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Daniel Gascón

DESAPARECIDAS

Cuenta The Economist:

“Imagina que eres la mitad de una joven pareja que espera su primer hijo en un país pobre de rápido crecimiento. Formas parte de la nueva clase media, tus ingresos van en aumento; deseas una familia pequeña. Pero las costumbres tradicionales dominan a tu alrededor, especialmente en la preferencia por los hijos varones. Tal vez el trabajo físico siga siendo necesario para que la familia se mantenga. Tal vez sólo los hijos puedan heredar la tierra. Tal vez una hija está condenada a unirse a otra familia con el matrimonio y quieras que alguien cuide de ti cuando seas viejo. Quizá necesita una dote.

Ahora imagina que haces una ecografía: cuesta 12 dólares, pero puedes permitírtelo. El análisis dice que el niño no nacido es una niña. Preferirías un chico, el resto de la familia reclama uno. Nunca se te ocurriría matar a una niña, como hacen en las aldeas. Pero un aborto parece diferente. ¿Qué hacer?

Para millones de parejas, la respuesta es: abortar y buscar un hijo. En China y norte de la India nacen más de 120 niños por cada 100 niñas. La naturaleza dicta que nacen más varones que hembras para compensar la mayor susceptibilidad de los niños a las enfermedades infantiles. Pero nada a esta escala.

Para aquellos que se oponen al aborto, esto es asesinato en masa. Para los que, como esta revista, piensan que el aborto debe ser "seguro, legal y raro" (por usar la frase de Bill Clinton), depende de las circunstancias, pero el resultado acumulado en las sociedades de estas acciones individuales es catastrófico. China por sí sola tiene tantos hombres solteros jóvenes -"ramas desnudas", como se les conoce- como toda la población de hombres jóvenes de Estados Unidos. En cualquier país los hombres jóvenes y desarraigados pueden causar problemas; en sociedades asiáticas donde el matrimonio y los niños son las rutas reconocidas en la sociedad los hombres solteros son casi como fueras de la ley. Las tasas de criminalidad, el tráfico de esposas, la violencia sexual, e incluso las tasas de suicidio femenino van en aumento y se incrementarán cuando las generaciones descompensadas alcancen la madurez.

No es una exageración llamar a esto genocidio de género. Hay millones de mujeres desaparecidas: abortadas, asesinadas, abandonadas a la muerte. En 1990, el economista indio Amartya Sen dio la cifra de 100 millones; la cantidad es más alta ahora. La gota de consuelo es que los países pueden mitigar el daño, y que uno, Corea del Sur, ha demostrado que lo peor es evitable. Otros tienen que aprender de ello si se quiere detener esa carnicería.

La mayoría de la gente sabe que China y el norte de la India tienen un número de niños antinaturalmente grande. Pero pocos aprecian lo grave es el problema, o que va en aumento. En China, el desequilibrio entre los sexos era de 108 niños por cada 100 niñas de la generación nacida a finales de la década de 1980; en la generación de principios de la década de 2000, fue de 124 por cada 100 niñas. En algunas provincias de China la proporción alcanza 130 por cada 100. La destrucción es peor en China, pero se ha extendido mucho más allá. Otros países de Asia oriental, como Taiwán y Singapur, países ex comunistas en los Balcanes occidentales y el Cáucaso, e incluso sectores de la población de Estados Unidos (chino-estadounidenses y japoneses-estadounidenses, por ejemplo): todos ellos tienen proporciones sexuales distorsionadas. El feminicidio existe en casi todos los continentes. Afecta a ricos y pobres, educados y analfabetos, hindúes, musulmanes, confucianos y cristianos.

La riqueza no lo detiene. Taiwán y Singapur tienen economías ricas y abiertas. Dentro de China y la India, las zonas con las peores proporciones sexo son los las más ricas y mejor educadas. Y puede que la política china del hijo único sólo sea parte del problema, dado que se ven afectados muchos otros países.

De hecho, la destrucción de las niñas es producto de tres fuerzas: la antigua preferencia por los hijos varones, el deseo moderno de familias más pequeñas, y ecografías y otras tecnologías que identifican el sexo de un feto. En las sociedades donde tener cuatro o seis niños era común, era casi seguro que un niño casi llegara con el tiempo, la preferencia por los hijos no se producía a costa de las hijas. Pero ahora las parejas que desean tener dos hijos –o, como en China, se permite sólo uno- sacrifican a las hijas por nacer a su búsqueda de un hijo. Por eso las proporciones entre sexos están más distorsionadas en partes modernas y abiertas de China y la India. Y por eso también los coeficientes son más desiguales después del primer nacimiento: los padres pueden aceptar una hija la primera vez, pero hacen cualquier cosa para garantizar que su próximo -y probablemente último- es chico. En algunos lugares la relación chico-chica en el tercer hijo está por encima de 200.

Pero esto sucedió cuando Corea del Sur era rica. Si China o la India -con ingresos que representan una cuarta y un décima parte de los niveles de Corea- esperan hasta que son tan ricos, pasarán muchas generaciones Para acelerar el cambio necesitan decidir acciones que están en su propio interés. Lo más evidente: China debería desechar la política del hijo único. Los líderes del país se resisten porque temen el crecimiento de la población; también desdeñan las preocupaciones de Occidente sobre los derechos humanos. Sin embargo, el límite de un niño ya no es necesario para reducir la fertilidad (si alguna vez lo fue: otros países de Asia oriental han reducido la presión sobre la población tanto como China). Y distorsiona enormemente la proporción de sexos en el país con resultados devastadores. El Presidente Hu Jintao dice que la creación de "una sociedad armoniosa" es su principio rector; eso no pueden alcanzarse con una política que pervierte la vida familiar de un modo tan profundo.

Y todos los países necesitan elevar el valor de las niñas. Deberían fomentar la educación de la mujer; abolir las leyes y costumbres que impiden que las hijas hereden bienes, señalar los hospitales y clínicas que cuentan con proporciones imposibles entre los sexos, lograr que las mujeres participen en la vida pública, usando desde locutoras de la televisión a mujeres policías de tráfico.”

He tomado la imagen aquí.

 

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1 comentario

rudax -

SI no la conoces, te puede interesar la novela El primer siglo después de Beatriz, de Amin Maalouf, que trata este tema.
http://rudaxforever.blogspot.com/2008/09/el-primer-siglo-despus-de-batrice.html
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