Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2007.
01/06/2007
PROPIEDAD
“En muchos países en vías de desarrollo, la mayoría de la gente carece de derechos jurídicos reconocidos para ocupar sus casas, que van desde granjas de subsistencia en zonas rurales a chabolas en barriadas urbanas. Al carecer de domicilio legal y de la escritura de propiedad de sus chozas, las familias viven bajo la amenaza constante del desahucio por parte de funcionarios públicos o de la invasión de bandas violentas, que se aprovechan de su vulnerabilidad. Muchas carecen de identidad legal y de medios para documentar su existencia. (...)
Con frecuencia son las mujeres pobres las que sufren las peores formas de discriminación en las leyes de propiedad. Según Habitat , el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, en torno a uno de cada cuatro países en vías de desarrollo tiene leyes que impiden a las mujeres poseer tierras y solicitar hipotecas con su nombre. En África y otros lugares las leyes les prohíben heredar tierras: en el contexto de la crisis producida en el continente africano por el sida, esto ha hecho que miles de viudas carezcan de tierras y de hogar.”
Mary Robinson, El País, 1.06.2007
DANIEL GASCÓN EN LA FERIA DEL LIBRO DE ZARAGOZA

Daniel Gascón firmará ejemplares de sus libros de relatos, La edad del pavo y El fumador pasivo , en la Feria del Libro de Zaragoza. El día 2 de junio, sábado, en la caseta de editorial Xordica y el día 3 de junio, domingo, en la caseta de la librería Portadores de sueños.
Fotografía de Philippa Tetley.
03/06/2007
BOICOT Y GIRAS
1.
Martin Amis se va de gira con Tony Blair.
2.
La British University and College Union apoyó iniciar conversaciones para boicotear a las universidades y los profesores israelíes, a quienes acusa de "complicidad en la ocupación " y en la violación de los derechos de los palestinos. Esta iniciativa principalmente retórica es delirante y racista, y por supuesto no beneficia a los palestinos, ni a las universidades británicas ni a los académicos y centros educativos israelíes: no tiene en cuenta que las universidades han sido objetivo del terrorismo palestino ni que numerosos universitarios israelíes árabes se oponen tanto a la ocupación como a esta medida. Hay países que tratan bastante peor que Israel a otros grupos étnicos, y otros no toleran la libertad de expresión ni la disidencia. Mientras Israel -que tiene departamentos e investigadores de altísimo nivel- tuvo el control sobre los territorios palestinos fundó siete universidades; no se había creado ninguna anteriormente y la Autoridad Palestina no ha fundado ninguna desde que adquirió competencias sobre educación en 1994. Por otra parte, muchas de las voces que han defendido con más vehemencia los derechos de los palestinos y que han criticado con mayor dureza la ocupación de Gaza y Cisjordania pertenecen a académicos israelíes. Y el ataque se lanza precisamente sobre ellos.
3.
05/06/2007
UNA TARDE CON ANTÓN CASTRO

Voy a ver a mi padre en el Centro de Historia. Lo llamo por teléfono. Viene desde Garrapinillos y está nervioso porque a las siete tiene un encuentro con los alumnos de la Universidad Popular, que han leído su último libro, Golpes de mar , y a las ocho debe presentar Por escribir sus nombres , la emocionante y poderosa novela de Víctor Juan , en la Biblioteca de Aragón. Cuando llego al Centro de Historia, Antón Castro ya está en la cafetería. Hablamos un momento y me deja leer el texto de la presentación de Víctor Juan. Alonso Cordel, que debe conducir el acto, llega un poco después.
Mi padre dice que lamenta tener que irse tan pronto. Alonso Cordel afirma que será breve, y empieza un repaso biográfico.
“Vine a Zaragoza por dos cosas”, dice mi padre. “La primera se frustró de inmediato: era un amor o un proyecto de novia que no llegó a nada. Y otra fue la objeción de conciencia. Cuando estudiaba FP Electrónica en la Universidad Laboral de la Coruña hicimos un viaje de estudios en el que vimos la fábrica Clarivox de Zaragoza, me parece que se llamaba así. Y entonces me enteré de que había una comunidad de objetores. En 1978 me hice objetor y vine aquí, me instalé en la calle Casta Álvarez 14-16. Era un colectivo de objetores de conciencia, una falsa comuna de gente que no me conocía pero que me acogieron muy bien. A mí me gusta mucho una frase, no sé si es de Sara Montiel, que dice: ‘Nunca me quito un año, porque ese año podría ser el mejor de vida’. Yo no me arrepiento de nada porque he aprendido con todo”.
“Creo que entonces trabajabas en un bingo”, dice Alonso Cordel.
“Sí, eso llegó un poquito más tarde. Trabajé vendiendo cerámica, en la vendimia, recogiendo melones, y luego estuve varios años de camarero. Me gustaba llevar la bandeja. Tuve un hijo muy joven”, dice Antón Castro. “El día que nació, el cuatro de abril de 1981, expiraba mi contrato y no me lo renovaron. Así que mi hijo no nació con un pan debajo del brazo, sino con el paro”. Mi padre dice que precisamente ese hijo suyo está hoy aquí y que le agradece su presencia. Algunos asistentes me localizan, una señora me mira como si quisiera ver la carta de despido.
“Entonces mi mujer estudiaba y teníamos muy poco dinero. Así que cuando me llamaron para trabajar en el bingo, y me preguntaron si sabía contar billetes, dije que por supuesto que sí. Y cogí unos folios y los corté y empecé a contarlos. Lo que era muy raro es que aunque soy muy malo con las matemáticas, se me daban bien los cálculos mentales, y al cabo de un tiempo me llamaban para que enseñara a los nuevos cajeros”.
“Los cartones del bingo están envueltos en papel de estraza, y allí escribía poesías y cuentos a mano y en gallego. Hace falta valor”, dice Antón Castro. “En realidad, yo quería ser poeta. Hice FP1 y FP2 de electrónica en la Universidad Laboral de la Coruña, pero entre medio había un curso puente de humanidades, leíamos literatura y filosofía e historia y aquello me cambió la vida, me volvió loco... Hasta entonces había sido un buen estudiante en todo lo demás, pero a partir de ese momento mis notas empezaron a bajar, me pasaba el tiempo leyendo. En 1977 hubo una huelga estudiantil y un compañero, que se llamaba Emilio, se subió para colgar una bandera y se electrocutó y se murió. Fue un golpe terrible. Yo no fumaba entonces pero él me acaba de decir: ‘Ve a comprar un paquete de Ducados al bar’. Cuando volví, ya había ocurrido el accidente. Aquello me afectó mucho, me acuerdo de que me encerré en el aula de estudio y escribí un poema que se llamaba ‘Ausencias’, que no era mi primer poema, pero sí uno de los que recuerdo”.
Mi padre habla de algunas de las casas en las que vivimos. Siempre dice las direcciones. También cuenta cómo entró en el mundo del periodismo: “Había publicado alguna reseña, pero un verano Plácido Díez me llamó y me preguntó si me gustaría hacer prácticas en El día. Y estuve tres años encantado en El Día, fui absolutamente feliz, y también he sido feliz en El Periódico de Aragón y en El Heraldo , donde sigo trabajando”.
Miro el reloj: no queda mucho tiempo. Mi padre habla de Golpes de mar. Dice que es su primer libro y el más reciente. En 1987 cuenta que se presentó a un concurso de la Institución Fernando el Católico. El premio se lo llevó “un escritor estupendo, Adolfo Ayuso”, pero sus cuentos, Mitologías, también se editaron. Después apareció una ampliación, Vida e morte das baleas, en gallego, hasta llegar a la versión definitiva, Golpes de mar: “Me ha acompañado a lo largo de estos veinte años. Creo que es un libro que habla de dos de mis obsesiones, el mundo de la mujer y el mundo de los cuentos, el arte de contar. Siempre me ha gustado mucho escuchar cuentos. Soy hijo de emigrante, y pasaba por casa todo tipo de gente. Había una vecina que era meiga y decía que veía el diablo. Y sobre todo había un tío loco, que salía de vez en cuando del psiquiátrico y traía los bolsillos llenos de periódicos. Yo pensaba que era un gran lector y le pregunté para qué eran. Él contestó: ‘Para o dispensar do cú’, para el dispensar del culo. Y este hombre me daba mucho miedo pero también contaba historias de ciudades de Europa en las que nunca había estado, era un fabulador. Lo que más me gusta es contar historias de seres humanos, y la gente a la que se le llena la cabeza de ese tipo de historias, creo que eso es algo que está en todos mis libros”.
Mi padre habla de la elaboración de algunos de sus libros, como Los pasajeros del estío, El testamento de amor de Patricio Julve o Aragoneses ilustres, ilustrados e iluminados. Yo me acuerdo de las tres casas en las que los escribió. En Camarena de la Sierra los pacientes de mi madre le contaban sus vidas después de salir de la consulta; en Cantavieja entrevistaba a los masoveros y les preguntaba por los maquis; me acuerdo de la terraza de Urrea de Gaén donde escribía las semblanzas de aragoneses ilustres. Menciona a algunos de sus autores favoritos, como Miguel Torga, Isak Dinesen o Álvaro Cunqueiro, aunque dice que es un lector versátil, que piensa que “estar en el mundo es estar alerta a lo que hacen tus compañeros”.
El público hace algunas preguntas. Entre las asistentes está la madre de Ernesto Cossío, que saluda de parte de su hijo; mi padre pide un aplauso para ella. Son casi las ocho. Mi padre dice al público que siente tener que irse, se compromete a volver otro día. Yo pensaba que iríamos juntos a la Biblioteca, pero me dice que va a ir en moto con Alonso Cordel. Miro el reloj: son las ocho en punto. Estoy en el Coso cuando veo que Cordel y mi padre me adelantan. Nunca había visto a mi padre en moto. Vuelvo a mirar el reloj, voy a parar un taxi.
Fotografía de José Antonio Melendo .
07/06/2007
CHÉJOV CONTRA ZOLA

1.
En Chekhov. A Life Donald Rayfield publica parte de una carta sobre Zola que Antón Chéjov envió en 1888 a su editor y amigo Alexéi Suvorin:
“He visto a bastantes mujeres caprichosas y he pecado personalmente muchas veces, pero no creo a Zola ni a esa mujer que le dijo: “Bumba, bumba, y ya está”. A la gente disipada y a los escritores les gusta fingir que son gourmets y expertos en la fornicación; que son osados, decididos, creativos, que practican el sexo de treinta y tres maneras diferentes sobre casi cualquier cosa salvo el filo de una navaja, pero eso sólo son palabras, en realidad se acuestan con sus cocineras y van a los burdeles que cuestan un rublo... Nunca he visto un solo apartamento donde las circunstancias te permitan volcar a una mujer que lleva un corsé, faldas y un vestido adecuado sobre una cómoda o un diván o el suelo y practicar el sexo sin que los criados se enteren. Todos esos términos para hacerlo “de pie”, “sentados” y todo eso son absurdos. Lo más fácil es en una cama, y las otras treinta y tres posturas son difíciles y sólo pueden practicarse en la habitación de un hotel o en una cabaña... Si el propio Zola practicaba el sexo encima de la mesa, debajo de la mesa, sobre vallas, en casetas Alfred Dreyfuspara perros, en coches correos, o si vio con sus propios ojos que otros lo hacían, créase sus novelas, pero si escribió a partir de rumores y de historias de amigos, fue precipitado y descuidado.”
2.
En 1897, Suvorin y Chéjov volvieron a discutir sobre Zola. En aquella ocasión, Chéjov, que intentaba mejorar de su tuberculosis en la Costa Azul, defendía como Zola la inocencia de Alfred Dreyfus, mientras que Suvorin dirigía un periódico antisemita. Chéjov quedó impresionado por J'accusse y convenció a muchos rusos de la inocencia del oficial judío. Coincidió una vez con Zola, pero el autor de Las tres hermanas no confiaba en su dominio del francés, y dos de los grandes defensores de Dreyfus sólo pudieron saludarse.
En la imagen, Antón Chéjov según su hermano Nikolai.12/06/2007
DOS HERMANOS

El chico que cayó del cielo (Kailas), de Ken Dornstein , cuenta la historia real de dos hermanos. El primero es David Dornstein, un chico judío norteamericano que quería ser escritor, que murió en el atentado aéreo de Lockerbie en 1988. El segundo es su hermano pequeño, Ken, que reconstruye la vida y la muerte de David.
El chico que cayó del cielo es un reportaje apasionante, que habla sin sentimentalismo del amor, la complicidad y el humor entre hermanos, pero también de las rivalidades y la obsesión. Es un libro muy perturbador: Dornstein experimenta una mezcla de atracción y resentimiento hacia David. Ken es testigo del sufrimiento de David, de sus neurosis y sus sueños de grandeza, y lo admira; también cree que le exige demasiado y se cansa de ser el hermano pequeño. Tras la muerte de David, Ken reconstruye la biografía de su hermano, entrevista a todos sus conocidos y relee todos sus cuadernos, pero en cierta manera también se apropia de ella: flirtea con varias de las novias de David y se casa con una de ellas. “¿Qué había visto David en Kathryn?”, escribe. “En muchos sentidos, se había visto a sí mismo: tanto ella como él tenían un pelo grueso y rizado, que les gustaba llevar largo; sus mandíbulas eran fuertes; sus cejas eran pobladas y casi cuadradas; sus narices eran rectas y (a diferencia de la mía) no los identificaban como judíos; la musculatura de sus cuerpos estaba bien definida.”
El chico que cayó del cielo describe con precisión y elegancia el atentado, y narra muy bien el juicio a los terroristas que pusieron los explosivos en el avión. Pero es también un retrato del artista adolescente: David lee y escribe como un poseso. Aunque nunca llega a terminar nada de manera satisfactoria y obtiene el rechazo de su profesor Robert Coover , mientras que algunos compañeros como Rick Moody o Jeffrey Eugenides empiezan a publicar, imagina los títulos de los ensayos que se harán sobre su obra (“El judaísmo en Dornstein”, por ejemplo), o fantasea con una muerte temprana y con los textos que luego se escribirán sobre él. En un momento planea una novela con un tema profético: “un joven y desconocido escritor de ficción muere en un accidente de avión dejando un montón de cuadernos y algunos fragmentos de relatos, y el narrador decide recomponerlo todo formando la historia de ese escritor desconocido”. David prepara un “breve extracto para la contraportada”: “Una exploración absolutamente fascinante de los miedos y los sueños de un escritor joven, narrados con humor y sensibilidad y agudeza y una vívida sabiduría espiritual”.
Ken, que es un personaje mucho más elusivo, muestra a su hermano como un ser arrogante, atormentado y entrañable: cambia de oficios y de ciudad, se interesa por la religión y sufre sin parar. Tiene mucho éxito con las mujeres y quiere a su hermano pequeño: le propone escribir juntos y le dice que va a ser mejor escritor. Sobre toda la familia planea la sombra de la locura: la madre está como una regadera y sus hijos se crían con el padre, David tiene depresiones y ataques de nervios, y en su viaje de novios Ken es tremendamente infeliz, y sólo piensa en divorciarse y devolverle a su suegro todo el dinero que ha costado la boda.
El chico que cayó del cielo está muy bien construido: arranca con la visita de Ken a Lockerbie, y a continuación cuenta en paralelo la vida de David y la peripecia de Ken, con sus investigaciones, sus amores y sus trabajos (que incluyen un empleo como detective privado y la redacción de un libro sobre los fraudes a las compañías de seguros), y sobre todo con su obsesión por su hermano muerto. Este libro, que cuenta con una traducción impecable de Mariano Peyrou, reflexiona sobre el terrorismo y la vida cotidiana, sobre la vocación y el amor entre hermanos, y sobre la influencia, a veces benéfica y a veces perturbadora, que los muertos ejercen sobre los vivos. Y viceversa.
En la imagen, David y Ken Dornstein.
15/06/2007
ILUSTRACIÓN
1.
Un día emocionante.
2.
Cuenta Philip Blom en Letras Libres: “La historia de la escritura de la Enciclopedia tiene muchas implicaciones importantes para nosotros hoy en día. Una Enciclopedia enorme, que ansía contener el saber humano en sus páginas, escrita por cientos de colaboradores, parece una especie de prototipo de Internet. Además, pienso realmente que el tema principal tanto en política como en cultura ya no es más la batalla entre la derecha y la izquierda, sino entre la Ilustración y el oscurantismo”.
3.
En God is not Great Christopher Hitchens habla de la ablación del clítoris en África; de la oposición a los preservativos de numerosas confesiones y de la Administración Bush; de las religiones que aseguran que las vacunas o los condones no curan en realidad y son instrumentos del diablo o de Occidente (así algunos imanes estúpidos lograron evitar la erradicación de la polio); de la práctica de algunos judíos ortodoxos, en la que un adulto arranca el prepucio con la boca durante la circuncisión, que ocasiona infecciones a veces mortales y ante la que el alcalde de Nueva York prefirió no hacer nada; de la oposición a las transfusiones entre los testigos de Jehová; de las numerosas ocasiones, desde la peste al SIDA, en que los sacerdotes han dado la bienvenida a las enfermedades que venían a castigar a los pecadores. La fe legitima asesinatos, violaciones de la integridad física, el abuso de menores. Estos comportamientos aberrantes sólo pueden realizarse en virtud de su revestimiento sagrado -es decir, supersticioso-, y, en palabras de Hitchens, “demuestran que la religión continúa constituyendo una amenaza seria para la salud pública”.
4.
El Parlamento iraní aprobó el pasado miércoles una ley que permite castigar con la pena de muerte a quienes produzcan o protagonicen material pornográfico.
17/06/2007
LA CULPA DE OCCIDENTE

Escribe Pascal Bruckner en La tyrannie de la pénitence :
"Nosotros, los euroamericanos, no tendríamos otra obligación que expiar sin fin lo que hemos infligido a otras partes de la humanidad. ¿Cómo no ver que precisamente por eso mismo nos convertimos en los rentistas de la denuncia de nosotros mismos, que sentimos un orgullo singular de ser los peores? La denigración de uno mismo disimula a duras penas una glorificación indirecta. El mal sólo puede venir de nosotros; los demás hombres son impulsados por la simpatía, la benevolencia, el candor. Paternalismo de la mala conciencia: creerse los reyes de la infamia significa continuar en la cima de la historia. Lo sabemos desde Freud: el masoquismo no es sino un sadismo invertido, una pasión de dominar que se vuelve contra uno mismo. Europa sigue siendo mesiánica de un modo menor, militante de su propia debilidad, exportadora de humildad y prudencia. Su aparente desprecio de ella misma oculta muy mal una infatuación evidente. No admite la barbarie si no es para ella misma, es su orgullo, pero en los otros la discute, encuentra circunstancias atenuantes (lo que es una manera de negarles toda responsabilidad)."
En la imagen, Bruckner.
20/06/2007
ENTREVISTA
Hoy publica Heraldo de Aragón una entrevista con Sergó Mikoyán. Mikoyán ha escrito un libro sobre la crisis de los misiles en 1962, es investigador en la Academia de las Ciencias de Rusia y da clases en Estados Unidos. Es hijo de Ansatas Mikoyán, que fue presidente de la URSS entre 1964 y 1965. Estos son algunos momentos de una entrevista en la que Mikoyán defiende la Guerra Fría, que estuvo a punto de hacer saltar el mundo por los aires, el totalitarismo imperialista de la Unión Soviética y la dictadura cubana.
1.
“¿Qué es lo que recuerda con más y con menos agrado de la URSS?
Para responder se necesita un libro. En cualquier caso, ocurrían cosas buenas, como los intentos de reforma de Khruschev, y malas, como los fusilamientos y los arrestos de la época de Stalin”.
El cálculo mínimo de las víctimas mortales de Stalin alcanza los 20 millones de personas.
2.
“[Fidel Castro] es una persona muy noble y cabezona, pero muy sincera y franca. Y muy valiente”.
El control de los medios o la persecución a los disidentes podrían hacer dudar de la franqueza del dictador. Sus crímenes podrían hacer pensar que no es una persona del todo noble, aunque nadie duda de su cabezonería. Sobre la opacidad respecto a su salud, que parece desmentir esa sinceridad, Mikoyán encuentra pronto una explicación: la culpa es de Estados Unidos.
3.
“[El Che] sentía y comprendía la injusticia en cualquier lugar y no buscaba nada para sí mismo”.
Tuvo más problemas para comprenderla en Argentina, y prefirió llevar la revolución antes a otros países. También tuvo ciertos problemas para reconocer la injusticia cuando la cometía él mismo .
4.
A la falsificación cínica y a la ceguera ideológica se añaden unas gotas de machismo cuando Mikoyán le dice a la periodista: “Estoy seguro de que si usted hubiera conocido al Che se habría enamorado de él”.
26/06/2007
LA VIDA COTIDIANA

Cuando volvió del baño, Raquel seguía dormida. Le sorprendió encontrarla en esa habitación, le extrañó ver sobre la almohada su melena rubia en lugar del pelo corto y negro de Susana. Sergio miró la ropa interior con dibujos de melocotones y fresas de Raquel y comprobó la hora en el móvil. Eran las diez de la mañana: tenía que limpiar la casa, y trabajar un poco antes de que llegase Susana, que había pasado dos semanas de vacaciones en la playa con su familia.
Por la ventana se colaban los ruidos de la ciudad y se filtraba el calor de una mañana de agosto. Sergio tenía resaca. Llevaba varias semanas intentando ligarse a Raquel: se habían conocido en el Instituto de Idiomas. Raquel había roto con su novio, y Sergio le había dicho que su relación con Susana, su novia desde hacía tres años, estaba en un impasse. Creía que esa palabra podía definir a cualquier pareja en cualquier momento; además, desde que se había independizado, estaba un poco molesto con Susana, que siempre parecía venir a su nuevo piso a disgusto. Raquel y Sergio habían visto una película juntos; el jueves habían ido a la piscina por la mañana. Estaba casi vacía y Raquel había hecho unas demostraciones de habilidades acuáticas sólo para él. El día anterior Sergio había ido a buscarla a la salida de la academia en la que trabajaba y se habían ido a tomar unas copas.
Raquel se tapaba con la sábana. En eso, como en el lado de la cama que prefería ocupar, era distinta de Susana, aunque a las dos les gustase nadar y hacer trabajos de artesanía. Sergio se tumbó junto a Raquel, levantó un poco las sábanas y miró su cuerpo. En la espalda, a la derecha y justo encima del final de la raja del culo, tenía un tatuaje. Le pasó el brazo por encima: le dijo que tenía que levantarse. Raquel sonrió con los ojos cerrados, puso la mano de Sergio sobre uno de sus pechos.
Sergio se estaba vistiendo cuando encontró la mancha de sangre sobre la cama. Raquel volvió de la ducha y dijo que le debía quedar un poco de regla, no se había dado cuenta. Sergio contestó que no pasaba nada: tendría que lavar las sábanas antes de que llegase Susana. Raquel se sentó al borde de la cama y encendió un cigarrillo: Sergio recordó que debía ventilar las ventanas y vaciar los ceniceros. Si no, tendría que decirle a Susana que había vuelto a fumar.
-¿Te apetece desayunar? –preguntó.
-Bueno –hizo una pausa-. ¿Tienes chocolate?
-No, creo que no.
-Me apetece un chocolate con churros. ¿Sabes si hay algún sitio por aquí cerquita?
Sergio dijo que sí, que había un sitio estupendo en la misma manzana. No le apetecía mucho ir: era un bar que frecuentaba con Susana, y le dio miedo que la camarera o alguno de los clientes lo reconociera. Abrió las ventanas y puso las sábanas en la lavadora. Hizo un nudo a los preservativos antes de meterlos en la bolsa de Sabeco: era lo que hacía Susana.
Tiró la bolsa en la papelera que había a la puerta de casa. Pensó en comprar los periódicos en el kiosco, pero sería un poco grosero leer mientras desayunaba con Raquel. Los compraría más tarde, cuando ya se hubieran despedido.
-¿Tienes un cigarrillo? –le preguntó a Raquel.
Sergio terminó de traducir el artículo a la hora de comer. Tomó gazpacho y un poco de longaniza. Puso en la cama las sábanas limpias. Había pensado en echarse una siesta –Susana se pasaría por su casa a las ocho, quizás luego fueran a cenar o al cine- pero no tenía sueño. Se sentía culpable. ¿Por qué había ido a la Hípica con Raquel? Susana siempre lo invitaba a ir a la playa y a la piscina, durante varios veranos había trabajado de socorrista en la piscina de Valdefierro, y a él siempre le había dado pereza acompañarla. Por supuesto, había ido algunas veces, pero a regañadientes. Y en cambio, esa misma semana se había sentido muy a gusto mientras Raquel le enseñaba cómo hacía volteretas, y después se había metido en el agua con ella y habían hecho carreras e incluso se habían besado por primera vez cerca de la escalerilla. El problema no era que hubiera sido infiel, sino que no sabía valorar lo que tenía: era incapaz de apreciar las cosas hermosas de la vida.
En ese momento le llegó un mensaje de Raquel al móvil. “Ya estoy en casita. Estoy cansada pero contenta. Un besito”. Había algo ridículo en esos diminutivos: tuvo la sensación de haberse acostado con una adolescente. Raquel era divertida y muy guapa, y tenía una peca en el ojo izquierdo, pero le dio mucha pereza volver a verla. Tampoco estaba seguro de que no fuera a cambiar de opinión, y le mandó un mensaje sobrio pero afectuoso: tuvo que escribirlo tres veces.
Seguro que Susana nadaba mucho mejor que Raquel, y seguro que habría estado encantada de bañarse con él. Cuando desayunaban en el bar los domingos, Susana leía los suplementos semanales y las páginas de Economía y le explicaba noticias de la bolsa. Raquel no entendía nada de eso, y, a diferencia de Susana, no había llevado los vasos a la barra antes de marcharse.
Pensó en lo importante que había sido Susana para él en una época. Cuando subía las escaleras de su casa hablaba solo como si le contase cosas que le habían pasado, y durante el primer año en que salieron juntos él había señalado en el calendario todos los días que se vieron. Buscó en el cajón donde guardaba las cartas de Susana, los sms que apuntaba al principio de su relación, y algunos regalos y fotos. Era como si viera las pertenencias de otra persona: muchas cosas le daban vergüenza, le parecían ingenuas. Encontró un cuaderno hecho a mano, de color verde, con papel reciclado. Era difícil escribir en él: Susana, que lo había hecho, no estaba acostumbrada a tomar notas. Pero era muy bonito, y el color de la portada hacía juego con los ojos de Susana.
Sergio recordó que una vez Susana le había regalado un atril para su cumpleaños.
-¿Qué crees? ¿Que soy un cura?
Los dos se rieron, pero Sergio pensó que era un regalo absurdo. Ahora llevaba un año trabajando de traductor: utilizaba el atril cada día y lo llevaba a todas partes. Sergio cogió el cuaderno y escribió la fecha y apunto una frase que había traducido por la mañana: “Hay algo muy emocionante en la vida cotidiana”. Pensó que era un tributo a Susana, y que se había dado cuenta de algo importante. En la segunda página apuntó el principio de un cuento: después, dejó el cuaderno encima del escritorio. Era un lugar discreto, pero estaba seguro de que Susana se daría cuenta.
Susana estaba morena y guapísima. Cenaron en un restaurante japonés que había cerca de casa de Sergio: Susana dijo que habían sido unas buenas vacaciones, que había ido a bucear con su hermana, y que le había encantado la experiencia.
-Tiene buena pinta –dijo Sergio, y Susana lo miró un poco sorprendida.
Tomaron un gin-tonic y luego subieron a casa de Sergio. Todo estaba muy limpio y en orden. Sergio se sentó en la silla, y puso a Susana en sus rodillas. Le metió la mano por debajo de la camiseta y empezó a acariciarle la espalda. A él le encantaba, y a ella también.
Susana le contaba historias de su familia y a Sergio le parecían menos aburridas que de costumbre. Incluso le cayó bien el profesor de submarinismo con el que se había enrollado la hermana de Susana. Ella le preguntó qué había hecho y él le dijo que lo de siempre: leer, buscar palabras en el diccionario y matarse a pajas. Susana se echó a reír.
-Mira que eres bruto.
Sergio se levantó y fue a buscar un CD. Tenía dos o tres en la mano cuando escuchó la pregunta de Susana:
-¿Y esto?
Susana había cogido el cuaderno. Sergio se dio cuenta de que Susana no conocía la libreta, y recordó de repente a Alicia, la camarera altísima que se la había regalado.
-Es un cuaderno muy bonito –dijo Susana.
-Gracias.
-Aunque es más de mi estilo, ¿no?
Sergio asintió, la besó en la boca y le dijo que el color de la portada hacía juego con sus ojos.
Este relato de Daniel Gascón apareció en la revista Capúzame. La fotografía es de Philippa Tetley.


