Blogia

Daniel Gascón

EL MAYOR PELIGRO DE EUROPA ES EL CANSANCIO

En el blog de Letras Libres.

LA FAMILIA, EL TERROR Y LA TRIBU

“Yo, señor Aramburu, por las razones que usted conoce, siendo niño, pasé nueve años con unos parientes míos de San Sebastián”. Así arranca ‘Años lentos’ (Tusquets, 2012), el libro con el que Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) ha obtenido el Premio Tusquets de Novela. Txiki Mendioroz se traslada al País Vasco a finales de los años sesenta y se adapta a una nueva vida y a sus familiares: a su tía Maripuy, una mujer de carácter; a su tío Vicente, pusilánime y aficionado al alcohol; a su prima Mari Nieves, a quien “la naturaleza tuvo la crueldad de imponerle un apetito sensual desapoderado”, y a su primo Julen, un personaje central borroso y enigmático. Ese narrador, que tiene sus raíces en la novela picaresca, traza un cuadro solo aparentemente costumbrista, donde se mezclan su punto de vista de la niñez con datos que ha conocido o intuido más tarde: es una historia de secretos de familia y el retrato una combinación siniestra de catolicismo, mitología nacionalista, silencios y represión franquista. Pero Aramburu recurre a otro artificio literario. Interrumpe ese relato con apuntes de un escritor, que busca cómo dar forma a esa narración y enriquecerla para construir una novela. Es como si encontráramos un libro a medio hacer: como si lo que nos ofreciera Aramburu fueran los materiales previos de una novela todavía no escrita. Es un procedimiento arriesgado pero eficaz, que da verosimilitud a la historia de Txiki y saca partido a las especulaciones y las elusiones de su relato.

En su estupendo libro de cuentos Los peces de la amargura (Tusquets, 2006) Aramburu muestra los efectos del terrorismo etarra; en Años lentos habla de sus consecuencias, pero también del momento en que nace. Al principio, Julen trata a Txiqui con un desprecio xenófobo, pero después le acaba tomando cariño. Un día promete que le mostrará la cosa “más sagrada del mundo”: una ikurriña que guarda debajo de la cama. Julen recibe el adoctrinamiento del cura de la parroquia, don Victoriano -“vasco es el que habla euskera. Los demás son medio vascos o directamente coreanos. A estos los manda el opresor para que nos roben el alma vasca”, le dice a su primo- y entra a formar parte de una ETA incipiente.

El escritor habla en sus apuntes de “aquella sensación de marasmo histórico”. Y, en un grado u otro, los personajes son víctimas –y a veces también verdugos- de un clima social. La fuerte personalidad de Maripuy no la libera de las convenciones. Cuando Mari  Nieves se queda embarazada, intenta provocarle un aborto, antes de buscarle un marido que no quiere. Julen, que empieza siendo un héroe para su primo, se convierte en un tipo más bien digno de lástima y más tarde en un apestado. La familia se ve sometida al ostracismo cuando el héroe de la causa vasca se convierte en villano, como les ocurría a muchos personajes de ‘Los peces de la amargura’. Aramburu –un escritor con tendencia a lo esperpéntico que en ocasiones usa un lenguaje levemente arcaizante- tiene algún elemento simbólico discutible, pero consigue crear personajes contundentes y elaborar un relato poderoso. ‘Años lentos’ es un libro duro, pero no renuncia al sentido del humor (por ejemplo, el olor de los pies de Julen no solo incomoda a Txiki, sino también a un compañero etarra). En este libro, el humor aparece muchas veces en las anotaciones del escritor, y sirve para reflexionar sobre los códigos de la literatura realista: “Tratar de averiguar en qué portal vivía. Si no lo averiguo, omito el número, qué más da”; “Crepita de vez en cuando la cáscara de alguna de las castañas puestas a asar sobre la chapa del fogón. (Ojo con este detalle que me obliga a situar la acción en otoño)”. Otras veces adopta un tono más serio: “Si hay que apartarse del testimonio del informante, se hará. Primero la literatura; después, si queda sitio, la verdad”. Esa reflexión metaliteraria es una manera de preguntarse cómo se puede hablar del fenómeno más trágico de la historia española reciente. Aramburu encuentra una forma admirable, que juega con la ocultación y presenta un ambiente asfixiante. El miedo, el dolor, los gritos y los susurros contribuyen a crear una sociedad enferma, donde los individuos –con enormes fallos, pero casi siempre con un elemento de humanidad- son superiores al conjunto y a la mentalidad tribal. ‘Años lentos’ señala una turbia culpa colectiva y defiende la libertad y el criterio individual. El escritor anota: “Me han contagiado el odio que le profesa a él y a su familia mucha gente en el barrio por causa del hijo supuestamente colaborador de la policía. Me ve, me saluda. En lugar de corresponder a su saludo le clavo una mirada de fuego. Comprende. Sin decir nada vuelve la cara hacia otro lado. De entonces acá han transcurrido cuarenta años. Me gustaría pedirle perdón, pero no vive. Así y todo me gustaría pedírselo y además públicamente, y ya sólo por dicho motivo debería escribir la novela”.

‘Años lentos’. Fernando Aramburu. Tusquets, Barcelona, 2012. 219 páginas. Esta reseña salió en Artes & Letras de Heraldo de Aragón. He tomado la imagen aquí.

APPELFELD

Aharon Appelfeld nació en la región de Bukovina, ahora Ucrania, en 1932. Su madre fue asesinada en el Holocausto y él fue deportado al campo de Transnitria. Escapó y sobrevivió durante años en el bosque, antes de emigrar a Israel y convertirse en uno de los grandes autores en lengua hebrea. Philip Roth ha escrito que es “un escritor desplazado, deportado, desposeído y desarraigado”; su voz “se origina en una conciencia herida, concertada en algún punto con la amnesia y con la memoria, que sitúa el relato a mitad de camino entre la parábola y la historia”. En ‘Historia de una vida’ (Península, 2005) habla de María, una prostituta que lo acogió. Es difícil no recordarla al leer ‘Flores de sombra’ (Galaxia Gutenberg, 2012, traducción de Raquel García Lozano), donde Appelfeld cuenta la historia de Hugo, que cumple once años en el gueto de una ciudad ucraniana durante la II Guerra Mundial. Su madre, farmacéutica, lo deja al cuidado de Mariana, una amiga de la infancia que trabaja en un burdel. Hugo se queda escondido año y medio en la recámara de su habitación, mientras los nazis y los delatores buscan a los judíos. No entiende bien lo que sucede en la casa, que a veces parece un circo y otras se convierte en el escenario de peleas y reprimendas, y que frecuentan los soldados alemanes. Vive en un mundo donde se alternan el miedo y las visitas –en la memoria y en sueños- de sus familiares con la presencia fascinante de Mariana: voluble, cariñosa, alcohólica y desamparada. También vive amenazada: pueden descubrirla los nazis; luego, los rusos buscan a los que colaboraron con los alemanes. ‘Flores de sombra’ es un libro sencillo, terrible y profundo sobre la bondad y la persecución, sobre la necesidad de amar al borde de la injusticia y del abismo. 

Este artículo salió en Artes & Letras de Heraldo de Aragón.

 

EL MONSTRUO EN EL ESPEJO

Sobre El precio de la culpa de Ian Buruma, en el número de febrero de Letras Libres.

LA CONTRARREFORMA DEL ABORTO

En el blog de Letras Libres.

EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

Entre 1933 y 1945, los regímenes nazi y soviético asesinaron a catorce millones de no combatientes entre el Mar Báltico y el Mar Negro. Esos territorios, que abarcan los países bálticos, Polonia, Bielorrusia, Ucrania y el borde occidental de Rusia, fueron el escenario de la alianza, el choque y el delirio homicida de las utopías de la clase y de la raza. Sufrieron dos –a veces tres- ocupaciones durante la guerra y la mayor destrucción durante la contienda.

En ‘Tierras de sangre’ (Galaxia Gutenberg, 2011), el historiador y profesor de la Universidad de Yale Timothy Snyder (1969) traza una detallada anatomía de esos crímenes. La hambruna de Ucrania orquestada por la Unión Soviética mató a más de tres millones de personas. Hubo 2.500 condenas por canibalismo; después, como no se cumplían las cuotas demográficas, se ordenó la ejecución de los responsables del censo. Al mismo tiempo, Hitler ascendía al poder: soñaba con las llanuras del este de Europa como granero para los alemanes; los habitantes de esas zonas eran un obstáculo que podía eliminarse. Las purgas de Stalin incluyeron el asesinato étnicamente motivado de 250.000 polacos en 1937 y 1938. El periodo que cubre Snyder incluye el desmembramiento de Polonia tras el pacto Molotov-Ribbentrop, la aniquilación de sus elites a ambos lados de la divisoria y la matanza de oficiales de Katyn, ordenada por Stalin. Después de la ruptura del acuerdo entre Hitler y Stalin, la región fue el lugar del enfrentamiento entre el nazismo y el comunismo, y el escenario del mayor crimen del siglo: cuatro de los 5,4 millones de judíos asesinados durante el Holocausto vivían en las “tierras de sangre”, y allí fueron deportados la mayoría de los judíos que residían en otros lugares y fueron asesinados en la Shoah. Aunque asociamos el Holocausto con los campos y el asesinato industrializado de las cámaras de gas, la mitad de las víctimas cayeron por armas de fuego. Más de tres millones de prisioneros de guerra soviéticos –a quienes la Unión Soviética consideraba traidores- murieron en los campos alemanes, a menudo de hambre; en los campos de detención de los nazis, el porcentaje de prisioneros del Ejército Rojo que murieron durante la Segunda Guerra Mundial alcanzó el 57,5%. La Unión Soviética deportó al gulag a 2,3 millones de prisioneros de guerra del Eje. Después de la derrota nazi, se produjeron la deportación de muchos alemanes que vivían en esos territorios y la persecución antisemita de Stalin. Snyder ha realizado una investigación exhaustiva y alterna el relato de los grandes acontecimientos y las explicaciones estadísticas, logísticas y políticas con los testimonios de los testigos, los perpetradores y las víctimas.

La idea central del libro, que Snyder defiende de forma convincente, es que los dos imperios totalitarios se alimentaron entre sí para cometer crímenes, en una inflación asesina: a veces se aliaron, a veces compartieron objetivos (como cuando en 1944 Stalin permitió que Hitler aplastara la resistencia polaca, que podría haberle causado problemas), y otras veces su enfrentamiento produjo una escalada de violencia. Uno de sus grandes valores es unir esos acontecimientos en una narración global. Muchos de los hechos que cuenta –desde los episodios de canibalismo en Ucrania en los años 30 a la masacre de Babi Yar en 1941- son conocidos, pero el relato de Snyder les da una nueva dimensión, o cuestiona el imaginario y las versiones que habitualmente aceptamos. También rescata numerosos episodios, como la indiferencia occidental ante el Holocausto, el hecho de que el gobierno polaco fuera el único que actuó para defender a los judíos, o las traiciones a la historia, entre las que destacan los esfuerzos del régimen soviético para distorsionar el genocidio nazi: los monumentos a las víctimas no llevaban la estrella de David sino la estrella comunista.

Algunas de sus interpretaciones han resultado polémicas. Donald Rayfield ha escrito que Snyder resta importancia a los efectos de la represión soviética sobre los habitantes de Rusia, y Anne Applebaum, autora de ‘Gulag’, sostiene que los campos de Siberia eran más letales de lo que reconoce Snyder. Otros especialistas le han acusado de restar importancia a la responsabilidad de los nazis y favorecer a los ultranacionalistas del este de Europa que minimizan la Shoah. No parece del todo justo: aunque la Unión Soviética cometiera matanzas étnicas antes que Alemania, Snyder señala la posición central del Holocausto en la historia del siglo XX y no mitiga la responsabilidad nazi. Otro de los aciertos de ‘Tierras de sangre’ es que este poderoso estudio de los mecanismos del asesinato político de masas, lleno de datos y análisis, nunca pierde la perspectiva humana: Snyder logra que oigamos el murmullo estremecedor de las víctimas entre el ruido de la barbarie y las balas.

Timothy J. Snyder. ‘Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin’. Traducción de Jesús de Cos. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2011, 609 páginas.

Esta reseña salió en Artes & Letras de Heraldo de Aragón. He tomado la imagen aquí.

SOBRE LA CRISIS EN ESPAÑA

Entrevista con los autores de Nada es gratis, en el blog de Letras Libres.

CHRISTOPHER HITCHENS

En Letras Libres.