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Daniel Gascón

CAMBIAR DE IDEA

CAMBIAR DE IDEA

1.

Escribe Shaun de Waal:

"JM Coeetze, que parece dar ‘gritos’ para la portada con mucha alegría estos días, dice que The Literature Police: Apartheid Censorship and its Cultural Consequences de Peter D McDonald (Oxford) es ‘una lectura indispensable si queremos comprender las fuerzas que formaron y deformaron la producción literaria en Sudáfrica durante la época del apartheid’. En este caso, es una evaluación correcta.

En otro ‘grito’, Antjie Krog llama al libro ‘una pequeña Comisión de la Verdad y la Reconciliación de la literatura sudafricana’. En lugar del testimonio personal directo de los afectados por la censura del apartheid, McDonald ha abierto el archivo del Consejo de Control de Publicaciones y el Consejo de Apelaciones de las Publicaciones  en sus variadas encarnaciones y ha seguido su a menudo tortuoso razonamiento. También da un detallado e iluminador recuento de casos estudiados detalladamente sobre los censores y escritores como Coetzee, Nadine Gordimer, Es’kia Mphahlele y los escritores de la Conciencia Negras de los años 70.

[…]

Como ilustra McDonald, a menudo simplemente los censores no entendían lo que sucedía en obras particulares. Les molestaba la Sofía de la novela breve Mrs Plum (1974) de Mphanhlele, sin darse cuenta de que el perro en cuestión se llama Malan, seguramente a partir del líder del Partido Nacional. Una censora, Rita Scholtz, pensó que Michael K, de Coetzee, recibía un ‘cunnilingus’. (Y extrañamente, otra censora, Anna Louw, compartía el nombre con un personaje africaner y comunista de la novela de Gordimer Un mundo de extraños. Seguramente, la Anna Louw de Gordimer estaba basada en su amiga Bettie du Toit, pero, ¿fue una provocación deliberada o una broma accidental?).

 Coetzee nunca recibió lo que llamó la ‘insignia de honor’ que una prohibición durante la era del apartheid habría significado, pese a los problemas que sus novelas causaron a los censores. Como miembros de la izquierda de los años 80, estaban confusos sobre las ideas políticas que transmitían sus novelas.

McDonald muestra cómo ese contexto dio forma al sentido de la rivalidad discursiva de la ficción con la historia. Da mucha información sobre la propia y delicada danza de Coetzee con la censura, incluyendo el hecho poco conocido de que, como un joven académico con las calificaciones adecuadas y varios idiomas, Coetzee decidió probar el sistema pidiendo un trabajo como lector para la censura. (Lo rechazaron ‘sin explicaciones’.)

El caso de Coetzee demuestra una vez más los problemas de lectores de la censura. Esperando a los bárbaros, que McDonald llama ‘el experimento más abstracto de Coetzee en anti-realismo’, causó dificultades. Un censor contaba ejemplos de las palabras joder (ocho) y mierda (seis) antes de señalar que la novela no sucede ‘en ningún lugar cerca de Sudáfrica, y no hay populacho blanco’ –lo que significaba que era pasable".

2.

“Sé exactamente lo que quiero”, dice Yasmina Reza. Pero al minuto de responder una pregunta, quiero cambiar de idea”.

3.

Obama ganó casi 2,5 millones de dólares en derechos de autor en 2008.

4.

La crisis en España según Le Monde: “Cierran los restaurantes, abren las librerías”.

La proporción de los que leen frecuentemente, dos veces a la semana, ha pasado del 36% al 41 % en 2000. La media de visitas a las bibliotecas por habitante y año es de 1,98. En Europa, de 4,9.

5.

Joshua Kurlantzick se pregunta cómo afectará la crisis a los regímenes autoritarios.

“Ni a corto plazo ni a largo plazo las cosas pintan bien para Moscú, Pekín y los demás autócratas. En el futuro próximo, sus economías descenderán severamente y probablemente Rusia caerá en una recesión severa. En China, muchos analistas creen que el desempleo se subirá a su nivel más alto en una década. El crecimiento caerá bajo 8 entradas, el número mágico para que siga habiendo bastantes trabajos para todos los que se incorporan a la fuerza de trabajo de China. […]”

6.

Sana Krasikov gana el Sami Rohr Prize for Jewish Literature por su primer libro de relatos, One More Year.

7.

Los búlgaros votan en un programa de televisión el libro preferido de su literatura: Bajo el yugo, escrito por Ivan Vazov en 1893.

En la imagen, Coetzee.

 

SUICIDIO DE HONOR

SUICIDIO DE HONOR

Ramita Navai escribe desde Turquía:

“Cuando el padre de Elif le dijo que tenía que suicidarse para ahorrarle una condena a prisión por asesinato, ella lo pensó detenidamente. ‘Quería a mi padre tanto, estaba dispuesta a suicidarme por él aunque no había hecho nada malo’, dice Elif, de 18 años. ‘Pero no podía seguir. Amo demasiado la vida’.

Todo lo que había Elif era rechazar la oferta de un matrimonio concertado con un hombre mayor, diciéndoles a sus padres que quería continuar su educación. Ese acto de desobediencia traía, pensaban sus padres, deshonra a toda la familia; era un crimen que se castigaba con la muerte. ‘Conseguí escapar. Cuando iba a la escuela, algunas chicas que conocía fueron asesinadas por sus familias en nombre del honor. Una de ellas sólo había recibido un mensaje de móvil de un chico’, dijo Elif.

Los llamados ‘crímenes de honor’ han alcanzado cifras récord en Turquía. Según las cifras del gobierno, hay más de 200 al año; la mitad de los asesinatos que se cometen en el país. Ahora, en un giro siniestro, llega la urgencia de los ‘suicidios de honor’. Este creciente fenómeno se ha unido a las reformas del código penal turco de 2005. Introducía condenas a cadena perpetua para los que cometían crímenes de honor, mientras que antes podían recibir una sentencia más breve si alegaban provocación. Pronto después de que se aprobara la ley, el número de suicidios de mujeres empezó a dispararse.

Elif ha pasado los últimos ocho meses huyendo, viviendo oculta y con miedo. Sus tíos y otros parientes intentan cazarla, porque el deshonor es visto como una mancha que sólo puede limpiar la muerte. Uno de los refugios de mujeres donde ha estado Elif ha sido asaltado por miembros de su familia armados”.

La imagen, como el artículo, es de The Independent. En ella se ve una familia kurda en la que se ha cometido un crimen de honor.

 

CORTES

CORTES

Escribe Rollo Romig:

“Orlando Figes sospecha que el Kremilin ha bloqueado que su último libro Los que susurran: Vida privada en la Rusia de Stalin se publique en Rusia. La noticia me recordó otros intentos contundentes de proteger la marca de Stalin.

La forma más extrema de censura, por supuesto, es el asesinato del autor. Al principio de una edición de 1967 de la biografía de Stalin de Trotsky, una frase sobre el desprecio de Stalin a las ideas se interrumpe abruptamente. El editor explica con una nota: ‘El 20 de agosto de 1940, Trotsky recibió un golpe mortal en la cabeza con un piolet y su cerebro se salió mientras leía un manuscrito que le había llevado su asesino. Por eso ésta y otras partes del libro están inacabadas’. (No se puede echar la culpa al asesino, el agente soviético Ramón Mercader, de todas las elipsis. El editor admite en otra parte: ‘Como la mayoría de los autores, Trotsky era más optimista que exacto sobre la fecha en que esperaba terminar’.)

Con más frecuencia que el piolet, el arma preferida de los censores soviéticos era el aérografo. Como muestra David King en su asombroso libro de 1997 The Commissar Vanishes, el registro fotográfico soviético sufrió constantes revisiones. Stalin fue insertado en famosas escenas revolucionarias; Trotsky y otros camaradas rechazados desaparecieron sin dejar rastro (como las arrugas y las marcas de viruela de Stalin). En los casos más crudos, se rajaban las caras desfavorecidas o se cubrían de tinta.

Pero hay un ejemplo especialmente fascinante por lo que revela del proceso editorial de la censura: la memoria de Anatoly Kuznetsov, Babi Yar. En el borrador original de Kuznetsov, este libro maravillosamente sincero e insistente, que cuenta la historia de un barranco junto a Kiev donde se produjo la mayor masacre del Holocausto, era tan crítica de los soviéticos como de los nazis. Increíblemente, fue publicada en la Unión Soviética en 1996, con severa censura. En 1969, Kuznetsov llevó su manuscrito completo al Occidente; al año siguiente, Farrar, Straus & Giroux publicaron una traducción al inglés completa, con un giro brillante: El texto que apareció en la edición soviética se imprimió en redonda; el texto que los soviéticos habían censurado se imprimió en negrita; y el nuevo material de Kunznetsov –lo que sabía que nunca podría publicar en su país- iba entre paréntesis. El resultado no es sólo un gran libro, sino un valioso documento sobre los límites de la expresión en la URSS de los años 60.

Al leer el texto en negrita, algunos cortes no causan sorpresa: ‘Epero que Stalin la palme’, dice el abuelo de kuznetsov en la página 62. Otras son más sorprendentes, como en la página 345: ‘Siempre me he preguntado por qué las salchichas caseras nunca parecen tan atractivas como la salchicha que veías en las tiendas’. Algunas contenían verdades de las que podrían haber aprendido los censores. Como escribe Kuznetsov en la página 477, ‘Por mucho que la quemes y disperses y la cubras y la pisotees, la memoria humana persiste’.”

En la imagen, Boris Pasternak.

 

 

 

SEGUNDAS PARTES

SEGUNDAS PARTES

 

1.

La Biblioteca Británica no encuentra 9.000 ejemplares. Entre los ejemplares mal colocados están la primera edición de El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde y los Cantos de Ezra Pound. Algunos ejemplares no se han visto en 50 años.

2.

Penguin ha tenido que destrozar una tirada entera del próximo libro del filósofo John Gray, Gray’s Anatomy. En el libro, decía que Christopher Hitchens apoyaba los ahogamientos simulados en la lucha contra el terrorismo. Hitchens –que había escrito un artículo sobre esta práctica- se enteró, y dijo que él siempre se había opuesto a la tortura. Penguin corrigió: decidió reimprimir el libro sin la acusación.

3.

Los 14 finalistas del Booker Internacional.

Peter Carey (Australia)

Evan S. Connell (EEUU)

Mahasweta Devi (India)

E.L. Doctorow (EEUU)

James Kelman (Reino Unido)

Mario Vargas Llosa (Perú, también tiene nacionalidad española)

Arnošt Lustig (República Checa)

Alice Munro (Canadá)

V.S. Naipaul (Trinidad/India)

Joyce Carol Oates (EEUU)

Antonio Tabucchi (Italia)

Ngugi Wa Thiong’O (Kenia)

Dubravka Ugresic (Croacia)

Ludmila Ulitskaya (Rusia)

Aquí, los preseleccionados para el Premio Orange. Y Seamus Heaney recibe el Premio David Cohen.

4.

100 escritores en francés escogen a sus autores favoritos. Entre los 24 primeros no hay ninguno vivo. Proust gana. Faulkner queda segundo, supera a Flaubert por poco.

5.

Un artículo sobre el síndrome de la segunda novela -cuando la primera ha sido un éxito- y cómo se puede superarlo. Uno de los que peor lo llevó fue Ralph Ellison, que publicó una gran novela, Invisible Man, en 1953. Su trabajo en su segunda novela iba despacio; un incendio en su casa destruyó varios cientos de páginas del manuscrito en los años 60. Años después, la revista Playboy le preguntó por su novela: “Escribir es una disciplina. No importa cuánto escribas”. En 1982 un periodista le preguntó: “¿Cómo lleva la novela?” “Avanza bien”, contestó.

Murió en 1994 sin terminarla.

Ulises, Orgullo y prejuicio, Hijos de la medianoche y Oliver Twist eran segundas novelas.

6.

Saint Francis College lanza un premio al cuarto libro.

7.

Diez pasos para escribir una frase a la manera de David Foster Wallace.

He tomado la imagen de Ralph Ellison aquí.

 

PAPEL

PAPEL

1.

Belcebú, de Yousef Ziedan, ha ganado el Premio Internacional de Literatura Árabe.El libro trata de los conflictos entre los cristianos en Siria y Egipto en el siglo V.

Los seis finalistas para este premio (60.000 dólares y una traducción al inglés que corre a cargo de Sigrid Rausing, la dueña de Granta) habían sido seleccionados entre 131 autores de 15 países.

El más conocido es Ibrahim Nasrallah, un autor jordano frecuentemente censurado cuya obra, Tiempo de caballos blancos, es una saga que habla de tres generaciones de una familia palestina. Otro finalista Los aromas de Marie-Claire, del tunecino Habib Selmi, que cuenta una relación entre un árabe y una occidental. El traductor infiel, del sirio Fawwaz Haddad, cuenta la historia de un traductor cuyas peculiares ideas sobre la libre interpretación de la creatividad y la cultura lo conducen a una condena por traición. El otro egipcio de la lista, Mohammad al Bisatie, presentaba Hambre; Inaan Kachachi, la única mujer, muestra en La nieta americana los destrozos en Iraq a través de los ojos de una iraquí-estadounidense, que vuelve a su país para trabajar de intérprete para el ejército de Estados Unidos.

2.

Las voces de los escritores en The New York Times.

3.

Paul Gifford escribe sobre la biografía de Paul Valéry que ha publicado Michel Jarrety.

“T. S. Eliot saludó a Paul Valéry como el poeta representativo de la primera mitad del siglo XX, (‘ni Rilke ni Yeats ni nadie más’). Esta nueva biografía amplía la especificación: la mente más ilustre, versátil y conectada de su época, el intelectual francés definitivo, el contemporáneo capital (de 1871 a 1945) forma el prisma más iluminador que de una época de la historia europea que cambió el mundo. Esas amplias aspiraciones pertenecen implícitamente a este mazacote de libro (1300 páginas, ilustrado y con notas para especialistas, así como un útil índice onomástico). La profundidad de la investigación de Michel Jarrety produce una plétora de pruebas: cartas privadas prestadas por sus dueños, recuerdos de contemporáneos, diarios recientemente publicados de contemporáneos clave en la vida personal de Valéry, artículos de prensa y reseñas, papeles personales de todo tipo (poemas de amor, borradores de cartas, invitaciones, recibos bancarios o del mercado de valores: Valéry no tiraba nada).

Escalando la montaña de papel, su biógrafo ha decidido contar la historia completa, y lo hace con una deliberada intención cronológica, a una media aproximada de un capítulo por año. El relato de Jarrety, que se lee muy bien, reúne un abundante reparto de personajes en la biografía elegante y calladamente dramática que cuenta los oscuros comienzos de su héroe intelectual como poeta simbolista menor, después como un retirado pensador solitario, que emergió a una fama tardía y paradójica a partir de 1917 con la publicación de La joven parca; y desde allí hasta el estrellato internacional como embajador de la Tercera República y la Liga de Naciones.

El círculo de contactos de Valéry sigue siendo deslumbrante. Era amigo íntimo de poetas y escritores como Mallarmé, Gide o Rilke; trabajó junto a  Hugo von Hofmannsthal, Thomas Mann, Gabriele d’Annunzio, John Galsworthy y Stefan Zweig; intercambió ideas con André Malraux, Jean Giraudoux, Colette and Paul Claudel (pero también con George Meredith, Arnold Bennett, H. G. Wells y Aldous Huxley); sus conferencias en el Collage de France influyeron a Jacques Lacan, Roland Barthes, Michel Tournier, Yves Bonnefoy y Paul de Man. ¿Quién si no podría haber tenido a Einstein como interlocutor de confianza, hablado de átomos con Niels Bohr, o de la crisis de la representación con Paul Langevin y Émile Borel, comparado anotaciones con Ravel y Stravinsky, Degas y Picasso; colaborado con Bergson y James Frazer; charlado con Pétain y de Gaulle; entrevistado a Mussolini y conocido a toda una galería de brokers de entreguerras?”

4.

Una profesora de Oxford acusa a su ex alumna de haberle robado ideas en una biografía de Jane Austen.

5.

El hijo de Orwell habla de su padre, y de los años que pasó con él en la isla de Jura.

6.

La edición de libros aumentó un 12,6 % en 2008 en España.

He tomado la imagen de Valéry (una foto de Ullstein Bildendienst) aquí.

 

PRIMAVERA

PRIMAVERA

 

1.

México, país invitado en el Salon du Livre de París.

2.

A pesar de la crisis, suben las ventas de los libros en Francia.

3.

Adam Kirsch escribe sobre Democracy Denied, 1905–1915: Intellectuals and the Fate of Democracy, de Charles Kurzman.

“Algunos años de la historia llevan un halo casi sagrado, porque están profundamente asociados con la idea de la revolución democrática. Decimos 1848, y viene a la cabeza la primavera de las naciones, el alzamiento de barricadas en París y Francfort y Venecia; digamos 1989, y es la Revolución de Terciopelo, el colapso del comunismo en Berlín Oriental y Praga y Varsovia. Poca gente tiene recuerdos tan buenos de los años entre 1905 y 1915, que normalmente asociamos con las crisis que condujeron a la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, como nos recuerda Charles Kurzman en Democracy Denied, esos años vieron “una oleada de revoluciones democráticas… que consumieron más de una parta cuarte de la población mundial”.

La oleada empezó en 1905 con la revolución rusa, cuando el zar Nicolás II fue obligado a garantizar a su pueblo una constitución y un parlamento. Inspirados por el ejemplo ruso, los demócratas iraníes se rebelaron contra el sha en 1906; los Jóvenes Turcos forzaron al sultán del Imperio Otomano a garantizar una constitución en 1908; el Reino de Portugal se convirtió en una república en 1910; y la vieja monarquía china dio paso al gobierno republicano de Sun Yat-sen en 1912.

Estos movimientos democráticos se extendieron por el globo, y los intelectuales que los conducían eran muy conscientes del ejemplo de otros intelectuales. El dominio de Kurzman de una amplia variedad de fuentes e idiomas le permite establecer sorprendentes conexiones: algunos rebeldes en Portugal se llamaban a sí mismo Jóvenes Turcos, y un periódico otomano urgía a los turcos a ‘luchar como los rusos’. Frente a ello, parece que tantos movimientos revolucionarios producidos en el mismo periodo de tiempo parece pertenecer ‘a esos grupos de revoluciones democráticas, como la oleada iniciada por la Revolución francesa, el alzamiento de 1848… y los movimientos democráticos de finales del siglo XX’.

Sin embargo, como sugiere el título de Kurzman, estas seis revoluciones no se recuerdan como un capítulo glorioso de la historia. En cada una de ellas, los activistas a favor de la democracia obtuvieron un dramático éxito inicial, para rendirse rápidamente a las luchas internas y la apatía, preparando el escenario para golpes contrarrevolucionarios. El zar garantizó una duma en 1905, pero la neutralizó cuando terminó el peligro revolucionario, y la autocracia rusa había regresado al poder en 1907. En Turquía, los Jóvenes Turcos abolieron ellos mismos la democracia que habían ayudado a crear; prefirieron modernizar el estado otomano según líneas maestras autoritarias. Francisco Madero, que derrocó a Díaz en México, fue derrocado y asesinado por un comandante del ejército, Victoriano Huerta, en 1913. De forma similar, Sun Yat-sen fue apartado del poder por el general Yuan Shikai, que abrió el camino para décadas de guerra civil. Sólo en Portugal se mantuvo la República, pese a sucesivos golpes e invasiones realistas, hasta que una dictadura la reemplazó en 1925.

[…] Kurzman acomete un análisis comparativo de los seis casos, para construir un modelo de cómo tienen éxito o fracasan las revoluciones democráticas. Se da cuenta de que las teorías marxistas convencionales, basadas en el conflicto de clase, son insuficientes para explicar lo que sucedió en los años entre 1905 y 1915. En la visión marxista clásica, la democracia liberal es la expresión política del poder económico creciente de la clase media urbana; la burguesía lucha contra las fuerzas de la reacción (los terratenientes y los militares) con el apoyo inconstante de trabajadores radicales. Pero en las revoluciones de 1905-1915, cree Kurzman ‘esos aspectos jugaron sus papeles de manera inconstante… En términos del guión clásico sociocientífico, las revoluciones democráticas de este periodo son un barullo’

En cambio, Kurzman escribe un guión diferente cuyo protagonista no es una clase económica, sino un grupo profesional e ideológico: los intelectuales. En cada país, encuentra a un autoelegido cuerpo de intelectuales que se veían como los portadores que llevarían la ilustración a una nación retrasada. Inspirados por el caso Dreyfus, que marcó la emergencia de los intelectuales franceses como una fuerza política de progreso, los intelectuales en esos países menos avanzados se identificaron orgullosamente con lo que Kurzman describe como los dos elementos más progresistas del pensamiento contemporáneo: primero, democracia; segundo, positivismo, el uso de la razón científica para reorganizar la sociedad. Envalentonados por su sentido del bien moral y del destino histórico, grupos de intelectuales –a veces extraordinariamente pequeños- se las arreglaron para convencer a clases sociales más poderosas de que ellos merecían el liderazgo revolucionario.

Kurzman rastrea esta dínamica en los seis países, aunque eran disímiles en la mayor parte de los aspectos. En Rusia, la intelligentsia, como se llamaba a sí misma, se contaba en los cientos de miles de personas e incluía la burguesía liberal, estudiantes universitarios, médicos, abogados y profesores. Un estudio de la Unión de Liberación, la principal organización a favor de la democracia, encontraba que el 82 % de sus miembros tenía educación superior. En Irán, en cambio, no había ‘universidades propiamente dichas, sólo varios miles de estudiantes de secundaria, y posiblemente varios cientos de graduados de escuelas europeas’. Sin embargo, el pequeño grupo de intelectuales educados o influidos por los europeos disfrutaban de un fuerte espíritu de grupo, y se definían contra el clero musulmán que dominaba la educación tradicional. Kurzman cita a un activista iraní: ‘Dos días en una escuela moderna son mil veces más próximos al juicio de esas necesidades [del país en la época actual] que embarcarse en cien comentarios marginales’. En China, la vanguardia intelectual estaba compuesta mayoritariamente por oficiales jóvenes que habían ido a Japón a estudiar los modernos métodos militares.

En ningún lugar, sin embargo, la clase intelectual era lo bastante grande como para tomar el poder por sí misma. Se apoyaba en el apoyo de otros grupos insatisfechos con el régimen existente. Por tanto la revolución rusa sólo tuvo éxito, después de casi un año de agitación, cuando los trabajadores del ferrocarril se pusieron en huelga, paralizando los ejércitos del zar (ya en una situación caótica tras la desastrosa guerra ruso-japonesa). Pero cuando los intelectuales tomaron el poder –en la mayor parte de los casos, sólo hasta cierto punto-, quedó claro que sus programas no eran muy atractivos para quienes los apoyaban. A los ricos no les gustaban los planes de los intelectuales para la educación del pueblo, que significan subir los impuestos, mientras que los pobres se sintieron decepcionados cuando sus antiguos aliados rompían huelgas y desarmaban a grupos rebeldes. Mientras tanto, los grandes poderes –entre ellos, democracias como Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia- preferían generalmente tratar con un régimen autoritario estable que con una democracia inestable. Tarde o temprano –en la mayoría de estos seis casos, pronto- el antiguo régimen contraatacó, y los demócratas se encontraron sin aliados en el interior del país y en el extranjero.

En pocas palabras, las revoluciones de 1905-1915 fracasaron porque los intelectuales sobreestimaron el apoyo popular a la democracia y minusvaloraron los desafíos que representaba la democracia. Kurzman escribe duramente sobre esos intelectuales, sugiriendo repetidamente que valores liberales como la libertad de prensa y la educación universal eran sólo intereses particulares de la clase que escribe y enseña para ganarse la vida. Pero, ¿son los entusiasmos de las democracias por esos valores sólo ejemplos de la ‘hegemonía’ en el sentido gramsciano, como arguye Kurzman (‘la aceptación de los intereses del grupo dirigente como si fueran los intereses de toda la sociedad’? Si es así, es difícil entender por qué, como Kurzmna reconoce en su último capítulo, esos derechos se convirtieron en el objetivo de las revoluciones posteriores a 1989 en Europa del Este, que no fueron impulsadas por intelectuales sino por movimientos obreros como Solidaridad. Los intelectuales de 1905-1915 estaban, como muestra Kurzman, engañados acerca de la disposición del pueblo a aceptar la democracia. Estaban por delante de su tiempo, una desgracia no sólo suya, sino también de sus países”.

4.

Una entrevista con Aharon Applefield.

5.

2666 de Roberto Bolaño ha ganado el Nacional Book Award. Otros ganadores son The Forever War, donde Dexter Filkins habla de los conflictos en Iraq y Afganistán, y My Father’s Paradise, donde Ariel Sabar sigue sus raíces judías en el Iraq kurdo.

6.

Mary Beard ha encontrado un libro de chistes de más de 1600 años, que contiene chistes de la Roma clásica.

Un hombre se encuentra con otro y le dice: “Qué raro, me habían dicho que estabas muerto”

-Pues ya ves que no.

-No me lo creo. Mi informador es mucho más fiable que tú.

Aquí, un artículo de Mary Beard sobre lo que hacía reír a los griegos.

7.

El nuevo número de Democratiya.

En la imagen, Aharon Appelfield.

 

PAUL BERMAN

PAUL BERMAN

 

En una entrevista sobre Gaza Paul Berman ataca los asentimientos judíos en territorio palestino y defiende la labor de los grupos en defensa de los derechos humanos. También dice:

“Forma parte de la naturaleza humana creer que un movimiento político como Hamás es débil –o que si es fuerte, su lenguaje más salvaje es mera fanfarronada, y no hay que tomarlo en serio.

En la década de 1930, la gente asumía que, una vez que los nazis hubieran alcanzado una posición de responsabilidad por el bien de Alemania, dejarían de decir cosas alocadas y lo pensarían dos veces antes de poner en acción sus programas. Se suponía que el poder calmaría a los nazis. Pero quizás hay algo en esas ideologías de odio grupal que hace que resulte difícil que se calmen.

De nuevo, creo que hay cierto número de gente que no ve nada especialmente loco u odioso en los argumentos y fines de Hamás. Ven elementos bastante razonables, incluso aunque la forma de expresarlos parezca un poco grosera. No se debería matar a los judíos, eso es algo en lo que está de acuerdo toda la gente razonable; pero (por repetir un argumento muy popular) tampoco los judíos tienen un derecho a defenderse. Los protocolos de los Sabios de Sión no son un documento sofisticado, pero el libro de Walt y Mearsheimer El lobby israelí es (para algunos) un documento sofisticado. Y el documento sofisticado hace que parezca que el otro tiene algo de razón. Al razonar de esta manera, la gente termina concluyendo que las doctrinas de Hamás tienen algo de verdad –algo que cree bastante gente. Pero eligen no decirlo porque no quieren parecer poco sofisticados o groseros.

De todas formas, la historia no carece de genocidios, y tenemos que asumir que mucha gente ha pensado que, por una razón o por otra, el genocidio es una buena idea. La gente que piensa así no sólo son los fanáticos que toman parte en las masacres, sino también un público más amplio que mira desde los lados sin protestar, que a veces incluso aplaude.

Durante el conflicto de Gaza, hubo muchas protestas contra Israel en las que Israel era demonizado rutinariamente como un estado nazi, o en el que se practicaba el apartheid. ¿Por qué tantos activistas, sobre todo de izquierdas, demonizan Israel? ¿Es un signo de antisemitismo?

Como dijo Irving Howe, ‘No hay un corazón tan caliente que no tenga un punto frío para los judíos’. Nos gusta pensar en el odio a los judíos como un sentimiento bajo y vil, que alberga gente desagradable e ignorante, que grita su propio odio. Pero normalmente no es así. El odio por los judíos ha tomado normalmente la forma de un sentimiento elevado, en vez de uno bajo, un sentimiento noble que abraza gente que cree que defiende las visiones más morales más elevadas y admirables.

En la Edad Media, los cristianos sentían que mantenían los principios de la redención universal, y consideraban a los judíos una gente terrible porque rechazaban la palabra de Dios: insistían en ser judíos. Así que los sentimientos religiosos más elevados impulsaban el odio a los judíos.

En el siglo XVIII, los filósofos de la Ilustración se consideraban la forma más elevada del pensamiento, la más verdadera guía para la justicia y felicidad universales. Esos filósofos detestaban el cristianismo porque era una fuente de superstición y opresión. Pero esto les hacía despreciar aún más a los judíos: ya no porque los judíos hubieran rechazado el mensaje del cristianismo, sino porque lo habían engendrado. E insistían en seguir siendo judíos, en lugar de repudiar la religión.

Las guerras de religión causaron todo tipo de daños en Europa. Pero el tratado de Westfalia en 1648 puso fin a las guerras de religión estableciendo un sistema de estados con fronteras reconocidas, cada estado con su propia religión. El nuevo sistema de Westfalia encarnaba otro ideal elevado: la mayor garantía de paz y justicia universales. Pero los judíos estaban esparcidos por Europa, en vez de reunidos en un solo estado. El nuevo sistema de estados debía ser un zapato cómodo, y los judíos eran una piedra. Y siguieron insistiendo en ser judíos, en vez de desaparecer amablemente. Así que se odiaba a los judíos por no encajar en el nuevo sistema de estados.

Hoy hemos llegado a otra idea sobre cómo llegar a una justicia y paz universales, la idea más elevada y avanzada de nuestro tiempo. En lugar de buscar estados bien establecidos con fronteras sólidas que mantengan la paz, al estilo Westfalia, vemos los estados como formas de opresión y guerra. La opinión elevada pide sistemas políticos post-estatales, como la Unión Europea. Desgraciadamente, ahora los judíos poseen un estado. Uno detesta a los judíos en nombre de la opinión elevada, ya no porque carezcan de estado sino porque tienen uno. Parecen muy interesados en mantenerlo. Y de nuevo los judíos parecen afirmar un principio que la gente avanzada solía defender pero que ahora parece anticuado.

A finales del siglo XIX y a principios del XX la gente con ideas avanzadas empezó a ver el odio cristiano a los judíos como un prejuicio retrógrado, y los pensadores avanzados abrazaron la pseudociencia del racismo. Ya no odiaban a los judíos por motivos religiosos, sino raciales. La palabra ‘racismo’ se aplicaba al principio al odio de los judíos. Hoy, en cambio, el racismo parece una forma de prejuicio retrógrado. Y la gente con ideas avanzadas odia a los judíos con motivos antirracistas, y los considera los principales racistas del mundo.  

Y etcétara. La asunción táctia es siempre la misma. O sea: el sistema universal para la felicidad del hombre ya ha llegado (el cristianismo, el anticristianismo de la Ilustración, el sistema de estados de Westfalia, o el sistema postmoderno de las instituciones internacionales, la teoría racial, o la teoría antirracista en cierta interpretación). Y ese sistema universal para la felicidad del hombre ya habría alcanzado la perfección… de no ser por los judíos. Los judíos siempre están en medio. Cuanto más alta es la opinión que uno tiene de sí mismo, más detesta a los judíos.

La izquierda política siempre ha sido ambigua en este asunto. Una oposición al antisemitismo (y a todo tipo de intolerancia) solía ser uno de los pilares de la izquierda moderna. Pero la izquierda siempre ha descansado en más de un pilar, y algunos son algo tambaleantes. Y está el concepto de la izquierda que dice que, por fin, el sistema para la justicia y la paz universales ha sido descubierto, y todos los pensadores avanzados deberían abrazarlos. Por ejemplo, la abolición cosmopolita de los estados. Y van los judíos y se resisten. En pocas palabras, nada lleva más rápido al desdén de los judíos que un sentimiento de nobleza petulante.

Sin duda, el desdén elevado llega en versiones diferentes. En esta respetable versión, el desdén adopta una posición de cara larga porque Israel sea un lugar tan digno de reproches, por ser racista, por perpetuar la religión, por ser un ejemplo del imperialismo europeo. Uno sacude la cabeza con tristeza porque los israelíes sean como son.  

Pero el desdén toma otra forma, también, más cruda, aunque sigue más o menos la primera versión. En esta versión más cruda, no sólo se lamenta que los judíos sean retrógrados. Es peor: los judíos han hecho algo verdaderamente terrible. Al formar su estado y defenderlo, se han opuesto activamente al principio de la justicia y la felicidad universal –el principio que decreta que un pueblo como los judíos no debería tener un estado. De ahí las comparaciones con el apartheid, y, más radicalmente y estos días más típicamente, con los nazis. La comparación con los nazis empezó en los 70 en Europa occidental y en el mundo árabe, y ahora está más o menos dondequiera que mires.

Es una comparación extraordinaria en todo tipo de formas, pero señalaré un solo aspecto. Generalmente, se considera a los nazis como el peor y más malvado movimiento político de la historia, un movimiento político que no sólo cometía crímenes sino que defendía los principios del crimen. Al comparar Israel con los nazis, la gente quiere sugerir que Israel es una de las peores y más malvadas instituciones que pueden existir. Una acusación de dimensiones cósmicas. Y la acusación tiene todo el sentido, si recuerdas la idea venerable que sostiene que los judíos son un obstáculo para que la humanidad alcance un sistema perfecto de justicia y felicidad universales.

Desde el punto de vista de esta idea venerable, los problemas de Israel con sus fronteras y sus vecinos no se parecen a las dificultades que otros estados tienen con sus fronteras y sus vecinos. No tiene sentido hacer comparaciones estadísticas –comparaciones que muestren cuánta gente ha muerto en las guerras de Israel, cuánta gente ha sido desplazada de sus hogares por Israel, comparada con la cantidad de gente muerta o desplazada por otras guerras y estados del mundo. Las estadísticas, si las miraras, reflejarían que Israel es un lugar pequeño, que sus fronteras no son muy grandes, y que sus guerras y desastres no han sido de los mayores que han ocurrido en los últimos sesenta años, ni siquiera en los últimos seis años.

Pero las estadísticas, como digo, son irrelevantes, dada la peculiar luz filosófica que la gente proyecta sobre Israel. La lucha de Israel se enfrenta al principio de justicia y felicidad universal, tal y como la gente lo imagina, al margen de cómo lo haga. Otros países cometen crímenes relativos, que pueden medirse y compararse Al final, es la gran acusación contra los judíos,  en versiones siempre nuevas: los judíos son el enemigo cósmico del bien universal.

 

He tomado la imagen de Tel Aviv aquí.

EL CIELO

EL CIELO

1.

Un tribunal saudí condena a 40 latigazos y cuatro meses de cárcel a una mujer de 75 años por mezclarse con dos jóvenes que no eran familiares suyos. Como la mujer es siria, piden que la deporten cuando cumpla la sentencia.

La mujer había pedido a los dos jóvenes que le trajeran pan.

2.

El Vaticano defiende la excomunión de la madre de una niña en Brasil. Y a los médicos que la ayudaron a abortar. La chica, de 9 años, estaba embarazada de gemelos después de que su padrastro abusara de ella.

La niña mide 1,36 y pesa 33 kilos.

3.

Han volado el santuario del poeta sufí Rahman Baba. Este poeta del siglo XVII es el más leído en las regiones de habla pastún de Afganistán y Pakistán. La explosión ha destruido su tumba y ha provocado graves daños en el santuario.

La policía atribuye el ataque a los talibanes, que habían advertido de que volarían el santuario si las mujeres seguían visitándolo. Creen que las visitas de las mujeres a estos lugares promueven la obscenidad.

Los expertos literarios dicen que la popularidad de Baba se debía a su mensaje de tolerancia, y a su visión de la religión.

Aquí hay algunos poemas.

4.

En una entrevista en The New Yorker, Ian McEwan dice: “La fe es en el mejor de los casos moralmente neutra, y en el peor, una vil distorsión mental. Nuestra costumbre es respetar a la gente de fe, pero creo que estamos obligados a cuestionar esos hábitos”.

5.

Un estudio muestra que la población de Estados Unidos es menos cristiana ahora que hace 20 años. El cristianismo no pierde terreno frente a otras confesiones, sino frente a un rechazo a todas las religiones.

He tomado la imagen aquí.