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Daniel Gascón

Revista

EMPRESAS Y MUJERES

Cuenta The Economist:

“El fallecido Paul Samuelson bromeaba cuando dijo que ‘las mujeres son sólo hombres con menos dinero’. Como padre de seis hijos, podría haber añadido algo sobre el papel de la mujer en la reproducción de la especie. Sin embargo, su aforismo es tan bueno como el mejor resumen en una frase del feminismo clásico que puedas encontrar.

Las primeras generaciones de mujeres de éxito insistían en ser juzgadas con los mismos criterios que los hombres. No tenían nada más que desprecio hacia la noción de trato especial para ‘las hermanas’, e insistieron en salir adelante a fuerza de trabajar más duro y pensar de forma más inteligente. Margaret Thatcher no ocultaba su desprecio por los hombres apocados a su alrededor. (Hay una broma que la presenta saliendo a cenar con sus ministros: ‘¿Solomillo o pescado?’, pregunta el camarero. ‘Solomillo, por supuesto’, responde ella. ‘¿Y los vegetales?’ ‘También tomarán carne.’) Durante la última elección presidencial en Estados Unidos Hillary Clinton se burlaba de Barack Obama con un anuncio que implicaba que, a diferencia de ella, él no estaba preparado para el desafío de responder el teléfono rojo a las 3 de la mañana.

Muchas empresarias pioneras presumían de su dureza. Dong Mingzhu, la jefa de Gree Electric Appliances, un gigante del aire acondicionado, dice categóricamente: ‘Yo nunca fallo. Nunca admito los errores y siempre tengo razón’. En los últimos tres años su compañía ha impulsado la rentabilidad para los accionistas en un 500%.

Sin embargo, algunos de los feministas más influyentes de la actualidad afirman que las mujeres nunca realizarán todo su potencial si juegan con las reglas de los hombres. Según Avivah Wittenberg-Cox y Alison Maitland, dos de las más destacadas exponentes de esta posición, no es suficiente para romper el techo de cristal. Se necesita verificar todo el edificio en busca del ‘amianto de género’: en otras palabras, acabar con el machismo inherente integrado en las estructuras y los procesos corporativos.


El nuevo feminismo sostiene que las mujeres funcionan de manera diferente a los hombres, y no sólo de manera trivial. Son menos agresivas y buscan más el consenso, menos competitivas y más colaboradoras, menos obsesionadas por el poder y más orientadas hacia el grupo. Judy Rosener, de la Universidad de California, Irvine, afirma que las mujeres sobresalen en gestión ‘transformacional’ e ‘interactiva’. Peninah Thomson y Jacey Graham, autoras de ‘A Woman’s Place is in the Board Room’, afirman que las mujeres son ‘mejores pensadoras laterales que los hombres’ y ‘más idealistas’ al negociar. De repente, los textos feministas están llenos de referencias los grupos de monos, con sus machos agresivos y las hembras dedicadas a la crianza.

Es más, dice el argumento, estas cualidades supuestamente femeninas son cada vez más valiosas en los negocios. La reciente crisis financiera demostró que el tipo de cualidades de las que los hombres se enorgullecen, como la asunción de riesgos y la competitividad, pueden conducir al desastre. Lehman Brothers nunca habría sucedido si hubiera sido Lehman Sisters, de acuerdo con esta teoría. Incluso antes de la catástrofe financiera, afirman, las mejores empresas han ido abandonando las jerarquías ‘patriarcales’ en favor de la ‘colaboración’ y ‘redes’, las competencias en las que las mujeres tienen una ventaja inherente.

Este argumento puede sonar un poco como el material de los talleres de género en las universidades biempensantes. Pero están ganando adeptos en lugares de poder. McKinsey, la más venerable de las consultorías de gestión, ha publicado el argumento de que las mujeres aplican cinco de los nueve ‘comportamientos de liderazgo’ que conducen al éxito empresarial con más frecuencia que los hombres. Niall FitzGerald, vicepresidente de Thomson Reuters y ex jefe de Unilever, está tan cerca como se puede estar del corazón de la creación empresarial. Proclama: ‘Las mujeres tienen diferentes maneras de lograr resultados y cualidades de liderazgo que son cada vez más importantes conforme nuestras organizaciones se vuelven menos jerárquicas y más débilmente organizadas en torno a estructuras matrices.’ Muchas empresas están abandonando el antiguo compromiso de tratar a todos por igual y en su lugar se hacen ‘adaptadas al género’ y ‘bilingües de género’, en contacto con la sabiduría de gestión de sus trabajadoras. Ha surgido un grupo de consultoras para enseñar a las empresas a escuchar a las mujeres y explotar sus habilidades especiales.

Los nuevos feministas tienen razón al sentirse frustrados por el ritmo de progreso de las mujeres en los negocios. La Comisión de Igualdad y Derechos Humanos en Gran Bretaña calculó que, al ritmo actual, costará 60 años que las mujeres obtengan la igualdad de representación en los consejos de FTSE 100. También tienen razón al decir que el viejo feminismo prestó poca atención al papel de la mujer en la crianza de los hijos. Pero sus argumentos sobre las diferencias innatas entre hombres y mujeres son descuidados y contraproducentes.

La gente que insiste en las diferencias innatas debería recordar que la variación dentro de los subgrupos de la población es generalmente más grande que la variación entre los subgrupos. Incluso si se puede establecer que, en promedio, las mujeres tienen un mayor ‘cociente de inteligencia emocional’ que los hombres, eso dice poco acerca de una mujer específica. Juzgar a las personas como individuos y no como representantes de grupos es moralmente correcto y bueno para los negocios.

Además, muchas de las mujeres más exitosas se encuentran en las empresas ‘duras’, en lugar de las organizaciones sensibles de la nueva imaginación feminista: Areva (energía nuclear), AngloAmerican (minería), Archer Daniels Midland (agroindustria), DuPont (productos químicos), Sunoco (aceite) y Xerox (tecnología) están dirigidas por mujeres. El Cranfield School of Management Mujer FTSE 100 Index revela que dos de las industrias con el mejor expediente en la promoción de las mujeres a sus consejos son la banca y el transporte.

Las mujeres harían bien en hacer caso omiso de los cantos de sirena del nuevo feminismo y escuchar a la señora Dong en su lugar. A pesar de su frustración, el futuro parece brillante. Las mujeres ya están superando a los hombres claramente en la escuela y la universidad. Sería un grave error de abandonar la antigua meritocracia justo en el momento en que empieza a beneficiar a las mujeres.”

He tomado la imagen aquí.

 

CIFRAS Y LETRAS

 

 

1.

Greenpeace denuncia: la cárcel es desagradable.

2.

Dan Brown, Marie NDiaye y Anna Gavalda son los autores que más vendieron en Francia en 2009.

3.

En The Edge, John Brockman pregunta cómo está cambiando internet tu forma de pensar.

4.

En su biografía de Warren Beaty, Star: How Warren Beaty Seduced America, Peter Biskind calcula que el actor se ha acostado con 12.775 mujeres.

Stephen J. Gertz calcula:

Según una nueva biografía que nunca se publicará, a lo largo de cincuenta y dos años de leer en la cama (desde la edad de seis años), me he acostado con 12.775 libros. Cincuenta y dos años, a 245,7 libros al año, un libro cada día y medio. Pago una comisión a mi optómetra.

Lo hice desvergonzadamente, mostrando poca consideración hacia los libros como individuos.

5.

Según Rodríguez Ibarra, que parece no haber entendido lo que son las patentes, ni lo que significa que una ciudad (o una comunidad autónoma, como la que el presidió durante muchos años) compre una obra de arte, ni parece cobrar por sus artículos, y que sin duda no sabe que uno se puede comprar una canción sin comprarse un disco, los derechos de autor son absurdos (entre otras cosas porque las canciones se parecen entre sí; se le olvidó decir que los escritores no deben cobrar, porque a fin de cuentas utilizan el abecedario y no inventan nada), se pueden  eliminar desde una fundamentación izquierdista (supongo que la misma que le llevó a pedir hace un tiempo "una sanidad para españoles  y sólo para españoles") y, por alguna razón, la gente que se dedica a la cultura –los creadores, pero enseguida también los correctores, los impresores, etcétera- debería vivir del estado y la beneficencia: en la declaración de la renta, la gente marcaría una casilla para decidir si quiere que parte de sus impuestos vaya a los creadores.

Una respuesta de Antonio Muñoz Molina y otra de Rodolfo Serrano.

6.

Algunos retratos de escritores en el cine.

En la imagen, Christopher Plummer hace de Tolstói. Helen Mirren interpreta a la condesa Sofía. Claramente, a batallas de amor, campos de pluma

 

SOBRE EL MIEDO

SOBRE EL MIEDO

Escribe Henryk Broder:

“En 1988, la novela de Salman Rushdie Los versos satánicos fue publicada en su edición original en inglés. Su publicación llevó al Estado iraní y a su líder revolucionario, el ayatolá Jomeini, a emitir una fetua contra Salman Rushdie, y a ofrecer una fuerte recompensa por su asesinato. Esto provocó varios ataques a los traductores y los editores de la novela, incluyendo el asesinato del traductor japonés Hitoshi Igarashi. Millones de musulmanes de todo el mundo que no habían leído una sola línea del libro, y que nunca habían escuchado el nombre de Salman Rushdie, querían que se ejecutara la sentencia de muerte contra el autor. Y cuanto antes, mejor, para que el manchado honor del profeta pudiera limpiarse con la sangre de Rushdie.

En ese ambiente, ningún editor alemán tuvo el valor de publicar el libro de Rushdie. Esto llevó a un puñado de famosos autores alemanes, encabezados por Günter Grass, a tomar la iniciativa para que la novela de Rushdie pudiera aparecer en Alemania, por medio de la fundación de una editorial creada exclusivamente para ello. Se llamaba Artikel 19, como el apartado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas que garantiza la libertad de opinión. Decenas de editoriales, organizaciones, periodistas, políticos y otros miembros prominentes de la sociedad alemana estuvieron involucrados en la empresa conjunta, que fue la más amplia coalición de la historia alemana de posguerra.

Simpatía por los sentimientos de los musulmanes

Diecisiete años más tarde, después de que el diario danés Jyllands-Posten publicara doce caricaturas de Mahoma en una sola página, en el mundo islámico se produjeron reacciones similares a las que siguieron a la publicación de Los versos satánicos. Millones de musulmanes de Londres a Yakarta, que nunca había visto las caricaturas ni escuchado el nombre del periódico, salieron a las calles en protestas contra un insulto al Profeta y exigieron el castigo apropiado para los delincuentes: la muerte. El líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden, incluso llegó a solicitar la extradición de los caricaturistas para que pudieran ser condenados por un tribunal islámico.

Esta vez, sin embargo, en contraste con el caso Rushdie, casi nadie ha mostrado ninguna solidaridad con los caricaturistas daneses amenazados; al contrario. Grass, que había iniciado la campaña Artikel 19, expresó su comprensión por los sentimientos heridos de los musulmanes y las reacciones violentas que se produjeron. Grass describió el caso como ‘una respuesta fundamentalista a una acción fundamentalista’, estableciendo una equivalencia moral entre los 12 dibujos animados y las amenazas de muerte contra los caricaturistas. Grass también señaló que: ‘Hemos perdido el derecho a buscar protección bajo el paraguas de la libertad de expresión’.

‘Creo que la republicación de estas viñetas ha sido innecesaria, ha sido insensible, ha sido irrespetuosa y ha estado mal’, comentó el entonces ministro del interior británico, Jack Straw, en referencia a la decisión de varias organizaciones de medios europeos de publicar las caricaturas. Mientras tanto, Vorwärts, el órgano del partido de centro-izquierda de Alemania, el Partido Socialdemócrata -uno de los dos principales del país- defendía la libertad de expresión en general, pero opinaba que en este caso especial, los daneses habían ‘abusado’ la libertad, ‘no en un sentido jurídico, sino político y moral’. Para Fritz Kuhn, el entonces líder parlamentario del Partido Verde, fue una experiencia de déjà vu: ‘(Las caricaturas), me recuerdan a los dibujos antijudíos de la época de Hitler antes de 1939’. Con su declaración, Kuhn, que nació en 1955, demostró que ni tenía una sensacional memoria prenatal o que nunca había visto una sola caricatura antisemita el periódico de propaganda nazi Der Stürmer.

Como eunucos hablando de sexo

Era como escuchar la charla sobre el arte ciegos, de los sordos sobre la música o de los eunucos sobre sexo. Porque con la excepción de los de diarios izquierdas Die Tageszeitung, el conservador Die Welt y el centrista Die Zeit, todos los periódicos y la revista alemana siguieron el consejo de la codirigente del Partido Verde Claudia Roth, que dijo que la ‘desescalada empieza en casa’, y permanecieron en el lado de la precaución, al no publicar las caricaturas. El destacado psicoanalista alemán Horst-Eberhard Richter aconsejó: ‘Occidente debe abstenerse de cualquier provocación que produzca sentimientos de degradación o humillación.’ Por supuesto, Richter dejó abierta la cuestión de si ‘Occidente’ también debe abstenerse de usar minifaldas, comer carne de cerdo y legalizar las parejas del mismo sexo a fin de evitar causar cualquier sentimiento de degradación y humillación en el mundo islámico.

Si las caricaturas de Muhammad hubieran sido reeditadas por la prensa alemana en su conjunto, los lectores de periódicos habrían podido ver por sí mismos lo inofensivas que eran las 12 caricaturas, y lo extraño y absurdo del debate. En cambio, la evaluación se dejó a ‘expertos’, que habían defendido en el pasado todas las críticas al Papa y la Iglesia, así como cada pieza de arte blasfemo en nombre de la libertad de opinión, pero que, en el caso de las caricaturas de Mahoma, sostenían repentinamente el punto de vista de que hay que mostrar consideración hacia los sentimientos religiosos de otras personas.

Pero ese argumento era claramente una excusa, una manera de ocultar que habían sido silenciados por el miedo. Después de todo, algunas cosas habían sucedido entre el caso Rushdie y el asunto de las caricaturas: el 11-S, los atentados de Londres, Madrid, Bali, Yakarta, Djerba: acontecimientos que algunos comentaristas han interpretado como una reacción del mundo islámico a la degradación y humillación por parte de Occidente. Frente a esta amenaza, parecía más razonable, ysobre todo más seguro, mostrar respeto a los sentimientos religiosos en lugar de insistir en el derecho a la libertad de expresión.

El derecho a ofender es más importante que proteger a los ofendidos

Pocas personas se mostraron dispuestas a romper filas. Entre ellos estaba el cómico Rowan Atkinson (‘Mr. Bean’), que en el contexto de un debate sobre la propuesta británica de una legislación contra la incitación al odio religioso, declaró que ‘el derecho a ofender es mucho más importante que cualquier derecho a no ser ofendido’. Y Ayaan Hirsi Ali, una mujer nacida en Somalia y criada en la religión musulmana, que vivía entonces en los Países Bajos, respondió con un manifiesto que comenzaba con las palabras: ‘Estoy aquí para defender el derecho a ofender’.

Pero ella era una excepción. Incluso el entonces presidente francés, Jacques Chirac, olvidó temporalmente que representaba al país de Sartre, Voltaire y Victor Hugo, y decretó que ‘cualquier cosa que pueda ofender la fe de los demás, especialmente las creencias religiosas, debe evitarse.’

Así comenzó la ‘desescalada’ que se había solicitado. El único problema es que el otro lado no piensa en la desescalada. La fetua contra Salman Rushdie sigue en vigor, y el intento de asesinato de Kurt Westergaard la semana pasada no fue la primera tentativa de ejecutar una sentencia de muerte en un caso en el que no se cometió ningún crimen. El islam puede ser la ‘religión de paz’ en teoría, pero se ve diferente en la práctica.

Una abogado turco-alemana que vive en el centro de Berlín ha tenido que pasar a la clandestinidad, porque se ha convertido en destinataria de amenazas de muerte después de publicar un libro. El tomo no incluye caricaturas de Mahoma. Simplemente el título funciona como una provocación: Es: Islam Needs a Sexual Revolution.[El islam necesita una revolución sexual].”

Pese a la patética carta de Erdogan y Zapatero sobre el asunto (“La publicación de estas caricaturas puede ser perfectamente legal, pero no es indiferente y debe ser rechazada desde un punto de vista moral y político”) y del miedo a publicar las caricaturas de muchos medios, en castellano también se alzaron voces en defensa de la libertad de opinión. Un artículo en The Guardian de la ex periodista estadounidense afincada en Dinamarca Nancy Graham Holt, ganadora de varios Premios Emmy y formada en Berkeley y la London School of Economics, sobre el intento de asesinato al caricaturista Kurt Westergaard, es un ejemplo elocuente del enfoque delirante de muchos occidentales sobre este asunto. El título se puede traducir así: “Los prejuicios daneses provocan fanatismo”.

En la imagen, Westergaard.

 

LIBROS Y AÑOS

 

1.

El 4 de enero es el 50 aniversario de la muerte de Camus.

El 17 de enero se cumplen 150 años del nacimiento de Chéjov.

El 1 de marzo se celebran 200 años del nacimiento de Chopin

El 21 de abril, 100 años de la muerte de Mark Twain

El 2 de mayo, 150 años del nacimiento de Herzl.

El 9 de mayo, 150 años del nacimiento de J. M. Barrie.

El 30, 150 años del nacimiento de Albéniz.

El 5 de junio, 100 años de la muerte de O. Henry.

Y otros.

2.

Los 10 libros más caros que vendió Abebooks el año pasado: entre los autores, Piranesi, Lewis Carrol, Charles Darwin, Dickens y Barack Obama.

3.

Algunos momentos literarios del año:

Comportamiento menos digno:

Has matado mi libro en Estados Unidos, nada menos. Son dos años de trabajo tirados a la basura. (...) Te odiaré hasta el día de mi muerte y no te deseo más que cosas malas en tu carrera. Observaré con interés y regocijo en el sufrimiento ajeno. Alain de Botton, en respuesta al crítico que reseñó en The New York Times The Pleasures and Sorrows of Working.

Amante literario del año:

Todo lo que espero de ti es que aprendas a cocinar, que me sirvas sexualmente de tres a siete veces al día, nunca me interrumpas, me contradigas o reflexiones de ningún modo sobre la belleza de mi prosa, mi intelecto o mi persona. También tienes que jugar al fútbol, hockey y rugby. Carta de amor de John Cheever al futuro novelista Allan Gurganus, citada en la biografía de Cheever de Blake Bailey.

Mejor ludita:

P: ¿Manda mensajes?

Julian Barnes: No. Aprendí una vez, y mi mujer [Pat Kavanagh] y yo intentamos mandarnos mensajes cuando estaba en Estados Unidos. Pero no sabíamos que había que encender el teléfono móvil para recibirlos, así que ninguno de los mensajes llegó. Además, creo que mis pulgares son demasiado gordos.

P: Cuando dice ‘encenderlo para recibir un mensaje’...

A: Bueno, creo que si un mensaje viene y el teléfono no está encendido durante una hora o algo, el mensaje no llega. ¿No es así?

P: Creo que no. Entrevista en The Oldie reimpresa en Conversaciones con Julian Barnes.

Premio al autor más repelente:

 [Patricia Highsmith] tenía 300 caracoles como mascotas. Bebía un cuarto de litro de ginebra al día. Consideraba el robo peor que el asesinato. Abandonó Estados Unidos para vivir en Europa por lo que llamaba ‘el problema negro’, con lo que no se refería ala discriminación de los negros, sino al movimiento de derechos civiles que defendía los derechos de los negros. Una invitada dejó una vez la ventana abierta; ella tiró dentro una rata muerta. Recogía las propinas abandonadas en las mesas de los restaurantes. Conducía 90 kilómetros para conseguir una cena de espagueti más barata. Llama al exterminio de Hitler ‘semicausto’, porque sólo la mitad de los judíos del mundo había muerto. Reseña de la biografía The Talented Miss Highsmith en The Huffington Post.

Mejor pregunta de entrevista:

Rudolf Freiburg: ¿Conoce la... doctrina de Bacon de las facultades de la mente, la razón, la memoria y la imaginación?

Julian Barnes: ¿Francis Bacon?

Freiburg: Sí, Sir Francis Bacon. Ve paralelismos entre las facultades de la mente y los campos del conocimiento humano. Así, la memoria corresponde a la historia, la razón a la filosofía, y la imaginación a la poesía o literatura. Y después dice: ‘Líbrate de la imaginación porque no sirve a ningún objetivo’. ¿Podría uno decir que, tratando el mundo como usted hace a vees en sus libros, uno puede observar una infiltración en la memoria de la imaginación, y que eso lleva a –espero que la pregunta no se esté complicando demasiado- infiltración de la imaginación en la historia?

Barnes: ¡Dios mío! La respuesta es: No sé. De Do You Consider Yourself a Postmodern Author?, reimpresa en Conversations with Julian Barnes

Peor poema de un político importante

‘El viento sopla en el pelo/ Años después, el mismo viento/ Qué pena: no hay pelo’, traducción de un haiku de Van Rompuy.

Más improbable enemigo de la droga

Sí, después de tomar peyote veía cangrejos todo el tiempo. Los llamábamos cangrejos pero realmente eran langostas. Me seguían por la calle, a clase... Me levantaba por la mañna y decía: ‘Buenos días, pequeños, ¿habéis dormido bien’. Decía: ‘Bueno, chicos, vamos a clase’, y estaban allí, en torno a mi mesa, absolutamente quietos, hasta que sonaba la campana. Jean-Paul Sartre hablando sobre su experiencia con las drogas, en un artículo del Sunday Times sobre Talking with Sartre, de John Gerassi.

Autor más olvidadizo

Mi marido no puede recordar ningún nombre. Debíamos llevar 10 años casados cuanod, en un aeropuerto, se encontró con un ex compañero de trabajo. Siguieron las presentaciones. ‘Esta es mi mujer, Elizabeth’, dijo mi marido. Yo –de forma un tanto inconveniente- dije que no era Elizabeth. Así que el ex compañero pensó que había otra mujer, Elizabeth, que estaba en otra parte. De una columna de Gill Hornby, también conocida como la señora de Robert Harris, en The Daily Telegraph.

4.

Escribe Mathew Battles:

“Los libros raros provocan pasiones en los coleccionistas, que gastan tiempo y tesoros incalculable en su búsqueda. Algunos renunciar a sus escrúpulos, también.

Tomemos el caso de John Charles Gilkey, que robó volúmenes raros, muchos miles de millones de dólares, de tratantes frustrados en todo el país. En su compulsión y su compromiso erudito, Gilkey se desmarcaba de otros delincuentes, con quienes compartió un tiempo en la cárcel. Asistió a clases y visitó las bibliotecas para comprender mejor los autores y obras que pensaba encontrar y robar. Construyó una verdadera biblioteca de libros robados -primeras ediciones de clásicos infantiles, copias autografiadas de las grandes novelas como El alcalde de Casterbridge de Hardy y Hombre invisible, de Ralph Ellison. El valor de sus robos, y el paradero de muchos de sus libros, todavía no se conocen totalmente.

Quizá nunca lo hubieran atrapado si no fuera por la diligencia de Ken Sanders. Este librero de Utah con coleta, dueño de un establecimiento que también era un lugar de reunión contracultural, Sanders encontró una nueva vocación como un detective aficionado cuando se ofreció para trabajar como encargado de seguridad para la Asociación de Libreros Anticuarios de América. Mientras Sanders descubría los patrones de robos que finalmente lo llevaron a Gilkey, quedó tan absorbido por caza de la de su rival como lo hubiera hecho su buscase un libro del siglo XVII sobre las brujas, o un ejemplar firmado de Finnegan’s Wake.

Su búsqueda se cuenta en The Man Who Loved Books Too Much: The True Story of a Thief, a Detective, and a World of Literary Obsession (Riverhead), de Allison Hoover Bartlett. Su libro se sumergen en un mundo en el que los libros son objetos de meditación y deseo, y talismanes con poderes casi clásicos. Es tanto curioso como emocionante ver la lucha de estos bibliófilos en una época en el que el propio libro se encuentra en un torbellino económico, cultural y tecnológico”.

Aquí, más.

En la imagen, Camus.

 

LA DESAPARICIÓN DE LAS LENGUAS

 

 

Escribe Roy F. Baumeister:

 “La mayoría de siete mil lenguas del mundo habrán dejado de hablarse a finales de este siglo. ¿Y qué? ¿Hay que quejarse, resistir, o decir ‘¡Qué bien!’? Este post ha sido estimulado por un artículo de la revista The Economist sobre la extinción de las lenguas. Señala que 200 idiomas africanos han muerto recientemente y otros 300 están en peligro. En el sudeste de Asia, otros 145 están a punto de desaparecer. Y así sucesivamente.

Cualquier pérdida puede parecer amenazadora, y por eso la reacción automática a las advertencias acerca de los idiomas es el impulso de conservarlos. El artículo de The Economist publicó un editorial, por ejemplo, que decía que la aceleración en la tasa de extinción de lenguas es ‘alarmante’.

Pero ¿de qué hay que alarmarse? La desaparición de una lengua no es como, digamos, un fracaso de una cosecha local, que augura la inanición. En otras palabras, si alguna lengua poco conocida deja de hablarse, no es como si millones o incluso decenas de personas se vuelvan incapaces de hablar. Lo único que significa es que la gente que ha hablado esa lengua hablará una lengua distinta.

Me resulta fácil comprender la alarma acerca de los excesos de la pesca y la extinción de especies de peces. La desaparición de las variedades de peces está vinculada a la desaparición de los peces, y punto. Se nos habla del peligro real de que las generaciones futuras no puedan encontrar, ver, disfrutar, o comer pescado.
Pero no hay peligro de que vayamos a terminar con cero idiomas.

Voy a hacer de abogado del diablo. Tal vez deberíamos celebrar la desaparición de las lenguas poco conocida. ¿No sería algo considerablemente positivo que todo el mundo hablara el mismo idioma? Imagínese lo fácil que sería comunicarse con los demás.

No soy el único que ve la diversidad lingüística como algo más problemático que beneficioso. Un precedente ilustre de este punto de vista es la Biblia, que describe la aparición de varios idiomas como un castigo de Dios contra sus criaturas. En ese mito, la vida era mejor para todos cuando todos hablaban el mismo idioma. La creación de la diversidad lingüística era una maldición y castigo que se nos imponía, para que no pudiéramos entendernos.

Para los estadounidenses, apreciar el valor de un lenguaje universal puede resultar especialmente difícil, porque, gracias a una enorme variedad de golpes de suerte, gran parte del mundo ahora habla inglés. Los estadounidenses pueden viajar casi a cualquier lugar sin pasar seis meses aprendiendo el idioma local. Se puede confiar en que cuando lleguen allí serán capaces de comunicarse, porque siempre habrá alguien que hable inglés. Pero esto es un poco grosero por nuestra parte. En efecto, esperamos que el resto del mundo aprenda nuestro idioma para no aprender el suyo. Conseguimos los beneficios de un idioma mundial por tener la suerte de haber nacido en el país cuyo idioma materno es un idioma mundial. Sería considerado querer que los beneficios se extendieran al resto del mundo.

Permítanme un comentario sobre el artículo de The Economist, porque creo que es bastante típico de cómo los medios de comunicación y el mundo académico han tratado el tema. Parece suponer que la desaparición de las lenguas es algo malo, aunque no presenta con detalle el daño real que produce. De hecho, y esto aumenta el crédito de la revista, el artículo reconoce que ‘un montón de idiomas -entre ellos, el acadio, el etrusco, el tangut y el chibchas- han seguido el camino del dodó, sin causar muchos problemas a la posteridad’. Pero luego continúa el tono alarmista.

Hacia el final, el artículo dice que hay aparentemente ‘sólidos argumentos’ a favor de la diversidad lingüística. Como ejemplos, hay tres. Si estos son los argumentos fuertes, yo no sé cuáles serían los débiles.

Primer argumento: la afirmación de que los niños políglotas obtienen mejores resultados que los monolingües. ¿Merece la pena gastar miles de millones de millones de dólares en un esfuerzo inútil para mantener vivas lenguas casi desconocidas? Incluso si los datos son correctos en los niños -y me imagino que en ellos puede causar errores que se estudien niños más listos o con padres más sofisticados-, el mundo sólo necesita dos o tres idiomas, y no siete mil. De hecho, puedo imaginar un futuro con dos o tres idiomas en el mundo, como por ejemplo el inglés y el chino (mandarín), y todos los niños aprenderían ambos. Por lo tanto todo el mundo hablaría más de una lengua. Deshacerse de las otras lenguas sólo facilitaría este proceso.

Segundo argumento: rechaza el argumento de que una lengua común ayuda a evitar la guerra, citando ejemplos de Ruanda, Bosnia y Vietnam. Citar contraejemplos no es un sustituto para las estadísticas. ¿Se han librado más guerras entre los grupos que comparten una lengua que entre los grupos de diferentes idiomas? Además, incluso si el lenguaje es irrelevante para la guerra, ¿y qué? Ese no es el argumento para tener un idioma común.

El tercer argumento es aún más absurdo. El artículo señala que hace poco se descubrió que una tortuga australiana tiene dos variedades, y que en una lengua local había dos palabras diferentes para los dos tipos. No veo la forma en que eso es pertinente para nada. Es bastante fácil hacer una palabra nueva para el nuevo tipo de tortuga, no se necesita una lengua aparte. El argumento que vincula la preservación de las lenguas a la ‘protección de especies en peligro de extinción’ es totalmente ilógico.

El propósito del lenguaje es la comunicación. La comunicación requiere la comprensión mutua. Una lengua sólo funciona si el hablante y el oyente la entienden. Esa condición compartida es la esencia del lenguaje. Cuantas más personas comparten un idioma, más eficaz es. Por lo tanto un lenguaje mundial único facilita la comunicación.

Hay quienes se interesan por el idioma, y yo soy uno de ellos. Poner esa preocupación en práctica mediante la preservación de las lenguas muertas a través de un soporte vital tecnológicamente implementado es de dudoso valor. En cambio, debemos trabajar para conservar la eficacia comunicativa del lenguaje. Esto significa respetar la gramática, la sintaxis, el estilo de escritura y otros sellos distintivos de un lenguaje fuerte y útil, que contribuyen a la claridad y la precisión de la comunicación”.

He tomado el mapa de las lenguas en peligro aquí.

 

AVIONES Y TERROR

Escribe Christopher Hitchens:

“Estamos llegando a un momento en el que las noticias dobles se escriben prácticamente solas. Nada más ser detenido el musulmán fanático y homicida resulta que él (no pasará mucho tiempo antes de que también sea ella) era conocido por las autoridades desde hacía mucho tiempo. Pero de alguna manera la lista de vigilancia, los avisos, los muchos informes de sus colegas y familiares preocupados, la aparición de su nombre en un ‘depósito central de información’ no impiden que el sospechoso embarque en un avión, cambie de vuelo, o meta en un avión lo que le apetezca. Esta es una tradición que se remonta a varios de los asesinos que secuestraron los aviones civiles el 11 de septiembre de 2001, tras haber llamado la atención, ya sea por a) estar en listas de vigilancia o b) un comportamiento extraño en escuelas de vuelo del corazón de Estados Unidos. Ni siquiera se molestaron en cambiar de nombres.

Así que ahora es más o menos rutina para los culpables. (No uso la presunción de inocencia sobre Omar Faruk Abdulmutallab.) Pero parpadea en la página y al instante podrás ver un imperativo diferente para los inocentes. ‘Se añaden nuevas restricciones para los viajeros,’ dice el titular inevitable justo debajo del informe sobre la notoriedad de Abdulmutallab, cuyo padre había se había sentido lo suficientemente alarmado como para informar de su hijo a la Embajada de EE.UU. en Abuja, Nigeria, hace algún tiempo. (Por cierto, aventuro una predicción segura: nadie en la embajada o en cualquier otro lugar en nuestro sistema de seguridad nacional perderá su puesto de trabajo como consecuencia de este reciente y vergonzoso episodio.)

Cuando era niño, había señales en los autobuses ingleses que decían: ‘No escupir’. En mi más tierna edad podía deducir que la mayoría de las personas no necesitan que se les diga esto, mientras que los que sienten el deseo de expectorar en el transporte público requieren algo más que una señal para desanimarlos. Pero estaría perdiendo mi tiempo al señalar esto a nuestros protectores majestuosos e insomnes, que ahora proponen con valentía evitar que los pasajeros de avión abandonen sus asientos durante la última hora de cualquier vuelo. Abdulmutallab hizo su apuesta en la última hora de su vuelo, después de todo. Sí, eso servirá. También es increíblemente, mejor dicho, casi diabólicamente inteligente por parte de nuestros tutores que se sepa cuál será el límite de tiempo preciso. Ah, y por cierto, cualquier pasajero lo bastante corajinoso o resuelto como para levantarse y luchar también habrá violado la feliz nueva ley.

Durante algunos años después del 11-S, a los pasajeros se les prohibió levantarse y usar el baño en el puente aéreo entre Washington y Nueva York. ¡Tolerancia cero! Supongo que con el tiempo se le ha ocurrido a alguien que esta prohibición no detendría a una persona dispuesta a morir, por lo que se suprimió la regla. Pero ahora el principio ha sido revisado para vuelos internacionales. Durante muchos años después de la explosión del avión de la TWA en Long Island (un desastre que más tarde se descubrió que no tuvo nada que ver con el nihilismo religioso internacional), no podías subir a un avión sin te preguntaran si había preparado sus propias bolsas y si las habías tenido bajo tu control en todo momento. Estas dos preguntas harían que un posible secuestrador o terrorista respondiera, honesta y lógicamente, ‘sí’. ¡Pero responder ‘sí’ a ambas era una condición para subir al  avión! Con el tiempo, ese pedazo heroico se borró. [No en todas partes: a mí me han hecho las preguntas decenas de veces.] Pero ahora las dulces idioteces se acumulan. Nada en tu regazo durante la aproximación final. ¿Te sientes más seguro? Si fueras un asesino suicida, ¿te sentirías frustrado o disuadido?

¿Por qué no somos capaces de detectar o derrotar a los culpables, y por qué se nos da tan bien el castigo colectivo de los inocentes? La respuesta a la primera pregunta es: porque no podemos, o no lo haremos. La respuesta a la segunda pregunta es: porque podemos. El fallo aquí no es sólo de nuestros infinitamente incompetentes servicios de seguridad, que le dan el beneficio de la duda a personas que deberían haber sido detenidas hace mucho tiempo, o al menos tener sus visados y derechos de viaje revocados. También es de una opinión pública que tímidamente bala que deben hacer ‘que se sienta segura’. La demanda para satisfacer esa triste ilusión puede ser atendida con relativa facilidad pagas al número suficiente de personas para que rodeen y miren la pasta de dientes de los ciudadanos. Mi impresión como viajero frecuente es que los estadounidenses inteligentes no protestan contra esta inanidad por si al final son ellos los que atraen la atención, y los que terminan en una lista de prohibición de vuelos. Perfecto.

Se informó el fin de semana que, tras el fiasco de Detroit, no se tomó ninguna decisión oficial para aumentar el denominado ‘nivel de amenaza’ de naranja. ¡Naranja! ¿Es posible que fuera porque sería ridículo y asustadizo cambiarlo a rojo y realmente, realmente absurdo bajarlo a amarillo? ¿Pero no es igualmente descabellado (y revelador), inmediatamente después de un conocido extremista musulmán franquee bailando de cada frágil barrera, dejarlo en el nivel del día anterior?

Lo que nadie piensa, desde los puestos de autoridad, es que seamos tan maduros como para que nos cuenten lo siguiente: es mejor que os acostumbréis a ser los civiles que están bajo un asalto implacable y planificado de los partidarios conjurados de una ideología teocrática malvada. Estas personas se matan para atacar hoteles, bodas, autobuses, metro, cines y trenes. Consideran a los judíos, los cristianos, los hinduístas, las mujeres, los homosexuales y los musulmanes disidentes (por dar sólo algunos ejemplos) las víctimas de una masacre ordenada por mandato divino. Nuestra aviación civil es sólo el símbolo más psicológicamente aterrador de un gran número de objetivos potenciales. Los asesinos futuros en general no vendrán de los campamentos de refugiados o de barrios pobres (aunque se les adoctrina cada día en nuestras prisiones), sino que vendrán con frecuencia de medios educados, y a menudo no vendrán del extranjero. Ya están en nuestros barrios residenciales y en nuestras fuerzas armadas. Podemos esperar bajas. La batalla continuará durante el resto de nuestras vidas. Los que planean nuestra destrucción saben lo que quieren, y están dispuestos a matar y morir por ello. Los que no entienden esto prefieren quejarse de la ‘guerra sin fin,’ accidentalmente diciendo la verdad sobre algo de lo que el atentado frustrado de Navidad en Michigan fue sólo un anticipo. Mientras nosotros manejamos torpemente el eufemismo y la burocracia, ellos vuelan libremente”.

He tomado la imagen aquí.

 

PENUMBRA

1.

China condena al disidente Liu Xiaobo a 11 años de prisión.

2.

Barry Gewen escribe sobre In Search of My Homeland, de Er Tai Gao. Es el testimonio de un superviviente de los campos del régimen de Mao:

“Cuando era un ingenuo profesor de de bellas artes en la ciudad de Lanzhou, en el norte de China central, el Sr. Gao cometió el error de escribir un ensayo titulado ‘Sobre la belleza’. La pieza se incluye en este libro y, al leerla, uno se asombra de que se publicara en un estado totalitario comunista. Es un ataque a la estética materialista y un argumento a favor de la centralidad de la subjetividad -es decir, la libertad- en la creación artística.

Sin embargo, en 1957, cuando Gao tenía 21 años, pasaba por un periodo de deshielo ideológico, y su meditación apareció en una revista de Pekín. Atrajo una gran atención y numerosos comentarios. El deshielo, sin embargo, terminó pronto. Gao fue calificado de ‘derechista’ y enviado a un campo de reeducación, Jiabiangou Farm, en el desierto de Gobi. ‘Un momento de fama’, escribe, ‘se convirtió en 20 años de desgracia.’

Los prisioneros de la granja fueron sometidos a trabajos de excavación y drenaje de las zanjas. Se trataba esencialmente de un trabajo absurdo, y cuando Gao regresó al campamento, muchos años después, vio que el implacable desierto había recobrado la tierra. El trabajo se prolongó durante todo el día, todos los días, a pesar del calor, el frío, las tormentas de polvo, la diarrea, los piojos, la tortura, el hambre.

Además de estas privaciones físicas había tormentos psicológicos. El día no terminaba cuando el sol se ponía. Por la tarde los presos tenían que asistir a reuniones en las que confesaban sus errores e informaban sobre los demás. Para mostrar la eficacia de su reeducación, debían sonreír todo el tiempo, lo que exigía concentración y esfuerzo sostenido. ‘Debido a que la sonrisa señalaba este esfuerzo agotador,’ dice el Sr. Gao, ‘a veces también se parecía a llorar.’

La crueldad de este régimen buscaba producir un intenso aislamiento personal y una especie de nulidad mental; el ‘cero absoluto’, como dice Gao. ‘Pasaban incontables días, y todos los días juntos parecía el mismo día.’

‘Nadie te puede ayudar... todo depende de ti’, un antiguo prisionero le dice a Gao. ‘Recuerda, no es sólo una cuestión de seguir con vida, es una cuestión de encontrar un propósito para seguir con vida.’ Ese hombre, que había sido historiador antes de ser enviado para su reeducación, encontró su propósito en la recopilación de documentos en el campamento como material para los estudiosos del futuro.

Otro, un ex oficial del ejército que había estado en la Larga Marcha de Mao, era puntilloso respecto a su apariencia, y sentía un especial orgullo por su uniforme militar. Un tercero se transformó en un caballo de batalla. Iba el primero por la mañana y era el primero en volver a las zanjas después de un período de descanso. Naturalmente, era odiado por los otros hombres, pero, aparte de eso, quizá la suya no fuera la mejor estrategia de supervivencia: un día simplemente cayó muerto por exceso de trabajo.

La estrategia de Gao fue escribir, producir caracteres minúsculos en cualquier trozo de papel que pudo encontrar. ‘Mientras escribía’, dice, ‘estaba vivo.’ Fue una empresa peligrosa, potencialmente mortal, pero se las arregló para ocultar su precioso y peligroso manojo de pensamientos en cada lugar donde lo mandaron. El resultado es este libro. Sus antecedentes explican por qué ‘In Search of My Hometown’ es tan fragmentario, repetitivo e inconexo, y aunque puede parecer mezquino para quejarse, una cuidadosa edición y material suplementario podrían haber producido una obra más coherente y redonda.

Cuando sus condiciones de vida mejoraron, Gao se casó y tuvo una hija. Su esposa y su hija se mencionan sólo de pasada, a pesar de que su esposa murió después de ser enviado a un campo de trabajo.

En 1959, Gao fue trasladado a Lanzhou a trabajar en unas pinturas públicas, luego a un segundo campamento, hasta su liberación en 1962. Sin dinero, encontró trabajo como investigador en las Cuevas de Mogao, un sitio de templos antiguos con restos que datan del siglo IV. Pero, a mediados de los años 60, con la Revolución Cultural, fue denunciado de nuevo, relegado a un trabajo físico, humillado, encarcelado y golpeado. A su patrón y supervisor de las cuevas le fue peor: las palizas lo dejaron sin dientes y con la columna en tan malas condiciones que no podía andar.

Gao salió de la cueva en 1972, pero su vida desde entonces sólo está esbozada. Fue oficialmente rehabilitado a finales de los años 70 y enseñó filosofía en la Universidad de Lanzhou, en los años 80. En la última página de las memorias nos enteramos de que huyó de China a Los Ángeles en 1993.

Es tentador tratar de leer la historia del señor Gao con optimismo, como una lección sobre la fuerza y la resistencia del espíritu humano, con este libro como el final feliz. El editor, por ejemplo, considera que la prueba de ‘la fuerza de la esperanza’. Algo similar se dice a menudo acerca de los supervivientes del Holocausto (como si los millones que no sobrevivieron fueran de algún modo menos capaces).

El Sr. Gao es menos sentimental, entiende que sus decisiones tuvieron poco que ver con su supervivencia. Si no hubiera sido un pintor en un momento en que el gobierno necesitaba pintores, probablemente habría muerto en Jiabiangou como la mayoría de los prisioneros. En muchos pasos del camino tuvo la buena fortuna de encontrar mentores que le enseñó, los clientes que lo protegían. No escuchamos tantas historias de aquellas personas que no encontraron patrocinadores, porque no están aquí para contarlo..

Como dice el Gao, ‘Que viviera o muriese era caprichosa.’ La verdad dura e ineludible es que en Jiabiangou -al igual que en Auschwitz y en Kolyma- no importa lo que hicieras, no importa cuál fuera su estrategia, la supervivencia dependía básicamente de la suerte estúpida y ciega”.

3.

En su reseña de La vida antes de marzo, Ricardo Senabre parecía abrazar la teoría de la conspiración sobre el 11-M:

También, por qué no decirlo, en la adhesión implícita del autor a la que podríamos llamar ‘historia oficial’ del atentado, que, como es sabido, resulta hoy un tanto brumosa -no sabemos si las dudas se habrán disipado en 2024, fecha de la historia narrada-y mantiene todavía en el aire multitud de signos de interrogación y que tal vez aconsejaban en este caso dejar algunos datos más en penumbra.

4.

Los autores más vendidos de la década en Reino Unido.

En la imagen, Liu Xiaobo.

 

ORWELL ESCRIBE SOBRE SÍ MISMO

ORWELL ESCRIBE SOBRE SÍ MISMO

 

El 17 de abril de 1940, George Orwell escribió una nota autobiográfica para Twentieth Century Authors:

“Nací en 1903 en Motihari, Bengala, el segundo hijo de una familia anglo-india. Estudié en Eton, 1917-21, y tuve la suerte de obtener una beca, pero no trabajé y aprendí muy poco, y no tengo la sensación de que Eton haya sido una gran influencia formativa en mi vida.

Entre 1922 y 1927 serví con la Policía Imperial India en Birmania. Lo dejé en parte porque el clima me había arruinado la salud, y en parte porque ya tenía algunas ideas vagas sobre los libros, pero sobre todo porque no podía seguir sirviendo a un imperialismo al que había empezado a considerar un chanchullo. Cuando volví a Europa viví sobre un año y medio en París, escribiendo novelas y cuentos que nadie publicaba. Cuando se me acabó el dinero pasé varios años de una pobreza bastante severa durante los que fui, entre otras cosas, lavaplatos, instructor privado y profesor en escuelas privadas baratas. Durante un año o más fui auxiliar a tiempo parcial en una librería de Londres, un trabajo que era en sí interesante pero tenía la desventaja de obligarme a vivir en Londres, que detesto. En torno a 1935 podía vivir de lo que ganaba escribiendo, y al final de ese año me fui al campo y monté un pequeño ultramarino. Casi no era rentable pero me enseñó cosas sobre el comercio que serían útiles si alguna vez volviera a probar suerte en esa dirección. Me casé en el verano de 1936. Al final de ese año fui a España para participar en la Guerra Civil, mi mujer me siguió más tarde. Estuve cuatro meses en el frente de Aragón con la milicia de POUM y resulté bastante malherido, pero afortunadamente no tengo secuelas graves. Desde entonces, salvo pasar un invierno en Marruecos, no puedo decir honestamente que he hecho otra cosa que escribir libros y cuidar de gallinas y hortalizas.

Lo que vi en España, y lo que he visto desde entonces acerca del funcionamiento interno de los partidos políticos de izquierda, me ha provocado un horror por la política. Durante un tiempo fui miembro del Partido Laborista Independiente, pero lo dejé al principio de la actual guerra porque consideraba que decían tonterías y proponían una línea política que sólo le facilitaría las cosas a Hitler. Mis sentimientos son definitivamente de ‘izquierda’, pero creo que un escritor sólo puede ser honesto si conserva su libertad con respecto a las etiquetas de los partidos.

Los escritores que más me importan y nunca me cansan son Shakespeare, Swift, Fielding, Dickens, Charles Reade, Samuel Butler, Zola, Flaubert y, entre los escritores modernos, James Joyce, T. S. Eliot y D. H. Lawrence. Pero creo que el escritor moderno que más me ha influido es Somerset Maugham, a quien admiro inmensamente por su capacidad de contar una historia francamente y sin florituras. Aparte de mi trabajo lo que más me preocupa es la jardinería, especialmente de hortalizas. Me gustan la cocina inglesa y la cerveza inglesa, los vinos tintos franceses, los vinos blancos españoles, el té indio, el tabaco fuerte, los fuegos de carbón, las velas y las sillas cómodas. No me gustan las ciudades grandes, el ruido, los coches, la radio, la comida enlatada, la calefacción central y el mobiliario ‘moderno’. Los gustos de mi mujer encajan con los míos casi perfectamente. Mi salud es mala, pero nunca me ha impedido hacer nada que quisiera hacer, salvo, hasta ahora, luchar en esta guerra. Quizá debería mencionar que aunque la información que he dado aquí sobre mí mismo es verdadera, George Orwell no es mi verdadero nombre.

En este momento no estoy escribiendo una novela, sobre todo debido a trastornos causados por la guerra. Pero planeo una novela larga en tres partes, que se llamará The Lion and the Unicorn o The Quick and the Dead, y espero producir la primera parte en algún momento de 1941.

Publicaciones: Sin blanca en París y Londres (1933). Días de Birmania (publicado en Estados Unidos antes de ser publicado en una versión algo censurada en Inglaterra, 1934). La hija del clérigo (1935). Que no vuele la aspidistra (1936). El camino a Wigan Pier (1937). Homenaje a Cataluña (1938). Subir a por aire (1939). Dentro de la ballena (1940)".

En la imagen, Orwell.