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Daniel Gascón

DEBATE

DEBATE

He visto el largo debate (aquí , una transcripción exhaustiva) entre Segolène Royal y Nicolas Sarkozy. Se sabían los argumentos de los dos candidatos. Sarkozy propone la reducción del gasto público, defiende el trabajo, la propiedad y la posibilidad de hacer horas extras y la vuelta a una cultura del esfuerzo y del mérito en la escuela y en el mundo laboral.

Apoya la energía nuclear, que según él asegura la independencia energética de Francia, pero también las energías alternativas; quiere aumentar la capacidad adquisitiva de los ciudadanos. Se opone a "la igualación por abajo" y se propone como un candidato de la acción, que afirma que "la fatalidad no existe" en un país donde el 75% de los jóvenes quieren ser funcionarios.

Algunas de las posiciones de Sarkozy son liberales –quiere eliminar el impuesto de sucesión-, otras son nacionalistas y proteccionistas -propone gravar algunos productos extranjeros- y resultan algo más inquietantes.

Royal se ha mostrado más agresiva, y ha acusado a Sarkozy de “inmoralidad política”. Reprochaba que Sarkozy no haya hecho en el Gobierno las reformas que proponía, y no apoyaba las horas extras: creía que perjudican la creación de empleo. Hacía guiños al voto joven, y ha nombrado en varias ocasiones el modelo escandinavo. Aunque se ha hablado de Blair y de Zapatero y se ha debatido sobre la Unión Europea y Turquía, el debate era sobre todo nacional, sobre el modelo de estado: sorprendía la falta de alusiones al terrorismo. Royal con su hostilidad y vehemencia, y Sarkozy, con un tono algo más irónico y condescendiente, intentaban sacarse de quicio el uno al otro. No hacían mucho caso a las preguntas de los periodistas, aunque Sarkozy los miraba más.

Pese a su energía, Royal no ha mostrado muchos argumentos que sustentaran sus ideas: le preocupaba más señalar los fallos de su adversario (a veces con éxito) que explicar cómo iba a realizar o financiar sus proyectos. Si Sarkozy se mostraba contrario a la integración de Turquía en Europa, ella decía que estaba en pausa, y que no se podía hablar así de un asunto tan serio. Tampoco se ha querido pronunciar sobre la inmigración y las regularizaciones, después de que los dos candidatos intentaran sacarse los colores el uno al otro (él, porque ella había hablado de conceder los papeles a los abuelos de niños escolarizados en Francia; ella, porque él había hablado de dárselos a las extranjeras maltratadas). Aunque el gasto público en Francia es del 45 % (las ayudas suman un 15 % más) Royal no cree que haya demasiados funcionarios en Francia. Al principio ha propuesto que haya funcionarios que acompañen a las trabajadoras públicas cuando vuelven tarde a casa, para evitar que sean violadas.

Royal habla de un estado fuerte, de asistencia y becas, y tiene un aire inconcreto de cambio. Lo peor que tiene es el chantaje, que se designe representante de todas las mujeres y criminalice a quienes la critican. En las conclusiones ha dicho: “Quiero dirigirme a los que todavía dudan. Quiero pedirles que elijan la audacia y el futuro. Sé que, para algunos de ellos, resulta difícil que una mujer asuma las responsabilidades más altas. Otras lo hacen a escala planetaria; ahí está Ángela Merkel”. Y más tarde, ha dado este argumento político: “Je suis une mère de famille de quatre enfants”.

La foto es de Libération.

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2 comentarios

Carlos Atanes -

No he visto el debate, pero me ha llamado mucho la atención lo de acompañar a las funcionarias a casa. ¿Dijo si los acompañantes iban a ser, a su vez, funcionarios o funcionarias? Si son funcionarios, las funcionarias deberán salir antes de trabajar o los funcionarios que las acompañen deberán cobrar horas extra. Si las acompañantes son funcionarias, ¿quién las acompañará a sus casas cuando hayan dejado a las acompañadas en las suyas?
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Ana -

¡Genial artículo!

Me soprende cómo nos tomamos con más interés (al menos yo), las presidenciales francesas que las próximas municipales españolas :).

Aunque siempre sea tedioso escuchar a los candidatos, al menos en este caso practicamos idiomas.

Creo que Segolène abusa en su afán por captar la benevolencia del auditorio... en fin, ella verá, y nosotros, el domingo.

Eché de menos en Royal la estudiada serenidad de Sarkozy.
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