Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2007.
10/10/2007
FAMILIAS

1.
Rachel Scheiffert elige diez libros sobre familias con problemas
2.
Una charla con Philip Roth.
3.
“El multiculturalismo parte de un supuesto falso, que hay que rechazar sin equívocos: que todas las culturas, por el simple hecho de existir, son equivalentes y respetables. No es verdad. Hay algunas culturas más evolucionadas y modernas que otras, y aunque es verdad que aun en las culturas más primitivas existen prácticas, usos y creencias que han enriquecido la experiencia humana y enseñanzas que las otras pueden aprovechar, también lo es que en muchas culturas sobreviven prejuicios y conductas bárbaras, discriminatorias y hasta criminales que ninguna democracia puede admitir en su seno sin negarse a sí misma y retroceder en el largo camino de la civilización que lleva andado.” Mario Vargas Llosa, El País, 7 de septiembre de 2007.
4.
Ayer , en Ceuta.
5.
Algunas palabras mal vistas.
En la imagen, Philip Roth habla con un camarero.
UNA MUJER INCÓMODA

Ayaan Hirsi Ali es una mujer valiente y lúcida que defiende la razón y la libertad, y que está amenazada de muerte por sus críticas al Islam. Hirsi Ali nació en Somalia, es ciudadana holandesa, y vive en Estados Unidos, pero Holanda parece sentirse incómoda con ella: el año pasado la ministra de inmigración Rita Verdonk intentó retirarle el pasaporte holandés porque había mentido para obtener su estatus de refugiada (aunque Hirsi Ali era verdaderamente perseguida en ese momento, y lo había contado todo mucho antes de que Verdonk pidiera explicaciones); los vecinos se quejaron de que su presencia ponía en peligro su seguridad y pidieron que dejara el edificio. La semana pasada el gobierno holandés le comunicó que no podía seguir protegiéndola en el extranjero porque cuesta demasiado dinero. Anne Applebaum ha criticado la postura del gobierno holandés. Christopher Hitchens dice que EEUU debería recibir a Hirsi Ali con los brazos abiertos. Es lamentable que las democracias abandonen a su suerte alguien que habla de derechos fundamentales: la defensa de Hirsi Ali es también la defensa de los valores esenciales de la sociedad abierta.
Sam Harris y Salman Rushdie , que sabe en qué consiste ser perseguido y que recibió la protección de un estado que sabía qué era lo verdaderamente importante, han escrito este texto:
“Mientras lees esto, Ayaan Hirsi Ali se sienta en un refugio con hombres armados que protegen su puerta. Es una de las más preparadas, inteligentes y compasivas defensoras de la libertad de expresión y conciencia de nuestra época, y por esa razón es despreciada por comunidades musulmanas de todo el mundo.
Los detalles de su historia han sido ampliamente difundidos, pero merece la pena repetirlos, porque ilustran lo mal preparados que estamos para enfrentarnos al peligro del extremismo islámico en Occidente.
Hirsi Ali huyó por primera vez a Holanda desde Somalia en 1992, después de rechazar un matrimonio forzoso con un hombre que no conocía. Una vez allí, mientras se escondía de su familia, empezó a trabajar como limpiadora. Pero esta señora de la limpieza hablaba somalí, árabe, ahmarico, suajili e inglés, y estaba aprendiendo rápidamente el holandés, así que no tardó en encontrar trabajo como traductora para otros refugiados somalíes, muchos de los cuales eran como ella misma víctimas del Islam. Estas mujeres habían sido maltratadas, mutiladas, privadas de atención médica y educación y condenadas a vidas de sometimiento sexual y maternidad obligatoria.
Tras asistir a la Universidadde Leiden, donde estudió ciencias políticas y filosofía, Hirsi Ali empezó a hablar en público sobre la represión de la mujer en el Islam, y pronto empezó a recibir amenazas de muerte de grupos musulmanes locales. Su situación de seguridad alcanzó tal gravedad que se trasladó a Estados Unidos en 2002. Sin embargo, Gerrit Zalm, viceprimer ministro de Holanda, se puso en contacto con ella y la instó a presentarse a las elecciones para el Parlamento holandés. Cuando Hirsi Ali expresó su preocupación por su seguridad, Zalm le aseguró que recibiría protección diplomática cuando y donde la necesitara. Regresó a Holanda con esta garantía, obtuvo un escaño en el parlamento y se convirtió en una infatigable abogada de las mujeres, de la sociedad civil y la razón.
El resto de su historia es bien conocido. En 2004, Hirsi Ali colaboró con Theo van Gogh en la película Submission, que examinaba el vínculo entre la ley islámica y el sufrimiento de millones de mujeres bajo el Islam. A la reacción de la comunidad musulmana no le faltó nada para caer en la psicopatía, y confirmó tanto lo necesario que era el trabajo de Hirsi Ali como lo razonable de sus temores. Theo van Gogh, que se había negado a tener guardaespaldas, fue asesinado y casi decapitado en una calle de Amsterdam; en el pecho del director el asesino había clavado con un cuchillo de carnicero una carta que amenazaba a Hirsi Ali.
Hirsi Ali tuvo que esconderse inmediatamente, se mudó de un refugio a otro durante meses, en ocasiones más de una vez al día. Finalmente, sus problemas de seguridad la alejaron de Holanda. Regresó a Estados Unidos, y desde entonces el gobierno holandés ha pagado por su protección. Hasta que anunció la semana pasada que ya no iba a protegerla fuera de Holanda, anunciando de esta manera al mundo su vulnerabilidad.
Es importante darse cuenta de que Hirsi Ali puede ser la primera refugiada de Europa Occidental desde el Holocausto. En ese sentido, es un testigo único e indispensable de la fortaleza y la debilidad de Occidente: del esplendor de la sociedad abierta, y de la ilimitada energía de sus antagonistas. Conoce los desafíos a los que nos enfrenamos en nuestra lucha para contener la misoginia y el fanatismo religioso de del mundo islámico, y vive con las consecuencias de nuestro fracaso cada día. No hay nadie que esté en mejor posición para recordarnos que la tolerancia de la intolerancia es cobardía.
Después de recuperar la Ilustración para sí misma en unos pocos años, Hirsi Ali ha observado cada pulgada del camino que lleva a la salida de ese yermo moral e intelectual que es el Islam tradicional. Ha escrito dos libros luminosos que describen su viaje. El más reciente, Infiel, ha sido un bestseller internacional. Como escribió Christopher Caldwell en The New York Times, ‘Voltaire no se arriesgaba, con cada palabra que decía, a ganarse mil millones de enemigos que reconocerían su cara y que podrían, a través de Internet, compartir instantáneamente información con la gente que quería asesinarlo’.
El parlamento holandés debatirá el caso de Hirsi Ali esta semana. La decisión del gobierno de protegerla sólo dentro de las fronteras de Holanda es genuinamente perversa. Los holandeses se han quejado del coste de proteger a Hirsi Ali en los Estados Unidos, pero sería mucho más caro protegerla en Holanda, donde el riesgo es mucho mayor.
También está el asunto de las promesas rotas: a Hirsi Ali la convencieron para presentarse al parlamento, y convertirse en la portavoz más visible y en peligro de los derechos de las mujeres musulmanes, con la garantía de que le darían protección mientras la necesitara. Gerrit Zalm, en su doble capacidad de viceprimer ministro y ministro de hacienda, le prometió esa seguridad. De manera más vergonzosa, el primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende, ha recomendado a Hirsi Ali que abandone Holanda, mientras se negaba a darle una semana de protección fuera del país, a lo largo de la que podría recaudar fondos para contratar su propia seguridad. ¿Es un intento aterrorizado de aplacar a los fanáticos? ¿Una advertencia para que otros disidentes holandeses no creen problemas al hablar con demasiada sinceridad sobre el Islam? ¿O pura falta de consideración?
El gobierno holadés debería reconocer que se esta forjando un escándalo y redescubrir su obligación de dar a Hirsi Ali la protección que le prometió.
No hay nadie vivo que sea más merecedor de las libertades de expresión y conciencia que damos por supuestas en Occidente, ni hay nadie que esté haciendo un esfuerzo más valiente por defenderlas.”
En la imagen, Ayaan Hirsi Ali. Aquí, el original en inglés. Y una reseña de Mi vida, mi libertad.
19/10/2007
CERCA DEL MAL

William T. Vollmann (Los Ángeles, 1959) ha publicado libros como “An Afghanistan Picture Show, or How I Saved the World”, que trataba de su experiencia en Afganistán en los años 80; “Trece relatos y trece epitafios” (El Aleph, 1996), o “Rising Up and Rising Down”, que reunía 3.300 páginas sobre lugares asolados por la violencia. Europa Central , que obtuvo el National Book Award en 2005, también habla de la violencia.
Aunque los 37 capítulos de Europa Central abarcan desde 1914 hasta 1975, el tema del libro es el enfrentamiento entre Alemania y la URSS durante la Segunda Guerra Mundial. Es una novela que tiene algo de colección de cuentos: hay muchos protagonistas y voces narrativas, pero también metáforas, personajes y atmósferas que se repiten y unifican, a veces artificiosamente, la narración. Habla de los infiernos de la guerra y del totalitarismo, y del esfuerzo de algunas personas para sobrevivir en un mundo desquiciado.
Muchos personajes de Europa Central existieron. Hay 50 páginas de notas en las que Vollmann señala sus fuentes y las ocasiones en las que se ha separado de la realidad. Se ha documentado exhaustivamente, pero muchas de las citas que presenta como auténticas son falsas: una frase que dijo un personaje histórico en una ocasión no tiene por qué ser siempre cierta; no siempre decimos ni pensamos lo mismo: es una coartada y resulta más vistosa que verdadera.
En Europa Central hay historias de amor y aparecen algunas de las masacres de la contienda: la batalla de Stalingrado, los campos de exterminio, las atrocidades del Ejército Rojo en Alemania. Estos acontecimientos se cuentan con cierta distancia o desde un punto de vista impresionista y casi onírico, como imágenes que persiguen a los protagonistas que sufren la guerra o los regímenes de Hitler o Stalin. Entre ellos hay muchos artistas: aparece Käthe Kollwitz, cuyos cuadros eran impopulares en la Alemania de entreguerras pero apreciados en la URSS; el documentalista soviético R. Karmén o Anna Ajmátova. Shostakóvich es uno de los grandes personajes del libro y uno de los que mejor expresan el terror del estalinismo.
Europa Central habla de la paranoia, y se contagia de esa paranoia. La confusión y la constante interpretación de consignas de la burocracia y la propaganda afectan a los habitantes de los dos países, y configuran vidas paralelas: hay un capítulo sobre Vlásov, el general preferido de Stalin, que cayó en manos de los nazis y formó un escuadrón de desafectos contra la URSS; y otro sobre Paulus, el militar alemán que dirigía el asedio de Stalingrado, que también desobedeció órdenes. Pocos personajes saben distinguir el bien del mal, y algunos tienen buenas intenciones pero fracasan: es el caso de Gerstein, un ingeniero de las SS que intentó frenar los crímenes nazis. Sin embargo, las numerosas voces narrativas de Europa Central conviven cómodamente con la barbarie: una de las más importantes corresponde al cínico comisario Alexandrov, y en los fragmentos sobre Alemania abundan los narradores fieles al nazismo y los burócratas de la RDA que justifican crímenes. Esta fascinación por el mal hace que a ratos esta novela excesiva, ambiciosa y a menudo brillante resulte antipática y casi inhumana.
Europa Central. William T. Vollmann. Mondadori, 2007. Traducción de Gabriel Dols y Roberto Falcó, 857 páginas.
Esta reseña apareció en Artes & Letras el 19 de octubre de 2007. Ken Miller hizo esa fotografía de William T. Vollmann.
29/10/2007
VIDA Y DESTINO

Tres extractos de Vida y destino (Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores) de Vasili Grossman :
1.
Pero aquel otro miedo, particular, atroz, insuperable para millones de personas, estaba escrito en letras siniestras de un rojo deslumbrante en el cielo plomizo de Moscú: el miedo al Estado.
¡No, no! El miedo no es capaz de realizar por sí solo semejante tarea. El fin superior de la revolución libera de la moral en nombre de la moral, justifica en nombre del futuro a los actuales fariseos, los delatores, los hipócritas, explica por qué un hombre, en aras de la felicidad del pueblo, debe empujar a los inocentes a la fosa. En nombre de la revolución esa fuerza permite ignorar a los niños cuyos padres acaban en un campo. Explica por qué la revolución ha establecido que la esposa que se ha negado a denunciar al marido inocente debe ser apartada de sus hijos y enviada diez años a un campo de trabajo.
2.
[De la carta de un prisionero]
Además de ese bien grande y amenazador, existe también la bondad cotidiana de los hombres. Es la bondad de una viejecita que lleva un mendrugo de pan a un prisionero, la bondad del soldado que da de beber de su cantimplora al enemigo herido, la bondad de los jóvenes que se apiadan de los ancianos, la bondad del campesino que oculta en el pajar a un viejo judío. Es la bondad del guardia de una prisión que, poniendo en peligro su propia libertad, entrega las cartas de prisioneros y reclusos, con cuyas ideas no congenia, a sus madres y mujeres.
Es la bondad particular de un individuo hacia otro, es una bondad sin testigos, pequeña, sin ideología. Podríamos denominarla bondad sin sentido. La bondad de los hombres al margen del bien religioso y social.
3.
La aspiración innata del hombre a la libertad es invencible; puede ser aplastada pero no aniquilada. El totalitarismo no puede renunciar a la violencia. Si lo hiciera, perecería. La eterna, ininterrumpida violencia, directa o enmascarada, es la base del totalitarismo. El hombre no renuncia a la libertad por propia voluntad. En esa conclusión se halla la luz de nuestros tiempos, la luz del futuro.
En la imagen, Grossman.


