamente parte del mismo supuesto como equipo de limpieza y respuesta, ganó en 1954. El propio secretario de Naciones Unidas, bajo Kofi Annan, aceptó amablemente el premio hace unos años, como si -aun después de Ruanda y Bosnia- el reconocimiento sólo fuera algo que, simplemente, la institución merecía desde hacía mucho.
La adjudicación del viernes a nuestro admirado ejecutivo en jefe no cae en ninguna de estas categorías, pero pretende satisfacer las condiciones de la primera, la cuarta y la quinta. Respondiendo a una pregunta que sin rodeos planteó ‘¿Por qué?, el portavoz del Comité del Nobel Thorbjørn Jagland defendió la elección de Barack Obama, diciendo, en primer lugar, que el premio ha tenido a menudo la intención de ‘mejorar ‘el trabajo en marcha de los jefes de gobierno, citando la precedentes de Brandt y Gorbachov. Añadió, en segundo lugar, que el énfasis del presidente sobre la primacía de las Naciones Unidas es meritorio en sí mismo. Esto, hay que decirlo, es ridículo. Es el primer premio ‘Nobel’ virtual.
En 1971, cuando le dieron el premio, el señor Brandt ya había hecho su imperecedera visita a Varsovia, donde cayó de rodillas en el monumento al gueto de la ciudad. Su Ostpolitik, o la reconciliación con antiguos vasallos y las víctimas del nazismo del Este, era una realidad. Habría continuado con o sin la palmadita en la espalda de los países escandinavos. De hecho, el año anterior a la concesión del premio, el canciller de Alemania había obtenido otro galardón supremo aunque engañoso, cuando una revista estadounidense que no necesito mencionar lo nombró ‘Hombre del Año’. Gorbachov fue galardonado en 1990, varios años después de haber alcanzado un acuerdo histórico sobre el desarme con Ronald Reagan. (Si puedes imaginar a Ronald Reagan recibiendo una invitación al premio, tu imaginación es mucho más poderosa que la mío.) Así que el reconocimiento a los ejemplos de coraje moral y político -también podría sostenerse en los casos de Anwar Sadat y Menachem Begin- no son ni remotamente aplicables en el presente caso. Muy bien, entonces, ¿qué pasa con la idea de alentar las medidas políticas a priori y la conducta amante de la paz? En esta concepción rosada Barack Obama es como Tom Cruise: se le alaba y promueve por atrapar la delincuencia en ciernes, y detener a gente antes de que se cometa ningún delito. (Un eslogan completamente nuevo: ‘duro con el pre-crimen’.)
Nos encontramos pues en un universo bastante peculiar, donde se premian las buenas intenciones antes de que hayan sido objeto de de la intensa metamorfosis que supone ser traducidas en buenas obras, o hechos concretos. Y cada vez es más difícil de evitar la sospecha de que hay algo explícitamente político en el proceso de la toma de decisiones del Nobel. No creo señalar a las sombras. Especialmente en los últimos tiempos, los premios de literatura, un ámbito en el que estoy más calificado para pronunciarme, han reflejado una mentalidad similar o idéntica. Las opciones de un anarquista italiano, estalinistas de Austria y Portugal y de la histeria antiestadounidense de Harold Pinter deben estar frescas en nuestras mentes, y podemos recordar que se trata de un comité del Nobel que no reconoció ni a Vladimir Nabokov ni a Jorge Luis Borges.
Quizás no por coincidencia, la elección del ex presidente Jimmy Carter para el premio de la paz en 2002 fue acompañada por declaraciones de Oslo. que dijo abiertamente que recompensaba su oposición a la política exterior de un presidente electo de los Estados Unidos. (A partir de ese argumento, Carter podría haber recibido el premio por escribir a los jefes de Estado árabes en 1991, pidiéndoles que se sumaran a la coalición contra la invasión de Sadam Husein de Kuwait: un acto de anexión ilegal que implicaba la desaparición real de un Estado miembro de las Naciones Unidas y la Liga Árabe. Una vez más, me resulta difícil imaginar que un ex presidente republicano fuera honrado de esta forma por atacar a uno de sus sucesores.)
Puede que el aspecto de imparcialidad sea exagerado. A largo plazo, los Nobel de ‘derechos humanos’, que por ahora no existen en realidad bajo su propio nombre, muestran una distribución justa que va de Irán a Europa el Este a África y otros lugares. Pero la tarea del jefe ejecutivo de los Estados Unidos es algo más complicado que una simpatía vaga y general de los oprimidos. Consiste, en última instancia, en ser un comandante en jefe, y consultar estrechamente con un Congreso elegido los graves asuntos de la guerra y la paz y la seguridad. Si consigue que algo de esto salga bien, si por poner un ejemplo difícil, se las arregla para negociar una transición no violenta en un Irán con energía nuclear pero sin armas nucleares (y que quizá permite a su propio pueblo para intervenir en sus asuntos internos) entonces lo habrá hecho muy bien, y merecerá mucho más que una medalla y un cheque enorme. Esto es, sin embargo, poco probable, que le hagan caso sobre estas cuestiones graves, sin la amenaza creíble del poder y la fuerza económica, política y militar de Estados Unidos. Algo en el universo mental del comité del Nobel es claramente hostil a los datos que sostienen esta consideración.
Se puede argumentar que para los presidentes no es bueno obtener su reconocimiento y su alabanza antes de conseguir verdaderos logros. Hasta se podría decir afirmar que éste el triunfo contra forma adversidad, del tipo que promete todo tipo de honor a los que soportan el calor y el peso de la jornada, que muestran las cicatrices de la batalla y la lucha, y que se han templado y formado en el combate y la adversidad. Como el presidente Obama ha admitido en sus bastante fascinantes autobiografías, es consciente de su propia suerte y buena fortuna. Así que no tientes al destino, al aceptar un premio para una carrera en la que todavía no has participado y mucho menos ganado. Tal vez, como los potentados romanos de la antigüedad, Obama debería contratar a un agente que le susurre regularmente para recordarle que también es mortal. (Rahm Emanuel me parece el sirviente casi perfecto para este esencial trabajo cotidiano.) Mientras tanto, al igual que debe lamentar haber cruzado el mar para llevarse un trato olímpico para su ciudad de adopción, el Presidente quizá deseé no viajar hasta Estocolmo para aceptar la adulación inmerecida de aquellos a los que Saul Bellow denominó La Empresa de Pavimentación de las Buenas Intenciones”.
AGUA TURBIA

1.
“La verdad es que la base teórica de las ‘localidades ecológicas’ o ecotowns se ha derrumbado, víctima de la ideología de la conservación del planeta y el cambio climático. Desde el principio el concepto estuvo recubierto de pretensiones, sostenido por la edad de oro de la consultoría Whitehall. Cada arquitecto clamaba ser un defensor de esas nuevas ciudades.
No tenía sentido que se dijera que las ciudades de nueva construcción en el país fueran a ser ‘neutrales en carbono’. Abren el suelo, talan árboles –liberando tanto carbono como talando árboles- y consumen energía al poner asfalto y edificar ladrillo, hormigón, vidrio y piedra. Se requieren nuevas infraestructuras de todo tipo y los habitantes se conviertan en usuarios intensivos de coches.
Los promotores se reunieron bajo la bandera ecotown porque se les prometió la aprobación acelerada de sus casas favoritas, para ejecutivos y con baja densidad de población. Se marcharon, incrédulos, cuando les dijeron que los ministros impedirían que la mitad de los dueños de las casas tuvieran coche. Este verano el Panel sobre el Desafío de las Ecotowns del gobierno estaba cerca de la desesperación. Para un crítico que sólo eran ‘casas con las turbinas en la parte superior’. Al Arquitects’ Journal le parecía que estaban ‘muertas’.
La utopía de la creación de comunidades desde cero hizo llamaba a los políticos del siglo XX, y no sólo al este del Telón de Acero: estarían diseñadas para ser libres de los males urbanos, del pecado, el smog, la miseria, el hacinamiento y el capitalismo. Los arquitectos podrían respirar libremente. Los niños pequeños podrían bailar en las calles. Las nuevas ciudades como Letchworth prohibieron el alcohol en los bares, y servían Cydrax y Bovril. Se asignaron salas para encuadernar, hacer sandalias y servir como ‘lugares de encuentro para los trabajadores en huelga’.
Se pensaba que esta ideología se había desintegrado con el ‘blues de la ciudad nueva’ de la década de 1960 y la anomia de Telford y Milton Keynes. Se creía que había muerto hace una generación. Pero no se puede contener una agenda estalinista. En las ciudades Yvette Cooper revivió el espíritu de la década de 1970 con la extendida demolición de de viviendas con sus proyectos North Country Pathfinder, recientemente criticado en el libro de Anna Minton, Ground Control.
John Prescott, sometido a la presión de de los defensores de estos edificios, revivió el concepto de ciudades jardín bajo un manto de vegetación y planificación centralizada. Unos 70 sitios fueron identificados, para éxtasis de la entonces ministra de Vivienda, Caroline Flint, al éxtasis, alegando que serían ‘carbono cero’ y contribuirían a salvar ‘el mundo entero’. A la población local no se le permitiría intervenir.
Las ecotown cayeron una tras otra cuando el mercado inmobiliario se derrumbó y los residentes se alzaron disgustados. Los ministros se desesperaron. El mundo libre de coches y localismo siguieron el camino de la abstinencia de Letchworth. Incluso la animadora y consultora de las ciudades -Town and Country Planning Association- admitió el año pasado que no puede ser neutra en carbono. De hecho, el gobierno tendría que cometer el absurdo de comprar carbono de las ciudades con certificados de compensación. Los promotores decidieron que era mejor seguir adelante con la expansión anticuada.
Las ecotown son callejones sin salida en la planificación de la historia, las reliquias de otro intento de formar una nueva Jerusalén con la torcida madera de Gran Bretaña. Incluso si Rackheath sale adelante, será sólo otra zona de viviendas grandes, demasiado caras porque su construcción tiene demasiada regulación. Se generarán los mismos kilómetros de coches que cualquier otra población en una zona rural. Incluso los ministros laboristas han dejado de creer que pueden obligar a la gente a que no conduzca.
La historia ecotown es alarmante sobre todo porque mostrar lo vulnerable que es la política del gobierno ante la histeria verde. El eslogan ‘cambio climático’ puede ser secuestrado por un interés comercial. Pinta tu producto verde (ya sea un coche, una fábrica, un rascacielos, una turbina de viento) y puedes llevarte un permiso y una subvención de algún bromista en el cargo.
Lo verde de verdad se vende menos. El mejor libro sobre el tema es del urbanista americano David Owen. Su Green Metropolis vocea el sucio secreto de que los lugares más verdes para vivir son las grandes ciudades. Nueva York, Londres, Mumbai, Hong Kong están repletas de edificios y personas, economizan en las paredes, los techos, la calefacción central, oficinas, espacios abiertos y tránsito de personas.
Las ciudades consumen el tiempo y el espacio de manera intensa y eficaz. Los residentes no pasan horas cada día quemando combustible para ir al trabajo o volver a casa. Manhattan utiliza una décima parte de la gasolina per cápita de la media estadounidense. Albergando y calentando a sus ciudadanos consume una fracción de la energía que se gasta en los suburbios y el campo.
La lógica de la tesis de Owen es que la política verde debería tratar de influir en el consumo. Debería que hacer las ciudades más atractivas y cambiar la tendencia a la movilidad y la expansión rural. Las ciudades no debería ser denigradas mientras se elogia el desarrollo rural pretendiendo que es más respetuoso con el medio ambiente. La gente en el país requiere metros de pared externa per cápita y usa coches todo el tiempo. Los habitantes de la ciudad no”.
2.
John Irving publica su duodécima novela: Last Night at Twisted River. El labrador de John Irving se llama Dickens. En la novela sale una pistola, y él tiene una en casa. En esta entrevista habla de política, de su novela, de un puercoespín, de Al Gore y de Ricardo III: “Siempre pensé que parte de su problema es que nunca debió ser rey. Debió ser un poeta”.
3.
El Ganges, el río más sagrado de la India, se ha convertido en una cloaca infecta que produce numerosas enfermedades. Cuerpos medio quemados, grandes cantidades de desechos y excrementos humanos, flores religiosas en bolsas de poletileno, plástico, cristal, goma y sustancias no biodegradables flotan en el río. Tal es la extensión de la suciedad y productos industriales y contaminantes que un estudio reciente ha concluido que el río no sirve para la agricultura; por no hablar de beber y bañarse.
4.
El Gobierno de España prohíbe la emisión de pornografía en abierto. Al parecer, ha sido importante la presión de usuarios que no se veían capaces de apagar la tele y preferían que otro lo hiciera por ellos, y por todos los demás.
5.
El rodaje de la película basada en la novela Memorias de mis putas tristes de García Márquez se retrasa por la denuncia presentada por una ONG por "apología de la prostitución infantil".
6.
En Bagdad, los homosexuales sufren persecuciones, torturas y asesinatos.
MUJERES EN IRÁN

1.
La activista y abogada iraní Shirin Ebadi escribe:
“Hoy Irán es un país donde las mujeres tienen más educación que sus compatriotas masculinos; más del 60% de los estudiantes universitarios son mujeres, al igual que muchos catedráticos de universidad. Las mujeres iraníes obtuvieron el derecho a votar y ser miembros del Parlamento hace medio siglo -antes que las mujeres en Suiza, que alcanzaron este derecho en 1971. Desde ese momento, al menos, un pequeño número de mujeres ha estado presente en el parlamento de Irán. Incluso el actual Parlamento, monopolizado por la línea dura, tiene 13 mujeres. En los gobiernos, las mujeres han ocupado puestos de responsabilidad. El ministerio de Salud en el gabinete de Mahmoud Ahmadineyad está en manos de una mujer. Todo esto es prueba de que las mujeres han logrado un aumento en las filas de los fundamentalistas.
Y sin embargo, a pesar de la herencia cultural, histórica y social de las mujeres iraníes, la República Islámica ha impuesto normas discriminatorias contra ellas. Un hombre puede casarse hasta con cuatro mujeres y divorciarse, siempre que lo desee. Pero para una mujer la mera voluntad no es suficiente para divorciarse de su marido.
Asimismo, según la ley iraní, la vida de la mujer vale la mitad de la vida del hombre en términos de dinero por la sangre. En el caso de una indemnización después de un accidente, las mujeres reciben la mitad de la cantidad asignada a los hombres. En un juicio, la declaración de un hombre vale el doble que el de una mujer. Las mujeres también requieren el permiso de su marido para trabajar, viajar o salir del país.
Estas leyes son contrarias a la función de la mujer en la sociedad iraní. Si la ministra de Salud desea asistir a una reunión de la Organización Mundial de la Salud, debe recibir aprobación de su marido. No está claro qué pasaría si su marido se negase –el puesto de Irán en la OMS podía quedar vacío.
Las leyes impuestas a las mujeres iraníes son incompatibles con su condición y, en consecuencia, el movimiento a favor de la igualdad es muy fuerte. Aunque carece de un líder, de sede o sucursales, el movimiento se encuentra en la casa de cualquier iraní que cree en la igualdad de derechos para hombres y mujeres.
Las mujeres iraníes han elegido diferentes maneras de demostrar su oposición a esta discriminación. Una de los más importantes es la campaña del millón de firmas, destinada a recoger firmas de los hombres y mujeres iraníes para demostrar la oposición a las leyes discriminatorias. Está comprometida con el diálogo y la cooperación como medios para aumentar y mejorar el conocimiento de la legislación discriminatoria.
Esta campaña es una protesta pacífica que, por desgracia, el gobierno iraní se ha negado a tolerar. Más de 50 activistas han sufrido persecuciones y algunos han sido privados de derechos sociales básicos, como poder viajar libremente o salir del país. La pena más grave ha caído sobre Aliyeh Eghdam Doust, que está cumpliendo una condena de tres años de prisión. Es una de las activistas detenidas en las protesta de junio de 2006 en apoyo a los derechos de la mujer en Haft-e-Tir Square, en Teherán.
Estas condenas, sin embargo, no han apagado la determinación de la mujer en su lucha por la igualdad. Después de las elecciones presidenciales de junio, las mujeres de todas las edades participaron en las manifestaciones contra los resultados oficiales. Las fuerzas armadas mataron a tiros a una joven, Neda Soltan. Se ha convertido en un símbolo de la demanda de democracia. Las mujeres están a la vanguardia en esta lucha, y son conscientes de que sólo obtendrán la igualdad sólo en un orden político verdaderamente democrático”.
2.
Aquí, un vídeo sobre la campaña, que este año ha ganado el premio Anna Politkovskaya (ayer se cumplían 3 años del asesinato de esta periodista: todavía no se ha castigado a los culpables).
3.
Irán emite la primera condena a muerte por participar en las manifestaciones, según el portal reformista Mowjcamp (que no da las fuentes de la información). Aquí, en El País y Reuters.
UN AMIGO DE KAFKA

“El Tribunal de Familia del Distrito de Tel Aviv está ubicado en un edificio de oficinas en Ramat Gan, entre una tienda de alfombras y unos ultramarinos. Decenas de personas se aglomeran todos los días, a la espera de escuchar las sentencias sobre asuntos banales, pero a veces fatales: los acuerdos de propiedad, los términos del divorcio, testamentos y herencias. Es dudoso que las personas que se aglomeraban y empujaban por los pasillos en los últimos meses supiera que entre los archivos apilados en los estantes de la secretaría de la Corte hay uno -indistinguible de los otros- que podría interesar a millones de personas en todo el mundo. No hay nada en el número de serie o nombre en el exterior de este archivo que revele su significado, ni la razón por qué algunas personas están en suspenso a la espera de la decisión del juez.
Brod murió en 1968, y los papeles que había dejado atrás -que incluyen los últimos restos de los escritos de Kafka- ya deberían estar protegidos en un archivo, un museo o una biblioteca, y ser accesibles al público, a los estudiosos y muchos admiradores de Kafka. En cambio, están en manos privadas: al parecer, se mantienen en un apartamento residencial y en varias cajas de seguridad en Tel Aviv.
Después de que la situación saliera a la luz en una serie de artículos en Haaretz hace un año, la Biblioteca Nacional de Jerusalén presentó una demanda contra la mujer en posesión del patrimonio, Eva Hoffe, de 75 años, de Tel Aviv. Se trata de una ex asistente de vuelo de El Al, y heredó los papeles de su madre: Esther Hoffe, asistente de Brod, compañera y el beneficiaria de su testamento, que murió hace dos años. El tribunal le preguntó a fin de Eva Hoffe que entregase los documentos a la biblioteca para que pudieran ser ordenados, catalogados y puestos a disposición del público.
Las audiencias -repleta de emoción, suspenso, gritos y amenazas - ha continuado desde entonces a puerta cerrada en el Tribunal. Hasta hace aproximadamente una semana, pocas personas en el exterior sabía lo que estaba sucediendo. Se preguntó a autoridades de la literatura alemana en todo el mundo que han estado investigando los escritos de Kafka durante años qué pensaban sobre el juicio; la noticia les sorprendió.
Nadie sabe con seguridad qué contiene la propiedad. En la década de 1970, había cartas, dibujos y manuscritos de Kafka, pero puede que se hayan vendido en los últimos años. Sin embargo, entre los miles de documentos que sigue habiendo, sin duda hay elementos que iluminan aspectos desconocidos de la vida del gran escritor.
La historia comenzó después de Kafka murió de tuberculosis en un sanatorio de Austria en 1924. Al revisar los papeles de su escritorio, Max Brod encontró una nota doblada de su amigo. Esta nota, junto con otro papel amerillo, resultó ser la voluntad de Kafka. En él, le dio instrucciones detalladas: ‘Querido Max,’ Kafka escribió: ‘Mi última petición: Todo lo que dejo detrás de mí ... [debe] ser quemado sin leer - todo lo que se puede encontrar en mis papeles póstumos (en las casillas , armarios, escritorios, en casa y en la oficina o en cualquier otro lugar donde los encuentres) de los diarios, manuscritos, cartas, escritos por mí y a mí, bocetos, etc., debe ser quemado sin leer y sin dejar rastro, incluso las cosas escritas o dibujadas que en tu poder o el de otros, que tú puede pedir en mi nombre. Si hay cartas que la gente no va a entregarte, al menos, deberían comprometerse a quemarlas ellos mismos’.
Kafka dejó claro que quería que todo lo que había escrito, a excepción de seis relatos que ya se habían publicado, fuera pasto las llamas, pero se esforzó en dejar claro que ‘no me refiero a que deseo que [los seis cuentos] se reproduzcan en beneficio de las generaciones venideras; al contrario, se cumplirá mi verdadero deseo si todos se pierden. Pero como ya existen, no puedo evitar que nadie los tenga, si le apetece. ‘
Kafka publicó pocas obras en vida, y no atrajeron una atención especial. Si se hubiera ejecutado su voluntad, sus novelas más importantes -El proceso, El castillo y América- y la mayoría de sus cuentos se habrían perdido para el mundo. Pero Brod no siguió las instrucciones, sino que pasó gran parte de su tiempo localizando, editando y publicando todas las obras de su difunto amigo, incluyendo la correspondencia, los diarios y cuadernos.
En marzo de 1939, cuando los nazis entraban en Praga, Brod y su mujer se escaparon en el último tren que salió de la ciudad y se dirigieron a Rumanía, desde donde partieron a Palestina. Junto a Brod, quien fue un ardiente sionista, viajaban otro amigo de Kafka, el filósofo Félix Weltsch, al que acompañaba su sobrino Chaim Adler, que más tarde ganaría el Premio Israel de la educación y que es el único de los tres que sobrevive. Brod, que tenía 55 años, llevaba una maleta con los manuscritos de las novelas y relatos de Kafka, así como el resto de sus papeles.
Brod continuó la edición y publicación de las piezas del legado de Kafka. Tras la muerte de su esposa en 1942, lo asistió en sus tareas Esther Hoffe Ilsa, una inmigrante 22 años menor que él. La había conocido en una clase de hebreo en Tel Aviv. Hoffe estaba casada y tenía dos hijas, y acogió a Brod, viudo, en su familia: lo trataban como si formara parte de ella.
‘Nuestra casa era su casa, no tenía otra’, dijo en una entrevista con el diario Haaretz en 1968. Durante 26 años, Esther manejó los manuscritos de Brod con devoción, corrigiendo las pruebas y preparando la publicación. ‘Eramuy difícil leer su caligrafía, yo era la única persona que podría descifrar lo que había escrito’, dijo en la entrevista.
Pero en esta dedicación, se supo en los próximos años, había otros aspectos: fanático, obsesivo y codicioso. El estrecho vínculo entre los dos, al parecer también romántico, permitió a Hoffe para obtener un acceso total, exclusivo y peligrosos al tesoro que Brod había rescatado de Praga: el legado literario de Kafka.
En 1956, los escritos de Kafka hicieron otro viaje a través por mar. Esta vez, Brod llevó los manuscritos de las tres novelas a Suiza, por temor a que la campaña de Suez, se convirtiera en una conflagración regional. Brod nunca mantuvo todo el tesoro para él solo. Unos años más tarde, donó los manuscritos de El castillo y América a la Universidad de Oxford, donde están hoy. Se quedó con el manuscrito de El proceso, que su amigo Franz le había dado como un regalo.
El juicio actual gira en torno a esta interpretación del testamento. Lo que pasó entre la muerte de Brod y el año 2007, cuando Esther Hoffe falleció a la edad de 102 años, sólo puede interpretarse como una traición. Pero a diferencia de la traición de Brod a Kafka, gracias a la que el mundo ha disfrutado de las creaciones del gran escritor, la traición de Hoffe a Brod ha distanciado los escritos del público en general.
A finales de 1980, Hoffe y la Biblioteca Nacional firmaron un memorando en el que se establecieron los términos para la transferencia de la propiedad Brod, o parte de ella, a la institución. Pero las condiciones fueron sustituidas os modificada cada vez que la biblioteca cumplía su parte del trato. (Hasta el día de su muerte, Hoffe nunca entregó el legado a la biblioteca.)
Seis años después del comienzo de las gestiones, como en una profecía autocumplida, Hoffe vendió el elemento más valioso de los bienes bienes de Brod: el manuscrito de El proceso. Kafka, que había dado como un regalo a Brod, había pedido en su testamento que se quemara. Ciertamente, nunca se le ocurrió que una mujer desconocida lo vendería en Alemania y se haría rica con él.
Para cubrir sus huellas, Hoffe usó de la casa de subastas Sotheby’s en Londres, que vendió el manuscrito al librero alemán Heribert Tenschert, que actuaba en nombre del gobierno de Bonn, que hizo la oferta más alta por esta joya literaria - 1,98 millones de dólares- batiendo el récord mundial de la cantidad pagada por un manuscrito de la era moderna. ‘Desde mi punto de vista, el precio era muy bajo’, dijo a los medios de comunicación en el momento. ‘Esta es la obra más importante de la literatura en alemán del siglo XX, y Alemania tenía que tenerla.’ Y de hecho, Alemania obtuvo el manuscrito, y lo colocó el Archivo de Literatura Alemana de la ciudad de Marbach; se guarda en una caja fuerte.
Cuando Esther Hoffe murió hace dos años, legó decenas de cartas y libros de Brod a sus dos hijas, Eva y su hermana mayor, que se dedica a los cosméticos y se llama Ruth Wisler. Escribó: ‘Los proyectos, las cartas y los dibujos de Kafka que el difunto Max Brod me dio como regalo en mayo de 1970, se los doy a mis dos hijas, en partes iguales. Los libros de Kafka que tenía Brod permanecen en la posesión de mis dos hijas ‘.
Tras la publicación de los artículos en Haaretz hace un año, la Biblioteca Nacional, representada por el Dr. Meir Heller, trató de poner fin a la irresponsabilidad indiscriminada. En el último momento, justo antes de que entrara en vigor, presentó una petición para impedir la transferencia de la propiedad de Brod a las dos hijas.
Hacia el final de la vida de Esther Hoffe, hubo muchos informes que decían que el legado de Brod no se mantenía en las debidas condiciones físicas. ‘Los gatos entre los manuscritos de Kafka’, decía un titular del diario Yedioth Ahronoth en junio de 2006. El mes pasado, el apartamento de la calle Spinoza parecía estar desierto. Un fuerte olor emanaba de él y había muchos gatos en las proximidades. Las visitas posteriores revelaron que Eva Hoffe iba a la casa varias veces al día para cuidar a los gatos, que al parecer consideran el apartamento su hogar.
‘Brod se revolvería en su tumba si supiera cómo han terminado sus bienes’, dice Nurit Pegi, que está escribiendo una tesis doctoral sobre Brod en la Universidad de Haifa. ‘Es seguro asumir que habría esperado que el albacea publicara las obras, con la misma determinación que él mostró muchos años para publicar las obras de Kafka. Ciertamente, no habría querido que todo esto se quedara en un cajón o una caja de seguridad en algún banco, criando moho’.
La cuestión de qué es exactamente lo que hay en el patrimonio de Brod que Eva Hoffe controla ha ocupado a estudiosos de todo el mundo durante años. La fantasía más delirante de los fans de Kafka es que hay historias inéditas que Brod decidió retener por razones que sólo él conocía. Más razonable pero no menos interesante es la teoría de que la mayor parte de lo que queda son materiales personales del propio Brod que tratan, entre otras cosas, de su amigo de Kafka y pueden arrojar nueva luz sobre él.
Brod escribió y recibiió miles de cartas de y para amigos, familiares y colegas en el mundo literario. Los investigadores presumen Brod conservaba varios bocetos y dibujos de Kafka. Hoy, cuando Kafka es desde hace mucho un icono y un héroe cultural, unos pequeños fragmentos de información sobre su vida serían un descubrimiento sensacional. Los elementos más importantes y fascinantes en el legado son diarios privados de Brod, que nunca han sido publicados. Podrían iluminar su relación con Kafka y quizás puedan revelar aspectos desconocidos de la conexión, los aspectos que Brod quería mantener en secreto.
De hecho, hay planes para que los diarios se publiquen desde hace 20 años. En 1988, pocos meses antes de que se vendiera el manuscrito de El castillo, Esther Hoffe firmó un lucrativo contrato por la venta de los derechos de los diarios de Brod. Una cantidad de cinco cifras fue depositada en su cuenta bancaria por la prestigiosa firma con sede en Artemis & Winkler, con sede en Zúrich. Pero Hoffe no cumplió su parte del trato: no se separó de los diarios ni después de recibir el dinero.
Eva Koralnik, de la agencia literaria Liepman, hizo de intermediaria en el acuerdo entre Hoffe y los editores. ‘Es una historia triste que nos enfadó a nosotros y a nuestros clientes’, dice ella. ‘Durante años intentamos convencerla de que respetara el acuerdo, pero ella siempre se negó’. En última instancia, dice, ‘Los editores perdieron el dinero y no pudieron publicar los diarios’.
Al preguntarle por qué nunca se demandó a Hoffe, Koralnik responde: ‘¿Qué podíamos hacer? Era una mujer mayor. Hicimos todo lo que pudimos, pero cuando alguien se niega a cooperar, no se le puede obligar’. Según Eva Hoffe, en declaraciones a Der Spiegel en 1993, ‘Publicar los diarios pue de exponer algo terrible’. El semanario alemán dio a entender que se trataba de un caso de un triángulo amoroso embarazoso.
Otra editorial que tiene una cuenta pendiente con la familia Hoffe es la israelí Schocken (que posee la misma familia que es propietaria de Haaretz). Después de la muerte de Kafka, Zalman Schocken compró los derechos para publicar sus obras, y según fuentes cercanas a la empresa, también los derechos de sus manuscritos. ‘Si hay manuscritos de Kafka en el legado de Brod, pertenecen a la familia Schocken’, dicen las mismas fuentes.
La propiedad incluye 70 cartas intercambiadas entre Brod y la amante de Kafka, Dora Diamant, durante más de 20 años. Según Kathi Diamant, de San Diego State University en California, autor de la biografía de Dora, Kafka’s Last Love: The Mystery of Dora Diamant, estas cartas, que incluyen referencias a su amigo común, Kafka, nunca han sido publicadas a pesar de que tienen gran interés. Un breve pasaje de una de ellas que escapó de la propiedad estrechamente vigilada deja clara su importancia: cuenta la historia de un triste incidente directamente relacionado con el legado perdido de Kafka.
Se trata de una carta desesperada que Diamant escribió a Brod en 1933. ‘Las cosas de Kafka han desaparecido. Cartas, las páginas de su diario, y todo lo que tenía’, escribió. Diamant, una comunista judía, se refería a una redada de la Gestapo en su casa en Berlín, donde guardaba 35 cartas de Kafka había escrito para ella y 20 cuadernos que tenía y que nunca han sido publicados.
Su sobrino, Zvi Diamant, de 62 años, vive en Holon. Hace diez años, se dirigió a un grupo de familiares colocaron una lápida en su tumba hasta entonces sin marcar hasta en Londres. Irónicamente, como el testamento de Kafka y Brod, su voluntad se ha violado también: había pedido ser enterrada en Praga, junto a Kafka. Sin embargo, sus parientes nunca vieron su testamento completo -y las cartas que escribió a Brod se encuentran entre los papeles del editor, en el apartamento de Eva Hoffe probablemente, lejos de la mirada pública.
‘Yo no entendía el comportamiento de Eva Hoffe y no puedo encontrar ninguna explicación lógica para el ocultamiento tan tenaz durante tantos años de los materiales de Brod,’ dice el estudiante de doctorado Pegi. ‘Después de todo, si el recuerdo de Brod estaba tan cerca de su corazón como ella dice, lo abriría a todos los interesados para que su legado mantuviera en las docenas de artículos y libros que se escribirían sobre él. ‘
Pegi añade que, ‘No hay que olvidar que Brod fue una figura clave en la literatura judía alemana antes de la Segunda Guerra Mundial. La publicación de sus diarios y las cartas que recibió de intelectuales y artistas durante todo ese período, así como de sus obras de teatro cuentos y novelas inéditos que se sabe que están en su propiedad, ayudarían a refrescar su memoria y a darle el lugar central que merece’.
Otra parte se ha unido recientemente el caso: el Archivo de Literatura Alemana. La institución ha contratado a un abogado israelí para tratar de asegurar los bienes para sí misma, alegando que su lugar está junto a los demás escritos de Kafka y Brod que ya se encuentran allí desde hace años, y los textos deben ser accesibles académicos y visitantes.
Una visita allí hace dos años reveló que los documentos están maravillosamente cuidados, de un modo que a la Biblioteca Nacional de Jerusalén sería difícil de igualar, por lo menos mientras permanezca en su sede actual, en estado ruinoso. La Biblioteca Nacional, sin embargo, no tiene ninguna intención de renunciar y está lista para una batalla legal y pública de larga duración. ‘Eliminar los tesoros culturales de Israel a causa de los medios a disposición de elementos extranjeros es un fenómeno lamentable que perjudica el progreso de la investigación científica en Israel’, dice una fuente de la biblioteca. ‘No vamos a aceptar que este material salga fuera de las fronteras de Israel’.
A principios de septiembre Hoffe solicitó a al Tribunal Supremo de Justicia que ordenase al Tribunal de Familia que le permita ejecutar la voluntad de su madre y acceder el dinero que le legó. ‘Hay activos por valor de millones de shekels tirados en la propiedad de mi difunta madre que el juez del Tribunal de Familia ha adjuntado sin razón’, dice la solicitud, mientras que su propia situación económica es ‘particularmente grave’ y se encuentra ‘su último trozo de pan’”.
En la imagen, Brod (izquierda) y Kafka (derecha).
CUOTA

1.
Una entrevista con Richard Dawkins, que ha publicado The Greatest Show on Earth.
2.
Según las cifras de Book Marketing Ltd (BML), los independientes han aumentado su cuota tanto en volumen como en valor. En valor, su cuota de mercado ha pasado del 10,3 % al 12,1% en las 28 primeras semanas del año (hasta el 19 de julio de 2009), comparado con un periodo equivalente de 2008. La cuota del sector en el volumen de libros vendidos ha pasado de 9,3 % al 9,7 %. Según Nielsen Bookscan, en el mismo periodo de tiempo el mercado total de consumo se ha reducido en un 1,6 % en valor y en un 1,1 % en volumen.
3.
Editoriales británicas están rechazando títulos de no ficción por miedo a los juicios por libelo, según el English PEN.
4.
Jaime Rosales escribe sobre el cine español:
“Una sola excepción admitiría la movilización colectiva de toda la industria del cine: el caso de una sociedad bajo una dictadura no democrática. En ese caso, y sólo en ése, la lucha contra el régimen se convierte en un deber moral ineludible.
Como ya no ocurre en nuestro país, pues gozamos de una sociedad democrática relativamente sana y respetuosa, opino que es igual de erróneo apoyar públicamente a una facción política que a otra. Por supuesto, cada individuo en democracia puede expresarse políticamente, faltaría más. Pero, desde mi punto de vista, la correcta expresión política del individuo en democracia reside en la facultad que le otorga el voto. Esa expresión y ese apoyo a un partido, ese derecho democrático irrenunciable e irrevocable, debería ejercerse siempre dentro de la esfera privada y no de la pública. La esfera pública de lo político debería permanecer dentro del ámbito exclusivo de los profesionales de la política, es decir, de los políticos y de los medios de comunicación. De lo contrario, todas las ramas de la actividad humana acabarán quedando contaminadas por la política partidista”.
O sea: si se prohíbe la expresión política (en una “dictadura no democrática”, supongo que para distinguir a ésta de las dictaduras democráticas), el sector del cine (al parecer una cosa homogénea y monolítica que se puede movilizar más o menos como un ejército de reservistas) debe expresarse políticamente. En cambio, si hay democracia debemos callarnos todos, ciudadanos y cineastas, para no alienar al público, y votar cuando nos toque.
Pero la expresión política del ciudadano en democracia es mucho más amplia, afortunadamente. Estados Unidos era una democracia cuando se produjo el movimiento de los Derechos Civiles, y muchos artistas y muchos que no lo eran apoyaron una causa justa. En muchas democracias no había sufragio universal: la agitación de las sufragistas impulsó el voto de las mujeres. En la España democrática tenemos también muchos ejemplos de manifestaciones de ciudadanos que han impulsado el aumento de los derechos de los homosexuales o que han contribuido al aislamiento de los terroristas. De hecho, creo que precisamente porque sabemos lo que ha costado ganar el derecho a tener opiniones políticas, y porque tenemos más poder y libertad que los que viven en otro tipo de sociedades, tenemos más responsabilidad política (aunque sólo fuera para pedir más democracia en los lugares donde no la tienen). Los artistas y los intelectuales han tenido episodios terroríficos. En el siglo XX hubo escritores que defendieron el fascismo, que sirvieron al nazismo, al estalinismo, al maoísmo, al castrismo... Pero también ha habido otros muchos que denunciaron sus atrocidades antes que nadie, o que han contribuido a defender la democracia y los derechos humanos de manera cotidiana: desde Émile Zola a Charles Chaplin, pasando por Dorothy Parker, Vargas Llosa o Antón Chéjov.
Rosales identifica las opiniones políticas con el apoyo invariable a unos partidos concretos, como si no se pudieran tener posiciones que no obedecieran necesariamente a ellos. Creo que eso es, desgraciadamente, algo demasiado habitual, que perjudica a la cultura, al pensamiento y a nuestra democracia. A veces, intelectuales, gente del cine y artistas han dado una impresión de seguidismo y fidelidad a los partidos, en vez intentar parecer ciudadanos independientes que piensan por sí mismos y de manera crítica. A algunos les ha ido bien así, a derecha y a izquierda. Para mí, pierden el valor esencial de la reflexión independiente.
Por alguna razón, parece pensar Rosales, en nuestro país no puede haber debate. Así que mejor que los demás no sepan lo que piensas. Eso, y dejar la política sólo en manos de medios de comunicación y partidos, me parece un panorama desolador: a menudo prefieren que hablemos de cosas que no son importantes. El debate político debería ser algo más sofisticado que una discusión sobre fútbol entre forofos de equipos distintos. Resulta improbable que eso suceda si lo dejamos todo en manos de periodistas y políticos.
Pero, en todo caso, prefiero participar en una discusión entre forofos a tener que quedarme callado.
5.
En 1958, John Cheever escribió a un amigo:
“Me alegra decir que he terminado una novela. Al menos parece una novela. No parece un cuento, en todo caso. Pesa más y los sellos son más caros”.
Había terminado Crónica de los Wapshot.
6.
La orden ministerial que desarrollará la ley del cine prevé la discriminación positiva para las películas hechas por mujeres. Esta medida contraproducente para directoras cuya valía quedará en entredicho ha sido defendida con varios argumentos. A menudo, por directoras que han hecho sus películas y han recibido ayudas gracias a su talento, pero parecen considerar que otras compañeras necesitan el favoritismo. El argumento numérico, esgrimido por Inés París, era el más impactante: “En los últimos diez años solo un 7% de las películas españolas ha sido dirigida por una mujer”, aunque resultaba algo confuso (por ejemplo, seguía: “El 90% del audiovisual está en manos de los hombres y cada vez la presencia masculina va en aumento").
Hoy El País dice: “Según el Instituto Nacional de Estadística, el 91,7% de los inscritos en el Registro Central de Penados y Rebeldes en 2007 eran varones, y sólo el 8,3% mujeres”.
No sé si alguien va a tomar medidas.
En la imagen, la pionera del cine Alice Guy Blaché.
CERDOS

“Según todos los informes recientes, la antigua ciudad de El Cairo ahora presenta al mundo la imagen de una pila de basura purulenta. Nada nuevo, dice usted. Las calles nunca han sido exactamente despejadas, y los niveles de ruido y tráfico y contaminación son asombrosos. Cuando visité el lugar, me sorprendí al encontrar a personas que viven con gran dignidad y aplomo en lo que llamaban "las ciudades de los muertos", entre las tumbas y las lápidas de los enormes cementerios de El Cairo. También me sorprendió la cantidad y variedad de animales que viven codo con codo, por así decirlo, en medio de los autobuses y taxis, con la población humana. Mirando hacia abajo desde la alta ventana del Hotel Shepheard, vi que una persona emprendedora de los pisos bajos había llevado un pequeño rebaño de cabras a su techo. Se pueden encontrar otras manadas y rebaños en las vías de comunicación. Y este animal tan útil, el cerdo, realizaba una gran cantidad de trabajo excelente. Como consumidores en masa de los residuos orgánicos, los cerdos son difíciles de batir. Se abrían paso sobre grandes montones de desechos, a menudo bajo la supervisión tácita de la gran minoría cristiana de El Cairo.
Tengo que usar el pasado para hablar de estos nobles animales, ya que, en la primavera de este mismo año, todos ellos fueron sacrificados por órdenes del gobierno egipcio. Y esta delirante acción ha desplazado la escena de basura de El Cairo de lo terrible a lo casi calamitoso. El régimen del presidente Hosni Mubarak alegó, a partir de ninguna evidencia, que los cerdos eran portadores de la llamada "gripe porcina". (Varios amigos y familiares míos contraído y superado de esta infección leve; todo el mundo sabe que el encuentro real con los cerdos no tienen absolutamente nada que ver con esto.) Como consecuencia de la matanza del cerdo, las calles de El Cairo se han vuelto casi insoportables, y los recolectores de basura cristianos, llamados localmente el zabaleen, han sido despojados de sus medios de subsistencia. "Mataron a los cerdos, que limpian la ciudad", como un recolector de basura y ex porquero, Moussa Rateb, declaró a la agencia egipcia el final.
He leído el reportaje bien escrito e vívidamente ilustrado de Michael Slackman en el New York Times con la vaga necesidad de escuchar cómo cae el otro zapato. ¿Cuándo se le ocurre mencionar que había algo sectario -posiblemente incluso algo religioso- en la decisión simultánea de matar a los cerdos y rebajar a los cristianos?
Este no sería el único caso de histeria administrativa generado por el brote. La televisión iraní emitió recientemente un reportaje que sugiere que el virus de la gripe porcina había sido deliberadamente producido por los habituales misteriosos “círculos” cosmopolitas y que la vacuna contra él había sido monopolizada por una empresa en la que Donald Rumsfeld tiene muchas acciones. En mayo, cuando la histeria antiporcina cobraba fuerza en Egipto, hubo una propuesta del jeque Ahmad Ali Othman, una figura importante entre los asesores del Ministerio de Asuntos Religiosas, de que todos los cerdos fueran exterminados porque eran los descendientes de los incrédulos judíos transformados en esta especie en el Corán. (Por si no sigues este debate tan tóxico entre las escuelas rivales del islam militante, hay quienes sostienen los judíos descienden de los cerdos y monos en los que Alá convirtió a los herejes, y los que toman la postura más moderada de que los herejes transformados en cerdos y monos recibieron también una maldición que los hizo estériles. La segunda opinión lleva a una conclusión algo más indulgente y tolerante: malos como son los judíos actuales, por lo menos no se encuentran en una línea de descendencia directa de las bestias originales condenadas. Son finas distinciones que merece la pena conocer.)
En un nivel más mundano, se dice que los cerdos son sucios porque comen incluso sus propios excrementos. No son las únicas criaturas que recurren a esto, pero es sin duda su carácter omnívoro el que hace de ellos una patrulla de basura tan sorprendente. No darse cuenta de esta cualidad es no entender nada sobre los cerdos. También podemos observar que tienen piel y órganos que pueden ser transplantados a los seres humanos, que tienen gran inteligencia y una impresionante relación entre el peso de su cuerpo y el de su cerebro, ciertos valores familiares y otros rasgos interesantes. (No es una coincidencia que, en todas las sociedades que no inculcan prejuicios contra ellos, el folclore presente a los lechones en una posición simpática hacia los humanos.) Una ciudad o la sociedad sin cerdos es apenas imaginable: un mundo sin cerdos sería un mundo en el que los seres humanos habrían destruido a unos parientes cercanos y unas criaturas muy útiles. Sin embargo, dos de los grandes monoteísmos están comprometidos con el odio irracional e incluso el temor a los cerdos. (El cristianismo es algo mejor en este punto, si se omite la historia horrible de los cerdos infectados con demonios por el mismo Jesús. Un canónigo de la Iglesia de Inglaterra, que había servido como misionero en Nueva Guinea, donde las ovejas eran desconocidas, me dijo que, para que se entendiera bien, la metáfora de las ovejas y su pastor había sido reemplazada por predicadores que rogaban al señor que protegiera y preservara a sus puercos preciosos.)
Pero ninguna fe es inmune a la estupidez en este aspecto. Hace siglos, en Europa, los gatos -sobre todo los de color negro- se consideraban "familiares" de las brujas y eran condenados a muerte con crueldad repugnante por cristianos petrificados que temían al Maligno y sus enviadas femeninas. La destrucción del felino llevó al triunfo de la rata, y la pulga que llevaba en la espalda, y casi al colapso de la civilización europea. Ahora, la erradicación de la especie porcina provoca el avance de la montaña de basura, en el que sería sorprendente que la rata y sus parásitos no encontrasen un refugio. Deja que actúe la gente de fe. Déjales si te atreves...”
En el catálogo Afinidades (A del Arte, Zaragoza, 2009) Ismael Grasa tiene un hermoso texto sobre el cerdo, que acompaña a otros hermosos cuadros de María Buil.
DIOSES Y MUJERES

1.
Robert Wright escribe sobre los chamanes y las religiones primitivas:
“Dudo que los líderes espirituales y generosos fueran más comunes en la época dorada del chamanismo que ahora, o que la búsqueda espiritual estuviera algo menos corrompida por la manipulación y la charlatanería que ahora, o que hubiera una filosofía coherente del chamanismo que tuviera más sentido que la religión media de hoy.
Por supuesto, no hay manera de resucitar culturas muertas para descubrirlo, y por definición no hay un documento escrito de las sociedades prehistóricas. Pero tenemos lo siguiente mejor: informes de antropólogos que visitaron sociedades de cazadores-recolectores antes de que el contacto con la modernidad los hubiera corrompido. Esos antropólogos observaron a los chamanes haciendo lo que los chamanes hacen: profetizar, curar, mejorar el tiempo, conjurar a los malos espíritus, etcétera. Y los documentos antropológicos sugieren lo siguiente sobre la era del chamanismo:
1) Había mucho fingimiento. Se ha visto sangrar profusamente a chamanes esquimales al contacto de un arpón ceremonial, asombrando a un público ignorante de la vejiga llena de sangre bajo sus ropas. El truco con el que los chamanes ‘chupan’ un objeto maligno de un paciente enfermo y después lo muestran dramáticamente funciona tan bien que se ha observado en Tasmania, Norteamérica, y en tierras entre las dos. Abundan ejemplos.
2) Muchos chamanes estaban allí por el dinero. A cambio de tratar a un paciente, un chamán podría recibir ñames (en Micronesia), trineos y arreos (entre los esquimales orientales), abalorios y cocos (entre os Mentawai de Sumatra), tabaco (entre los ojibwas de Norteamérica) o esclavos (entre los Haida del Canadá occidental). En California, si un chamán Nomlaki decía ‘Estos abalorios son bastante ásperos’, significaba que necesitaría más si iba a curar algo ese día.
3) Los chamanes –al menos algunos- estaban allí por el sexo. En su estudio clásico La ley del hombre primitivo, E. Adamson Hoebel observó que ‘Un chamán poderoso de reputación establecida puede denunciar a un miembro de su grupo como culpable de un acto repulsivo hacia los animales o espíritus, y puede decretar una pena... Una expiación aparentemente común es decirle a una mujer que supuestamente ha errado que tenga relaciones sexuales con él (el poder sobrenatural del chamán equilibra los efectos del pecado de ella). Un buen trabajo si puedes conseguirlo. Otras veces el cambio de magia por sexo era más sutil. Los chamanes ojibwa recibían ‘remuneración mínima’, trabajaban por ‘prestigio, no paga’ Uno de los símbolos del prestigio del liderazgo religioso era la poligamia... Los líderes masculinos tenían más de una esposa’
4) Los chamanes –al menos algunos de ellos- dirigían chanchullos basados en la protección. Aquí habla el antropólogo sobre los chamanes de las islas Andamanese: ‘Se cree que pueden traer problemas, enfermedad y muerte a aquellos que no muestran su fe de forma sustancial; así, generalmente consiguen lo mejor de todo, porque se considera estúpido negarlos, y no tienen escrúpulos a la hora de pedir cualquier artículo del que se encaprichen’. Entre los ona de Tierra de Fuego, el pago por servicio era raro, pero, como observó un antropólogo, ‘Uno se abstiene de todo’ que pueda poner al chamán ‘de mal humor o irritarlo’.
En lo que respecta a la filosofía del chamanismo (la visión que, en palabras de Rutherford, nos muestra ‘como funciona realmente el mundo): bueno, en su mayor parte, la cosmovisión de los chamanes era parecida a la de los seguidores de la primera religión abrahámica, salvo que con más dioses, más espíritus malignos, y más cruda superstición (aunque hay más cruda superstición en la Biblia de lo que cree la mayoría de la gente).
Por supuesto, algunos chamanes tenían la ventaja, en comparación con las figuras bíblicas, de drogas psicodélicas’.”
2.
Ophelia Benson y Jeremy Stangroom han escrito en Does God Hate Women?:
Bueno, qué se puede decir. Las autoridades religiosas y los clérigos conservadores adoran a Dios que es un verdugo horrorosamente cruel, injusto y vengativo. Adoran a un Dios de niños de 10 años, un Dios de abusón de patio de recreo, un Dios de violadores, de bandas, de proxenetas. Adoran –pese a la retórica sobre la justicia y la compasión- a un Dios que se pone del lado del fuerte contra el débil, un Dios que elogia el privilegio y castiga el igualitarismo. Adoran a un Dios que es masculino y se une a otros hombres contra las mujeres. Adoran a un matón. Adoran a un Dios que cree que las niñas deben casarse con hombres adultos. Adoran a un Dios que mira con aprobación cuando un adulto viola a una niña porque está “casado” con ella. Adoran a un Dios que cree que una mujer debe recibir 80 latigazos porque su pelo no estaba completamente cubierto. Adoran a un Dios que se siente satisfecho cuando tres hermanos golpean a sus hermanas hasta la muerte con hachas porque una de ellas se casó sin el permiso paterno.”
3.
“La comparación con la ira internacional dirigida contra el apartheid es instructiva. La opresión de los negros fue una vez una afrenta a la conciencia del mundo. Cuando volvemos hacia la opresión a las mujeres, sin embargo, descubrimos que Naciones Unidas pierde su conciencia y anima las ideologías de sus opresores. En 1990, ministros de exteriores musulmanes desafiaron la primera línea de la Declaración de Derechos Humanos al reemplazar la sonora formulación de que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos’ con la Declaración de Derechos Humanos de El Cairo que anuncia que ‘todas las criaturas son siervos de Alá’. La declaración de la ONU dice que todo el mundo tiene derecho a sus derechos y libertades estipulados sin ‘distinción de ningún tipo’. La declaración de El Cairo dice que los derechos pueden restringirse por “mandato de la sharía”. Nada en ella prevé los matrimonios forzosos de niñas, o la pena de muerte por apostasía, homosexualidad y la traición del ‘honor’ familiar.
Lejos de luchar contra este asalto directo a los derechos de las mujeres, la ONU siguió adelanta y produjo la idea de que aquellos que critican la sharía son culpables del crimen de ‘difamar la religión’. En Occidente, la pregunta ‘¿Ha muerto el feminismo?’ es una de las preferidas de los clubes de debate, pero una mirada alrededor muestra que continúa con salud fuerte. No quiero infravalorar el sexismo presente, las diferencias salariales y las dificultades de las madres trabajadoras, pero donde las mujeres disfrutan de libertades esas causas avanzan. Para resumir el avance en una frase, es políticamente imposible, tanto en la izquierda como en la derecha, que un líder de un partido excluya a las mujeres del gabinete en un país avanzado.
Sin embargo, al mismo tiempo, el arzobispo de Canterbury puede llamar a que se imponga la sharía a las mujeres musulmanas británicas, seguro de que las mujeres de su iglesia asentirán aprobadoramente. De forma similar, el ex presidente del tribunal Lord Phillips puede pedir la sharía en la Mezquita East London y las abogadas no le recordarán que el templo es un centro de Jamaat-i-Islami, que insiste en la India en que los maridos que echan a sus mujeres no tienen obligación de pagarles nada.
La emancipación de las mujeres es necesaria y esencial para mujeres de piel blanca en Londres pero no para mujeres de piel oscura en Lahore. O, para movernos de lo global a lo local, la emancipación de las mujeres es esencial y necesaria para las mujeres blancas de Hampstead y Highgate pero no para las mujeres de piel oscura de Bethnal Green y Bow.
Cuando les presionan, la respuesta característica a las acusaciones de indiferencia de los occidentales hipócritas es decir que por supuesto, ellos no apoyan el encarcelamiento de las víctimas de violaciones. Cierto, pero tampoco se oponen. Su mala fe se evidencia en el uso de la equivalencia moral que rompe la baraja. Lo vi por primera vez, ondeado triunfalmente en 1993, cuando Germaine Greer declaró que los intentos para ilegalizar la circuncisión femenina eran ‘un ataque a la identidad cultural’. Según ella, no había diferencia entre obligar a una niña de ocho años a someterse a la amputación de su clítoris y labios, y una adolescente estadounidense que decide voluntariamente hacerse un piercing. ‘Si una punk de Ohio tiene derecho a operarse los genitales, ¿por qué no disfruta el mismo derecho una mujer somalí?’, preguntaba la autora de La mujer eunuco mientras disculpaba la castración del clítoris. En la época, pensé que Greer era una opositora estúpida que diría cualquier cosa para atraer atención. Debería haberla tomado más en serio. En los años siguientes, su casuística se convirtió en el modo dominante de argumento.”
4.
Una niña de 12 años casada a la fuerza muere al dar a luz en Yemen.
DISIDENTES

Este año la Feria del Libro de Fráncfort está dedicada a China. Este sábado se celebró un simposio como anticipo. La delegación china se retiró por la participación de dos escritores disidentes. Y la feria pidió disculpas a la delegación. Lo cuenta Kate Bowen:
“‘Los dos escritores viajaron a Fráncfort aunque sus invitaciones habían sido retiradas por la feria tras las críticas de Pekín. Cuando Bei Ling y Dai Qing se dirigieron al simposio, la delegación oficial china abandonó la sala.
La delegación sólo regresó tras la disculpa de Juergen Boos, organizador de la feria del libro. Mei Zhaorong, antiguo embajador chino en Alemania, dijo que los anfitriones alemanes habían cambiado el programa del simposio sin informar a la delegación de Pekín.
‘No hemos venido a recibir una lección de democracia’, dijo Mei. ‘Esos tiempos han pasado’.
Los dos autores disidentes expresaron su desilusión por la reacción china, y dijeron que ese comportamiento socavaría cualquier discusión constructiva.
El congreso, titulado ‘China y el mundo: percepción y realidad’, fue organizado para disipar prejuicios sobre el país invitado –China- antes de que empiece la Feria del libro de Frácfurt, a mediados de octubre.
El acontecimiento quería ser un preámbulo promocional pero pronto se convirtió en una pesadilla para las relaciones públicas, cuando China dejó claro que si los organizadores insistían en incluir a escritores disidentes se retiraría del congreso.
Los organizadores del congreso se inclinaron ante la presión china y Bei Ling, Dai Qing y varios otros autores disidentes descubrieron que les habían retirado la invitación.
Dai Qing, considerada una de los principales periodistas de investigación y activistas ecologistas de China (se ha opuesto por ejemplo a la Presa de las Tres Gargantas), consiguió un visado para ir a Alemania como invitado de la rama del PEN en ese país.
Cuando Dai llegó al aeropuerto, descubrió que su pasaje de avión había sido misteriosamente anulado, pese a que había llamado dos veces a la compañía para confirmarlo.
‘Intentaron por todos los medios impedir que viniera a Frankfut’, dijo Dai antes del congreso. ‘Si tienes un simposio internacional en Fráncfort, en el que el tema central es la literatura china, debería tratar de dar una voz a los autores chinos’.
‘Las autoridades deben dar una explicación clara de por qué no se me debe permitir expresar mis ideas’.
Los organizadores de la mayor feria literaria del mundo han recibido fuertes críticas de escritores y políticos. Sin embargo, el director de la feria defendió la decisión de retirar las invitaciones como un compromiso necesario.
‘China podrá salirse con la suya en el congreso’, ha declarado Juergen Boos, pero la feria anual seria otra historia. ‘El contenido no será supervisado’, ha dicho.
Es poco probable que esta aseveración convenza al autor Bei Ling, que cree que el asunto perjudica severamente a la credibilidad de la feria.
Bei fue arrestado en China en 2000 por ‘publicación ilegal’ pero fue liberado poco después, tras la intervención de Estados Unidos. Había planeado hablar de censura y autocensura en el simposio.
‘Creo que es una vergüenza que la Feria del Libro de Fráncfort no pueda decir ‘no’ o controlar eso’, declaró a la agencia dpa. ‘Este año han decidido que China sea el país invitado, así que tendrán que afrontar situaciones complicadas. Pero no pueden cambiar algunas reglas, como la libertad de expresión’.”
CUENTOS, NIÑOS Y CARTAS

1.
“El número de niños que mueren al año antes de su quinto cumpleaños ha bajado de nueve millones por primera vez desde que se guardan los registros, un significativo jalón en el esfuerzo global para mejorar las oportunidades de supervivencia de los niños, especialmente en el mundo en desarrollo, según datos de Unicef.
La mortalidad infantil ha bajado más de una cuarta parte en los dos últimos decenios –hasta 65 por 1000 nacidos vivos frente a los 90 de 1990- en gran medida por la amplia distribución de tecnologías relativamente baratas, como las vacunas contra el sarampión y las redes contra el mosquito de la malaria.
Otras prácticas sencillas han ayudado, dicen expertos en salud pública, como un aumento de la lactancia como único alimento durante los primeros seis meses de vida, que protege a los niños de la diarrea que produce el agua sucia.
Naciones ricas, agencias internacionales y filántropos como Bill y Melinda Gates han consagrado miles de millones de dólares al esfuerzo. También escolares y grupos religiosos han participado, pagando por redes de mosquitos y programas de alimentación.
Juntos, han ayudado a cortar el número de niños menores de cinco años que murieron el año pasado hasta 8,8 millones –la cifra más baja desde que empezaron los registros en 1960, según Unicef-, desde 12,5 millones en 1990.
“Son 10.000 niños menos que mueren al día” dijo la directora ejecutiva de Unicef, Ann M. Veneman.
Aun así, todavía falta mucho para alcanzar el objetivo que plantearon los líderes de 189 países en 2000: reducir la tasa de mortalidad infantil dos tercios en 2015. La neumonía y la diarrea, las dos causas principales de la mortalidad infantil, son todavía relativamente ignoradas, especialmente en comparación con la malaria y el sarampión.
2.
Jamie Tehranni ha investigado 35 versiones de Caperucita Roja. Cree que el cuento tiene más de 2.600 años. Las versiones son distintas en los diferentes países: en la India, hay un tigre en vez de un lobo; en Irán pasea un chico en vez de una chica.
3.
Dice James Wood en Letras libres:
“Hay una rama del posmodernismo que ha sido ciertamente influida por la teoría, los estudios culturales, los estudios sobre los medios de comunicación, y supongo que ahora está siendo influida por la neurociencia, la neuroestética y demás, que sugieren que el yo o la subjetividad (the self) es completamente incoherente, que no tenemos realmente yo, que estamos completamente mediados por discursos que no controlamos: publicidad, TV, la blogósfera; que somos prisioneros de impulsos biológicos y procesos que recién ahora empezamos a entender, etcétera. Escuchas a escritores decir esto muy a menudo. Me meto en peleas con escritores contemporáneos que dicen: “Me parece que eres tan antiguo que incluso crees que tenemos un yo.” Lo que eventualmente respondo es que esta es una ala del posmodernismo metafísicamente provinciana. Primero que nada, olvida que mucho de esto ha sido dicho ya cien años antes, en el modernism, y dicho de nuevo cincuenta años después, cuando empezó a transformarse en posmodernismo. Pero también –y aquí, supongo, me revelo de algún modo conservador– una de las razones que nos permiten leer estas novelas de 1900 o 1800 es que, más allá de las enormes diferencias, hay cosas que no cambian. El amor y el nacimiento y la muerte de La muerte de Iván Ilich, por ejemplo, todavía son cruciales para nosotros”.
4.
Marnia Larzeg ha publicado Questioning the Veil: Open Letters to Muslim Women [Cuestionando el velo: cartas abiertas a mujeres musulmanas]. Una reseña dice:
“Aunque irregular y con un conocimiento bastante débil del laicismo francés, el libro tiene gran mérito. Se toma en serio los argumentos que presentan los defensores del velo, tanto hombres como mujeres. Sus opiniones son variadas: que es una forma de modestia impuesta por el Corán y una expresión de piedad; que ofrece protección frente a la objetificación y el acoso en una sociedad consumista y permisiva; que es una declaración política y una reafirmación del Islam; que es una insignia orgullosa en un mundo islamófobo. Uno a uno, la autora separa y desinfla cada argumento, exponiendo la hipocresía y la contradicción, y apoyándose en los casos de las mujeres que ha entrevistado.
Sobre la modestia, por ejemplo, Lazreg señala que el Corán se puede leer de varias formas. A las mujeres se les dice que “pongan sus velos sobre su pecho para no revelar su adorno más que a sus maridos”, que “cubran su pecho con sus velos y no enseñen objetos preciosos” o que “pongan sus chales sobre los escotes de su ropa”. ¿Adorno y objetos preciosos significan realmente el pelo y la cara? ¿Por qué es cubrirse la cabeza, especialmente cuando lleva un maquillaje elaborado, más “modesto” y decoroso que el vestido moderno?
La autora no tiene paciencia con profesoras feministas de universidades occidentales que argumentan que el velo es una forma de incrementar el poder de las mujeres musulmanas, y que rechazan las acusaciones de opresión sexual como conceptos elitistas y occidentales. Esa apología, escribe Lazreg, “da buena conversación”, pero es simplista y peligrosa.
Intelectuales musulmanes, especialmente hombres, explotan esos argumentos para justificar ‘poner de nuevo el velo’ a jóvenes educadas que se sienten confusas sobre su identidad. Esfuerzos para presentar el velo como una herramienta para el apoderamiento, escribe ‘se apoyan en una dudosa concepción posmodernista del poder, según la cual cualquier cosa que una mujer decida hacer es liberador, siempre y cuando ella crea participar en alguna forma de resistencia o autoafirmación, da igual lo errónea que sea”.
5.
A S Byatt The Children’s Book (Random House, Chatto and Windus)
J M Coetzee Summertime (Random House, Harvill Secker)
Adam Foulds The Quickening Maze (Random House, Jonathan Cape)
Hilary Mantel Wolf Hall (HarperCollins, Fourth Estate)
Simon Mawer The Glass Room (Little, Brown)
Sarah Waters The Little Stranger (Little, Brown, Virago)
6.
Alice Munro, que este año ha ganado el bianual International Man Booker, ha publicado una nueva colección de relatos: Too Much Happiness.
REJAS

1.
Cuenta The Economist:
“Sri Lanka siempre fue un lugar duro para los gacetilleros, pero, en cualquier caso, 20 años de cárcel es una pena áspera para un periodista que hacía su trabajo. Es la sentencia que ha recibido esta semana J.S. Tissainayagam por terrorismo, después de criticar el tratamiento del ejército a tamiles civiles. El gobierno dice que avivó las tensiones étnicas con informaciones falsas; grupos de derechos humanos dicen que el estado está endureciendo un ambiente ya nefasto. Unos 14 periodistas han sido asesinados en Sri Lanka desde 2006.
En general, éste se está revelando como un mal año para los periodistas. Desde que el Comité para Proteger a Periodistas [Committee to Protect Journalists], un grupo con sede en Nueva York, empezó a hacer registros, nunca había habido tantos en la cárcel. De los 174 retenidos, algunos podrían quedar libres pronto; pero, como demuestra un endurecimiento en Irán, también hay peligro que se les unan otros.
De hecho, Irán es el principal responsable de esos datos horribles. Al menos 41 periodistas han sido detenidos allí desde la elección en junio. Algunos están ahora libres, pero se desconoce el paradero de otros.
Ahora Irán tiene en prisión al menos 27 periodistas, casi tantos como China (30) y más que Cuba (25). Una vez dentro (en Irán especialmente) las cosas pueden ir a peor. Omidreza Mirsayafi, un bloguero condenado a 30 meses por burlarse de los líderes iraníes, murió en marzo en la cárcel. La libertad de prensa también sufre ataques en Iraq.
Internet, que durante mucho tiempo se ha visto como una manera de eludir a los dictadores, también puede ser peligroso. Al menos 25 blogueros han sido arrestados este año. La represión del periodismo en internet se intensifica en Viena
China, Vietnam, Birmania e Irán, según Clothilde Le Coz de Reporteros sin Fronteras”.
2.
Harold Evans recuerda el asesinato sin resolver del corresponsal de The Times David Holden en El Cairo.
3.
Michael Moore predica con el ejemplo.
4.
Yale University Press ha editado The Cartoons That Shook the World, de Jytte Klausen, sobre la polémica de las caricaturas de Mahoma. Sin embargo, la editorial no ha querido publicar estas imágenes. (Aquí, más.)
En la imagen, Tissainayagam.
COLORES

1.
Christopher Hitchens escribe sobre el caso de Henry Louis Gates:
“Puedo ver fácilmente que un vecino negro llamara a la policía cuando vio al profesor Henry Louis Gates Jr. intentando abrir la puerta de su propia casa. Y también puedo visualizar a un policía negro violento o hipersensible respondiendo la llamada. Y también puedo ver cuánto tardaría en aclararse el malentendido. Pero Gates tiene una cojera que explica en parte su apodo infantil, y es educado y modesto en su comportamiento. Además, lo que le dijera al policía lo dijo en la intimidad de su propio hogar. Es extremadamente monstruoso que en esa casa fuera esposado, y después llevado al centro, después de que quedara claro que era el dueño. Sin duda, el presidente debía haber mantenido la boca cerrada sobre todo el asunto –es un oficial legal de máximo rango, con un deber de imparcialidad, no el microadministrador de nuestras disputas domésticas- pero cuando dijo que la conducta de la policía fue ‘estúpida’, debería haber seguido firme, sin prestar atención al arco iris de tonos que de manera patética y oportunista ha desplegado el Departamento de Policía de Cambridge. Es la Constitución de Estados Unidos, y no una aglomeración competitiva de comunidades y votantes, la que hace a un ciudadano soberano de su propia casa e intimidad. No hay absoluta ninguna obligación legal de ser educado en la defensa de ese derecho. Y esos derechos no se negocian con cerveza.
El color y la raza son segundas consideraciones en este caso, si son consideraciones en absoluto. Una vez me robó un hombre blanco en el Lower East Side of New York, y, cuando lo conté en comisaría, me mostraron un álbum entero de criminales negros. Lo absurdo del ejercicio no solo residía en la incapacidad de una fuerza semientrenada e inculta para creer lo que yo les contaba, sino en la certeza de que su estupidez ayudaba a que el culpable pudiera huir. El profesor Gates debería haberse apoyado en la Declaración de Derechos, y no en su epidermis o la del policía que lo arrestaba, y que él no tuviera la presencia de ánimo para hacerlo, no debería impedírnoslo a los demás”.
2.
Chavez prepara una ley para controlar a la prensa. Y anoche se conoció una disposición del Gobierno de cerrar 34 emisoras de radio.
3.
David Rothkopf ha escrito sobre 15 problemas de Oriente Medio que no se solucionarán con la deseable resolución del conflicto palestino-israelí, ni con el neceario cese de los asentamientos: desde las tensiones entre chiíes y suníes a los problemas ambientales, el poder talibán en Afganistán y Pakistán, la posible independencia de los kurdos en Iraq y Turquía, la sucesión en Etgipto, el sentimiento antioccidental o las tensiones entre Israel y sus vecinos. Y no costaría mucho pensar en otros: no habla de la situación de las mujeres o los homosexuales.
Tampoco lo hacía esta semana Mariam Abderraman Halil, directora de la Asociación de Desarrollo Familiar en Gaza, en una entrevista con Juan Miguel Muñoz sobre la guerra en la franja. Ella decía que el durísimo ataque israelí unió a la población, aunque hubo ataques y ejecuciones de miembros de Hamás a miembros de Al Fatah esos días (lo contó el propio Juan Miguel Muñoz, que llamaba quintacolumnistas a quienes los sufrían). También lo reconocía un poco después Mariam Abderraman Halil: “Estamos divididos entre quienes quieren rendirse a Israel y quienes no lo aceptaremos". Ella es simpatizante de Hamás, según la entrevista, y eché en falta que se le preguntase si pensaba los israelíes debían abandonar esa tierra o los judíos la Tierra, como dicen los estatutos de la organización.
Ben-Dror Yemini se pregunta cuántos civiles murieron en Gaza.
4.
James Campbell escribe sobre la influencia del editor Gordon Lish en el estilo de Raymond Carver.
5.
La traducción en Estados Unidos.
¿POR QUÉ EXISTE LA PAZ?

Steven Pinker escribe sobre la paz y la violencia:
“En el último siglo, imágenes violentas de los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, Camboya, Ruanda, Darfur, Iraq, y muchas otros tiempos y lugares han quedado inscritos en nuestra conciencia colectiva. Estas imágenes han llevado a una creencia común: que la tecnología, los estados nación centralizados y los valores modernos han traído una violencia sin precedentes.
Nuestros tiempos aparentemente turbulentos se presentan rutinariamente en contraste con imágenes idílicas de sociedades de cazadores-recolectores, que supuestamente vivían en un estado de armonía con la naturaleza y los demás. La doctrina del buen salvaje –la idea de que los humanos son pacíficos por naturaleza y se corrompen por la acción de las instituciones modernas- aparece con frecuencia en la escritura de intelectuales públicos como, por ejemplo, el filósofo español José Ortega y Gasset, que argumentaba que “la guerra no es un instinto, sino una invención”.
Pero ahora que los investigadores de ciencias sociales han empezado a contar cuerpos en distintos periodos históricos, han descubierto que la teoría romántica lo entiende todo al revés: lejos de volvernos más violentos, algo en la modernidad y sus instituciones culturales nos ha hecho menos violentos. En realidad, nuestros antepasados eran mucho más violentos que nosotros. De hecho, la violencia ha estado en declive durante largos periodos históricos, y ahora vivimos probablemente el momento más pacífico de nuestra especie sobre la tierra hasta ahora.
Una historia de violencia
En la década de Darfur e Iraq, esa afirmación puede parecer disparatada o incluso obscena. Pero si tenemos en cuenta las pruebas, vemos que el descenso de la violencia es un fenómeno fractal: vemos el descenso a lo largo de milenios, siglos, décadas y años. Cuando el arqueólogo Lawrence Keeley examinó las muertes violentas entre los cazadores-recolectores contemporáneos –la mejor manera de imaginar cómo vivía la gente hace 10.000 años- descubrió que la pobabilidad de que un hombre muriera a manos de otro estaba entre el 60 % en una tribu hasta el 15 % en el extremo más pacífico. En cambio, la posibilidad de que un europeo o un estadounidense fuera asesinado por otro fue de menos de 1 % durante el siglo XX, un periodo de tiempo que incluye dos guerras mundiales. Si la tasa de mortalidad de la guerra tribal hubiera prevalecido en el siglo XX, habría habido 2.000 millones de muertos en vez los ya de por sí bastante horribles 100 millones.
Los textos antiguos revelan una asombrosa falta de miramientos por la vida humana. En la Biblia, supuesta fuente de nuestros valores morales, Dios urge a los hebreos a masacrar al último residente de una ciudad invadida: “Id y destruid completamente a ese pueblo malvado, los amalecitas”, dice un pasaje típico del libro de Samuel. “Guerread con ellos hasta que los hayáis exterminado”. La Biblia también prescribe la lapidación para castigar una larga lista de infracciones no violentas, que incluye la idolatría, la blasfemia, la homosexualidad, el adulterio, faltar al respeto a los padres, y coger madera el Sabbath. Los hebreos, por supuesto, no eran más violentos que otras tribus; uno también encuentra frecuentes proclamaciones orgullosas del genocidio en las primeras historias de los hindúes, cristianos, musulmanes y chinos.
Pero desde la Edad Media a los tiempos modernos, podemos ver una constante reducción en formas socialmente sancionadas de violencia. Muchas historias convencionales revelan que la mutilación y la tortura eran formas habituales de castigar infracciones que hoy se sancionan con una multa. En la Europa anterior a la Ilustración, crímenes como robar en una tienda o bloquear el camino real con tu carro de bueyes podía costar que te cortaran la lengua o las manos, etcétera. Muchos de esos castigos se administraban públicamente, y la crueldad era una forma popular de entretenimiento.
También tenemos muy buenas estadísticas para la historia del asesinato de uno-a-uno, porque desde hace siglos los muchos ayuntamientos europeos han registrado causas mortales. Cuando el criminólogo Manuel Eisner examinó los registros de cada pueblo, ciudad, región y nación que pudo encontrar, descubrió que la tasa de homicidios había declinado de 100 muertes al año por cada 100.000 personas a menos de una muerte por 100.000 personas en la Europa moderna.
Y desde 1945 en Euopa y América hemos visto caídas en el número de muertes por guerras civiles, disturbios étnicos y golpes militares, incluso en Sudamérica. En el mundo, el número de muertes en batalla ha caído de 65.000 por conflicto y año a menos de 2.000 en esta década. Desde el final de la Guerra Fría a principios de los años 90, hemos visto menos guerras civiles, una reducción del 90 % en el número de muertes por genocidio, y una inversión del ascenso del crimen violento de la década de 1960.
Ante estos hechos, ¿por qué tanta gente imagina que vivimos en una era de violencia y asesinato? La primera razón, yo creo, es que estamos mejor informados. Como dijo una vez James Payne, la Associated Press es mejor cronista de las guerras que se producen por el mundo que los monjes del siglo XVI.
También está en marcha una ilusión cognitiva. Los psicólogos cognitivos saben que cuanto más fácil es recordar un acontecimiento, más probable es que creamos que volverá a ocurrir. Truculentas imágenes de zonas de guerra en televisión se graban con fuego en la memoria, pero nunca vemos informes de mucha más gente que se muere en la cama en la cama a avanzada edad. Y en los dominios de la opinión y la defensa, nadie ha atraído nunca a seguidores diciendo que las cosas parecen ir a mejor. Tomados juntos, esos factores ayudan a crear una atmósfera de terror en la mente contemporánea, que sin embargo no resiste la confrontación con la realidad.
Finalmente, está el hecho de que nuestro comportamiento a menudo no se alza a la altura de nuestras crecientes expectativas. En parte, la violencia ha caído porque la gente se hartó de la carnicería y la crueldad. Es un proceso psicológico que parece seguir continuando, pero va más rápido que los cambios en el comportamiento. Así que hoy algunos de nosotros nos indignamos –y con razón- si un asesino es ejecutado en Texas por inyección letal tras 15 años de apelaciones. No consideramos que hace unos 200 años una persona podía ser quemada en la hoguera por criticar al rey tras un juicio de 10 minutos. Deberíamos mirar la pena capital como una prueba de cómo han subido nuestros estándares, en vez una evidencia de lo bajo que han caído.
Expandiendo el círculo
¿Por qué ha disminuido la violencia? Los psicólogos sociales dicen que al menos el 80 % de la gente ha fantaseado con matar a alguien que no les gusta. Y los humanos modernos todavía encuentran placer en la observación de la violencia, a juzgar por la popularidad de la novela policíaca, los dramas de Shakespeare, las películas de la serie Saw, Grand Theft Auto, y el hockey.
Lo que ha cambiado, por supuesto, es la disposición de la gente a llevar a la realidad esas fantasías. El sociólogo Norbert Elias sugirió que la modernidad europea aceleró un “proceso civilizador” señalado por aumentos de autocontrol, planificación a largo plazo y la sensibilidad hacia las ideas y los sentimientos de los demás. Éstas son las funciones que la neurociencia cognitiva atribuye al córtex prefrontal. Pero esto sólo hace que nos preguntemos por qué los humanos han ejercitado cada vez más esa parte de su celebro. Nadie sabe por qué nuestro comportamiento ha ido a parar al control de los mejores ángeles de nuestra naturaleza, pero hay cuatro sugerencias posibles.
La primera es que el filósofo del siglo XVII Thomas Hobbes tenía razón. La vida en el estado de naturaleza es desagradable, brutal y corta, no por una sed primigenia de sangre, sino por la inevitable lógica de la anarquía. Y cualquier ser con un módico interés en sí mismo podría sentirse tentado de invadir a sus vecinos y robar sus recursos. El resultante miedo a una ataque podría tentar a los vecinos a golpear primero en una autodefensa preventiva, lo que haría que el primer grupo golpease preventivamente, etcétera. Este peligro puede disminuir por medio de una política de disuasión –no golpear primero, tomar represalias si te golpean-, pero, para garantizar su credibilidad, los grupos deben vengar todos los insultos y saldar todas las cuentas, lo que produce ciclos de vendetta sangrienta.
Un estado con el monopolio de la violencia puede evitar estas tragedias. Los estados pueden infligir castigos desinteresados que eliminan los incentivos de la agresión, calmando ansiedades por un ataque preventivo y eliminando la necesidad de mantener una tendencia excesivamente propensa a las represalias. En realidad, Manuel Eisner atribuye el descenso del homicidio en Europa a la transición de sociedades de caballeros y guerreros a los gobiernos centralizados del principio de la modernidad. Y, hoy, la violencia sigue siendo enconada en zonas de anarquía, como regiones fronterizas, estados fallidos, imperios caídos y territorios disputados por bandas, gángsters y contrabandistas.
James Payne sugiere otra posibilidad: que la variable crítica de la indulgencia de la violencia responde a la idea más amplia de que la vida es barata. Cuando el dolor y la muerte temprana son elementos cotidianos de la propia vida, uno siente menos reparo a la hora de aplicárselos a otros. Conforme la eficacia tecnológica y científica alargan y mejoran nuestras vidas, le damos más valor a la vida en general.
Una tercera teoría, defendida por el periodista Robert Wright, invoca la lógica de los juegos de suma cero: escenarios en los que dos agentes pueden salir adelante si cooperan, intercambiando bienes, dividiéndose el trabajo o compartiendo los beneficios de la paz. Cuando la gente aprende conocimientos que puede compartir de forma barata con otros, a desarrollar tecnologías que les permiten gastar sus bienes e ideas sobre territorios mayores con un coste más bajo, su incentivo para cooperar de manera constante aumenta, porque los demás son ahora más valiosos vivos que muertos.
Después está el escenario dibujado por el filósofo Peter Singer. La evolución, sugiere, legó a la gente un pequeño elemento de empatía, que por defecto sólo aplican a un círculo reducido de amigos y parientes. A lo largo de milenios, los círculos morales de la gente se han extendido para abarcar comunidades cada vez más grandes: el clan, la tribu, la nación, los dos sexos, otras razas, e incluso animales. El círculo puede haber crecido por crecientes redes de reciprocidad, como propone Wright, pero también por la inexorable lógica de la regla dorada: cuanto más sabe uno de otros seres vivos, más duro es privilegiar el interés propio sobre el suyo. El ascensor de empatía puede aumentar gracias al cosmopolitismo, el periodismo, la autobiografía, y la ficción realista que hace que la vida interior de otra gente, y la precariedad de la suerte de uno mismo en la vida, resulte más palpable: la sensación de “ese podría ser yo”.
Sean cuales sean sus causas, el descenso de la violencia tiene profundas implicaciones. No es una licencia para ser complacientes. Disfrutamos la paz que encontramos hoy porque a las generaciones pasadas les horrorizaba la violencia de su tiempo e intentaron acabar con ella, y nosotros deberíamos trabajar para terminar con la horrible violencia de nuestro tiempo. Tampoco es necesariamente una razón para ser optimista sobre el futuro inmediato, ya que el mundo nunca había tenido líderes nacionales que combinasen sensibilidades premodernas con armas modernas.
Pero el fenómeno nos obliga a pensar de nuevo nuestra idea de la violencia. La falta de humanidad del hombre hacia el hombre ha sido durante mucho tiempo un asunto que se prestaba a la moralización. Sabiendo que algo la ha rebajado dramáticamente, también podríamos tratarlo como un asunto de causa y efecto. En vez de preguntar: “¿Por qué existe la guerra?”, podríamos preguntar “¿Por qué existe la paz?”. Si nuestro comportamiento ha mejorado tanto desde los días de la Biblia, debemos estar haciendo algo bien. Y sería agradable saber qué es exactamente”.
HITCHENS: LA RELIGIÓN Y OBAMA

Christopher Hitchens ha escrito:
“Hay una conexión fascinante entre lo que dijo el presidente Barack Obama sobre los velos para las mujeres en su discurso del 4 de junio en El Cairo y el debate sobre los detenidos liberados de Guantánamo que se han encontrado, o encontrado de nuevo, en las filas de los Talibanes y Al-Quaeda. No intentes adivinarla, sigue leyendo, por favor.
Desde que el anterior vicepresidente Dick Cheney sacó el máximo provecho del titular del New York Times del 21 de mayo, utilizando las estadísticas del Departamento de Defensa para sugerir que uno de cada siete graduados de Guantánamo había ‘regresado al terrorismo o la actividad militante’, ha habido una gran discusión sobre si eso es cierto y por qué. ¿Podría ser, por ejemplo, que un inocente que ha pasado por la experiencia de Guantánamo se ‘radicaliza’ y decida unirse a las filas de la yihad por primera vez?
Esta explicación es sin duda inválida para varios de los reincidentes que han sido positivamente identificados: conocemos el pasado y el presente de algunos de esos personajes. En mi propia visita a Guantánamo, me dieron una lista –que sólo contenía 11 nombres, eso sí- de ex militantes talibanes como Abdullah Mehsud, detenido en febrero de 2002 y liberado en marzo de 2004, que más tarde prefirió matarse antes que rendirse a las fuerzas de seguridad pakistaníes. Si es una ofensa para la justicia encerrar a gente que ha podido ser víctima de identificaciones erróneas o vendettas de otras facciones, también es una ofensa para la justicia liberar a asesinos psicópatas que creen que tienen permiso divino para arrojar ácido en las caras de las chicas que quieren ir a la escuela.
Sin embargo, si pensamos que sería posible o probable que un hombre mutase en ese monstruo tras vivir la experiencia de Guantánamo, puedo sugerir una razón. Nada me había preparado para ver cómo las autoridades del campo han permitido que los creyentes más extremos de entre los detenidos fueran los organizadores de la rutina diaria de los prisioneros. Imagina que fueras una persona secular o no fanática, atrapado por error en esa red; aún así, estarías obligado a rezar cinco veces al día (a los guardas no les está permitido interrumpir), a tener un Corán en tu celda, y comer comida preparada según las normas del halal (o sharia). Supongo que podrías pedir abstenerte, pero, en ese caso, no apostaría mucho por tus posibilidades. Los oficiales a cargo estaban tan contentos por esta habilidad para mostrar su extrema amplitud de miras en lo que respecta al Islam que parecían casi heridos cuando les pregunté cómo justificaban el uso del dinero de los contribuyentes para crear una institución dedicada a la práctica ferviente de la versión más extrema de una sola religión. A la enorme lista de razones para cerrar Guantánamo, añade esta: es una madrasa pagada con dinero público.
La misma quasi-masoquista insistencia en tomar la norma como extremo estaba presente en el discurso que pronunció tan suavemente Obama en la capital egipcia. Parte de lo que dijo era bienintencionado y desinformado. Estados Unidos no debería haber derrocado el gobierno electo de Irán en 1953, pero cuando lo hizo, usó mulás y ayatolás sobornados para agitar el sentimiento anticomunista contra un régimen secular. El tratado de Trípoli de 1796 de la administración de John Adams proclamó que Estados Unidos no tenía ningún problema con el Islam como tal (y, aún más importante, que Estados Unidos no era en sí una nación cristiana), pero el tratado no logró que los estados del norte de África invocaran el permiso del Corán para secuestrar y esclavizar a esclavos en alta mar, y por eso Thomas Jefferson se vio más tarde obligado a mandar una flota y los marinos para derribar el comercio. Uno espera que Obama no prefiera a Adams frente a Jefferson en este aspecto.
Cualquier persona con la menor pretensión de conocimiento cultural sabe que no hay un lugar o una cosa que sea ‘el mundo musulmán’ o, más bien, que consiste de muchos lugares y cosas. (El objetivo de los yihadistas es precisamente ponerlo todo bajo un mando preparatorio antes de hacer del Islam la única religión mundial.) Pero Obama no dijo nada sobre el cisma entre los suníes y los chiíes, o sobre el debate del sufismo, o sobre las formas de adoración y práctica ahmadíes e ismaelíes. Todo se concedía a la umma: la noción altamente ideológica de que una persona se define en primer lugar y sobre todo por su adherencia a una religión y que todos los conceptos de ciudadanía y derechos toman una segunda posición con respecto a este dictado teocrático. Nada puede ser más reaccionario.
Toma el único caso en el que nuestro presidente abordó el hecho más conocido del ‘mundo’ islámico: su tendencia a convertir a las mujeres en ciudadanas de segunda categoría. ¡Mencionó esto sólo para decir que ‘los países occidentales’ discriminan a las mujeres musulmanas! ¿Y cómo se impone esta discriminación? Limitando el uso del velo o hiyab (una palabra que Obama pronunció como hayib –imagina el escándalo si lo hubiera hecho Bush). La implicación evidente era un ataque a la ley francesa que prohíbe los símbolos religiosos en escuelas públicas. De hecho, al día siguiente Obama lo expresó de forma aún más explícita en París. Cito un excelente comentario de Karina Bennoune, una profesora de origen argelino-estadounidense, visitante en la Facultad de Leyes de la Universidad de Michigan, que dice:
Acabo de publicar un estudio entre mucha gente de origen musulmán, árabe y norteafricano que apoya la ley de 2004 que prohíbe los símbolos religiosos en escuelas públicas, que consideran un despliegue necesario de la ‘ley de la República’ para contrarrestar la ‘ley de lo hermanos’, una regla informal impuesta antidemocráticamente sobre muchas mujeres y chicas en barrios y en casa por los fundamentalistas.
(Pincha aquí para conocer más trabajos de Bennoune.)
Pero Obama no tenía nada que decir a las mujeres obligadas a vestir según los requisitos de otros, como si el único ‘derecho’ aquí fuera el derecho a obedecer una instrucción que, de hecho, por si importase, no está en el Corán. En Turquía el velo está fuera de la ley en algunos contextos. ¿Eso es también islamofobia? ¿El presidente cree que el velo y el burqa son complementos de moda que se eligen libremente? Esa clase de ingenuidad es preocupante, y significa que entre la audiencia musulmana global, la gente equivocada se estaba riendo de nosotros, y los que deberían ser nuestros amigos y aliados dejaban escapar una lágrima de decepción.”
En la imagen, Hitchens.
SOCIEDAD

1.
Un perfil de la estupenda traductora Anne McLean, que ha traducido Enterrar a los muertos, Soldados de Salamina y La velocidad de la luz.
Dos libros traducidos por Anne McLean, Los informantes de Juan Gabriel Vásquez y Los ejércitos de Evelio Rosero, son finalistas del Premio Independent al mejor libro de ficción extranjero.
Dice Javier Cercas: “Anne es lo mejor que puede sucedernos en Inglaterra a los que escribimos en español”
2.
Nuria Amat, Carme Riera, Flavia Company y Mercedes Abad hablan de escritoras y el mundo literario en la revista Yo Dona.
Mercedes Abad opina que “no hay ningún aspecto en el proceso editorial en el que se nos haga menos caso que los hombres” y “hay tantas mujeres a quienes no se les presta atención como varones”. Pero, según Nuria Amat, no es así, entre otras razones porque “los escritores [hombres] se citan entre ellos, se apoyan y se respaldan”. Pese a que “hay mujeres que escriben mucho mejor que los hombres, sólo se hace caso a una autora si carece de ambición literaria. Entonces sí que se la ensalza”.
Quizá por eso Amat reivindica a ambiciosas desconocidas como Virginia Wolf, Gertrude Stein o ella misma:
A gente como Faulkner, Proust o Beckett se les permitió tener un lenguaje y un pensamiento propio y difícil, pero a ninguna mujer le ha sucedido lo mismo. Quiero decir que todo el mundo califica como genio a Proust, pero a Virginia Woolf o Gertrude Stein, no. Ellas, como nosotras, siempre estarán en el segundo escalón.
Flavia Company se niega a que su literatura se perciba desde el punto de vista del género, pero dice:
Me pareció muy significativo que la sociedad más racista del planeta, que es la estadounidense, prefiera como presidente a Barack Obama, un afroamericano, antes que a una mujer, su oponente entre los demócratas.
Carme Riera se muestra expectante:
No creo que tarden en aparecer las primeras novelas donde se perciba el avance de la mujer en nuestra sociedad.
3.
Juan Luis Cebrián reflexiona mientras visita el Elíseo para entrevistar, aparentemente, a Sarkozy:
Cuando entrevisté a Giscard D’Estaing en el Elíseo, contestaba a mis preguntas posando su mirada en el horizonte, pues no me hablaba a mí, ni a los lectores de EL PAÍS, lo hacía para la Historia con mayúsculas.
Y ahora, en cambio:
Nicolas Sarkozy se remueve una vez más en la silla cuando le reitero la pregunta, salta como impulsado por un resorte mientras le aclaro que no me interesa el ridículo debate sobre sus supuestas y archidesmentidas declaraciones en torno a Zapatero.
Aunque es llamativo que Cebrián se considere el protagonista de la entrevista, lo más curioso es cuando se convierte en oráculo:
Mérito, seguridad y orden parecen estar en la base de la incorporación de antiguos y respetados socialistas a la gobernación del país. ¿Está recorriendo éste el camino inverso al de la Transición española, cuando un grupo de falangistas se convirtió en artífice de la democracia? A lo mejor, como algunos dicen, es precisa una ética de la traición, o va a resultar verdad que la política es un oficio de idiotas desempeñado por inteligentes. ¿Qué tiene que ver la inteligencia con la política?
O reflexiona sobre la condición humana:
El vulgo supone que la mentira es connatural a los políticos, que no se puede hacer política sin mentir. En realidad me parece que la mentira es consustancial al ser humano, pero esto es una reflexión exclusivamente mía, y gracias a que mentimos somos capaces de soportarnos y convivir en sociedad.
4.
El País también le ha pasado un cuestionario al presidente francés, que para justificar su peligroso censo étnico se apoya en Lévi-Strauss:
Claude Lévi-Strauss, el más grande antropólogo del mundo, lo explicó bien a las claras. Los pueblos primitivos no son la infancia de la Humanidad, tienen una identidad propia, terminada, completa. La identidad no es una patología. Sin identidad no hay diversidad.
Como explica Juan José Sebreli en El olvido de la razón, Lévi-Strauss mezcló el concepto de “raza” con el de “cultura”:
Las formas de la cultura… determinan en gran medida el ritmo de la evolución humana… y de su orientación… Lejos de preguntarse si la cultura es o no función de la raza, descubrimos que la raza o lo que se entienden generalmente por ese término es una función, entre otras, de la cultura.
“El más grande antropólogo del mundo” también ha manifestado su añoranza de la pureza que, según él, perdieron los humanos con la alfabetización:
No queremos hacer una paradoja y definir en forma negativa la inmensa revolución introducida por la invención de la escritura. Pero es indispensable darse cuenta de que ella le ha quitado a la humanidad algo de esencial, al mismo tiempo que ha aportado tantos beneficios.
Juan José Sebreli escribe: “si la cultura conformaba al hombre, y la raza, según Lévi Strauss, era una de las funciones de la cultura, ergo la raza seguía determinando, en cierta medida, a los hombres y a los pueblos”,
Sebreli cita estas palabras de Pierre-André Taguieff:
El etnólogo [Lévi-Strauss], al naturalizar las actitudes e inclinaciones colectivas como el encierro en sí mismo, la autopreferencia y la oposición a los demás, proporciona un fundamento legítimo al etnocentrismo y a la xenofobia.
5.
Miguel Ángel Berna se siente identificado con Francisco de Goya:
Yo también soy un rebelde en medio de una sociedad muerta, obsoleta, anticuada. No me rindo. Sigo mirando hacia adelante, aunque cuando me gire no vea nada.
Espero que no se choque.
PAUL BERMAN

En una entrevista sobre Gaza Paul Berman ataca los asentimientos judíos en territorio palestino y defiende la labor de los grupos en defensa de los derechos humanos. También dice:
“Forma parte de la naturaleza humana creer que un movimiento político como Hamás es débil –o que si es fuerte, su lenguaje más salvaje es mera fanfarronada, y no hay que tomarlo en serio.
En la década de 1930, la gente asumía que, una vez que los nazis hubieran alcanzado una posición de responsabilidad por el bien de Alemania, dejarían de decir cosas alocadas y lo pensarían dos veces antes de poner en acción sus programas. Se suponía que el poder calmaría a los nazis. Pero quizás hay algo en esas ideologías de odio grupal que hace que resulte difícil que se calmen.
De nuevo, creo que hay cierto número de gente que no ve nada especialmente loco u odioso en los argumentos y fines de Hamás. Ven elementos bastante razonables, incluso aunque la forma de expresarlos parezca un poco grosera. No se debería matar a los judíos, eso es algo en lo que está de acuerdo toda la gente razonable; pero (por repetir un argumento muy popular) tampoco los judíos tienen un derecho a defenderse. Los protocolos de los Sabios de Sión no son un documento sofisticado, pero el libro de Walt y Mearsheimer El lobby israelí es (para algunos) un documento sofisticado. Y el documento sofisticado hace que parezca que el otro tiene algo de razón. Al razonar de esta manera, la gente termina concluyendo que las doctrinas de Hamás tienen algo de verdad –algo que cree bastante gente. Pero eligen no decirlo porque no quieren parecer poco sofisticados o groseros.
De todas formas, la historia no carece de genocidios, y tenemos que asumir que mucha gente ha pensado que, por una razón o por otra, el genocidio es una buena idea. La gente que piensa así no sólo son los fanáticos que toman parte en las masacres, sino también un público más amplio que mira desde los lados sin protestar, que a veces incluso aplaude.
Durante el conflicto de Gaza, hubo muchas protestas contra Israel en las que Israel era demonizado rutinariamente como un estado nazi, o en el que se practicaba el apartheid. ¿Por qué tantos activistas, sobre todo de izquierdas, demonizan Israel? ¿Es un signo de antisemitismo?
Como dijo Irving Howe, ‘No hay un corazón tan caliente que no tenga un punto frío para los judíos’. Nos gusta pensar en el odio a los judíos como un sentimiento bajo y vil, que alberga gente desagradable e ignorante, que grita su propio odio. Pero normalmente no es así. El odio por los judíos ha tomado normalmente la forma de un sentimiento elevado, en vez de uno bajo, un sentimiento noble que abraza gente que cree que defiende las visiones más morales más elevadas y admirables.
En la Edad Media, los cristianos sentían que mantenían los principios de la redención universal, y consideraban a los judíos una gente terrible porque rechazaban la palabra de Dios: insistían en ser judíos. Así que los sentimientos religiosos más elevados impulsaban el odio a los judíos.
En el siglo XVIII, los filósofos de la Ilustración se consideraban la forma más elevada del pensamiento, la más verdadera guía para la justicia y felicidad universales. Esos filósofos detestaban el cristianismo porque era una fuente de superstición y opresión. Pero esto les hacía despreciar aún más a los judíos: ya no porque los judíos hubieran rechazado el mensaje del cristianismo, sino porque lo habían engendrado. E insistían en seguir siendo judíos, en lugar de repudiar la religión.
Las guerras de religión causaron todo tipo de daños en Europa. Pero el tratado de Westfalia en 1648 puso fin a las guerras de religión estableciendo un sistema de estados con fronteras reconocidas, cada estado con su propia religión. El nuevo sistema de Westfalia encarnaba otro ideal elevado: la mayor garantía de paz y justicia universales. Pero los judíos estaban esparcidos por Europa, en vez de reunidos en un solo estado. El nuevo sistema de estados debía ser un zapato cómodo, y los judíos eran una piedra. Y siguieron insistiendo en ser judíos, en vez de desaparecer amablemente. Así que se odiaba a los judíos por no encajar en el nuevo sistema de estados.
Hoy hemos llegado a otra idea sobre cómo llegar a una justicia y paz universales, la idea más elevada y avanzada de nuestro tiempo. En lugar de buscar estados bien establecidos con fronteras sólidas que mantengan la paz, al estilo Westfalia, vemos los estados como formas de opresión y guerra. La opinión elevada pide sistemas políticos post-estatales, como la Unión Europea. Desgraciadamente, ahora los judíos poseen un estado. Uno detesta a los judíos en nombre de la opinión elevada, ya no porque carezcan de estado sino porque tienen uno. Parecen muy interesados en mantenerlo. Y de nuevo los judíos parecen afirmar un principio que la gente avanzada solía defender pero que ahora parece anticuado.
A finales del siglo XIX y a principios del XX la gente con ideas avanzadas empezó a ver el odio cristiano a los judíos como un prejuicio retrógrado, y los pensadores avanzados abrazaron la pseudociencia del racismo. Ya no odiaban a los judíos por motivos religiosos, sino raciales. La palabra ‘racismo’ se aplicaba al principio al odio de los judíos. Hoy, en cambio, el racismo parece una forma de prejuicio retrógrado. Y la gente con ideas avanzadas odia a los judíos con motivos antirracistas, y los considera los principales racistas del mundo.
Y etcétara. La asunción táctia es siempre la misma. O sea: el sistema universal para la felicidad del hombre ya ha llegado (el cristianismo, el anticristianismo de la Ilustración, el sistema de estados de Westfalia, o el sistema postmoderno de las instituciones internacionales, la teoría racial, o la teoría antirracista en cierta interpretación). Y ese sistema universal para la felicidad del hombre ya habría alcanzado la perfección… de no ser por los judíos. Los judíos siempre están en medio. Cuanto más alta es la opinión que uno tiene de sí mismo, más detesta a los judíos.
La izquierda política siempre ha sido ambigua en este asunto. Una oposición al antisemitismo (y a todo tipo de intolerancia) solía ser uno de los pilares de la izquierda moderna. Pero la izquierda siempre ha descansado en más de un pilar, y algunos son algo tambaleantes. Y está el concepto de la izquierda que dice que, por fin, el sistema para la justicia y la paz universales ha sido descubierto, y todos los pensadores avanzados deberían abrazarlos. Por ejemplo, la abolición cosmopolita de los estados. Y van los judíos y se resisten. En pocas palabras, nada lleva más rápido al desdén de los judíos que un sentimiento de nobleza petulante.
Sin duda, el desdén elevado llega en versiones diferentes. En esta respetable versión, el desdén adopta una posición de cara larga porque Israel sea un lugar tan digno de reproches, por ser racista, por perpetuar la religión, por ser un ejemplo del imperialismo europeo. Uno sacude la cabeza con tristeza porque los israelíes sean como son.
Pero el desdén toma otra forma, también, más cruda, aunque sigue más o menos la primera versión. En esta versión más cruda, no sólo se lamenta que los judíos sean retrógrados. Es peor: los judíos han hecho algo verdaderamente terrible. Al formar su estado y defenderlo, se han opuesto activamente al principio de la justicia y la felicidad universal –el principio que decreta que un pueblo como los judíos no debería tener un estado. De ahí las comparaciones con el apartheid, y, más radicalmente y estos días más típicamente, con los nazis. La comparación con los nazis empezó en los 70 en Europa occidental y en el mundo árabe, y ahora está más o menos dondequiera que mires.
Es una comparación extraordinaria en todo tipo de formas, pero señalaré un solo aspecto. Generalmente, se considera a los nazis como el peor y más malvado movimiento político de la historia, un movimiento político que no sólo cometía crímenes sino que defendía los principios del crimen. Al comparar Israel con los nazis, la gente quiere sugerir que Israel es una de las peores y más malvadas instituciones que pueden existir. Una acusación de dimensiones cósmicas. Y la acusación tiene todo el sentido, si recuerdas la idea venerable que sostiene que los judíos son un obstáculo para que la humanidad alcance un sistema perfecto de justicia y felicidad universales.
Desde el punto de vista de esta idea venerable, los problemas de Israel con sus fronteras y sus vecinos no se parecen a las dificultades que otros estados tienen con sus fronteras y sus vecinos. No tiene sentido hacer comparaciones estadísticas –comparaciones que muestren cuánta gente ha muerto en las guerras de Israel, cuánta gente ha sido desplazada de sus hogares por Israel, comparada con la cantidad de gente muerta o desplazada por otras guerras y estados del mundo. Las estadísticas, si las miraras, reflejarían que Israel es un lugar pequeño, que sus fronteras no son muy grandes, y que sus guerras y desastres no han sido de los mayores que han ocurrido en los últimos sesenta años, ni siquiera en los últimos seis años.
Pero las estadísticas, como digo, son irrelevantes, dada la peculiar luz filosófica que la gente proyecta sobre Israel. La lucha de Israel se enfrenta al principio de justicia y felicidad universal, tal y como la gente lo imagina, al margen de cómo lo haga. Otros países cometen crímenes relativos, que pueden medirse y compararse Al final, es la gran acusación contra los judíos, en versiones siempre nuevas: los judíos son el enemigo cósmico del bien universal.
He tomado la imagen de Tel Aviv aquí.

















