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Daniel Gascón

TOP TEN

TOP TEN

 

1.

Mark Brown escribe:

“Una investigación encargada por el National Year of Reading en el Reino Unido ha encontrado las diez lecturas que más impresionan a las mujeres. En la cabeza de la lista está la autobiografía de Nelson Mandela, El largo camino hacia la libertad. Si dejas caer que te gustan Shakespeare, la poesía y los libros de cocina, que estás atento a las páginas web que cubren los asuntos de actualidad y –lo siento, lectores- que compras el Financial Times, puede haber colas. La encuesta también habla de las mentiras en las citas. Mentir sobre algo que has leído para impresionar a alguien es la segunda falsedad más común, después de mentir sobre las conquistas sexuales, pero por delante de la edad o el trabajo”.

Aquí, lo que impresiona a hombres y mujeres.

2.

Clifford Coonan escribe:

“Un respetado instituto de investigación quería poner en la portada de su revista textos clásicos chinos algo hermoso y elegante, para ilustrar un reportaje especial sobre China. En cambio, se equivocó y publicó un folleto que promocionaba los lujuriosos detalles de unas amas de casa que se desnudaban en un burdel.

Las letras chinas parecen dramáticas y hermosas, y tienen un poderoso impacto visual, pero convienen asegurarse de que se conoce el significado de las letras.

Había caras rojas en el consejo editorial de una de las instituciones científicas punteras de Alemania, el Max Planck Institute, después de poner un anuncio de un club de striptease de Macao en la portada del último número de la revista. Los editores esperaban encontrar un elegante poema chino, pero publicaron un texto que decía: “¡Amas de casa calientes en acción!”. Sus “habilidades encantadoras y coquetas” se recomendaban con entusiasmo".

3.

Rosemary Ashtron escribe sobre la tercera edición, totalmente revisada, de The London Encyclopaedia:

"¿Por qué hacer una enciclopedia de Londres? El hombre al que se le ocurrió la idea, el librero Ben Weinreb, escribió en la introducción a la primera edición de este libro, en 1983, que se fijaba en el famoso Survey of London de John Stow, publicado en 1583, que pretendía “mostrar cómo había sido Londres en los antiguos tiempos” y “cómo es ahora”, para que fuera un libro de historia y una guía de viajes. Londres no sólo creció físicamente para convertirse en la ciudad mundial que conocemos hoy; también se vio convertida en material de crónica como nunca antes, con la introducción de los censos populares, el periodismo social de Henry Mayhew y los mapas de la pobreza, por no hablar de las obras de observadores literarios como Carlyle y Dickens. Peter Cunningham, un funcionario de la Audiencia, escribió su celebrado Handbook of London en 1849, la primera investigación histórica en orden alfabético. Se convirtió en el modelo de Weinreb y su colaborador Christopher Hibbert. Como Cunningham, creían que Londres era lo bastante grande y variada como para merecer un tratamiento enciclopédico".

4.

Un blog de música de Rick Moody.

He tomado la imagen de Londres aquí.

HORARIOS

HORARIOS

 

1.

Los hábitos de escritores como Kafka, Hemingway, Bellow, Updike, Tomas L. Friedman o Zadie Smith pueden consultarse aquí.

Alice Munro, por ejemplo, “cuando era una joven escritora que tenía que cuidar a tres niños, aprendió a escribir en los ratos libres que tenía, esbozando historias durante las siestas de los niños, entre comidas, o mientras la cena se hacía en el horno”.

2.

Académicos y escritores turcos se han expuesto a represalias oficiales al lanzar una disculpa pública por el genocidio que sufrieron los armenios en la Primera Guerra Mundial. La apología llega en una carta abierta que invita a los turcos a firmar una petición online.

Dice: "Mi conciencia no acepta la insensibilidad y la negación de la Gran Catástrofe a la que fueron sometidos los armenios otomanos en 1915. Rechazo esta injusticia y por mi parte, empatizo con los sentimientos y el dolor de mis hermanos armenios. Les pido disculpas".

Los autores son tres estudiosos -Ahmet Insel, Baskin Oran and Cengiz Aktar- y un periodista, Ali Bayramoglu.

3.

Mathias Enard ha batido el récord Guiness por la frase literaria más larga: 150.000 palabras. La oración ocupa la mayor parte de su novela Zone. Su editor dice de la novela: “Sucede en la cabeza de un tipo que viaja en tren. Tiene muchas comas”.

4.

Cosas que aprendí de las mujeres que me dejaron, Violencia, o La lengua del alcalde son algunos de los libros mejor diseñados de 2008, según The Book Design Review.

5.

Ayer se cumplieron 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Cientos de niñas huyen de sus casas para escapar a la ablación de clítoris en Kenia.

En la imagen, una página de Herzog con correcciones manuscritas de Saul Bellow. Salió en The Paris Review.

DOROTHY PARKER Y LILLIAN HELLMAN

DOROTHY PARKER Y LILLIAN HELLMAN

 

Escribe Marion Meade, la biógrafa de Dorothy Parker:

“Poco después, se leyó el testamento de Parker. No fue una sorpresa que nombrara a Lillian Hellman albacea literaria: una mujer de negocios enérgica y perspicaz, era la elección obvia para vigilar las obras. Quizás imaginando que Hellman no necesitaba el dinero, pero más probablemente porque creía en la igualdad racial, Parker decidió poner sus huevos de gorrión donde pudieran hacer algún bien. Dejó todas sus propiedades, incluidos los derechos de autor de sus obras, al reverendo Martin Luther King, Jr., un hombre al que nunca había conocido. Si King moría, irían a la Asociación Nacional por el Avance de la Gente de Color (NAACP).

Cuando le notificaron esa noticia inesperada, que sumaba unos veinte mil dólares sin contar las facturas sin pagar y los gastos del funeral, King estaba perplejo. No tenía ni idea de quién era Parker. Y en lo que respecta a los otros interesados, sus reaccionse pueden describirse mejor como escepticismo, si no shock. En Brockport, Nueva York, a veinte millas al oeste de Rochester, la sobrina de Dottie y su sobrino expresaron su desilusión. Su abogado escribió a Bernstein para ver si podían convencer a King de compartir las propiedades. Al enterarse, Hellman explotó. Y cuando los chicos pidieron por un libro o una pintura firmada como recuerdo personal y quisieron saber dónde estaba enterrada su tía Dottie, no obtuvieron respuesta. (Hellman también desdeñó a una residente de Volney que decía que Parker le había ofrecido su viejo abrigo de piel.) Aparentemente, Hellman estaba contenta con King, en público aplaudía ‘los fuertes sentimientos de Parker sobre las libertades civiles y los derechos de los negros’, y decía que estaba ‘muy impresionada’ por una decisión tan noble. Pero en privado, humeaba. King la irritaba. Aparentemente le recordaba a los predicadores sureños de su infancia. Pero lo que más la indignaba era la traición de su amiga. Habiendo adquirido el control del patrimonio literario de Hammett, Hellman esperaba heredar también el de Parker; de hecho, creía que tenía derecho a él. Como albacea, podía tomar todas las decisiones pero no beneficiarse financieramente; las ganancias de las ventas de la obra irían a King, el nuevo dueño de los derechos de autor. Un año después de la muerte de Parker, el líder de la lucha por los derechos civiles fue asesinado y el patrimonio pasó a ser propiedad de la NAACP, una organización por la que Hellman no tenía ningún respecto porque le parecía tímida e ineficiente. Ignorando el hecho de que King era un vigoroso hombre de 36 años cuando murió Parker, Hellman siguió reprochándole a su amiga el destino de sus derechos de de autor. Sin pelos en la lengua, no se ahorró palabras cuando habló con el dramaturgo Howard Teichmann: ‘Esa maldita zorra de Dorothy Parker. . . No te vas a creer lo que he hecho. Pagué su hotel en el Volney durante años, le pagué los tragos, sus intentos de suicidio… Todo por la promesa de que cuando muriera, me daría los derechos de sus textos… Pero, ¿qué hizo? Se los dejó directamente a la NAACP. Maldita sea’.

Que esas frases no sean ciertas no es relevante: Hellman pensaba que Parker –y Hammett también- le debía algo.

Aunque Hellman siguió lamentando la pérdida de los derechos de Parker, todavía tenía autoridad como albacea, una posición vitalicia. En los meses inmediatamente posteriores a la muerte de Parker, tenía que tomar tantas decisiones que a veces buscaba la ayuda de sus abogados, Bernstien and Paul O’Dwyer. En una carta a Bernstein desde su casa en Vineyard Haven, preguntó, por ejemplo, por el apartamento del voney, que tenía que quedar vacío a finales de Julio. ¿No tenía derecho a disponer de las pertenencias de Parker? ¿Por qué debería decírselo a Ferncliff, dado que no ‘tenía ningún conocimiento de lo que se hacen con los restos incinerados’?
Al mismo tiempo, Hellman tenía las manos llenas de propuestas de negocios. Tanto la Biblioteca del Congreso como la Universidad de Siracusa le pedían que donara los papeles de Parker. Los editores interesados en encargar una biografía incluían At the G. P. Putnam’s Sons, Charles Scribner’s Sons, Random House, Harper & Row, y Viking Press. Algunos individuos próximos a Parker recibieron propuestas. Entre ellos se encontraban el ex editor de George Oppenheim, los escritores William Zinsser y Wyatt Cooper, y la propia Hellman.

La correspondencia entre Hellman y sus abogados demuestra lo rígidamente que guardaba los derechos de la obra de Parker. Su respuesta a prácticamente todas las peticiones era no. Negó el permiso para A Dorothy Parker Portfolio, una producción de Broadway con Julie Harris y Cole Porter, aunque es difícil entender sus objeciones. En el caso de sus biógrafos, dijo que Parker estaba completamente en contra del género. Era una tontería, por supuesto, porque Parker casi nunca rechazaba una entrevista y había hecho varias largas historias orales, entre ellas una breve autobiografía para Paris Review. De hecho, la que despreciaba a los biógrafos y las biografías era Hellman, que decía que eran ‘plumillas de revista contratados por editores avariciosos para alimentar el salaz apetito de los lectores, que producían resultados que no revelaban nada interesante sobre el tema de su obra’. Determinada a ahuyentarlos, Hellman se negó a cooperar, y negó el acceso a fuentes originales y permiso para citar”.

He tomado la imagen de Dorothy Parker aquí.

SUEÑOS

SUEÑOS

 

1.
Una mala semana para la industria del libro en Estados Unidos.

Una posible solución: traducir más.

2.
El sábado, una mujer de California cuya novela autobiográfica fue rechazada por dieciséis editoriales, organizó un funeral por el sueño de su carrera literaria, en el que “los asistentes vieron el manuscrito, las cartas de rechazo, el Máster inútil en escritura creativa y el DVD muy usado de ‘El secreto’ de la autora”.

3.
En enero empiezan los castings para “The Write Stuff,” un programa de telerrealidad para escritores “armados con lápices, papeles, ordenadores y un sueño”.

4.
Reporteros sin fronteras repite su llamada por la liberación del autor australiano Harry Nicolaides, que se enfrenta al delito de crímenes de lesa majestad, después de que el tribunal penal de Bangkok rechazara su fianza por cuarta vez.

Nicolaides, de 41 años, al que acusaron formalmente el 21 de noviembre de 2008, está arrestado desde el 31 de agosto. Los cargos se refieren a su libro, Verisimilitude, que salió autoeditado en 2005. Sólo se publicaron 50 ejemplares. En el libro, se habla de la forma en que un príncipe trata a una de sus amantes. La ley tailandesa prohíbe las críticas a la familia real y la escritura poco ortodoxa sobre temas como el budismo.

5.

Una entrevista con Cynthia Ozick.

“Cuando oigo ‘espiritualidad’ echo mano a mi pistola. Sugiere narcisismo y poco más.”

6.

Brooke Allen escribe sobre las grandes librerías americanas: “¿Y si hace 15 años alguien hubiera sugerido una red nacional de librerías gigantes, cada una con unos 150.000 títulos, abiertas hasta las 11 de la noche o medianoche, que ofrecen café, sillas cómodas, y baños públicos? ¿Y si esta euforia suntuosa no solo se encontrara en los grandes centros urbanos sino también en pequeñas ciudades y suburbios de todo el país? ¿No habríamos pensado que eso era el puro, e inalcanzable, paraíso? Eso es lo que las cadenas —Barnes & Noble; Borders; y Books-A-Million, establecida en Birmingham, Alabama— nos han traído”.

He tomado la imagen de Cynthia Ozick aquí.

INDIOS Y VAQUEROS

INDIOS Y VAQUEROS

B. R. Myers ha escrito sobre “la prosa musculosa” de Cormac McCarthy:

“Veamos un fragmento de En la frontera (1994), parte de la aclamada Trilogía de la Frontera: ‘Comió el último de los huevos y limpió el plato con la tortilla y comió la tortilla y bebió lo que quedaba de café y se limpió la boca y miró hacia arriba y le dio las gracias’.  

Los escritores de thrillers saben guardarse este tipo de sintaxis para escenas de mucho movimiento: ‘y su grito de miedo salió en forma de gárgara sangrienta y se murió, y Wolff no sintió nada’ (Ken Follett, La clave está en Rebeca, 1980). En la frase de McCarthy el flujo de palabras sin puntuación no tiene relación con la naturaleza lenta y mecánica de lo que se describe. ¿Y por qué repetir ‘tortilla’? Cuando Hemingway escribió ‘pequeños pájaros volaban en el viento y el viento movía sus plumas’ (‘In Another Country,’ 1927), estaba, como señala David Lodge en El arte de la ficción, creando dos imágenes de la manera más sencilla posible. La repetición de ‘viento’ subraya la inmediatez del referente y al mismo tiempo recuerda el viento de Milán en otoño. La segunda ‘tortilla’ de McCarthy está allí, como la sintaxis, para llamar la atención sobre el propio escritor. Por lo que la frase nos dice, podría haberse escrito así: ‘Comió el último huevo. Limpió el plato con la tortilla y se la comió. Bebió lo que quedaba de café y se limpió la boca. Miró hacia arriba y le dio las gracias’. Si McCarthy hubiera escrito eso, los críticos le habrían reprochado su prosa poco sofisticada. Pero la primera versión no es más informativa o eufónica que la segunda, que al menos puede leerse en voz alta con naturalidad. (McCarthy es célebre por su aversión a leer en público.) Todo lo que dice el original es: ‘Me expreso de forma distinta a ti, luego son un Escritor’.

El mismo mensaje transmite el severo tono bíblico que recorre todas las novelas recientes de McCarthy. Abundan los paralelismos y las formulaciones pseudo-arcaicas: ‘Se encontraron y salieron cada día en la oscuridad antes de que se hiciera de día y comieron carne y bizcocho y no hicieron fuego alguno’, ‘y siempre serían así y nunca de otra manera’ ‘no cabalgaba ni un alma salvo él’, etc.

Se supone que el lector debe ser arrastrado por la corriente del lenguaje. En la reseña del New York Times sobre En la frontera, Robert Hass elogió el efecto: ‘Es una escritura directa, una sinuosa acumulación de oraciones compuestas, tacañería con las comas, y una embrujadora repetición de palabras… Cuando este estilo está establecido, firme, desmayadamente hipnótico, la crudeza y sinuosidad de las frases... se reúnen de una manera mágica’. La palabra clave es ‘acumulación’. Como Proulx y muchos otros, McCarthy depende más de una verborrea a veces adecuada y a veces no que en el uso cuidadoso de las palabras justas. (…)

Como aficionado a las películas del Oeste, me niego a discutir el mito de que un paisaje salvaje puede investir de un significado épico a las vidas de sus habitantes. Pero las novelas toleran moderadamente el lenguaje épico. Registrar con la misma majestuosidad sombría cada aspecto de la vida de un cowboy, desde una pelea a cuchillo hasta un burrito que se toma a la hora de comer, es crear algo que sólo puede describirse como kitsch. Nos enteramos de que en el Oeste hasta una resaca es algo especial.

Se alejaron en direcciones separadas a través del chaparral para quedarse de pie con las piernas abiertas y vomitando. Los caballos levantaron sus cabezas. Era un sonido que no habían oído nunca. En el crepúsculo gris esas arcadas parecían el eco de una especie ruda y provisional en esa tierra baldía. Algo imperfecto y mal formado se alojaba en el núcleo del ser. Una cosa que sonría desagradablemente en los ojos de la gracia como una gorgona en un charco en otoño. (Todos los hermosos caballos)

Es un pasaje extraordinario que puede hacer que levantes la cabeza, dondequiera que estés, y te preguntes si hay una cámara oculta en algún sitio. Puedo aceptar con esfuerzo la idea de que los caballos son capaces de confundir las arcadas humanas con la llamada de los animales salvajes. Pero ‘animales salvajes’ no es lo bastante épico: McCarthy tiene que vender humo sobre alguna ‘especie ruda y provisional’, como si el cuadrúpedo medio tuviera unos modales impecables en la mesa y un plan de pensiones. Después pasa de la perspectiva de los caballos a la del narrador, aunque a qué se refiere ‘algo imperfecto y mal formado’ sigue sin estar claro. La última media frase sólo aumenta la confusión. ¿Es esta ‘cosa que sonríe desagradablemente en lo profundo de los ojos de la gracia’ la misma cosa que se encuentra ‘alojada en el núcleo del ser’? ¿Y qué hace ‘una gorgona’ en un charco? ¿O está mirando? ¿Y por qué un charco ‘de otoño’? Dudo que McCarthy pueda explicar nada de esto, probablemente sólo le gusta cómo suena.

Ningún novelista con sentido del ridículo puede escribir esas tonterías. Aunque a veces sus personajes se meten unos con otros, McCarthy es uno de los escritores más desprovistos de humor de la historia de Estados Unidos. En este extracto el tema son los caballos.

Dijo que las almas de los caballos reflejan las almas de los hombres más fielmente de lo que los hombres piensan y que los caballos aman la guerra. Los hombres dicen que lo han aprendido pero él dijo que ninguna criatura puede aprender aquello que no se adecua a la forma de su corazón… Finalmente dijo que había visto las almas de los caballos y que eran una cosa terrible de ver. Dijo que en ciertas condiciones se la podía ver asistiendo a la muerte de un caballo porque el caballo comparte un alma común y su vida separada sólo se forma de todos los caballos y la hace mortal. Finalmente John Grady le preguntó si no era cierto que si todos los caballos desaparecieran de la faz de la tierra el alma del caballo también perecería porque no habría nada que la llenara pero el viejo sólo dijo que era absurdo hablar de que no hubiera caballos en el mundo porque Dios no permitiría algo así. (Todos los hermosos caballos)

Cuanto más nos alejamos de nuestro pasado de cowboys, más delirante se vuelve la hipofilia que le atribuimos. Más central, especialmente si tenemos en cuenta el elogio de The New York Times a los ‘diálogos realistas’ de esta novela, es la falta de elocuencia de la conversación. Se supone que los cowboys hablan en español con un mexicano, lo que ya es una condición complicada para empezar, pero por el tono de la conversación pensarías que era antiguo hebreo. ¿Y no debería Grady satisfacer nuestra curiosidad y descubrir qué aspecto tiene el alma de un caballo, en lugar de buscar un dogma hipotético de teología equina? Casi esperas que pregunte cuántas almas de caballo caben en la cabeza de un alfiler.

Todos los hermosos caballos recibió el National Book Award en 1992. ‘Nunca hasta ahora’, escribió el jurado en su fatua declaración, ‘nos había dado el mundo inhumano su canon sagrado’. Qué diferencia marca un estilo pseudo-bíblico; este llamado canon tiene poco que ofrecernos, más allá de la creencia convencional de que los caballos, como los perros, nos sirven lo bastante bien como para merecer que los excluyamos de nuestra aplastante indiferencia por la vida animal. (Nadie ve el alma de una vaca.) La ficción de McCarthy puede ser menos divertida que el género del western, pero su visión del mundo es la misma. Y también sus personajes: los cowboys silenciosos, las mujeres ‘a las que les gusta ver cómo come un hombre’, los salvajes aulladores (para ser justos con el western: el retrato que hace McCarthy de los nativos americanos en Meridiano de Sangre [1985] es mucho más ofensivo que los de Louis L’Amour.)

En la imagen, Cormac McCarthy.

 

EN BUENA COMPAÑÍA

EN BUENA COMPAÑÍA

He publicado este artículo en la revista Laberintos.

Las ciudades me parecen el mejor lugar para vivir. Necesito medio millón de personas a mi alrededor para tener algo de intimidad. Y por eso las ciudades también me parecen el espacio literario por excelencia, y me encantan los escritores vinculados a ciudades. Me gusta vivir en Zaragoza, y escribir y leer cosas que suceden aquí. Para empezar, están las historias de 700.000 personas, y las relaciones que todos esos habitantes tienen entre ellos. Zaragoza siempre ha sido un lugar de encuentro, de cruce de caminos y trenes y puertos fluviales, de intercambio, editoriales, viajeros y mezcla. Y me emociona pensar en las historias que se han vivido en Zaragoza durante más de 2000 años, y las que se siguen viviendo e imaginando en este momento.

Ramón J. Sender escribe en Crónica del alba: “Como se puede suponer, yo era un gran andarín, y en pocos días me recorrí la ciudad entera ‘de arriba abajo’. Lo mismo que en la aldea necesitaba saber lo que en cada barrio sucedía a cada hora del día para poder sentirme a gusto en mi piel”. Yo copio a Pepe Garcés y me gusta mucho pasear por Zaragoza e imaginar historias que pasan a mi alrededor. Disfruto localizando novelas, cuentos, películas y series de televisión que a veces escribo, y que otras veces sólo duran unos segundos en mi cabeza, mientras espero que el semáforo se ponga verde.

Normalmente pienso en historias de amor y familia y comedias románticas, pero también imagino que hay una escena de thriller en una escalera de incendios cerca de la calle Ramón y Cajal, y tramas de corrupción que investigan reporteros de Heraldo de Aragón que salen a fumar a la calle San Clemente. Me gustaría hacer una serie de televisión que sucediera en Zaragoza, y me imagino el skyline con los puentes sobre el Ebro y la Torre del agua en los títulos de crédito del principio. Me gusta pensar en chicos y chicas solos que conducen por el tercer cinturón de noche, después de dejar a sus novios en casa, o que cruzan el puente de Piedra al regresar del cine un domingo por la noche. También imagino a un escritor a tiempo parcial que vive en la avenida Gómez Laguna, y habla con su vecina adolescente en el parque de la urbanización, cuando él va a sacar la basura y ella fuma un cigarrillo a escondidas. Y también pienso en las historias que podrían pasar en librerías que se parecen a Antígona o Los portadores de sueños.

Algunas terrazas junto al Ebro tienen un aire francés estupendo, y la zona del Mercado Central me hace pensar en Lisboa. Los fines de semana voy a comer a la casa de mis padres en Garrapinillos. Como todo el mundo sabe, Garrapinillos es parte de Zaragoza y el escenario perfecto para una película francesa, con una chica algo cabreada que a lo mejor trabaja en uno de los bares de la plaza del barrio, bajo la torre de la iglesia que fue el primer proyecto de Ricardo Magdalena.

Me gusta imaginar a personajes de ficción que charlan por las calles que conozco y en las que me han pasado cosas, y pensar en historias que suceden en el Parque Grande, que es el lugar donde aprendí a ir en bicicleta y donde besé a una chica por primera vez. A veces voy a correr por las tardes. Y en el Parque Grande, como en todas partes, la realidad supera a la ficción: me intrigan las historias de la gente de todas las edades que corre o pasea por allí, y alguna vez me he encontrado con Fernando Sanmartín en bicicleta y Túa Blesa con su perro.

Disfruto paseando por los lugares que aparecen en los libros. Me hace gracia que el Cantar de Roldán empiece en Zaragoza, me da un poco de pena que en Zaragoza no entrasen Don Quijote ni George Orwell y a veces me pregunto si una viuda que cita Ynduráin y quería viajar a Zaragoza porque allí trataban muy bien a las viudas consiguió llegar alguna vez. También me gustan las palabras de Pedro Saputo: “En cuanto a mi gusto, iría a Castilla por necesidad, a Andalucía por curiosidad, en Barcelona viviría tres meses, en Valencia un año, y en Zaragoza toda la vida”. Cuando paso por el Arco del Deán recuerdo una escena que sale en Fortunata y Jacinta, muy cerca de la calle Pabostría, donde transcurre un cuento de mi padre, Antón Castro, en el que aparece un francotirador, y a unos pocos metros de la ruta que sigue Miguel Mena en 1863 pasos, frente a un piso que sale en Saber perder, de David Trueba. En los autobuses urbanos siempre me acuerdo de un relato de Mariano Gistaín. Me gustan los bloques de viviendas de protección oficial que salen en los libros de Eva Puyó, me gusta ver el hotel NH que aparece en un cuento de Cristina Grande, e ir a las piscinas en las que reparte cervezas un personaje de Ismael Grasa. Imagino a los protagonistas de Cuentos de San Cayetano de José Antonio Labordeta cerca del Mercado Central, a los personajes de José María Conget protegiéndose del viento y las miradas tras las esquinas, y cuando pienso en el Paseo de la Independencia me acuerdo de Dientes de leche. Si voy a las Fuentes recuerdo los libros de Félix Romeo, y me gusta pensar que estoy muy cerca de Montemolín, el barrio de los cuentos de Rodolfo Notivol. Además, la literatura también sirve para acortar distancias y ajustar la geografía: Montemolín limita con Newark, la ciudad de Junot Díaz y de Philip Roth, y gracias a los libros de Pisón Zaragoza está mucho más cerca de Baltimore, el lugar donde viven muchos personajes de Anne Tyler.

Siempre se ha escrito mucho de esta ciudad. Está llena de historias verdaderas y relatos de ficción muy distintos, desde el romance de Gaiferos hasta los poemas de Nacho Escuín y Octavio Gómez Milián, pasando por Mor de Fuentes, Jesús Moncada, Miguel Labordeta, Giménez Corbatón, Soledad Puértolas, Cees Noteboom, Daniel Nesquens, Fernando Sanmartín o Peter Handke. Además, ha crecido mucho en estos años, y ha incorporado a gente de muchos países. Espero que pronto tengamos escritores chinos, rumanos, marroquíes, ecuatorianos y neozelandeses de Zaragoza. Las novelas, los poemas, los cuadros, las canciones y las películas aumentan geométricamente el tamaño y la belleza de las ciudades. Con sus maravillas y sus desastres, Zaragoza es mi ciudad, la ciudad de muchos de mis amigos y de muchos de los escritores que más me han marcado. He vivido en bastantes sitios, pero en Zaragoza tengo la sensación de que los personajes de sus relatos caminan a mi lado, y me parece que paseo en la mejor compañía.

La fotografía es de Pippi Tetley.

DICIEMBRE

DICIEMBRE

1.

Jean Hannah Edelstein escribe:

“Mil es una cálculo conservador del número de libros y propuestas de libros que rechacé durante mis dos años de carrera editorial. He rechazado libros que acabaron dando muchísimo dinero, y he rechazado libros que fueron plagiados por autores ya publicados, y he rechazado libros más de una vez porque cambié de trabajo y volví a recibirlos en el correo en la nueva empresa. Una vez salí a tomar una copa con un tipo majo y 15 minutos después me di cuenta de que también había rechazado su libro.

Con todo este trabajo duro a mis espaldas, puedes imaginar lo que ilusionó enterarme de que un editor les está pidiendo a los escritores que manden sus cartas de rechazado para publicarlas en una antología en 2010. Pasaré el próximo año esperando que alguna de mis elaboradas piezas de correspondencia pase el corte”.

Las cartas pueden mandarse aquí.

2.

John McWhorter escribe sobre The Anti-Intellectual Presidency: The Decline of Presidential Rhetoric from George Washington to George W. Bush, de Elvin T. Lim, acerca del lenguaje de los presidentes de Estados Unidos:

“El problema es real. Analizando los discursos inauguruales de todos los presidentes, por ejemplo, Lim muestra que que la longitud media de cada frase se ha vuelto cada vez más corta y el nivel de vocabulario más bajo. El discurso a la nación que es típico ahora -una secuencia de frases impactantes diseñado para buscar el aplauso- era desconocido hasta la administración Nixon. En esa época, la longitud media era de 42 segundos, que parece una distancia faulkneriana comparada con los 8 segundos de 2000”.

3.

Algunas listas de los mejores libros del año.

The New York Times.

Los críticos de Finantial Times.

La ficción, según The Sunday Times.

The Observer.

Lire.

Times Literary Supplement.

4.

 

Jonás Trueba ha escrito:

“Es evidente, podemos vivir sin la última película que vimos ayer, pero me gustaría saber cómo viviríamos si sólo hubiera películas sin las que no se puede vivir (ni siquiera sé qué películas son esas, en todo caso depende de cada uno). Habrá quien directamente piense que se puede vivir sin películas, pero yo no lo tengo tan claro. De hecho, no lo tengo nada claro. Tampoco soy de los que piensan que hacen falta muchas películas malas para que se den algunas buenas y muy de vez cuando una obra maestra. Pienso más bien al revés, pienso que el falso concepto de la obra maestra sirve para amparar a otras películas que no lo son, y es la existencia de estas películas lo que resulta verdaderamente importante e imprescindible.

Josep Pla decía que se aprende más de las obras menores, de aquellas que tienen errores y son imperfectas. Los cines, las videotecas, las tiendas y las casas están llenas de obras menores. La obra maestra con mayúscula se da muy poco en el cine, y es un alivio. Los mejores cineastas son los que renuncian a ella y, gracias a esa renuncia, pueden regalarnos esas películas maravillosas de nuestro día a día, las que nos hacen seguir confiando en el cine y en su poder de superación”.

He tomado la foto aquí.

 

UN HOMBRE

UN HOMBRE

 

Hoy ETA ha matado a un hombre.

 

Miguel Mena ha escrito en Piedad sobre otro asesinato de ETA:

RITMO Y BLUES

A Manuel Jiménez Abad lo mataron una tarde de domingo cuando acudía al estadio de La Romareda. Caminaba acompañado de su hijo pequeño. Sin escoltas. Un hombre se acercó por detrás y le disparó varios tiros en la cabeza. Cuando vi las imágenes en televisión me acordé de una fiesta de la Asociación de la Prensa en la que Jiménez Abad, por entonces consejero del gobierno autonómico, no había parado de bailar. Veía aquel cuerpo inerte sobre la acera y no paraba de pensar en lo bien que se movía con las canciones de los Beatles.

He tomado la imagen aquí.