Blogia

Daniel Gascón

JOHN UPDIKE

JOHN UPDIKE

 

Ha muerto John Updike (1932-2009).

En 1969 escribió:

Nací riendo, he creído en el absurdo,

Que me trajo hasta este punto; de aquí en adelante

Debo fingir que soy un hombre serio.

Martin Amis escribió en La guerra contra el cliché:

“La última sección del libro [Self-Consciousness: Memoirs, de Updike], ‘On Being a Self Forever’, es, hasta donde llega mi conocimiento, lo mejor que se ha escrito sobre cómo es envejecer: la edad, y el único fin de la edad.

’El insomnio ofrece un paradigma: la mente no puede quedar dormida mientras se observa a sí misma. Con el primer bandazo hacia una idea sin sentido nos despertamos de pronto con una anticipación impaciente, ansiosos por estar dormidos.’

Una escritura como esta se gana el asentimiento más profundo; parece extender la comunidad humana”.

La necrológica en The New York Times.

Los lectores lo recuerdan en The New Yorker, donde publicó decenas de relatos y reseñas. Y aquí lo recuerdan los escritores.

Una vida en imágenes en The Guardian. Y un dossier.

He tomado foto de Updike de The Guardian.

 

CONTRA LA HOMEOPATÍA

CONTRA LA HOMEOPATÍA

 

La médico Harriet Hall escribe en Skeptic:

“La homeopatía es una de las formas más antiguas de pseudociencia del mundo moderno. Oliver Wendell Colmes reconocía que era una tontería en 1842, cuando escribió "Homeopathy and Its Kindred Delusions" [Homeopatía e ilusiones afines]. Hace mucho que hemos abandonado la absurdez de equilibrar los cuatro humores con sangrías y purgas, pero la homeopatía sigue adelante. ¿Qué la hace indestructible?

Una razón es la falta de comprensión de lo que es verdaderamente la homeopatía, incluso entre los proveedores de atención sanitaria. Hace poco oí hablar de una enfermera que creía que 'homeopático' se refería a cualquier remedio de hierbas naturales. En caso de que los lectores se encuentren confundidos, aquí hay una breve perspectiva. La homeopatía fue inventada por Samuel Hahnemann a finales del siglo XVIII. Se basa en el ahora superado principio que postula que 'lo similar se cura con lo semejante', y cuanto menor es la dosis, mejor la homeopatía. Si el café te mantiene despierto, un café muy diluido te hará dormir. Cuanto más diluido esté el café, mejor dormirás.

Para imaginar qué remedio funciona para determinados síntomas, se hace una 'prueba', dándole una sustancia a gente sana y escribiendo cada síntoma que tengan los días siguientes (sin intentar determinar si el síntoma se debe a la sustancia o es una coincidencia). Haces un remedio diluyendo esa sustancia muchas veces y sacudiéndola cada vez. Miras los síntomas en un libro que enumera los diferentes resultados de pruebas, y le das el remedio que mejor encaje con su enfermedad.

Para un remedio, el libro enumera síntomas en 19 sistemas corporales, con entradas como ésta: ‘Dolor en la espalda, con deseo de un apoyo firme. Cada movimiento acelera la circulación. Palmas de las manos calientes y sudorosas. Descarga nasal o nariz seca. Padrastros. Verrugas. Escalofríos entre las 9 y las 11 de la mañana. Frío en las piernas con congestion de cabeza, pecho y estómago. Sueño antes del mediodía. Sueños de atracos…’. Sigue así durante páginas. Todos estos síntomas están recogidos en demostraciones de gente sana después de tomar Natrum muriaticum. Eso es sal de mesa. ¿Cómo puede creer alguien que la sal de mesa causa todos esos síntomas, o, ya que estamos, creer que una disolución de sal podría aliviar todos esos síntomas?

La memoria del agua

¿Qué tipo de disolución? Una disolución seria, comparable a una gota diluida en el agua que hay en toda la Tierra. Cuando se dieron cuenta de que no había moléculas de la sustancia original en la mayor parte de las disoluciones homeopáticas, los homeópatas decidieron que el agua debe ‘recordar’ lo que ha estado en contacto con ella, como grupos de moléculas de agua que de alguna manera guardan la memoria de las sustancias supuestamente curativas. Desafortunadamente, los homeópatas no han logrado explicar cómo puede recordar el agua lo que debe recordar, y olvidar todos los demás recuerdos de sus contactos con varios contaminantes, elementos, bacterias, y cualquier cosa que estuviera flotando por allí en ese momento.

En homeopatía, cualquier sustancia puede ser un remedio. Mi favorita es ‘eclipse de luna llena’. He intentado descubrir cómo lo recogen para preparar el remedio; nadie me lo cuenta. Y después estaba el homeópata que vendía vacunas homeopáticas contra la viruela y el ántrax, que decía que fabricaba diluyendo los componentes reales. Yo informé de él a Seguridad Nacional, porque si él puede conseguir esos elementos, los terroristas también.

Jacques Benveniste es tristemente celebre por ganar dos Premios IgNobel por sus estudios homeopáticos: el primero no podía repetirse cuando se hacían experimentos de doble ciego; en el segundo, aseguraba que había mandado la firma electrónica del remedio a través de Internet.

El estudio de degranulación de basófilos de Benveniste era un intento enrevesado para mostrar que el agua puede recordar. Supuestamente fue replicado en otros laboratorios, como Ennis. Los homeópatas siguen citando estos estudios como evidencia de la memoria del agua, pero esto es falta de honestidad intelectual. En primer lugar, los estudios están completamente desacreditados por el hecho de que cada intento de repetirlos con experimentos de doble ciego ha fracasado. Cuando James Randi y un equipo de Nature visitaron el laboratorio de Benveniste, su experimento dejó de funcionar. Cuando el experimento de Ennis fue repetido por el premio de un millón de dólares de Randi en el programa Horizon, fracasó. Si el experimento realmente funcionara en condiciones de doble ciego, alguien podría haber ganado fácilmente el millón de dólares a estas alturas.

En segundo lugar, los homeópatas no parecen darse cuenta de que si los resultados de esos experimentos fueran válidos, significarían que la homeopatía no podría funcionar nunca tal y como se anuncia. Los efectos subían y bajaban con consecutivas disoluciones en lugar de aumentar progresivamente, y parece que se obtenía un efecto similar con una disolución y la solución completa, en lugar de lograrse el esperado efecto opuesto.

Placebo

La homeopatía es tan tonta como puede serlo. No importaría si funcionara, pero no lo hace. La gente cree que funciona porque obtienen un efecto placebo y el homeópata los entretienen mientras ellos mejoran por sí mismos.

Un meta-análisis reciente aseguraba haber descubierto que la homeopatía funcionaba mejor que el placebo en general, pero que no funcionaba mejor que el placebo por ninguna condición específica. Todavía estoy intentando enrollar eso en mi cerebro. Es como decir que el brócoli es mejor para la gente pero no es mejor para los hombres, las mujeres o los niños. Otros meta-análisis han sido negativos, especialmente los que prestaban atención sólo a los estudios de alta cualidad. Un reciente editorial de la revista médica británica Lancet proclamaba ‘el fin de la homeopatía’.

Quizás lo más prometedor sea que Edgard Ernst, médico, ha hablado con fuerza contra la homeopatía. Esto es importante porque era homeópata y el primer catedrático en todo el mundo de medicina complementaria. Durante los últimos 15 años ha dirigido un equipo de investigadores que estudiaban la evidencia a favor de la medicina alternativa, y ahora concluye: ‘Con respecto a la homeopatía, las pruebas apuntan a una industria falaz que no ofrece a sus pacientes otra cosa que fantasía’.

Pese a la ciencia y la razón, la homeopatía no se va a marchar. Tiene algunas cosas muy buenas sobre ti. Cuando vas al homeópata, quiere saberlo todo sobre ti. Te da más atención y tiempo que tu médico de cabecera. Escoge un tratamiento especial diseñado sólo para ti. Si no funciona tiene una explicación y otra cosa que probar la próxima vez. Siempre confía en que te puede ayudar a estar mejor. La homeopatía es barata. No tiene efectos secundarios. Es el placebo ideal. Es fantástica para los que tienen razones para preocuparse y para los hipocondríacos. Es fantástica para esos síntomas elusivos que la medicina científica no puede diagnosticar y curar. Es inofensiva, salvo en los casos en los que se convence a los pacientes para que dejen el tratamiento médico efectivo, o cuando se ofrecen vacunas homeopáticas en lugar de las vacunas reales.

Popular

Es popular en Gran Bretaña, donde la usa la Reina Isabel, la promueve el Príncipe Carlos, donde siguen operando cinco hospitales homeopáticos, y donde la Seguridad Social le dedica un buen pedazo de su presupuesto.

Digamos que no duermes bien. Podrías ir a un médico y  obtener una receta para una pastilla que funciona algo mejor que un placebo y tiene efectos secundarios, o podrías ir a un homeópata y obtener un placebo que no tiene efectos secundarios y es más barato. Igual te va mejor con el placebo. ¿Por qué no prescriben placebos los médicos? Por que no es ético: no mentimos a los pacientes; no podemos decirles que un remedio es efectivo si sabemos que no es más efectivo que un caramelo.

Es fácil ver por qué los médicos pueden creer que la homeopatía funciona. Los pacientes les dicen que se sienten mejor. Por eso las sangrías y las purgas duraron tanto: los pacientes se sentían mejor a pesar del tratamiento y el tratamiento se llevó el mérito. Por eso debemos hacer experimentos al azar y controlados para asegurarnos de el mismo número de pacientes no se siente mejor sin el tratamiento.

Argumentos débiles

Los agumentos que los homeópatas usan para apoyar sus creencias granjearían un suspenso en el primer curso de lógica. Aquí hay algunos que he tomado de “Presenting 50 Facts About Homeopathy” [Presentando 50 hechos sobre la homeopatía] de Louise Mclean.

  • Hipócrates dijo que hay una ley de los similares. [Hipócrates también dijo que toda enfermedad se debía a un desequilibrio de los cuatro humores.]
  • Las demostraciones homeopáticas son un método de examen más científico que el modelo ortodoxo. [Si dices algo totalmente falso con la bastante frecuencia, la gente puede empezar a creerlo.]
  • Hay más de 4000 remedios homeopáticos. [Ninguno funciona.]
  • La sustancia exacta de un remedio homeópatico es conocida, a diferencia de lo que ocurre con la mayor parte de las medicinas modernas donde raramente se nos informa de los ingredientes. [¿Qué? Estamos informados si sabemos leer.]
  • Los homeópatas tartan enfermedades genéticas originadas por seis causas genéticas principales: tuberculosis, sífilis, sarna, cáncer, lepra. [A los genetistas les sorprendería saber esto.]
  • La homeopatía obtenía mejores resultados que el tratamiento convencional en epidemias de cólera y tifus en el siglo XIX. [Sólo porque el tratamiento convencional del siglo XIX hacía más daño que bien. La medicina convencional de hoy es un poquito más efectiva.]
  • Mucha gente cree en la homeopatía. [Mucha gente cree en fantasmas y ángeles, pero eso no los hace reales.]
  • Las grandes empresas farmacéuticas no quieren saber lo bien que funciona la homeopatía. [Las teorías de conspiración están vivas y coleando.]
  • La reina Isabel nunca va a ninguna parte sin sus utensilios homeopáticos. [Y Madonna usa agua de la Cábala]

Argumentos como éstos solo subrayan la bancarrota intellectual del sistema de creencias de los homeópatas. Les encantaría encontrar una validación científica, pero rechazan la ciencia porque no les apoya. Un excusa reiterada es que los remedios son individuales y por tanto no se prestan a experimentos controlados. Eso es una tontería. Un homeópata podría prescribir remedios individuales y terceros podrían dispensar al azar lo que se ha recetado o placebo. Ni el paciente ni el homeópata sabría qué se ha llevado el paciente.

La homeopatía era un disparate en 1842. Lo sigue siendo. Es un diagnóstico que le puedes dar a quien quieras".

He tomado la imagen aquí.

COLECCIÓN

COLECCIÓN

 

1.

El National Book Critics Circle ha anunciado los finalistas de sus premios, que se conceden a libros publicados en 2008. También ha dicho que el premio Ivan Sandrof a una trayectoria es para el Pen American Center. Ron Charles ha ganado el premio Nona Balakian por excelencia en la crítica.

Los finalistas son:

Ficción

Roberto Bolaño, 2666, Farrar, Straus

Marilynne Robinson, Home, Farrar, Straus

Aleksandar Hemon, The Lazarus Project, Riverhead

M. Glenn Taylor, The Ballad of Trenchmouth Taggart, West Virginia University Press

Elizabeth Strout, Olive Kittredge, Random

Poesía

August Kleinzahler, Sleeping It Off in Rapid City, Farrar, Strauss

Juan Felipe Herrera, Half the World in Light, University of Arizona Press

Devin Johnston, Sources, Turtle Point Press

Pierre Martory (traducción de John Ashbery), The Landscapist, Sheep Meadow Press

Brenda Shaughnessy, Human Dark with Sugar, Copper Canyon Press

Crítica

Richard Brody, Everything Is Cinema: The Working Life Of Jean-Luc Godard,  Metropolitan Books

Vivian Gornick, The Men in My Life, Boston Review/MIT

Joel L. Kraemer, Maimonides: The Life and World of One of Civilization’s Greatest Minds, Doubleday

Reginald Shepherd, Orpheus in the Bronx: Essays on Identity, Politics, and the Freedom of Poetry, University of Michigan Press

Seth Lerer, Children’s Literature: A Reader’s History: Reader’s History from Aesop to Harry Potter, University of Chicago Press

Biografía

Paula J. Giddings, Ida, A Sword Among Lions: Ida B. Wells and the Campaign Against Lynching, Amistad.

Steve Coll, The Bin Ladens: An Arabian Family In An American Century, Penguin Press.

Patrick. French, The World Is What It Is: The Authorized Biography of V.S. Naipaul, Knopf.

Annette Gordon-Reed, The Hemingses of Monticello: An American Family, Norton

Brenda Wineapple, White Heat: The Friendship of Emily Dickinson & Thomas Wentworth Higginson, Knopf

Autobiografía

Rick Bass, Why I Came West, Houghton Mifflin.

Helene Cooper, The House On Sugar Beach, Simon and Schuster

Honor Moore, The Bishop’s Daughter, WW Norton

Andrew X. Pham, The Eaves Of Heaven, Harmony Books.

Ariel Sabar, My Father’s Paradise: A Son’s Search for His Jewish Past in Kurdish Iraq, Algonquin

Ensayo

Dexter Filkins, The Forever War, Knopf

Drew Gilpin Faust, This Republic of Suffering: Death and the Civil War, Knopf

Jane Mayer, The Dark Side, Doubleday

Allan Lichtman, White Protestant Nation, Atlantic

George C. Herring, From Colony to Superpower: US Foreign Relations Since 1776, Oxford University Press

2.

En 1989, Walker Percy, autor de El cinéfilo, le escribió una carta a Bruce Springsteen. Años después, el sobrino de Percy entrevistó a Springsteen. Hablaron, entre otras cosas, de Robert Frank y Flannery O’Connor:

“Las lecturas realmente importantes empezaron en mis últimos años como veinteañero, con autores como Flannery O’Connor. Me parecía que había algo en los relatos de esa mujer que capturaban una parte del carácter americano sobre el que me interesaba escribir. Fueron una gran revelación. Llegaba al corazón de una parte de la mezquindad que nunca explicaba claramente, porque si lo hubiera hecho uno no lo habría entendido. Siempre estaba en el centro de sus relatos –su manera de dejar un agujero allí, ese agujero que está dentro de todo el mundo”.

3.

John Krasinski adapta al cine Entrevistas breves con hombres repulsivos.

4.

The Oxonian Review vuelve a salir “como un semanario online”, con una edición impresa al año.

5.

Un libro tan equivocado que se ha convertido en un objeto de coleccionismo: The Bush Boom: How a Misunderestimated President Fixed a Broken Economy [El boom de Bush: Cómo un presidente subestimado arregló una economía, aunque la palabra misunderestimated es una creación de Bush, que debería haber probablemente quería decir misenderstood, de misunderstand, entender mal. Así que sería algo así como malsubestimado]. Cuesta 106 dólares en Amazon.

He tomado la foto de Robert Frank aquí.

QUINTA COLUMNA

QUINTA COLUMNA

 

1.

El País cuenta que Hamás mató a un centenar de miembros de Al Fatah durante la invasión de Gaza. Según fuentes de Al Fatah, Hamás habría asesinado a una decena de miembros de Al Fatah desde que terminó la operación del ejército israelí; también habría torturado a 175 militantes de Al Fatah en los últimos días. Hamás les acusa de colaborar con el ejército israelí.

Aunque la devastación causada por los bombardeos hizo que muchos cambiaran de opinión, al principio de la operación hubo palestinos que veían con buenos ojos que cayera  Hamás. Muchos miembros de Al Fatah deseaban esa caída con especial entusiasmo: la rivalidad entre Hamás y Al Fatah se ha cobrado centenares de muertos. Y Hamás, que hace dos años eliminó a  350  miembros de la Autoridad Palestina en un par de semanas, sabe que en la guerra es  más fácil liquidar a los enemigos sin dar muchas explicaciones. El asesinato y las torturas (con castigos como el disparo en una pierna) a miembros de Al Fatah durante la invasión, la verosimilitud de las acusaciones, la colaboración con Israel  de miembros de Al Fatah, y la legitimidad patriótica de Hamás podrían explicarse desde distintos puntos de vista. Juan Miguel Muñoz ha elegido uno.

"Mientras los combatientes disparaban cohetes, decenas de colaboracionistas con Israel informaban al Ejército de este país sobre objetivos concretos. Seguramente, bastantes personas murieron por esa ayuda al enemigo. Pero la reacción de la milicia islamista fue contundente y brutal. Más de un centenar de esos quintacolumnistas fueron ajusticiados".

Las cursivas son mías.

2.

colaboracionista.

1.com. despect. Persona que presta su colaboración a un régimen político que la mayoría de los ciudadanos considera antipatriótico.

quinta columna.

1. f. Grupo organizado que en un país en guerra actúa clandestinamente en favor del enemigo. U. t. en sent. fig.

ajusticiar.

(De justicia).

1.tr. Dar muerte al reo condenado a ella.

reo

1. com. Persona que por haber cometido una culpa merece castigo.

2. com. Der. Demandado en juicio civil o criminal, a distinción del actor.

3.

Los usuarios podrán escribir entradas en la Enciclopedia Británica.

4.

Murakami gana el premio Jerusalén.

5.

La escritora y defensora de los derechos de la mujer iraní Simin Behbahani ha recibido en París el Premio Simone de Beauvoir. El galardón premiaba la iniciativa “Un millón de firmas”, una campaña de mujeres iraníes que lucha contra las leyes que las discriminan. Behbahani dijo en Radio Free Europe que el dinero del premio será destinado a apoyar los movimientos feministas de Irán, que sufren una creciente presión del estado.

PILAS

PILAS

 

1.

Más de 300 escritores -entre ellos Wole Soyinka, Coetzee, Umberto Eco y Salman Rushdie, han firmado una petición para que el Gobierno chino libere al disidente Liu Xiaobo. Fue arrestado el mes pasado, después de que él y cientos de intelectuales lanzaran una llamada a favor de las reformas políticas. La petición, que celebraba el 60 aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos, pedía más libertad y democracia en China, y el fin del dominio del partido único.

2.

Shenai Raif escribe:

“Un estafador ha sido condenado por asesinar a un escritor reclusivo y premiado para apoderarse de sus riquezas.

Wang Yam golpeó hasta la muerte al frágil Allan Chappelow en su casa de 4 millones de libras en Hamstead, al norte de Londres, para robar su identidad. Pero el acento chino de Yam impidió que engañase a los empleados del banco cuando pretendía ser el ‘caballero inglés’ Chappelow, que era escritor y había sido fotógrafo de un periódico: hizo la última fotografía de George Bernard Shaw y escribió dos biografías del dramaturgo. Yam fue arrestado después de que se encontrara el cuerpo del escritor, de 86 años, bajo una pila de papeles y manuscritos de 90 centímetros de alto”.

3.

“Típicamente, la trama de una buena novela empieza introduciendo a un personaje con el que conectamos, y que lucha con un problema espinoso. A medida que la trama se espesa, el personaje agota todos los recursos para resolver el problema, mientras acontecimientos chocantes y nueva información sorprendente le ayudan, o entorpecen su camino. Dolorosos conflictos internos le empujan hacia delante, pero también le paralizan en el momento de la verdad. Finalmente supera el problema de una manera que toma por sorpresa al lector, pero que en retrospectiva parece elegante e inevitable.

La trama de una típica novela inédita presenta a un protagonista, luego a su madre, su padre, tres hermanos y un gato, y les da a cada uno una larga escena en la que exhiben su comportamiento característico. A esto le siguen escenas en las que interactúan unos con otros en combinaciones diferentes, mientras conducen infatigablemente a restaurantes, bares, las casas de los demás (todo esto se describe con detalle)”.

4.

Siegfried Sasoon, Émile Zola, Martin Luther King y algunos más escribieron varias cartas que cambiaron el mundo.

5.

Breve historia de la Biblioteca del Congreso.

En la imagen, Liu Xiaobo. La he tomado aquí.

EL CORAZÓN EN LA BOCA

EL CORAZÓN EN LA BOCA

 

1.
El escritor australiano Harry Nicolaides ha sido sentenciado a tres años de cárcel en Tailandia por insultar a la familia real en su novela autoeditada Veosimilitude. CNN, al contar la noticia, ha preferido no citar del libro, por temor a que sus trabajadores en Tailandia sean imputados.

2.

Escribe Andrew Osborn:

"El abogado especialista en derechos humanos Stanislav Markelov les dijo a unos periodistas el lunes que usaría todos los medios legales para revocar la liberación del oficial ruso de rango más alto condenado por crímenes de guerra en Chechenia. Tras salir de la sala de prensa, fue asesinado. Con él murió una periodista. Según Oleg Orlov, del grupo defensor de los derechos humanos “Memorial”, Stanislav Markelov “había estado en muchos casos peligrosos y tenía muchos enemigos”.

El abogado, Stanislav Markelo, de 34 años, representaba a la familia de una chechena de 18 años, Elza Kungayeva, que fue estrangulada hasta la puerte por el coronel Yuri Budanov en el año 2000. Budanov fue condenado por asesinato en 2003 y condenado a 10 años de prisión. Fue degradado, y liberado por buen comportamiento el jueves, un año y medio antes de cumplir condena. La periodista, Anastasia Baburova, era freelance, colaboraba en Novaya Gaceta –como Anna Politovskaya-, y había nacido en 1983".

3.

El poeta moldavo Grigore Vieru, que defendía su lengua materna, el rumano, cuando bajo el dominio soviético el ruso era el idioma official, ha muerto en un accidente de coche a los 73 años.

4.

Un lector provisto de Kindle dice que ha contado 13 apariciones de la expresión his heart in his mouth [con el corazón -de él- en la boca], en Los pilares de la tierra de Ken Follet. La metáfora "describe cuando un personaje está nervioso, ansioso o asustado". La expresión her heart in her mouth [con el corazón en la boca, pero de ella] aparece cuatro veces más.

5.

The Merryl Collection of Science Fiction, Speculation and Fantasy de Toronto crea un puesto para un escritor de ciencia ficción en residencia. Pagan unos 10.000 euros por cuatro meses.

6.

El festival de literatura más importante de la India empieza esta semana en Jaipur.

7.

Rompía la porcelana, mojaba las sábanas, tomaba el sol desnudo y estaba casi siempre borracho o colocado. Arthur Rimbaud era un invitado imposible, pero liberó al verdadero poeta que había en su amante Paul Verlaine, escribe Edmund White.

En la imagen, Harry Nicolaides. La he tomado aquí.

LISTAS

LISTAS

1.

Escribe Michiko Kakutani:

"Se ha hablado mucho de la elocuencia de Obama, de su habilidad para usar palabras en sus discursos para persuadir, animar e inspirar. Pero su apreciación de la magia del lenguaje y su ardiente amor por la lectura no sólo le han dotado de una rara habilidad para comunicar sus ideas a millones de estadounidenses mientras contextualiza ideas complejas sobre la raza y la religión, también han formado su manera de verse a sí mismo y su percepción del mundo.

El primer libro de Obama, Sueños de mi padre (seguramente la autobiográfica más evocativa, lírica y cándida escrita por un futuro presidente) sugiere que a lo largo de su vida ha leído libros como una forma de adquirir puntos de vista e información de otros, como una manera de salir de la burbuja de uno mismo, y, más recientemente, de la burbuja del poder y la fama. Recuerda que leía a Ralph Ellison, Langston Hughes, Richard Wright y W. E. B. Du Bois en su adolescencia, en un esfuerzo para comprender su identidad racial, y que, más tarde, durante una fase ascética en la Universidad, se sumergió en las obras de pensadores como Nietzsche y San Agustín en una búsqueda espiritual e intelectual.

Cuando era un niño que crecía en Indonesia, Obama aprendió sobre el movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos a través de los libros que le daba su madre. Después, cuando trabajaba en una comunidad de Chicago, encontró inspiración en Parting the Waters, el primer volumen de la biografía que Taylor Branch escribió sobre Martin Luther King.

Últimamente, los libros le han dado a Obama alguna ideas concretas sobre el gobierno: se ha contado mucho que “Team of Rivals,”, el libro de Doris Kearns Goodwin’s book sobre la decision de incluir a la oposición en su gabinete, le ayudó a nombrar a su principal rival demócrata, Hillary Clinton, secretaria de estado. En otros casos, los libros sobre los primeros cien días de Roosevelt en la Casa Blanca y “Ghost Wars”, el libro de Steve Coll sobre Afganistán y la CIA, le han dado información útil sobre la multitud de desafíos a los que Obama se enfrentará en su cargo”.

2.

Sarah Weinman cuenta cómo leyó 462 libros en 2008.

3.

The Daily Telegraph recomienda 100 novelas. The Guardian, 1.000.

En el Telegraph hay resúmenes. El Quijote: "Cuento picaresco de un caballero cincuentón sobre un caballo flaco con una inclinación por los molinos de viento". El corazón de las tinieblas: "'Conquistar la tierra', dijo Conrad, 'no es bonito'". El gran Gatsby: "El amor de un millonario misterioso por una mujer con 'una voz llena de dinero' lo mete en problemas".

4.

John Kariuki escribe sobre algunos profesores de litearatura del Este de África:

“Son una vista común en las salas de profesores de las Universidades púbicas y en los institutos.

Si no manifiestan una opinión emocional en una voz decididamente alta para una conversación normal, destacan por su peculiar manera de vestir.

Hay probabilidades de que vayan vestidos con brillantes túnicas del Oeste africano, o en una combinación inverosímil de camisa azul y pantalones amarillos.

El flujo de sus palabras estará ocasionalmente puntuado con citas de Chinua Achebe, Shakespeare y Wole Soyinka, entre una horda de otros escritores que citan más o menos como los curas citan la Biblia al predicar.

Pueden llevar rastas o una barba descuidada o estar totalmente afeitados por alguna protesta. Si es una mujer, puede llevar sus libros en un kiondo, y para colmo, unos andares universitarios.

Dicen representar lo poco que queda de auténticamente africano, y deben mostrarlo en su forma de vestir y sus maneras. Pocas mujeres que den clase en la universidad caen tan bajo como para vestir a la moda. El maquillaje es zona prohibida y su amor por el libre ‘vitenge’ es legendario.

Bienvenido al mundo de la literatura, ampliamente retratado como un club de elitistas mentes literarias que ha producido algo más que su comprensible ración de excéntricos. Es un dominio respetado por muchos y reservado para los mejores del mundo académico.

Esto es lo que primero que recuerda Dan de su primera clase de literatura en la Universidad de Nairobi, hace más de treinta años.

‘Ahora sois más de 30 estudiantes pero en los próximos dos o tres semestres, muchos se habrán ido y solo quedarán unos pocos. Porque muchos son llamados pero pocos (lee: los mejores) son los elegidos’, dijo el profesor. Tenía razón: un par de semestres más tarde, solo quedaban 10 alumnos en la clase.

Como los videntes, estos profesores poseen la habilidad de ver mucho más que lo que contienen las meras palabras. También tienen un gusto por apuntes sobados que enseñan durante años.

Son los únicos con la habilidad de convertir una simple declaración en un acalorado debate político que puede durar toda la lección, sin que se alcance ninguna conclusión. En las clases de literatura, tienen excusa para entrar en clase con una grabadora o pedir a los estudiantes que investiguen y presenten las canciones de circuncisión de su comunidad a plena luz del día. (…)

Percibí por primera vez la peculiaridad de los profesores de literatura en el instituto al que asistí. Un pedagogo mayor coleccionaba esquilos, cuernos, tallas y parafernalia oculta. Creíamos que estaba en una búsqueda académica. Pero la gente se sorprendió cuando empezó a llevar un colgante en el cuello, como una estrella del rap soñolienta.

Como los suyos, pronto dejó su nombre cristiano y llevó a su familia de la iglesia dominante a una secta oscura con inclinaciones fundamentalistas. No hacía falta ser astrofísico para concluir que se había vuelto nativo y, con reservas, loco.

Este profesor nos sacaba de clase para cantar cualquier tipo de canción que le parecía adecuada. Consecuentemente, muchos profesores, y especialmente profesoras, se marcharon del centro por las canciones de circuncision que chicos de muchos grupos étnicos de Kenia cantábamos felizmente: “Cantad alto para que los dioses os oigan”, instaba, repitiendo la ocasional palabra obscena que los chicos gritábamos en nuestra lengua materna para alegría general.

Un amigo enseñaba literatura en la escuela en la que empezamos nuestras carreras. Mi amigo era imaginativo e iba más allá del programa poniendo el genocidio de Ruanda en su contexto literario ante sus estudiantes admirados. Muchas veces trataba importantes acontecimientos mundiales y locales temáticamente a través de los libros, atrayendo algo más que una mirada pasajera de los administradores de la escuela.

A veces llevaba trajes maoístas y religiosos y leía títulos esotéricos sobre el vudú, las islas del mar del sur y la iglesia cóptica de Egipto. Como ocurre cuando algo se repite con frecuencia, dejé de percibir su excentricidad pero no sus argumentos.

Glorificaba un pasado paraíso africano en sus discursos, mantenía que los poderes coloniales habían destrozado un hermoso sistema de feudalismo y naciente realeza cuando nos hicieron tragar el republicanismo y la democracia extranjera. Pocos entre los profesores lo entendían, por no hablar de los estudiantes.

Estudiaba con entusiasmo las costumbres y tradiciones de la comunidad local, y yo tenía la fe de que un día haría una crónica, dotada de abstracción literaria, sobre la gente costera que nos rodeaba. Hasta que fui con él a un velatorio. Esa noche descubrí que había estado traduciendo canciones locales obscenas al inglés. En el velatorio, un borracho le dio sinónimos de una parte de la anatomía femenina que es, probablemente, el sostén principal de los expletivos de bar, en todos los dialectos de la lengua vernácula.

En los últimos años del gobierno Kanu, mi amigo nos consiguió una noche a la sombra llamando a unos policías “Policía de Marcos”. Nos arrestaron por sedición. Sin embargo, un amable inspector, que parecía tener un gran conocimiento del inglés, consideró la palabra sedición y nos dejó libres sin cargos a la mañana siguiente.

Cuando tradujo todas sus canciones obscenas, mi amigo se acercó a varias editoriales importantes para publicarlas en forma de libro. Pero todas lo rechazaron como a un leproso. Enloquecido, mi amigo decidió hacer una hoguera con todos los manuscritos en los que tanto había trabajo. Maldecía los nombres de los dioses griegos –‘¡Perséfone, Zeus, Hera!’- mientras el fuego consumía el trabajo de su vida.”

5.

Una reseña de una biografía de Shakespeare. Un texto sobre Edgar Allan Poe, y unas imágenes de sus obras y manuscritos.

Y el Facebook de Jane Austen.

En la imagen, Ralph Ellison.

CHRISTOPHER HITCHENS ESCRIBE SOBRE SALMAN RUSHDIE

CHRISTOPHER HITCHENS ESCRIBE SOBRE SALMAN RUSHDIE

 

Christopher Hitchens escribe sobre los 20 años de la fetua a Salman Rushdie.

"En una cena que siempre estará fresca en la memoria de los que asistieron a ella, alguien se quejaba no sólo de la épica mala calidad de las novelas de Robert Ludlum, sino también de la mala calidad de sus títulos. (Ya sabes lo pretenciosos que son: La supremacía de Bourne, La progresión de Aquitania, La imitación de Ludlum, etcétera.) Después felizmente a otro invitado se le ocurrió preguntarse en su nombre cómo se llamaría una obra de Shakespeare siguiendo el estilo de Ludlum. En ese momento Salman Rushdie empezó a olisquear en el aire como un perro de caza. ‘Vale, Salman, ¿cómo se llamaría Hamlet si lo sometiéramos al tratamiento Ludlum?’ ‘La vacilación de Elsinore’, replicó –y debo señalarlo- en menos tiempo del que te he dado a ti. ¿Era chiripa? ‘La reforestación de Dunsinane.’ Seguir y llegar a La sanción de Rialto y La implicación de Kerchief no llevó mucho más tiempo.

Así es como me gusta empezar cuando hablo de Rushdie y su trabajo. Es sublimemente divertido, y su humor se basa en una relación con el lenguaje más musical que literaria. (Aquí admito mi peor plagio: cuando me invitaron a escribir la introducción al "Black & Issue" de Vanity Fair hace unos años, aproveché que Salman estaba en mi casa para pedirle que jugara un poco con las dos palabras claves. Asoció libremente todo: desde el fotograbado al Taj Mahal, sin pestañear, durante media hora en mi teclado, y mi pieza estaba esencialmente hecha.) ¡Y éste es un hombre cuyo primera lengua no es el inglés! Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, George Orwell escribió a su amigo  Mulk Raj Anand para predecir que un día habría toda una categoría de literatura inglesa escrita por hindúes. Hoy, todos hemos absorbido una novela Vikram Seth o Arundhati Roy o R. K. Narayan o Rohinton Mistry, y para muchos europeos y norteamericanos lo que lo cambió todo fue la publicación de Hijos de la medianoche de Salman Rushdie, en 1981. Ahí aparecía alguien que había nacido como súbdito británico en una colonia, y había anexionado la parte más orgullosa del dominio del Raj –el propio idioma inglés- y la había hecho suya. La novela es todavía la única que ha ganado dos veces el Premio Broker, pero eso es lo de menos.

Sus novelas siguientes han mantenido ese estándar. Recomiendo especialmente El ultimo suspiro del moro, que contiene un maravilloso retrato de la ciudad de Bombay, antes de que los sectarios religiosos cambiaran su nombre a Mumbai. ’Los que odian la India’, escribió Salman con horrible presciencia, ’los que quieren arruinarla, necesitarían arruinar Bombay’. Aparte de su genio para la ficción, Rushdie también fue el cronista de la nueva era de la migración y la síntesis contradictoria de culturas.

 

La fetua

 

¿Con cuánta frecuencia he podido hablar sobre mi amigo de esta manera? No con tanta. Por ejemplo, cuando se quedaba en mi casa en Acción de Gracias de 1993, también había a su alrededor de una docena de miembros de las mejores fuerzas antiterroristas estadounidenses. El día de San Valentín de 1989, el ayatolá Jomeini de Irán le hizo al libro de Salman Los versos satánicos la peor reseña que ha recibido un novelista, reclamando en un tono frenético su muerte y el asesinato de todos los ’implicados en su publicación’. Era la primera vez que la mayor parte de la gente que no pertenecía al mundo musulmán oía la palabra fetua, o edicto religioso. Así que si echas de menos el lado humorístico e irónico de Rushdie, ésta podría ser una razón concebible. Sólo para volver a aclarar la situación antes de seguir: hace dos decenios, el dirigente teócrata de un país extranjero ofreció una gran suma de dinero, en público, por el asesinato de un escritor de ficción que no era iraní. En caso de que algún aspirante a asesino muriera cuando intentaba ganarse la pasta, tenía garantizado un pasaje inmediato al paraíso. (De nuevo, ésta fue la primera vez que muchos occidentales sabían de esta infame promesa coránica). Pensé entonces, y pienso ahora, que no era sólo una advertencia de lo que estaba por venir. Era la advertencia. La guerra civil en el mundo islámico, entre los que creían en la yihad y la sharia y los que no, estaba llegando a nuestras calles y ciudades. En poco tiempo, Hitoshi Igarashi, el traductor al japonés de Los versos satánicos, fue apuñalado hasta la muerte en el campus en el que enseñaba literatura, y el traductor al italiano, Ettore Capriolo, fue apuñalado en su apartamento en Milán. William Nygaard, el editor noruego de la novela, recibió tres disparos en la espalda y lo dieron por muerto en la puerta de su casa en Oslo. Varios intentos muy serios, a menudo apoyados por las embajadas iraníes, se hicieron contra el propio Salman. Y todo eso porque el senil Jomeini, que había prometido públicamente que jamás aceptaría un acuerdo con Saddam Hussein porque dios estaba del lado iraní, tuvo que tragarse el veneno (según sus propias palabras) de firmar un tratado, y necesitaba urgentemente un ’tema’ que gustara a las masas y restaurase sus credenciales religiosas puristas.

 

Lenguaje

 

Sin embargo, sostengo que la cuestión crucial era el lenguaje y no la política. Salman Rushdie, educado como musulmán, concluyó que el Corán era un libro hecho por manos de hombres y era por tanto un buen tema para la crítica literaria y el préstamo ficcional. (Casi todas las batallas históricas por la libertad de expresión, de Sócrates a Galileo, han empezado por un combate sobre lo que es y no es blasfemia.) En cambio, la mera definición de ’fundamentalista’ es alguien que cree que la ’escritura sagrada’ es la palabra fija e inalterable de dios. Para nuestro tiempo y nuestra generación, el gran conflicto entre la mente irónica y la mente literal, la experimental y la dogmática, la tolerante y la fanática, es la controversia que desató Los versos satánicos.

No todo el mundo estuvo de acuerdo conmigo sobre la naturaleza de este enfrentamiento. Cuando le preguntaron al presidente de los Estados Unidos George H. W. Bush dijo que no había intereses estadounidenses de por medio. Dudo que hubiera dicho lo mismo si un ejecutivo de Texaco hubiera sido objeto de una fetua, pero incluso aunque la mujer de Salman de la época (que tuvo que esconderse con él) no hubiera sido estadounidense, podría argumentarse que Estados Unidos tenía un interés en oponerse contra el terrorismo subvencionado por el estado contra los novelistas. Varios intelectualoides, de John Berger en la izquierda a Norman Podhoretz en la derecha, arguyeron que Rushdie tenía lo que se merecía por insultar a una gran religión. (Como el ayatolá Jomeini, no se habían tomado la molestia de leer la novela: el único pasaje que recibir esa acusación sucede durante la pesadilla de un loco.) Parte de eso era un apresurado soborno que se pagaba al crudo agresor del miedo: si Susan Sontag no hubiera sido la presidenta del PEN en 1989, posiblemente muchos se hubieran unido a Arthur Miller en su inicial y temeroso rechazo a firmar una protesta contra la invocación por parte del ayatolá a Asesinatos, S.A. ‘Soy judío’, dijo el autor de Las brujas de Salem. ‘Sólo serviría para que cambiaran de objetivo.’ Pero Susan no aceptó nada de eso, y avergonzó a muchos otros cuyos nombres todavía no puedo revelar. Otros señalaron tenebrosamente que Rushdie ‘sabía lo que estaba haciendo’, como si eso fuera algo inquietante o mercenario. Por cierto, sin duda sabía lo que estaba haciendo. Había estudiado las escrituras del islam en la Universidad de Cambridge, y recuerdo una tarde en el apartamento de Edward Said cerca de Columbia, en la que la agencia de Andrew Wylie le hizo llegar una copia del manuscrito a Edward. En una nota, Salman le pedía al palestino más famoso de Estados Unidos su consejo ilustrado, antes la posibilidad de que el libro ofendiera a ‘los fieles’. Así que, sí, ‘sabía’, pero de una manera altamente responsable. En cualquier caso, el trabajo de los escritores y los pensadores no es apaciguar a los fieles. Y los fieles, si de verdad están ofendidos o angustiados, tienen la capacidad y el derecho a explorar todas las formas de protesta. Salvo la violencia.

Las tres últimas palabras no son una verdadera frase, pero traen a la mente las varias ‘sentencias’ que desde entonces han pronunciado los fieles en sus periódicos arrebatos de ira. El cineasta holandés Theo van Gogh, descendiente del pintor, tiroteado y acuchillado ritualmente en una calle de Ámsterdam después de hacer un cortometraje sobre el maltrato a las mujeres musulmanas en Holanda. Su compañera Ayaan Hirsi Ali, miembro del parlamento holandés, forzada a esconderse y marchar al exilio por las incesantes amenazas de muerte. Dinamarca, otra pequeña (e inusualmente abierta y multicultural) democracia europea, que vio cómo sus embajadas ardían, cómo sus productos eran boicoteados y cómo sus ciudadanos recibían amenazas, porque unas caricaturas del profeta Mahoma habían aparecido en un periódico de Copenhague. Daniel Pearl, insultado por ser judío y después decapitado en un vídeo. Disturbios e incendios y asesinatos por todo el mundo musulmán, algunos claramente incitados por las autoridades, en respuesta a unas palabras del Papa sobre el islam.

 

Cosas que no han ocurrido

 

Éstas son algunas de las cosas que han ocurrido, y que se han dado deprimentemente por supuestas, desde la fetua del ayatolá. Ahora vivimos en un clima en el que cada editorial y cada editor deben pesar de antemano la posibilidad de una violenta represalia musulmana. En consecuencia, hay un número de cosas que no han ocurrido. Déjame darte un ejemplo reciente y trivial que no carece por completo de importancia simbólica. El pasado mes de octubre, Sony PlayStation retrasó la salida de su mayor vídeo juego de 2008, LittleBigPlanet, porque la canción que lo acompañaba, del cantante de Mali Toumani Diabaté, incluía dos expresiones que, según la nota de Press Association, ‘podían encontrarse en el Corán’. Siguiendo la línea de la prensa estadounidense –que no quiso mostrar a sus lectores las caricaturas danesas y por tanto permitir que juzgaran por ellos mismos-, la nota no se molestaba en señalar qué ‘expresiones’ eran. Era un ejemplo de libro de autocensura o, si lo prefieres, de llorar antes de que te hagan daño. Hubo una revista estadounidense (la laica Free Inquiry, para la que escribo) que se atrevió a imprimir esas caricaturas; Borders sacó el ejemplar de sus estanterías.

Pero que nadie dude de que te pueden hacer daño. Unas semanas antes de que Sony PlayStation capitulara por adelantado, por decirlo así, se arrojó una bomba incendiaria un hogar privado del Norte de Londres que también es la oficina de una pequeña editorial llamada Gibson Square Books. El director, Martin Rynja, fue elegido para esta atrocidad porque había decidido publicar una novela romántica titulada The Jewel of Medina, de la estadounidense Sherry Jones, que contaba la historia de la esposa más joven y preferida de Mahoma, Aisha, de nueve años (seis cuando se concertó el matrimonio). En un principio, Random House había comprado la novela. ¿Cómo obtuvo esta pequeña editorial londinense el honor de publicarla? Porque Random House rechazó el libro al recibir una amenaza de una sola lectora, que dijo que podrían tener un nuevo ‘caso Rushdie’ entre manos. La fecha del ataque, el 26 de septiembre, coincidía con el 20 aniversario de la publicación de Los versos satánicos.

 

Una figura sombría

 

Así que hay un compañero oculto en nuestro mundo cultural, universitario, editorial y mediático: una figura sombría que, sin que la hayan invitarado, ha acercado una silla a la mesa. Nunca habla. No lo necesita. Pero se hace entender muy bien. El fallecido dramaturgo Simon Gray aludía a ella cuando dijo que Nicholas Hytner, director del Teatro Nacional de Londres, podía programar una obra que se burlara del cristianismo, pero no una que cuestionara el islam. Yo me enfrenté al censor no reconocido cuando fui a la CNN a defender las caricaturas danesas y descubrí que, aunque la cadena mostraba la página del periódico, había pixelazo los dibujos. Y esto en una época en la que la imagen lo es todo. La presentadora no se sonrojó al decirme que estaba eliminando su mercancía (imágenes que son noticia) por puro miedo.

A veces este miedo –y este chantaje- viene disfrazado de buenas maneras y multiculturalismo. Uno no debe herir los sentimientos religiosos de los demás, muchos de los cuales son inmigrantes pobres en nuestra sociedad. A esto respondería señalando un libro publicado en 1994. Se titula For Rushdie: Essays by Arab and Muslim Writers in Defense of Free Speech [Por Rushdie: Ensayos de escritores árabes y musulmanes en defensa de la libertad de expresión]. Entre sus autores están casi todos los escritores que merecen el nombre en el mundo árabe y musulmán, desde el poeta sirio Adonis, el autor sirio-kurdo Salim Barakat y el fallecido bardo palestino Mahmoud Darwish, a los celebrados escritores turcos Murat Belge y Orhan Pamuk. Especialmente impresionante y corajinosa era la lista de 127 escritores, artistas e intelectuales iraníes, que, desde la casa-cárcel que es la República Islámica, firmaron una carta que decía: ‘Subrayamos el carácter intolerable del decreto de muerte de la fetua, e insistimos en que los criterios estéticos son los únicos adecuados para juzgar las obras de arte… El punto hasta el que se tolera la negación sistemática de los derechos del hombre en Irán se tolera sólo puede animar a exportar fuera de la República sus métodos terroristas que destruyen la libertad’. En otras palabras, la situación es exactamente opuesta a la que describen los multiculturalistas condescendientes. Tolerar la idea de una censura religiosa bajo la amenaza de la violencia es insultar y disminuir precisamente a las personas que constituyen la avanzadilla intelectual del mundo islámico, y que quieren testificar a favor de su libertad –y de la nuestra. También es asumir la suposición paternalista de que los líderes de mafias y los que incitan a los tontos son los verdaderos representantes de la opinión musulmana. ¿Qué podría ser más ‘ofensivo’ que eso?

En los convulsos días que siguieron a la fetua, con Salman huyendo y las pantallas de televisión llenas de imágenes de libros ardiendo y bigotes retorcidos, una entrevistadora musulmana y su cámara me pararon y me hicieron una vieja pregunta: ‘¿No hay nada sagrado?’. No recuerdo lo que contesté, pero sé lo que diría ahora. ‘No, no hay nada sagrado. E incluso si hubiera algo que pudiéramos llamar sagrado, nosotros, meros primates, no sabríamos qué libro, ídolo o ciudad son los verdaderamente sagrados. Así que lo único que se debe conservar a cualquier precio y sin condiciones es el derecho a la libertad de expresión, porque si desaparece, desaparecen con él todas las reivindicaciones de derecho’. También pienso que la vida humana tiene un aspecto sacrosanto, y aunque puedo pensar en varias circunstancias en las que tomaría una vida, el delito de escribir una obra de ficción no es una justificación (ni siquiera en el caso de Ludlum) que me pueda satisfacer nunca. Dos décadas más tarde, Salman prospera y ha vuelto a vivir como un hombre libre. Pero la cultura que lo sostiene, y que él ayuda a sostener, ha girado hacia una postura de contención previa y autocensura en la que el edicto lúgubre y loco del teócrata muerto ejerce su fuerza. Y, por cierto, la próxima vez que los encantadores hijos de Jomeini quieran hacerse sentir, no estarán sólo armados de fetuas, sino también de armas nucleares.”  

 He tomado la imagen aquí.