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Daniel Gascón

CHOMSKY

CHOMSKY

 

1.

Escribía el lunes Bárbara Celis en El País:

“Noam Chomsky (Filadelfia, 1928) es uno de los intelectuales estadounidenses más conocidos y mejor valorados fuera de su país. Pero en Estados Unidos sólo quienes están vinculados a los círculos políticos de izquierdas no descafeinadas saben su nombre”.

Busco Noam Chomsky en The New York Times. Salen 3810 referencias.

Busco a Noam Chomsky en Amazon.com. También tiene una página dedicada a él en AutorStore de Amazon, donde aparecen 89 títulos.

Vincenç Navarro, que ha publicado Entrevista con Noam Chomsky, mandó una carta a El País: “En realidad, Noam Chomsky es uno de los intelectuales más conocidos en Estados Unidos, habiendo sido definido por el diario The New York Times como ‘el intelectual más importante de Estados Unidos’. Es uno de los intelectuales citados con mayor frecuencia en The Arts and Humanities Citation Index y varios de sus libros, según el Publishers Weekly, han alcanzado la categoría de best sellers”. La revista Foreign Policy también lo incluía en 2008 entre los 100 intelectuales más influyentes del mundo.

El propio Chomsky, sin embargo, contribuye a crear esa falsa impresión: “Pero la libertad tiene muchas dimensiones y otras formas de control, por ejemplo a través del impacto de la concentración de capital. Por eso usted verá mis artículos en Johanesburgo, pero no en The New York Times”. En Sobre el anarquismo dice: “Me siento perfectamente a gusto escribiendo columnas distribuidas por The New York Times”. Y no deja de ser curioso que un hombre que tiene tanto éxito y relevancia declare en Dos horas de lucidez acerca de las editoriales en las que publica, “Si lo que uno busca es fama y prestigio, no es la mejor opción. Pero, en cambio, si uno quiere fomentar la participación y la acción popular…”.

Félix Romeo ha escrito que Chomsky “siempre habla de los grandes beneficiarios del atentado [del 11 de septiembre], pero nunca se coloca entre ellos, y debería hacerlo (…) Chomsky existía antes del atentado, pero se multiplica. En España se han publicado desde entonces 60 de sus libros y 15 sobre él. El fenómeno, surgido en Estados Unidos, se repite en Francia, Italia, Alemania y Portugal (más de 50 de sus libros traducidos: ningún otro pensador tiene semejante espacio en las librerías)”.

También ha tenido publicistas inesperados, aunque no se le puede culpar de ello. Justo después de que Hugo Chávez lo elogiara en un discurso en las Naciones Unidas en 2006, la editorial Metropolitan Books, ante las peticiones de Barnes and Noble y otras cadenas de librerías, imprimió 25.000 ejemplares de Hegemonía y supervivencia, un libro de 2003 que también se colocó en el número 1 de las listas de Amazon. En otra ocasión, un mensaje de Osama Bin Laden recomendaba leerlo.

Chomsky también es una estrella en Internet. Su página web tiene muchos artículos, y hay muchas páginas con sus frases y sus polémicas. En Google aparecen 2.570.000 entradas. Sin embargo, el disidente aseguraba que: “El acceso a Internet ya está restringido porque hay que pagar por él, pero ahora las empresas quieren que sea más fácil llegar a unas webs que a otras, en detrimento de quienes no pueden pagar por estar entre las de acceso rápido”. El acceso a Internet está restringido porque hay que pagarlo, dice, así que supongo que el acceso a las lechugas también está restringido, pero no sé qué no lo está. Está más restringido en los países donde no se permite el acceso a Internet, o donde no hay líneas, o donde sólo unos pocos pueden pagarlas, o donde hay un alto índice de analfabetismo. Y además si uno busca a Chomsky los buscadores lo llevarán a Chomsky, aunque las malvadas corporaciones hayan hecho una página muy vistosa y rápida en homenaje a Huntington.

Chomsky es también un lingüista importante, y no podría alcanzar ese nivel de influencia diciendo sólo tonterías. Criticó la guerra de Vietnam  y la invasión de Timor Oriental por parte de Indonesia, ha denunciado crímenes contra la humanidad, y a diferencia de otros gurús de la izquierda no ha sido un apologista de la Unión Soviética. También ha combatido el relativismo en la lingüística y ha postulado unos principios universales sintácticos que compartimos todos los seres humanos, pero no aplica los mismos estándares en la política o en los derechos humanos. No tiene una teoría política propiamente dicha, ni un plan para la sociedad. Los crímenes sólo le interesan cuando el culpable es Occidente, y eso le ha llevado a defender lo indefendible, o a minimizar el sufrimiento de las víctimas.

Se define como un anarquista, y critica las restricciones a la libertad de las democracias, pero no está contra todos los gobiernos y tiene dificultades para ver la falta de libertad en regímenes no democráticos. Le parece que defender los derechos de los homosexuales es olvidar "los problemas realmente serios", y ha declarado: “Me parece que Estados Unidos necesita una desnazificación”, o que “La propaganda es a la política lo que la porra a un estado totalitario”, cuando la propaganda es todavía más brutal –e ineludible- en los estados totalitarios. Sobre el interés de los europeos por las últimas elecciones americanas,  ha dicho: “[Europa] siguió todo lo que es superficial, sin entrar en los programas”, así que supongo que tenemos que darle las gracias al cielo porque lo tenemos a él, para que nos explique lo que es importante. Tiende a manipular estadísticas, a despreciar la capacidad crítica de los ciudadanos, y a sacar conclusiones y establecer equivalencias morales y explicaciones que bordean la teoría de la conspiración a partir de datos hipotéticos.

2.

Chomsky defendió al negacionista Robert Faurisson, que afirmaba que los nazis no tenía campos de exterminio, que los jueces de Nuremberg habían forzado los testimonios de los supervivientes, o que el Diario de Anne Frank era falso.

Las supuestas cámaras de gas de Hitler y el supuesto genocidio judío forma una gigantesca mentira histórica, que abrió el camino a una gigantesca estafa política y financiera, cuyos principales beneficiarios son el estado de Israel y el sionismo internacional, y cuyas principales víctimas son el pueblo alemán –pero no sus líderes- y el pueblo palestino.

Como cuenta en What’s Left Nick Cohen, la izquierda de los años 70 estaba en general en contra del antisemitismo, y hubo un escándalo: los manifestantes lo atacaron, se emprendieron acciones legales y los administradores de la Universidad le suspendieron. “La libertad de expresión incluye la libertad de mentir y difamar”, escribe Cohen, “y si Noam Chomsky hubiera firmado una petición que defendiera la libertad de Faurisson no habría queja. Lo que ocurrió, sin embargo, fue que el admirado izquierdista, el estudioso que escribía contra el fascismo, fue mucho más allá de una declaración de principios elementales y dio solaz a grupos neonazis de todo el mundo.

La petición que firmó Chomsky era una obra de verdadera propaganda que pintaba a Faurisson como un buscador de la verdad que estaba siendo injustamente atacado por su investigación. Era un ‘respetado profesor de literatura francesa del siglo XX y crítica de documentos, que ha conducido una extensa investigación sobre la cuestión del “Holocausto”’.

Las inquietantes comillas alrededor de la palabra ‘Holocausto’ y la afirmación de que Faurisson era un historiador con ‘hallazgos’ reputados enfurecieron a la izquierda francesa. Pensaron que Chomsky era un hombre ocupado que había añadido su nombre a la petición sin darse cuenta de lo que firmaba. Pese a que le habían dado el capítulo y el verso a la creencia de Faurisson de que el mayor crimen de Europa no había ocurrido y de que los judíos le habían declarado la guerra a Hitler, Chomsky insistió en que hasta donde él podía saber, Faurisson era un ‘liberal relativamente apolítico’”.

Cohen continúa: “Chomsky opinaba que no creer en el Holocausto no era en sí mismo una prueba de antisemitismo: ‘si a una persona ignorante de la historia moderna le hablaran del Holocausto y se negara a creer que los humanos son capaces de actos tan monstruosos, no concluiríamos que es un antisemita. Eso basta para zanjar este asunto’.”

¿Cómo va a zanjar el asunto, si no estaba hablando de una persona ignorante de la historia e incapaz de comprender el mal, sino de un historiador del que decía que había investigado los hechos? Eso sin tener en cuenta que la experiencia demuestra que los que niegan el Holocausto no suelen sentir mucho aprecio por los judíos.

Chomsky escribió un texto sobre Faurisson y dio permiso para que se reimprimiera. Serge Thion lo utilizó como prólogo del libro Mémoire en defense de Faurisson, sin que lo supiera Chomsky. Luego Chomsky pidió que el ensayo no se utilizara así, porque le parecía que la comunidad intelectual francesa era incapaz de entender la libertad de expresión y se produciría más confusión. Era demasiado tarde; el libro salió con el prólogo.

3.

Entre 1975 y 1979, el régimen de los jemeres rojos acabó con una quinta parte de la población de Camboya. El sacerdote francés François Ponchaud fue uno de los primeros que consiguió elaborar un informe creíble de las atrocidades –lo que resultaba muy difícil, por el control férreo que el régimen de Pol Pot había instaurado en todo el país-: un libro que llamó Camboya, año cero. Ponchard, un izquierdista que en un primer momento había aceptado de buen grado la victoria de Pol Pot, entrevistó a miles de refugiados que habían logrado llegar a la frontera. Sus informes estaban apoyados por los reportajes de Jon Swain de The Times y Sydney Schanberg de The New York Times.

Chomsky y su colaborador Edward Herman acusaron al sacerdote de “jugar con las citas y los números y tener un partidismo y mensaje anticomunista”. Encontraron a The New York Review of Books, que había elogiado el libro de Ponchard, responsable de “extremas distorsiones contra los jemeres”. Los artículos demostraban que la historia era “fabricada” para que las masas aceptaran como hechos la propaganda capitalista. Chomsky y Herman saludaron como valientes disidentes a dos autores que reimprimían los boletines de propaganda de la radio de Pol Pot, y aseguraban que si se producían crímenes en Camboya (que, quizás, decían, “se parece a la Francia de después de la liberación”) se debían a la amenaza del hambre que había “causado la destrucción y asesinatos de Estados Unidos”.

4.

Chomsky se opuso a la intervención de la OTAN en Kosovo. Y también tuvo una actitud ambigua en torno a la guerra de los Balcanes.

Nick Cohen cuenta que Thomas Deichmann, un izquierdista alemán y apologista de la actuación serbia durante la guerra de los Balcanes, escribió en la revista LM que las fotografías que habían convencido a la opinión pública de que en Bosnia se habían cometido crímenes contra la humanidad eran un engaño. No intentó entrevistarse con los supervivientes, como Fikret Alic, que vivía en el exilio después de que en el campo le hubieran roto seis costillas, la mandíbula, la nariz y le hubieran dejado sin dientes: habló con los guardias serbios, que le explicaron que Trnopolje era un centro “de recogida de refugiados, muchos de los cuales buscaban seguridad y podían marcharse si querían”.

Diana Johnstone escribió en Fools’ Crusade que la masacre de Srebenica no había existido: “se supone que los 8.000 musulmanes asesinados llegaron en condiciones de seguridad a territorio musulmán”. “Las autoridades musulmanas nunca dieron información sobre esos hombres, prefiriendo contarlos entre los desaparecidos, es decir, entre los masacrados”, explicaba. Sólo se podía hablar de 199 muertos: “no hay manera de informar del destino de todos los musulmanes desaparecidos en Srebenica. En lo que respecta a los musulmanes que fueron realmente ejecutados tras la caída de Srebenica, esos crímenes llevan todas las marcas de espontáneos actos de venganza, en vez de un proyecto de ‘genocidio’”.

En el juicio en La Haya en 2003, hubo testimonios de testigos de esa masacre que se produjo ante las narices de la ONU. El coronel Dragan Obrenovic, subcomandante del ejército sergbio en Srebenica en el momento del genocidio, declaró: “Soy culpable de lo que hice y de lo que no hice. Miles de personas inocentes fueron asesinadas, sólo quedan las tumbas”.

Cuando la revista sueca Ordfront le ofreció un espacio a Johnstone, la redacción protestó. Tariq Ali, Arundhati Roy, Chomsky y Harold Pinter escribieron una carta defendiendo su derecho a escribir lo que quisiera (un derecho que ningún tribunal le había quitado). Pero además, la carta decía que Fools’ Crusade era “una obra extraordinaria, que disiente de la visión mayoritaria por medio de los hechos y la razón, siguiendo una gran tradición”.

Chomsky dijo en la televisión serbia: “hay un famoso incidente que ha cambiado por completo la opinión occidental, la fotografía de ese hombre delgado tras la valla”.

“Una fotografía fraudulenta”, interrumpió el serbio.

“¡Lo recuerda!”, respondió Chomsky. “El hombre delgado tras la valla. Así que es Auchswitz y no podemos tener Auchswitz otra vez”.

4.

El 12 de septiembre de 2001, Chomsky comparó los ataques de Al Qaeda (que se entenderían, diría más tarde, “teniendo en cuenta el sufrimiento expresado por los pueblos de Oriente Medio”) en Nueva York y Washington con el bombardeo de la fábrica farmacéutica Al-Shifa en Jartum el 20 de agosto de 1998, “que probablemente llevó a la muerte a decenas de miles de personas”. Human Rights Watch declaró que no había podido investigar el número de muertos, y que no lanzaría una cifra sin una misión meticulosa sobre el terreno. Christopher Hitchens, que considera el bombardeo de la fábrica farmacéutica un crimen de guerra “al que se oponían la mayoría de los militares y del servicio de inteligencia” y escribió numerosas columnas denunciándolo mucho antes que Chomsky, afirmaba “mencionar con el mismo tono la degradación a lo república bananera de Estados Unidos y un plan, pensado durante meses, para infligir el máximo horror sobre los inocentes es abandonar todo estándar que hace posible la discriminación moral e intelectual. Por expresarlo en el nivel más sencillo y elemental, los misiles que lanzó Clinton no estaban llenos de pasajeros”.

He tomado la imagen de Chomsky aquí.

GALLETAS

GALLETAS

 

1.

Sale una biografía de John Cheever. Una reseña de Stefan Beck. Y aquí otra, de John Updike.

2.

Colm Toíbín dice que no disfruta escribiendo.

“No hay placer. Salvo que no tengo que trabajar para nadie que me mande”.

“Escribo con una especie de lúgubre determinación de tratar cosas que están ocultas y son difíciles y eso significa, creo que el placer está fuera de la ecuación”

“Después de un tiempo, [escribir] no es difícil, pero nunca es divertido ni nada parecido”.

Cuando le preguntan qué es lo mejor de ser escritor, responde: “El dinero. Nunca pensé que hubiera dinero… No tiene nada que ver con el placer. Me gusta vender los derechos al extranjero, pero esa sensación no dura más de 20 minutos”.

Preocupado, The Guardian ha consultado la opinión de AL Kennedy, Amit Chaudhuri, Hari Kunzru, John Banville, Joyce Carol Oates, Will Self, Geoff Dyer, Ronan Bennet y Julie Myerson.

3.

Un tribunal de Uzbekistán ha condenado a cinco escritores.

Bakhrom Ibrahimov y Davron Kabilov han recibido cada uno una sentencia de 12 años en régimen general en un campo de trabajo; Rovshanbek Vafoyev, una sentencia de 10 años; y Abdulaziz Dadahonov y Botyrbek Eshkuziyev una sentencia de ochos años. Los cinco fueron arrestados por la policía secreta a mediados de 2008 bajo la sospecha de “recibir dinero de una movimiento religioso turco radical nursi”. La asociación pro-derechos humanos Ezgulik señaló que los acusados insisten que no violaron ninguna ley: “Quremos que los niños sepan la verdad, que puedan distinguir el negro del blanco”, dijeron, “pero vosotros llamáis blanco a lo negro y negro a lo blanco”.

4.

Tobias Wolff ha ganado el premio Story por su colección de relatos Our Story Begins.

5.

Sherman Alexie, David Sedaris y Michael Chabon son dos de los seis escritores nominados a la categoría Most Engaging Author en los premios que concede ABBA, la asociación de libreros de Estados Unidos.

6.

Unas galletas con la cara de escritores rusos.

En la imagen, una galleta con la cara de Tolstói de la marca Woolylogic.

NO DIGAS NADA

NO DIGAS NADA

 

Escribe Christopher Hitchens:

“La religión musulmana presenta reivindicaciones inusualmente grandes para sí misma. Todas las religiones lo hacen, por supuesto, cuando dicen conocer y ser capaces de interpretar los deseos de un ser supremo. Pero el Islam se afirma como la última y final revelación de la palabra de dios,  la consumación de todos los atisbos de verdad otorgados a las religiones anteriores, que se encuentra disponible a través del texto inmaculado e infalsable de la ‘recitación’, el Corán.

Si a veces hay algo implícitamente absolutista o incluso totalitario en una reivindicación así, puede provenir no de una lectura fundamentalista del libro sagrado sino de la propia religión. Y son los llamados musulmanes mayoritarios, agrupados en la Organización de la Conferencia Islámica, quienes ahora piden a través de las Naciones Unidas que el Islam no sólo pueda lanzar sus reivindicaciones absolutistas, sino que también esté oficialmente protegido de cualquier crítica.

Aunque está escrita, irónicamente, en el lenguaje de los derechos humanos y la oposición a la discriminación, la resolución 62/154 de la ONU, no vinculante, ‘Combatir la difamación de las religiones’, busca extender la protección no a los humanos sino a las opiniones y las ideas, garantizando a estas últimas inmunidad para no ser ofendidas. El preámbulo está lleno de hipocresías que mueven poco a la risa, como en este delicioso párrafo que afirma que la Asamblea General de las Naciones Unidas está:

subrayando la importancia de incrementar contactos en todo nivel en orden de profundizar el diálogo y reforzar el entendimiento entre las diferentes culturas, religiones, creencias y civilizaciones, y acogiendo en este sentido la Declaración y Programa de Acción adoptado por la Reunión Ministerial de Derechos Humanos y Diversidad Cultural del Movimiento de Países No Alineados, que tuvo efecto en Teherán el 3 y 4 de septiembre de 2007.

 

Sí, creo que podemos ver dónde vamos. (Y verdaderamente me habría gustado asistir a esa reunión e informar más directamente sobre sus sabores ricos y variados y culturalmente diversos, pero no pude conseguir un visado). Las estipulaciones que siguen este ampuloso preámbulo son aún más tendenciosas, y esa cualidad aumenta conforme el texto avanza. Por ejemplo, el párrafo 5 ‘expresa su profunda preocupación de que el Islam se asocie frecuente y erróneamente con violaciones de los derechos humanos y el terrorismo’, mientras que el párrafo 6 ‘percibe con creciente preocupación la campaña de difamación de las religiones y la clasificación étnica y religiosa de las minorías musulmanas tras los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001’.

¿Ves cómo se hace el truco? En las mismas semanas que esta resolución llega a su renovación anual en las Naciones Unidas, el principal gobierno que la apoya (Pakistán) llega a un acuerdo con los talibanes locales para cerrar las escuelas de chicas de la región del valle del Swat (a unos 150 kilómetros de la capital Islamabad) y someter a los habitantes a la sharía. Está capitulación llega como respuesta directa a una campaña de horrible violencia e intimidación, que incluía decapitaciones públicas. Sin embargo la religión de los que llevan a cabo esta campaña no debe mencionarse, por miedo a ‘asociar’ la fe con violaciones de los derechos humanos o terrorismo. En el párrafo 6, hay un intento obvio para que se confunda la etnia con la confesión. En realidad esta insinuación (que por cierto considera los actos criminales basados en la fe del 11 de septiembre meramente ‘trágicos’) es de hecho esencial para todo el plan. El inútil y absurdo término islamofobia, que ahora se usa ampliamente como una porra del chantaje moral, es testimonio de su éxito.

Para ser claros, una fobia es un miedo o repulsión irracional e indomeñable. Sin embargo, algunos de nosotros podemos explicar con relativa calma y lucidez por qué pensamos que la ‘fe’ es la virtud más sobrevalorada. (No nos llames ‘fóbicos’ a menos que quieras que empecemos a decir que nos has ‘ofendido’.) Y todo esto sería mucho menos enfangado y confuso si el estado de Pakistán, por decir uno, no lanzara la afirmación muchas veces desacreditada de que la religión puede ser la base de una nacionalidad. Son esas crudas fusiones -¿un saudí o un pakistaní son ‘clasificados’ por su religión o raza?- las responsables de cualquier solapamiento entre religión y raza. También ayudaría que el hadith no prescribiera la pena de muerte para quien intente abandonar el Islam: entonces uno podría estar más seguro de quién es un sincero creyente y quien no lo era, o (como en el velo o el chador en las mujeres) quién es voluntaria y quien está siendo obligada por su familia.

En vez de intentar poner su casa en orden para enfrentarse a otras cuestiones graves como el asesinato masivo de mulmanes chiíes por parte de los suníes (y al revés), o la profanación de lugares sagrados musulmanes a manos de gángsters musulmanes, o la discriminación de musulmanes ahmadíes por parte de otros musulmanes, la resolución de la ONU busca extender el área de la negación de su lugar de origen en el mundo islámico al corazón de la democracia post-islámica, donde todavía son los individuos los que tienen derechos, en lugar de las religiones. Mira dónde nos lleva el lenguaje del párrafo 10 de la resolución. Tras reconocer de boquilla el derecho a la libertad de expresión, dice que ‘el ejercicio de este derecho lleva consigo especiales deberes y responsabilidades, y puede por tanto ser sujeto a limitaciones que marca la ley y son necesarias para respetar los derechos y la reputación de otros, para la protección de la seguridad nacional y el orden público, la salud o la moral pública y el respeto a las religiones y las creencias’. La verdad que encierra esta horrible prosa de madera es tan fea como el lenguaje que la expresa: Cuidado con lo que dices, porque nuestra intención declarada es criminalizar las opiniones que difieren con la única fe verdadera. Que nadie diga que no le habían advertido”.

He tomado la imagen de Hitchens aquí.

HUME CONTRA ROUSSEAU

HUME CONTRA ROUSSEAU

 

A.C. Grayling escribe sobre The Philosophers' Quarrel: Rousseau, Hume, and the Limits of Human Understanding [La disputa de los filósofos: Rousseau, Hume y los límites del entendimiento humano], de Robert Zaretsky y John T. Scout.

 “Rousseau tenía habilidad para molestar a las autoridades en cualquier lugar en el que estuviera, y si no las autoridades, a sus vecinos o a los criados de su anfitrión o directamente a su anfitrión, y por tanto tenía que ir de un sitio a otro con más frecuencia de lo que suele sucederle a la gente polémica y difícil. Y Rousseau era enfáticamente polémico y difícil. Cuando lo obligaron a abandonar su Suiza natal en 1765 tenía una elección: uno de los estados alemanes de Federico el Grande, o Inglaterra. Tras muchas dudas, escogió esta última. David Hume estaba terminando un periodo de trabajo diplomático y aceptó encantado la idea de llevar a Rousseau –a quien no había conocido aún- a Inglaterra y a mandarlo allí, seguro de que mucha gente querría ayudar al famoso y admirado exiliado, y de que se podía pedir al rey Jorge III que le concediera una pensión. Hume tenía razón en todos los aspectos. En lo que se equivocaba completa y desastrosamente era en lo que concernía al propio Rousseau.

No es que no lo hubieran advertido: Voltaire, el barón d’Holbach y en realidad casi todo el mundo que Hume conocía en Francia, le aconsejaron que tuviera cuidado. Cuando Hume le dijo a d’Holbach lo rápido que se habían unido él y Rousseau en sus primeros encuentros en París, y lo mucho que le apetecía encontrarse con Roussseau en Inglaterra, d’Holbach dijo: “Aunque siento echar un jarro de agua fría sobre sus placenteras esperanzas e ilusiones, pronto verá que está engañado. Usted no conoce a su hombre.  Le digo porque está alimentado a una víbora en su pecho”

Y así se demostró. Rousseau era un genio, pero también era un genio egoísta, paranoico, al menos medio loco, un ególatra, dolorosamente sensible en lo que a él se refería y groseramente indiferente a los demás: sus necesitadas efusiones de afecto podían –y habitualmente lo hacían- convertirse en un momento en malevolencia y rencor. Hume era un hombre benévolo, un defensor cordial del sentido común y la cortesía; algo que asumía que los demás también serían, y este fue su fatídico error con Rousseau. Cuando, tras acomodar a Rousseau, a su perro y a su concubina en un encantador retiro campestre, y gestionarle una pensión del rey, la recompensa de Hume fue recibir largas e iracundas acusaciones epistolares de Roussseau que le achacaban traición, conspiración y negrura de corazón, se sintió aturdido y después –de manera infrecuente- enfurecido. Se defendió, el intercambio de cartas se publicó en Francia e Inglaterra para alimentar la curiosidad de un público sediento, porque los dos eran famosos y tenían seguidores, Hume entre los salonnières y Rousseau entre los románticos.

Zaretsky y Scott cuentan la historia con habilidad, tratándola como debería tratarse: como un drama, lleno de ruido y de furia, y que en este caso significa mucho.

Lo mucho que hay en cuestión es el conflicto entre dos perspectivas profundamente diferentes. Aquí es donde Zaretsky y Scout entienden mal la filosofía. Empiezan pensando en Hume y Rousseau como dos gigantes de la Ilustración. Pero Rousseau está, por supuesto –y conforme avanza el libro, sus autores tienen que concederlo cada vez más- lejos de ser una figura de la Ilustración. Era un romántico, y de pura cepa. Para él no eran el conocimiento, la razón empírica, o las creencias impulsadas por el sentido común y la estructura de la psicología humana los que debían servir de guía en la filosofía y la vida –como era la visión de Hume- sino las sensaciones, sentimientos, pasiones e impulsos. Hume pronto descubrió que Rousseau tenía pocas lecturas y poco conocimiento pero era un genio nato, de un alto orden, pero indisciplinado, desinformado y subjetivo. En una carta a un amigo escrita antes de la debacle, aunque seguía elogiando el genio de Rousseau (algo que por otra parte nunca dejó de hacer), Hume escribió: “Ha leído muy poco en su vida… ha visto muy poco, y no tiene ningún tipo de curiosidad… Ha reflexionado, propiamente hablando, y estudiado muy poco, y no tiene muchos conocimientos”. Y Hume identificaba exactamente lo que había hecho de Rousseau el hombre que era: “Sólo ha sentido, durante todo el curso de su vida y en este aspecto, su sensibilidad se eleva más allá de lo que yo he visto nunca”.

Hume se oponía a la creencia racionalista de que una razón a priori puede revelar verdades últimas sobre el universo, el hombre y dios. En lugar de esta tradicional visión filosófica elogiaba la razón empírica y el sentido común, las verdaderas virtudes de la Ilustración. Zaretsky y Scout no ven la distinción entre la razón de los racionalistas y la de los empiristas (que es la razón de la Ilustración), y por tanto construyen una paradoja, donde no existe, del hecho de que Hume fuera un hombre de la Ilustración que atacara la razón. Por su parte, Hume no veía, porque no se la tomaba en serio, la creciente atmósfera contraria a la Ilustración del Romanticismo. Cuando Rousseau repentina y violentamente lo atacó con toda la fuerza de la lógica subjetivista de la emoción –Rousseau se sentía maltratado, luego era maltratado; percibía la traición de Hume, luego Hume lo había maltratado- Hume se quedó momentáneamente paralizado. Sus amigos le aconsejaron no responder; pero incluso un individuo tan tranquilo y compuesto encontraba difícil soportar esa ingratitud y calumnia.

El Baron d’Holbach describió a Rousseau como “un charlatán filosófico, lleno de afectación, orgullo, rarezas e incluso villanías”. Va a favor del crédito de Hume que nunca pensó que Rousseau fuera un charlatán, aunque ahora estaba de acuerdo con el resto del análisis de d’Holbach, y siguió admirando el genio y la elocuencia de Rousseau aunque predijo que la extravagancia de las ideas del suizo reduciría su valor a los ojos de la posteridad.

De Zaretsky y Scott aprendemos mucho sobre Hume, Rousseau, Voltaire y otros miembros de la constelación de talentos que formaron la Edad de la Ilustración, incluso aunque algunos de ellos (como Rousseau) estuvieron en ella en lugar de formando parte de ella. No puede haber bastantes libros así, o suficientes lectores. Sacan ese tiempo y esos debates vívidamente a la luz, y recuerdan que lo que importaba entonces todavía importa ahora: no es lo menos importante recordar los peligros de la filosofía del sentimiento y la pasión –la prescripción de Rousseau- en la que lo que uno siente es la justificación de todo, aunque el mundo alrededor, si ha mejorado en algo, lo ha hecho gracias al sentido común empírico –la prescripción de Hume. Esa es la verdadera disputa, que la riña entre Rousseau el sensible y Hume el filósofo ilumina perfectamente”.

He tomado la imagen de David Hume aquí.

 

ADAPTACIÓN

ADAPTACIÓN

 

1.

David Foster Wallace se suicidó el 12 de septiembre de 2008. Desde 1997, Wallace trabajó en su tercera novela, que nunca terminó: se llamaba The Pale King [El rey pálido] y trataba de un grupo de empleados en una oficina de Hacienda de Illinois, y de su forma de afrontar el aburrimiento que les produce su trabajo. La mujer de Wallace encontró los borradores en el garaje. Lo cuenta D. T. Max. Aquí, un extracto.

2.

Alessandro Baricco ha escrito:

“Este es un punto delicado, ya que pasa a través de la destrucción de un tabú: la cultura como negocio. Rápidamente uno imagina que viene el mal y lo destruye todo. Pero, por ejemplo, la cosa no da miedo en el mundo de los libros y la información: ¿Nunca hemos notado la falta de un editor de un periódico o estatal, o regional o local? Para permanecer en los libros: ¿te parecen bandidos Mondadori, Feltrinelli, Rizzoli, Adelphi, por no hablar de las pequeñas y medianas editoriales? ¿Los libreros te parecen piratas? Son gente que hace negocios, y cultura. El mundo de los libros no será un paraíso, pero el infierno es otra cosa. ¿Por qué el teatro no es así? Intenta imaginar que en tu ciudad hubiera cuatro carteles teatrales, de Mondadori, De Agostini, Benetton y tu primo. ¿Es realmente tan aterrador? ¿Sientes la falta atroz de los Teatros estables financiados con tu dinero?

Necesitaríamos crear los presupuestos para una verdadera empresa privada en el ámbito de la cultura. Creer y, con el dinero público, echar una mano, sin moralismos fuera de lugar. Si hay temores sobre la calidad del producto final y la accesibilidad económica del servicio, intervenir para apoyarlo del modo más desacomplejado. Lo digo de una manera brutal: habituémonos a dar nuestro dinero a quien lo use para producir cultura y beneficio. Basta de la hipocresía de las asociaciones y  fundaciones, que no pueden producir útiles: como si no fueran útiles los estipendios, los favores, los derechos de autor, la autopromoción personal y los pequeños poderes derivados. Habituémonos a aceptar empresas verdaderas y propias que produzcan cultura y beneficios económicos  y utilicemos los recursos públicos para ponerlas en condiciones de tener precios bajos y generar calidad. Olvidémonos de hacer pagar tasas, abramos el acceso al patrimonio inmobiliario de la ciudad, aligeremos el precio de la mano de obra, obliguemos a los bancos a políticas de préstamos rápidos y fáciles.

El mundo de la cultura y el entretenimiento en nuestro país se sostiene en pie gracias a miles de personas en todos los niveles, que hacen su trabajo con pasión y capacidad: démosles la oportunidad de trabajar en un campo abierto, en sintonía con el consumo libre de ataduras políticas, y revitalizado por el enfrentamiento real al mercado. Somos grandes, podemos cerrar la guardería. Parece un problema técnico, pero es sobre todo una revolución mental. Los frenos son ideológicos, no prácticos. Parece una utopía, pero la utopía está en nuestras cabezas: no hay un sitio donde sea más fácil hacerla realidad.”

El País ha hablado de la polémica que ha provocado el artículo.

3.

Atacan a Christopher Hitchens por intentar borrar una esvástica estilizada de un cartel del Partido Socialista Nacionalista Sirio en Beirut.

5.

Netherland, de Joseph O’Neill, ha ganado el PEN/Faulkner.

6.

Shelly Koonz, una mujer de Iowa que fue arrestada por no devolver un ejemplar de The Freedom Writers Diary de una biblioteca de Des Moines, conocerá a Edith Gruwell, la autora del libro.

7.

Rushdie y las adaptaciones literarias.

En la imagen, Joseph O’Neill

 

CARTÓN PIEDRA

CARTÓN PIEDRA

 

J.M.G. Le Clézio (Niza, 1940), el último Premio Nobel de Literatura, dice que “viajando se escucha mejor el ruido del mundo”. Ha vivido en Inglaterra, Francia, Méxio, Panamá, Estados Unidos o la Isla Mauricio. Tusquets, que también ha publicado “El pez dorado” (1999), la historia de una joven marroquí secuestrada y vendida, y “La cuarentena” (1998), que transcurre en la isla Mauricio, ha reeditado “Desierto” (2008) y “Onitsha” (2008), dos novelas africanas que habían aparecido en Debate hace años.

“Desierto” recibió el Grand Prix Paul Morand de la Academia Francesa en 1980. Cuenta dos historias de manera alterna: a principios del siglo XX unos tuaregs se enfrentan con resultados desastrosos a los colonizadores franceses en el Sur de Marruecos. Años más tarde, Lalla, que desciende de los tuaregs, crece huérfana en una ciudad del norte de África, descubre el amor y se queda embarazada, emigra a Francia, se convierte en una estrella de la publicidad (aunque nunca se le ocurre aprender a leer), y regresa a su lugar de origen.

La novela tiene un imaginario de postal. Algunas veces, incurre en lo obvio: menciona el viento del desierto decenas de veces, el mar (siempre se dice "la mar") es inmenso; a menudo nos informa de que el sol está alto y nos comunica que el cielo “se torna poco a poco negro de noche”. Otras veces, prolonga una visión mítica y angélica de África. Durante más de diez páginas Le Clézio reproduce una larga oración de un líder a lo largo de la cual “sin siquiera darse cuenta, los músicos se pusieron a tocar”. Incluye una larga lista de nombres de guerreros y profetas. Resulta monótona, aunque dan ganas de saber más sobre Sidi Beljeir, “que extrajo leche de un macho cabrío”. Lalla quiere aprender sobre sus antepasados y tiene dos amigos: uno es Namán, un pescador judío que le cuenta cuentos que revelan una supuesta sabiduría ancestral (aunque en realidad son puro pastiche orientalista y tópicos: “Namán el pescador dice que la mar es como una mujer, pero nunca lo explica”), y otro es el Hartani, un pastor. No habla, porque “no conoce el lenguaje de los hombres”, pero es capaz de hacer muchas cosas: huele más que los demás, ve mejor, tiene un oído más fino, “sus manos no son como las de los demás hombres”.  A su lado, Lalla aprende a desarrollar los sentidos y a apreciar la naturaleza, cuya descripción ocupa buena parte de la novela. En cambio, la vida de Lalla en Marsella y París, desde la dureza de la inmigración a la fama de la publicidad, es más rica en acontecimientos pero está contada con menos detalle.

Aunque “Onitsha” es otra novela fallida, resulta más interesante. Tiene mucho que ver con la vida de Le Clézio, y cuenta la historia de Fintan, un chico de doce años que va con su madre italiana a Onitsha, en Nigeria, para vivir con su padre, un inglés al que no conoce. Fintan –que, como hizo Le Clézio fue a conocer a su padre, escribe en un cuaderno durante el viaje- descubre otra forma de vivir: se quita las botas para caminar como Bony, un chico con el que entabla amistad, y no conecta con su padre, un hombre obsesionado por las antiguas civilizaciones africanas. Le Clézio presenta el mundo de los colonos ingleses –frío, cerrado, hipócrita y racista-, y el de un África natural y misteriosa, inaprensible, que “abrasa como un secreto, como una fiebre”. Fintan y su madre son europeos que desaprueban las repugnantes prácticas coloniales, y no tienen un lugar en ninguno de esos dos mundos. Son extraños, como Sabine Rodes, un inglés africanizado e inquietante que vive con Okawho y Oya, una hermosa africana muda: “Tal vez gracias a Oya Mau” –la madre de Fintan- “aprendió a amar la lluvia”, dice el narrador.

Como “Desierto”, “Onitsha” incluye un relato paralelo -el viaje onírico del padre en busca de la civilización perdida-, y la misma visión del mundo hecha de lirismo, tópicos y trazo grueso que convierte las historias y los personajes de Le Clézio en figuras de cartón piedra. Es sorprendente que Oya y el Hartani, los dos personajes que representan el contacto con la naturaleza y una forma de vida perdida, sean incapaces de hablar. Si Le Clézio hubiera inventado seres humanos en vez de símbolos, las novelas serían mejores y la denuncia del colonialismo y la miseria habría resultado más efectiva.

J.M.G. Le Clézio. Desierto. Traducción de Alberto Conde. Tusquets, Barcelona, 2008. 403 páginas.

J.M.G. Le Clézio. Onitsha. Traducción de Alberto Conde. Tusquets, Barcelona, 2008. 254 páginas.

Esta reseña apareció el 26 de febrero en el suplemento Artes & Letras de Heraldo de Aragón.

He tomado la imagen aquí.

BOSQUES

BOSQUES

1.

Escribe Padmini Swaminathan:

Daughters of Shame puede leerse como una secuela de Shame. En ese libro, Jasvinder Sanghera levantó con valentía el velo de secreto que cubría los violentos acontecimientos de su familia: hizo pública su huida de su familia para escapar al matrimonio forzado y las terribles consecuencias que siguieron a esa huida, entre otras razones por el ‘deshonor’ que percibió su familia. Karma Nirvana –la institución que Sanghera fundó para ayudar a las mujeres que se encontraban en circunstancias similares- es un testimonio de la extendida práctica de la violencia de honor sobre las mujeres, y de la amenaza del matrimonio forzoso. Las actitudes no sólo no parecen haberse relajado sino que se han hecho más rígidas en las comunidades de inmigrantes del sur de Asia establecidas en Gran Bretaña, con el pretexto de mantener la cultura y los valores étnicos.

Daughters of Shame, a partir de las historias de víctimas de matrimonios forzosos, aporta un gráfico informe (aunque sólo toque un pequeño número de casos) de la profundidad y la amplitud de la violencia a la que se enfrentan las chicas asiáticas cuando rechazan al compañero que su familia ha elegido para ellas, o cuando se rebelan cuando sus familias las obligan a casarse antes de terminar su educación y prepararse para una carrera profesional”.

Aquí otra reseña.

2.

Barbara Supp escribe sobre cómo la globalización puede ayudar a las mujeres.

3.

A Salman Rushdie no le ha gustado Slumdog Millionaire.

4.

Este año se cumplen 50 años del primer libro de Philip Roth, Goodbye, Columbus. Su editor acaba de anunciar dos nuevas novelas: Humbling, la historia de un actor envejecido “que ha perdido su magia, su talento y su seguridad”, y Nemesis, sobre una epidemia de polio en Newark en 1944.

5.

The Pen Atlas of World Literature de The English Pen salió en febrero e incluye textos de 23 países y 270 autores de Oriente Medio. También tiene un blog.

6.

Alexandre Dumas, sobre la pasión por el trabajo y la investigación de Flaubert en Todo lo que quería decir sobre Gustave Flaubert (Periférica) de Guy de Maupassant: “Qué asombroso obrero, este Flaubert, es capaz de talar todo un bosque para hacer cada cajón de sus muebles”.

En la imagen, Jasvinder Sanghera.

 

ESTANTES, ENTREVISTAS Y SEDA DENTAL

ESTANTES, ENTREVISTAS Y SEDA DENTAL

1.

Tom Perrotta habla en una entrevista sobre su infancia en Nueva Jersey, sus adaptaciones al cine, su paso por la universidad y su novela The Abstinence Teacher, que acaba de salir en Inglaterra.

2.

Un perfil de Amos Oz.

3.

En una ciudad de Inglaterra, la Biblia se colocará en el estante superior de las bibliotecas por miedo a acusaciones de desigualdad. Algunos musulmanes se habían quejado de que el Corán estuviera a la altura de otros volúmenes, ya que creían que debe estar “por encima de los libros comunes”. Para evitar la discriminación, se decidió poner a la misma altura la Biblia. Sin embargo, algunas organizaciones cristianas se han quejado de que la Biblia esté tan alta, porque queda fuera del alcance de los posibles lectores.

4.

Los finalistas de los premios de The Believer:

Black Flies de Shannon Burke

Tampico de Toby Olson

Novel About My Wife de Emily Perkins

Girl Factory de Jim Krusoe

Souls of Wind de John Olson

The Most of It de Mary Ruefle

All Shall Be Well; And All Shall Be Well; and All Manner of Things Shall Be Well de Tod Wodicka

The Invention of Everything Else de Samantha Hunt.

5.

Margaret Atwood, presidenta del PEN International, anunció que no iría a la Feria del Libro de Dubai por el veto al libro de Geraldine Bedell, The Gulf Between Us. Pero parece que el libro no se queda fuera por una prohibición del Gobierno de Emiratos Árabes Unidos, sino por la decisión de los organizadores del festival. Margaret Atwood ha escrito:

¿Es un caso de ‘censura’ o ‘prohibición’? Quizás lo sea, quizás no. Lo descubriremos con el tiempo.

Atwood hablará por videoconferencia en una discusión sobre la censura en el festival el 28 de febrero.

6.

En Sábado, de Ian McEwan, Harry Perowne hace el amor dos veces con su mujer; una de ellas por la mañana. En su reseña en The New York Review of Books, John Banville escribía: “Aparentemente en el norte de Londres, o al menos en la versión fantástica de McEwan, nadie tiene mal aliento por la mañana, y las mujeres que llevan mucho tiempo casadas se despiertan listas para tener relaciones sexuales”.

En una entrevista en The New Yorker, McEwan dice que el comentario del crítico “resultaba mucho más revelador acerca de los hábitos de higiene dental de él y su mujer que sobre el libro”.

He tomado la imagen de Tom Perrotta aquí.