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Daniel Gascón

EXPEDIENTE

1.

Adam Hochschild escribe sobre The Forsaken, de Tim Tzouliadis, una historia de los estadounidenses que fueron víctimas de la Unión Soviética.

La montañosa Kolyma, sólo a unos cientos de kilómetros al oeste del estrecho de Bering, es la zona habitada más fría del mundo. Durante la época de Stalin, se envió a unos 2 millones de presos para que trabajaran en los ricos depósitos de oro que yacen bajo el suelo helado y rocoso. En 1991, cuando trabajaba en un libro sobre cómo afrontaban los rusos la época de Stalin, viajé a la región para ver algunos de los viejos campos de Kolyma, que tenían fama de ser la parte más letal del gulag. Entrevisté a algunos supervivientes. En un país asediado por la escasez de materiales de construcción, los cientos de campos a los que se podía ir en camión habían sido desmantelados. Los únicos que seguían en pie eran inaccesibles a través de carreteras, y para llegar hata ellos había que alquilar un helicóptero.

Pasé un día entero volando sobre este territorio desolado, sus montañas manchadas de nieve incluso en junio. Bajamos a tres de los viejos campos, encontramos desvencijadas torres de vigilancia, altas ballas de alambre oxidado, y, en un campo, una prisión con celdas de castigo. Había perdido su techo, pero los anchos muros de piedra seguían en pie; dentro había pequeñas ventanas cerradas tanto horizontal como verticalmente con barras; las intersecciones estaban aseguradas con bandas de hierro. Al final del día en Kolyma, mientras las sombras llenaban los huecos como tinta que se extiende, volamos a la ciudad en la que me alojaba. Más allá de cada cresta montañesa, parecía, en cada valle, estaban las ruinas de otro campo, la madera oscurecida por décadas de exposición, como si la mano de un gigante enfadado las hubiera esparcido por un paisaje lunar áspero y desolado.  

Nadie sabe exactamente cuántos ciudadnos soviéticos murieron durante el cuarto de siglo que Stalin tuvo el poder absoluto, pero sumando a los que fueron sentenciados a muerte y ejecutados, murieron en hambrunas fabricadas por el hombre, o trabajaron hasta la muerte en el gulag, las estimaciones suman aproximadamente veinte millones. Como el otro gran espectáculo del horror que se desarrollaba en la Europa ocupada por Alemania en el mismo periodo, la historia soviética era un relato de asesinatos de masas a una escala casi inimaginable. Pero, a diferencia de los nazis, los soviéticos, en sus primeras décadas en el poder, fueron apoyados por el gran idealismo de gente de todo el mundo que aspiraba a una sociedad más justa. The Forsaken de Tim Tzouliadis lo recuerda. Porque su relato de los años de Stalin y sus consecuencias adoptada un prisma inusual: la experiencia de decenas de miles de estadounidenses que emigraron a la Unión Soviética en la década de 1930. Muchos de ellos, como los rusos que vivían a su lado, murieron. Trozos  y pedazos de esta historia se han contado antes, sobre todo en las memorias de los supervivientes. Pero hasta donde yo sé ésta es la primera historia comprehensiva, y es triste y fascinante.

Como miles de europeos occidentales que llegaron en el mismo periodo, setos inmigrantes fueron impulsados por la gran depresión de sus países y la creencia en que una vida mejor y más justa existía en la URSS. Un cuarto de los trabajadores estadounidenses estaban en el paro, y millones de americanos esperaban sopa en fila o vivían en refugios después de perder sus casas o granjas. ¿No se podía construir una sociedad más humana? En Rusia, decían lo estaban haciendo. Las fábricas contrataban –sobre todo a trabajadores cualificados e ingenieros, a los que se ofrecía lo que parecían contratos lucrativos. (…)

Cuando la agencia de comercio exterior soviética anunció empleos para trabajadores estadounidenses cualificados en Rusia ese año, se apuntaron 100.000 personas. 10.000 fueron contratados; miles se fueron al país con visas de turistas, esperando encontrar un trabajo cuando llegaran allí. A principios de 1932, The New York Times contaba que unos 1.000 americanos llegaban a Moscú a la semana, y que el número crecía. El corresponsal, Walter Durante, era un célebre compañero de viaje y pudo exagerar; sin embargo, el número fue lo bastante grande como para que el semanario Moscow News tuviera una edición diaria. Los inmigrantes llevaron a sus hijos, y pronto había colegios ingleses en al menos cinco ciudades soviéticas. Por cuarenta millones de dólares, Stalin trajo 75.000 Sedans modelo A de Henry Ford, y una fábrica de Ford, que por supuesto, requería técnicos especializados.

Con ellos, los recién llegados trajeron el béisbol. Tzouliadis inclu un grupo de sonrientes jóvenes americanos en el parque Gorky en el verano de 1934, con las iniciales en sus jerseys identificando sus equipos: el club de trabajadores extranjeros de Moscú y el club de trabajadores del automóvil de Gorka. Paul Robeson, que había sido una estrella como atleta en la universidad antes de convertirse en un comunista y un cantante famoso, fue nombrado catcher honorario de uno de los equipos. Otros eqsuipos estadounidenses de béisbol se extendieron por todas partes, desde Járkov en Ucrania a Armenia. (...)

El béisbol se puso de moda entre los rusos, que empezaron a unirse a los equipos americanos, o a fundar los suyos, aunque la práctica de robar bases les parecía capitalista. Después llegó 1936, y empzó la Gran Purga. Tras encarcelar, asesinar o exiliar a todos sus auténticos oponentes políticos, un paranoico Stalin fue a por los imaginarios, y en el proceso tocó una vena profunda de xenofobia rusa. Olas de arrestos masivos empezaron. Se calcula que uno de cada ocho hombres, mujeres y niños de la URSS fue capturado en el espacio de media docena de años. En los procesos de los grandes funcionarios del Partido Comunista, la acusación era normalmente espionaje para un país extranjero. Y los extranjeros, o cualquiera que tuviera conexión con ellos, eran sospechosos. Los rusos dejaron de unirse a los partidos de béisbol. Pronto, no hubo partidos de béisbol.

Por Alexander Solzhenitsyn y otros rusos que han sido testigos, sabemos de los arrestos a mdianoche, los interrogatorios y las confesiones forzadas, los trenes llenos de prisioneros emaciados hacia los campos de trabajo en el Ártico, Siberia o Kazajstán. Tzouliadis sigue la historia de los americanos que quedaron atrapados n esta locura a través de una amplia muestra de cartas y documentos, y las memorias publicadas de dos hombres que jugaron en los equipos estadounidenses del Moscú de los años 30: Victor Herman y Thomas Sgovio. A diferencia de muchos de sus compañeros, a los que encontraban ocasionalmente n el gulag, sobrevivieron a la prisión: Herman en Rusia central y Sgovio en Kolyman. No se sabe cuántos americanos quedaron atrapados por la purga y perecieron en las células de ejecución o en los campos, aunque en 1997 se encontró una fosa común con más de 140 cuerpos estadounidenses cerca de la frontera con Finlandia. Tzouliadis no calcula el total. Yo creo que la figura anda por los millares; si añadimos las víctimas británicas y de otros países europeos, la cifra supera las decenas de millares”.

2.

Escribe Juliet Lapidos:

“Hay un capítulo en la vida de casi todo protagonista de F. Scott Fitzgerald -tras el internado, antes de la disipación en Nueva York- en el que estudia en Harvard, Princeton o Yale. El héroe de El curioso caso de Benjamin Button, el breve y fantástico relato de un hombre que envejece al revés, no es una adaptación: Benjamin va a Harvard. Desgraciadamente, este detalle está ausente de la adaptación cinematográfica de David Fincher. Comparada con otras libertades que la película se toma con la historia –ahora Benjamin tiene una madre adoptiva negra- esta omisión podría parecer irrelevante. Pero si eres un fan de Fitzegrald, es un cambio significativo. Si quitas el orgullo de la Ivy League, y podrías ponerte a leer a Hemingway.

La razón de Fitzgerald para dar los nombres de las escuelas no es un secreto. Sus personajes principales suelen ser caballeros o personas con aspiraciones a serlo, y como dice Muriel Kane en Hermosos y malditos, un caballero es “un hombre de buena familia que ha ido a Yale o Harvard o Princeton, y tiene dinero y baila bien y todo eso”. Lo que es menos obvio es cómo decidía Fitzgerald entre las tres Universidades. Como Benjamin Button Anthony Parch (Hermosos y malditos) y Perry Parkhurst ("El lomo del caballo") se matriculan en Harvard. Nick Carraway (El gran Gatsby) Dick Diver (Suave es la noche), Anson Hunter ("El chico rico"), and Basil Lee (Los relatos de Basil y Josephine) van a Yale. Amory Blaine, de la primera novela de Fitzerald, Este lado del paraíso, va a Princeton, como Horace Tarbox en “Cabeza y hombros”. La lista está lejos de ser exhaustiva.”

 

LA CASA DE DICKENS

LA CASA DE DICKENS

 

1.

Claire Tomalin escribe sobre Charles Dickens and The House of Fallen Women, de Jenny Hartley:

“El brillante libro de Jenny Hartley rellena un hueco en los estudios sobre Dickens. Vívido, inteligente y fascinante, trata de cómo estableció en Sepherd’s Bush –esto es 1847, cuando Sepherd’s Bush era una granja en las afueras de Londres- una casa en la que las chicas de la calle, las prisiones y los trabajos forzados, chicas que robaban y se prostituían, con vidas arruinadas y aparentemente incapaces de salvarse a sí mismas, podían cambiar a través de la amabilidad y la disciplina, y preparase para una nueva vida en las colonias.

El dinero era de la millonaria Miss Coutts, pero la idea y la organización eran de Dickens, y durante 12 años dirigió la Casa de las Mujeres sin Hogar, instalada en la Casa Urania (el nombre, que le dio un dueño anterior, era particularmente inapropiado, porque Urania es otro nombre para Afrodita, diosa del amor). La voluntad de Dickens de hacer el bien lo llevaba a hacer cosas que una persona normal habría encontrado imposible, y Hartley lo muestra en acción, ayudando a las víctimas semi aplastadas de la sociedad victoriana, con una energía casi diabólica. Desde la primavera de 1846, cuando propuso el plan por primera vez, hasta 1858, cuando le resultó imposible seguir conectado con él, estaba en el centro de sus pensamientos.

Sólo hay que mirar sus cartas para maravillarse de un hombre que ya estaba escribiendo novelas, dirigiendo una revista seminal, llevando una vida social espléndida, criando a ocho hijos, y reuniendo dinero para otras causas benéficas, encontrara tiempo para visitar la casa en Sepherd’s Bush, a menudo varias veces a la semana, para supervisarla, seleccionar internas, consultar a las institutrices, contratar y despedir matronas, tratar con las alcantarillas y el jardinero, gestionar el dinero, escribir informes detallados sobre el origen de las chicas, y organizar su emigración a Australia, Sudáfrica o Canadá.

Hartley nos recuerda cómo se trataba a las mujeres en las instituciones victorianas de Londres: las prisiones ásperas y calladas, y los hospitales para prostitutas penitentes, en las que se les recordaba constantemente su vergüenza mientras trabajaban, bajo reglas estrictas, cosiendo y lavando ropas. El plan que Dickens le vendió a Coutts era hacer de ese hogar un verdadero hogar, donde la gerente nunca preguntaría por el pasado de las jóvenes, con dormitorios cómodos y buena comida, un jardín en el que pudieran plantar flores, libros que leer, y un piano.

Su idea era preparar a cada interna para la inmigración, y su esperanza que se casaran y tuvieran familias. Coutts necesitó bastante persuasión, porque creía que una mujer caída no podía volver a esa felicidad. Hartley señala que un informe hecho en París en la década de 1830 demostraba que muchas prostitutas francesas podían dejar la prostitución, mientras que los ingleses creían que una mujer, una vez “corrompida”, no podía volver atrás”.

2.

Amélie Nothomb, en el Finantial Times:

“No creo [en las clases de escritura creativa]. Creo que ir a clase de escritura es como ir a clase de amor.

¿Cuál es tu forma preferida de procrastinación?

Soy incapaz de procrastinar. Soy incapaz de pensar en el mañana”.

 

3.

Obama ha elegido a Rick Warren para que diga la oración en su su toma de posesión. Hitchens escribe:

"El hombre que ha elegido es un hombre de negocios clerical infatigable, que reúne dinero para apoyar la proposición que dice que que algunos estadounidenses –no cristianos, el tipo equivocado de cristianos, homosexuales y no creyentes- son menos valiosos y virtuosos que su propio rebaño encantador de donantes redimidos y descatados.

Esto es sencillamente insostenible. ¿Es posible que Obama no conociera la ideología de su últimos pastor? La idea parece plausible cuando uno recuerda cómo toleró al odioso Jeremiah Wright. ¿O puede que conozca ese paisaje de racismo y superstición pero crea (como le pasaba con Wright) que podría ser útil para atraer a ciertos sectores? Pensar en cualquier de esas dos opciones es bastante horrible.

Un presidente puede usar su trabajo para ser reelegido, para aumentar su base de votantes, para atraer a otros. Pero el día de su inauguración no es uno de los días en que puede hacerlo. Es un acontecimiento que pertenece principalmente a los votantes y sus descendientes, que están llamados a ver que una larga tradición de transiciones pacíficas continúa alegremente, incluso cuando el resultado es polémico. Yo diría que no necesita ningún discurso religioso, porque, usando la observación de Lincoln sobre Gettysburg, ya ha sido consagrado. Pero si hay que tener algún sacerdote, que sea un viejo hipócrita y digno, sin ninguna alianza sectaria, en lugar de un charlatán agitador de árboles que cree que millones de sus conciudadanos están condenados al infierno porque no satisfacen sus estándares bajos y vulgares".

4.

Otros premios literarios del 2008: el Premio a la Venganza se Sirve Fría; a Te han Tangado, Colega; el Premio a la Firma más Improbable; el Premio a la Mejor Estafa de Género.

En la imagen, Charles Dickens. La he tomado aquí.

FE DE ERRATAS

FE DE ERRATAS

Craig Silverman ha recopilado algunos de los errores periodísticos del año y las disculpas de los medios. Los ha dispuesto en varias categorías. Estos son algunos de los que cita:

Cuatro periódicos distintos publicaron sus disculpas porque habían dicho -¡equivocadamente!- que David Gest tiene herpes. Específicamente, habían declarado que se lo había contagiado Liza Minnelli en su noche de bodas. Los ofensores fueron The Independent, Daily Mail, Times y The Baltimore Sun. Aquí está la disculpa del Daily Mail:

En artículos publicados el 23 y el 26 de mayo de 2008, dimos la impresión de que el señor Gest había contraído una enfermedad de transmisión sexual, y alegado que había mandado matar el perro de Liza Minnelli sin que ella lo supiera.

Esto es incorrecto. David Gest nunca ha contraído una infección de transmisión sexual y no mandó matar al perro de la señorita Minnelli.

New York Times:

Una crítica del 5 de septiembre de la película Save Me confundía algunos personajes y actores. Es Mark, no Chad, el enviado a la Casa Genesis para convertir a hombres gay en heterosexuales. (A Mark lo interpreta Chad Allen, no hay ningún personaje que se llame Chad.) Su compañero es Scott (interpretado por Robert Gant), no Ted (Stephen Lang). Y son Mark y Scott –no “Chad y Ted”- los que comparten cigarrillos y “acciones furtivas de hombre a hombre”.

The Guardian:

Dijimos que, en la serie estadounidense 24, Jack Bauer, el agente antiterrorista, recurría a la electrocución para extraer información. No se puede extraer información de alguien electrocutado porque está muerto (Questioning, the Jack Bauer way, página 1, 19 de abril).

The Valley News, un periódico distribuido en Vermont y New Hampshire, cometió lo que muchos periodistas y editores considerarían la errata más embarazosa: escribió mal su propio nombre en la portada del periódico: “The Valley Newss”.

Algunos lectores se habrán percatado de que ayer The Valley News escribió mal su propio nombre en la portada. Puesto que normalmente nosotros les pedimos a otras instituciones que se hagan responsables de sus errores, queremos que quede registrado: se nos ha quedado cara de tontos.

The Guardian:

El título en inglés de la novela de Gabriel Garcia Marquez es One Hundred Years of Solitude [Cien años de soledad], no One Hundred Years of Solicitude como escribimos. (Actor plans to film long-lost Garcia Marquez screenplay, página 20, 15 de julio).

El periodista deportivo Rick Reilly merece crédito por producir una obra tan brillante que otros dos periodistas deportivos distintos lo plagiaron en menos de dos meses. No es raro que ESPN pagara millones para quitárselo a Sports Illustrated. Uno de los plagiarios, Dave Pratt, también ofreció lo que debe ser la cita más exacta del año después de que la CBC le preguntara por su robo: “Era sábado y quería irme de la oficina antes del mediodía”. Bravo.

Agencia France-Presse:

Le Monde ha publicado una disculpa en portada para pedir perdón al presidente Nicolas Sarkozy después de confundir el nombre de su tercera esposa, Carla Bruni, con el de la segunda, Cecilia.

Private Eye:

Nuestra pieza sobre Slough en el último número decía que la líder de los Torys en el ayuntamiento es Diana Coad. De hecho, ese honor recae en un hombre llamado Derek Creer. “Lady” Diana, que también es candidata al parlamento por la localidad, únicamente se comporta como si fuera la líder. Nuestras disculpas al hombre invisible.

Cuenta la BBC:

A algunos israelíes se les debe haber atragantado el desayuno al oír que el ministro de exteriores francés había dicho que Israel podría devorar a su archi enemigo, Irán.

El diario Haaretz decía en portada que Bernard Kouchner había dicho que Israel podría “eat” [comer] la república islámica antes de que tuviera armas.
Al día siguiente, Haaretz pidió disculpas, y explicó que Kouchner, en inglés había dicho en realidad “hit” [atacar, golpear]

Mr Kouchner también pidó disculpas por la “confusión fonética”.

También hay una categoría sobre la confusión de identidades. Un ejemplo lo pone The Tribune Chronicle, que cometió el error.

La edición del martes afirmaba incorrectamente que la senadora Hillary Rodham Clinton respondía las preguntas de los votantes en la oficina de un congresista local.

El reportero John Goodall, al que se le había asignado el tema, habló por teléfono con Hillary Wicai Viers, directora de comunicación del congresista Charlie Wilson. Según el reportero, cuando Viers respondió el teléfono diciendo “Soy Hillary”, él creyó que estaba hablando con la candidta demócrata, que había hecho varias visitas a Mahoning Valley anteriormente.

New York Post:

La fuente que nos contó la semana pasada que Michelle Obama pedía que llevaran langosta y caviar a su habitación del Waldorf-Astoria debía estar bajo la influencia de una droga alucinógena. La señora Obama ni siquiera estaba en el Waldorf. Lamentamos el error, y nuestra fuente anterior también va a lamentarlo. Pan y agua sería una dieta demasiado buena tras esa falsa información.

Slate:

En “Culturebox” del 20 de junio, Jonah Weiner afirmó que Lil Wayne fue el primer artista hip-hop que fantaseaba con comer a sus competidores. Otros raperos han contemplado devorar a sus rivales.

La mejor corrección del año es de Dave Barry, del Miami Herald:

En la columna de ayer sobre badminton, escribí mal el nombre del jugador guatemalteco Kevin Cordon. Pido disculpas. En mi defensa, quiero señalar que en la misma columna escribí correctamente Prapawadee Jaroenrattanatarak, Poompat Sapkulchananart y Porntip Buranapraseatsuk. Así que cuando llegué a Kevin Gordon, mis dedos estaban agotados.

 

 

En la imagen, la redacción del Chronicle.

PRINCIPIO

PRINCIPIO

 

1.

Cómo no escribir un primer párrafo.

La semana pasada, el agente literario de San Francisco Nathan Bransford anunció su 2nd Sort-of-Annual Stupendously Ultimate First Paragraph Challenge (Segundo Concurso del Primer Párrafo Estupendamente Definitivo, más o menos). Invitaba a los escritores a mandarle los comienzos de las novelas que estaban escribiendo. De entre más de 1.300 piezas, escogió seis finalistas, y los ofreció a la crítica.

Ahora ha revelado el nombre del ganador. No es el favorito de Ligaya Mishan, de The New Yorker, que decía: “Mi grupo de apoyo para afectados por heliofobia se reunió en una vieja escuela con la puerta principal tapiada y pintada de azul. También daba algunos consejos sobre cosas que hay que evitar en un primer párrafo:

-Una frase escandalosa seguida de un parloteo despreocupado.

-Observaciones delicadas seguidas de una frase escandalosa.

-Protagonista duro + mal tiempo + comentarios concisos.

2.
Una especie de Facebook para escritores de Estados Unidos y Canadá.

3.
Una biblioteca de Estocolmo ha sido demandada por Discriminación étnica. El motivo: no permitió que una holandesa llevara prestados más de dos libros porque no era sueca.

4.
Un mapa del crimen en Londres en 1888.

5.
Las tres mejores ciudades para los amantes de los libros: Berlín, Dublín y Boston.

La imagen muestra la letra de Proust. La he tomado aquí.

NAVIDAD Y CENSURA

NAVIDAD Y CENSURA

 

1.

Una escuela retira el libro The Absolutely True Diary of a Part-Time Indian de Sherman Alexie por las protestas de los padres.

2.

Aurelio Arteta y los archisílabos: uno, dos y tres.

3.

Estos titulares de El País:

“Irak se despide de Bush a zapatazos”.

“Brown, recibido con una matanza en Irak”.

4.

Christopher Hitchens escribe contra la Navidad.

“¿La Navidad no es una pesadilla moral y estética, independientemente de que los días sean prósperos?

El fallecido Art Buchwald se hizo aún más famoso reimprimiendo una columna sobre el día de Acción de Gracias que no cambió durante décadas tras su primera aparición en el Herald Tribune, y elevó el umbral de tolerancia del lector. Mi deseo es más ambicioso: escribir una columna contra la Navidad que sea cada año más feroz, aunque esencialmente siga siendo la misma. La objection central, que repito cada mes de diciembre por estas fechas, es que Estados Unidos –un país basado constitucionalmente en la separación entre iglesia y estado- se convierte en el equivalente cultural y comercial a un estado de partido único.

Como en las repúblicas bananeras, lo terrible y siniestro es que la propaganda oficial es ineludible. Vas a una estación teatral o un aeropuerto, y la imagen y la música del Querido Líder están por todas partes. Vas a un lugar más íntimo, como una consulta médica o un restaurante, y vuelven las melodías metálicas, ululantes, enloquecedoras y repetitivas. Y también, si no tienes mucha suerte, las mismas imágenes baratas y producidas en masa, desde los renos a los pesebres y los muñecos de nieve. Encender la televisión o la radio se vuelve más odioso de lo habitual, porque hay ciertos ‘temas’ determinados programados. Todavía peor: los fanáticos obligan a tus hijos a celebrar el cumpleaños del Querido Líder, y así (una marca del estado totalitario) no puedes proteger tu puerta privada ruido incesante y acogedor: te lo traen a casa tus propios hijos. El tiempo que se tendría que dedicar a la educación se emplea en celebrar eventos míticos. Originalmente cristiana, este cajón de sastre de la devoción puede recibir cualquier otro grupo sectario con una reivindicación plausible -Hanukkah or Kwanzaa- de un día sagrado que ocurra lo bastante cerca del solsticio pagano de invierno”.

5.

English Pen e Index on Censorship lanzan una investigación pública sobre la censura. “La decisión refleja una creciente preocupación en este país y otros sobre cómo punto se emplean, y se malemplean, los tribunales, para ahogar el periodismo de investigación y congelar la libertad de expresión”.

En la imagen, Sherman Alexie. La he tomado aquí.

LA IZQUIERDA, EL MULTICULTURALISMO Y LA FETUA

LA IZQUIERDA, EL MULTICULTURALISMO Y LA FETUA

 

Veinte años después de la fetua –lanzada el 14 de febrero de 1989- a Salman Rushdie por Los versos satánicos, Kenan Malik publicará From Fatwa to Jihad. Aquí hay parte de una charla de Malik:

“Veinte años después, el caso Rushdie parece un conflicto de otra época –pero por otras razones. Los asuntos que destapó –la naturaleza del Islam, su relación con Occidente; el significado del multiculturalismo; los límites de la libertad de expresiones- se han convertido en algunos de los problemas que definen nuestro tiempo. Y la política de antes de Rushdie es la que parece anómala. (…)

Sólo tenemos que comparar la respuesta a Los versos satánicos con la de The Jewel of Medina. Escrito por una periodista estadounidense, Sherry Jones, The Jewel of Medina es un cuento romántico sobre la esposa más joven del profeta Mahoma. Random House lo compró por un anticipo de 100.000 dólares. Después una académica estadounidense, a la que le habían enviado el libro en busca de un elogio, condenó el libro como ‘ofensivo’. Random House lo retiró de inmediato. Ninguna otra editorial Americana importante quiso publicarlo.

En 1989 ni la sentencia del ayatolá pudo detener la publicación de Los versos satánicos. Rushdie se tuvo que ocultar durante casi diez años. Traductores y editors fueron asesinados, se pusieron bombas en librerías, y los trabajadores de Penguin tenían que llevar chalecos para protegerse. Pero Penguin nunca cejó en su compromiso y siguió publicándolo.”

Y:

“El primer mito es que la controversia por la novela de Rushdie fue un producto religioso. No lo fue. Era un conflicto político. Los versos satánicos se convirtieron en un asunto en la India porque había elecciones en noviembre de 1988, dos meses después de que se publicara la novela. Los grupos islamistas de la línea dura utilizaron la novea para obtener concesiones políticas. Después se convirtió en un asunto en Gran Bretaña, porque se transformó en un arma en las luchas entre varios grupos musulmanes.

Todavía era más importante la lucha entre Irán y Arabia Saudí por la supremacía en el mundo islámico. Desde la década de 1970 en adelante, Arabia Saudí había usado el dinero del petróleo para fundar organizaciones salafistas y mezquitas por todo el mundo, para consolidar su posición como portavoz de los musulmanes. Después llegó la revolución islámica que derribó al Sha, estableció una república islámica, hizo de Teherán la capital del radicalismo islámico, y del Ayatolá Jomeini su líder espiritual, y supuso un desafío directo a Riad.

El affaire Rushdie se convirtió en un elmento clave de ese conflicto. Los saudíes establecieron el UK Action Committee on Islamic Affairs, el principal grupo contra Rushdie en Gran Bretaña. Arabia Saudí proporcionó los fondos y su co-director era un diplomático saudí. (El otro era Iqbal Sacranie, que más tarde se convertiría en el secretario general del Muslim Council of Britain en 1997; Sacranie dijo que ‘la muerte es demasiado Buena para él’). La fetua fue un intento por parte de Irán para arrebatar la iniciativa a los saudíes, especialmente en un momento en el que Irán había perdido prestigio por su retirada en la guerra con Iraq y cuando los reformistas políticos ganaban terreno en Teherán.

El segundo mito es que Los versos satánicos ofendieron a todos los musulmanes. De hecho, la mayoría de los musulmanes se sentían poco preocupados por la novela. Hasta la fetua, la campaña estaba mayormente concentrada en el subcontinente y Gran Bretaña. Aparte de Arabia Saudí, hubo poco entusiasmo por la campaña en el mundo árabe o Turquía, o entre las comunidades musulmanas de Francia y Alemania. Cuando Arabia Saudí intentó a finales de 1988 que la novela se prohibiera en los países musulmanes de todo el mundo, pocos respondieron, salvo los que tenían grandes poblaciones del subcontinente, como Sudáfrica o Malasia. Incluso en Irán el libro estaba disponible y fue reseñado en muchos periódicos.

Hoy, radical en el contexto islámico significa fundamentalista religioso. Hace 20 años significaba militantemente secular. En Gran Bretaña, organizaciones como Asian Youth Movements tenían un apoyo considerable, y desafiaban tanto el racismo como el poder de las mezquitas. Para muchos musulmanes seculares, Rushdie no era un villano, sino un héroe: era el franco defensor del anti-racismo y el anti-clericalismo.

El tercer mito está en la percepción de los atacantes de Rushdie como hombres, de mediana edad, mal integrados, poco educados, devotos hasta la ceguera. El mismo tipo de imagen existe sobre los terroristas islámicos hoy en día. Muchos eran así. Pero muchos eran jóvenes, de izquierdas, elocuentes, integrados. Pocos eran religiosos o fundamentalistas. Muchos eran miembros del Asian Youth Movement, pertenecían a organizaciones izquierdistas, otros consideraban a Rushdie una figura importante en su lucha.

Así que, ¿por qué atacaba a Rushdie esa gente? En gran parte, por el desencanto con la izquierda secular; y también, por la institucionalización de las políticas del multiculturalismo. La desintegración de la izquierda en los años 80, el abandono de las ideas universales a favor del particularismo étnico, el paso de las políticas ideológicas a las identitarias empujaron a muchos jóvenes asiáticos seculares hacia el islamismo como una visión del mundo alternativo. Este proceso fue estimulado por el crecimiento del multiculturalismo como política cultural.

Cada sección de la ‘ciudad multirracial y multicultural’, declaraba un documento del ayuntamiento de Bradford, tenía ‘el mismo derecho a mantener su identidad, cultura, lenguaje, religión y costumbres’. Esas políticas multiculturales ayudaron a fomentar un sentido más fragmentario de la identidad. Al mismo tiempo, frente a la militancia secular en las calles, los impulsores de las políticas, tanto a nivel nacional como local, se volvieron hacia los líderes religiosos para que actuaran como parapetos conservadores. El Consejo de Mezquitas de Bradford, por ejemplo, que organizó la famosa manifestación en enero de 1989 en el que se quemó un ejemplar de Los versos satánicos, había sido establecido por el Ayuntamiento de Bradford para que fuera portavoz de las comunidades musulmanas. La nueva relación entre las administraciones locales y las mezquitas dio mayor credibilidad a los líderes religiosos conservadores, y marginó los movimientos seculares. Los musulmanes seculares empezaron a ser considerados traidores a su cultura (pertenecían a la ‘izquierda blanca’), y el islamismo radical no sólo se volvió más aceptable, sino, para muchos, más auténtico. El multiculturalismo no creó el Islam radical, pero ayudó a crear un espacio para él en las comunidades musulmanas británicas que no había existido antes de finales de los años 80. Las protestas contra el racismo pasaron de tratar asuntos políticos, como la inmigración y la policía, a temas culturales y religiosos: la petición de escuelas islámicas y de educación separada por sexos, una campaña para que la carne en las escuelas se sacrifique según las exigencias del Islam, y, de manera más explosiva, los ataques a Los versos satánicos.

Las protestas contra Rushdie no nacieron, por tanto, de la nada. Eran la expresión del cambio del paisaje político y social de las sociedades occidentales en la década de 1980. Pudo serlo porque los progresistas habían abandonado sus propios principios.

Hace 20 años, la mayoría de los progresistas defendían el derecho de Rushdie a publicar Los versos satánicos, aunque ofendiera a muchos musulmanes. Hoy, muchos arguyen que, aunque parezca correcto en principio, en la práctica uno debe apaciguar las sensibilidades religiosas y culturales porque estas sensibilidades son muy intensas. Evitar el ‘dolor cultural’ se considera más importante que lo que se ve como un derecho abstracto a la libertad de expresión.

Pero esa política crea los mismos problemas que supuestamente responde. Por ejemplo, el furor por The Jewel of Medina. Ni un solo musulmán había protestado antes de que Random House retirase el libro. Es bastante posible que ninguno lo hubiera hecho si el libro hubiese aparecido. Pero cuando Random House llamó la atención sobre la capacidad de ofender del libro, era inevitable que algunos musulmanes se sintieran ofendidos.

Después de que Random House descartara The Jewel of Medina, lo tomó la pequeña editorial independiente Gibson Square, cuyo director Martin Rynja es un firme abogado de la libertad de expresión. El 26 de septiembre –exactamente 20 años después de la publicación de Los versos satánicos- las oficinas de Gibson Square sufrieron un ataque. Martin Rynja sigue escondido.

Es difícil decir si el ataque se habría producido si Random House hubiera publicado el libro. Siempre habrá extremistas como los que atacaron Gibson Square. El problema real es que sus acciones reciben una legitimidad espuria de parte de progresistas que dicen que es inaceptable ofender, y a los que aterroriza que uno pueda o deba ofender de esta manera.

La lección nunca aprendida del caso Rushdie es que los progresistas han creado sus propios monstruos. Es el miedo progresista a causar una ofensa lo que ha ayudado a crear una cultura que se ofende con demasiada facilidad.

Hay una escena en Los versos satánicos en la que uno de los personajes, Saladin Chamcha, está en un centro de detención para inmigrantes. Todos los internos se han convertido en monstruos. ‘¿Cómo pueden hacerlo?’, quiere saber Saladin. ‘Nos describen’, le responden, ‘eso es todo. Tienen el poder de la descripción y nosotros sucumbimos a las imágenes que construyen.’

Rushdie escribía sobre el impacto del racismo. Pero también podía haber escrito sobre la respuesta al caso Rushdie. Al aceptar la ficción de que la teología conducía la hostilidad a Los versos satánicos, de que el libro ofendía a todos los musulmanes, y de que en una sociedad plural la libertad de expresión debía quedar restringida, los progresistas han ayudado a a crear una cultura de la queja en la que sentirse ofendido se ha convertido en una seña de identidad. Los mitos sobre el caso Rushdie han creado muchos de los monstruos de después de Rushdie. Si queremos matar esos monstruos, debemos liberarnos de esos mitos”.

La imagen de Rushdie es de The Guardian.

EL INFIERNO EN COREA

EL INFIERNO EN COREA

 

The Washington Post entrevista a un hombre que nació en un campo de prisioneros de Corea del Norte. Ha escapado con vida y ha escrito un libro para contarlo.

“En el campo número 14, la prisión política de Corea del Norte donde Shin Dong-hyuk nació, y donde dice que vio el ahorcamiento de su madre, los internos nunca vieron una imagen de Kim Jong Il.

‘No tengo ni idea de quién es’, dijo Shin, refiriéndose a un líder cuya fotografía se ve por casi todas partes en Corea del Norte.

Los internos no necesitaban conocer la cara del ‘Querido Líder’. Tras las vallas electrificadas, atendían a credos, curtían cuero, recogían leña y trabajaban en minas hasta morir o ser ejecutados.

La excepción es Shin, que tiene 26 años y vive en una pequeña habitación alquilada en Seúl. Es delgado, bajo, tímido; con ojos rápidos y cansados, cara de niño y brazos arqueados por el trabajo infantil. Hay cicatrices de quemaduras en su espalda y en su brazo izquierdo, que datan de cuando fue torturado a los catorce años, cuando no fue capaz de explicar porque su madre, a la que pronto ahorcarían, había intentado escapar. El dedo corazón de su mano derecha está cortado: es el castigo que tuvo que pagar porque se le cayera accidentalmente una máquina de coser en la fábrica textil del campo.

Hay 14.431 norcoreanos que viven en Corea del Sur, según el último recuento del gobierno. Shin es el único que ha escapado de un campo de prisioneros en el Norte, de los que conocemos.

El relato de Shin no se ha podido verificar de manera independiente, pero ha sido confirmado por activistas de los derechos humanos y miembros de organizaciones de norcoreanos refugiados en Seúl. Conocieron a Shin cuando llegó a Corea del Sur y lo hospitalizaron con estrés post-traumático.

‘Al principio, no podia creerlo porque nadie había conseguido huir’, dijo said Kim Tae-jin, presidente de la Red Demócrata contra el Gulag de Corea del Norte, que huyó de Corea del Norte después de pasar diez años en otro campo de concentración. A diferencia del campo número 14 de Shin, el campo número 15 en el que estaba confinado Kim a veces liberaba a prisioneros políticos.

‘He visto a demasiados prisioneros ejecutados delante de mí cuando intentaban escapar’, dijo Kim.

El gobierno de Estados Unidos y los grupos de defensa de los derechos humanos estiman que hay entre 150.000 y 200.000 personas en los campos de prisioneros de Corea del Norte. Muchos de los campos se ven en imagine por satélite, pero Corea del Norte niega su existencia.

Shin es autor de un libro lúgubre y extraordinario, Escape al mundo exterior. Está ilustrado con dibujos sencillos del ahorcamiento de su madre, la amputación de su dedo, sus torturas con fuego. Hay fotos en blanco y negro de sus cicatrices, y una foto por satélite del campo número 14. Se encuentra en Kaechon, a unos 80 kilómetros al norte de Pyongyang, la capital de Corea del Norte.

El libro nació de un diario que mantenía en el hospital cuando se recuperaba de las pesadillas y arrebatos. Comienza con la historia de su nacimiento en el campo número 14, de unos padres cuya unión fue decidida por los guardias de la prisión. Como recompensa por su excelente trabajo como mecánico, su padre recibió a la mujer que se convertiría en la madre de Shin. Shin vivió con ella hasta los doce años, cuando lo llevaron a trabajar con otros niños.

En el libro, Shin describe la ‘común y casi rutinaria’ brutalidad del campo: la violación de un familiar por parte de los guardias y la paliza mortal a una chica a la que encontraron cinco grados de cereal en el bolsillo. Una vez encontró tres granos de maíz en una pila de excremento de vaca. Los cogió, los limpió en la manga y se los comió. ‘Por miserable que parezca, fue mi día de suerte’, escribe.

Ser el único refugiado en el sur capitalista de los horrores de las prisiones del norte comunista no ha hecho de Shin una celebridad. Escape al mundo exterior ha vendido unos 500 ejemplares de una edición de 3.000 ejemplares en coreano. No se está preparando una traducción al inglés, dijo.

Un capítulo inolvidable es la ejecución de su madre, ahorcada en 1996, el mismo día en que el único hermano de Shin fue fusilado. Ambas muertes, escribe Shin, sucedieron en una especie de plaza pública del campo, donde había visto muchas ejecuciones.

Antes de que lo llevaran a la plaza para ver cómo morían, Shin había pasado siete meses en una celda subterránea, donde los vigilantes lo torturaban para que hablara sobre una supuesta ‘conspiración familiar’ para escapar del campo.

Puesto que su madre no le había hablado de ese plan, lo asustó oírlo. Sus torturadores le dijeron, por primera vez, por qué estaba en el campo con su familia. Dos de los hermanos de su padre habían colaborado con Corea del Sur en la Guerra de Corea, y después habían huido. Su padre era culpable porque era hermano de traidores. Shin era culpable porque era hijo de su padre.

Shin no sabía nada de la fuga, pero los guardas querían una confesión.

Hicieron una hoguera. Le quitaron las ropas. Le ataron con cuerdas los brazos y las piernas. Estaba colgado sobre el fuego. Cuando se alejaba, un guardia pellizcaba su estómago con un gancho de acero. Perdió la conciencia.

Shin se recuperó en una celda con la ayuda de un anciano que le daba la mitad de su ración. Meses más tarde, cuando Shin salió de la celda subterránea hacia la plaza, se le unió su padre. Vieron la ejecución de su madre.

Nueve años después, Shin escapó. Trabajaba en la fábrica textil del campo con otro prisionero que había visto el mundo exterior y quería volver a verlo. Cuando cogían madera en una zona montañosa del campo el 2 de enero de 2005, los dos corrieron hacia una valla electrificada. Su amigo murió; Shin pisó sobre su cuerpo y logró pasar.

Entró en una casa cercana, donde robó ropa y arroz. Vendió algo del arroz y se dirigió hacia el norte, hacia la frontera China. Sobornó a los guardias con cigarillos y corrió al otro lado del río Tumen, que estaba helado”.

He tomado la imagen de Shin aquí.

 

 

SAMUEL JOHNSON Y SUS AMIGOS

SAMUEL JOHNSON Y SUS AMIGOS

 

Adam Gopnik escribe sobre dos biografías de Samuel Johnson: Samuel Johnson (Harvard), de Peter Martin, y Samuel Johnson: The Struggle (Basic) de Jeffrey Meyers:

1.

“Samuel Johnson llegó a Londres en marzo de 1737, a los veintisiete años de edad. Escapaba de un intento fracasado de dirigir una escuela rural, junto a su pupilo preferido, un aspirante a actor de veinte años llamado David Garrick. Aunque Garrick se abrió camino hasta el escenario, y el estrellato, Johnson no tuvo suerte en su sueño de convertirse en un escritor y un ingenio de Londres durante mucho tiempo. Tuvo la desgracia de llegar a Londres en un tiempo no tan distinto al nuestro, cuando los viejos medios estaban en crisis y los nuevos apenas pagaban. La práctica del mecenazgo aristocrático, en el que los peces gordos pagaban por los elogios de sus escritores favoritos, estaba en decadencia, y el nuevo orden de las clases medias, en el que los editores podían pagar dinero de verdad por las novelas y las obras de teatro, todavía no funcionaba. La única manera de ganarse la vida era publicar, por un dinero ridículo,  en las pocas revistas que existían, mostrando las carpetas y mendigando encargos. En sus primeros años, hizo traducciones del francés y de los clásicos, escribió breves biografías de militares y panfletos que se burlaban del gobierno. Después encontró trabajo como re-redactor para todo en el Gentleman’s Magazine. Siempre recordaría lo agradecido que se sentía al encontrar una taberna donde pudiera encontrar una comida decente por medio chelín. (El nuevo orden también había producido una clase de escritores permanentemente amarga y desempleada, que habían querido ser popes pero habían terminado prácticamente como mendigos, y se ganaban la vida con panfletos y textos de cotilleos, creando un ruidito ratonil de malicia que hace de contrapunto a la grave sonoridad de Johnson.) Había dejado una esposa en su nativa Litchfield, una viuda que era considerablemente mayor que él; alguna vez había imaginado que sus triunfos en Londres le ayudarían a conquistarla.

Lo bueno de esos años es que aplastaron cualquier tendencia a la pedantería que pudiera tener Johnson. De niño, había sido una suerte de prodigio, espoleado por un padre tremendamente entusiasta (y librero); una corta estancia en Oxford, cuando era todavía una escuela de niños ricos, lo dejó amargado; y su breve tiempo como profesor rural fracasado no lo hizo más feliz. Pero en Londres se hizo amigo de escritores de verdad: no eran señores ni gente de los bajos fondos, sino hombres que escribían para ganarse una vida bastante dura: Richard Savage, el apasionado, carismático y a menudo vagabundo poeta que tenía los modales exquisitos del aristócrata venido a menos que decía ser; el extravagante impostor George Psalmanazar, que decía haber sido criado en Formosa y había inventado un idioma formosano; aprendices de imprenta y libreros y actores, como Thomas Sheridan (el padre de Richard), y, más tarde, Samuel Foote. De manera bastante conmovedora, Johnson los aceptó a todos según lo que ellos pensaban de sí mismos: consideraba a Psalmanazar un sabio y se tomaba en serio las ridículas pretensiones de Savage, que decía ser el olvidado hijo de una condesa. No fue rechazado; uno de sus primeros poemas, “London”, que pretendía describir el shock de su llegada a la ciudad, recibió la aprobación y la adhesión de Alexander Pope –como si un joven recién llegado a Nueva York consiguiera los elogios de Philip Roth".

2.

“La píldora de la vida podía endulzarse: sobre todo, con la amistad. Johnson convirtió la vida social en una religión: cenaba con amigos todas las noches, adoraba su pequeño círculo de amigos íntimos, y finalmente insistía en que el “Club Literario” que formaban era el mejor club de la historia de la humanidad (Goldsmith, Reynolds y Burke eran algunos de sus miembros). “Mi vida es una larga huida de mí mismo”, dijo, y corría a la mesa para escaparse. En su conversación hay pocos momentos más brilantes que sus descripciones de las consolaciones que ofrecen los sofás con mujeres guapas y, sobre todo, buena comida en tabernas bien dirigidas:

No hay ninguna casa (dijo) en la que la gente se pueda divertir tan bien como en una taberna. Pese a la abundancia de cosas buenas que haya, a la grandeza, incluso a la elegancia, pese al deseo de que todo el mundo se encuentre a gusto, en una casa siempre hay algo de ansiedad y preocupación. El anfitrión está ansioso por entretener a sus invitados; los invitados están ansiosos por ser agradables. Mientras que, en una taberna, hay una liberación general de la ansiedad. Estás seguro de que eres bienvenido: y cuanto más ruido haces, cuantos más problemas creas, cuantas más cosas buenas pides, más bienvenido eres.

Johnson fue con frecuencia un hombre triste, pero nunca un hombre encerrado. No soñaba con la soledad, sino con convertirse en el hombre sofisticado, de buen humor y buenas maneras y adecuado para cualquier circunstancia que fue siempre su ideal”.

3.

“Todo hombre famoso queda simplificado en una sola palabra: Darwin es la evolución, Wilde es el ingenio; Mill, la libertad, y Johnson, su diccionario. En vida, lo llamaban Dictionary Johnson, y si Boswell no hubiera existido, es probable que todavía se le recordase así. Esa gran innovación fue, en cierto modo, empresarial: en lugar de darse de cabezazos contra la roca del periodismo de un penique por línea para siempre, se le ocurrió un proyecto lo bastante grande como para atraer atención y suscriptores. Empezó el diccionario con un consorcio de libreros en 1746 y trabajó en él infatigablemente hasta que lo llevó a la publicación, una década más tarde, un tiempo que también estuvo marcado por la muerte de su esposa.

El propósito aparente del diccionario, establecer y “fijar” el lenguaje, era una quimera. Su propósito implícito y real era convencer a un mundo nuevo de lectores de clase media de que había reglas, y de que alguien podía enseñárselas. Hombres jóvenes en la calle, gente en barcos en el Támesis, y damas cultas en las cenas se dirigían a él, hacían acopio de coraje y le preguntaban cómo se pronunciaba ‘irreparable’. A veces a Johnson lo molestaban esas constantes demandas para que fuera el Hombre de Palabras número uno, lleno de sabias definiciones. Como dijo una vez: ‘Todos sabemos qué es la luz, pero no es fácil decir qué es.”

He tomado la imagen del Literary Club aquí.