SALVAR EUROPA
GARTON ASH

Timothy Garton Ash recoge en ‘Los hechos son subversivos’ (Tusquets, 2011) artículos publicados a lo largo de una década. Cuenta el derrocamiento de Milosevic y la revolución naranja en Ucrania, compara mayo del 68 con la caída del comunismo, estudia el fundamentalismo religioso y el islam en Europa, habla con los jóvenes iraníes y explica que la corbata puede ser un símbolo de resistencia a la teocracia, entrevista en Birmania a San Suu Kyi, va a ver a George Bush y cubre la política y las elecciones estadounidenses. En sus mejores momentos recoge una tradición británica de empirismo, buenas maneras, ironía y sentido común; se declara “un patriota europeo”, que reconoce los fallos pero defiende las grandes apuestas de la Unión Europea: libertad, paz, imperio de la ley, prosperidad, diversidad y solidaridad. Su búsqueda de la imparcialidad le lleva a errores alguna vez, como en su desafortunada descripción de Ayaan Hirsi Ali como “fundamentalista de la ilustración”, y sus reportajes y sus análisis que mezclan el periodismo y la historia son mejores que sus textos más teóricos, pero realiza una poderosa defensa de la libertad de expresión: “En una sociedad libre, no tenemos la obligación de estar de acuerdo. Solo tenemos que estar de acuerdo en cómo discrepar”. En un brillante capítulo sobre intelectuales, explica el episodio de la lista de Orwell, que ha servido para que se calumniara al autor de ‘1984’. Es un experto en la historia de Europa y en los peligros del totalitarismo, un socialdemócrata que intenta analizar todos los puntos de vista y no tiene miedo de dudar. No todo el tiempo es igual de convincente, pero ‘Los hechos son subversivos’ es un repaso iluminador y entretenido de muchos de los grandes asuntos de la primera década del siglo XXI.
Este artículo apareció en Artes & Letras.
KOESTLER, EL INTELECTUAL EN MOVIMIENTO
EN DEFENSA DE LA BLASFEMIA
GUILLERMO TOLEDO
Aquí.
TIEMPOS INTERESANTES
LIBROS
A diferencia de la mayoría de la gente que lo conoció, no recuerdo la primera vez que lo vi. Recuerdo que al principio me parecía un vikingo y lo asociaba a un libro que me gustaba: ‘Los vikingos en América’. El primer libro que me regaló fue ‘Un cuento de Navidad’ de Dickens. Me habló de ‘Dinero’, de Martin Amis. De niño, leí sus reseñas de ‘Cartero’ de Bukowski y de ‘El hombre solo’ de Bernardo Atxaga. Me explicó por qué era tan bueno ‘Catedral’ de Carver. Me recomendó ‘El indio más duro del mundo’ de Sherman Alexie: me dijo que un cuento de amor era tan bueno como los cuentos de amor de William Saroyan, y me dijo que leyera a Saroyan. En un viaje a Madrid hablamos de ‘La mancha humana’ y una noche en Zaragoza de ‘Intimidad’ de Kureishi. Cuando él estaba en Aberdeen y yo en Francia, me escribió un email sobre ‘El matrimonio amateur’ de Anne Tyler. Hablamos de Norman Manea, de Ayaan Hirsi Ali, de Joseph Brodsky, de Guy Delisle, de Lauzier, de Marjane Satrapi, de Milan Kundera, de Mario Vargas Llosa, de Natalia Ginzburg, de Leonardo Sciascia, de George Orwell, de Jean-Luc Godard, de Braulio Foz, de Ismael Grasa, de Eva Puyó, de Rodolfo Notivol, de Baltasar Gracián, de Juan José Sebreli, de Marguerite Duras, de Jorge Semprún, de Aharon Appelfeld, de Arthur Koestler, de Marcelo Birmajer, de José María Bardavío, de Antonio Pérez Lasheras, de Aurora Egido, de Ivan Klíma, de Arcadi Espada, de Claude Lanzmann, de ‘Los libros de los otros’. Fue el primero que me habló de Christopher Hitchens. Cuando iba de viaje me pedía que le trajera revistas y libros. Me regaló una edición americana de ‘Rebelión en la granja’ y una edición inglesa de ‘Los versos satánicos’, y ejemplares dedicados de ‘Felicidad obligatoria’ y ‘Cartas a un joven novelista’. El último libro que me regaló es una edición alemana de Charles Dickens: ‘Tiempos difíciles’.
Este texto ha salido en Artes & Letras de Heraldo de Aragón.
