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Daniel Gascón

BERNARD-HENRI LÉVY CONTRA SARKOZY

Escribe Bernard-Henri Lévy:

“El Presidente de la República, gracias a las vacaciones de verano y el letargo que viene con ellas, acaba de cometer tres errores en ocho días.

El primero fue convocar, el 28 de julio en el Palacio del Elíseo, el día después de unos gravísimos actos de delincuencia ocurridos en Saint-Aignan, una ‘cumbre’ que supuestamente debía ‘examinar’ ‘la situación de los gitanos y los nómadas [gens du voyage]’. No está claro, en primer lugar, que el Palacio del Elíseo sea el lugar adecuado para discutir problemas de delincuencia.

Es cierto, sin embargo, que en el principio mismo de esta cumbre había una forma de mezclar a los extranjeros en situación irregular (algunos de ellos gitanos) y a ciudadanos de pleno derecho, franceses desde hace varias generaciones y por tanto sujetos como tales al derecho común a todos los franceses (esos hombres y mujeres entran, más o menos a su pesar, en la categoría estadística y administrativa de ‘nómadas’).

Pero está claro que en el hecho mismo esa reunión,  en el hecho de decir que los gitanos y nómadas habían cometido delitos o crímenes como gitanos y nómadas, es decir, en el hecho de presentar a una comunidad como responsable de las acciones de algunos de sus miembros, había sobre todo un riesgo de estigmatización colectiva contraria a los usos republicanos.

La opinión pública no se ha equivocado cuando ha visto resurgir desde lo más alto de los ministerios hasta las cloacas del populismo los tópicos -que se creían gastados y han tenido consecuencias criminales en un pasado reciente-, sobre el gitano ‘ladrón de gallinas’ o propietario de un ‘Mercedes de gran cilindrada’. Y en cuanto a los interesados, a la gente honesta (ya que ésa parece ser la palabra del día) que vive en una precariedad honesta o en una opulencia fiscalizada su cultura nomadizada, en cuanto a los franceses desde hace generaciones o los franceses de adopción, que ahora han sido tratados como una o más bien como dos comunidades y han tenido la sorpresa suplementaria de descubrir que ni siquiera se había pensado en invitar a la reunión a un representante, un portavoz, un testigo de esas comunidades, están ahora en estado de shock.

Con ningún otro grupo se habría osado hacer eso. Con cualquier otra categoría social, y por suerte, se habría tenido la gentileza elemental (¿o precaución?) de solicitar un punto de vista. En este caso, no se hizo: y que haya tan pocos responsables que se conmuevan, que ese lapsus, ese olvido, pasen en evidencia y en inocencia, que la izquierda parezca juzgar el caso poco digno de su indignación programada, sólo añade a la cólera dolor y, por desgracia, piedad.

El segundo error fue, en el famoso discurso en Grenoble, la propuesta de privar de la nacionalidad francesa a toda persona ‘de origen extranjero’ que hubiera ‘atentado voluntariamente contra la vida de un policía, un gendarme o cualquier otro depositario de la autoridad pública’.

No me detendré en el carácter ubúesco de la noción de origen extranjero. Porque ¿dónde comienza el origen extranjero? ¿A partir de cuántas generaciones se estaría, según el espíritu de la medida propuesta, a resguardo? ¿El Presidente tiene un criterio en mente? ¿Una prueba (tal vez de ADN)? Y aunque así fuera, en el caso de que el Consejo Constitucional, el Consejo de Estado o, simplemente, el Parlamento confirmaran esta proposición insensata, ¿qué les ocurriría a los caídos? Sin nacionalidad de recambio, ¿en qué vacío jurídico acabarían? ¿Ex francés? ¿Apátrida? ¿Acaso, con el pretexto de que, como dijo el jefe de Estado, la máquina de formar ciudadanos ‘ha funcionado’, pero ‘ya no funciona’, vamos a sustituirla por una máquina para producir personas sin patria?

Dicho esto, lo peor y el fondo del asunto es que si la propuesta es seria y no sólo una manera de intentar arrebatar a Marine Le Pen algunos fondos de comercio electoral, la iniciativa contravendría de manera frontal un axioma tres veces sagrado, ya que está inscrito por triplicado en el mármol de los tres textos fundadores de nuestra común vida republicana: el programa del Consejo Nacional de la Resistencia del 15 de marzo de 1944, la Declaración de Derechos del Hombre de 1948, la Constitución de 1958.

El axioma postula ‘la igualdad ante la ley’ (sea cual sea, precisamente, su ‘origen’) de todos los ciudadanos. Dice que se es francés o no -pero desde el momento en que lo somos, todos lo somos de la misma manera. Insiste: uno se convierte en francés o no - pero, una vez que uno se ha hecho francés, no se puede distinguir entre franceses más o menos franceses.

Se pueden discutir, en otras palabras, las condiciones que permiten acceder a ser francés; podemos multiplicarlas, refinarlas, endurecerlas, solemnizarlas. Pero que se permita insinuar la sombra de la idea que postula dos clases de franceses, dependiendo de si nacen franceses o adquieren la nacionalidad más tarde; que se permita imaginar un orden en el que habría franceses en periodo de prueba y franceses para siempre, franceses condicionales y franceses sin discusión, franceses que siguen siendo franceses pese a que cometan actos criminales y otros que dejan de serlo porque en realidad solo lo eran a medias; todo eso, si Francia es Francia, es simplemente inconcebible. Es una cuestión de principios.

Ni por astucia ni por táctica se juega con esa clase de principios. Porque uno se arriesga a jugar con ese postulado fundador, y es el zócalo de la República, ese bien común de los franceses, el que empieza a vacilar. Partimos despreocupadamente a la caza de los que rompen las comisarías. Nos vemos a la vuelta en la piel de alguien que rompe aquello que nuestras comisarían también deben salvaguardar: el espíritu de la ley, el genio del derecho, la letra de una Ley fundamental cuyo sentido es decirnos qué significa ser francés…

Y ni siquiera hablo de los seguidores que –como la imaginación de los imbéciles no tiene más límites que la de los demás- se han metido en la brecha de una política de la que se dice en altas esferas y todo el tiempo que debe ‘carecer de tabúes’ y efectivamente rompen los últimos tabúes del honor y el sentido común y lanzan por ejemplo esta proposición sorprendente, casi demente: meter en la cárcel a los padres de los menores delincuentes que no hayan respetado, notablemente, sus ‘obligaciones en términos de resultados escolares’.

Y el tercer fallo, finalmente, es el uso de la palabra ‘guerra’ en la ‘guerra nacional’ declarada por el Presidente, todavía en Grenoble, contra los nuevos gamberros. La palabra ya era problemática cuando sirvió a George W. Bush para declarar la guerra de EE.UU. contra el terrorismo; su predecesor, Bill Clinton, observó con razón que sería mejor combatirlo con una cacería policial clásica pero implacable. Se usó en Francia, durante los disturbios del 2005 en los suburbios, cuando el primer ministro, Dominique de Villepin, desenterró un decreto de la guerra de Argelia para imponer el toque de queda en los barrios donde se hizo evidente que las más altas autoridades del Estado, las que tenían la tarea de calmar las cosas, de apaciguar los espíritus, de evitar la sobreescalada de la escalada, en pocas palabras de aislar represión y discurso para aislar a los delincuentes y castigarlos, consideraban esos barrios zonas enemigas.

Bueno, es igual de impactante cuando el Presidente Sarkozy retoma la palabra y choca las botas, haciendo suya la idea de que Francia está comprometida en una auténtica guerra interna, es decir, respondiendo al exceso con exceso, a la escalada con otra forma de escalada, y es él quien asume un doble o triple riesgo: al dramatizar así las cosas, puede destilar en el país otra forma de tensión, de fiebre, quizá de miedo y en el fondo de inseguridad; puede entrar en el terreno de los gamberros, aceptar el desafío que le lanzan y consentir, por consiguiente, a ese ascenso a los extremos que es el imaginario y el proyecto secreto de los delincuentes; y finalmente, puede meterse en una batalla que las democracias, esos reinos del derecho y el escrúpulo, siempre han sabido que no están preparadas para abordar y que no está claro que sepan ganar.

Cuando los gamberros hablan de guerra, es una provocación. Cuando los Estados dicen ‘¡la guerra!’, es la guerra civil. Y es precisamente porque la guerra civil es una amenaza, es precisamente porque los lazos sociales en todas partes comienzan a agrietarse, por lo que hay que hacer todo lo posible para evitar eso que las mafias y el terror presentan como inevitable. Y, sin descanso, repetir: los delincuentes no son enemigos, son criminales; y los responsables de su neutralización no son soldados, son policías; y si esta neutralización es difícil, si los sistemas de incivilidad contemporánea se han vuelto más sofisticados y fuerzan a quienes se oponen a mayor habilidad y firmeza, la peor solución sería volver a la lengua marcial, rústica, que amenaza con militarizar la acción policial: hablar de ‘guerra a los gamberros’ es haberla perdido.

Son palabras, se dirá. Sólo son palabras, probablemente dictadas por consideraciones políticas. Sólo que en la boca de un Presidente de la República las palabras siempre son más que palabras y dan a una sociedad su respiración, su ritmo, sus reflejos. Ante el ascenso de la inseguridad y el odio, ante la necesidad, como decía Michel Foucault, de defender la sociedad frente a unos hombres cuyo único programa es el nihilismo, ante la urgente obligación de luchar contra los gamberros públicos y su violencia sin límite hay, en verdad, dos soluciones.

Ir a los extremos, asumir la lengua de la decadencia, del ojo por ojo y diente por diente de la guerra: nunca será más que la versión sofisticada de ‘Cállate, gilipollas’. Y, como el ejemplo viene de arriba, y el comportamiento de los ciudadanos  se asemeja misteriosa pero permanentemente al de los príncipes, ésa es la garantía de una sociedad febril, insatisfecha, donde todos se revuelven contra todos y donde el resentimiento y el odio serán pronto los últimos cimientos del contrato social.

O evitar la trampa, dejar de hacer declaraciones sensacionalistas, supuestamente viriles y que sólo ponen de relieve la impotencia de los Estados; salir, en pocas palabras, del rango del matamoros y de su hirviente pasión por la rivalidad mimética y el espíritu de revancha. Y salir en busca de ese otro cuerpo, que –según el historiador americano Ernst Kantorowicz (1895-1963)- no está hecho de pasión, sino de distancia, para convocar la valentía y la firmeza, pero también la sabiduría, la sutileza, el sentido de la medida y, sobre todo, la sangre fría. Son, en estas circunstancias, las únicas virtudes que sirven. Pero desgraciadamente son aquellas de las que Nicolas Sarkozy parece más escaso estos días”.

He tomado la primera imagen, de Lévy, en Le Monde.

LO QUE SÉ DE CHÁVEZ

Escribe Christopher Hitchens:

“Los recientes informes de la necrofilia politizada de Hugo Chávez pueden parecer demasiado espeluznantes para ser ciertos, pero puedo testificar por experiencia propia que bien podrían ser una subestimación. En las primeras horas del 16 de julio –a media noche, para ser precisos- el capo de Venezuela ofició una ceremonia horripilante. Implicaba la exhumación de los restos mortales de Simón Bolívar, líder de la rebelión de América Latina contra España, fallecido en 1830. Según un artículo escrito vívidamente por Thor Halvorssen en el Washington Post del 25 de julio, el esqueleto fue separado -mientras Chávez contaba el proceso a su audiencia por twitter- y se extrajeron algunos dientes y fragmentos de huesos para analizarlo. Las piezas residuales se colocaron en un ataúd sellado con el sello del gobierno de Chávez. En uno de los discursos con el tono de libre asociación que lo ha hecho célebre, Chávez pidió a Jesucristo que repitiese la resurrección de Lázaro y reanimara los trozos de Bolívar. Continuó:

Tuve algunas dudas, pero, después de ver los restos, mi corazón dijo: ‘Sí, soy yo’. Padre, ¿eres tú o quién eres? La respuesta: ‘Sí, soy yo, que despierto cada 100 años cuando el pueblo despierta’.

Como si ‘canalizara’ esta identificación no muy sutil de Chávez con el héroe nacional, la televisión venezolana se vio obligada a mostrar imágenes de Bolívar, seguidas de las imágenes de los restos y a continuación las imágenes del jefe. El himno nacional aportaba la banda sonora. Desde que los medios de comunicación de Corea del Norte declararon que Kim Jong-il es la reencarnación de Kim Il Sung, no había habido un intento tan descarado de crear una necrocracia, o tal vez mausolocracia, en la que un pretendiente vivo asume el manto carnal del difunto.

El cadáver de Simón Bolívar es como cualquier otro cadáver, pero su legado es mucho más digno de ser robado que el de Kim Il Sung. La novela de Gabriel García Márquez El general en su laberinto es un lugar para comenzar, si quieres entender la combinación de cualidades heroicas y trágicas que mantienen viva su memoria hasta hoy. (En Nueva York, su estatua ecuestre sigue dominando la intersección de la Avenida de las Américas y Central Park South.) La idea de unos Estados Unidos de América del Sur será siempre un sueño tenue, pero en su sangrienta lucha para llevarla a cabo Bolívar logró ser una figura considerable, al igual que en sus otras facetas de negociador tramposo, criminal de guerra y fornicador en serie, también tiernamente retratadas por García Márquez.

En el otoño de 2008, fui a Venezuela como invitado de Sean Penn, que tiene una cálida amistad con Chávez. El tercer miembro de nuestro grupo fue el excelente historiador Douglas Brinkley, y pasamos un tiempo volando alrededor del país en el avión presidencial de Chávez y saltando con él desde un mitin a otro a nivel del suelo. Al jefe le encanta hablar y lanza discursos de longitud propia de Castro. Bolívar es el tema del que nunca se cansa. Su primer movimiento de uniformados amotinados -que no logró triunfar con un golpe militar en 1992- llevaba su nombre en homenaje a Bolívar. Cuando se volvió, tarde pero con éxito, hacia la política electoral, llamó a sus seguidores Movimiento Bolivariano. Desde que asumió la presidencia, el nombre oficial del país es República Bolivariana de Venezuela. (A veces Chávez debe de desear haber nacido en Bolivia.) Se sabe que en las reuniones de su gabinete deja a veces una silla vacía, por si a la sombra de Bolívar se le ocurriese asistir a unos procedimientos normalmente bastante dominados por Chávez.

Esta obsesión por su héroe no tardó en mostrar formas extrañas. Una noche, en el avión, Brinkley preguntó educadamente si Washington podía interpretar las grandes compras de Chávez de buques de guerra de Rusia como una violación de la Doctrina Monroe. La respuesta del jefe fue impresionantemente inmediata. No estaba seguro, dijo, pero lo esperaba. ‘Estados Unidos nació con un impulso imperialista. Ha habido una larga confrontación entre Monroe y Bolívar. [...] Es necesario que la Doctrina Monroe se rompa.’ Mientras su diatriba contra la malvada América aumentaba, Penn intervino para decir que sin duda Chávez sería feliz de ver la detención de Osama Bin Laden.

Me impresionó enormemente cómo despreció esa observación el jefe. Esencialmente dudaba de la existencia de al-Qaeda, y todavía más de sus ataques contra el enemigo del norte. ‘No sé nada sobre Osama Bin Laden que no me haya llegado a través del filtro de Occidente y su propaganda.’ A esto, Penn respondió que Bin Laden había proporcionado un buen número de emisiones propias de radio y vídeo. Una vez más, me impresionó cómo Chávez rechazó este salvavidas lúcidamente ofrecido. Todas esas llamadas pruebas eran otro producto de la televisión imperialista. Después de todo, ‘también hay una película de la llegada de los estadounidenses a la luna. ¿Significa eso que el desembarco en la luna ocurrió de verdad? En la película, la bandera yanqui está en línea recta. Entonces, ¿hay viento en la Luna?’. Mientras Chávez resplandecía triunfal con esta lógica, una sensación de incomodidad cayó sobre mis compañeros, y sobre la conversación.

Chávez, en otras palabras, está muy cerca del momento culminante en que anunciará que es un huevo escalfado y necesita un gran trozo de pan tostado con mantequilla para tumbarse y dormir una siesta reparadora. Incluso su macabra búsqueda en el ataúd de Simón Bolívar fue impulsada inicialmente por su teoría de que una autopsia demostraría que El Libertador había sido envenenado -muy probablemente por los viles colombianos. Tal vez esto proporcionara una licencia póstuma a la hospitalidad permanente que ofrece en Venezuela a la banda narco-criminal de las FARC, una actividad transfronteriza que hace poco para fomentar la hermandad regional.

Mucha gente se echó a reír cuando Chávez apareció en el podio de las Naciones Unidas en septiembre de 2006 y declaró que olía al azufre del mismo diablo, a causa de la presencia de George W. Bush. Pero es evidente que tiene una debilidad idiota por los hechizos y los encantamientos, así como muchos de los síntomas de la paranoia y la megalomanía. Después de que Bolívar fracasara en su intento de crear la federación de Gran Colombia -que brevemente unió Venezuela, Colombia, Ecuador y otras naciones-el ministro de EE.UU. en Bogotá, el futuro presidente William Henry Harrison, dijo de él que ‘[b]ajo la máscara del patriotismo y el apego a la libertad, en realidad ha estado preparando los medios para investirse a sí mismo de un poder arbitrario’. La primera vez fue tragedia; esta vez también es tragedia, pero está mezclada con un fuerte componente de farsa".

En la imagen, Chávez ante el retrato de Bolívar.

CORREDORES

CORREDORES

1.

El domingo pasado El País publicaba un perfil de José Luis Rodríguez Zapatero. El titular se extraía de este párrafo:

He pasado alguna noche sin dormir. La noche del 9 al 10 de mayo la pasé en blanco, primero en contacto telefónico con la vicepresidenta, que estaba negociando en el Ecofin [consejo de ministros de Economía de la UE] nuestro compromiso de reducir el déficit un punto y medio más, que supuso un esfuerzo grande para nosotros. Luego estuve a la espera de ver cómo reaccionaban los mercados. Digamos que pasé la noche esperando al índice Nikkei.

Pero más que esas frases, e incluso más que otra desconcertante declaración (“Yo tengo una buena relación con la vida”), me sorprendió leer que Zapatero combate la ansiedad corriendo “unos diez kilómetros diarios campo a través”. Ahora es una costumbre de muchos políticos. Aznar le dijo a Bush que corría 10 kilómetros a un ritmo de 5 minutos 20 segundos por kilómetro. El verano pasado Sarkozy se mareó cuando llevaba corriendo 48 minutos. No quiero ser injusto con Zapatero, y pese a la fama atlética de Aznar, voy a suponer que corren a una velocidad parecida. Si es así, cada día Zapatero dedica a correr unos cincuenta y tres minutos. Además, supongo que tendrá que hacer algunos ejercicios de calentamiento, y que después relajará los músculos y se duchará. Es posible que incluso necesite un tiempo para dejar de sudar antes de ducharse. Como poco es una hora y media al día. Desde luego, sabe organizar su tiempo.

2.

Una entrevista con Mary Norris, correctora de The New Yorker, sobre su oficio y el método de trabajo de su revista.

3.

La Diputación de Málaga y la Asociación Europea de Cooperación con Palestina han convocado el premio Yasser Arafat. Dice la web de la diputación:

La Diputación de Málaga colaborará con la Asociación Europea de Cooperación con Palestina, ASECOP, en la edición del primer galardón Yasser Arafat, que premiará los mejores trabajos de literatura, periodismo y ensayo que versen sobre el problema palestino. El acuerdo fue sellado por diputado responsable del Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga (CEDMA), Miguel Esteban Martín, y por el presidente de ASECOP, Jehad Kamel Suleiman Rashid. […]

De este modo, la institución provincial continúa su labor de apoyo a esta causa, trabajando en la defensa de la paz y en la difusión de la difícil situación por la que atraviesa el pueblo palestino.

Hay ciertas vacilaciones, porque según ASECOP es la segunda edición del premio. Su objetivo, cuenta la asociación, “es difundir las difíciles condiciones de vida que sufre el pueblo palestino desde el 15 de mayo de 1948 en que se creó el Estado de Israel y se forzó el exilio de una gran parte del pueblo palestino y, por tanto, contribuir a la exigencia de una rápida y justa solución del conflicto”.

Dar el nombre de Yasser Arafat a un premio es hasta cierto punto sorprendente. Aunque consiguiera llamar la atención sobre la causa palestina y tuviera una intervención célebre en 1974, Arafat no es un personaje muy admirable. Comparándolo con Mandela, Hitchens escribió:

Arafat logró ser un asesino y un hombre que hacía concesiones (Mandela no era ninguna de las dos cosas); un artista de las cuentas en los bancos suizos y un demagogo populista (Mandela no era ninguna de las dos cosas); un defensor del “martirio” islámico y sus bombas y un oportunista servil, y un hombre que logró establecer una dictadura sobre su propio pueblo antes de tener un estado (aquí uno se niega a mencionar a Mandela en la misma frase).

Hitchens, que siempre ha sido crítico con Israel, y hace unos días reclamaba el fin de la ocupación, reprochaba a Arafat que apoyase a Sadam Husein en su invasión de Kuwait. Y añadía:

Las célebres condiciones “generosas” ofrecidas a Arafat por Clinton y Barak no eran tan generosas. Pero su respuesta fue todavía más despreciable de lo que normalmente se cuenta. Repentinamente anunció, primero, que representaba a los 1000 millones de musulmanes en el asunto de Jerusalén y, segundo, que su propia vida podría estar en peligro si firmaba el trato equivocado. Claramente, Arafat nunca ha tenido –y nunca podría haber recibido- un mandato general del mundo islámico acerca de Jerusalén o cualquier otra cosa. Y en lo que respecta a la amenaza a su vida: ¿no era éste el mismo hombre que usaba la palabra “mártir” en una de cada dos frases y anunciaba desde su complejo asediado que  el martirio era su mayor deseo? ¿Dispuesto a morir en una refriega absurda pero incapaz de arriesgar nada por un acuerdo?

En 2003, un equipo de abogados contratados por el ministro de finanzas de Arafat examinó su patrimonio. Una carpeta secreta se acercaba a los 1.000 millones de dólares, con inversiones en coca cola, en una compañía telefónica tunecina, en fondos de inversiones de Estados Unidos y las islas Caimán. El líder de la investigación señaló que “aunque el dinero viene de fondos públicos, como los impuestos palestinos, prácticamente nada se empleó para el pueblo palestino; lo controlaba Arafat”. Aunque a veces era más generoso: Fuad Shubaki, antiguo asesor financiero de Arafat, contó al servicio de seguridad israelí que Arafat había usado varios millones de dólares de dinero de ayudas internacionales para comprar armas y apoyar a grupos violentos. También en otras ocasiones autorizó pagos a organizaciones terroristas.

No creo que Arafat fuera muy bueno para la causa palestina. Y, desde luego, no puede ser un ejemplo para una institución democrática.

En la nota de prensa de la Diputación no ponen el nombre completo del premio. Exagera, minimiza e insulta al mismo tiempo, y es posible que les dé apuro repetirlo. En cambio, en el texto de ASECOP se lee el nombre completo del galardón: “Premio Yasser Arafat. LXII años de Holocausto palestino”.

En la imagen, Zapatero corre a primera hora de la mañana.

PREDRAG MATVEJEVIC

Umberto Eco, Michaël Foessel, Donatien Grau, Nedim Gürsel, Gilles Hertzog, Bernard-Henri Lévy, Claudio Magris, Olivier Py, Salman Rushdie, Peter Sloterdijk y Pierre Zaoui firman este texto:

“El 28 de julio, a sus 78 años, Predrag Matvejevic quizá duerma en la cárcel: un destino muy extraño para un profesor universitario, que ha dado clase en la Sorbona, y cuyo único delito es la expresión de opiniones demasiado afiladas.

El 3 de octubre de 2005 comenzaron las negociaciones para la entrada de Croacia en la Unión Europea. Por una coincidencia -¿pero es así realmente?-, apenas un mes después, el 2 de noviembre, Predrag Matvejevic, un intelectual croata del más alto nivel, fue condenado por el Tribunal Municipal de Zagreb a dos años de prisión, con cinco meses sin remisión, por difamación. Irónicamente, el mismo Predrag Matvejevic Predrag había ocupado en 1997 la cátedra europea del Collége de France...

Entonces, la prensa internacional, especialmente la italiana y la francesa, se movilizó en favor de este profesor, especialista en literatura comparada, y de valientes decisiones políticas. Nacido de madre croata y católica y de padre de origen judío y ruso, en 1991 tomó partido por Bosnia, de mayoría musulmana, contra los nacionalistas serbios y croatas que soñaban con despedazarla.

Una posición que no era fácil en el momento: insultos, difamaciones de todo tipo, su casillero en la Universidad de Zagreb -donde dirigía los estudios de literatura francesa- fue ametrallado. Así comenzó un exilio que lo llevó de París a Roma y Trieste.

Durante todas las guerras sangrientas en la antigua Yugoslavia, y más tarde, luchó sin descanso contra el nacionalismo, contra el extremismo, contra los partidarios de la línea dura en todas partes y de todos los orígenes, expresando su amor por un Mediterráneo fraternal y pacífico, en libros tan conocidos como Breviario mediterráneo, traducido a más de veinte idiomas, y convertido en un clásico (Destino, 2008).

Como parte de su lucha por una visión alternativa de la antigua Yugoslavia, por el trabajo de la memoria y contra los estragos que provocó la limpieza étnica, en 2001 fue a Sarajevo invitado por el Centro André Malraux y los equipos de Arte. Y a partir de esa estancia  escribió un texto que apareció en el diario croata Jutarnji List, y tituló “Nuestros talibanes”.

Este texto forma parte de la tradición literaria de los relatos de viaje, pero con la melancolía de quien se encuentra en el escenario de una tragedia que intentó prevenir. Y, al hilo de la reflexión, hay unas líneas que cuestionan la actuación de varios escritores croatas ultranacionalistas a los que Predrag Matvejevic atribuye una parte de responsabilidad en los desastres de la ex Yugoslavia.

Uno de ellos, un poeta de profesión, que se consideraba difamado por la apelación de “talibanes cristianos” (el título con el que el artículo apareció en Italia), denunció al autor ante el Tribunal Municipal de Zagreb. Y como en Croacia la difamación sigue siendo un delito punible con la cárcel, el intelectual croata fue condenado a una pena de prisión.
Juzgando la sentencia injusta e indigna de un estado de derecho, reivindicando la libertad de opinión y rebelándose, en una palabra, contra lo que él llama un "crimen de metáfora," se negó a apelar. Ante las críticas internacionales, el propio Primer Ministro croata dijo que él personalmente se oponía a la ejecución de la sentencia. El Tribunal de Casación apeló ante el Tribunal Supremo de Croacia, y hace apenas un mes este último emitió su veredicto y confirmó la sentencia del Tribunal de Primera Instancia: el 28 de julio, a sus 78 años, Predrag Matvejevic dormirá en prisión.

¡Qué extraño es el destino de esta mente enciclopédica y multilingüe! ¡Qué escándalo para el George Steiner croata (como lo llamaban en sus inicios en Francia)! ¡Qué extraño destino para este intelectual europeo, cuyos escritos inspiraron a Sartre y muchos otros! Su lucha, en la historia sombría del siglo XX, siempre ha sido la de un espíritu libre y comprometido, en la tradición de Sartre –una tradición que conocía bien. Su valor honra el espíritu europeo que, al mismo tiempo, se ha deshonrado de forma metódica. Y, sin embargo, el 28 de julio, a sus 78 años, Pedrag Matvejevic dormirá en prisión.

"No se encarcela a Voltaire", dijo el general de Gaulle hablando de Jean-Paul Sartre. Por supuesto. Pero ¿podemos permitir que vaya a la cárcel Predrag Matvejevic, inspirado por el legado y Sartre y Voltaire? ¿La legislación de Croacia y la forma en que se aplica son compatibles con las exigencias del derecho moderno y la libertad de expresión que respetan las democracias?

¿Es aceptable que, en un país que está tan cerca de entrar en la Unión Europea, una persona culpable del único delito de haber hablado públicamente en contra de un poeta cuyas posiciones ultranacionalistas conocía todo el mundo pueda ser tratado como un criminal? ¿Y esta reliquia del pasado autoritario de Yugoslavia puede ser soluble en Europa?
A la espera de que encontremos una respuesta a estas preguntas, el 28 de julio, a sus 78 años, Predrag Matvejevic dormirá en la cárcel”.

Actualización: La condena ha sido anulada. Matvejevic agradeció la movilización internacional, especialmente en Le Monde y la prensa italiana, y el apoyo de sus lectores.

En la imagen, Matvejevic.

Umberto Eco, Michaël Foessel, Donatien Grau, Nedim Gürsel, Gilles Hertzog, Bernard-Henri Lévy, Claudio Magris, Olivier Py, Salman Rushdie, Peter Sloterdijk y Pierre Zaoui firman este texto:

“El 28 de julio, a sus 78 años, Predrag Matvejevic quizá duerma en la cárcel: un destino muy extraño para un profesor universitario, que ha dado clase en la Sorbona, y cuyo único delito es la expresión de opiniones demasiado afiladas.

El 3 de octubre de 2005 comenzaron las negociaciones para la entrada de Croacia en la Unión Europea. Por una coincidencia -¿pero es así realmente?-, apenas un mes después, el 2 de noviembre, Predrag Matvejevic, un intelectual croata del más alto nivel, fue condenado por el Tribunal Municipal de Zagreb a dos años de prisión, con cinco meses sin remisión, por difamación. Irónicamente, el mismo Predrag Matvejevic Predrag había ocupado en 1997 la cátedra europea del Collége de France...

Entonces, la prensa internacional, especialmente la italiana y la francesa, se movilizó en favor de este profesor, especialista en literatura comparada, y de valientes decisiones políticas. Nacido de madre croata y católica y de padre de origen judío y ruso, en 1991 tomó partido por Bosnia, de mayoría musulmana, contra los nacionalistas serbios y croatas que soñaban con despedazarla.

Una posición que no era fácil en el momento: insultos, difamaciones de todo tipo, su casillero en la Universidad de Zagreb -donde dirigía los estudios de literatura francesa- fue ametrallado. Así comenzó un exilio que lo llevó de París a Roma y Trieste.

Durante todas las guerras sangrientas en la antigua Yugoslavia, y más tarde, luchó sin descanso contra el nacionalismo, contra el extremismo, contra los partidarios de la línea dura en todas partes y de todos los orígenes, expresando su amor por un Mediterráneo fraternal y pacífico, en libros tan conocidos como Breviario mediterráneo, traducido a más de veinte idiomas, y convertido en un clásico (Destino, 2008).

Como parte de su lucha por una visión alternativa de la antigua Yugoslavia, por el trabajo de la memoria y contra los estragos que provocó la limpieza étnica, en 2001 fue a Sarajevo invitado por el Centro André Malraux y los equipos de Arte. Y a partir de esa estancia  escribió un texto que apareció en el diario croata Jutarnji List, y tituló “Nuestros talibanes”.

Este texto forma parte de la tradición literaria de los relatos de viaje, pero con la melancolía de quien se encuentra en el escenario de una tragedia que intentó prevenir. Y, al hilo de la reflexión, hay unas líneas que cuestionan la actuación de varios escritores croatas ultranacionalistas a los que Predrag Matvejevic atribuye una parte de responsabilidad en los desastres de la ex Yugoslavia.

Uno de ellos, un poeta de profesión, que se consideraba difamado por la apelación de “talibanes cristianos” (el título con el que el artículo apareció en Italia), denunció al autor ante el Tribunal Municipal de Zagreb. Y como en Croacia la difamación sigue siendo un delito punible con la cárcel, el intelectual croata fue condenado a una pena de prisión.
Juzgando la sentencia injusta e indigna de un estado de derecho, reivindicando la libertad de opinión y rebelándose, en una palabra, contra lo que él llama un "crimen de metáfora," se negó a apelar. Ante las críticas internacionales, el propio Primer Ministro croata dijo que él personalmente se oponía a la ejecución de la sentencia. El Tribunal de Casación apeló ante el Tribunal Supremo de Croacia, y hace apenas un mes este último emitió su veredicto y confirmó la sentencia del Tribunal de Primera Instancia: el 28 de julio, a sus 78 años, Predrag Matvejevic dormirá en prisión.

¡Qué extraño es el destino de esta mente enciclopédica y multilingüe! ¡Qué escándalo para el George Steiner croata (como lo llamaban en sus inicios en Francia)! ¡Qué extraño destino para este intelectual europeo, cuyos escritos inspiraron a Sartre y muchos otros! Su lucha, en la historia sombría del siglo XX, siempre ha sido la de un espíritu libre y comprometido, en la tradición de Sartre –una tradición que conocía bien. Su valor honra el espíritu europeo que, al mismo tiempo, se ha deshonrado de forma metódica. Y, sin embargo, el 28 de julio, a sus 78 años, Pedrag Matvejevic dormirá en prisión.

"No se encarcela a Voltaire", dijo el general de Gaulle hablando de Jean-Paul Sartre. Por supuesto. Pero ¿podemos permitir que vaya a la cárcel Predrag Matvejevic, inspirado por el legado y Sartre y Voltaire? ¿La legislación de Croacia y la forma en que se aplica son compatibles con las exigencias del derecho moderno y la libertad de expresión que respetan las democracias?

¿Es aceptable que, en un país que está tan cerca de entrar en la Unión Europea, una persona culpable del único delito de haber hablado públicamente en contra de un poeta cuyas posiciones ultranacionalistas conocía todo el mundo pueda ser tratado como un criminal? ¿Y esta reliquia del pasado autoritario de Yugoslavia puede ser soluble en Europa?
A la espera de que encontremos una respuesta a estas preguntas, el 28 de julio, a sus 78 años, Predrag Matvejevic dormirá en la cárcel”.

ENTREVISTA A CHRISTOPHER HITCHENS

George Eaton entrevista a Christopher Hitchens:

¿Cómo va su campaña para arrestar al Papa?

Es indignante que personas como Richard Dawkins, Geoffrey Robertson y yo estemos haciendo esto. ¿Para qué están los agentes del orden, y los departamentos de policía? Pero si ellos no lo hacen lo haremos nosotros.

¿Los europeos creen que Estados Unidos es un país más religioso de lo que en realidad es?

Sí. El número de personas que se identifican como "ninguna de las anteriores" a la hora de señalar su confesión se ha duplicado en los últimos años. Y podría volver a duplicarse pronto.

¿Hay buenos argumentos para defender la religión?

Los mejores apuntan a una causa primera. Pero aunque fuera así, no nos llevaría más allá del deísmo.

¿Qué podemos esperar del libro que está escribiendo sobre los Diez Mandamientos?

Una de las grandes preguntas de la filosofía es: ¿tenemos una moralidad de forma innata, o la obtenemos gracias al dictado celeste? Un estudio de los Diez Mandamientos es una buena manera de abordar y resolver esta cuestión.

¿Y su libro más reciente, Hitch-22? ¿Por qué decidió escribir unas memorias ahora?
En primer lugar, me lo pidieron. Y me acercaba a los 60, lo que te pone retrospectivo. Así que probablemente tenía el estado de ánimo adecuado.

¿A qué libros de memorias recurrió en busca de inspiración?

 

Flecha en Azul de Arthur Koestler, junto con las memorias de Claud Cockburn y Point of Departure de James Cameron. Y después, en mi ambiente, por así decirlo, el libro a batir es Experiencia de Martin Amis.

Recuerda sus polémicas con Gore Vidal y Edward Said. ¿Cuándo se vuelve personal un desacuerdo político?

En mi caso, no es así. Yo no convierto esas cosas en asuntos personales, pero si alguien más lo hace estoy dispuesto a decir "bien". Nadie me habría podido molestar más por su errónea interpretación política que Martin, en Koba el Temible. No sabe mucho de la historia del marxismo, y yo podría haber prescindido de ella tranquilamente.

Varios capítulos están dedicados a su juventud trotskista. ¿Qué le atrajo de la izquierda?

El nombre. Era la oposición de izquierda al estalinismo, el capitalismo, el imperialismo -y la guerra, por supuesto. Los intelectuales asociados con la Internacional Socialista parecían comprender ese asunto.

¿Se definiría como un neo-conservador?

No soy un conservador de ningún tipo. Una facción dispuesta a asumir los riesgos de guerrear con el osificado statu quo de Oriente Medio puede ser descrita de muchas formas, pero no como conservadora.

Cuando estaba en The Nation, Ed Miliband [como Nick Clegg] hizo prácticas con usted. ¿Cuáles son sus recuerdos de él?

Hablamos mucho de la vieja izquierda y del papel distinguido que desempeñó su padre en ella. El segundo nombre de su hermano es Wright, por el socialista C. Wright Mills, un gran amigo de Ralph.

¿Qué opina de David Cameron?

Parece carente de contenido. Nunca he tenido un trabajo, excepto en Relaciones Públicas, y se nota. La gente me pregunta: "¿Qué piensas de él?". Mi respuesta es: no me hace pensar.  

¿Hasta qué punto debería asustarnos Sarah Palin?

No mucho. Es una cínica y una oportunista descarada. Ha ganado una fortuna, ganará otra, pero realmente no va a hacer el trabajo duro de tratar de construir un movimiento.

¿Y qué le parece la presidencia de Obama?

Bastante limpia. Las personas que trabajan para él son relativamente francas y honestas. Pero está descubriendo es que el poder de la presidencia es muy leve. Hay todo tipo de cosas que están bajo su control.

Si no hubiera sido escritor, ¿qué habría sido?

Habría sido otra persona. Es lo que soy, y no lo que hago.

¿Alguna vez desearía haberse metido en política?

Quería presentarme al Parlamento. El Partido Laborista de Tavistock podría haberme tenido si me hubiese querido.

¿Hay algo que lamente?

En la década de 1970, escribí mucho sobre Zimbabwe para el New Statesman, sobre la oposición al gobierno Smith y la indulgencia británica hacia él. Vi a Mugabe un par de veces. Me di cuenta de que tenía un lado oscuro y debería haber hablado más de eso.

¿Vota?

Por supuesto. Voto y cumplo mi deber como jurado.

¿Había un plan?

No había un plan, pero sí dos anhelos muy fuertes. Uno era escribir y el otro era ir a Estados Unidos.

¿Hay algo que echa de menos de Gran Bretaña?

Hay cosas que me gustan, como el valle de Wye.

¿Estamos todos condenados?

Si no empezamos a pensar como si fuéramos una especie en peligro de forma permanente y sin un protector sobrenatural, entonces sí, estamos condenados.

He tomado la imagen aquí.

NARGUILE, CIFRAS Y DESTIERRO

1.

Un tráiler.

2.

Hamás prohíbe a las mujeres fumar el narguile en público, ir en motocicleta o cortarse el pelo en las peluquerías masculinas. Las mujeres que se sientan con las piernas cruzadas y fuman "dañan la imagen de nuestro pueblo", según el portavoz del ministerio del interior. Por su parte, un portavoz de la policía señala que "los hombres tienden a divorciarse de las mujeres que fuman en público".

3.

La ministra de igualdad, en acción:

P. ¿Por qué prohibir los anuncios y no la prostitución?

R. Tenemos un plan de lucha contra la trata. Hemos estado durante demasiado tiempo con un debate de prostitución sí o no y nos hemos olvidado de las esclavas. Y ahora contamos por primera vez con una herramienta integral de lucha contra la explotación sexual y hay que atender en primer lugar el grueso del problema, ese 90% de las prostitutas que están esclavizadas.

P. ¿Seguirá, entonces la prostituta en ese limbo legal?

R. Está penado el proxenetismo, no la persona que de manera voluntaria decide el ejercicio de la prostitución, y para nosotros no es prioritario porque es absolutamente minoritario.

P. Dice que el 90% de prostitutas es víctima de las redes de trata pero la ONU habla de una de cada siete. ¿Cómo explica esa disparidad de cifras?

R. Porque no hay datos concretos. La propia ONU reconoce que es muy difícil cuantificar. Sus datos, igual que los nuestros, no son 100% fiables.

4.

“Me parece que eso de ir de la prisión para un aeropuerto, para ir a otro país, se llama destierro”, dicen las Damas de Blanco.

Aquí, Antonio Elorza.

5.

Según el periódico Dong-a Ilbo, un pelotón de fusilamiento ha ejecutado a Kwon Ho Ung, enviado de Corea del Norte en Corea del Sur entre 2004 y 2007.

He tomado la imagen aquí.

LA DINÁMICA DE LA VIOLENCIA

Sobre el asalto a la flotilla de Gaza, en el número de julio de la revista Letras libres.

MUNDIAL

 

A media mañana del viernes 9 de julio todos los medios españoles y muchos medios internacionales anunciaban en primera página que un pulpo se había movido en un acuario.
La explosión que ha producido el Mundial habría resultado divertida, si no hubiera sido un poco desoladora. En los medios digitales, una franja enorme nos recuerda lo verdaderamente importante: la selección, los triunfos de Nadal, análisis y anécdotas deportivas que multiplican las oportunidades para la aparición de la irracionalidad. Como la selección española perdió el primer partido, se echó la culpa a la novia del portero. Cuando la clasificación de España parecía dudosa, Cuatro nos tranquilizó explicando que "los dioses de África están con la Roja". Un día antes de la final, ABC se muestra más grecorromano aunque a mi juicio poco católico: “Los dioses, con España”, dice, bajo una foto de Neptuno y Cibeles con la bandera española. Subtítulo: “La bandera nacional engalana las ciudades españolas a la espera de la final de mañana” (espero que el mundo rural no se sienta ofendido). Cruzcampo, que solo hace los anuncios peor que la cerveza, nos recuerda que "no somos una selección, somos un país". Los comentaristas ruegan a Dios y aplauden que los jugadores españoles cometan una falta no sancionada. Otros discuten que David Villa haga un gesto taurino al celebrar el gol. El pulpo no es la única superstición; como Marchena lleva un montón de partidos sin perder también nos dicen que es un talismán. El juego decepcionante de la selección durante los primeros días forzó el énfasis en una estadística generalmente irrelevante: el índice de posesión del balón, como si el fútbol fuera como el boxeo y pudiera ganarse a los puntos.

El Mundial se ha convertido en la primera noticia y el único tema de conversación. Los deportistas son el único modelo respetable. A mí me resulta incomprensible, aunque haya algunos jugadores que me caigan bien, o aunque esta selección juegue mejor y sea más simpática que otras. ¿Cómo puede ser un modelo de algo una persona que termina su carrera a los treinta años, cuando parece que tendremos que jubilarnos a los setenta? (Luego algunos encuentran trabajo en la corrupta Federación Española de Fútbol. Es el caso de Fernando Hierro, el hombre que, cuando le preguntaron por el último libro que había leído, respondió: “Ninguno”.) Pero esto, que parece una caricatura de las caricaturas que se hacían de algunos forofos argentinos, con la iglesia de Maradona y cosas así, no solo sucede en España: Francia, que había interpretado las victorias de su selección como el símbolo de un país multicultural e integrado, ha visto la derrota y la indisciplina de sus jugadores como las consecuencias de la falta de sacrificio, sentido del deber y respeto a la autoridad. Sarkozy convocó a Henry al Elíseo y pidió una reflexión nacional.

Ha habido algunas excepciones, pero el consenso es asombroso. Los suplementos culturales han hablado de libros sobre el fútbol. Los intelectuales hablan de fútbol. De hecho, yo no sabía que había tantos intelectuales en España hasta que llegó el Mundial. “Nuestro modo de jugar es también nuestra forma de vivir”, dice un cartel del Instituto Cervantes en Roma, una institución que yo creía que se dedicaba a la difusión de la cultura. Un lírico, Manuel Rivas, escribe sobre los jugadores de España:

No son depredadores. No son carnívoros. Disfrutan de la hierba. El balón se siente un compañero. Es un factor que no contemplan los críticos del llamado tiqui taca, nostálgicos del fútbol cabreado y taciturno. Campa la imaginación y el humor. Y las ideas tejen. Por fin las neuronas llegan a los pies. Por eso esta selección no se presta a una estridencia patriótica posesiva y excluyente. Pertenece a la gente de cualquier parte a la que le gusta el fútbol.

Si la profusión de banderas y exhibiciones de orgullo nacional puede inquietar un poco –como le ha pasado a Carod Rovira, y eso que Laporta dijo que en realidad el Mundial lo está ganando el Barça, mientras que La Razón titulaba meteorológicamente: “El tifón español arrolla al independentismo catalán”-, Rivas tranquiliza. Se puede apoyar a la selección española con la conciencia tranquila, aunque uno sea de izquierdas, nacionalista gallego o internacionalista céltico. Porque en el fondo, arguye Rivas, es una selección que nos redime de nuestra historia y desagravia a las víctimas de tantos siglos de destrozos contra la libertad, etcétera: “La que goza en la cancha es una España liberada de su losa: ‘Entusiasmo del odio, ojos del mal querer’ (Miguel Hernández). El contrapunto al ‘mal querer’ es la mirada de Del Bosque’”, continúa Rivas, entregado. Si hubiéramos sabido que íbamos a llegar a la final del Mundial, no habría hecho falta que se aprobase una Ley de Memoria Histórica.

Otras interpretaciones nos aportan nuevas redenciones. Sebastián Fest escribía un artículo sobre los éxitos deportivos españoles, y lo titulaba, con modestos interrogantes, “¿El país perfecto?”. Arrancaba así:

España está a un paso de enviar la peor versión de su historia deportiva al baúl de la abuela, al rincón más polvoriento, oscuro y alejado que exista en la península.

Por eso el grito que inundó sus calles hasta bien entrada la madrugada; por eso el cántico de cientos de jóvenes borrachos de alcohol y de éxito en los húmedos bares de Durban: "¡Yo soy español, español, español...!".

Para que ese grito sea un rugido de éxtasis, España "solo" tiene que imponerse el domingo a Holanda en la final del Mundial de fútbol. Entonces será la envidia de medio mundo, algo muy parecido a "la nación deportiva perfecta". [Las cursivas son mías.]

Los políticos han usado el fútbol sin parar. Zapatero –ministro de deportes- dijo que el diferencial con Alemania se reduciría el pasado miércoles, y luego en el Parlamento Europeo le reprocharon que su presidencia fuera como el juego de Fernando Torres: prometedor al principio, pero luego decepcionante. En la reunión del G-20, los líderes se dedicaban a ver el fútbol. Al margen de ser una forma desconcertante de incentivar la productividad, la sensación que daban los medios cuando mostraban a Obama, Cameron o Merkel pendientes de la televisión, después de que durante días nos anunciaran esas reuniones y las protestas y la supuesta tasa a los bancos, es que todo era una gran chorrada. En todo caso, menos importante que un partido de la fase previa. En parte, creo que se debe a la necesidad de humanización e identificación de los políticos. Es una tendencia que retrató bastante bien la película The Queen, de Stephen Frears, donde la reina de Inglaterra se quedaba algo perpleja ante las demandas del pueblo, que le exigían que diera más pompa a los ceremoniales tras la muerte de la princesa Diana y Tony Blair le explicaba que para salvar la monarquía debía complacer la histeria de la masa. En Inglaterra hemos vuelto a verlo en la campaña electoral. Gordon Brown habló con una votante laborista que hizo una pregunta racista sobre los europeos del este. Tras hablar con ella, Brown dijo que era "bigoted" (intolerante). Sus palabras se oyeron y tuvo que pedir perdón ante la presión de los medios. Pero en realidad era evidente que era una mujer intolerante. Y no sé si los políticos deben complacer todo el tiempo los impulsos más primarios, aunque los triunfos deportivos les beneficien y sirvan como cortina de humo.

Disfruto leyendo a algunos periodistas y viendo algunos partidos. En mi familia se habla mucho de fútbol, y creo que, con un poco de ayuda, hasta mi hermana de 11 años podría recitar la delantera de la selección de Hungría en 1954. Aunque en general, con el fútbol me pasa como con el sexo: verlo es entretenido, pero practicarlo me pone de mejor humor. No sé qué pasará mañana y, como diría Reth Butler, francamente, me importa un bledo. Supongo que si gana España, me alegraré por los amigos que se alegren, y lamentaré que los alrededores del partido –imágenes de los comentaristas celebrando los goles o periodistas describiendo el ambiente indescriptible, por ejemplo- sean la única noticia durante unos días. Tampoco entiendo por qué me tiene que gustar más un deportista español que otro de fuera. Me gusta Contador, pero no quería que ganase Fermín Cacho, que miraba todo el tiempo hacia atrás, asustado. Si es una cuestión de patriotismo, me parece un patriotismo mal dirigido, mucho más cercano al vocerío nacionalista e histérico que otra cosa. Preferiría que hubiera alguna universidad española entre las cien mejores del mundo, por ejemplo. Prefiero la legislación pionera sobre el matrimonio homosexual. Preferiría que no liderásemos, con mucha más ventaja que cualquier deporte, la tasa de paro total y juvenil en Europa.

Dicen que el deporte es una forma civilizada de sustitución de la guerra. Produce menos víctimas. Que un juego atraiga la atención de millones de personas es una impresionante construcción humana; quizá necesitamos mitos, y el mito de la épica deportiva es mil veces preferible a los que postulan la maldad o la inferioridad de otras razas, por ejemplo; pero la gracia también está en que el juego siga siendo solo un juego. Pese a que siempre haya estúpidos como los que insultaron a mi novia -que es neozelandesa- pensando que era alemana, supongo que el nacionalismo deportivo es una forma de nacionalismo relativamente inocua, y que el éxito puede contagiar cierto optimismo. He visto el mismo espectáculo de pitidos, banderas y gritos en otros países, y aunque a veces envidie la relación de otros ciudadanos con sus símbolos nacionales y sé que la alegría es mejor que la tristeza, no logro compartir el placer que provoca ver a mucha gente vestida con la misma ropa. Nunca me han gustado las fiestas obligatorias. El otro día, cuando hablábamos del asunto, un amigo recordó una frase de Brassens: “La musique qui marche au pas/ Cela ne me regarde pas”. Quizá sea más clara la versión de Paco Ibáñez: “la música militar/ nunca me supo levantar”.

En la imagen, el pulpo.