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Daniel Gascón

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HITCHENS ESCRIBE SOBRE AFGANISTÁN

HITCHENS ESCRIBE SOBRE AFGANISTÁN

 

Escribe Christopher Hitchens:

“Si llega alguna vez el momento en que veamos nuestra intervención en Afganistán como un fracaso humillante, puede que el pasado fin de semana pasado se identifique como uno de los momentos en que la calamidad se hizo irreversible.

En el preludio de las elecciones de 2004 en ese país, busqué en los lugares donde los habitantes locales estaban siendo instruidos en los principios y en la mecánica de la votación. Fue como ver como un capullo muy cerrado empieza a brotar. Funcionarios de diversas organizaciones internacionales esperaban, por ejemplo, atraer a un determinado porcentaje de las mujeres afganas para desafiar sus antiguos opresores y registrarse: las instalaciones se colapsaron por el gran número de mujeres que se presentaron espontáneamente. Los grupos minoritarios que habían sido despreciados y asesinados por los talibanes, como los hazara, una comunidad chiíta con algunos lazos a Persia, se estaban movilizando para registrarse. La prensa y la televisión, completamente nuevas para muchos afganos, mostraban escenas de la democracia y algunos debates útiles. En el mismo día de la votación, hubo alguna queja acerca de la tinta indeleble para las puntas de los dedos, que no earn tan indeleble, pero un gran número de personas desafiaron las "cartas nocturnas" de los talibanes y se puso fila al sol para emitir un voto. Ninguna imperfección de procedimiento podría destruir la impresión de que los afganos estaban adquiriendo la esencial idea de una elección libre y competitiva.

La farsa triste y repugnante del 20 de agosto casi ha eclipsado este recuerdo. Una ridícula república bananera produjo en la primera ronda un resultado que no resistía ni el examen más superficial. En la primera inspección de los centros de votación y las papeletas resultaba paródicamente fácil descubrir los centros de votación que no abrieron, pero registran índices de participación amplia, y los votos que había pasado directamente de la imprenta a los bolsillos del presidente Hamid Karzai y sus colegas - uno de los cuales Azizullah Lodin, repite como presidente de la absurdamente llamada Comisión Electoral Independiente de Afganistán.

Eso sería bastante malo, si no fuera por la complicidad cobarde de la misión de la ONU en Kabul. Se asignaron unos 200 millones de dólares del dinero de la comunidad internacional para garantizar que los afganos pudieran votar, pero cuando un gran número de ellos no supo o no pudo, mientras otros muchos lo conseguían cinco o seis veces, no hubo ninguna señal de alarma de los funcionarios de las Naciones Unidas responsables en Kabul. O tal vez debería reformularlo: uno de los agentes se quejó de que se había producido un a) fraude generalizado, y b) la connivencia del gobierno en el mismo y c) la indiferencia de las Naciones Unidas que ascendió a la complicidad. Fue Peter Galbraith, un diplomático estadounidense que era entonces el representante especial adjunto del secretario general de la ONU, esa figura brillante conocida en canciones e historias como Ban Ki-moon. Galbraith se quejó de que Kai Eide, el jefe noruego de la misión de la ONU, había mostrado indiferencia ante la flagrante parcialidad mostrada de las autoridades locales afganas que gastaban el dinero de las Naciones Unidas para comprar votos para su jefe. Eide a su vez se quejó a Ban, que inmediatamente correspondió despidiendo a Galbraith. Así pues, no se puede decir que ninguno de los involucrados en este fiasco y fiesta de la corrupción haya perdido su empleo. Sería casi cierto, sólo que quien dio la alarma fue despedido, como primera medida.

Poco importaría ahora si hubiera una segunda vuelta o no, o unas elecciones ‘controvertidas’: ningún afgano sensible puede creer que el proceso sea algo más que un apaño cínico. No es tan malo el reciente pisoteo del derecho de voto del pueblo iraní, pero se supone que tenemos un criterio algo más elevado que eso (y la simple comparación, por supuesto, muestra dónde andan las apuestas ).

Uno imagina que los talibanes apenas pueden creer su suerte. Se oponen al voto en principio, como algo anti-islámico, y se oponen especial y ferozmente al voto de las mujeres, pero no necesitan acentuarlo. Pueden ayudar a inflar el coro de cinismo y desprecio.

Las medidas del pánico propuestas para afrontar este resultado espantoso han sido a veces tan malas como el problema original. Admitiendo demasiado tarde y demasiado a regañadientes que el fraude necesitaba una segunda vuelta, Kai Eide nos enfrentó a una elección entre una apresurada segunda votación vigilada por los mismos corruptos o un retraso hasta que el pase el brutal infierno afgano –otro regalo gratis para las fuerzas de la ruina y el fanatismo. Algunos incluso propusieron un destartalado gobierno provisional entre Karzai y su rival principal, Abdulá Abdulá (es bonito que lo llamaran dos veces) Todo esto es un intento de evitar afrontar el dato evidente de que durante meses de este año, y con nuestro dinero, el pueblo afgano fue engañado y traicionado en el momento en que sus necesidades eran más urgentes.

Me pregunto qué dirán los grandes amigos de las moralmente infalibles Naciones Unidas. ¿Y cómo el Congreso, el Presidente de Estados Unidos y los líderes de otros países que han donado y patrocinado explican lo que ha pasado con los fondos que concedieron? He escrito docenas de veces sobre cómo ninguno de los supuestos paralelismos con Vietnam sirven (al-Qaeda una importación extranjera en Afganistán; ninguna amenaza del Vietcong a las ciudades de Estados Unidos; ya conoces el resto), pero hay una cosa que deshonró a Vietnam del Sur y es fundamental evitar en cualquier caso: el compromiso de las fuerzas estadounidenses con un gobierno que consigue haberse enriquecido y estar en bancarrota al mismo tiempo y que hace que su propio pueblo sienta ganas de escupir.”

En la imagen, una trabajadora del Comité Electoral explica los procedimientos del voto a una mujer afgana, durante las elecciones de 2004.

 

ENEMIGOS DEL PUEBLO

ENEMIGOS DEL PUEBLO

 

Jonathan Yardley escribe sobre Enemies of the People, de Kati Marton:

“La familia sobre la que escribe Kati Marton es la suya. Periodista de televisión y radio en Nueva York moderadamente conocida y bien conectada, Marton nació en Hungría, y vivió sus primeros ocho años en el país bajo el  régimen comunista del dictador Mátyás Rákosi. Nació en 1949; era hija de un prominente periodista húngaro, el corresponsal de Associated Press Endre Marton, y de su esposa Ilona, también periodista. Eran valientes que pagaron por su valor en prisión; sus dos hijas tuvieron que vivir con una familia ‘dispuesta a acogernos a cambio de una cantidad mensual’.

La historia de Marton, por tanto, habla de valentía, sufrimiento, supervivencia y justicia. La cuenta con una prosa directa y lúcida –un logro mayor si consideramos que el inglés no es su lengua materna- y con las emociones bajo control. No es una memoria de ay-qué-pena, de las que tanto abundan estos días, sino un informe bien redactado y casi clínico de cómo es vivir en un estado totalitario y lo que cuesta escapar de él. Es mucho menos una autobiografía de Marton que una biografía conjunta de sus excepcionales padres.

No la podría haber escrito hace un par de décadas, cuando Hungría seguía en la órbita de la Unión Soviética; no fue hasta más tarde que la ley húngara hizo posible para ella leer ‘los archivos de mi familia, que tenía la AVO –la temida policía secreta húngara- en sus archivos de Budapest’. Esos archivos, ‘que leí y traduje del húngaro, fueron mi fuente primaria para conocer los detalles precisos de los veinte años de vigilancia casi  total del Estado del Terror sobre mi familia, y el tormento en prisión de mis padres’. Ella tenía sus propios recuerdos, y una memoria publicada por su padre (‘El cielo prohibido’, 1971), y otra inédita de su padre, pero los archivos de AVO fueron la clave para que este libro fuera posible.

Marton hizo su primera visita a los archivos de AVO hace varios años. Allí la recibió Katalin Kutrucz, directora del archivo, que sacó los ‘cientos de páginas de la vida de nuestra familia’ y, ‘leyendo mis pensamientos’, dijo: ‘Todo el mundo en tu círculo, al margen de que tus padres confiaran en ellos o no, informaba sobre ellos. Era así’. Era un estado que institucionalizó la delación como forma de vida:

El principal instrumento de sovietización era AVO, que informaba directamente a los servicios secretos de Stalin –NKVD y KGB. Establecido en septiembre de 1946 (en el mismo elegante palacio renacentista donde leí los archivos de mis padres), tenía 17 divisiones, cada una con una función especial. Todo el mundo sabía que el Ejército Rojo estaba tras el AVO, que era en efecto un Partido Soviético dentro del Partido Comunista Húngaro. Su principal característica, lo aprendí al crecer, era una brutalidad contra la que las acciones ordinarias políticas y diplomáticas eran inútiles. La División Uno tenía que infiltrarse y controlar la vida política húngara, a través de una vasta red de informadores, normalmente reclutados por medio de la intimidación. Típicamente, los objetivos eran sacados de la cama en mitad de la noche, y liberados con la condición de que se convirtieran en informadores. Entre ellos se incluía la mayor parte de mi círculo familiar inmediato.

Los Marton tenía un interés especial para el AVO por la elevada posición de Endre e Ilona en los círculos periodísticos de Budapest y porque tenían relación con mucha gente de la delegación estadounidense. Endre era un ‘corresponsal completamente acreditado, a tiempo completo, de la AP’, mientras que Ilona tenía ‘un puesto similar en la rival Unitd Press’. ‘Mi madre era una observadora aguda y una comentarista ingeniosa’ pero ‘no era escritora’, así que, ‘aunque no lo sabían, mi padre informaba tanto para la AP como para la UP’. Ambos habían ‘sobrevivido a los nazis por los pelos’ en la Segunda Guerra Mundial, pero la experiencia no los había intimidado:

Cuando los comunistas se hicieron con Hungría, mis padres se aliaron abiertamente con el nuevo enemigo: los estadounidenses. ¿Cómo podían correr riesgos así? Habiendo superado a los nazis, ¿tenían una sensación de inmortalidad? ¿O sólo querían volver a disfrutar de la vida? Todavía no tenían cuarenta años, estaban llenos de vitalidad, y repentinamente requeridos por diplomáticos y periodistas británicos y estadounidenses que habían ido a ver la sovietización de esta desdichada esquina del este Europa Central. Tener unos amigos tan ‘poderosos’ pudo dar a mis padres una sensación de inmortalidad. Tras el estigma de ser judíos en una sociedad antisemita, debió ser un bálsamo.

 

Eran buenos en lo que hacían. ‘Tu madre y tu padre eran indispensables’, le dijo a Marton un periodista estadounidense. ‘Nos daban pistas que no teníamos. Eran un modelo de lo que eran los periodistas en circunstancias difíciles. Eran listos, y tenían encanto e integridad profesional. Teníamos un vínculo íntimo. Nos preocupábamos por ello. Estaban en arenas movedizas. Pero seguían informando’. Las arenas se volvieron más movedizas mientras el gobierno de Rakosi expulsaba gradualmente a todos los periositas occidentales, dejando a los Marton como única fuente fiable del mundo exterior para saber lo que sucedía en Hungría.

No es sorpende que a Rakosi y sus apparatchiks esto no les gustara nada. Se convencieron de que los Marton estaban involucrados en ‘actividades de espionaje de la embajada estadounidense’; el paso siguiente arrestar a Endre a principios de 1955 e interrogarle despiadadamente durante meses. Sin duda, había sido imprudente en algunos de sus tratos con los estadounidenses, pero no había hecho nada para traicionar a Hungría –de hecho era un húngaro apasionadamente patriota- y no era culpable de nada. Sin embargo, finalmente empezó a sentirse culpable de algo: ‘Este es el triunfo definitivo del totalitarismo: la víctima que busca culparse a sí mismo’.

La siguiente en ir a la cárcel fue Ilona. A su debido tiempo, la acusaron de ser ‘asesora permanente’ de los estadounidenses, y afrontó la ‘ridícula’ acusación de ‘hablar del precio de los huevos (y la carne) con los estadounidenses’, lo que constituía una ‘traición en la Hungría de Rakosi’. A Endre lo condenaron a seis años de cárcel; a Ilona a tres. Después, sin advertirle nada, a ella la liberaron y a él lo perdonaron, probablemente a causa de la intensa presión diplomática de Occidente. Se reunieron con sus hijas, reclamaron su viejo apartamento y fueron a trabajar, lo que en noviembre de 1956 significaba cubrir la desgarradoramente fracasada revolución húngara. El trabajo de Endre fue atrevido y brillante, y cuando la familia escapó a Estados Unidos un año después le dieron un ‘Premio George Pork por logros en el periodismo’. Fue el principio de una larga y exitosa carrera estadounidense con la AP: trabajaba fuera de Washington y vivía con su familia en Bethesda; todo este tiempo lo siguieron espiando el AVO y sus agentes.

Es una historia tremenda, y Marton la cuenta muy bien. Admira profundamente a sus padres pero no los idealiza o intenta explicar su gusto por el riesgo. No sabe si a ellos les gustaría el libro –no les gustaba que contaran sus secretos-, pero seguramente el lector sentirá, como yo, que es un poderoso tributo”.

Aquí, la reseña del Alan Furst en el New York Times.

He tomado la imagen aquí. Kati Marton está en el centro, junto a su madre y su hermana.

 

HUMO

HUMO

 

1.

Después de que una comisión del Ministerio de Cultura diera la calificación X a la película Saw VI, supongo que como siempre para protegernos, El País se pregunta si el cine de terror es malo para la salud:

El psicólogo Luis Muiño, experto en cine, tiene su opinión muy clara: "Yo creo que el impacto psicológico de una película debería medirse a través de las narrativas que trasmite y cómo enfoca las relaciones entre las personas. Hay películas que aunque son duras funcionan bien a nivel psicológico porque difunden narrativas sanas. Ciudad de dios, por ejemplo, es una película dura y muy realista pero que difunde una narrativa sana: se puede salir de la cadena de la violencia. Yo vi un trozo de la primera entrega de Saw y me pareció una película insana. Transmite una narrativa sádica y pretende hacer negocio a partir de fomentar una forma de afrontar los problemas brutalmente insana. No hay que engañarse. No es arte. Lo que va a ocurrir al darle la categoría X es simplemente que van a sacar menos dinero. No es censura. Aunque parezca mentira, porque soy un tipo de izquierdas, me parece muy bien. Desde mi perspectiva, películas que hacen dinero causando malestar psicológico es mejor que se pasen en salas X. Es como escuchar durante dos horas a un violador diciendo que todas las mujeres son iguales y no contrariarle. Y conste que soy un gran aficionado al terror, pero esta saga promueve que salgamos del cine peor de lo que entramos. Desde el punto de vista del arte no la censuraría, pero desde el punto de vista de un psicólogo, sí".

Las cursivas son mías.

2.

“—No —dijo la sobrina—, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores: mejor será arrojallos por las ventanas al patio y hacer un rimero dellos y pegarles fuego; y, si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo.”

Alguno, ya se sabe, perdonaron.

3.

Lovecraft, Sinclair Lewis, Robert Graves y Katherine Anne Potter escribieron novelas como “negros”. Aquí salen diez de ellas. Aunque la mejor historia es la de Ecstasy and Me: My Life as a Woman, una autobiografía de Hedy Lamar escrita por Leo Guild, al que han calificado como el peor novelista pulp de todos los tiempos, que ya es decir. El libro tenía tantos errores que Lamar demandó a la editorial por inexactitudes en su propia autobiografía.

4.

Cuenta The Economist:

“¿Cuál es el lugar más duro del mundo para ser cristiano? ¿Corea del Norte, quizá? ¿Arabia Saudí? Prueba con Somalia. Se piensa que no hay más de mil cristianos en una población de 8 millones de personas, con algunos miles más en la diáspora. La milicia islamista Shabab, que controla la mayor parte del sur de Somalia, se dedica a buscarlos.

Los hombres cristianos van a las mezquitas los viernes, para no despertar sospechas. Las Biblias se mantienen ocultas. No hay reuniones públicas, ni una iglesia. Las iglesias católicas y los cementerios han sido destruidos. Las últimas monjas en la castigada capital, Mogadiscio, fueron expulsadas en 2007. Un año antes, una monja anciana que trabaja en un hospital fue asesinada. Los únicos cristianos que quedan nacieron en Somalia.

Perseguirlos y matarlos es propaganda útil para Shabab. Entre otras cosas adoctrina a sus jóvenes luchadores y futuros terroristas suicidas en la creencia en que Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, el Vaticano, Etiopía y Kenia son ‘cruzados’ que intentan convertir a los somalíes al cristianismo. La ONU está detrás de todo. Por supuesto, Israel también está detrás, intentando socavar el islam.

El tambaleante gobierno de transición que dirige el jeque Sharif Ahmed, cuya ley arbitra débilmente los territorios que Sahbab todavía no gobierna, no tiene muchas posibilidades de defender a sus ciudadanos si los pillan en posesión de una Biblia. Aunque profesa la moderación, promueve una versión de la sharia donde cada ciudadano somalí nace musulmán, y cualquiera que se convierta a otra religión es culpable de apostasía, lo que se castiga con la muerte.

 Cada mes varios somalíes son asesinados por ser cristianos. A veces es sólo una etiqueta que los yihadistas ponen a la gente sospechosa de trabajar para la inteligencia etíope. Pero muchos son simples creyentes. Según fuentes somalíes y grupos cristianos que vigilan Somalia desde el exterior, al menos 13 miembros de iglesias clandestinas han muerto en los últimos meses. La mayoría eran menonitas, evangelizados por misioneros en el río Juba al norte del país. Entre ellos hay una mujer de 46 años asesinada cerca de la localidad de Jilib después de que se encontrara una Biblia en swahili en su bolsa; un hombre de 69 años muerto al sur de Mogadiscio después de que combatientes de Shababa encontrasen 25 Biblias en una maleta; y dos chicos, de 11 y 12 años, decapitados por Shabab después de que su padre se negara a dar información sobre una iglesia clandestina”.

5.

Larry David provoca la ira de algunos cristianos porque en la nueva temporada de Curb Your Enthusiasm su personaje orina encima de Cristo. En Egipto fundamentalistas cristianos y musulmanes se oponen a que actúe Beyoncé. Christopher Hitchens cuenta lo que ha aprendido debatendo con gente religiosa por todo el mundo. Sale a la venta la película Collision, su discusión con el pastor Douglas Wilson.

En la imagen, Lamarr.

 

DJEMILA BENHABIB

DJEMILA BENHABIB

 

1.

Caroline Fourest (aquí su blog, y aquí sus libros) ha escrito:

“El libro de Djemila Benhabib, Ma vie à contra-Coran (VLB éditions) es un gran éxito en Canadá. Se está convirtiendo en el libro favorito de todos aquellos que han huido del islam para buscar refugio en Europa. Desde París a Londres, pasando por Québec, con el debate sobre ‘la acomodación religiosa’, la autora sigue el camino de un mal que creía haber dejado atrás. Se sorprende por la ingenuidad de algunos frente al fundamentalismo. ¿Es suficiente para mostrar el velo como un acto de libertad, disfrazar sus palabras y su proyecto para que se tolere la intolerancia?

Djemila Benhabib está inmunizada frente a esta ingenuidad. Conocer la historia del Islam político que desoló Argelia a ayudar a descifrar el doble discurso de los fundamentalistas. El gran mérito de su libro es que nos transmite este relato y esta mirada. También tiene otro: demostrar la inmensa responsabilidad del poder argelino en el ascenso del islamismo.

Algunos independentistas querían la laicidad... El FLN prefirió centrarse en la islamización de la nación argelina. La Constitución consagró el Islam como religión de Estado. Plagadas de maestros importados de Egipto y formados por la Hermandad Musulmana, las escuelas públicas se convirtieron en lugares donde se machacaba el cráneo de los niños a golpe de recitar el Corán.

Djemila guarda un recuerdo incómodo. ‘Yo también pedía la flagelación de los adúlteros y la matanza de los infieles’. Pero en ella el adoctrinamiento no echó raíces. Sus padres militaban en el PAGS, un movimiento comunista. En casa preferían los libros de Angela Davis. En ese momento, todavía había muchos argelinos que preferían el progreso a la reacción. Se les marginaba y se les acusaba de ‘occidentalizados’. La policía los seguía.

En octubre de 1988 los jóvenes se rebelaron, salieron a las calles y quemaron coches. La represión fue terrible. En lugar de entender la ira como un deseo de libertad, el Presidente Chadli Benjedid volví a los fundamentalistas y se rindió a sus demandas, con la esperanza –ilusoria- de comprar la paz social. Después de aprobar un código de familia que llevaba la mujer argelina a la situación de un menor, se podía aprobar una ley que declaraba la educación física opcional para las colegialas... en nombre de la modestia. El Frente Islámico de Salvación (FIS) se sentía reconfortado. Subía inexorablemente.
El resultado es conocido. Después de una primera votación la ley que le dio FIS la mitad de los municipios, los fundamentalistas ganaron la primera vuelta de las elecciones parlamentarias de diciembre de 1991. Se preparaban para mantener su promesa: ‘se prohíben los partidos seculares o socialistas’ y ‘aplicar la sharia’. El ejército anuló el proceso electoral. Los islamistas se lanzaron a la guerrilla, el ejército a la guerra sucia... Atrapados, los intelectuales, artistas, los laicos eran presa de ambos y vivían en el terror.

Djemila Benhabib recuerda el 25 de marzo de 1994, el último día del ultimátum del GIA, que ordenaba a las mujeres a usar el velo: ‘Salir de casa se convirtió en una expedición. En cada esquina, la muerte acechaba a las cabezas desnudas’. Las chicas que se atrevían a salir sin velo eran asesinadas cuando iban a la escuela o la universidad. La familia Benhabib recibía amenazas todos los días. Era hora de ir al exilio. Pero la pesadilla no había terminado.

En Europa, los argelinos laicos encontraron de nuevo a sus torturadores. Los islamistas perseguidos por el ejército no tuvieron dificultades para obtener el estatuto de refugiados. Los embajadores de la Hermandad Musulmana monopolizaron los medios de comunicación y publicitaron la opción del velo. En algunos barrios de Francia, la ‘reforma’ fundamentalista deseada por Hassan Al-Banna y el FIS consiguió convertir a los musulmanes modernos o no practicantes en el musulmán moderno o no practicantes en traidores ‘occidentalizados’.

Djemila Benhabib no soporta ver que su propaganda se tolera en nombre del multiculturalismo. Su libro es una advertencia: ‘Cualquier indulgencia con esta ideología de la muerte no sólo es un grave error de principio: es una traición’.”

2.

Djemila Benhabib ha escrito:

“No me avergüenzo de haber nacido mujer. No tengo nada por lo que disculparme. No tengo por qué esconderme. Los islamistas hacen a las mujeres culpables de sus deseos, de sus miserias y de sus frustraciones sexuales. Son enfermos del sexo.

El odio y la sumisión de las mujeres cristalizan su ideología. No puede haber mujeres libres y emancipadas en un Estado islamista, y tampoco hombres. Engels tenía razón al decir que ‘el grado de emancipación de la mujer es la medida del grado de emancipación general’. Frente a la barbarie siempre presta a recobrar sus derechos, tenemos la responsabilidad, si no el deber, de combatirla. Está en juego nuestro porvenir y el de nuestros hijos. Es un camino difícil, pero salvador para la humanidad. A lo largo de este libro, he mostrado cuál el precio que hay que pagar por la libertad.

Con el caso de las caricaturas, constatamos que los islamistas, apoyados por estados potentes como Arabia Saudí, Irán, Egipto, pero también Turquía, presionaron a la Unión Europea y la ONU para limitar la libertad de expresión introduciendo una ‘concepción islámica’ de la blasfemia.

Sabed que en democracia, el derecho a criticar todas las religiones, incluido el islam, es un principio inalienable. También el derecho a la blasfemia. Además, la igualdad de los sexos, la libertad de conciencia y la libertad de expresión son intocables. Su derogación por motivos religiosos ataca los valores fundamentales de la sociedad. Quiebran nuestros valores y acentúan el poder de los religiosos sobre la vida pública”.

En la imagen, Djemila Benhabib.

LA INTIMIDAD DE LOS EXTRAÑOS

LA INTIMIDAD DE LOS EXTRAÑOS

1.

Salman Rushdie ha recibido el Premio Carl Sandburg. Caryn Green habló con él.

"’Las cosas que a la gente le gustan de un libro son exactamente las mismas cosas que hacen que a otros no les guste. ¡La misma frase! En este momento, no me importa [la crítica]’. Pero sí que le importa que dure la literatura. “’La belleza de leer un libro tú solo’, dice, ‘es ver cómo interactúa la imaginación del autor con la tuya, de una forma que no hace si estás viendo una película. Hay una curiosa intimidad de los extraños. Por eso creo que este género sobrevivirá’”.

2.

Una entrevista con Herta Müller:

Müller: Pasé tres años en la fábrica. Los primeros dos años en el departamento de traducción luego en uno distinto, de relaciones públicas, si quieres.

RFE/RL: Probablemente diseñado por la policía secreta.

Müller: Sí, me di cuenta más tarde. La gente de Securitate vino y me dijo que si teníamos invitados, de Alemania por ejemplo, tras encontrarme con ellos tendría que escribir para Securitate mis ‘impresiones’. Y querían que escribiera lo que mis colegas rumanos, los especialistas, habían dicho a los alemanes. Y no les importaba que saliera con los invitados extranjeros... A eso les respondí que no era una prostituta. También les dije que era una mala observadora de la gente, que me había equivocado mil veces sobre la gente. Pero el tipo de Securitate dijo que eso no le interesaba: quería mi opinión tal como era: una opinión personal, sincera. Después quiso que escribiera que iba a colaborar y le dije que no lo haría.

RFE/RL: ¿Y?

Müller: Dio un portazo y dijo: ‘Te pondré en problemas’ o ‘Acabaré contigo’ en jerga rumana. Literalmente no me arrojó al agua, pero no hubo paz para mí después de eso. Durante varias semanas me llamaban cada día a las 7.30 a la oficina de mi jefe para discutir el asunto con él y con el secretario del Partido Comunista y el secretario de las Juventudes Comunistas. Cada vez me decía que dimitiera y buscase otro trabajo, pero les decía que me gustaba tanto el trabajo que no se me ocurría que más hacer. Les dije que tendrían que despedirme si querían librarse de mí, y les pedí que especificaran por escrito la razón por la que me despedían. Es decir, mi rechazo a colaborar con la policía secreta. Luego fui a hablar con la gente del sindicato, para quejarme, pero el líder no quiso escucharme.

Lo que ocurrió fue un completo desastre. Ahora puedo reírme. Pero entonces estuve cerca de tener un ataque de nervios, hasta que me despidieron. Primero me ofrecieron un trabajo sin cualificación, pero lo rechacé. Luego me despidieron. Me dejaron sin fuente de ingresos. A mi marido, Richard Wagner, también lo habían despedido. Y además me convocaban casi todos los días ante Securitate. Y allí ni siquiera me acusaban de cosas de las que era consciente, como mi incidente en la fábrica o mi actividad literaria. Me decían que era prostituta, que me acostaba por dinero con estudiantes árabes. Yo no conocía a ningún estudiante árabe, pero ellos decían que podían montar un buen juicio, con testigos y todo. También dijeron que comerciaba con bienes que no podían encontrarse en el mercado rumano”.

3.

Hamás patrulla las calles de Gaza para imponer una vestimenta conservadora. Escribe Roy McCarthy:

“Comenzó con una erupción de patrullas de policía inusualmente enérgicas. Agentes armados de Hamás detuvieron a sin camisa sentados en la playa, disolvieron grupos de hombres y mujeres solteros y se ordenó a los tenderos que no mostrasen la ropa interior de los maniquíes en sus escaparates.

Luego vino un esfuerzo para obligar a las mujeres abogadas a respetar un código de vestuario más conservador, y una intensa presión sobre los padres para vestir a sus hijas de manera más conservadora el nuevo período escolar. La semana pasada, la policía comenzó a imponer un nuevo decreto que prohibía a las mujeres montar en moto.

Por primera vez desde que Hamás ganó las elecciones parlamentarias palestinas hace casi cuatro años, el grupo está tratando de islamizar la sociedad de Gaza. En público, los líderes de Hamás dicen que están simplemente alentando a una moral social, e insisten en que no están tratando de imitar a la policía religiosa que opera en otros países islámicos. Pero muchos lo perciben como una nueva ola de refuerzo de lo que ya es una sociedad musulmana devota.

Asmaa al-Ghoul, escritora y ex perodista, fue una de las primeras oponerse la nueva campaña. Estaba con un grupo de amigos y amigas en una cafetería junto a la playa a finales de junio. Al caer la noche, ella y otra amiga fueron a nadar con pantalones largos y camisetas. Momentos después de salir del agua, se vieron confrontados por un grupo de agentes de policía de Hamas cada vez más agresivos. ‘¿Dónde está tu padre? ¿Tu marido?’, le preguntó un oficial. A Ghoul, que tiene 27 años, le dijeron que su comportamiento no había sido respetable. Cinco de sus amigos masculinos fueron golpeados y detenidos durante varias horas.

‘Creo que nuestra sociedad es laica, pero algunos partidos islámicos quieren cambiarla para que sea religiosa’, dijo. Goul no lleva velo, una opción cada vez menos frecuente en las mujeres de Gaza y que, en general, se limitan sólo a los que viven en las zonas más prósperas de la ciudad de Gaza. Sufre de forma rutinaria burlas de otros palestinos mientras camina desde su casa a su cafetería favorita. ‘Tenemos miedo de ser nosotros mismos en la calle’, dijo. ‘Hamás utiliza el islam en la mezquita para tratar de controlar los corazones de la gente.’

La sociedad de Gaza se ha vuelto mucho más conservadora en la última década. En parte se debe a la creciente influencia de movimientos islamistas como Hamás y otros que sostienen puntos de vista extremistas aún más. Los palestinos también culpan al  bloqueo económico de Israel: dicen que ha impedido el libre flujo de ideas y el debate e impide que los los habitantes de Gaza que viajan al extranjero. La violencia del conflicto, dicen, permite que el conservadurismo a florecer.

Los líderes de Hamás insisten que no hay coacción en su nueva campaña. ‘La principal herramienta de la campaña es la concienciación y la educación sin interferir con el comportamiento de los individuos o forzarlos’, dice Abu Talib Shaar, ministro de Hamás de asuntos religiosos, educado en Arabia. ‘Esto no significa que vayamos a imponer la sharia en la comunidad. No queremos ser como los talibanes en Gaza’.

Esta campaña de educación que se llama fadeela o la virtud, y en parte se compone de carteles distribuidos por toda la ciudad. Algunos aconsejan a los jóvenes contra el tabaco o las drogas. Otros advierten contra la pornografía en Internet o la televisión por satélite: ‘Ten cuidado. Ver canales sucios corrompe a la familia y la próxima generación.’ Ese cartel particular listas recomendadas canales: todos son religiosos e islámicos.
La campaña se centra sobre todo en lo que las mujeres usan. Un cartel sorprendente denuncia la tendencia de las mujeres jóvenes a usar su pañuelo en la cabeza junto con pantalones ajustados como una ‘industria satánica al 100 %’. Muestra un diablo rojo que sosteniene una imagen de una mujer joven y vestida a la moda y recomienda cubrir más la cabeza y de forma menos atractiva: ‘El hiyab correcto es el camino al cielo.’

Preguntado sobre su actitud frente a las pocas mujeres de Gaza que no cubren su cabello, Abu Shaar, dijo: ‘Nosotros les decimos que es un elemento esencial para una musulmana. Llevar el velo es tan esencial como la oración’.

Quizás la mayor sorpresa de la campaña es la resistencia que ha generado. A pesar de Gaza es socialmente conservadora, muchos palestinos se niegan a seguir un código social determinado e impuesto. Cuando el responsable de justicia de Hamás, Abdel-Raouf al-Halabi, ordenó un nuevo uniforme para todos los abogados (lo que para las mujeres significaba con un velo y una yilbab -una sotana de longitud- no contaba con la temeridad de la respuesta. Casi todas las 150 abogadas de Gaza ya llevaban la cabeza cubierta, pero impugnaron el fallo sobre la base de que no tenía ningún fundamento en la ley. El juez presidente se vio obligado a retroceder.

‘Fue absolutamente ilegal’, dijo Dina Abu Dagga, un abogado que ha cubierto el cabello desde que estaba en la universidad de El Cairo.

No era correcto que el juez presidente cambiara el código de vestimenta, dijo. Bajo la ley palestina, el poder recaía en el sindicato de abogados.

‘No estamos contra el hiyab. Me pongo yo misma’, dijo. ‘Estamos en contra de la imposición y restricción de nuestras libertades. Hoy en día se impone el hijab, pero mañana será otra cosa’.

Zeinab El-Ghunaimi, una de los pocas abogados mujer que no lleva velo, dijo que algunas mujeres estaban adoptando el hiyab para evitar una atención no deseada en las calles o en el trabajo. ‘Las autoridades están tratando de poseer y controlar a las mujeres’, dijo. ‘El problema es cuando estas restricciones son impuestas’”.

4.

Una entrevista con Philip Roth. En un par de semanas sale su nueva novela, The Humbling. El otro día se dio una vuelta por su ciudad, Newark.

5.

Continúan las protestas porque este año China (un país que machaca sistemáticamente la libertad de expresión) haya sido el país invitado de la Feria de Fráncfort. Entre los autores invitados por la feria a los que la policía china no permitió acudir se encuentra Liao Yiwu, que pasó 4 años en la cárcel tras escribir un poema sobre la masacre de Tiananmen.

6.

Se han anunciado los 39 escritores de Beirut 39.

 7.

Una entrevista con Craig Raine, director de la revista literaria Areté.

8.

Cómo convertí a Woody Allen en una tira de cómic.

9.

Un blog de premios literarios (franceses).

He tomado la imagen de Müller aquí.

 

EL ESCRITOR Y EL TIRANO

EL ESCRITOR Y EL TIRANO

 

1.

Enrique Krauze escribe en Letras libres sobre la biografía de García Márquez de Gerald Martin:

Tres despachos que Martin considera ‘memorables’, pero no glosa siquiera, fueron escritos por García Márquez tras una larga estancia en la isla en 1975 y se titularon ‘Cuba de cabo a rabo’. Los publicó en agosto-septiembre de ese año la revista Alternativa, que fundó en Bogotá en 1974. ¡Y vaya que eran memorables! Sabrosos, como todos los suyos, declaraban una profesión absoluta de fe en la Revolución encarnada en la heroica figura del comandante (a quien García Márquez, a pesar de permanecer tres meses en la isla, no conocía aún): ‘Cada cubano parece pensar que si un día no quedara nadie más en Cuba, él solo, bajo la dirección de Fidel Castro, podría seguir adelante con la Revolución hasta llevarla a su término feliz. Para mí, sin más vueltas, esta comprobación ha sido la experiencia más emocionante y decisiva de toda mi vida.’

Lo fue, al grado de que en 34 años García Márquez no se ha apartado públicamente de esa visión epifánica. ¿Qué vio, que cualquiera podía ver? Logros tangibles en los servicios de salud y educación (aunque no se preguntó si para alcanzarlos era necesario el mantenimiento de un régimen totalitario). ¿Qué no vio? La presencia de la URSS, salvo como generosa proveedora de petróleo. ¿Qué dijo no haber visto? ‘Privilegios individuales’ (aunque la familia Castro se había adueñado de la isla como patrimonio personal), ‘represión policial y discriminación de ninguna índole’ (aunque desde 1965 se habían creado los campos de concentración para homosexuales, antisociales, religiosos y disidentes, llamados eufemísticamente Unidades Militares de Ayuda a la Producción o umap). ¿Qué sí vio, finalmente? Lo que quería ver: a cinco millones de cubanos pertenecientes a los Comités de Defensa Revolucionaria no como los ojos y el garrote de la Revolución sino como su espontánea, multitudinaria y ‘verdadera fuerza’ o, más claramente –en palabras de Fidel Castro, citadas con elogio por el propio García Márquez–, ‘un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria para que todo el mundo sepa quién es y qué hace el vecino que vive en la manzana’. Vio multitud de ‘artículos alimenticios e industriales en los almacenes de venta libre’ y profetizó que ‘en 1980 Cuba sería el primer país desarrollado de América Latina’. Vio ‘escuelas para todos’, restaurantes ‘tan buenos como los mejores de Europa’. Vio ‘la instauración del poder popular mediante el voto universal y secreto desde la edad de dieciséis años’. Vio a un viejo de 94 años embebido en sus lecturas ‘maldecir al capitalismo por todos los libros que dejó de leer’.

Pero sobre todo vio a Fidel. Vio ‘el sistema de comunicación casi telepática’ que había establecido con la gente. ‘Su mirada delataba la debilidad recóndita de su corazón infantil [...] ha sobrevivido intacto a la corrosión insidiosa y feroz del poder cotidiano, a su pesadumbre secreta [...] ha dispuesto todo un sistema defensivo contra el culto a la personalidad.’ Por eso, y por su ‘inteligencia política, su instinto y honradez, su capacidad de trabajo casi animal, su identificación profunda y confianza absoluta en la sabiduría de las masas’, había logrado suscitar el ‘codiciado y esquivo’ sueño de todo gobernante: ‘el cariño’.

Aquellas virtudes se sustentaban, según García Márquez, en la ‘facultad primordial y menos reconocida’ de Fidel: su ‘genio de reportero’. Todos los grandes hechos de la Revolución, sus antecedentes, detalles, significación, perspectiva histórica, estaban ‘consignados en los discursos de Fidel Castro. Gracias a esos inmensos reportajes hablados, el pueblo cubano es uno de los mejores informados del mundo sobre la realidad propia’. Esos discursos-reportajes, admitía García Márquez, ‘no habían resuelto los problemas de la libertad de expresión y la democracia revolucionaria’. La ley que prohibía toda obra creativa opuesta a los principios de la Revolución le parecía ‘alarmante’ pero no, desde luego, por su limitación a la libertad sino por su futilidad: ‘cualquier escritor que ceda a la temeridad de escribir un libro contra ella, no tiene por qué tropezar con una piedra constitucional [...] la Revolución será ya bastante madura para digerirlo’. La prensa cubana le parecía todavía deficiente en información y sentido crítico, pero se podía ‘pronosticar’ que sería ‘democrática, alegre y original’ porque estaría fincada en ‘una nueva democracia real [...] un poder popular concebido como una estructura piramidal que garantiza a la base el control constante e inmediato de sus dirigentes’. ‘No me lo crea a mí, qué carajo. Vayan a verlo’, concluía García Márquez.

Años más tarde, en una entrevista para The New York Times, Alan Riding le preguntó ¿por qué, si viajaba tanto a La Habana, no se establecía allí?: ‘Sería muy difícil para mí llegar ahora y adaptarme a las condiciones. Extrañaría demasiadas cosas. No podría vivir con la falta de información.’”

2.

Más adelante, dice Krauze:

“Martin hubiera podido extraer mucho jugo del libro Gabo y Fidel de Ángel Esteban y Stéphanie Panichelli (que sólo menciona en la bibliografía). Allí se recoge el testimonio de Miguel Barnet, poeta cubano amigo de García Márquez y presidente de la Fundación Fernando Ortiz. Barnet hace la crónica de las fiestas en la ‘mansión de Siboney’, describiendo incluso la vestimenta de ‘Gabo’, el anfitrión. Fidel y ‘Gabo’ –dice Barnet– ‘son verdaderos especialistas en cultura culinaria, y saben apreciar los buenos platos y los buenos vinos. Gabo es ‘el gran sibarita’, por su afición a los dulces, el bacalao, los mariscos y la comida en general’. Por otra parte, Manuel Vázquez Montalbán, escritor español amigo de Castro, recogió este testimonio del ‘gran Smith’, quizás el mejor cocinero cubano: ‘Gabo es un gran admirador de mi cocina y me ha prometido un prólogo para el libro de mis vivencias, que está casi concluido.’ En ese libro, cada uno de los platos se asocia a un personaje relevante para quien fue pensado. El de ‘Gabo’ es ‘Langosta a lo Macondo’, y el de Fidel Castro, un ‘Consomé de tortuga’.

Por esos días, la cartilla de racionamiento cubana (vigente desde marzo de 1962) contenía, al mes y por persona, las siguientes delicias: siete libras de arroz y treinta onzas de frijoles, cinco libras de azúcar, media libra de aceite, cuatrocientos gramos de pastas, diez huevos, una libra de pollo congelado, media libra de picadillo condimentado (de pollo), a los que se pueden sumar como alternativa en el apartado de ‘productos cárnicos’ pescado, mortadela o salchichas”.

3.

Gerald Martin habla de una visita posterior del dictador a Moscú: “Mientras estaba en Moscú, Fidel le compró a García Márquez una gran remesa de su caviar favorito.”

4.

En su reseña en Artes & Letras, Félix Romeo citaba una frase de Reinaldo Arenas que también aparece en la biografía:

“Que un escritor como el señor García Márquez, que ha escrito y ha vivido en el mundo occidental, donde su obra ha tenido una inmensa repercusión y acogida que le han garantizado un modo de vida y un prestigio intelectual, que un escritor como él, amparándose en la libertad y posibilidades que ese mundo le brinda, use de ellos para hacerle la apología del totalitarismo comunista que convierte a los intelectuales en gendarmes y a los gendarmes en criminales, es sencillamente indignante”.

He tomado la imagen aquí.

 

 

LECTORAS

LECTORAS

 

1.

La próxima novela de Ian McEwan, Solar, estará en las librerías el 18 de marzo. Descrita como una novela satírica sobre el cambio climático, cuenta la historia de un físico cincuentón y ganador del Premio Nobel cuya carrera y vida personal andan en declive, y que acepta colaborar con un programa del gobierno contra el cambio climático.

2.

Escribe Rafael Sánchez Ferlosio:

‘Unanimidad, que, por lo demás, no han compartido las cuatro ciudades aspirantes [a los Juegos Olímpicos de 2016], en parte, quizás, porque les ha faltado un condotiero emocional tan irresponsable como Ruiz-Gallardón, consciente del valor político del deporte como instrumento de control social, cosa que no es ahora, pero que se ha desmesurado inmensamente con la imponente, jamás imaginable, hipertrofia que ha sufrido el deporte en estos últimos 25 o 30 años, hasta convertirse en máximo o virtualmente único contenido del patriotismo tanto nacional como periférico.

La proclamación solemne la hizo el Abc del 8 de octubre del 2008 en un editorial titulado El orgullo de ser español, que empezaba con estas palabras: ‘A día de hoy, España es una gran potencia deportiva al más alto nivel internacional’. A continuación cantaba las victorias de la selección nacional de fútbol, de Rafael Nadal, de Pau Gasol, de Alberto Contador y otros dos ciclistas, de Fernando Alonso, ‘heredero genuino de los más grandes pilotos de la historia’ (‘historia’ ponía, sí, es literal). Más adelante se leía lo siguiente: ‘En tiempos confusos para la vertebración territorial del Estado, el deporte está jugando un papel relevante porque aglutina las emociones comunes y demuestra la fuerza de la unidad frente a las absurdas tentaciones políticas disgregadoras’. Pero sobre esta misma preocupación unitaria, el editorial se equivocaba, en cierta curiosa manera indirecta, unos párrafos más abajo, al decir: ‘... los deportistas no son fáciles de atraer hacia causas localistas y cerradas, como pretenden algunos políticos nacionalistas con su habitual cortedad de miras’, lo cual es, en principio, objetivamente cierto, salvo que el Barça, queriendo o sin quererlo, no ha sido tan corto de miras al anticiparse largamente a todos los demás en apuntar más lejos que ninguno de ellos en cuanto a transfigurar el deporte -el ‘deporte rey’, en este caso- en un importante componente o contenido de la patria. Hoy, muchos años después, aquella genial inspiración de ‘El Barça es más que un equipo’ se ha cumplido, a escala nacional, como ‘España no es más que un equipo’.

3.

Nina Sankovitch decidió leer un libro al día durante un año, y escribir la reseña. Le quedan unas semanas. Aquí, un retrato.

4.

Las Naked Girls Reading de Chicago van a leer libros prohibidos a Nueva York.

5.

Escribe Sarah Boseley:

“Unas 70.000 mujeres mueren cada año y muchas más sufren daños como resultado de abortos no seguros en países con leyes restrictivas sobre la interrupción del embarazo, según un informe.

El número total de abortos en todo el mundo ha caído, según el influyente Guttmacher Institute, pero la caída sólo afecta a abortos legales y es principalmente el resultado de cambios en el este de Europa.

Hubo 41,6 millones de interrupciones en todo el mundo en 2003, frente a 45,5 en 1995. Pero en 2003, 19,7 millones de ellas fueron abortos sin garantías de seguridad y clandestinos. Las cifras de esos apenas han cambiado desde 1995, cuando había 19,9 millones.

Casi todos los abortos sin garantías de seguridad se produjeron en países en vías de desarrollo con leyes restrictivas sobre el aborto.

‘Virtualmente todos los abortos en África y América Latina y el Caribe fueron inseguras’, dice el informe. En Asia, los procedimientos seguros superaron a los inseguros por el gran número de abortos legales en China. La mayoría de los que se producen en Europa y casi todos los que se producen en Norteamérica cumplieron las condiciones de seguridad.

Sólo el 28 % de las mujeres africanas casadas usa anticonceptivos”.

6.

Escribe Luke Harding:

Un historiador ruso que investigaba la suerte de los alemanes prisioneros en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial ha sido detenido, en el último ejemplo de la represión a la investigación sobre la época de Stalin que ejercen las autoridades rusas.
Mikhail Suprun fue detenido el mes pasado por funcionarios de los servicios de seguridad de Rusia. Registraron su apartamento y se llevaron su archivo personal completo. Ha sido acusada de violar las leyes de privacidad y, si lo declaran culpable, se enfrenta a cuatro años de cárcel.

Suprun había estado investigando casos de alemanes enviados a los gulags de Rusia en el Ártico. El estudio de este profesor de historia de la universidad de Arjangelsk Pomorskiy, incluía a prisioneros de guerra alemanes capturados por el Ejército Rojo, así como personas de origen alemán y habla rusa -muchos del sur de Rusia- que fueron deportadas por Stalin. Ambos grupos terminaron en los campos de Arjangelsk.
‘Yo quería planeando escribir dos libros. Necesito otros dos o tres años antes de acabarlos’, dijo Suprun hoy. El historiador -que describió su detención como ‘absurda’ - dijo que había firmado un acuerdo con los funcionarios locales para no hablar más sobre su caso.

Sin embargo, la detención ha provocado indignación en Alemania y entre los principales historiadores. Llega en medio de los intentos del Kremlin de rehabilitar a Stalin, y obstaculizar la investigación histórica independiente: la represión política durante la era soviética y las víctimas del sistema del gulag son ahora temas tabú.

El historiador y escritor Orlando Figes describe detención Suprun como algo sin precedentes, y parte de una ‘campaña de Putin contra la libertad de investigación histórica y de expresión’.

7.

Una entrevista a Nicolas Sarkozy, donde habla sobre su hijo, La mauvaise vie de Fréderic Miterrand y Afganistán.

8.

Una entrevista a Michael Ignatieff, el ensayista, pensador, ex presentador de televisión y biógrafo de Isaiah Berlin que tiene posibilidades de convertirse en primer ministro de Canadá.

He tomado aquí La lectora de Fragonard.

LLEGAR Y BESAR EL NOBEL

LLEGAR Y BESAR EL NOBEL

 

Escribe Christopher Hitchens:

Alfred Nobel compartía algo con Mark Twain y Ernest Hemingway y Marcus Garvey. Pudo leer sobre de su propia muerte en los periódicos. Parece que estaba tan deprimido por el énfasis de los obituarios en su trabajo pionero sobre la dinamita –el arma de destrucción masiva de su época- que decidió mejorar la necrológica dando dinero para un premio por la paz internacional.

Pero si ‘prematura’ es la palabra que Nobel pronunció cuando leía la noticia de su propia muerte, también es la palabra más educada posible par acalificar la concesión del Premio Nobel de la Paz al presidente número 44 en el primer año de su primer mandato. Hasta ahora, los premios anuales de la ‘paz’, otorgados por escandinavos biempensantes, pertenecían a uno de estos cinco tipos:

1. Por sus servicios a la diplomacia y la realpolitik. En esta categoría podrían encontrarse Theodore Roosevelt –que no era precisamente un amante de la paz- por su participación en la negociación para poner fin a la guerra ruso-japonesa, el desastre ahora olvidado que presagiaba la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. Se podrían añadir aquí los otros premios a los estadistas que todavía eran políticos activos, como el canciller Willy Brandt de la (entonces) Alemania Occidental en 1971 y Gorbachov, el último líder de la Unión Soviética, en 1990.

2. Por sus servicios al cinismo, el oportunismo y la hipocresía. Aquí encontramos a Yasir Arafat y Henry Kissinger, junto con sus homólogos de Israel y de Vietnam del Norte, adornados por ‘acuerdos de paz’ que no estaban destinados a mantener y que condujeron a brotes posteriores de violencia letal. (Hay que decir a favor de Le Duc Tho, compañero de premio de Kissinger y estalinista de Hanoique tuvo la elegancia de rechazar su parte.) Sobre el premio a Kissinger, que produjo la imagen inédita del querido rey Olaf de Noruega recibiendo bolas de nieve en las calles de Oslo, el periódico La Stampa de Roma publicó un editorial que lo definía con acritud como ‘un estímulo para aquellos que declaran la guerra sólo para ser capaces de pararla después’, que, con su reverso implícito, es una bonita formulación del último premio para dirigentes israelíes y palestinos.

3. Por sus servicios para los derechos humanos. Puede que estos tengan algo que ver o no, aunque en el legado de Nobel se especifica a quienes ‘hagan la mayor parte o la mejor obra en la fraternidad entre naciones, la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y por la explotación y promoción de los congresos de paz ‘. Pocos dudan que el Dr. Martin Luther King Jr. honra el espíritu si no la letra de esta rúbrica, aunque es difícil ver cómo se aplica a Agnes Bojaxhiu, más conocida por la prensa como Madre Teresa, que nunca pretendió trabajar por la paz y que anunció en su discurso de aceptación que la principal amenaza a la paz mundial era el aborto. Incluso la designación de Carl von Ossietzky, en 1935, cuando estaba en un campo de concentración alemán, y de Andrei Sajárov, cuatro décadas más tarde, el comité del Nobel no ayudaron a acortar ninguna guerra, pero sí contribuyeron al respetoa los derechos humanos y el espíritu humano. Hay un argumento cada vez más poderoso a favor de un premio particular y específico que se dedique a eso. Y únicamente.
4. Por sus servicios a sentimientos vagos y arbitrarios de buena voluntad. Uno podría pensar que 1946 habría sido un buen año para Mohandas K. Gandhi, que los indios llaman ‘el Mahatma’. Yo no podría estar de acuerdo, pero creo que el primer año de la era de posguerra fue una época absurda para dar el premio a Emily Balch y John Mott, este último quizás mejor conocido por sus labores como funcionario internacional de la YMCA. La historia del premio de la paz está plagada de este tipo de absurdos pintorescos, a menudo se inclina hacia dignatarios franceses y belgas pasados de fecha, o grupos ultrapolitizados como Amnistía Internacional.

5. Por lealtad a las instituciones supranacionales y a las Naciones Unidas y sus cadetes y satélites. La Cruz Roja Internacional, que asume que la guerra es inevitable y no tiene ninguna posición en absoluto favorable a la ‘paz’, ganó el premio en 1917, 1944 y 1963. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, que necesariamente parte del mismo supuesto como equipo de limpieza y respuesta, ganó en 1954. El propio secretario de Naciones Unidas, bajo Kofi Annan, aceptó amablemente el premio hace unos años, como si -aun después de Ruanda y Bosnia- el reconocimiento sólo fuera algo que, simplemente, la institución merecía desde hacía mucho.

La adjudicación del viernes a nuestro admirado ejecutivo en jefe no cae en ninguna de estas categorías, pero pretende satisfacer las condiciones de la primera, la cuarta y la quinta. Respondiendo a una pregunta que sin rodeos planteó ‘¿Por qué?, el portavoz del Comité del Nobel Thorbjørn Jagland defendió la elección de Barack Obama, diciendo, en primer lugar, que el premio ha tenido a menudo la intención de ‘mejorar ‘el trabajo en marcha de los jefes de gobierno, citando la precedentes de Brandt y Gorbachov. Añadió, en segundo lugar, que el énfasis del presidente sobre la primacía de las Naciones Unidas es meritorio en sí mismo. Esto, hay que decirlo, es ridículo. Es el primer premio ‘Nobel’ virtual.

En 1971, cuando le dieron el premio, el señor Brandt ya había hecho su imperecedera visita a Varsovia, donde cayó de rodillas en el monumento al gueto de la ciudad. Su Ostpolitik, o la reconciliación con antiguos vasallos y las víctimas del nazismo del Este, era una realidad. Habría continuado con o sin la palmadita en la espalda de los países escandinavos. De hecho, el año anterior a la concesión del premio, el canciller de Alemania había obtenido otro galardón supremo aunque engañoso, cuando una revista estadounidense que no necesito mencionar lo nombró ‘Hombre del Año’. Gorbachov fue galardonado en 1990, varios años después de haber alcanzado un acuerdo histórico sobre el desarme con Ronald Reagan. (Si puedes imaginar a Ronald Reagan recibiendo una invitación al premio, tu imaginación es mucho más poderosa que la mío.) Así que el reconocimiento a los ejemplos de coraje moral y político -también podría sostenerse en los casos de Anwar Sadat y Menachem Begin- no son ni remotamente aplicables en el presente caso. Muy bien, entonces, ¿qué pasa con la idea de alentar las medidas políticas a priori y la conducta amante de la paz? En esta concepción rosada Barack Obama es como Tom Cruise: se le alaba y promueve por atrapar la delincuencia en ciernes, y detener a gente antes de que se cometa ningún delito. (Un eslogan completamente nuevo: ‘duro con el pre-crimen’.)

Nos encontramos pues en un universo bastante peculiar, donde se premian las buenas intenciones antes de que hayan sido objeto de de la intensa metamorfosis que supone ser traducidas en buenas obras, o hechos concretos. Y cada vez es más difícil de evitar la sospecha de que hay algo explícitamente político en el proceso de la toma de decisiones del Nobel. No creo señalar a las sombras. Especialmente en los últimos tiempos, los premios de literatura, un ámbito en el que estoy más calificado para pronunciarme, han reflejado una mentalidad similar o idéntica. Las opciones de un anarquista italiano, estalinistas de Austria y Portugal y de la histeria antiestadounidense de Harold Pinter deben estar frescas en nuestras mentes, y podemos recordar que se trata de un comité del Nobel que no reconoció ni a Vladimir Nabokov ni a Jorge Luis Borges.

Quizás no por coincidencia, la elección del ex presidente Jimmy Carter para el premio de la paz en 2002 fue acompañada por declaraciones de Oslo. que dijo abiertamente que recompensaba su oposición a la política exterior de un presidente electo de los Estados Unidos. (A partir de ese argumento, Carter podría haber recibido el premio por escribir a los jefes de Estado árabes en 1991, pidiéndoles que se sumaran a la coalición contra la invasión de Sadam Husein de Kuwait: un acto de anexión ilegal que implicaba la desaparición real de un Estado miembro de las Naciones Unidas y la Liga Árabe. Una vez más, me resulta difícil imaginar que un ex presidente republicano fuera honrado de esta forma por atacar a uno de sus sucesores.)

Puede que el aspecto de imparcialidad sea exagerado. A largo plazo, los Nobel de ‘derechos humanos’, que por ahora no existen en realidad bajo su propio nombre, muestran una distribución  justa que va de Irán a Europa el Este a África y otros lugares. Pero la tarea del jefe ejecutivo de los Estados Unidos es algo más complicado que una simpatía vaga y general de los oprimidos. Consiste, en última instancia, en ser un comandante en jefe, y consultar estrechamente con un Congreso elegido los graves asuntos de la guerra y la paz y la seguridad. Si consigue que algo de esto salga bien, si por poner un ejemplo difícil, se las arregla para negociar una transición no violenta en un Irán con energía nuclear pero sin armas nucleares (y que quizá permite a su propio pueblo para intervenir en sus asuntos internos) entonces lo habrá hecho muy bien, y merecerá mucho más que una medalla y un cheque enorme. Esto es, sin embargo, poco probable, que le hagan caso sobre estas cuestiones graves, sin la amenaza creíble del poder y la fuerza económica, política y militar de Estados Unidos. Algo en el universo mental del comité del Nobel es claramente hostil a los datos que sostienen esta consideración.

Se puede argumentar que para los presidentes no es bueno obtener su reconocimiento y su alabanza antes de conseguir verdaderos logros. Hasta se podría decir afirmar que éste el triunfo contra forma adversidad, del tipo que promete todo tipo de honor a los que soportan el calor y el peso de la jornada, que muestran las cicatrices de la batalla y la lucha, y que se han templado y formado en el combate y la adversidad. Como el presidente Obama ha admitido en sus bastante fascinantes autobiografías, es consciente de su propia suerte y buena fortuna. Así que no tientes al destino, al aceptar un premio para una carrera en la que todavía no has participado y mucho menos ganado. Tal vez, como los potentados romanos de la antigüedad, Obama debería contratar a un agente que le susurre regularmente para recordarle que también es mortal. (Rahm Emanuel me parece el sirviente casi perfecto para este esencial trabajo cotidiano.) Mientras tanto, al igual que debe lamentar haber cruzado el mar para llevarse un trato olímpico para su ciudad de adopción, el Presidente quizá deseé no viajar hasta Estocolmo para aceptar la adulación inmerecida de aquellos a los que Saul Bellow denominó La Empresa de Pavimentación de las Buenas Intenciones”.

He tomado la imagen aquí.