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Daniel Gascón

HUMO

HUMO

 

1.

Después de que una comisión del Ministerio de Cultura diera la calificación X a la película Saw VI, supongo que como siempre para protegernos, El País se pregunta si el cine de terror es malo para la salud:

El psicólogo Luis Muiño, experto en cine, tiene su opinión muy clara: "Yo creo que el impacto psicológico de una película debería medirse a través de las narrativas que trasmite y cómo enfoca las relaciones entre las personas. Hay películas que aunque son duras funcionan bien a nivel psicológico porque difunden narrativas sanas. Ciudad de dios, por ejemplo, es una película dura y muy realista pero que difunde una narrativa sana: se puede salir de la cadena de la violencia. Yo vi un trozo de la primera entrega de Saw y me pareció una película insana. Transmite una narrativa sádica y pretende hacer negocio a partir de fomentar una forma de afrontar los problemas brutalmente insana. No hay que engañarse. No es arte. Lo que va a ocurrir al darle la categoría X es simplemente que van a sacar menos dinero. No es censura. Aunque parezca mentira, porque soy un tipo de izquierdas, me parece muy bien. Desde mi perspectiva, películas que hacen dinero causando malestar psicológico es mejor que se pasen en salas X. Es como escuchar durante dos horas a un violador diciendo que todas las mujeres son iguales y no contrariarle. Y conste que soy un gran aficionado al terror, pero esta saga promueve que salgamos del cine peor de lo que entramos. Desde el punto de vista del arte no la censuraría, pero desde el punto de vista de un psicólogo, sí".

Las cursivas son mías.

2.

“—No —dijo la sobrina—, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores: mejor será arrojallos por las ventanas al patio y hacer un rimero dellos y pegarles fuego; y, si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo.”

Alguno, ya se sabe, perdonaron.

3.

Lovecraft, Sinclair Lewis, Robert Graves y Katherine Anne Potter escribieron novelas como “negros”. Aquí salen diez de ellas. Aunque la mejor historia es la de Ecstasy and Me: My Life as a Woman, una autobiografía de Hedy Lamar escrita por Leo Guild, al que han calificado como el peor novelista pulp de todos los tiempos, que ya es decir. El libro tenía tantos errores que Lamar demandó a la editorial por inexactitudes en su propia autobiografía.

4.

Cuenta The Economist:

“¿Cuál es el lugar más duro del mundo para ser cristiano? ¿Corea del Norte, quizá? ¿Arabia Saudí? Prueba con Somalia. Se piensa que no hay más de mil cristianos en una población de 8 millones de personas, con algunos miles más en la diáspora. La milicia islamista Shabab, que controla la mayor parte del sur de Somalia, se dedica a buscarlos.

Los hombres cristianos van a las mezquitas los viernes, para no despertar sospechas. Las Biblias se mantienen ocultas. No hay reuniones públicas, ni una iglesia. Las iglesias católicas y los cementerios han sido destruidos. Las últimas monjas en la castigada capital, Mogadiscio, fueron expulsadas en 2007. Un año antes, una monja anciana que trabaja en un hospital fue asesinada. Los únicos cristianos que quedan nacieron en Somalia.

Perseguirlos y matarlos es propaganda útil para Shabab. Entre otras cosas adoctrina a sus jóvenes luchadores y futuros terroristas suicidas en la creencia en que Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, el Vaticano, Etiopía y Kenia son ‘cruzados’ que intentan convertir a los somalíes al cristianismo. La ONU está detrás de todo. Por supuesto, Israel también está detrás, intentando socavar el islam.

El tambaleante gobierno de transición que dirige el jeque Sharif Ahmed, cuya ley arbitra débilmente los territorios que Sahbab todavía no gobierna, no tiene muchas posibilidades de defender a sus ciudadanos si los pillan en posesión de una Biblia. Aunque profesa la moderación, promueve una versión de la sharia donde cada ciudadano somalí nace musulmán, y cualquiera que se convierta a otra religión es culpable de apostasía, lo que se castiga con la muerte.

 Cada mes varios somalíes son asesinados por ser cristianos. A veces es sólo una etiqueta que los yihadistas ponen a la gente sospechosa de trabajar para la inteligencia etíope. Pero muchos son simples creyentes. Según fuentes somalíes y grupos cristianos que vigilan Somalia desde el exterior, al menos 13 miembros de iglesias clandestinas han muerto en los últimos meses. La mayoría eran menonitas, evangelizados por misioneros en el río Juba al norte del país. Entre ellos hay una mujer de 46 años asesinada cerca de la localidad de Jilib después de que se encontrara una Biblia en swahili en su bolsa; un hombre de 69 años muerto al sur de Mogadiscio después de que combatientes de Shababa encontrasen 25 Biblias en una maleta; y dos chicos, de 11 y 12 años, decapitados por Shabab después de que su padre se negara a dar información sobre una iglesia clandestina”.

5.

Larry David provoca la ira de algunos cristianos porque en la nueva temporada de Curb Your Enthusiasm su personaje orina encima de Cristo. En Egipto fundamentalistas cristianos y musulmanes se oponen a que actúe Beyoncé. Christopher Hitchens cuenta lo que ha aprendido debatendo con gente religiosa por todo el mundo. Sale a la venta la película Collision, su discusión con el pastor Douglas Wilson.

En la imagen, Lamarr.

 

DJEMILA BENHABIB

DJEMILA BENHABIB

 

1.

Caroline Fourest (aquí su blog, y aquí sus libros) ha escrito:

“El libro de Djemila Benhabib, Ma vie à contra-Coran (VLB éditions) es un gran éxito en Canadá. Se está convirtiendo en el libro favorito de todos aquellos que han huido del islam para buscar refugio en Europa. Desde París a Londres, pasando por Québec, con el debate sobre ‘la acomodación religiosa’, la autora sigue el camino de un mal que creía haber dejado atrás. Se sorprende por la ingenuidad de algunos frente al fundamentalismo. ¿Es suficiente para mostrar el velo como un acto de libertad, disfrazar sus palabras y su proyecto para que se tolere la intolerancia?

Djemila Benhabib está inmunizada frente a esta ingenuidad. Conocer la historia del Islam político que desoló Argelia a ayudar a descifrar el doble discurso de los fundamentalistas. El gran mérito de su libro es que nos transmite este relato y esta mirada. También tiene otro: demostrar la inmensa responsabilidad del poder argelino en el ascenso del islamismo.

Algunos independentistas querían la laicidad... El FLN prefirió centrarse en la islamización de la nación argelina. La Constitución consagró el Islam como religión de Estado. Plagadas de maestros importados de Egipto y formados por la Hermandad Musulmana, las escuelas públicas se convirtieron en lugares donde se machacaba el cráneo de los niños a golpe de recitar el Corán.

Djemila guarda un recuerdo incómodo. ‘Yo también pedía la flagelación de los adúlteros y la matanza de los infieles’. Pero en ella el adoctrinamiento no echó raíces. Sus padres militaban en el PAGS, un movimiento comunista. En casa preferían los libros de Angela Davis. En ese momento, todavía había muchos argelinos que preferían el progreso a la reacción. Se les marginaba y se les acusaba de ‘occidentalizados’. La policía los seguía.

En octubre de 1988 los jóvenes se rebelaron, salieron a las calles y quemaron coches. La represión fue terrible. En lugar de entender la ira como un deseo de libertad, el Presidente Chadli Benjedid volví a los fundamentalistas y se rindió a sus demandas, con la esperanza –ilusoria- de comprar la paz social. Después de aprobar un código de familia que llevaba la mujer argelina a la situación de un menor, se podía aprobar una ley que declaraba la educación física opcional para las colegialas... en nombre de la modestia. El Frente Islámico de Salvación (FIS) se sentía reconfortado. Subía inexorablemente.
El resultado es conocido. Después de una primera votación la ley que le dio FIS la mitad de los municipios, los fundamentalistas ganaron la primera vuelta de las elecciones parlamentarias de diciembre de 1991. Se preparaban para mantener su promesa: ‘se prohíben los partidos seculares o socialistas’ y ‘aplicar la sharia’. El ejército anuló el proceso electoral. Los islamistas se lanzaron a la guerrilla, el ejército a la guerra sucia... Atrapados, los intelectuales, artistas, los laicos eran presa de ambos y vivían en el terror.

Djemila Benhabib recuerda el 25 de marzo de 1994, el último día del ultimátum del GIA, que ordenaba a las mujeres a usar el velo: ‘Salir de casa se convirtió en una expedición. En cada esquina, la muerte acechaba a las cabezas desnudas’. Las chicas que se atrevían a salir sin velo eran asesinadas cuando iban a la escuela o la universidad. La familia Benhabib recibía amenazas todos los días. Era hora de ir al exilio. Pero la pesadilla no había terminado.

En Europa, los argelinos laicos encontraron de nuevo a sus torturadores. Los islamistas perseguidos por el ejército no tuvieron dificultades para obtener el estatuto de refugiados. Los embajadores de la Hermandad Musulmana monopolizaron los medios de comunicación y publicitaron la opción del velo. En algunos barrios de Francia, la ‘reforma’ fundamentalista deseada por Hassan Al-Banna y el FIS consiguió convertir a los musulmanes modernos o no practicantes en el musulmán moderno o no practicantes en traidores ‘occidentalizados’.

Djemila Benhabib no soporta ver que su propaganda se tolera en nombre del multiculturalismo. Su libro es una advertencia: ‘Cualquier indulgencia con esta ideología de la muerte no sólo es un grave error de principio: es una traición’.”

2.

Djemila Benhabib ha escrito:

“No me avergüenzo de haber nacido mujer. No tengo nada por lo que disculparme. No tengo por qué esconderme. Los islamistas hacen a las mujeres culpables de sus deseos, de sus miserias y de sus frustraciones sexuales. Son enfermos del sexo.

El odio y la sumisión de las mujeres cristalizan su ideología. No puede haber mujeres libres y emancipadas en un Estado islamista, y tampoco hombres. Engels tenía razón al decir que ‘el grado de emancipación de la mujer es la medida del grado de emancipación general’. Frente a la barbarie siempre presta a recobrar sus derechos, tenemos la responsabilidad, si no el deber, de combatirla. Está en juego nuestro porvenir y el de nuestros hijos. Es un camino difícil, pero salvador para la humanidad. A lo largo de este libro, he mostrado cuál el precio que hay que pagar por la libertad.

Con el caso de las caricaturas, constatamos que los islamistas, apoyados por estados potentes como Arabia Saudí, Irán, Egipto, pero también Turquía, presionaron a la Unión Europea y la ONU para limitar la libertad de expresión introduciendo una ‘concepción islámica’ de la blasfemia.

Sabed que en democracia, el derecho a criticar todas las religiones, incluido el islam, es un principio inalienable. También el derecho a la blasfemia. Además, la igualdad de los sexos, la libertad de conciencia y la libertad de expresión son intocables. Su derogación por motivos religiosos ataca los valores fundamentales de la sociedad. Quiebran nuestros valores y acentúan el poder de los religiosos sobre la vida pública”.

En la imagen, Djemila Benhabib.

LA INTIMIDAD DE LOS EXTRAÑOS

LA INTIMIDAD DE LOS EXTRAÑOS

1.

Salman Rushdie ha recibido el Premio Carl Sandburg. Caryn Green habló con él.

"’Las cosas que a la gente le gustan de un libro son exactamente las mismas cosas que hacen que a otros no les guste. ¡La misma frase! En este momento, no me importa [la crítica]’. Pero sí que le importa que dure la literatura. “’La belleza de leer un libro tú solo’, dice, ‘es ver cómo interactúa la imaginación del autor con la tuya, de una forma que no hace si estás viendo una película. Hay una curiosa intimidad de los extraños. Por eso creo que este género sobrevivirá’”.

2.

Una entrevista con Herta Müller:

Müller: Pasé tres años en la fábrica. Los primeros dos años en el departamento de traducción luego en uno distinto, de relaciones públicas, si quieres.

RFE/RL: Probablemente diseñado por la policía secreta.

Müller: Sí, me di cuenta más tarde. La gente de Securitate vino y me dijo que si teníamos invitados, de Alemania por ejemplo, tras encontrarme con ellos tendría que escribir para Securitate mis ‘impresiones’. Y querían que escribiera lo que mis colegas rumanos, los especialistas, habían dicho a los alemanes. Y no les importaba que saliera con los invitados extranjeros... A eso les respondí que no era una prostituta. También les dije que era una mala observadora de la gente, que me había equivocado mil veces sobre la gente. Pero el tipo de Securitate dijo que eso no le interesaba: quería mi opinión tal como era: una opinión personal, sincera. Después quiso que escribiera que iba a colaborar y le dije que no lo haría.

RFE/RL: ¿Y?

Müller: Dio un portazo y dijo: ‘Te pondré en problemas’ o ‘Acabaré contigo’ en jerga rumana. Literalmente no me arrojó al agua, pero no hubo paz para mí después de eso. Durante varias semanas me llamaban cada día a las 7.30 a la oficina de mi jefe para discutir el asunto con él y con el secretario del Partido Comunista y el secretario de las Juventudes Comunistas. Cada vez me decía que dimitiera y buscase otro trabajo, pero les decía que me gustaba tanto el trabajo que no se me ocurría que más hacer. Les dije que tendrían que despedirme si querían librarse de mí, y les pedí que especificaran por escrito la razón por la que me despedían. Es decir, mi rechazo a colaborar con la policía secreta. Luego fui a hablar con la gente del sindicato, para quejarme, pero el líder no quiso escucharme.

Lo que ocurrió fue un completo desastre. Ahora puedo reírme. Pero entonces estuve cerca de tener un ataque de nervios, hasta que me despidieron. Primero me ofrecieron un trabajo sin cualificación, pero lo rechacé. Luego me despidieron. Me dejaron sin fuente de ingresos. A mi marido, Richard Wagner, también lo habían despedido. Y además me convocaban casi todos los días ante Securitate. Y allí ni siquiera me acusaban de cosas de las que era consciente, como mi incidente en la fábrica o mi actividad literaria. Me decían que era prostituta, que me acostaba por dinero con estudiantes árabes. Yo no conocía a ningún estudiante árabe, pero ellos decían que podían montar un buen juicio, con testigos y todo. También dijeron que comerciaba con bienes que no podían encontrarse en el mercado rumano”.

3.

Hamás patrulla las calles de Gaza para imponer una vestimenta conservadora. Escribe Roy McCarthy:

“Comenzó con una erupción de patrullas de policía inusualmente enérgicas. Agentes armados de Hamás detuvieron a sin camisa sentados en la playa, disolvieron grupos de hombres y mujeres solteros y se ordenó a los tenderos que no mostrasen la ropa interior de los maniquíes en sus escaparates.

Luego vino un esfuerzo para obligar a las mujeres abogadas a respetar un código de vestuario más conservador, y una intensa presión sobre los padres para vestir a sus hijas de manera más conservadora el nuevo período escolar. La semana pasada, la policía comenzó a imponer un nuevo decreto que prohibía a las mujeres montar en moto.

Por primera vez desde que Hamás ganó las elecciones parlamentarias palestinas hace casi cuatro años, el grupo está tratando de islamizar la sociedad de Gaza. En público, los líderes de Hamás dicen que están simplemente alentando a una moral social, e insisten en que no están tratando de imitar a la policía religiosa que opera en otros países islámicos. Pero muchos lo perciben como una nueva ola de refuerzo de lo que ya es una sociedad musulmana devota.

Asmaa al-Ghoul, escritora y ex perodista, fue una de las primeras oponerse la nueva campaña. Estaba con un grupo de amigos y amigas en una cafetería junto a la playa a finales de junio. Al caer la noche, ella y otra amiga fueron a nadar con pantalones largos y camisetas. Momentos después de salir del agua, se vieron confrontados por un grupo de agentes de policía de Hamas cada vez más agresivos. ‘¿Dónde está tu padre? ¿Tu marido?’, le preguntó un oficial. A Ghoul, que tiene 27 años, le dijeron que su comportamiento no había sido respetable. Cinco de sus amigos masculinos fueron golpeados y detenidos durante varias horas.

‘Creo que nuestra sociedad es laica, pero algunos partidos islámicos quieren cambiarla para que sea religiosa’, dijo. Goul no lleva velo, una opción cada vez menos frecuente en las mujeres de Gaza y que, en general, se limitan sólo a los que viven en las zonas más prósperas de la ciudad de Gaza. Sufre de forma rutinaria burlas de otros palestinos mientras camina desde su casa a su cafetería favorita. ‘Tenemos miedo de ser nosotros mismos en la calle’, dijo. ‘Hamás utiliza el islam en la mezquita para tratar de controlar los corazones de la gente.’

La sociedad de Gaza se ha vuelto mucho más conservadora en la última década. En parte se debe a la creciente influencia de movimientos islamistas como Hamás y otros que sostienen puntos de vista extremistas aún más. Los palestinos también culpan al  bloqueo económico de Israel: dicen que ha impedido el libre flujo de ideas y el debate e impide que los los habitantes de Gaza que viajan al extranjero. La violencia del conflicto, dicen, permite que el conservadurismo a florecer.

Los líderes de Hamás insisten que no hay coacción en su nueva campaña. ‘La principal herramienta de la campaña es la concienciación y la educación sin interferir con el comportamiento de los individuos o forzarlos’, dice Abu Talib Shaar, ministro de Hamás de asuntos religiosos, educado en Arabia. ‘Esto no significa que vayamos a imponer la sharia en la comunidad. No queremos ser como los talibanes en Gaza’.

Esta campaña de educación que se llama fadeela o la virtud, y en parte se compone de carteles distribuidos por toda la ciudad. Algunos aconsejan a los jóvenes contra el tabaco o las drogas. Otros advierten contra la pornografía en Internet o la televisión por satélite: ‘Ten cuidado. Ver canales sucios corrompe a la familia y la próxima generación.’ Ese cartel particular listas recomendadas canales: todos son religiosos e islámicos.
La campaña se centra sobre todo en lo que las mujeres usan. Un cartel sorprendente denuncia la tendencia de las mujeres jóvenes a usar su pañuelo en la cabeza junto con pantalones ajustados como una ‘industria satánica al 100 %’. Muestra un diablo rojo que sosteniene una imagen de una mujer joven y vestida a la moda y recomienda cubrir más la cabeza y de forma menos atractiva: ‘El hiyab correcto es el camino al cielo.’

Preguntado sobre su actitud frente a las pocas mujeres de Gaza que no cubren su cabello, Abu Shaar, dijo: ‘Nosotros les decimos que es un elemento esencial para una musulmana. Llevar el velo es tan esencial como la oración’.

Quizás la mayor sorpresa de la campaña es la resistencia que ha generado. A pesar de Gaza es socialmente conservadora, muchos palestinos se niegan a seguir un código social determinado e impuesto. Cuando el responsable de justicia de Hamás, Abdel-Raouf al-Halabi, ordenó un nuevo uniforme para todos los abogados (lo que para las mujeres significaba con un velo y una yilbab -una sotana de longitud- no contaba con la temeridad de la respuesta. Casi todas las 150 abogadas de Gaza ya llevaban la cabeza cubierta, pero impugnaron el fallo sobre la base de que no tenía ningún fundamento en la ley. El juez presidente se vio obligado a retroceder.

‘Fue absolutamente ilegal’, dijo Dina Abu Dagga, un abogado que ha cubierto el cabello desde que estaba en la universidad de El Cairo.

No era correcto que el juez presidente cambiara el código de vestimenta, dijo. Bajo la ley palestina, el poder recaía en el sindicato de abogados.

‘No estamos contra el hiyab. Me pongo yo misma’, dijo. ‘Estamos en contra de la imposición y restricción de nuestras libertades. Hoy en día se impone el hijab, pero mañana será otra cosa’.

Zeinab El-Ghunaimi, una de los pocas abogados mujer que no lleva velo, dijo que algunas mujeres estaban adoptando el hiyab para evitar una atención no deseada en las calles o en el trabajo. ‘Las autoridades están tratando de poseer y controlar a las mujeres’, dijo. ‘El problema es cuando estas restricciones son impuestas’”.

4.

Una entrevista con Philip Roth. En un par de semanas sale su nueva novela, The Humbling. El otro día se dio una vuelta por su ciudad, Newark.

5.

Continúan las protestas porque este año China (un país que machaca sistemáticamente la libertad de expresión) haya sido el país invitado de la Feria de Fráncfort. Entre los autores invitados por la feria a los que la policía china no permitió acudir se encuentra Liao Yiwu, que pasó 4 años en la cárcel tras escribir un poema sobre la masacre de Tiananmen.

6.

Se han anunciado los 39 escritores de Beirut 39.

 7.

Una entrevista con Craig Raine, director de la revista literaria Areté.

8.

Cómo convertí a Woody Allen en una tira de cómic.

9.

Un blog de premios literarios (franceses).

He tomado la imagen de Müller aquí.

 

EL ESCRITOR Y EL TIRANO

EL ESCRITOR Y EL TIRANO

 

1.

Enrique Krauze escribe en Letras libres sobre la biografía de García Márquez de Gerald Martin:

Tres despachos que Martin considera ‘memorables’, pero no glosa siquiera, fueron escritos por García Márquez tras una larga estancia en la isla en 1975 y se titularon ‘Cuba de cabo a rabo’. Los publicó en agosto-septiembre de ese año la revista Alternativa, que fundó en Bogotá en 1974. ¡Y vaya que eran memorables! Sabrosos, como todos los suyos, declaraban una profesión absoluta de fe en la Revolución encarnada en la heroica figura del comandante (a quien García Márquez, a pesar de permanecer tres meses en la isla, no conocía aún): ‘Cada cubano parece pensar que si un día no quedara nadie más en Cuba, él solo, bajo la dirección de Fidel Castro, podría seguir adelante con la Revolución hasta llevarla a su término feliz. Para mí, sin más vueltas, esta comprobación ha sido la experiencia más emocionante y decisiva de toda mi vida.’

Lo fue, al grado de que en 34 años García Márquez no se ha apartado públicamente de esa visión epifánica. ¿Qué vio, que cualquiera podía ver? Logros tangibles en los servicios de salud y educación (aunque no se preguntó si para alcanzarlos era necesario el mantenimiento de un régimen totalitario). ¿Qué no vio? La presencia de la URSS, salvo como generosa proveedora de petróleo. ¿Qué dijo no haber visto? ‘Privilegios individuales’ (aunque la familia Castro se había adueñado de la isla como patrimonio personal), ‘represión policial y discriminación de ninguna índole’ (aunque desde 1965 se habían creado los campos de concentración para homosexuales, antisociales, religiosos y disidentes, llamados eufemísticamente Unidades Militares de Ayuda a la Producción o umap). ¿Qué sí vio, finalmente? Lo que quería ver: a cinco millones de cubanos pertenecientes a los Comités de Defensa Revolucionaria no como los ojos y el garrote de la Revolución sino como su espontánea, multitudinaria y ‘verdadera fuerza’ o, más claramente –en palabras de Fidel Castro, citadas con elogio por el propio García Márquez–, ‘un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria para que todo el mundo sepa quién es y qué hace el vecino que vive en la manzana’. Vio multitud de ‘artículos alimenticios e industriales en los almacenes de venta libre’ y profetizó que ‘en 1980 Cuba sería el primer país desarrollado de América Latina’. Vio ‘escuelas para todos’, restaurantes ‘tan buenos como los mejores de Europa’. Vio ‘la instauración del poder popular mediante el voto universal y secreto desde la edad de dieciséis años’. Vio a un viejo de 94 años embebido en sus lecturas ‘maldecir al capitalismo por todos los libros que dejó de leer’.

Pero sobre todo vio a Fidel. Vio ‘el sistema de comunicación casi telepática’ que había establecido con la gente. ‘Su mirada delataba la debilidad recóndita de su corazón infantil [...] ha sobrevivido intacto a la corrosión insidiosa y feroz del poder cotidiano, a su pesadumbre secreta [...] ha dispuesto todo un sistema defensivo contra el culto a la personalidad.’ Por eso, y por su ‘inteligencia política, su instinto y honradez, su capacidad de trabajo casi animal, su identificación profunda y confianza absoluta en la sabiduría de las masas’, había logrado suscitar el ‘codiciado y esquivo’ sueño de todo gobernante: ‘el cariño’.

Aquellas virtudes se sustentaban, según García Márquez, en la ‘facultad primordial y menos reconocida’ de Fidel: su ‘genio de reportero’. Todos los grandes hechos de la Revolución, sus antecedentes, detalles, significación, perspectiva histórica, estaban ‘consignados en los discursos de Fidel Castro. Gracias a esos inmensos reportajes hablados, el pueblo cubano es uno de los mejores informados del mundo sobre la realidad propia’. Esos discursos-reportajes, admitía García Márquez, ‘no habían resuelto los problemas de la libertad de expresión y la democracia revolucionaria’. La ley que prohibía toda obra creativa opuesta a los principios de la Revolución le parecía ‘alarmante’ pero no, desde luego, por su limitación a la libertad sino por su futilidad: ‘cualquier escritor que ceda a la temeridad de escribir un libro contra ella, no tiene por qué tropezar con una piedra constitucional [...] la Revolución será ya bastante madura para digerirlo’. La prensa cubana le parecía todavía deficiente en información y sentido crítico, pero se podía ‘pronosticar’ que sería ‘democrática, alegre y original’ porque estaría fincada en ‘una nueva democracia real [...] un poder popular concebido como una estructura piramidal que garantiza a la base el control constante e inmediato de sus dirigentes’. ‘No me lo crea a mí, qué carajo. Vayan a verlo’, concluía García Márquez.

Años más tarde, en una entrevista para The New York Times, Alan Riding le preguntó ¿por qué, si viajaba tanto a La Habana, no se establecía allí?: ‘Sería muy difícil para mí llegar ahora y adaptarme a las condiciones. Extrañaría demasiadas cosas. No podría vivir con la falta de información.’”

2.

Más adelante, dice Krauze:

“Martin hubiera podido extraer mucho jugo del libro Gabo y Fidel de Ángel Esteban y Stéphanie Panichelli (que sólo menciona en la bibliografía). Allí se recoge el testimonio de Miguel Barnet, poeta cubano amigo de García Márquez y presidente de la Fundación Fernando Ortiz. Barnet hace la crónica de las fiestas en la ‘mansión de Siboney’, describiendo incluso la vestimenta de ‘Gabo’, el anfitrión. Fidel y ‘Gabo’ –dice Barnet– ‘son verdaderos especialistas en cultura culinaria, y saben apreciar los buenos platos y los buenos vinos. Gabo es ‘el gran sibarita’, por su afición a los dulces, el bacalao, los mariscos y la comida en general’. Por otra parte, Manuel Vázquez Montalbán, escritor español amigo de Castro, recogió este testimonio del ‘gran Smith’, quizás el mejor cocinero cubano: ‘Gabo es un gran admirador de mi cocina y me ha prometido un prólogo para el libro de mis vivencias, que está casi concluido.’ En ese libro, cada uno de los platos se asocia a un personaje relevante para quien fue pensado. El de ‘Gabo’ es ‘Langosta a lo Macondo’, y el de Fidel Castro, un ‘Consomé de tortuga’.

Por esos días, la cartilla de racionamiento cubana (vigente desde marzo de 1962) contenía, al mes y por persona, las siguientes delicias: siete libras de arroz y treinta onzas de frijoles, cinco libras de azúcar, media libra de aceite, cuatrocientos gramos de pastas, diez huevos, una libra de pollo congelado, media libra de picadillo condimentado (de pollo), a los que se pueden sumar como alternativa en el apartado de ‘productos cárnicos’ pescado, mortadela o salchichas”.

3.

Gerald Martin habla de una visita posterior del dictador a Moscú: “Mientras estaba en Moscú, Fidel le compró a García Márquez una gran remesa de su caviar favorito.”

4.

En su reseña en Artes & Letras, Félix Romeo citaba una frase de Reinaldo Arenas que también aparece en la biografía:

“Que un escritor como el señor García Márquez, que ha escrito y ha vivido en el mundo occidental, donde su obra ha tenido una inmensa repercusión y acogida que le han garantizado un modo de vida y un prestigio intelectual, que un escritor como él, amparándose en la libertad y posibilidades que ese mundo le brinda, use de ellos para hacerle la apología del totalitarismo comunista que convierte a los intelectuales en gendarmes y a los gendarmes en criminales, es sencillamente indignante”.

He tomado la imagen aquí.

 

 

LECTORAS

LECTORAS

 

1.

La próxima novela de Ian McEwan, Solar, estará en las librerías el 18 de marzo. Descrita como una novela satírica sobre el cambio climático, cuenta la historia de un físico cincuentón y ganador del Premio Nobel cuya carrera y vida personal andan en declive, y que acepta colaborar con un programa del gobierno contra el cambio climático.

2.

Escribe Rafael Sánchez Ferlosio:

‘Unanimidad, que, por lo demás, no han compartido las cuatro ciudades aspirantes [a los Juegos Olímpicos de 2016], en parte, quizás, porque les ha faltado un condotiero emocional tan irresponsable como Ruiz-Gallardón, consciente del valor político del deporte como instrumento de control social, cosa que no es ahora, pero que se ha desmesurado inmensamente con la imponente, jamás imaginable, hipertrofia que ha sufrido el deporte en estos últimos 25 o 30 años, hasta convertirse en máximo o virtualmente único contenido del patriotismo tanto nacional como periférico.

La proclamación solemne la hizo el Abc del 8 de octubre del 2008 en un editorial titulado El orgullo de ser español, que empezaba con estas palabras: ‘A día de hoy, España es una gran potencia deportiva al más alto nivel internacional’. A continuación cantaba las victorias de la selección nacional de fútbol, de Rafael Nadal, de Pau Gasol, de Alberto Contador y otros dos ciclistas, de Fernando Alonso, ‘heredero genuino de los más grandes pilotos de la historia’ (‘historia’ ponía, sí, es literal). Más adelante se leía lo siguiente: ‘En tiempos confusos para la vertebración territorial del Estado, el deporte está jugando un papel relevante porque aglutina las emociones comunes y demuestra la fuerza de la unidad frente a las absurdas tentaciones políticas disgregadoras’. Pero sobre esta misma preocupación unitaria, el editorial se equivocaba, en cierta curiosa manera indirecta, unos párrafos más abajo, al decir: ‘... los deportistas no son fáciles de atraer hacia causas localistas y cerradas, como pretenden algunos políticos nacionalistas con su habitual cortedad de miras’, lo cual es, en principio, objetivamente cierto, salvo que el Barça, queriendo o sin quererlo, no ha sido tan corto de miras al anticiparse largamente a todos los demás en apuntar más lejos que ninguno de ellos en cuanto a transfigurar el deporte -el ‘deporte rey’, en este caso- en un importante componente o contenido de la patria. Hoy, muchos años después, aquella genial inspiración de ‘El Barça es más que un equipo’ se ha cumplido, a escala nacional, como ‘España no es más que un equipo’.

3.

Nina Sankovitch decidió leer un libro al día durante un año, y escribir la reseña. Le quedan unas semanas. Aquí, un retrato.

4.

Las Naked Girls Reading de Chicago van a leer libros prohibidos a Nueva York.

5.

Escribe Sarah Boseley:

“Unas 70.000 mujeres mueren cada año y muchas más sufren daños como resultado de abortos no seguros en países con leyes restrictivas sobre la interrupción del embarazo, según un informe.

El número total de abortos en todo el mundo ha caído, según el influyente Guttmacher Institute, pero la caída sólo afecta a abortos legales y es principalmente el resultado de cambios en el este de Europa.

Hubo 41,6 millones de interrupciones en todo el mundo en 2003, frente a 45,5 en 1995. Pero en 2003, 19,7 millones de ellas fueron abortos sin garantías de seguridad y clandestinos. Las cifras de esos apenas han cambiado desde 1995, cuando había 19,9 millones.

Casi todos los abortos sin garantías de seguridad se produjeron en países en vías de desarrollo con leyes restrictivas sobre el aborto.

‘Virtualmente todos los abortos en África y América Latina y el Caribe fueron inseguras’, dice el informe. En Asia, los procedimientos seguros superaron a los inseguros por el gran número de abortos legales en China. La mayoría de los que se producen en Europa y casi todos los que se producen en Norteamérica cumplieron las condiciones de seguridad.

Sólo el 28 % de las mujeres africanas casadas usa anticonceptivos”.

6.

Escribe Luke Harding:

Un historiador ruso que investigaba la suerte de los alemanes prisioneros en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial ha sido detenido, en el último ejemplo de la represión a la investigación sobre la época de Stalin que ejercen las autoridades rusas.
Mikhail Suprun fue detenido el mes pasado por funcionarios de los servicios de seguridad de Rusia. Registraron su apartamento y se llevaron su archivo personal completo. Ha sido acusada de violar las leyes de privacidad y, si lo declaran culpable, se enfrenta a cuatro años de cárcel.

Suprun había estado investigando casos de alemanes enviados a los gulags de Rusia en el Ártico. El estudio de este profesor de historia de la universidad de Arjangelsk Pomorskiy, incluía a prisioneros de guerra alemanes capturados por el Ejército Rojo, así como personas de origen alemán y habla rusa -muchos del sur de Rusia- que fueron deportadas por Stalin. Ambos grupos terminaron en los campos de Arjangelsk.
‘Yo quería planeando escribir dos libros. Necesito otros dos o tres años antes de acabarlos’, dijo Suprun hoy. El historiador -que describió su detención como ‘absurda’ - dijo que había firmado un acuerdo con los funcionarios locales para no hablar más sobre su caso.

Sin embargo, la detención ha provocado indignación en Alemania y entre los principales historiadores. Llega en medio de los intentos del Kremlin de rehabilitar a Stalin, y obstaculizar la investigación histórica independiente: la represión política durante la era soviética y las víctimas del sistema del gulag son ahora temas tabú.

El historiador y escritor Orlando Figes describe detención Suprun como algo sin precedentes, y parte de una ‘campaña de Putin contra la libertad de investigación histórica y de expresión’.

7.

Una entrevista a Nicolas Sarkozy, donde habla sobre su hijo, La mauvaise vie de Fréderic Miterrand y Afganistán.

8.

Una entrevista a Michael Ignatieff, el ensayista, pensador, ex presentador de televisión y biógrafo de Isaiah Berlin que tiene posibilidades de convertirse en primer ministro de Canadá.

He tomado aquí La lectora de Fragonard.

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

‘El club de los estrellados’ (Tusquets, 2009), la primera novela de Joaquín Berges (Zaragoza, 1965), es una historia de perdedores y segundas oportunidades. Habla de seres que podrían ser personajes menores en otra novela y se consideran personajes secundarios en su propia vida. El protagonista, Francho, es un cartero feísimo que ha renunciado a tener una relación con una mujer. Le gusta ponerse la lencería que vendía su madre e imaginar cómo le quedaría a una chica. Su otra afición es inventar historias, contar a la gente que es un espía, un aventurero: disfruta más con las ficciones que fabrica alrededor de la vida que con la vida. El narrador, el otro protagonista del libro, es camarero y el mejor amigo de Francho. Como él, forma parte de un club de aficionados a la astronomía: el club de los estrellados.

Los dos viven un cambio profundo. Francho recibe un sobre dirigido a uno de los proxenetas más siniestros de la ciudad y puede comportarse como un héroe improbable y algo quijotesco, un paladín chapucero y entrañable que defiende a dos damas en apuros: Chelo, una puta de mediana edad, y su hija Irene, prisionera de la prostitución y las drogas. El narrador está enamorado de Hortensia, que cae enferma de cáncer. Él la cuida durante el tratamiento: es otra forma de rescate. Como el resto de los personajes del libro, incluso los malvados, Hortensia es más compleja de lo que parece; el narrador habla de su “poesía encubierta en su disfraz de funcionaria de correos”; ella también ha recibido su dosis de soledad y desamparo.

Uno de los grandes aciertos de ‘El club de los estrellados’ es lo bien que están entrelazadas las historias de Francho y el narrador. La novela tiene una estructura en espejo: en las dos tramas hay personajes secuestrados o retenidos; una contemplación de la desnudez; un conflicto entre una madre y una hija y un amante; en una transformación; en una un personaje pierde el pelo y el otro se depila.

‘El club de los estrellados’ tiene un clima y un sentido del humor que recuerdan a Almodóvar, pero también una precisión que hace pensar en David Lodge. Berges aprovecha como mecanismos narrativos aspectos del carácter de los personajes, desde la profesión a sus aficiones: eso hace su relato más económico, creíble e interesante. El narrador es un observador de las estrellas y observa a los demás personajes, y sobre todo a Hortensia, como si fueran cuerpos celestes. La música de Bach establece una comunicación entre Hortensia y el narrador. La trayectoria de Francho es un descubrimiento de sí mismo y un aprendizaje sexual: da salida a un aspecto bloqueado de su sexualidad; ese proceso psicológico es estructuralmente fundamental en la resolución de la novela.

El club de los estrellados’ es una narración casi policiaca y sentimental, y una reflexión sobre la ficción, lo trágico y lo cómico, el amor y el deseo, y lo que decimos y ocultamos a nuestros amigos. Habla del placer y el sufrimiento del cuerpo -el sexo y la enfermedad- y de nuestra capacidad para reinventarnos. Berges ha escrito con humor y elegancia una novela sobre unos freaks desvalidos que empiezan haciéndonos reír y terminan por emocionarnos.

‘El club de los estrellados’. Joaquín Berges. Tusquets, 2009. 271 páginas.

Esta reseña apareció en Artes & Letras de Heraldo de Aragón el 15 de octubre de 2009. He tomado la imagen aquí.

 

LLEGAR Y BESAR EL NOBEL

LLEGAR Y BESAR EL NOBEL

 

Escribe Christopher Hitchens:

Alfred Nobel compartía algo con Mark Twain y Ernest Hemingway y Marcus Garvey. Pudo leer sobre de su propia muerte en los periódicos. Parece que estaba tan deprimido por el énfasis de los obituarios en su trabajo pionero sobre la dinamita –el arma de destrucción masiva de su época- que decidió mejorar la necrológica dando dinero para un premio por la paz internacional.

Pero si ‘prematura’ es la palabra que Nobel pronunció cuando leía la noticia de su propia muerte, también es la palabra más educada posible par acalificar la concesión del Premio Nobel de la Paz al presidente número 44 en el primer año de su primer mandato. Hasta ahora, los premios anuales de la ‘paz’, otorgados por escandinavos biempensantes, pertenecían a uno de estos cinco tipos:

1. Por sus servicios a la diplomacia y la realpolitik. En esta categoría podrían encontrarse Theodore Roosevelt –que no era precisamente un amante de la paz- por su participación en la negociación para poner fin a la guerra ruso-japonesa, el desastre ahora olvidado que presagiaba la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. Se podrían añadir aquí los otros premios a los estadistas que todavía eran políticos activos, como el canciller Willy Brandt de la (entonces) Alemania Occidental en 1971 y Gorbachov, el último líder de la Unión Soviética, en 1990.

2. Por sus servicios al cinismo, el oportunismo y la hipocresía. Aquí encontramos a Yasir Arafat y Henry Kissinger, junto con sus homólogos de Israel y de Vietnam del Norte, adornados por ‘acuerdos de paz’ que no estaban destinados a mantener y que condujeron a brotes posteriores de violencia letal. (Hay que decir a favor de Le Duc Tho, compañero de premio de Kissinger y estalinista de Hanoique tuvo la elegancia de rechazar su parte.) Sobre el premio a Kissinger, que produjo la imagen inédita del querido rey Olaf de Noruega recibiendo bolas de nieve en las calles de Oslo, el periódico La Stampa de Roma publicó un editorial que lo definía con acritud como ‘un estímulo para aquellos que declaran la guerra sólo para ser capaces de pararla después’, que, con su reverso implícito, es una bonita formulación del último premio para dirigentes israelíes y palestinos.

3. Por sus servicios para los derechos humanos. Puede que estos tengan algo que ver o no, aunque en el legado de Nobel se especifica a quienes ‘hagan la mayor parte o la mejor obra en la fraternidad entre naciones, la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y por la explotación y promoción de los congresos de paz ‘. Pocos dudan que el Dr. Martin Luther King Jr. honra el espíritu si no la letra de esta rúbrica, aunque es difícil ver cómo se aplica a Agnes Bojaxhiu, más conocida por la prensa como Madre Teresa, que nunca pretendió trabajar por la paz y que anunció en su discurso de aceptación que la principal amenaza a la paz mundial era el aborto. Incluso la designación de Carl von Ossietzky, en 1935, cuando estaba en un campo de concentración alemán, y de Andrei Sajárov, cuatro décadas más tarde, el comité del Nobel no ayudaron a acortar ninguna guerra, pero sí contribuyeron al respetoa los derechos humanos y el espíritu humano. Hay un argumento cada vez más poderoso a favor de un premio particular y específico que se dedique a eso. Y únicamente.
4. Por sus servicios a sentimientos vagos y arbitrarios de buena voluntad. Uno podría pensar que 1946 habría sido un buen año para Mohandas K. Gandhi, que los indios llaman ‘el Mahatma’. Yo no podría estar de acuerdo, pero creo que el primer año de la era de posguerra fue una época absurda para dar el premio a Emily Balch y John Mott, este último quizás mejor conocido por sus labores como funcionario internacional de la YMCA. La historia del premio de la paz está plagada de este tipo de absurdos pintorescos, a menudo se inclina hacia dignatarios franceses y belgas pasados de fecha, o grupos ultrapolitizados como Amnistía Internacional.

5. Por lealtad a las instituciones supranacionales y a las Naciones Unidas y sus cadetes y satélites. La Cruz Roja Internacional, que asume que la guerra es inevitable y no tiene ninguna posición en absoluto favorable a la ‘paz’, ganó el premio en 1917, 1944 y 1963. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, que necesariamente parte del mismo supuesto como equipo de limpieza y respuesta, ganó en 1954. El propio secretario de Naciones Unidas, bajo Kofi Annan, aceptó amablemente el premio hace unos años, como si -aun después de Ruanda y Bosnia- el reconocimiento sólo fuera algo que, simplemente, la institución merecía desde hacía mucho.

La adjudicación del viernes a nuestro admirado ejecutivo en jefe no cae en ninguna de estas categorías, pero pretende satisfacer las condiciones de la primera, la cuarta y la quinta. Respondiendo a una pregunta que sin rodeos planteó ‘¿Por qué?, el portavoz del Comité del Nobel Thorbjørn Jagland defendió la elección de Barack Obama, diciendo, en primer lugar, que el premio ha tenido a menudo la intención de ‘mejorar ‘el trabajo en marcha de los jefes de gobierno, citando la precedentes de Brandt y Gorbachov. Añadió, en segundo lugar, que el énfasis del presidente sobre la primacía de las Naciones Unidas es meritorio en sí mismo. Esto, hay que decirlo, es ridículo. Es el primer premio ‘Nobel’ virtual.

En 1971, cuando le dieron el premio, el señor Brandt ya había hecho su imperecedera visita a Varsovia, donde cayó de rodillas en el monumento al gueto de la ciudad. Su Ostpolitik, o la reconciliación con antiguos vasallos y las víctimas del nazismo del Este, era una realidad. Habría continuado con o sin la palmadita en la espalda de los países escandinavos. De hecho, el año anterior a la concesión del premio, el canciller de Alemania había obtenido otro galardón supremo aunque engañoso, cuando una revista estadounidense que no necesito mencionar lo nombró ‘Hombre del Año’. Gorbachov fue galardonado en 1990, varios años después de haber alcanzado un acuerdo histórico sobre el desarme con Ronald Reagan. (Si puedes imaginar a Ronald Reagan recibiendo una invitación al premio, tu imaginación es mucho más poderosa que la mío.) Así que el reconocimiento a los ejemplos de coraje moral y político -también podría sostenerse en los casos de Anwar Sadat y Menachem Begin- no son ni remotamente aplicables en el presente caso. Muy bien, entonces, ¿qué pasa con la idea de alentar las medidas políticas a priori y la conducta amante de la paz? En esta concepción rosada Barack Obama es como Tom Cruise: se le alaba y promueve por atrapar la delincuencia en ciernes, y detener a gente antes de que se cometa ningún delito. (Un eslogan completamente nuevo: ‘duro con el pre-crimen’.)

Nos encontramos pues en un universo bastante peculiar, donde se premian las buenas intenciones antes de que hayan sido objeto de de la intensa metamorfosis que supone ser traducidas en buenas obras, o hechos concretos. Y cada vez es más difícil de evitar la sospecha de que hay algo explícitamente político en el proceso de la toma de decisiones del Nobel. No creo señalar a las sombras. Especialmente en los últimos tiempos, los premios de literatura, un ámbito en el que estoy más calificado para pronunciarme, han reflejado una mentalidad similar o idéntica. Las opciones de un anarquista italiano, estalinistas de Austria y Portugal y de la histeria antiestadounidense de Harold Pinter deben estar frescas en nuestras mentes, y podemos recordar que se trata de un comité del Nobel que no reconoció ni a Vladimir Nabokov ni a Jorge Luis Borges.

Quizás no por coincidencia, la elección del ex presidente Jimmy Carter para el premio de la paz en 2002 fue acompañada por declaraciones de Oslo. que dijo abiertamente que recompensaba su oposición a la política exterior de un presidente electo de los Estados Unidos. (A partir de ese argumento, Carter podría haber recibido el premio por escribir a los jefes de Estado árabes en 1991, pidiéndoles que se sumaran a la coalición contra la invasión de Sadam Husein de Kuwait: un acto de anexión ilegal que implicaba la desaparición real de un Estado miembro de las Naciones Unidas y la Liga Árabe. Una vez más, me resulta difícil imaginar que un ex presidente republicano fuera honrado de esta forma por atacar a uno de sus sucesores.)

Puede que el aspecto de imparcialidad sea exagerado. A largo plazo, los Nobel de ‘derechos humanos’, que por ahora no existen en realidad bajo su propio nombre, muestran una distribución  justa que va de Irán a Europa el Este a África y otros lugares. Pero la tarea del jefe ejecutivo de los Estados Unidos es algo más complicado que una simpatía vaga y general de los oprimidos. Consiste, en última instancia, en ser un comandante en jefe, y consultar estrechamente con un Congreso elegido los graves asuntos de la guerra y la paz y la seguridad. Si consigue que algo de esto salga bien, si por poner un ejemplo difícil, se las arregla para negociar una transición no violenta en un Irán con energía nuclear pero sin armas nucleares (y que quizá permite a su propio pueblo para intervenir en sus asuntos internos) entonces lo habrá hecho muy bien, y merecerá mucho más que una medalla y un cheque enorme. Esto es, sin embargo, poco probable, que le hagan caso sobre estas cuestiones graves, sin la amenaza creíble del poder y la fuerza económica, política y militar de Estados Unidos. Algo en el universo mental del comité del Nobel es claramente hostil a los datos que sostienen esta consideración.

Se puede argumentar que para los presidentes no es bueno obtener su reconocimiento y su alabanza antes de conseguir verdaderos logros. Hasta se podría decir afirmar que éste el triunfo contra forma adversidad, del tipo que promete todo tipo de honor a los que soportan el calor y el peso de la jornada, que muestran las cicatrices de la batalla y la lucha, y que se han templado y formado en el combate y la adversidad. Como el presidente Obama ha admitido en sus bastante fascinantes autobiografías, es consciente de su propia suerte y buena fortuna. Así que no tientes al destino, al aceptar un premio para una carrera en la que todavía no has participado y mucho menos ganado. Tal vez, como los potentados romanos de la antigüedad, Obama debería contratar a un agente que le susurre regularmente para recordarle que también es mortal. (Rahm Emanuel me parece el sirviente casi perfecto para este esencial trabajo cotidiano.) Mientras tanto, al igual que debe lamentar haber cruzado el mar para llevarse un trato olímpico para su ciudad de adopción, el Presidente quizá deseé no viajar hasta Estocolmo para aceptar la adulación inmerecida de aquellos a los que Saul Bellow denominó La Empresa de Pavimentación de las Buenas Intenciones”.

He tomado la imagen aquí.

 

AGUA TURBIA

AGUA TURBIA

 

1.

Simon Jenkis escribe:

“La verdad es que la base teórica de las ‘localidades ecológicas’ o ecotowns se ha derrumbado, víctima de la ideología de la conservación del planeta y el cambio climático. Desde el principio el concepto estuvo recubierto de pretensiones, sostenido por la edad de oro de la consultoría Whitehall. Cada arquitecto clamaba ser un defensor de esas nuevas ciudades.
No tenía sentido que se dijera que las ciudades de nueva construcción en el país fueran a ser ‘neutrales en carbono’. Abren el suelo, talan árboles –liberando tanto carbono como talando árboles- y consumen energía al poner asfalto y edificar ladrillo, hormigón, vidrio y piedra. Se requieren nuevas infraestructuras de todo tipo y los habitantes se conviertan en usuarios intensivos de coches.

Los promotores se reunieron bajo la bandera ecotown porque se les prometió la aprobación acelerada de sus casas favoritas, para ejecutivos y con baja densidad de población. Se marcharon, incrédulos, cuando les dijeron que los ministros impedirían que la mitad de los dueños de las casas tuvieran coche. Este verano el Panel sobre el Desafío de las Ecotowns del gobierno estaba cerca de la desesperación. Para un crítico que sólo eran ‘casas con las turbinas en la parte superior’. Al Arquitects’ Journal le parecía que estaban ‘muertas’.

La utopía de la creación de comunidades desde cero hizo llamaba a los políticos del siglo XX, y no sólo al este del Telón de Acero: estarían diseñadas para ser libres de los males urbanos, del pecado, el smog, la miseria, el hacinamiento y el capitalismo. Los arquitectos podrían respirar libremente. Los niños pequeños podrían bailar en las calles. Las nuevas ciudades como Letchworth prohibieron el alcohol en los bares, y servían Cydrax y Bovril. Se asignaron salas para encuadernar, hacer sandalias y servir como ‘lugares de encuentro para los trabajadores en huelga’.

Se pensaba que esta ideología se había desintegrado con el ‘blues de la ciudad nueva’ de la década de 1960 y la anomia de Telford y Milton Keynes. Se creía que había muerto hace una generación. Pero no se puede contener una agenda estalinista. En las ciudades Yvette Cooper revivió el espíritu de la década de 1970 con la extendida demolición de de viviendas con sus proyectos North Country Pathfinder, recientemente criticado en el libro de Anna Minton, Ground Control.

John Prescott, sometido a la presión de de los defensores de estos edificios, revivió el concepto de ciudades jardín bajo un manto de vegetación y planificación centralizada. Unos 70 sitios fueron identificados, para éxtasis de la entonces ministra de Vivienda, Caroline Flint, al éxtasis, alegando que serían ‘carbono cero’ y contribuirían a salvar ‘el mundo entero’. A la población local no se le permitiría intervenir.

Las ecotown cayeron una tras otra cuando el mercado inmobiliario se derrumbó y los residentes se alzaron disgustados. Los ministros se desesperaron. El mundo libre de coches y localismo siguieron el camino de la abstinencia de Letchworth. Incluso la animadora y consultora de las ciudades -Town and Country Planning Association- admitió el año pasado que no puede ser neutra en carbono. De hecho, el gobierno tendría que cometer el absurdo de comprar  carbono de las ciudades con certificados de compensación. Los promotores decidieron que era mejor seguir adelante con la expansión anticuada.

Las ecotown son callejones sin salida en la planificación de la historia, las reliquias de otro intento de formar una nueva Jerusalén con la torcida madera de Gran Bretaña. Incluso si Rackheath sale adelante, será sólo otra zona de viviendas grandes, demasiado caras porque su construcción tiene demasiada regulación. Se generarán los mismos kilómetros de coches que cualquier otra población en una zona rural. Incluso los ministros laboristas han dejado de creer que pueden obligar a la gente a que no conduzca.

La historia ecotown es alarmante sobre todo porque mostrar lo vulnerable que es la política del gobierno ante la histeria verde. El eslogan ‘cambio climático’ puede ser secuestrado por un interés comercial. Pinta tu producto verde (ya sea un coche, una fábrica, un rascacielos, una turbina de viento) y puedes llevarte un permiso y una subvención de algún bromista en el cargo.

Lo verde de verdad se vende menos. El mejor libro sobre el tema es del urbanista americano David Owen. Su Green Metropolis vocea el sucio secreto de que los lugares más verdes para vivir son las grandes ciudades. Nueva York, Londres, Mumbai, Hong Kong están repletas de edificios y personas, economizan en las paredes, los techos, la calefacción central, oficinas, espacios abiertos y tránsito de personas.

Las ciudades consumen el tiempo y el espacio de manera intensa y eficaz. Los residentes no pasan horas cada día quemando combustible para ir al trabajo o volver a casa. Manhattan utiliza una décima parte de la gasolina per cápita de la media estadounidense. Albergando y calentando a sus ciudadanos consume una fracción de la energía que se gasta en los suburbios y el campo.

La lógica de la tesis de Owen es que la política verde debería tratar de influir en el consumo. Debería que hacer las ciudades más atractivas y cambiar la tendencia a la movilidad y la expansión rural. Las ciudades no debería ser denigradas mientras se elogia el desarrollo rural pretendiendo que es más respetuoso con el medio ambiente. La gente en el país requiere metros de pared externa per cápita y usa coches todo el tiempo. Los habitantes de la ciudad no”.

2.

John Irving publica su duodécima novela: Last Night at Twisted River. El labrador de John Irving se llama Dickens. En la novela sale una pistola, y él tiene una en casa. En esta entrevista habla de política, de su novela, de un puercoespín, de Al Gore y de Ricardo III: “Siempre pensé que parte de su problema es que nunca debió ser rey. Debió ser un poeta”.

3.

El Ganges, el río más sagrado de la India, se ha convertido en una cloaca infecta que produce numerosas enfermedades. Cuerpos medio quemados, grandes cantidades de desechos y excrementos humanos, flores religiosas en bolsas de poletileno, plástico, cristal, goma y sustancias no biodegradables flotan en el río. Tal es la extensión de la suciedad y productos industriales y contaminantes que un estudio reciente ha concluido que el río no sirve para la agricultura; por no hablar de beber y bañarse.

4.

El Gobierno de España prohíbe la emisión de pornografía en abierto. Al parecer, ha sido importante la presión de usuarios que no se veían capaces de apagar la tele y preferían que otro lo hiciera por ellos, y por todos los demás.

5.

El rodaje de la película basada en la novela Memorias de mis putas tristes de García Márquez se retrasa por la denuncia presentada por una ONG por "apología de la prostitución infantil".

6.

En Bagdad, los homosexuales sufren persecuciones, torturas y asesinatos.

En la imagen, John Irving.