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Daniel Gascón

STALIN, PUTIN Y LA HISTORIA

STALIN, PUTIN Y LA HISTORIA

 

Orlando Figes escribe sobre Inside the Stalin Archives: Discovering the New Russia de Jonathan Brent:

“La rehabilitación de Stalin es el elemento más perturbador de la retórica histórica de Putin, y la más poderosa, porque apela a un fuerte anhelo ruso de un “líder fuerte”. Según un informe de 2004, el 42% de los rusos, y el 60% de los que superan los 60 años de edad, quería el regreso de un ‘líder como Stalin’. El régimen de Putin no ha negado los crímenes de Stalin (en varios discursos ha reconocido las víctimas del Gran Terror de 1937 y 1938), pero ha dicho que es necesario colocar frente a ellos los logros de Stalin como el constructor del ‘glorioso pasado soviético’ del país. Forma parte del esfuerzo del país para imponer su narrativa ‘patriótica’ de la historia soviética sobre la conciencia histórica del país y marginalizar la memoria colectiva de la represión estalinistas, quizá para que la gente no cuestione el regreso de un gobierno autoritario.

En un congreso nacional de profesores de instituto que se celebró en junio de 2007 en Moscú, Putin se quejó del ‘desorden y confusión’ que percibía en la enseñanza de la historia soviética y pidió que se introdujeran ‘estándares comunes’ en las escuelas rusas. Entonces se produjo el siguiente debate:

Un participante: En 1990-1991 nos desarmamos ideológicamente. Adoptamos una ideología muy incierta y abstracta de valores humanos… Como si hubiéramos vuelto a la escuela, o a la guardería. Nos decían [desde Occidente]: habéis rechazado el comunismo y estáis construyendo la democracia, y ya juzgaremos cómo y cuándo lo habéis hecho.

Putin: Su observación sobre alguien que asume la postura del profesor y empieza a aleccionarnos es por supuesto absolutamente correcta. Pero me gustaría añadir que esto, indudablemente, también es un instrumento para influir en nuestro país. Es un trujo viejo y probado. Si alguien de fuera se prepara para evaluarnos, significa que se arroga el derecho a controlarnos y quiere seguir haciéndolo.

Participante: En los dos últimos decenios, nuestros jóvenes han sido sujetos a un torrente de la información más diversa sobre nuestro pasado histórico. Esta información [contiene] diferentes estrategias conceptuales, interpretaciones, o juicios de valor, e incluso cronologías. En esas circunstancias, es probable que el maestro…

Putin (interrumpiendo): Oh, escribirá, de acuerdo. Mire, muchos libros de texto están escritos por personas que cobran becas del extranjero. Y naturalmente bailan la polka que les mandan los que les pagan. ¿Comprende? Y desgraciadamente [esos libros] se abren camino a las escuelas y las universidades.

En su último discurso a los profesores de historia, Putin dijo:

Y en lo que respecta algunas páginas problemáticas de nuestra historia: sí, las hemos tenido. ¿Pero qué estado no lo ha hecho? Y hemos tenido menos páginas así que otros [estados]. Y las nuestras no han sido tan terribles como las de los demás. Sí, hemos tenido páginas terribles: recordemos los acontecimientos que empezaron en 1937, no los olvidemos. Pero otros países han tenido otras no menores, o mayores. En cualquier caso, nosotros no lanzamos armas químicas contra nuestro pueblo, ni tiramos en un país pequeño siete veces más bombas que durante toda la Segunda Guerra Mundial, como ocurrió en Vietnam, por ejemplo. Ni tuvimos otras páginas negras, como el nazismo, por ejemplo. En la historia de un estado suceden todo tipo de cosas. Y no podemos permitirnos estar cargados de culpa.

Cuatro días después del congreso, la Duma introdujo una nueva ley, rápidamente aprobada, que permitía al ministerio de Educación decidir qué libros de texto deberían ser publicados y cuáles usados en las escuelas rusas.

El libro de historia que prefirió el gobierno fue muy promocionado por los funcionarios que asistieron al congreso. Más tarde se supo que La Historia de la Rusia Moderna, 1945-2006: Cuaderno del profesor era un encargo directo de la administración presidencial, que había establecido las líneas siguientes, que debían respetar los autores de los libros de texto a la hora de evaluar a los líderes del periodo.

Stalin –bueno (fortaleció el poder vertical pero no había propiedad privada); Jrushchov –malo (debilitó el poder vertical); Brézhnev –bueno (por las mismas razones que Stalin); Gorbachov y Stalin –malos (destruyeron el país, pero con Yeltsin había propiedad privada); Putin –el mejor dirigente (fortaleció el poder vertical y la propiedd privada).

El principal autor del libro de texto es Alexander Filipov, el subdirector de un think-tank de asuntos exteriores estrechamente vinculado con la administración de Putin. Pero el capítulo “Democracia Soberana” era obra de Pavel Danilin, el propagandista de 31 años de Kremlin y editor jefe de www.kremlin.org, un hombre sin una licenciatura de historia o experiencia docente de ningún tipo. Dalin dijo en una entrevista:

Nuestro objetivo es hacer el primer libro de texto en el que la historia de Rusia no parezca una deprimente serie de errores y desgracias sino algo que produzca orgullo. Es precisamente así como deben enseñar historia los profesores, en lugar de manchar la Madre Patria de barro.

Danilin advirtió en su blog (donde usa el seudónimo de Leteha) a los profesores que no estuvieran contentos con la imposición de este mensaje positivo:

Podéis echar bilis pero enseñaréis a los niños con esos libros que se os entregará y de la manera que Rusia lo necesita…. Es imposible dejar que algún rusófobo de mierda (govniuk), o cualquier persona amoral, enseñe historia rusa. Es necesario limpiar la basura, y si no funciona, limpiarla a la fuerza".

 

BAÑOS

BAÑOS

 

Katherine Ashenburg, autora de Clean. An Unsanitised History of Washing, selecciona algunos momentos fundamentales en su historia de la higiene en Occidente. En una reseña, John Carey añadía algunos detalles:

1700 A. C. La bañera más antigua que se conoce, encontrada en el palacio de Cnosos en Creta, está hecha de terracota pintada.

500 A. C. Los griegos tienen baños con bañeras y duchas primitivas; en casa, se bañan en lavabos con pedestal.

100 D. C. El gran momento de los grandes baños imperiales. Los romanos han transformado el baño diario, que incluye agua fría, tibia y caliente, en un interludio elaborado y altamente social.

El cristianismo reaccionó a los baños: Santa Agnes no se lavó en absoluto en toda su (breve) vida; San Godric caminó de Inglaterra a Jerusalén sin lavarse o cambiarse la ropa. Jesús les había puesto un ejemplo: asombró a los fariseos al no lavarse las manos antes de comer y violó las leyes de la pureza al tocar un cadáver y un leproso.

537. Los godos inutilizan los acueductos romanos, y los baños interiales nunca se recuperan. Los baños y el baño duran más en la parte oriental del imperio bizantino, donde el baño romano se transforma en el hamam, o baño turco.

1000. Los cruzados vuelven del este con la noticia de una costumbre maravillosa: el baño turco. Se edifican baños por toda Europa –segregados por sexos en Inglaterra, pero mezclados en Suiza o Alemania- y florecen hasta

1347. La Peste Negra invade Europa, donde mata a un tercio de la población en cuatro años. Los médicos advierten que abrir los poros en agua caliente permite que la peste entre en el cuerpo. Los baños se cierran y la gente evita el agua tanto como puede durante siglos. Éste es el periodo más sucio de europa, cuando el consejo tradicional es "Saepe manus, raro pedes, nunquam caput" ("Las manos con frecuencia, los pies poco, la cabeza nunca”). Y en lo que respecta a cuerpo: ni se te ocurra.

El rey Luis XIII de Francia decía: “Me parezco a mi padre. Huelo a sobaco”. Luego se pensaba que era mejor cambiarse de ropa que lavarse: Luis XIV se cambiaba tres veces al día (aunque Boswell habla del marqués de Argens, que conservó puesta la misma ropa interior durante cuatro años: cuando el rey le convenció de que se cambiará, se le caía la piel a tiras). El Islam recomendaba la limpieza y en el siglo XVII los viajeros hablaban de gentes que en Oriente se lavaba los genitales varias veces al día. En España, la Inquisición escribía, como prueba de la acusación: “Se sabe que se baña”.

1762. Se publica Emilio de Rousseau, que celebra el agua fría y la limpieza. El movimiento romántico glorifica la naturaleza, y la inmersión en el agua vuelve gradualmente. Aunque no es del gusto de todos: de regreso de una campaña, Napoleón le escribe a Josefina: “Llego a París mañana por la noche. No te laves”. John Wesley, fundador del metodismo, aseguraba que los baños fríos curaban la ceguera, la lepra y el “cólera histérico”.

1829. El Hotel Tremont de Boston instala en el sótano ocho “cuartos de baño donde los huéspedes pueden bañarse por completo”. La innovación cambia para siempre el mundo de los hoteles.

1837. La reina Victoria sube al trono, pero no tiene cuarto de baño en el Palacio de Buckingham. Usa parte de su asignación para ropas en llevar unas tuberías que transportan agua caliente hasta su habitación, donde tiene una bañera portátil. Charles Dickens se da una ducha fría cada mañana; Thackeray llama a las clases bajas: “la masa sin lavar”.

1842. Los baños de Frederick Street se abren en Liverpool: es el primer baño público británico, está en un baño pobre; será un prototipo para Gran Bretaña y el continente.

1865. El éxito de la Comisión Sanitaria en la Guerra de Secesión convence a los estadounidenses de que la limpieza es progresista, democrática y quintaesencialmente americana.

1878. Procter & Gamble, en Cincinnati, lanza Ivory, uno de los primeros jabones de baño baratos. El jabón y el reciente negocio de la publicidad crecen juntos y se refuerzan el uno al otro. A finales del siglo XIX, el jabón y las patentes de medicamentos se han convertido en los mayores clientes de la publicidad.

1998. En seis años, en Estados Unidos se lanzan 700 nuevos productos antibacteria.

2009. Casi cada casa nueva americana tiene tres o más cuartos de baño. El tamaño medio del cuarto de baño en Estados Unidos se triplica entre 1994 y 2004. Los defensores de la “Hipótesis de la Higiene” asegura que el aumento de alergias, asma y otras enfermedades se debe al exceso de limpieza de Occidente.

He tomado la imagen del cuadro de Degas aquí.

 

LA RELIGIÓN CONTRA EL INDIVIDUO

LA RELIGIÓN CONTRA EL INDIVIDUO

 

1.

Un editorial de The Economist sobre la delirante y peligrosa resolución del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que señala que difamar la religión supone un atentado contra la dignidad humana.

“Hay una insidiosa confusión de categorías aquí, que resulta clara cuando comparas esta resolución con el lenguaje más riguroso de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada en 1948 con un espíritu de repulsión ante el fascismo. Ésta afirma el derecho de los seres humanos, actualmente afianzado por la teoría y (la mayor parte) de la práctica de las democracias liberales. Mantiene el derecho de la gente a vivir libre de la persecución y el arresto arbitrario; a tener cualquier fe o ninguna; a cambiar de religión; y a disfrutar de la libertad de expresión, que según cualquier definición justa incluye el derecho a estar de acuerdo o en desacuerdo con los principios de cualquier religión.

En otras palabras, protege a los individuos: no a las religiones ni a ninguna otra colección de creencias. Y ésta es una distinción vital. Porque no es posible sistemáticamente proteger a las religiones o a sus seguidores de la ofensa sin infringir los derechos de los individuos.

¿Qué intentan poner fuera de la ley los borradores de la resolución del congreso? A juzgar por lo que ocurre en los países que presionaron a favor del voto –como Arabia Saudí, Egipto y Pakistán-, utilizan la palabra ‘difamación’ para designar algo cercano al delito de blasfemia, que se define como manifestar desacuerdo con la lectura oficial del islam. En muchos de los 56 países de la Organización de la Conferencia Islámica, que ha impulsado la prohibición de la “difamación”, tanto los no musulmanes como los musulmanes que manifiestan su desacuerdo (incluso en cuestiones técnicas de la interpretación del Corán) son frecuente sujetos a la persecución que la declaración de 1948 intentaba evitar. Ése es un verdadero problema de derechos humanos”.

 

2.

Nick Cohen añade:

“La revista cita de pasada que el ataque a la libertad de pensamiento fue liderado por ‘la poco sagrada Trinidad de Pakistán,  Belarús y Pakistán’. Yo habría pasado un poco más de tiempo en ese trío. Pakistán es un país musulmán, obviamente. Pero Belarús es una decaída reliquia Brezhneviana, ‘la última dictadura en Europa’. Venezuela está dirigida por un populista carismático que quiere ser presidente vitalicio. Ninguno de ellos es un país musulmán ni nada parecido. De hecho, la doctrina de los viejos comunistas de Belarús era un ateísmo militante, y Chávez dice que es socialista. Pero apoyan una ley contra la blasfemia universal impulsada por los países islámicos. Lo que vemos es una alianza de fuerzas antidemocráticas contra la democracia y el liberalismo. No importa que las medidas teocráticas contradigan todo lo que una vez creyeron los dirigentes de Venezuela y Belarús. Son antioccidentales y eso es bastante”.

3.

Una reseña de From Fatwa to Jihad, de Kenan Malik.

En la imagen, Miguel Servet.

PORTADAS, REVOLUCIONES Y ANIVERSARIOS

PORTADAS, REVOLUCIONES Y ANIVERSARIOS

1.

Aquí se puede ver la portada del nuevo libro de Coetzee, Summertime.

2.

Seis obras maestras accidentales.

3.

A Rugh Franklin no le ha gustado mucho Las benévolas:

“Una reseña no puede mostrar lo desagradable que es la experiencia de leer Las benévolas. Es uno de los libros más repugnantes que he leído nunca. Algunos pueden dejar de lado sus confusiones estéticas y filosóficas, y tomar su persuasiva evocación de la depravación como un logro. Pero si meterse en la piel de un asesino fuera suficiente para producir una obra maestra, Thomas Harris sería Tolstói. No, hay algo torcido en la incesante inmersión de este libro en la cosmovisión de Aue, sin ningún esfuerzo –directo o indirecto, latente o manifiesto, filosófico o artístico- por equilibrarla o contradecirla de algún modo”.

4.

Biancamaria Fontana escribe:

"Lucie Dillon, marquesa de la Tour du Pin, fue una mujer ordinaria que tuvo una vida extraordinaria. Nació en 1770 en un hôtel particulier de la rue du Bac, uno de los rincones exclusivos de la vida parisina, y cuando murió, en 1853, en la tranquila ciudad de Pisa, había visto a Francia vivir tres revoluciones, y había visto la alternancia de dos repúblicas, tres reyes y dos emperadores. Había visto a María Antonieta bailando en Versalles con un vestido azul salpicado de zafiros y diamantes, había intercambiado cotilleos con Tayllerand, bromas amables con Napoleón y recuerdos infantiles (una rama de su familia era anglo-irlandesa) con el duque de Wellington.

Había estado en el baile que la duquesa de Richmond ofreció antes de la Batalla de Waterloo, y había sido anfitriona en innumerables recepciones para la miembros de la realeza que visitaban mientras su posición en el trono era inestable. También había visto la furia de la masa y las destrucciones de la guerra; había cruzado el océano en un barco americano para escapar a la guillotina, y había llevado una granja en Albano, Nueva York, done hacía mantequilla y comerciaba con los iroqueses. Había vivido entre exiliados en Inglaterra, Holanda y Suiza; perdido, o vendido para sobrevivir, la mayor parte de sus poseseiones, para reemplazarlas con otra colección de vestidos de corte, plumas, joyas y ropa de equitación, mientras las fortunas subían y bajaban con el paso de los regímenes”.

Lo cuenta en su diario.

5.

Nelson Algren cumplió 100 años el 28 de marzo. Lo recuerda el hijo de unos amigos íntimos.

6.

Mark Sarvas, que mantiene el blog The Elegant Variation, elige 10 blogs literarios.

7.

Hitchens dice que Obama debería usar la palabra “genocidio” cuando habla del genocidio armenio, como antes de ser presidente.

8.

Elvira Lindo escribe sobre la semana santa.

En la imagen, Nelson Algren.

 

JOHN LE CARRÉ

JOHN LE CARRÉ

 

El País publicó este sábado una entrevista con John Le Carré. Por lo que cuenta el periodista Le Carré es un hombre agradable: pasó cinco horas con él, charlaron, fue simpático. Aunque desde luego yo no puedo compartir todos los calificativos. El periodista sale de casa de Le Carré “con la certidumbre de haber conocido a uno de los hombres del siglo, de éste y del pasado, con la extraña sensación de que a veces, sólo a veces, la palabra, la literatura, tienen la fuerza y la estatura moral que queremos concederles”.

El periodista compara a Le Carré con George Orwell y Albert Camus, que es compararlo con dos paradigmas del intelectual honesto y comprometido, de personas que se opusieron al totalitarismo y a la distorsión de la verdad en un siglo en el que demasiados intelectuales fueron cómplices de la barbarie, y que en defensa de sus ideas adoptaron posiciones a menudo impopulares. Orwell combatió el imperialismo, el fascismo y el comunismo. Combatió en Aragón durante la Guerra Civil española y estuvo a punto de ser asesinado por los estalinistas poco después. Se opuso a la política de apaciguamiento de Hitler –en la que participaron las democracias europeas; más tarde, la izquierda británica decía que la guerra no iba con ellos, porque Hitler había pactado con Stalin-, y criticó a la Unión Soviética cuando esa postura no era nada popular, porque era un país aliado.

Albert Camus es otro paradigma similar, de un hombre que luchó contra el nazismo y el comunismo, y que incluso cuando se equivocaba –como en el caso de la independencia de Argelia- intentaba hacerlo por las razones correctas, y defendía el derecho a hablar de los demás. Se pasó buena parte de su vida intentando explicar lo que quería decir, a menudo corrigiendo interpretaciones malintencionadas. Leer sus polémicas es hermoso porque se ve a un hombre inteligente que siempre respeta a la persona con la que discute, alguien que intenta comprender y también que lo entiendan. Estas palabras, por ejemplo, me parecen emocionantes y verdaderas: Camus propone como tarea de los intelectuales reconocer

que su vocación más profunda es defender hasta las últimas consecuencias el derecho de sus adversarios a tener otra opinión. Proclamarán, de acuerdo con su condición, que es mejor equivocarse sin matar a nadie y dejando hablar a los demás que tener razón en medio del silencio y los cadáveres.

 Comparar a Le Carré alguien con Orwell y Camus es como comparar a un ciclista con Eddie Merckx o a un futbolista con Maradona. Aunque, como dijo el propio Orwell, “todos los santos son culpables mientras no se demuestre lo contrario”. Y Le Carré no tiene la calidad literaria de Orwell ni Camus. Y, desde luego, no reúne condiciones para ser un referente moral como ellos.

El caso Rushdie

Dice Le Carré en la entrevista: “La consecuencia del caso Rushdie fue que podíamos acabar con toda la tolerancia hacia el islam”. El deslizamiento de John Le Carré es impresionante: al parecer, el caso Rushdie causó una tormenta cultural en la que Occidente podía agredir alegremente a los musulmanes. Sin embargo, Le Carré no da algunos detalles: por ejemplo, no dice en lo que consistió el caso Rushdie: un escritor publicó un libro y un dirigente de otro país lo condenó a muerte por ello. Y también de paso recomendaba matar a quienes hubieran tenido alguna relación con la fabricación del libro. Afortunadamente, el Reino Unido, que no estaba a favor de que se asesinara a la gente por publicar una novela, protegió a Rushdie, que tuvo que ocultarse; los fanáticos atacaron a traductores y editores del libro, y asesinaron a uno de ellos; también hubo muertos en protestas callejeras.

Muchos escritores salieron en defensa de Rushdie: Sontag, Hitchens, McEwan… Otros dudaron. Y otros dijeron que Rushdie se lo había buscado. No sé si es con la condena a muerte con lo que había que mostrarse tolerante, pero según Le Carré, oponerse a ella era declarar la guerra al islam, y te convertía en un héroe cultural. Sin embargo, al revisar las declaraciones de esos días, lo que parece que garantizaba ese estatus era exactamente lo contrario: culpar a la víctima, rebobinar la Ilustración y someter la libertad de expresión a las ideas religiosas más violentas, e infantilizar a todos los musulmanes: quienes criticaron a Rushdie no tuvieron en cuenta a los musulmanes que se opusieron a esta sentencia y a los millones de personas de esa confesión que sufren, de manera infinitamente más directa que la inmensa mayoría de occidentales, la tiranía del extremismo religioso. Esa postura vergonzosa fue la que adoptaron John Berger y John Le Carré, y a los dos les ha ido muy bien y se consideran referentes morales, o héroes culturales. Y, mientras tanto, publicar libros que puedan provocar la ira de los fundamentalistas se ha vuelto mucho más difícil.

"Tiempos más tranquilos"

Le Carré declaró: “"Una y otra vez, ha estado en manos de Rushdie la posibilidad de salvar la cara de sus editores y, con dignidad, retirar su libro hasta que lleguen tiempos más tranquilos. Me parece que no tiene nada que demostrar, salvo su falta de sensibilidad".

Dos detalles adicionales hacen su caso un poco más feo: Rushdie había publicado poco antes una reseña muy dura de La casa Rusia, una novela de Le Carré; años más tarde, cuando apareció El sastre de Panamá, algunos periódicos estadounidenses acusaron a Le Carré de antisemitismo. Le Carré lamentó la persecución que sufría, aunque siguió insistiendo en que Rushdie se lo había buscado. En esa ocasión, Le Carré reprochó a los defensores de Rushdie su “colonialismo”, porque según él el islam no estaba preparado para tolerar las críticas (lo que constituye un argumento colonialista de manual). Explicó que no debía salir la edición de bolsillo porque le preocupaba más la chica de Penguin a la que un paquete bomba podía volarle las manos que el dinero en derechos de autor que podía ganar Rushdie (un ejemplo de demagogia especialmente perverso; por cierto, los trabajadores dijeron que querían que el libro saliera), y que “no hay ninguna ley en la vida o la naturaleza que permita insultar impunemente una gran religión”.

Recientemente ha matizado un poco su posición: ha dicho que es posible que estuviera equivocado en el asunto de Los versos satánicos, pero “Me parecía poco razonable esperar que el Islam alcanzara de pronto el mismo estado de desarrollo que nuestras propias religiones”. Tampoco me parece muy satisfactorio: si le hubiéramos dejado y hubiésemos esperado su evolución, es posible que la Iglesia Católica siguiera empleando las estrategias pedagógicas de la Inquisición para reformar a los homosexuales, los ateos o los que tienen ideas equivocadas. Respecto a su moratoria de publicación hasta que lleguen “tiempos más tranquilos”, parece que tendríamos que seguir esperando un poco más. Y de nuevo parece que Le Carré considera que el auténtico islam es la interpretación más fundamentalista de la religión. ¿Los musulmanes que se opusieron a la fetua son menos musulmanes?

La religión

Aunque las ideas de Le Carré sobre la religión son en general bastante confusas:

Era muy fácil en esos tiempos ser un héroe cultural si te sumabas a la cruzada contra el islam, y usted lo sabe mejor que yo viviendo en un país católico, hasta qué punto Aznar tenía motivos religiosos. Y eso da mucho miedo: que Bush y Blair fuesen en el fondo tan cristianos, y no me refiero a la religión. Si vas a Dios para justificar tus acciones, eso no es fe...

Aznar era religioso. Si había razones religiosas para la invasión de Irak, yo no lo sé. Se hizo con pretextos falsos: las armas de destrucción masiva. También se dieron otras razones, pero me parece que la religión no estaba entre ellas. Y Bush, que era cristiano y empleó la palabra “cruzada” poco después del 11-S, también tenía buenas relaciones con algunos países musulmanes. Si Le Carré cree que la idea de que la democracia puede exportarse por las armas es religiosa, debería explicar cuándo emplea la religión como metáfora y cuándo literalmente (entiendo que cuando afirma que España es un país católico, sea lo que sea que significa eso, lo dice literalmente).

Luego dice que Bush y sus amigos no eran cristianos de verdad porque tenían que demostrar su fe: a lo mejor es una corrección, y quiere evitar insultar una gran religión, pero no estoy seguro. Lo que sí sé es que los que mataron a 191 personas en España tenían motivos religiosos. Que sus creencias fueran sinceras o no, que interpretasen mal el Corán, no me importa tanto, porque pienso que la vida humana está por encima de cualquier creencia religiosa.

Una línea falsa

Pero quizá lo más delirante, y malintencionado, sea la línea falsa que construye Le Carré, y que va desde la defensa de la libertad de expresión en el caso Rushdie a la guerra de Irak -que se produjo catorce años después-, la persecución a los musulmanes y el apoyo a Guantánamo o el recorte de los derechos civiles. La URSS durante la Guerra Fría y el terrorismo islámico en nuestros días son peligros prácticamente imaginarios, productos de una paranoia que nos inculcan los malvados dirigentes occidentales, las corporaciones, etc.: lo que realmente es peligroso son Los versos satánicos y quienes los defienden, porque ya sabemos a lo que conduce eso:

La experiencia de Rushdie y la declaración de una guerra cultural contra el islam ayudaron a esta polarización. Tras el 11-S no era seguro tener un tipo de piel en áreas urbanas y toda la retórica fácil sobre el islam ayudó a demonizar a esta gente.

De nuevo, Le Carré invierte el papel del agresor y la víctima en el caso Rushdie. Establece un vínculo que no existe. La fetua contra Rushdie se emitió en 1989. Jatamí la congeló en 1998. Los atentados del 11-S se produjeron en 2001.

Se pueden defender la libertad de expresión y los derechos humanos, y no estar a favor de la intervención armada; y al revés: pregúntale a Bush. Se puede, incluso, pensar que el islam tiene que encontrar su propia Ilustración, pero que las ideas religiosas no pueden decidir lo que se debe publicar en países democráticos. También se puede pensar que el terrorismo es un enemigo, y que hay que derrotar a los terroristas y a quienes los financian, por una parte, e impulsar de muchas maneras reformas liberales en los países donde la población vive oprimida bajo ideas totalitarias, por otra. Lo que es raro es lo que hace Le Carré: defender las libertades en unos casos y atacarlas en otros, según quién las amenace.

"Esas cosas ocurren"

En la versión de Le Carré, las actividades terroristas, que han asesinado a mucha más gente en los países del mundo islámico que en Occidente, no tienen mucha importancia:

Es verdad que padecimos el terrible 7-J y ustedes el todavía peor 11-M y que esas cosas ocurren.

 Arrincona los atentados del 11-S en un complemento circunstancial de tiempo (“tras el 11-S”, aunque reconoce: “hay unos cuantos miles de personas que forman Al Qaeda y hay una parte de la sociedad islámica que les apoya”). Tampoco habla de la hostilidad en ciertos países musulmanes hacia Occidente, del antisemitismo, de la expansión de las versiones más intolerantes del islam, que son cosas al menos tan evidentes como los problemas que tuvieron que afrontar los musulmanes en Occidente tras los atentados. Por cierto, en España no hubo altercados contra los musulmanes después del 11-M.

La tentación de la calumnia

La versión de Le Carré es una teoría de la conspiración. Hay gente que defendió a Rushdie y apoyó la invasión de Irak. Pero mucha más gente no lo hizo (muchos de los que condenaron la fetua eran progresistas, y la mayoría de los progresistas se opuso a la intervención ilegal) y también se manifestó en contra de la criminalización de los musulmanes: un ejemplo es Rushdie, que curiosamente no estaba a favor de que lo asesinaran y criticó la guerra de Irak y la política de Bush en general. Y que, además, siempre ha defendido que la circulación de las ideas, el amor a la libertad, la justicia social o importancia de la belleza, de la música o del arte, de la alegría y la libertad sexual, son elementos esenciales en la lucha contra el fundamentalismo.

Eso no significa estar de acuerdo con las vergonzosas prácticas de la desastrosa administración estadounidense anterior. Al contrario, uno de los peores aspectos de la guerra contra el terrorismo de Bush es que traicionó los principios de la legalidad, la libertad y el respeto a los derechos humanos que debía defender. A los gobiernos democráticos debemos exigirles que cumplan su palabra; al fundamentalismo religioso hay que impedirle que lo haga.

Oponerse a las ideologías que promueven la muerte y a las matanzas indiscriminadas de personas inocentes, enfrentarse a los castigos corporales, al asesinato por ideas políticas, al control del comportamiento sexual o a la exclusión de las mujeres en cualquier lugar es lo mínimo que yo le pediría a un supuesto referente moral. Para tomar en serio los juicios que un escritor emite sobre el mundo le pediría rigor intelectual, una aspiración a la objetividad por encima de las antipatías personales y la tentación de la calumnia, y la capacidad de distinguir entre víctimas y verdugos. En esta entrevista, no me parece que John Le Carré satisfaga ninguna de estas condiciones.

He tomado aquí la imagen de John Le Carré.

 

T. S. ELIOT RECHAZA A GEORGE ORWELL

T. S. ELIOT RECHAZA A GEORGE ORWELL

 

T. S. Eliot, ex director de Faber & Faber, rechazó publicar Rebelión en la granja. Le  mandó esta carta el 13 de julio de 1944.

“Estimado Orwell:

Sé que quería una decisión rápida sobre Rebelión en la granja, pero el mínimo son dos directores y eso no puede hacerse en menos de una semana. Pero, ante la importancia de la velocidad, debería haberle preguntado al Presidente que él también le echara un vistazo. Pero el otro director está de acuerdo conmigo en los aspectos principales. Estamos de acuerdo en que es una distinguida pieza literaria; que la fábula está manejada con mucha habilidad, y que la narración mantiene el interés en su propio plano –y eso es algo que han conseguido muy pocos autores desde Gulliver.

Por otra parte, no tenemos la convicción (y estoy seguro que ninguno de los otros la tendría) de que éste sea el punto de vista correcto para criticar la situación política en el momento presente. Es sin duda el deber de cualquier editorial que reclame otros motivos e intereses aparte de la mera prosperidad comercial publicar libros que vayan contra la corriente del momento: pero en cada caso esto requiere que al menos uno de los directores tenga la convicción de que es la cosa que necesita decirse en este momento. No puedo ver ninguna razón de prudencia o precaución para que ningún editor evite publicar este libro –si cree en lo que defiende.

Creo que mi insatisfacción con este apólogo reside en que el efecto es simplemente de negación. Debería excitar alguna simpatía con lo que el autor quiere, al igual que alguna simpatía con sus objeciones hacia algo: y el punto de vista positivo, que considero en general trotskista, no es convincente. Creo usted divide su voto, sin obtener ninguna adhesión compensatoria fuerte de ningún lado –es decir, los que critican las tendencias rusas desde el punto de vista de un comunismo más puro, y los que desde un punto de vista muy diferente, están alarmados por el futuro de las pequeñas naciones. Y después de todo, sus cerdos son mucho más inteligentes que otros animales, y por tanto los mejor cualificados para dirigir la granja –de hecho, no podría haber habido una granja dirigida por animales sin ellos en absoluto: así que todo lo que se necesita (podría argumentar alguien) es más servicio público y más cerdos con espíritu público.   

Lo siento mucho, porque quien publique esto tendrá naturalmente la oportunidad de publicar su obra futura; y tengo un respeto por su obra, porque es buena escritura de una integridad fundamental.”

He tomado la imagen de Orwell aquí.

 

GRIEGOS, CAFÉ Y PERSONAJES DE FICCIÓN

GRIEGOS, CAFÉ Y PERSONAJES DE FICCIÓN

 

1.

Brad Leithauser escribe:

“Debió haber intervalos ocasionales, durante los diez años de sitio de Troya, en los que el comandante griego, Agamenón, sufría arrebatos de autocompasión. Pero para Agamenón, en retrospectiva, la guerra troyana (después de todos estos milenios, el símbolo más potente de un conflicto aparentemente inacabable) fue coser y cantar. Sus problemas de verdad  empezaron cuando volvió a casa y a su mujer, Clitemnestra, que se lo cargó antes de que le diera tiempo a cambiarse de sandalias.

Si esto parece un resumen sorprendente de la tragedia de Agamenón, tal y como la inmortalizó Esquilo en su Orestíada (458 a. C.), mantiene el tono de la nueva traducción de Anne Carson. Su Agamenón es hortera y usa palabras de la calle. Cuando yo estudiaba en la universidad en la década de los 70, la traducción estándar era la de Ricmond Lattimore, de 1953. Lattimore trabajó mucho –acaso demasiado- buscando la grandeza, que alcanzó sobre todo a través de la dicción elevada y una estudiosa reconstrucción en inglés de la métrica griega. Aquí, en un pasaje típico, el coro le pregunta a Clitemnestra sobre el posible retorno de su marido.

¿Es alguna gracia –o al revés- que has oído

Lo que te manda hacer sacrificios  a mensajes de buena esperanza?

Me encantaría oírlo pero no he de reprocharte tu silencio

Y así traduce Carson el mismo pasaje:

¿Así que tienes buenas noticias?

¿Eres optimista?

Cuéntamelo, a no ser que no tengas ganas.

O, según Lattimore:

Sólo es un hombre dichoso aquel

Que ha llevado en silenciosa calma su vida a su fin.

Y Carson:

Cuenta como hombre feliz al que muere feliz.

Estaré bien.

2.

Ahora nadie tendría los huevos de escribir Los versos satánicos, dice Hanif Kureishi.

3.

The 2009-2014 World Outlook for 60-Milligram Containers of Fromage Frais [Muestra mundial 2009-2014 de contenedores de 60 miligramos de queso fresco] ha ganado el Premio Bookseller/Diagram al libro con el título más raro.

4.

Libros firmados por personajes de ficción.

5.

Richard Ford escribe sobre Frank Bascombe.

6.

Un comentarista político tailandés huye a Londres después de que le acusaran de insultar a la familia real de su país.

7.

El café en la literatura.

He tomado la imagen de la máscara de Agamenón aquí.

 

MAGIA EN EL HOSPITAL

MAGIA EN EL HOSPITAL

 

El Periódico de Aragón cuenta hoy que un centenar de voluntarios lleva el reiki a los hospitales aragoneses.

El periódico saluda la noticia con alegría: “El reiki o la energía que alivia”, titula. Asegura que el reiki “es una técnica complementaria a la medicina tradicional [o sea la medicina: la ciencia], que ayuda al paciente en la aceptación de la enfermedad, alivia los dolores y mitiga problemas como el insomnio”; al parecer, ayuda a aliviar la angustia de los enfermos. Y más adelante, “la práctica del Reiki se fundamenta en un emisor o canal que, a través de sus manos transmite energía vital a un receptor, con el fin de paliar molestias y enfermedades”. Dice que los voluntarios enseñan su técnica en los hospitales de la comunidad; que “ya se han formado 250 profesionales” en Zaragoza. La cursiva es mía.

El periódico no dice que el reiki es una terapia mística que no tiene ninguna validez científica. Fue inventado en 1922 por Mikau Usui, después de pasar tres semanas en ayuno y después de ponerse bajo una cascada, lo que permitió que se le abriera un chacra y se le ocurriera la idea. Parte de la base de que una invisible ‘fuerza de la energía vital’ fluye a través de nosotros y es lo que nos da la vida. Si andamos bajos de esa energía tenemos más posibilidades de enfermar o tener estrés; y viceversa. Los que practican el reiki creen que el emisor pasa energía al paciente a través de la imposición de manos. Según The International Center for Reiki Training:

Un tratamiento se siente como un resplandor que fluye a través y alrededor de ti. El reiki trata a toda la persona, incluyendo cuerpo, emociones, mente y espíritu, y creando muchos efectos beneficiosos que incluyen relajación y sensación de paz, seguridad y bienestar. Muchos han señalado resultados milagrosos.

En 2008, el informe Effects of reiki in clinical practice: a systematic review of randomised clinical trials, que publicó el International Journal of Clinical Practice, examinó nueve estudios sobre el reiki y concluyó que no demostraban que fuera efectivo para curar ninguna enfermedad. No podían practicarse experimentos de doble ciego; los estudios que defendían el reiki no practicaban pruebas al azar, y el potencial para la parcialidad, intencional o no, era grande y hacía los resultados imposibles de interpretar. En general, la calidad de las pruebas para esos estudios se consideraba defectuosa: no se controlaba el efecto placebo y la mayoría de los estudios sufrían “efectos metodológicos como una muestra de prueba pequeña, un diseño inadecuado del experimento e informes defectuosos”. Como procesos con esos defectos suelen exagerar los efectos del tratamiento, no hay ninguna prueba para indicar que el reiki es efectivo como terapia única o auxiliar para cualquier problema médico, o que tiene algún beneficio más allá del posible efecto placebo.

Tampoco se ha demostrado que el reiki tenga efectos secundarios adversos, más allá del avance de la idiotez y la superchería, del abuso repugnante de la vulnerabilidad de los enfermos, y del dinero que pierden los que tienen que pagar para convertirse en maestros reikis, aunque he leído que ahora es más barato. Por otra parte, el reiki puede ser peligroso en algunos casos: por ejemplo, si un paciente renuncia a un tratamiento demostrado clínicamente a favor de una terapia mística. Y sin duda es una mala noticia que los profesionales de los hospitales pierdan el tiempo estudiando tonterías, en vez de aprender más sobre las mejores formas de curar y prevenir enfermedades, y es una noticia espantosamente mala que la magia, el delirio y la estafa tomen posiciones en un lugar donde la razón y la investigación rigurosa son un asunto de vida o muerte.

He tomado la imagen aquí.