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Daniel Gascón

ILUSTRACIÓN

1.

Un día emocionante.

2.

Cuenta Philip Blom en Letras Libres: “La historia de la escritura de la Enciclopedia tiene muchas implicaciones importantes para nosotros hoy en día. Una Enciclopedia enorme, que ansía contener el saber humano en sus páginas, escrita por cientos de colaboradores, parece una especie de prototipo de Internet. Además, pienso realmente que el tema principal tanto en política como en cultura ya no es más la batalla entre la derecha y la izquierda, sino entre la Ilustración y el oscurantismo”.

3.

En God is not Great Christopher Hitchens habla de la ablación del clítoris en África; de la oposición a los preservativos de numerosas confesiones y de la Administración Bush; de las religiones que aseguran que las vacunas o los condones no curan en realidad y son instrumentos del diablo o de Occidente (así algunos imanes estúpidos lograron evitar la erradicación de la polio); de la práctica de algunos judíos ortodoxos, en la que un adulto arranca el prepucio con la boca durante la circuncisión, que ocasiona infecciones a veces mortales y ante la que el alcalde de Nueva York prefirió no hacer nada; de la oposición a las transfusiones entre los testigos de Jehová; de las numerosas ocasiones, desde la peste al SIDA, en que los sacerdotes han dado la bienvenida a las enfermedades que venían a castigar a los pecadores. La fe legitima asesinatos, violaciones de la integridad física, el abuso de menores. Estos comportamientos aberrantes sólo pueden realizarse en virtud de su revestimiento sagrado -es decir, supersticioso-, y, en palabras de Hitchens, “demuestran que la religión continúa constituyendo una amenaza seria para la salud pública”.

4.

El Parlamento iraní aprobó el pasado miércoles una ley que permite castigar con la pena de muerte a quienes produzcan o protagonicen material pornográfico.

DOS HERMANOS

DOS HERMANOS

El chico que cayó del cielo (Kailas), de Ken Dornstein , cuenta la historia real de dos hermanos. El primero es David Dornstein, un chico judío norteamericano que quería ser escritor, que murió en el atentado aéreo de Lockerbie en 1988. El segundo es su hermano pequeño, Ken, que reconstruye la vida y la muerte de David.

El chico que cayó del cielo es un reportaje apasionante, que habla sin sentimentalismo del amor, la complicidad y el humor entre hermanos, pero también de las rivalidades y la obsesión. Es un libro muy perturbador: Dornstein experimenta una mezcla de atracción y resentimiento hacia David. Ken es testigo del sufrimiento de David, de sus neurosis y sus sueños de grandeza, y lo admira; también cree que le exige demasiado y se cansa de ser el hermano pequeño. Tras la muerte de David, Ken reconstruye la biografía de su hermano, entrevista a todos sus conocidos y relee todos sus cuadernos, pero en cierta manera también se apropia de ella: flirtea con varias de las novias de David y se casa con una de ellas. “¿Qué había visto David en Kathryn?”, escribe. “En muchos sentidos, se había visto a sí mismo: tanto ella como él tenían un pelo grueso y rizado, que les gustaba llevar largo; sus mandíbulas eran fuertes; sus cejas eran pobladas y casi cuadradas; sus narices eran rectas y (a diferencia de la mía) no los identificaban como judíos; la musculatura de sus cuerpos estaba bien definida.”

El chico que cayó del cielo describe con precisión y elegancia el atentado, y narra muy bien el juicio a los terroristas que pusieron los explosivos en el avión. Pero es también un retrato del artista adolescente: David lee y escribe como un poseso. Aunque nunca llega a terminar nada de manera satisfactoria y obtiene el rechazo de su profesor Robert Coover , mientras que algunos compañeros como Rick Moody o Jeffrey Eugenides empiezan a publicar, imagina los títulos de los ensayos que se harán sobre su obra (“El judaísmo en Dornstein”, por ejemplo), o fantasea con una muerte temprana y con los textos que luego se escribirán sobre él. En un momento planea una novela con un tema profético: “un joven y desconocido escritor de ficción muere en un accidente de avión dejando un montón de cuadernos y algunos fragmentos de relatos, y el narrador decide recomponerlo todo formando la historia de ese escritor desconocido”. David prepara un “breve extracto para la contraportada”: “Una exploración absolutamente fascinante de los miedos y los sueños de un escritor joven, narrados con humor y sensibilidad y agudeza y una vívida sabiduría espiritual”.

Ken, que es un personaje mucho más elusivo, muestra a su hermano como un ser arrogante, atormentado y entrañable: cambia de oficios y de ciudad, se interesa por la religión y sufre sin parar. Tiene mucho éxito con las mujeres y quiere a su hermano pequeño: le propone escribir juntos y le dice que va a ser mejor escritor. Sobre toda la familia planea la sombra de la locura: la madre está como una regadera y sus hijos se crían con el padre, David tiene depresiones y ataques de nervios, y en su viaje de novios Ken es tremendamente infeliz, y sólo piensa en divorciarse y devolverle a su suegro todo el dinero que ha costado la boda.

El chico que cayó del cielo está muy bien construido: arranca con la visita de Ken a Lockerbie, y a continuación cuenta en paralelo la vida de David y la peripecia de Ken, con sus investigaciones, sus amores y sus trabajos (que incluyen un empleo como detective privado y la redacción de un libro sobre los fraudes a las compañías de seguros), y sobre todo con su obsesión por su hermano muerto. Este libro, que cuenta con una traducción impecable de Mariano Peyrou, reflexiona sobre el terrorismo y la vida cotidiana, sobre la vocación y el amor entre hermanos, y sobre la influencia, a veces benéfica y a veces perturbadora, que los muertos ejercen sobre los vivos. Y viceversa.

En la imagen, David y Ken Dornstein.

CHÉJOV CONTRA ZOLA

CHÉJOV CONTRA ZOLA

1.

En Chekhov. A Life Donald Rayfield publica parte de una carta sobre Zola que Antón Chéjov envió en 1888 a su editor y amigo Alexéi Suvorin:

“He visto a bastantes mujeres caprichosas y he pecado personalmente muchas veces, pero no creo a Zola ni a esa mujer que le dijo: “Bumba, bumba, y ya está”. A la gente disipada y a los escritores les gusta fingir que son gourmets y expertos en la fornicación; que son osados, decididos, creativos, que practican el sexo de treinta y tres maneras diferentes sobre casi cualquier cosa salvo el filo de una navaja, pero eso sólo son palabras, en realidad se acuestan con sus cocineras y van a los burdeles que cuestan un rublo... Nunca he visto un solo apartamento donde las circunstancias te permitan volcar a una mujer que lleva un corsé, faldas y un vestido adecuado sobre una cómoda o un diván o el suelo y practicar el sexo sin que los criados se enteren. Todos esos términos para hacerlo “de pie”, “sentados” y todo eso son absurdos. Lo más fácil es en una cama, y las otras treinta y tres posturas son difíciles y sólo pueden practicarse en la habitación de un hotel o en una cabaña... Si el propio Zola practicaba el sexo encima de la mesa, debajo de la mesa, sobre vallas, en casetas para perros, en coches correos, o si vio con sus propios ojos que otros lo hacían, créase sus novelas, pero si escribió a partir de rumores y de historias de amigos, fue precipitado y descuidado.”

2.

En 1897, Suvorin y Chéjov volvieron a discutir sobre Zola. En aquella ocasión, Chéjov, que intentaba mejorar de su tuberculosis en la Costa Azul, defendía como Zola la inocencia de Alfred Dreyfus, mientras que Suvorin dirigía un periódico antisemita. Chéjov quedó impresionado por J'accusse y convenció a muchos rusos de la inocencia del oficial judío. Coincidió una vez con Zola, pero el autor de Las tres hermanas no confiaba en su dominio del francés, y dos de los grandes defensores de Dreyfus sólo pudieron saludarse.

En la imagen, Antón Chéjov según su hermano Nikolai.

UNA TARDE CON ANTÓN CASTRO

UNA TARDE CON ANTÓN CASTRO

Voy a ver a mi padre en el Centro de Historia. Lo llamo por teléfono. Viene desde Garrapinillos y está nervioso porque a las siete tiene un encuentro con los alumnos de la Universidad Popular, que han leído su último libro, Golpes de mar , y a las ocho debe presentar Por escribir sus nombres , la emocionante y poderosa novela de Víctor Juan , en la Biblioteca de Aragón. Cuando llego al Centro de Historia, Antón Castro ya está en la cafetería. Hablamos un momento y me deja leer el texto de la presentación de Víctor Juan. Alonso Cordel, que debe conducir el acto, llega un poco después.

Mi padre dice que lamenta tener que irse tan pronto. Alonso Cordel afirma que será breve, y empieza un repaso biográfico.

“Vine a Zaragoza por dos cosas”, dice mi padre. “La primera se frustró de inmediato: era un amor o un proyecto de novia que no llegó a nada. Y otra fue la objeción de conciencia. Cuando estudiaba FP Electrónica en la Universidad Laboral de la Coruña hicimos un viaje de estudios en el que vimos la fábrica Clarivox de Zaragoza, me parece que se llamaba así. Y entonces me enteré de que había una comunidad de objetores. En 1978 me hice objetor y vine aquí, me instalé en la calle Casta Álvarez 14-16. Era un colectivo de objetores de conciencia, una falsa comuna de gente que no me conocía pero que me acogieron muy bien. A mí me gusta mucho una frase, no sé si es de Sara Montiel, que dice: ‘Nunca me quito un año, porque ese año podría ser el mejor de vida’. Yo no me arrepiento de nada porque he aprendido con todo”.

“Creo que entonces trabajabas en un bingo”, dice Alonso Cordel.

“Sí, eso llegó un poquito más tarde. Trabajé vendiendo cerámica, en la vendimia, recogiendo melones, y luego estuve varios años de camarero. Me gustaba llevar la bandeja. Tuve un hijo muy joven”, dice Antón Castro. “El día que nació, el cuatro de abril de 1981, expiraba mi contrato y no me lo renovaron. Así que mi hijo no nació con un pan debajo del brazo, sino con el paro”. Mi padre dice que precisamente ese hijo suyo está hoy aquí y que le agradece su presencia. Algunos asistentes me localizan, una señora me mira como si quisiera ver la carta de despido.

“Entonces mi mujer estudiaba y teníamos muy poco dinero. Así que cuando me llamaron para trabajar en el bingo, y me preguntaron si sabía contar billetes, dije que por supuesto que sí. Y cogí unos folios y los corté y empecé a contarlos. Lo que era muy raro es que aunque soy muy malo con las matemáticas, se me daban bien los cálculos mentales, y al cabo de un tiempo me llamaban para que enseñara a los nuevos cajeros”.

“Los cartones del bingo están envueltos en papel de estraza, y allí escribía poesías y cuentos a mano y en gallego. Hace falta valor”, dice Antón Castro. “En realidad, yo quería ser poeta. Hice FP1 y FP2 de electrónica en la Universidad Laboral de la Coruña, pero entre medio había un curso puente de humanidades, leíamos literatura y filosofía e historia y aquello me cambió la vida, me volvió loco... Hasta entonces había sido un buen estudiante en todo lo demás, pero a partir de ese momento mis notas empezaron a bajar, me pasaba el tiempo leyendo. En 1977 hubo una huelga estudiantil y un compañero, que se llamaba Emilio, se subió para colgar una bandera y se electrocutó y se murió. Fue un golpe terrible. Yo no fumaba entonces pero él me acaba de decir: ‘Ve a comprar un paquete de Ducados al bar’. Cuando volví, ya había ocurrido el accidente. Aquello me afectó mucho, me acuerdo de que me encerré en el aula de estudio y escribí un poema que se llamaba ‘Ausencias’, que no era mi primer poema, pero sí uno de los que recuerdo”.

Mi padre habla de algunas de las casas en las que vivimos. Siempre dice las direcciones. También cuenta cómo entró en el mundo del periodismo: “Había publicado alguna reseña, pero un verano Plácido Díez me llamó y me preguntó si me gustaría hacer prácticas en El día. Y estuve tres años encantado en El Día, fui absolutamente feliz, y también he sido feliz en El Periódico de Aragón y en El Heraldo , donde sigo trabajando”.

Miro el reloj: no queda mucho tiempo. Mi padre habla de Golpes de mar. Dice que es su primer libro y el más reciente. En 1987 cuenta que se presentó a un concurso de la Institución Fernando el Católico. El premio se lo llevó “un escritor estupendo, Adolfo Ayuso”, pero sus cuentos, Mitologías, también se editaron. Después apareció una ampliación, Vida e morte das baleas, en gallego, hasta llegar a la versión definitiva, Golpes de mar: “Me ha acompañado a lo largo de estos veinte años. Creo que es un libro que habla de dos de mis obsesiones, el mundo de la mujer y el mundo de los cuentos, el arte de contar. Siempre me ha gustado mucho escuchar cuentos. Soy hijo de emigrante, y pasaba por casa todo tipo de gente. Había una vecina que era meiga y decía que veía el diablo. Y sobre todo había un tío loco, que salía de vez en cuando del psiquiátrico y traía los bolsillos llenos de periódicos. Yo pensaba que era un gran lector y le pregunté para qué eran. Él contestó: ‘Para o dispensar do cú’, para el dispensar del culo. Y este hombre me daba mucho miedo pero también contaba historias de ciudades de Europa en las que nunca había estado, era un fabulador. Lo que más me gusta es contar historias de seres humanos, y la gente a la que se le llena la cabeza de ese tipo de historias, creo que eso es algo que está en todos mis libros”.

Mi padre habla de la elaboración de algunos de sus libros, como Los pasajeros del estío, El testamento de amor de Patricio Julve o Aragoneses ilustres, ilustrados e iluminados. Yo me acuerdo de las tres casas en las que los escribió. En Camarena de la Sierra los pacientes de mi madre le contaban sus vidas después de salir de la consulta; en Cantavieja entrevistaba a los masoveros y les preguntaba por los maquis; me acuerdo de la terraza de Urrea de Gaén donde escribía las semblanzas de aragoneses ilustres. Menciona a algunos de sus autores favoritos, como Miguel Torga, Isak Dinesen o Álvaro Cunqueiro, aunque dice que es un lector versátil, que piensa que “estar en el mundo es estar alerta a lo que hacen tus compañeros”.

El público hace algunas preguntas. Entre las asistentes está la madre de Ernesto Cossío, que saluda de parte de su hijo; mi padre pide un aplauso para ella. Son casi las ocho. Mi padre dice al público que siente tener que irse, se compromete a volver otro día. Yo pensaba que iríamos juntos a la Biblioteca, pero me dice que va a ir en moto con Alonso Cordel. Miro el reloj: son las ocho en punto. Estoy en el Coso cuando veo que Cordel y mi padre me adelantan. Nunca había visto a mi padre en moto. Vuelvo a mirar el reloj, voy a parar un taxi.

Fotografía de José Antonio Melendo .

BOICOT Y GIRAS

1.

Martin Amis se va de gira con Tony Blair.

2.

La British University and College Union apoyó iniciar conversaciones para boicotear a las universidades y los profesores israelíes, a quienes acusa de "complicidad en la ocupación " y en la violación de los derechos de los palestinos. Esta iniciativa principalmente retórica es delirante y racista, y por supuesto no beneficia a los palestinos, ni a las universidades británicas ni a los académicos y centros educativos israelíes: no tiene en cuenta que las universidades han sido objetivo del terrorismo palestino ni que numerosos universitarios israelíes árabes se oponen tanto a la ocupación como a esta medida. Hay países que tratan bastante peor que Israel a otros grupos étnicos, y otros no toleran la libertad de expresión ni la disidencia. Mientras Israel -que tiene departamentos e investigadores de altísimo nivel- tuvo el control sobre los territorios palestinos fundó siete universidades; no se había creado ninguna anteriormente y la Autoridad Palestina no ha fundado ninguna desde que adquirió competencias sobre educación en 1994. Por otra parte, muchas de las voces que han defendido con más vehemencia los derechos de los palestinos y que han criticado con mayor dureza la ocupación de Gaza y Cisjordania pertenecen a académicos israelíes. Y el ataque se lanza precisamente sobre ellos.

3.

"Si Alá quiere, en un futuro cercano".

DANIEL GASCÓN EN LA FERIA DEL LIBRO DE ZARAGOZA

DANIEL GASCÓN EN LA FERIA DEL LIBRO DE ZARAGOZA

Daniel Gascón firmará ejemplares de sus libros de relatos, La edad del pavo y El fumador pasivo , en la Feria del Libro de Zaragoza. El día 2 de junio, sábado, en la caseta de editorial Xordica y el día 3 de junio, domingo, en la caseta de la librería Portadores de sueños.

Fotografía de Philippa Tetley. 

PROPIEDAD

“En muchos países en vías de desarrollo, la mayoría de la gente carece de derechos jurídicos reconocidos para ocupar sus casas, que van desde granjas de subsistencia en zonas rurales a chabolas en barriadas urbanas. Al carecer de domicilio legal y de la escritura de propiedad de sus chozas, las familias viven bajo la amenaza constante del desahucio por parte de funcionarios públicos o de la invasión de bandas violentas, que se aprovechan de su vulnerabilidad. Muchas carecen de identidad legal y de medios para documentar su existencia. (...)

Con frecuencia son las mujeres pobres las que sufren las peores formas de discriminación en las leyes de propiedad. Según Habitat , el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, en torno a uno de cada cuatro países en vías de desarrollo tiene leyes que impiden a las mujeres poseer tierras y solicitar hipotecas con su nombre. En África y otros lugares las leyes les prohíben heredar tierras: en el contexto de la crisis producida en el continente africano por el sida, esto ha hecho que miles de viudas carezcan de tierras y de hogar.”

Mary Robinson, El País, 1.06.2007

LA ÚLTIMA PELÍCULA DE BETTE DAVIS

LA ÚLTIMA PELÍCULA DE BETTE DAVIS

Este es un extracto de la entrevista al excéntrico guionista y director de cine Larry Cohen en Backstory 4, donde habla de The Wicked Stepmother , la última película de Bette Davis . Ediciones Plot acaba de publicar la traducción al castellano.

 

Me parecía evidente que no quedaban muchas películas en la vida de esa pobre mujer. Esta podía ser la última.

Yo había escrito el guión, ella quería hacerlo y maldito sea si no pensaba seguir adelante. Pagué un anuncio a toda página en Variety y encargué un póster que decía: “Bette vuelve a ser mala”, con una foto en la que ella daba una calada a uno de los muchos cigarrillos que fumaría en la película. Esta mujer fumaba diez paquetes al día: doscientos cigarrillos Vantage en veinticuatro horas, en serio. Abríamos diez paquetes por la mañana y los dejábamos en tazas. Así ella no tenía que alcanzar un paquete y abrirlo con sus propias manos; no le gustaba buscarlos a tientas. Cuando terminaba un cigarrillo, ya estaba encendiendo el siguiente. Un día le dije: “Bette, sabes que es malo para ti, ¿por qué sigues fumando?”. Dijo: “Larry, si no tuviera un cigarro en la mano no sabría que hacer conmigo misma”. Fumar era parte de ella.

Pusimos el anuncio y esperamos alguna respuesta. Al final Robert Littman –agente y a veces productor- habló con un amigo de la MGM para que nos dejase hacer la película por dos millones de dólares y medio. Bette cobraría doscientos cincuenta mil dólares por su interpretación y escogimos a algunas de las personas que recomendó: nos aconsejó contratar a Lionel Stander , lo que me pareció una sugerencia estupenda, y aceptó a Barbara Carrera .

No tuve ningún problema con ella en la preproducción. Nos llevábamos muy bien. Pasaba el día en mi casa: tengo quemaduras en los muebles que pueden probarlo. Nunca he reparado nada, porque me gusta señalar: “Bette Davis hizo esa quemadura”. Le encantaba el guión y creía que era muy divertido de una manera natural, porque estaba escrito para ella y su cadencia. Capturé sus ritmos. No hubo que revisar demasiado el guión, aunque a veces proponía cosas sobre el vestuario y me llamaba por teléfono constantemente. No decía “Hola, Larry” ni nada por el estilo: yo cogía el teléfono y ella empezaba a hablar. “Creo que debería llevar el pelo rojo en esta película”, y bang, eso era todo, colgaba. Exponía su punto de vista y colgaba el teléfono. (...)

Busqué un modo de coreografiar la película para beneficiarla. Le di instrucciones muy específicas. Quería que se moviese en el set de forma que no pareciese muy disminuida. Movía la cámara a la vez que ella caminaba, para que no se viera su cojera, para que aparentase una mayor capacidad de movimientos. Utilicé un doble un par de veces: necesitaba que cruzase la habitación vigorosamente. No era ella, pero cuando se daba la vuelta cortábamos y sería Bette.

Desgraciadamente sólo trabajó una semana, porque se puso enferma. Sus problemas empezaron mucho antes de que comenzase la producción, y no tenían nada que ver con enfermedades previas. Tenía un puente en mal estado, y la dentadura postiza chasqueó cuatro o cinco días antes de empezar. Bette y su asistente intentaron pegarla, pero no se quedaba fija, y el puente se movía. Pero no me dijo lo que pasaba. Trataba de recolocar el puente con la lengua. Me di cuenta de que pronunciaba de una manera muy extraña. Hacía pausas en lugares muy raros cuando intentaba ajustar la dentadura. Después de la primera semana miró las proyecciones para ver qué tal estaba; dijo que debía marcharse a Nueva York para ver a su dentista, el único en quien confiaba. Rodé escenas en las que ella no aparecía durante una semana. Esperaba su regreso. Recibí una llamada de su abogado: “No puede volver, porque le tienen que quitar otros cuatro dientes, hay que reconstruir todo el puente”. Y había perdido tres o cuatro kilos y andaba por los treinta y pocos.

En MGM me dijeron: “Vamos a tener que suspender la película. La compañía de seguros pagará a todo el mundo y cubrirá los costes de producción”. Eso significaba que todo el mundo cobraría su sueldo, yo incluido, y que la película sería desechada. Dije: “Es una pena tirar quince o veinte minutos de Bette Davis. Probablemente no volverá a trabajar. Esta podría ser su última película” –y por cierto, lo fue-, “quizá podamos salvar quince o veinte minutos. Puedo reescribir la historia. Si ahora Bette Davis convierte a su gato en Barbara Carrera, puedo cambiarlo: que se cambie a sí misma por Barbara Carrera, y Carrera acaba la película”. Les convencí de que The Wicked Stepmother no llevaría a mucha gente a las salas, pero que vendería un par de copias en todas las tiendas de video del país, porque siempre habría una sección dedicada a Bette Davis. Eso haría que la película resultase rentable.

En la imagen, Bette Davis.