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Daniel Gascón

PARA AYUDAR A AYAAN HIRSI ALI

PARA AYUDAR A AYAAN HIRSI ALI

Hace unas semanas, el gobierno holandés se negó a seguir proporcionando protección a Ayaan Hirsi Ali. Es un comportamiento lamentable, que olvidaba lo esencial –la amenaza de muerte a una persona por expresar sus ideas y por defender los derechos humanos es una agresión de una forma religiosa de fascismo a los principios esenciales de la democracia- y se apoyaba en una razón mezquina: Hirsi Ali no reside en Holanda. Se dijo que la protección resultaba cara, como un reproche contra Hirsi Ali, cuando resultaría más lógico culpar de los gastos a quienes la amenazaban. Esta vez Holanda ha sido blanda con los criminales, y dura con las víctimas (y con los héroes).

Se ha creado un fondo para sufragar los costes de su protección. Traduzco el texto de su blog . Puede consultarse más información en la web de Jackson & Campbell:

"APORTANDO ASISTENCIA FINANCIERA PARA LA SEGURIDAD DE AYAAN HIRSI ALI

Ayaan Hirsi Ali, ex diputada holandesa y franca defensora de los derechos de la mujer en las sociedades musulmanas, se encuentra en peligro a causa de distintas amenazas extremistas tanto en Europa como en los Estados Unidos. Desde que fue amenazada de muerte en 2002 ha necesitado una protección constante. Hasta el 1 de octubre de 2007 el gobierno holandés le proporcionó esta protección.*)

Ahora Hirsi Ali, que ha obtenido el derecho de residencia permanente en los Estados Unidos y tiene un contrato de “resident fellow” en el American Enterprise Institute, debe recaudar sus propios fondos para financiar su costosa pero necesaria protección. En respuesta a los numerosos ciudadanos que han expresado interés en ayudar a que Hirsi Ali obtenga recursos para financiar su equipo de seguridad, se ha constituido el Ayaan Hirsi Ali Security Trust.

Para ayudar a Hirsi Ali a financiar su seguridad privada, el método más apropiado e inmediato es hacerlo a través del Ayaan Hirsi Ali Security Trust. Este fondo privado puede aceptar donaciones no desgravables de los Estados Unidos y el resto del mundo, y está completamente dedicado a financiar la seguridad de Hirsi Ali.

*) El gobierno holandés sigue siendo responsable de la seguridad de Hirsi Ali cuando ella se encuentre en suelo holandés.

Los cheques a nombre del Ayaan Hirsi Ali Security Trust deben enviarse a:

Ayaan Hirsi Ali Security Trust
Bank of
Georgetown
1054 31st Street, N.W.
Suite 18

Washington, DC 20007

Número de Identificación Fiscal del Ayaan Hirsi Ali Trust: 75-6826872

Gracias por su interés en ayudar a Ayaan Hirsi Ali.

Para más información por favor contactar a: John Matteo (jmatteo@jackscamp.com) o Mackenzie McNaughton (mmcnaughton@jackscamp.com), representantes de Hirsi Ali. Teléfono: (001).202.457.1600"

 

Para operar a través de Internet:

Nombre: Haweya B.V.
Lugar: Amsterdam
Holanda

Número de banco: 4732822 ( = P4732822)
IBAN: NL61PSTB0004732822
BIC: PSTBNL21

 

En la imagen, Hirsi Ali. Una reseña de Mi vida, mi libertad , y otro texto sobre ella.

LA GUERRA, EL TERROR Y LOS HOMBRES

LA GUERRA, EL TERROR Y LOS HOMBRES

“Vida y destino” (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2007) es la novela más importante de Vasili Grossman (Berdichev, 1905-Moscú, 1964). Es una crónica de la Segunda Guerra Mundial en la URSS modelada a partir de “Guerra y paz”, y un retrato de un país y dos totalitarismos, pero también es un libro profundamente humano. Grossman estuvo con el Ejército Rojo en la batalla de Stalingrado y acompañó el contraataque soviético hasta Berlín. Escribió el primer reportaje sobre un campo de exterminio nazi. Grossman era judío: los nazis asesinaron a su madre; la mujer de Grossman había dicho que en el piso de Moscú no había sitio para ella. La culpa de uno de los personajes de la novela, Victor Shtrum, tiene mucho que ver con la culpa de Grossman.

Aunque Grossman era un escritor instalado en el sistema, recibió premios y sus crónicas de guerra lo convirtieron en un héroe, sus textos incomodaban al estalinismo. Molestaban sus críticas al régimen o que hablara del exterminio de los judíos en Ucrania: la URSS no quería admitir que algunas minorías hubieran sufrido más que otras ni la complicidad de muchos ciudadanos en la matanza, y Stalin era antisemita. Cuando Grossman terminó “Vida y destino” en 1960, en la época de Kruschev, intentó publicarla en su país. La novela fue secuestrada, pero se salvó una copia: fue publicada en Occidente.

“Vida y destino” ofrece una perspectiva general y minuciosa de un país a partir de las historias que les pasan a los miembros de una familia durante la batalla de Stalingrado y el comienzo del contraataque del Ejército Rojo. El primer marido de la hija mayor de Aleksandra, Liudmila, es un bolchevique interno en un campo de prisioneros; el segundo, Shtrum, es un físico que alterna la debilidad con una integridad casi suicida. El primer amor de la hija menor, Yevguenia, es el comisario Krímov, que ejerció una represión brutal en 1937 y acaba prisionero y torturado. El segundo es un militar, Nóvikov, cuya actuación resulta decisiva para cercar a los alemanes en Stalingrado.

En torno a ellos aparecen muchos más personajes (comisarios políticos, militares, escritores, campesinos, telegrafistas, madres angustiadas, adolescentes enamorados, niños en la cámara de gas), y numerosos escenarios y ambientes. Uno de los más importantes es Stalingrado: Grossman muestra la confusión atroz de la batalla, el hambre y los piojos y la falta de tabaco. A pesar de la dureza de la lucha, hay cierta libertad: los hombres se enfrentan a la muerte y pueden decir lo que quieran. Hay oportunidades para el amor y el humor. Un soldado ruso se refugia de las bombas en la oscuridad. Aterrado, coge la mano a un cadáver. Luego se da cuenta que es la mano de un soldado enemigo. Cuando cesa el bombardeo los dos salen en direcciones diferentes, esperando que sus superiores no los hayan visto.

Otro relato fundamental y estremecedor es el de los judíos asesinados por los nazis, al igual que el de los campos de prisioneros soviéticos. El estalinismo y el nazismo se miran como en un espejo: “Ustedes creen que nos odian, pero es sólo una apariencia: se odian a ustedes mismos en nosotros”, le dice un oficial de las SS a un comunista.

El terror en la URSS es un elemento esencial: todo el mundo interpreta las palabras de los otros, todos sospechan que les están tendiendo una trampa. Grossman habla de los problemas burocráticos de los evacuados y retrata el miedo de los ciudadanos medios, pero también la sorpresa de los bolcheviques encarcelados: habían justificado las matanzas, las hambrunas organizadas y las colectivizaciones, la persecución de adversarios políticos que hasta entonces habían sido aliados y las delaciones y las confesiones forzosas, pero no creían que el sistema pudiera volverse contra ellos.

“Vida y destino” quiere contar la verdad sobre una de las peores catástrofes del siglo XX y habla de ciencia y de literatura, de inocentes que mueren y culpables que se salvan gracias a la compasión de sus enemigos. Es un libro apasionante, sin héroes y lleno de seres humanos que tienen sus momentos de dignidad y de miseria, y afirma que el instinto de libertad siempre sobrevive. Cuando uno de los personajes habla de Chéjov, Grossman parece describir un ideal moral y literario: “Chéjov dijo: dejemos a un lado a Dios y las así llamadas grandes ideas progresistas; comencemos por el hombre, seamos buenos y atentos para con el hombre sea éste lo que sea: obispo, campesino, magnate industrial, prisionero de Sajalín, camarero de un restaurante; comencemos por amar, respetar y compadecer al hombre; sin eso no funcionará nada”.

Vasili Grossman. Vida y destino. Traducción de Marta Rebón. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. 1104 páginas.

Publicado en Artes & Letras el 1 de noviembre. 

VIDA Y DESTINO

VIDA Y DESTINO

Tres extractos de Vida y destino (Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores) de Vasili Grossman :

 

1.

Pero aquel otro miedo, particular, atroz, insuperable para millones de personas, estaba escrito en letras siniestras de un rojo deslumbrante en el cielo plomizo de Moscú: el miedo al Estado.

¡No, no! El miedo no es capaz de realizar por sí solo semejante tarea. El fin superior de la revolución libera de la moral en nombre de la moral, justifica en nombre del futuro a los actuales fariseos, los delatores, los hipócritas, explica por qué un hombre, en aras de la felicidad del pueblo, debe empujar a los inocentes a la fosa. En nombre de la revolución esa fuerza permite ignorar a los niños cuyos padres acaban en un campo. Explica por qué la revolución ha establecido que la esposa que se ha negado a denunciar al marido inocente debe ser apartada de sus hijos y enviada diez años a un campo de trabajo.

2.

[De la carta de un prisionero]

Además de ese bien grande y amenazador, existe también la bondad cotidiana de los hombres. Es la bondad de una viejecita que lleva un mendrugo de pan a un prisionero, la bondad del soldado que da de beber de su cantimplora al enemigo herido, la bondad de los jóvenes que se apiadan de los ancianos, la bondad del campesino que oculta en el pajar a un viejo judío. Es la bondad del guardia de una prisión que, poniendo en peligro su propia libertad, entrega las cartas de prisioneros y reclusos, con cuyas ideas no congenia, a sus madres y mujeres.

Es la bondad particular de un individuo hacia otro, es una bondad sin testigos, pequeña, sin ideología. Podríamos denominarla bondad sin sentido. La bondad de los hombres al margen del bien religioso y social.

3.

La aspiración innata del hombre a la libertad es invencible; puede ser aplastada pero no aniquilada. El totalitarismo no puede renunciar a la violencia. Si lo hiciera, perecería. La eterna, ininterrumpida violencia, directa o enmascarada, es la base del totalitarismo. El hombre no renuncia a la libertad por propia voluntad. En esa conclusión se halla la luz de nuestros tiempos, la luz del futuro.

En la imagen, Grossman.

CERCA DEL MAL

CERCA DEL MAL

William T. Vollmann (Los Ángeles, 1959) ha publicado libros como “An Afghanistan Picture Show, or How I Saved the World”, que trataba de su experiencia en Afganistán en los años 80; “Trece relatos y trece epitafios” (El Aleph, 1996), o “Rising Up and Rising Down”, que reunía 3.300 páginas sobre lugares asolados por la violencia. Europa Central , que obtuvo el National Book Award en 2005, también habla de la violencia.

Aunque los 37 capítulos de Europa Central abarcan desde 1914 hasta 1975, el tema del libro es el enfrentamiento entre Alemania y la URSS durante la Segunda Guerra Mundial. Es una novela que tiene algo de colección de cuentos: hay muchos protagonistas y voces narrativas, pero también metáforas, personajes y atmósferas que se repiten y unifican, a veces artificiosamente, la narración. Habla de los infiernos de la guerra y del totalitarismo, y del esfuerzo de algunas personas para sobrevivir en un mundo desquiciado.

Muchos personajes de Europa Central existieron. Hay 50 páginas de notas en las que Vollmann señala sus fuentes y las ocasiones en las que se ha separado de la realidad. Se ha documentado exhaustivamente, pero muchas de las citas que presenta como auténticas son falsas: una frase que dijo un personaje histórico en una ocasión no tiene por qué ser siempre cierta; no siempre decimos ni pensamos lo mismo: es una coartada y resulta más vistosa que verdadera.

En Europa Central hay historias de amor y aparecen algunas de las masacres de la contienda: la batalla de Stalingrado, los campos de exterminio, las atrocidades del Ejército Rojo en Alemania. Estos acontecimientos se cuentan con cierta distancia o desde un punto de vista impresionista y casi onírico, como imágenes que persiguen a los protagonistas que sufren la guerra o los regímenes de Hitler o Stalin. Entre ellos hay muchos artistas: aparece Käthe Kollwitz, cuyos cuadros eran impopulares en la Alemania de entreguerras pero apreciados en la URSS; el documentalista soviético R. Karmén o Anna Ajmátova. Shostakóvich es uno de los grandes personajes del libro y uno de los que mejor expresan el terror del estalinismo.

Europa Central habla de la paranoia, y se contagia de esa paranoia. La confusión y la constante interpretación de consignas de la burocracia y la propaganda afectan a los habitantes de los dos países, y configuran vidas paralelas: hay un capítulo sobre Vlásov, el general preferido de Stalin, que cayó en manos de los nazis y formó un escuadrón de desafectos contra la URSS; y otro sobre Paulus, el militar alemán que dirigía el asedio de Stalingrado, que también desobedeció órdenes. Pocos personajes saben distinguir el bien del mal, y algunos tienen buenas intenciones pero fracasan: es el caso de Gerstein, un ingeniero de las SS que intentó frenar los crímenes nazis. Sin embargo, las numerosas voces narrativas de Europa Central conviven cómodamente con la barbarie: una de las más importantes corresponde al cínico comisario Alexandrov, y en los fragmentos sobre Alemania abundan los narradores fieles al nazismo y los burócratas de la RDA que justifican crímenes. Esta fascinación por el mal hace que a ratos esta novela excesiva, ambiciosa y a menudo brillante resulte antipática y casi inhumana.      

Europa Central. William T. Vollmann. Mondadori, 2007. Traducción de Gabriel Dols y Roberto Falcó, 857 páginas.

Esta reseña apareció en Artes & Letras el 19 de octubre de 2007. Ken Miller hizo esa fotografía de William T. Vollmann.

UNA MUJER INCÓMODA

UNA MUJER INCÓMODA

Ayaan Hirsi Ali es una mujer valiente y lúcida que defiende la razón y la libertad, y que está amenazada de muerte por sus críticas al Islam. Hirsi Ali nació en Somalia, es ciudadana holandesa, y vive en Estados Unidos, pero Holanda parece sentirse incómoda con ella: el año pasado la ministra de inmigración Rita Verdonk intentó retirarle el pasaporte holandés porque había mentido para obtener su estatus de refugiada (aunque Hirsi Ali era verdaderamente perseguida en ese momento, y lo había contado todo mucho antes de que Verdonk pidiera explicaciones); los vecinos se quejaron de que su presencia ponía en peligro su seguridad y pidieron que dejara el edificio. La semana pasada el gobierno holandés le comunicó que no podía seguir protegiéndola en el extranjero porque cuesta demasiado dinero. Anne Applebaum ha criticado la postura del gobierno holandés. Christopher Hitchens dice que EEUU debería recibir a Hirsi Ali con los brazos abiertos. Es lamentable que las democracias abandonen a su suerte alguien que habla de derechos fundamentales: la defensa de Hirsi Ali es también la defensa de los valores esenciales de la sociedad abierta.

Sam Harris y Salman Rushdie , que sabe en qué consiste ser perseguido y que recibió la protección de un estado que sabía qué era lo verdaderamente importante, han escrito este texto:

“Mientras lees esto, Ayaan Hirsi Ali se sienta en un refugio con hombres armados que protegen su puerta. Es una de las más preparadas, inteligentes y compasivas defensoras de la libertad de expresión y conciencia de nuestra época, y por esa razón es despreciada por comunidades musulmanas de todo el mundo.

Los detalles de su historia han sido ampliamente difundidos, pero merece la pena repetirlos, porque ilustran lo mal preparados que estamos para enfrentarnos al peligro del extremismo islámico en Occidente.

Hirsi Ali huyó por primera vez a Holanda desde Somalia en 1992, después de rechazar un matrimonio forzoso con un hombre que no conocía. Una vez allí, mientras se escondía de su familia, empezó a trabajar como limpiadora. Pero esta señora de la limpieza hablaba somalí, árabe, ahmarico, suajili e inglés, y estaba aprendiendo rápidamente el holandés, así que no tardó en encontrar trabajo como traductora para otros refugiados somalíes, muchos de los cuales eran como ella misma víctimas del Islam. Estas mujeres habían sido maltratadas, mutiladas, privadas de atención médica y educación y condenadas a vidas de sometimiento sexual y maternidad obligatoria.

Tras asistir a la Universidadde Leiden, donde estudió ciencias políticas y filosofía, Hirsi Ali empezó a hablar en público sobre la represión de la mujer en el Islam, y pronto empezó a recibir amenazas de muerte de grupos musulmanes locales. Su situación de seguridad alcanzó tal gravedad que se trasladó a Estados Unidos en 2002. Sin embargo, Gerrit Zalm, viceprimer ministro de Holanda, se puso en contacto con ella y la instó a presentarse a las elecciones para el Parlamento holandés. Cuando Hirsi Ali expresó su preocupación por su seguridad, Zalm le aseguró que recibiría protección diplomática cuando y donde la necesitara. Regresó a Holanda con esta garantía, obtuvo un escaño en el parlamento y se convirtió en una infatigable abogada de las mujeres, de la sociedad civil y la razón.

El resto de su historia es bien conocido. En 2004, Hirsi Ali colaboró con Theo van Gogh en la película Submission, que examinaba el vínculo entre la ley islámica y el sufrimiento de millones de mujeres bajo el Islam. A la reacción de la comunidad musulmana no le faltó nada para caer en la psicopatía, y confirmó tanto lo necesario que era el trabajo de Hirsi Ali como lo razonable de sus temores. Theo van Gogh, que se había negado a tener guardaespaldas, fue asesinado y casi decapitado en una calle de Amsterdam; en el pecho del director el asesino había clavado con un cuchillo de carnicero una carta que amenazaba a Hirsi Ali.

Hirsi Ali tuvo que esconderse inmediatamente, se mudó de un refugio a otro durante meses, en ocasiones más de una vez al día. Finalmente, sus problemas de seguridad la alejaron de Holanda. Regresó a Estados Unidos, y desde entonces el gobierno holandés ha pagado por su protección. Hasta que anunció la semana pasada que ya no iba a protegerla fuera de Holanda, anunciando de esta manera al mundo su vulnerabilidad.

Es importante darse cuenta de que Hirsi Ali puede ser la primera refugiada de Europa Occidental desde el Holocausto. En ese sentido, es un testigo único e indispensable de la fortaleza y la debilidad de Occidente: del esplendor de la sociedad abierta, y de la ilimitada energía de sus antagonistas. Conoce los desafíos a los que nos enfrenamos en nuestra lucha para contener la misoginia y el fanatismo religioso de del mundo islámico, y vive con las consecuencias de nuestro fracaso cada día. No hay nadie que esté en mejor posición para recordarnos que la tolerancia de la intolerancia es cobardía.

Después de recuperar la Ilustración para sí misma en unos pocos años, Hirsi Ali ha observado cada pulgada del camino que lleva a la salida de ese yermo moral e intelectual que es el Islam tradicional. Ha escrito dos libros luminosos que describen su viaje. El más reciente, Infiel, ha sido un bestseller internacional. Como escribió Christopher Caldwell en The New York Times, ‘Voltaire no se arriesgaba, con cada palabra que decía, a ganarse mil millones de enemigos que reconocerían su cara y que podrían, a través de Internet, compartir instantáneamente información con la gente que quería asesinarlo’.

El parlamento holandés debatirá el caso de Hirsi Ali esta semana. La decisión del gobierno de protegerla sólo dentro de las fronteras de Holanda es genuinamente perversa. Los holandeses se han quejado del coste de proteger a Hirsi Ali en los Estados Unidos, pero sería mucho más caro protegerla en Holanda, donde el riesgo es mucho mayor.

También está el asunto de las promesas rotas: a Hirsi Ali la convencieron para presentarse al parlamento, y convertirse en la portavoz más visible y en peligro de los derechos de las mujeres musulmanes, con la garantía de que le darían protección mientras la necesitara. Gerrit Zalm, en su doble capacidad de viceprimer ministro y ministro de hacienda, le prometió esa seguridad. De manera más vergonzosa, el primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende, ha recomendado a Hirsi Ali que abandone Holanda, mientras se negaba a darle una semana de protección fuera del país, a lo largo de la que podría recaudar fondos para contratar su propia seguridad. ¿Es un intento aterrorizado de aplacar a los fanáticos? ¿Una advertencia para que otros disidentes holandeses no creen problemas al hablar con demasiada sinceridad sobre el Islam? ¿O pura falta de consideración?

El gobierno holadés debería reconocer que se esta forjando un escándalo y redescubrir su obligación de dar a Hirsi Ali la protección que le prometió.

No hay nadie vivo que sea más merecedor de las libertades de expresión y conciencia que damos por supuestas en Occidente, ni hay nadie que esté haciendo un esfuerzo más valiente por defenderlas.”

En la imagen, Ayaan Hirsi Ali. Aquí, el original en inglés. Y una reseña de Mi vida, mi libertad.

FAMILIAS

FAMILIAS

1.

Rachel Scheiffert elige diez libros sobre familias con problemas

2.

Una charla con Philip Roth.

3.

“El multiculturalismo parte de un supuesto falso, que hay que rechazar sin equívocos: que todas las culturas, por el simple hecho de existir, son equivalentes y respetables. No es verdad. Hay algunas culturas más evolucionadas y modernas que otras, y aunque es verdad que aun en las culturas más primitivas existen prácticas, usos y creencias que han enriquecido la experiencia humana y enseñanzas que las otras pueden aprovechar, también lo es que en muchas culturas sobreviven prejuicios y conductas bárbaras, discriminatorias y hasta criminales que ninguna democracia puede admitir en su seno sin negarse a sí misma y retroceder en el largo camino de la civilización que lleva andado.” Mario Vargas Llosa, El País, 7 de septiembre de 2007.

4.

Ayer , en Ceuta.

5.

Algunas palabras mal vistas.

En la imagen, Philip Roth habla con un camarero. 

LA DIGNIDAD Y LA RISA

LA DIGNIDAD Y LA RISA

Rafael Azcona (Logroño, 1926) es el guionista más importante de la historia del cine español. Está detrás de muchas de las mejores películas de directores como Berlanga, Saura, García Sánchez o Fernando Trueba. Su trabajo cinematográfico oscureció durante un tiempo su estupenda producción literaria. En los últimos años Azcona ha recuperado varias de sus obras narrativas y les ha añadido partes suprimidas por la censura o la autocensura: recogió tres novelas en “Estrafalario 1” (Alfaguara, 1999); después aparecieron “El repelente niño Vicente” (Aguilar, 2005), “Los muertos no se tocan, nene” (Punto de Lectura, 2005) y la magnífica “Los europeos” (Tusquets, 2006). Estos textos tienen que ver con las películas de Azcona y con los textos de otros autores de la generación del 50, con el realismo pero también con un humor disparatado que nace de la observación, y alternan el talento para retratar los defectos de sus personajes con la capacidad de comprenderlos, de mostrar la dignidad del miserable.

“Memorias de un señor bajito” (Pepitas de calabaza, 2007) es una versión revisada de la edición que había aparecido en la Enciclopedia Pulga en 1960 a partir de textos publicados en “La Codorniz”. Es una novela picaresca que cuenta las andanzas de Juliano Fernández, “un hombre normal al que le ocurren cosas paranormales”, casi kafkianas. Cuida de su abuelo, se vuelve loco, obtiene una Cruz al Mérito Agrícola por matar un cocodrilo, escribe manuales para llegar a los cien años, se enamora y desempeña una larga serie de oficios: Inspector de Tontos del Pueblo, mendigo, bohemio, perro (equilibrista) de un circo, torero, y va a la bolsa, donde le sorprende ver a la gente tan seria y escribe una frase de Montaigne: “La prueba más clara de sabiduría es una continua alegría”.

“Memorias de un señor bajito” es una novela de humor, en la que a veces el chiste parece más importante que la narración. Azcona juega con el lenguaje y las situaciones, y parodia cuentos, fábulas y manuales. Es un libro más realista y menos inocente de lo que parece: es una sátira de un país, que habla de su miseria y se burla de sus tópicos y sus instituciones. Azcona dice que desconfía de las películas en las que no se come y en este libro la comida y el hambre son fundamentales: el protagonista habla su infancia, con su “brutal régimen de patata cocida” que no le dejó crecer; de los banquetes que se daba cuando trabajaba como inspector (“unos pantagruélicos atracones de genuinos condumios regionales tales como torreznos con huevos fritos, migas con tocino, galianos de pastor, abadejo en salmuera...”); de lo poco que se podía comer en un café madrileño que recuerda a los que aparecen en una de sus mejores novelas, “Los ilusos” (1958): “cuatro aceitunas aquí, cinco patatitas allá...”.

Con su optimismo, el diminuto protagonista de “Memorias de un señor bajito” hace pensar en los cómicos del cine mudo o en algunos personajes de Dickens: su resistencia frente a la adversidad le confiere una especie de grandeza y tiñe de melancolía este libro divertido de uno de los mejores narradores en castellano.

“Memorias de un señor bajito”. Rafael Azcona. Pepitas de calabaza. Logroño, 2007. 125 páginas

Esta reseña apareció en Artes & Letras el 27 de septiembre de 2007. Otro texto sobre Azcona .

En la imagen, Rafael Azcona.

LOS FUGITIVOS

LOS FUGITIVOS

Marga Minco (Ginneken, 1920) perdió a toda su familia en manos de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. La hierba amarga , que toma el título de un alimento que se comía en la cena de la víspera de la Pascua judía y servía para recordar el éxodo de Egipto, es la historia de una huida y una pérdida: Minco habla de la desintegración de su familia, y ofrece una visión íntima y transparente de una tragedia compartida por millones de judíos en toda Europa.

Los Minco tienen una sastrería en Breda. El padre percibe señales inquietantes como las nuevas leyes que marginan a los judíos, pero es incapaz de imaginar lo que sucede en los campos y contagia a sus familiares su optimismo: “No comprendo por qué la gente nos mete tanto miedo. ¿Qué podrían hacernos?”, dicen. Esa inocencia, como la sencillez y la precisión en los detalles, es uno elemento fundamental de La hierba amarga: Minco cuenta cómo, cuando los obligan a coserse la estrella amarilla, cogen dos para cada uno y las bordan con esmero; cuando secuestran a su hermana, se pregunta si habrá podido llevarse su ropa de invierno para afrontar el frío de Polonia. Los Minco viajan a Utrecht, a Amersfoot y Ámsterdam. Los ataques a su dignidad y a su condición de ciudadanos desembocan en una verdadera persecución. Cada vez hay más redadas y deportaciones; oyen que “de allí no vuelve nadie”, y la vida cotidiana se convierte en una pesadilla: el padre y el hermano de Marga se someten a pruebas médicas para ir a un campo de trabajo, Marga se tiñe el pelo y la familia busca escondites. Poco a poco, van atrapando a todos menos a Marga, que sufre la culpa del superviviente, se refugia con unos granjeros, y acaba sola y con un nombre falso: sabe que los suyos no regresarán. La hierba amarga es un libro tristísimo y limpio, sobrio y estremecedor.

Marga Minco. La hierba amarga. Libros del Asteroide , 2007. Traducción de Julio Grande. Prólogo de Félix Romeo

Esta reseña apareció el 20 de septiembre en Artes & Letras. En la imagen, Marga Minco.