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Daniel Gascón

OLVIDO

OLVIDO

1.

Michael Chabon olvidó su premio Scripter, por su colaboración en las adaptaciones literarias de sus libros, en el estrado.

2.

Aparece un antología de 25 relatos de Myanmar en alemán.

3.

Escribe Enrique Krauze:

“Conviene aclarar, en negativo, qué entiendo por antisemitismo.

Criticar la fundación de Israel teniendo en cuenta el altísimo costo que tuvo que pagar desde entonces el pueblo palestino, no implica por fuerza un acto antisemita: historiadores israelíes de la corriente post-sionista han ejercido y documentado esa crítica. Criticar la política exterior israelí en las últimas décadas conlleva aún menos una actitud antisemita: de hecho, los propios israelíes liberales y de izquierda han visto en los asentamientos un acto de ocupación inadmisible, cruel y, a fin de cuentas, contraproducente.

Criticar la reciente ofensiva israelí en Gaza tampoco supone albergar un prejuicio antisemita: existen argumentos serios contra su desproporción y una indignación general por el sufrimiento de la población civil. Ni siquiera criticar a "los judíos" supone necesariamente un reflejo antisemita: los fanáticos de la identidad suelen generalizar así sus antipatías, lo mismo contra "los judíos" que contra "los yanquis", "los chinos", "los sudacas" o "los gachupines".

Dicho todo lo cual, creo que a raíz de la guerra de Gaza afloraron dos actitudes preocupantes: una roza el antisemitismo, otra lo asume abiertamente.

La primera es la parcialidad noticiosa y editorial de algunos medios con respecto al tema, como si la ofensiva israelí se hubiese dado (casi) en el vacío, sin la provocación previa de los proyectiles de Hamás sobre el sur de ese país y la amenaza cierta de que en un futuro cercano cayeran sobre Tel Aviv.

Creo que no se documentó de manera suficiente el hecho (recogido con amplitud, por ejemplo, en el Corriere de la Sera) de que Hamás puso en posiciones de riesgo militar deliberado y forzado a su población civil.

Creo que ese énfasis condenatorio no se ha visto en otras tragedias: pienso en Chechenia, donde fueron torturadas y muertas decenas de miles de personas. La doble moral resulta inexplicable.

Nadie comparó entonces a los rusos con los nazis. Hubiera sido una infamia, a pesar de lo que hicieron en Chechenia. Y es que los rusos sufrieron indeciblemente a manos de los nazis. Los judíos aún más. Otorgar a las víctimas la identidad de los victimarios es una perversidad moral.

Allí reside la segunda actitud, francamente antisemita.

Su expresión más socorrida es la amalgama de maldad: la equiparación (ostentada en las manifestaciones de Madrid y Barcelona) de la Esvástica con la Estrella de David, que a su vez supone la equiparación (formulada por varios importantes escritores y periodistas) de la tragedia de Gaza con el Holocausto.

Se trata de dos fenómenos distintos que por su magnitud y naturaleza no pueden ser homologables.

La amalgama de todos los males conduce a la banalización del mal: si 600 víctimas inocentes son lo mismo que seis millones (aunque la muerte de los seis o 600 sea claramente reprobable) el mal resulta relativo, el mal no importa. Pero aún más decisiva que la diferencia cuantitativa es la diferencia de sentido.

El Holocausto representó la voluntad (cumplida en un 50%) de exterminar un pueblo, de borrarlo, de tratar a niños, mujeres, ancianos como plaga y no como personas. Este exterminio no fue solamente un crimen contra los judíos sino contra el concepto mismo del ser humano. La inteligencia, la racionalidad y el lenguaje desaparecen si no suponemos una semejanza radical entre los hombres.

En el caso actual, son los fundamentalistas islámicos quienes reproducen el ánimo nazi: quieren borrar al otro, en Jerusalén, Nueva York, Madrid o Londres. Ni en esta ofensiva ni en ninguna otra, Israel se ha propuesto exterminar a la población palestina”.

4.

Nikki Giovanni saca un nuevo libro de poemas, Bicycles. Da cinco consejos para escribir un poema de amor. Dice que el poema trata del que ama y no del amado; que lo más difícil es la sencillez (“el error más común en la escritura es la complicación. Y punto”, dice), y asegura: “si alguien te escribe un poema de amor tienes que ser un idiota para decirle que no es bueno”.

En la imagen, Michael Chabon.

EL INCOMPRENDIDO JOHN UPDIKE

EL INCOMPRENDIDO JOHN UPDIKE

Christopher Hitchens se despide en Slate de John Updike:

“La mayoría de las celebraciones y elegías del gran John Updike fueron abismalmente sosas, y lo elogiaban como el bardo y cronista del gran medio americano (clase media, mente media, etcétera). Un escritor de obituarios se acercó más, y dijo que Updike parecía a algunos un dechado de las virtudes de la burguesía, mientras que a otros les parecía un preocupante impulsor de la liberación sexual y la subversión de los demás. Depende mucho de cómo llegas a un autor –en mi internado para chicos inglés de los años 60, un ejemplar de la primera novela de la serie de Rabbit (Corre, Conejo) que pasaba por la residencia con la cubierta arrancada, como un texto ilícito, una ’cosa caliente’. Hasta hoy casi no me atrevo a abrirlo y mirar, pero en un momento, ’ella’ parecía actuar como si quisiera ponerse del revés, mientras que él podía sentir algo como una ’zapatilla de terciopelo’. Oh, Jesús, ¿qué era eso? Yo ardía por saberlo, como podría haberlo hecho Alexander Portnoy, y me sorprendió descubrir más tarde que tanto Updike como Philip Roth eran considerados literatura en los Estados Unidos.

Otro obstáculo aparente para una apreciación completa de Updike era su desacomplejados carácter y presencia WASP. Esto nunca se mostró de un modo más incómodo que en su ensayo "On Not Being a Dove," que a primera vista lo convierte en la persona menos de los sesenta que se recuerda, aunque intentara –siempre la peor combinación- con demasiado esfuerzo estar a  la moda.

Iba a reuniones y hacía donaciones a la NAACP e incluso le dejé a un hombre negro al que conocíamos poco algo de dinero que nunca me devolvió –yo quería que todo el mundo se tomara un respiro, si el gasto que me suponía no era excesivo.

Ésa no es la forma en que la mayoría de la gente eligió recordar esa década, y Updike había aterrizado, además, como prácticamente el único entre los literatos que había apoyado a la administración Johnson en Vietnam. El ensayo se puede releer ahora porque, aunque no contenga ninguna defensa razonada de la propia guerra, insiste de una manera suave y en última instancia irreductible en que Estados Unidos es superior a sus enemigos, tanto en el extranjero como en el interior, y por tanto puede acertar incluso cuando está equivocado. (Cuando le preguntaron cómo debería tomar partido un escritor en la guerra, Updike quería decir al principio que las opiniones de los escritores no tenían más valor que ninguna otra, pero terminaba diciendo que ’en mi propio caso al menos siento que mi necesidad profesional de libertad de palabra y expresión hace que tenga prejuicios a favor de un gobierno cuya constitución la garantiza’. Así que no intentes reclutar escritores o no te metas con escritores que sepan utilizar un eufemismo con un efecto semejante.)

En la única ocasión en que él y yo nos conocimos de verdad y tuvimos una entrevista y una conversación, yo estaba principalmente interesado en el tema de la raza. Updike acababa de publicar Brasil, su primer paso fuera de las fronteras de Estados Unidos desde El golpe, de 1978. Ambas novelas trataban del exotismo y la mezcla de razas, y cuando leí la anterior por primera vez me pareció que contenía la pista de una presciencia del creciente odio islamista hacia América. (Lee, si quieres, las ventosas y aterradoras diatribas del Hakim Ellellou de Updike, el dictador teócrata y militar de la tierra de Kush. Parecen alzar el telón de futuros pedregales.)

Bueno, dijo Updike, con su habitual y hasta donde pude conocerlo completamente indesmayable buen carácter. Sus opiniones sobre esos asuntos se habían actualizado desde 1978,  y en realidad desde 1968. Por supuesto para empezar él no era un WASP –no puede haber un nombre más esencialmente holandés que Updike-, pero añadió con típica inseguridad que dos de sus hijos se habían casado con africanos y que ahora tenía algunos nietos genuinamente ‘afroamericanos’. Parecía muy divertido y satisfecho con esta idea, y la primera edición de su libro de memorias A conciencia, que contienen ese ensayo contra los años sesenta, está dedicada ‘A mis nietos John Abloff Cobblah y Michael Kwame Ntiri Cobblah’. Estos nombres, que suenan a los ashanti de Ghana, hacen que uno se pregunte si el presidente Barack Obama perdió una oportunidad, y todos nos perdimos una experiencia, al no invitar al clan Updike a estar presentes cuando uno de los mejores escritores del país podía ofrecernos todavía una ‘invocación’.

Puede que Updike estuviera demasiado enfermo para entonces. Y parece que algo andaba mal en su confianza hacia el final. Su última novela, Terrorista, era un fracaso de nervio y también un fracaso de estilo, y hacía un absoluto desastre de un supuesto asesino suicida ‘criado en casa’ en Nueva Jersey. Y su importante pieza en “Talk of the Town” para The New Yorker sobre el 11 de septiembre de 2001 (que la revista no ha impreso en la ensalada memorial de sus mejores colaboraciones esta semana), se acercó mucho a decir que ese asalto a nuestra sociedad civil no era un acontecimiento por el que mereciera la pena luchar. Qué incongruente por su parte, después de mantener durante tiempo que Vietnam era una guerra justa, ser tan titubeante y neutral cuando llegó una verdadera crisis. Y sin embargo, quizás no tan incongruente para un hombre de una delicadeza y elegancia irónicas y reservadas que prefería estar equivocado a causa de las reservas correctas que acertar por las razones equivocadas”.

He tomado la imagen aquí.

 

ROBOS

ROBOS

 

1.

Escribe Sandra Laville:

“Conocido como el ‘ladrón de tomos’, también le llaman con los alias Señor Santoro o David Fletcher. Un caballero célebre en el raro mundo de los libros anticuarios, se ha escapado de las manos de la policía, que lo sigue buscando.

Bibliotecas de todo el mundo, archivos, subasteros y comerciantes internacionales tuvieron un breve respiro cuando William Simon Jacques, un graduado de Cambridge con un coeficiente intelectual de genio fue encarcelado durante cuatro años por robar un millón de libras en libros antiguos y raros de la British Library, en uno de los mayores botines de la historia legal.

Todavía un maestro de los nombres falsos y el disfraz, Jacques está fuera de la prisión y con sus viejos trucos una vez más. Ahora tiene cuarenta años. Lo detuvieron por robar un juego de doce libros que valía más de 50.000 libras en la mundialmente famosa biblioteca Lindley, de la Real Sociedad de Horticultura de Londres pero desapareció cuando estaba en libertad bajo fianza. Muchos meses después, el rastro se ha borrado. ‘Es extremadamente brillante, demasiado para que lo cojan, va a ser muy difícil encontrarlo’, dijo un investigador.

Jacques es uno del puñado de criminals muy inteligentes y cultos que operan en el mundo algo tenebroso de los vendedores y coleccionistas de libros antiguos. Saquean tomos, manuscritos y mapas de valor incalculable, mientras que los jugadores de este mundo cerrado –las bibliotecas nacionales e internacionales, los tratantes y las propias vícitmas- permanecen en general en silencio acerca de lo que sucede”.

2.

Un caso zaragozano.

3.

El ayuntamiento de Birmingham ha prohibido las señales de tráfico con apóstrofos. Asegura que perdía demasiado tiempo atendiendo a las protestas de los ciudadanos que criticaban los errores gramaticales de las señales.

4.

Middle East Online cuenta:

“Una reciente atención mediática ha rodeado a la poeta Aydah Al Aarawi Al Jahani, que competió por segunda vez la semana pasada y es la primera poetisa que llega tan lejos en el programa El poeta del millón en Abu Dhabi TV.

Al Jahani ha recibido crecientes presiones de su familia y miembros de su tribu, en Arabia Saudi, para qeu abandone la competición porque es una mujer. La poeta, que ha competido fieramente con sus compañeros masculinos, ha conseguido evitar la eliminación gracias a los votos del público”.

5.

Diez personas pueden morir lapidadas en Irán.

6.

Rosa Montero se indigna con razón.

He tomado la imagen aquí.

CAUSAS

CAUSAS

 

1.

Philip Ball escribe sobre La causa sagrada de Darwin:

“Parece simplista decir que cada época moldea a Charles Darwin según sus propias preocupaciones, pero la tentación es difícil de resistir. Para los victorianos, era un agitador ateo que atacaba el privilegiado estatus moral de la humanidad. A principios del siglo XX, se convirtió en un profeta de la ingeniería social y el mercado libre. Con la sociobiología de los años 70, el darwinismo se convirtió en una teoría de comportamiento, mientras que la genética neodarwinista impulsaba una visión desolada de la humanidad: máquinas de genes conducidas por los egoístas imperativos de nuestro ADN.

Ahora, 200 años después del nacimiento de Darwin y 150 años después de la publicación de El origen de las especies, Adrian Desmond y James Moore, cuya biografía de 1991 parecía no dejar nada más que decir, ofrecen una nueva visión del arquitecto de la evolución por la selección natural. En Darwin's Sacred Cause (Allen Lane £25), dicen que la obra de Darwin sobre el antecedente común de todos los seres vivos no estaba motivada por una curiosidad abstracta, sino por la determinación de mostrar que los esclavos africanos compartían la misma raíz que sus amos blancos. Argumentan que el texto fundacional de la biología moderna estuvo impulsado por la repugnancia que Darwin sentía ante el comercio de esclavos.

Según este punto de vista, la defensa de Darwin de la ‘hermandad’ de todos los hombres podría considerarse incluso uno de los factores que han permitido que se elija a un negro como presidente de los Estados Unidos. Sin duda habrá sonrisas ante este Darwin ‘políticamente correcto’, pero es difícil disputar el argumento de que Darwin pretendía relegar la noción, conveniente adoptada por los esclavistas, de que los negros y los europeos (y otras razas) eran especies diferentes.

Además, había poco políticamente correcto en Darwin: aceptaba la creencia dominante en la superioridad de los blancos, y de los hombres sobre las mujeres. No obstante, el Darwin que emerge de este análisis meticuloso es profundamente humanitario, un hombre que despreciaba la esclavitud porque aborrecía la crueldad sobre cualquier criatura”.

2.

Una colección de cuadernos.

3.

Este fin de semana cumple años Langston Hughes. La revista Poetry lo celebrará con tres poemas inéditos.

4.

Un artículo sobre el novelista hindú Chetan Bhagat, que ha vendido tres millones de ejemplares de su novela One Night @ the Call Center. Sigue trabajando en un banco por la mañana.

5.

Una campaña de poemas escritos en papel higiénico en Japón. Entre ellos: “El papel te encontrará sólo por un momento”; “Dobla el papel una y otra vez y también otra vez”. Dicen que el objetivo es luchar contra el cambio climático.

He tomado el retrato de Darwin de Collier aquí.

JOHN IRVING RECUERDA A UPDIKE

JOHN IRVING RECUERDA A UPDIKE

 

John Irving escribe en Slate sobre John Updike:

Como la mayoría de los hombres de mi edad –soy diez años más joven que John Updike- empecé a leerle por el sexo. Todavía estaba en la escuela preparatoria cuando leí por primera vez Corre, conejo, y en la Universidad cuando leí El centauro. Había terminado en el Taller de escritores de Iowa y tenía mi primer trabajo como profesor cuando leí Parejas, que se publicó en la misma época que mi primera novela, Libertad para los osos. Era uno de esos escritores que me enseñaron: eres un escritor porque puedes escribir bien, no por tu ‘tema’.

Como Margaret Atwood, Updike no tenía miedo –no escribía la misma novela una y otra vez. Vale, estaban las novelas de Rabbit, y las de Bech, y las maravillosas brujas (de Eastwick) volvieron hace poco como viudas. Lo que hacía que el sexo fuera distinto es que era elegante, refinado, y no menos inapropiado, o desagradable, cuando Updike lo quería así. Kurt Vonnegut dijo que hay escritores que, si no hubieran podido ser escritores, estarían en la cárcel. Hay escritores que simplemente no habrían podido ganarse la vida si la escritura no hubiera dado resultados; por ejemplo Vonnegut, y yo. Pero Updike siempre me dio la impresión de que podría haber tenido éxito en cualquier cosa. Era inteligente; no todos los escritores son intelectuales. Yo no lo soy. Él lo era, pero se lo tomaba con buen humor; nunca alardeaba. También era rápido estudiando. Su novela Terrorista fue criticada por la repentina abundancia de expertos en el terror: Updike no entendía esto, o no comprendía correctamente este elemento, o lo que sea. Yo pensé que la novela era un estudio impresionantemente rápido, y perceptivo. Me preocupaban los personajes, algo que muchos intelectuales que escriben ficción no consiguen que suceda.

No éramos amigos. Nos conocimos un poco durante el breve periodo de tiempo en el Massachussets —en Cambridge—y él en Beverly Faros. Cenamos juntos unas veces. Teníamos una correspondencia educada y poco frecuente. Durante un periodo de tiempo –ya no- los fans solían confundirnos. ¿Cómo podía pasar? ¿Porque los dos éramos ‘John’? Era sorprendente, pero recibí numerosas cartas de fans que eran para él, y él recibió cartas de fans que eran para mí, y esto nos daba una excusa para escribirnos el uno al otro, y reenviarnos las cartas equivocadas. Esto ha terminado; no ha ocurrido en cinco o seis años. Quizás era correo que llegaba de un solo pueblo demente o de la misma familia desequilibrada; puede que fuera generacional, y los que pensaban que John Updike era yo y yo era John Updike se han extinguido.

Las cartas empezaban ‘Querido John Irving’; leía un poco y descubría que el corresponsal estaba hablando de una novela de Updike; a él le pasaba igual. Admito que echo de menos esta locura; probablemente no volverá a ocurrir.

¡Mira todo lo que hizo! Las novelas, los relatos, los poemas, los ensayos, la crítica; era productivo, y envidiado. Yo lo leía porque sabía que siempre sería entretenido. Su escritura era vivaz, había una energía constante en el lenguaje, y una alegría –un gran buen humor.

Una vez, cuando vino a cenar, mi hijo mediano, Brendan, estaba en una fase de disfraces: se disfrazaba, hacía voces raras, imitaba acentos, montaba actuaciones extrañas. Updike y yo estábamos cenando cuando Brendan apareció con un kimono; llevaba una vela, y algo que parecía (o era) un micrófono. ‘Buenas noches’, dijo Brendan. ‘Éstas son las noticias en japonés’. Y después empezó una imitación incomprensible de las noticias japonesas; era bastante convicente (creo que Brendan debía tener 8 o 10 años).

Eso fue todo. Brendan se fue, con una reverencia, y seguimos cenando. Hasta entonces, Updike no había visto nunca a Brendan.

Cuando nos despedimos, Updike preguntó: ‘Las noticias en japonés… ¿es acontecimiento regular?’

-No –dije. No sabía qué añadir. Brendan nunca había hecho eso antes; tampoco lo hizo después.

-Bueno, ha sido… especial –dijo Updike.

Lo echaré de menos, y también las cartas de sus fans.”

He tomado la imagen de John Irving aquí.

SUBSUELO

SUBSUELO

1.

Damien Hirst escribe y pinta sobre El origen de las especies de Charles Darwin.

2.

Christopher Hitchens escribe sobre el discurso de Obama en la toma de posesión:

“Dado que estaba revisado y completo casi una semana antes de que lo pronunciara, la decisión de Obama de dar un discurso mínimo debió ser deliberada. Casi no prometió nada, alzó pocas expectativas, mantuvo el tedioso lenguaje de los estereotipos (‘Hemos elegido la esperanza en vez del miedo, la unidad de propósito sobre el conflicto y la discordia’) en un mínimo decente. En tres puntos, sin embargo, dio notas que merecen amplicación. ‘Devolveremos la ciencia al lugar que merece’ pretende, tengo razones para creer, reforzar o subrayar el énfasis del presidente en el pluralismo religioso y la inclusión (cuando sólo faltan unos días para el bicentenario de Darwin y Lincoln) en el creciente número de los ‘no creyentes’. Que esto haya atraído las andanadas de las tremendamente sobrevaloradas iglesias negras es en sí mismo una buena señal.

No se puede elogiar demasiado el rechazo, tomado de Franklin aunque a lo mejor él no lo dijera así, de ‘la falsa elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales’. Esto actuó como telonero de la importante restauración de esos mismos ideales.

No pediremos disculpas por nuestra culpa de vida, ni titubearemos en su defensa, y a aquellos que quieren lanzar sus armas induciendo el terror y matando inocentes, les decimos ahora que nuestro espíritu es más fuerte y no puede romperse: no vais a durar más que nosotros, y os derrotaremos.

El presidente tiene un mejor dominio del inglés que ninguno de sus antecesores que hayamos poído escuchar, y parece que escribió al menos el 80% del su discurso él mismo. Es agradable poder pedirle a la gente que se atenga a palabras que ha escrito en vez de leído, y me hace ilusión hacerlo”.

3.

Juan Miguel Muñoz ha tituladoIsrael recibe al enviado de Obama con un bombardeo sobre Gaza”, y ha hecho una entrevista a un líder de Hamás sin ninguna pregunta incómoda. Habla del bombardeo a los túneles de Gaza: “La aviación israelí bombardeó ayer los túneles de Rafah en la frontera de Gaza con Egipto poco antes de que las milicias palestinas lanzaran el primer cohete desde que Hamás anunciara el alto el fuego el 18 de enero”. Lo que me extraña es que no se haya acordado de mencionar que antes de los bombardeos unos milicianos palestinos había matado a un soldado israelí. Y eso que él lo había contado en el mismo periódico unas horas antes.

4.

Los 25 progresistas más influyentes de Estados Unidos según la revista Forbes.

5.

El último número impreso de Book World, el suplemento de libros exento del Washington Post, saldrá el 15 de febrero.

6.

Notas desde subsuelo: Dostoievski tiene una estación de metro.

En la imagen, "Human Skull in Space", el cuadro que Hirst ha pintado para la edición conmemorativa de El origen de las especies.

PARA ESCRIBIR UNA RESEÑA

PARA ESCRIBIR UNA RESEÑA

 

John Updike escribió sus reglas para escribir una reseña en Picked-Up Pieces.

“Mis reglas, grabadas por traumas de juventud en el extremo receptor de la opinión crítica, eran y son:

1. Intenta entender lo que el autor quería hacer, y no lo culpes por no lograr lo que no intentaba.

2. Da las bastantes citas directas –al menos un pasaje extenso- de la prosa del libro para que el lector de la reseña pueda formar su propia impresión, tener su propio gusto.

3. Confirma tu descripción del libro con citas del libro, aunque sólo sean de una frase, en lugar de un resumen confuso.

4. Sé moderado en el resumen de la trama, y no cuentes el final…

5. Si juzgas un libro deficiente, cita un ejemplo exitoso en la misma línea, de la obra del autor u otra parte. Intenta entender el fracaso. ¿Seguro que es suyo y no tuyo?

A estas concretas cinco podríamos añadir una sexta más vaga, que tiene que mantener una pureza química en la reacción entre producto y el que lo juzga. No aceptes reseñar un libro si estás predispuesto a que no te guste, o comprometido a que guste por amistad. No imagines que eres el guardián de ninguna tradición, el vigilante de ningún estándar partidista, un guerrero en alguna batalla ideológica, un funcionario corrector de ninguna clase. Nunca, nunca… intentes a poner al autor ‘en su lugar’, convirtiéndolo en un peón de una partida entre críticos. Reseña el libro, no la reputación. Sométete a cualquier hechizo, débil o fuerte, que se lance. Mejor elogiar y compartir que culpar y prohibir. La comunión entre un crítico y su público se basa en la presunción de ciertas posibles alegrías en la lectura, y todas nuestras discriminaciones deberían tender hacia ese fin”.

He tomado la imagen aquí.

MARTIN AMIS ESCRIBE SOBRE JOHN UPDIKE

MARTIN AMIS ESCRIBE SOBRE JOHN UPDIKE

 

Escribe Martin Amis:

“Dijo que tenía cuatro estudios en su casa, así que podemos imaginarlo escribiendo un poema en uno de sus estudios antes del desayuno, después escribiendo cien páginas de una novela en el siguiente estudio, después escribiendo después de comer un ensayo brillante para The New Yorker, y después garabateando un par de poemas en el siguiente estudio. John Updike debía poseer una energía más pura que ningún otro escritor desde DH Lawrence.

He visto que muchas veces se sugería qeu esos prodigios sufrían una condición envidiable, llamada ’presión en el córtex’. Es como si tuvieran una fuente subterránea dentro de ellos que está siempre a punto de entrar en erupción. Ha producido una obra enorme. Es sin duda uno de los grandes novelistas americanos del siglo XX.

Sólo él podía sacar su cabeza entre las de los grandes judíos: Bellow, Roth, Mailer, Singer. Era completamente típico de él que, como un elemento lateral, él mismo se convirtiera en un gran novelista judío, en la persona de Henry Bech, el héroe de varios libros suyos. Me parece un rasgo esencial de Updike que nunca estuviera satisfecho con ninguna limitación, que siempre exigiera mucho más de lo que le correspondía.

Se supone que no tiene que haber extremos a la hora de ser único –o lo eres o no- pero era excepcionalmente sui generis. Estaba demasiado influido por Joyce, y en una novela como Parejas se nota que se puso la tarea de llevar a Joyce a América. No creo que pudiera verlo –los grandes estilistas son aquellos que no deberían influirte-, pero era un intento noble, y con un tesoro tan profundo como el que tenía Updike podía permitirse tener unos cuantos tiros fallidos, aunque fuera por poco.

El propio Joyce dijo que había algunas cosas demasiado vergonzosas como para escribirlas negro sobre blanco. Updike era un sinvergüenza innato, y nosotros somos los beneficiarios de esa cualidad. Llevó la novela a otro plano de intimidad: nos llevó más allá del dormitorio y hasta el cuarto de baño. Es como si nada humano le hiciera cerrar los ojos. Creo que era probablemente el modelo de su generación. Como dijo él mismo, ‘Mi mujer y yo tuvimos niños cuando éramos unos niños’. Los años salvajes les llegaron al principio de la mediana edad.

Para mí, sus mejores novelas son los dos últimos libros de Rabbit, Conejo es rico y El regreso de Conejo. Con la cuarta de la novela de la tetralogía, hizo una homerun con todas las bases. Su estilo era de una viveza y musicalidad compulsivas e imparables. Varias veces al día vuelves a él –como ahora hacia su fantasma- y te preguntas: ‘¿Cómo lo habría hecho Updike?’. Hoy es un día muy frío para la literatura”.

En la imagen, Updike, su mujer Mary y sus cuatro hijos.