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Daniel Gascón

LOS AÑOS DE LA FETUA

LOS AÑOS DE LA FETUA

‘Joseph Anton’ (Mondadori, 2012) es la historia de un secuestro. En 1989, Salman Rushdie tenía 41 años, acababa de publicar ‘Los versos satánicos’, estaba casado con la novelista Marianne Wiggins y tenía un hijo de un matrimonio anterior. Había nacido en Bombay en una familia musulmana poco religiosa, había estudiado y vivía en el Reino Unido, y había tenido éxito con dos novelas: ‘Hijos de la medianoche’, sobre su país natal, y ‘Vergüenza’, donde hablaba de Pakistán, el país al que se mudó su familia. Aunque trataba de la novedad y la inmigración, ‘Los versos satánicos’ incluía una secuencia onírica basada en una leyenda de los orígenes del islam e irritó a congregaciones musulmanas de diferentes países. La mayoría de esas personas no habían leído la novela. Entre ellas se encontraba el ayatolá Jomeini, líder supremo de la República Islámica de Irán, que necesitaba enardecer a las masas tras la guerra con Iraq y emitió una fetua que condenaba a muerte al novelista. A partir de ese momento y durante una década, Rushdie vivió en la clandestinidad. Cuatro agentes de policía debían vivir en su casa, se trasladó constantemente de un domicilio a otro durante años, no podía aparecer en público, tuvo que adoptar un nombre falso –Joseph Anton, por dos de sus escritores favoritos: Conrad y Chéjov– y esconderse cuando iban a limpiar el lugar donde vivía.

‘Joseph Anton’ es la crónica íntima y minuciosa de esa pesadilla. Si, desgraciadamente, los últimos 25 años han hecho que nos acostumbremos a la persecución de artistas por motivos religiosos, el libro reconstruye el asombro ante la aberración original: el líder de una potencia extranjera condenaba a muerte a un ciudadano británico por publicar una obra de ficción. Rushdie describe su sensación de soledad, sus esfuerzos para escribir y continuar su vida, desde sus matrimonios y sus divorcios a la educación de su hijo mayor. Además de la amenaza del terrorismo internacional, Rushdie –que reflexiona varias veces sobre Manuel Cortés, el alcalde republicano confinado en su casa desde 1939 hasta 1969– tenía que enfrentarse a otras fuerzas. A algunos conservadores británicos les divertía que un novelista de izquierdas, crítico con el gobierno y el pasado colonial, tuviera que ser protegido por el Reino Unido. A otros les indignaba que se le brindase esa protección. Muchos líderes religiosos condenaron el libro. Parte de la izquierda, presa del relativismo cultural, parecía confusa e incapaz de distinguir un inequívoco asalto a los principios de la Ilustración. Otros hacían a Rushdie responsable de lo que les ocurriera a él y a las personas relacionadas con el libro. Y, aunque el autor habla con afecto de los policías, debió negociar con sus superiores, a veces hostiles, para obtener cierta autonomía (por ejemplo, asistir a una presentación de su libro), y sufrió duras críticas de la prensa sensacionalista.

A veces angustioso, pero nunca falto de humor, ‘Joseph Anton’ es un reconocimiento a las personas que combatieron al lado de Rushdie en una larga batalla contra el oscurantismo y a favor de la libertad de expresión, que lucharon para que ‘Los versos satánicos’ saliera en rústica, que presionaron a los gobiernos y escribieron sobre la novela como una obra de arte: los agentes Andrew Wylie y Gillon Aitken, y buena parte del mundo literario, desde Susan Sontag a Martin Amis, Günther Grass, Christopher Hitchens o Vargas Llosa, pasando por los cien escritores de países musulmanes que participaron en el volumen Pour Rushdie. No era un acto gratuito: el traductor japonés del libro fue asesinado y el traductor italiano estuvo a punto de morir. Nygaard, el editor noruego, recibió tres disparos. (Cuando Rushdie le llamó al hospital, Nygaard  le anunció que iba a reeditar el libro.) Habla también de quienes se pusieron del otro lado, como Berger y Le Carré. La autobiografía muestra el mundo incierto del espionaje y la diplomacia y retrata a políticos como Thatcher, Havel (uno de los primeros en apoyar a Rushdie), Mary Robinson (la primera jefa de Estado en recibirlo), Clinton (que prestó un apoyo dubitativo pero decisivo) o Blair (cuyo gobierno fue clave para que Rushdie recobrara su libertad).

Tras el caso Rushdie, el miedo se instaló en el mundo cultural: esa es otra de las razones por las que ‘Joseph Anton’ es un libro importante y lleno de lecciones fundamentales. En 1990, cuando esperaba una revocación de la condena que finalmente no se produjo (de hecho, aunque en 1998 Irán dijo que no ejecutaría la sentencia, la fetua no se ha anulado), Rushdie pidió disculpas. Más tarde se arrepintió de ese momento. Se dio cuenta de que “necesitaba expresar con claridad qué era aquello por lo que luchaba: la libertad de expresión, la libertad de la imaginación, la vida sin miedo y el hermoso y antiguo arte que tenía el privilegio de ejercer. Y también el escepticismo, la irreverencia, la duda, la sátira, la comedia y el regocijo profano”.

‘Joseph Anton’. Salman Rushdie. Mondadori, Barcelona, 2012. Traducción de Carlos Milla Soler. 686 páginas.

Foto de Aloma Rodríguez. Esta reseña ha salido en ’Artes & Letras’ de ’Heraldo de Aragón’.

LOS DIOSES TAMBIÉN RÍEN

Humor, religión y libertad de expresión: en el blog de Letras Libres.

SU PEOR ENEMIGO

El gobierno, los medios y RTVE, en el blog de Letras Libres.

MINEROS

Sobre los mineros y los reaccionarios, en el blog de Letras Libres.

PALABRAS DE LA CRISIS

En el número de julio de Letras Libres.

LA NEOLENGUA

Sobre el "aragonés oriental", el artista antes conocido como "catalán", en Heraldo.

ABISMOS

Sobre La tejedora de sombras, en el número de junio de Letras Libres.

LAS PASIONES INTELECTUALES

Tony Judt murió en 2010 a causa de una esclerosis lateral amiotrófica. La enfermedad, diagnosticada dos años antes, le había paralizado de cuello para abajo. Desde 2009, su amigo Timothy Snyder, especialista en la historia de Europa del Este y autor del admirable ‘Tierras de sangre: Europa entre Hitler y Stalin’ (Galaxia Gutenberg, 2011), visitaba la casa de Juddt para charlar una vez por semana. ‘Pensar el siglo XX’ (Taurus, 2012) es el resultado de esas conversaciones: un repaso a la trayectoria vital e intelectual de Judt y una reflexión sobre la historia de Europa.

Cada capítulo va introducido por un texto de tono memorialístico; después Snyder conduce la conversación hacia un plano más general. Por muchas razones, la biografía de Judt es un buen punto de arranque para ese examen del siglo XX. Nació en Londres en 1948 y descendía de judíos del Este de Europa. Estudió en Cambridge y se especializó en la historia de la izquierda francesa. Viajó a Israel (persiguiendo a una chica) y participó en la guerra de los seis días. Lo sedujo la utopía del kibbutz, pero descubrió “que el sueño del socialismo rural era solo eso, un sueño”. Más tarde sería muy crítico con Israel. Aunque al principio había escrito sobre temas relativamente concretos y locales, desarrolló un gran interés por Europa del Este. Era un hombre de la generación del 68 que descubrió que el auténtico movimiento a favor de la libertad se había producido al otro lado del muro. Estudiar la oposición al totalitarismo de Kołakowski o Miłosz y conocer a disidentes de la Europa comunista le enriqueció como historiador y amplió su mirada: “La perspectiva de Kołakowski –la de que el marxismo, especialmente en su pleno apogeo, merecía atención intelectual pero estaba desprovisto de perspectivas políticas o valor moral- iba a acabar convirtiéndose en la mía”. La fascinación por el liberalismo de la Europa oriental y la tarea moral de los intelectuales  serían elementos fundamentales de libros como ‘Pasado imperfecto’ (Taurus, 2007), ‘Sobre el olvidado siglo XX’ (Taurus, 2008) y su obra maestra ‘Posguerra’ (Taurus, 2006). 

Las aristas del personaje –el judaísmo, la educación inglesa y la influencia de la cultura británica, Oriente Medio, los amores y los matrimonios fracasados, el papel del historiador, el valor de cohesión de la alianza de la socialdemocracia y la democracia cristiana, el error identitario de la izquierda- se vinculan con hechos históricos que Judt ha tratado en sus libros. ‘Pensar el siglo XX’ tiene un aire de revisión o de cara B de esos textos: Judt y Snyder comparan a los escritores comunistas y fascistas; repasan la dimensión intelectual de la guerra fría, que para ellos tuvo lugar sobre todo dentro de la izquierda; evalúan a Koestler, Orwell y Léon Blum; hablan del Imperio Austrohúngaro y del franquismo, de Estados Unidos y de la Unión Europea; de Hayek y Keynes. Dice Judt: “El siglo XX no fue necesariamente como nos han enseñado a verlo. No fue, o no fue solo, la gran batalla entre la democracia y el fascismo, o el comunismo y el fascismo, o la izquierda contra la derecha, o la libertad contra el totalitarismo. Mi percepción es que durante gran parte del siglo nos dedicamos a debatir, implícita o explícitamente, sobre el surgimiento del Estado”. Y: “Los grandes vencedores del siglo XX fueron los liberales del siglo XIX, cuyos sucesores crearon el Estado del bienestar en todas sus posibles formas”.

Aunque es un interlocutor respetuoso, Snyder conoce mejor algunos aspectos de Europa del Este y cuestiona algunas de las posiciones de Judt. Buena parte del encanto del libro reside en la sensación de escuchar a dos personas extremadamente inteligentes. Como en cualquier conversación, cierto desorden y observaciones improvisadas y marginales proporcionan algunos de los mejores momentos.

Menos emocionante que ‘El refugio de la memoria’ (Taurus, 2011), ‘Pensar el siglo XX’ es un libro irregular, pero superior al sobrevalorado ‘Algo va mal’ (Taurus, 2010). Judt es más convincente en su análisis del pasado que de la actualidad y a veces tiene una visión exagerada de su propia iconoclastia: desmonta algunos tópicos, pero en otras ocasiones encaja en cierto prototipo de intelectual progresista en Estados Unidos más fácilmente de lo que él piensa. Su tono displicente es divertido, pero en ocasiones resulta injusto: a menudo, tiene razón al señalar los errores de sus adversarios, pero casi nunca considera que puedan equivocarse de buena fe. ‘Pensar el siglo XX’ habla de asuntos que nos resultan casi lejanos y de otros que nos acompañan todo los días: en ambos aspectos resulta iluminador, lleno de observaciones interesantes y de una pasión contagiosa.

Tony Judt con Timothy Snyder. Pensar el siglo XX. Traducción de Victoria Gordo del Rey. Madrid, 400 pp.

Este artículo ha salido en Artes & Letras de Heraldo de Aragón. He tomado la imagen aquí.